lunes, enero 31, 2005

Elecciones en Iraq

El mundo se ha sorprendido y alegrado de la alta participación en las elecciones iraquíes en un día en que treinta y seis personas morían violentamente mientras más de un sesenta por ciento del electorado acudía a las urnas. El presidente Bush y el primer ministro Blair se felicitaban de que los iraquíes hubieran desafiado el miedo y la seguridad personal acudiendo masivamente a votar. No deja de ser relevante que los iraquíes votaran en mucha mayor proporción que los norteamericanos en las presidenciales o los británicos en algunas consultas nacionales.
Los dos principales impulsores de la invasión, Bush y Blair, venían a decir que la alta participación demostraba que la guerra con sus miles de muertos con fuego cruzado desde todas las partes había sido un acierto.
Pero gobiernos que se habían opuesto a la invasión y a la guerra también han manifestado oficialmente su satisfacción. El presidente Chirac habló de una buena noticia para la comunidad internacional y un portavoz del canciller Schröder decía que la alta participación demostraba que los iraquíes querían tener en sus manos el futuro de su país. El secretario general de la ONU, Kofi Annan, alabó la valentía de los iraquíes. No sé lo que ha dicho el presidente Zapatero pero su ministro de Exteriores, Moratinos, habló de la lectura positiva de los comicios.
Iraq ha entrado en un nuevo ciclo histórico. Primero porque por primera vez, desde su fundación como estado bajo los auspicios de Gran Bretaña allá por los años veinte, sus ciudadanos han tenido ocasión de participar en un proceso electoral aunque haya sido en calzador. Segundo porque después de tanto sufrimiento colectivo están dispuestos mayoritariamente a participar en la construcción de su propio futuro político.
Los que fuimos contrarios a la guerra y a sus consecuencias segando miles de vidas humanas, podemos seguir pensando que no hacía falta esta absurda carnicería para promover la democracia en un país que no tiene ninguna tradición de libertades.
La democracia no empieza ni termina en unas urnas. Es un estado social aceptado por una mayoría para arbitrar y resolver los intereses constrapuestos en una sociedad. Parece como si con estas elecciones se acaban los endémicos problemas de una sociedad que no ha conocido el sosiego desde su misma fundación.
Es muy importante y ciertamente satisfactorio que los iraquíes hayan votado en tan altas proporciones. Los chiíes lo han hecho por razones religiosas y los kurdos por cuestiones étnicas. Los sunitas han participado mucho menos porque no tenían posibilidad de mantener a través de las urnas la hegemonía política que han mantenido siempre,
Pero me resisto a caer en lo políticamente correcto en esta hora en que se nos dice que la democracia ha vencido al terrorismo. Estas elecciones han sido organizadas por las potencias ocupantes en medio de bombas, intimidaciones, cientos de muertos, censos desconocidos. con menos de doscientos observadores internacionales que estaban en sus hoteles, con sólo cinco colegios electorales filmados por las televisiones, con fronteras cerradas, en estado de queda y sin que los vehículos pudieran circular en el día de las votaciones. No veo posible que en estas circunstancias se hubiera dado legitimidad a unas elecciones en cualquier parte del mundo.
La democracia también es vulnerable. Sobre todo cuando las urnas se utilizan como fin y no como instrumento para organizar la convivencia. Me temo que toda esta gran operación electoral no haya sido otra cosa que facilitar la retirada total o parcial de tropas dejando en manos de las potencias ocupantes el control del territorio y sus recursos.

viernes, enero 28, 2005

Elecciones con calzador

Las incógnitas del futuro de Iraq no se despejarán el domingo cuando se hayan celebrado las singulares elecciones propiciadas por los ejércitos invasores. Las fronteras están cerradas, el aeropuerto de Bagdad no está operativo, hay toque de queda y el día de las elecciones no podrán circular los vehículos. Un cuarto de millón de soldados, guardias y otros agentes patrullarán todo el territorio para que los electores puedan acudir tranquilamente a las urnas.
Si no fuera tan dramático sería cómico. Hoy mismo se han registrado doce iraquíes muertos y cinco soldados norteamericanos han perdido también la vida en acciones de combate. Que se diga desde Washington que lo que importa es que haya elecciones porque supondrá el comienzo de la democratización de Iraq y de Oriente Medio parece una broma.
No hay censos fiables, muchos candidatos no hacen público su nombre por miedo, la campaña se desarrolla de forma virtual. Pero lo importante es votar, dice el presidente Bush que sabe el riesgo que corre su ejército si tiene que permanecer indefinidamente en Iraq.
Los más optimistas piensan efectivamente que las elecciones del domingo serán el punto de inflexión para un cambio de gran trascendencia en todo el mundo. Sería la primera pieza del proyecto de fomentar la democracia en todo el mundo y así asegurar la paz y convivencia en el mundo occidental. Un Iraq democratizado bajo el tutelaje norteamericano sería un ejemplo para tantos países de la región. Y, a su vez, garantizaría el control de la industria energética.
Pero los pesimistas piensan que la realidad es menos fantasiosa y más dura. Unas elecciones bajo tantos temores, tanta violencia, tanta inseguridad no pueden reflejar el estado de opinión de una sociedad. No es cuestión de participación o de abstención. Es cuestión de mínimos. Y los mínimos no se cumplen en Iraq donde se convoca a las urnas para salvar la cara a quienes pusieron en marcha todo este proceso de guerra pensando que con la fuerza exclusivamente se ganaría la voluntad de los iraquíes.
Estoy seguro que en Iraq la mayoría de gentes quiere despertar del mal sueño de la larga dictadura, de las guerras y de las pugnas que han aparecido brutalmente después del derrocamiento de Saddam Hussein. La mayoría de la población chiíta, que ganará las elecciones por cuestiones demográficas, pasará a gobernar Iraq bajo la tutela americana.
Si es así, los choques con la minoría sunita que ha controlado Iraq desde hace medio siglo serán constantes. Pero un gobierno de mayoría chiíta estará tentado de establecer lazos muy profundos con el régimen islámico de Teherán. Lo importante, ha dicho el presidente Bush, es que se celebren elecciones. Aunque sea con calzador. La democracia no tiene nada que ver con lo que está ocurriendo en Iraq.

jueves, enero 27, 2005

Los olvidados kurdos

En estos días de campaña electoral con bombas en el territorio iraquí nadie se acuerda de los poco más de tres millones de kurdos que una vez más van a ver pasar la historia por delante sin que sus derechos como pueblo sean tenidos en cuenta. Hay kurdos en Iraq, en Turquía, en Siria, Irán y Armenia. Unos veinte millones de kurdos viven desperdigados en los estados que se han apropiado históricamente del Kurdistán. Los kurdos son el caso más emblemático de un pueblo que no ha sido reconocido como estado por ninguna de las potencias que han ido y venido en la región de Oriente Medio.
Su gran trauma nacional se manifestó de forma dramática cuando los turcos protagonizaron una matanza de kurdos que puede considerarse un genocidio. Aquellos hechos no han sido reconocidos por Turquía. Casi dos millones de kurdos fueron exterminados a partir de 1914 cuando el Imperio Otomano empezaba a formar parte de las potencias centrales en la Gran Guerra europea.
No fueron reconocidos en el Tratado de Versalles que puso fin a la primera Guerra Mundial y sus gentes quedaron diseminadas entre los estados que hoy albergan a los kurdos. Los tratados internacionales no reconocieron sus derechos y el mundo se olvidó de su causa. A pesar de ello, han sobrevivido como pueblo sin que los trazados fronterizos hayan borrado su identidad.
El mundo no ha querido concederles la soberanía en un estado que legítimamente les pertenecía. Acabo de leer el libro de Hiner Saleem, “El fusell del meu pare”, Edicions la Campana, un relato lleno de tristeza pero a la vez impregnado de esperanza. Hiner Saleem nació en 1964 en el Kurdistán iraquí. Hoy es refugiado polítco en Francia, nunca ha tenido pasaporte ni derecho de voto en ninguna parte. En 1992, después de la primera guerra de Iraq, realizó clandestinamente un documental, presentado en el festival de Venecia, sobre las condiciones de vida de los kurdos iraquíes.
Es sobrecogedor el relato de sus antepasados. Dice que su abuelo tenía sentido del humor. Decía que había nacido kurdo, en una tierra libre. Después llegaron los otomanos y dijeron a mi abuelo que era otomano. Y así se convirtió en otomano. A la caída del imperio con sede central en Constantinopla se convirtió en turco. Los turcos abandonar aquella parte del Kurdistán que fue ocupada por los británicos con lo que su abuelo pasó a ser súbdito de la Graciosa Majestad Británica.
Los ingleses, continua el autor, inventaron Iraq y mi abuelo pasó a ser iraquí pero nunca entendió el enigma de este nuevo nombre. Hasta su último aliento no se sintió nunca orgulloso de ser iraquí. Su hijo, el padre del autor, tampoco. Y aquí empieza su larga odisea hasta convertirse en un exiliado político en Francia.
Los kurdos iraquíes fueron controlados férreamente por el régimen de Saddam Hussein. Lo mismo les ocurrió a los de Turquía que constituyen uno de los problemas para el proceso de negociación para entrar en la Unión Europea. Después de las elecciones del próximo día 30 en Iraq confían en obtener un estatuto especial. Pero los problemas entre sunitas y chiítas sepultan las ambiciones de los kurdos que no se sienten iraquíes.
Los kurdos han sido subyugados por los pueblos vecinos a lo largo de la historia. En el siglo pasado intentaron establecer estados soberanos dentro de Irán, Iraq y Turquía y siempre fueron derrotados. Tienen identidad propia, una cultura milenaria y una lengua común. Pero el Kurdistán nunca ha llegado a ser una unidad.
No están muy ilusionados con las elecciones del día 30. Saben que es una nueva ocasión en la que las piezas se vuelven a mover pero que ellos seguirán abandonados por los estados en los que se encuentran y por la comunidad internacional. Pero sus ambiciones no quedarán enterradas. Hasta que el mundo se de cuenta de que el Kurdistán es una realidad que no puede ignorarse. Quizás no llegue nunca. Pero tampoco se alcanzará la convivencia entre los kurdos y los pueblos vecinos.

miércoles, enero 26, 2005

El conquistador y la paz

El conquistador es amigo de la paz. Así lo proclamaba un personaje como Napoleón que se adueñó por la fuerza de casi toda Europa con el objetivo de que se sometiera a sus grandiosos designios. Napoleón pretendía regenerar Europa con las genialidades de su programa de modernización. Y lo hizo con un poderoso ejército, el primero que se dedicó a reclutar soldados de la sociedad civil, que rompía los delicados equilibrios de un continente que habitualmente se encontraba en guerra.
La Grand Armée napoleónica se estrelló en las estepas de Rusia, en las emboscadas de la guerrilla española y en la astuta estrategia del duque de Wellington que le derrotó en Waterloo. Era un nuevo intento de imponer una doctrina política con la fuerza de las armas. Más de un siglo después lo intentó Hitler que se estrelló también en Rusia y en las costas atlánticas de Normandía.
La última vez que una idea imperial se adueñaba de Europa fue protagonizada por el Imperio Romano que se extendió desde Siria hasta Cádiz, pasando por Britania y Europa Central hasta la ribera del norte de África. Las legiones romanas conquistaban los territorios pero construían calzadas, aplicaban el derecho y sembraban una cultura que tenía muchos rasgos de la antigua Grecia.
No era una democracia la de Roma. Existía la esclavitud y una ciudadanía romana reservada en un principio a muy pocos. Europa se romanizó por que los pueblos que la habitaban así lo decidieron. La más reciente experiencia colonial fue la de Inglaterra que durante dos siglos exportó un modo de hacer, una lengua, una cultura y un derecho que fue aceptado gradualmente por muchos de los territorios conquistados. Pero tampoco duró.
El imperio soviético parecía destinado a durar hasta el fin de los tiempos y se quebró desde dentro, principalmente porque la fuerza de unos pocos se saltó a la torera el derecho y la voluntad de la mayoría. En este constante auge y caída de los imperios deberíamos recordar la advertencia del sabio Tucídides y de otros autores clásicos de que las principales razones por las que se hunden los grandes imperios son el orgullo, la arrogancia y la confianza excesiva o, en sus propias palabras, el engreimiento.
Causa un poco de extrañeza el hecho de que Estados Unidos pretendan imponer la democracia en Iraq a partir de las elecciones del domingo próximo. En una cosa estoy de acuerdo con el presidente Bush cuando decía hoy que su prioridad es completar la misión en Iraq lo antes posible. En otras palabras, buscar la salida lo menos costosa posible a la luz del error de haber pretendido pacificar y democratizar un país con la invasión militar.
Muchos iraquíes están dispuestos a votar el domingo. Pero hay que aceptar que la democracia que salga de las urnas no tendrá nada que ver con la que disfrutamos en Occidente. La historia sigue sin detenerse ni un segundo. Sería una lástima que los iraquíes decidieran gobernarse a sí mismos convirtiendo la incipiente democracia en un campo de luchas fratricidas.

Rivales y enemigos

El espectáculo de la gran trifulca política organizada alrededor de las asociaciones de víctimas del terrorismo esconde dos visiones encontradas sobre cómo se puede alcanzar un ámbito de convivencia aceptable entre colectivos que no tienen la misma visión sobre quién y cómo se debe gobernar España.
Una sociedad se condena a la perdición cuando sus actores principales empiezan a confundir el rival político con el enemigo mortal. En la pugna para combatir al gobierno o para debilitar a la oposición estamos viendo demasiada irracionalidad. Es más, parece que todo vale para destruir al adversario. En el ya lejano 1993 los populares se resistieron a aceptar la victoria ajustada de Felipe González. Cuando tres años después, en 1996, el partido de Aznar ganó las elecciones, los socialistas se resistieron a aceptar lo que Alfonso Guerra calificó como una amarga victoria popular. El triunfo electoral del año 2000 dejó aparcada esta visión cainita tan recurrente en la política española y la mayoría absoluta conservadora permitió al presidente Aznar implantar su programa sin necesidad del apoyo nacionalista catalán que había permitido la gobernabilidad en su primer mandato.
Las elecciones del año pasado fueron precedidas por los atentados de Madrid del 11 de marzo que incidieron muy directamente en la voluntad de un segmento importante del electorado que entregó la victoria a Rodríguez Zapatero. El hecho de que la tragedia de Atocha repercutiera en los resultados electorales no desligitimó la victoria socialista. Fue el electorado, con las emociones y vivencias del momento, el que propició el inesperado giro en las urnas del 14 de marzo.
La política se basa en el hecho de la pluralidad de los hombres y de la sociedad. Una sociedad en la que todos nos podamos sentir a gusto dentro de las lógicas diferencias políticas y sociales. En el fondo de este gran barullo político que vamos a experimentar en los próximos tiempos se encuentra el hecho de no aceptar lo que una mayoría de españoles decidieron libremente hace casi un año.
Cualquier actuación del gobierno es desautorizada y combatida con el espejismo de que su legitimidad es dudosa. Si no hay coincidencia en este punto de legitimidad todo lo que se deriva de la acción política hay que destruirlo. No se tiene en cuenta que el reconocimiento mutuo de las diferencias es también la marca de la identidad común. El fantasma de las dos Españas vuelve a asomarse peligrosamente en el horizonte.

martes, enero 25, 2005

Memoria del Holocausto

El jueves se cumplen sesenta años de la entrada de las tropas soviéticas en el campo de exterminio de Auschwitz. Ha transcurrido más de medio siglo desde el descubrimiento de la barbaridad. El canciller Schröder ha pedido vigilancia para combatir el antisemitismo. La gran mayoría de alemanes que viven hoy, dijo el canciller, no tienen culpa del Holocausto aunque sí tienen una especial responsabilidad.
Nos gustaría gritar, decía Hannah Arendt, que nada de esto es real, aunque vemos que lo real son las ruinas, lo real es el espanto del pasado, lo real son los muertos que habéis olvidado. No, Alemania no ha olvidado lo que pasó. Ha aceptado el sentido de culpa, ha pedido perdón y se ha dedicado a construir una cultura política para que nunca más se puedan repetir los horrores de aquellos trece años trágicos para los alemanes y para el mundo.
Jorge Semprún, al relatar sus experiencias en un campo de concentración alemán (La escritura o la vida), dice que las mismas “experiencias políticas que hacen que la historia de Alemania sea una historia trágica, también pueden permitirle situarse en la vanguardia de una expansión democrática y universalista de la idea de Europa”.
El canciller Schröder dijo en un teatro berlinés que la maldad del Holocausto no puede simplemente atribuirse al “demonio de Hitler” y recordó que muchos alemanes apoyaron a los nazis. La ideología nazi, añadió, no vino de ninguna parte sino que fue el resultado de un proceso que llevó a la brutalidad y a la pérdida de las inhibiciones morales.
Sebastián Haffner, un periodista que escapó de Alemania al final de los años treinta, cuando la guerra estaba a punto de estallar, relata en “Historia de un alemán”, que la mayoría de la gente que empezó a vitorearle en el Palacio de los Deportes en 1930 probablemente no habría pedido fuego en la calle a un hombre como aquel. Pero “es ahí donde empezaba lo raro que consistía en la fascinación que ejercía precisamente lo más repugnante, lo nauseabundo, ese rezumadero de asco llevado al extremo”.
A continuación vino la pérdida de la ilusión por la vida, la falta de amabilidad, la desaparición de la inocencia. Tampoco había apenas libros buenos y seguro que ya no quedaba gente interesada en ellos. En Alemania, concluye Haffner, el aire se había viciado rápidamente.
Tengo una gran admiración por los alemanes que han sabido aceptar sus errores, pedir perdón, y dedicarse a ahuyentar para siempre los fantasmas sociales y políticos que llevaron a aquella tragedia. Se ha hecho realidad aquella expresión de Thomas Mann cuando dijo que prefería una Alemania europeizada a una Europa germanizada.
El monumento al Holocausto que se inaugurará el jueves junto a la Puerta de Brandeburgo berlinesa será un símbolo para no olvidar lo que pasó. Hay todavía síntomas preocupantes de antisemitismo en algunos países europeos. Hay que hacer todo lo posible para combatirlos y erradicarlos. Seis millones de judíos fueron exterminados en el Holocausto. Otros varios millones de polacos, gitanos, homosexuales fueron esclavizados y finalmente asesinados masivamente.
Los genocidios, por desgracia, no han desaparecido. Hemos visto su macabra ejecución en países como Camboya, Ruanda y la ex Yugoslavia. La historia es el pasado que no pasa. Siempre puede reaparecer de distintas formas. Un pueblo que ignora su historia está condenado a repetirla. Agradezco a esta y a las anteriores generaciones de alemanes desde la post guerra la valentía y la humildad con la que se han enfrentado a su pasado contribuyendo generosamente a la construcción de Europa.

lunes, enero 24, 2005

Estados Unidos y Europa

El presidente Bush visitará Europa para restañar las heridas producidas por la guerra de Iraq. Acudirá a la sede de la Alianza Atlántica y también a las instituciones europeas. Decía el otro día Javier Solana que es la primera vez que un presidente americano visita las instituciones de la Unión Europea que cuenta ya con veinticinco estados.
Henry Kissinger expresaba su desconcierto porque no sabía a qué teléfono llamar cuando quería hablar con Europa. Esta dificultad ya no la tiene el presidente Bush ni tampoco la doctora Rice, su secretaria de Estado. Europa tiene teléfono, instituciones y personas que las representan. Y no es casual que la primera visita oficial del presidente Bush sea a las instituciones europeas.
La hegemonía económica, política y militar de Estados Unidos es indiscutible. Nada importante se mueve bajo el sol sin su consentimiento o su reprobación. La guerra de Iraq forma parte del proyecto de esta administración de transformar Oriente Medio y convertirlo en amplios espacios democráticos. Pero el caos en el que ha vivido Iraq desde el derrocamiento de Saddam Hussein indica, cuando menos, que la estrategia ha tropezado con más dificultades de las previstas. Hasta el punto de que las elecciones del próximo día 30 de enero sólo serán aceptadas con entusiasmo por una de las tres etnias que componen la población del país.
Bush necesita aliados. En primer lugar porque una maquinaria de guerra desplegada por varias partes del mundo es muy difícil de sostener. Una historiadora americana, recientemente fallecida, Barbara Tuchman, hizo un muy interesante libro sobre la decadencia de aquellos imperios que han librado más guerras de las que podían gestionar. Desde Felipe II en España hasta la guerra de Vietnam, la maquinaria militar no puede alcanzar todos los objetivos políticos previstos.
Bush puede gestionar bien su hegemonía. Tiene un confortable apoyo electoral y dispone de mayoría en las dos cámaras del Congreso. Pero los esfuerzos militares empiezan a poner en cuestión la posibilidad de seguir durante mucho tiempo manteniendo tantas tropas en tantas partes del mundo. El déficit comercial empieza a ser preocupante a pesar de la debilidad del dólar. El problema es que Estados Unidos consume mucho más de lo que produce.
Hasta ahora no había otras divisas de referencia. Ahora el euro, excesivamente robustecido, le ha hace sombra. Una información aparecida hoy en la portada del “Financial Times” indica que muchos bancos centrales están cambiando sus reservas desde el dólar hacia el euro. Si esta tendencia se generalizara las dificultades de la administración americana para financiar su déficit serían cada vez mayores.
Un setenta por ciento de bancos centrales de todo el mundo han empezado a pasarse tímidamente al euro manifestando que la divisa europea es más segura y más sólida que el dólar. La actitud de los bancos centrales de muchas partes del mundo está cambiando lo que comportaría serias implicaciones para el equilibrio financiero global.
Todavía no es motivo de alarma para la salud de la economía americana. Pero es un indicio de que la competitividad tiene un serio rival en la Unión Europea a pesar de las dificultades de armonizar las políticas financieras de la Unión.
En este sentido es importante que la guerra de Iraq acabe muy pronto y puedan evacuarse total o parcialmente los ciento cincuenta mil soldados americanos desplegados en aquel país. Se entiende así las prisas en encontrar una salida que pasa por las elecciones dejando a los iraquíes que gestionen sus propios problemas. Para este viaje no hacían falta alforjas.

Víctimas somos todos

El dolor por la muerte de una persona próxima en un atentado terrorista es un sentimiento intransferible. Lo hemos visto en directo durante más de treinta años con ocasión de cientos de funerales en los que los familiares exhibían su consternación por el asesinato de un ser muy querido sin que tuviera nada que ver con el conflicto creado por la banda terrorista etarra, por organizaciones violentas de todo tipo y, más recientemente, por la sangrienta matanza de Madrid que causó casi doscientas víctimas.
Que los parientes, amigos y conocidos de las víctimas se organicen para defender los intereses y el buen nombre de los asesinados es un derecho innegable y un deber que muchos practican generosamente para asistir a los más directamente vinculados con las personas desaparecidas. El terrorismo ha matado indiscriminadamente sin detenerse en si las víctimas eran de derechas, de izquierdas, militares, niños, vascos, castellanos, catalanes o andaluces.
Esta realidad permite pensar que las asociaciones de víctimas del terrorismo no puede convertirse en un arma política para atacar o defender a un gobierno, a un ministro o a cualquier personaje público que pueda estar relacionado con la lucha contra el terrorismo y sus consecuencias.
Los incidentes ocurridos en Madrid el sábado pasado dieron la impresión de que todas las víctimas eran de un mismo color. ETA perpetró la matanza de Hipercor, mató a personajes como Francisco Tomás y Valiente, Francisco Ordóñez, Ernest Lluch, Miguel Ángel Blanco, concejales populares, guardias civiles, militares y cientos de personas sin relieve público.
En el griterío de la manifestación madrileña, con insultos al gobierno y con un intento de agredir al ministro José Bono, no ví representado el dolor compartido por miles de personas que desde su silencio y anonimato también son víctimas de primera línea de las acciones terroristas de cualquier signo.
Comprobé, además, lo que había ya sospechado en muchas ocasiones en los últimos veinte años. Que el terrorismo, también sus víctimas, ha sido instrumentalizado de forma innoble para hacer política de partido.
Con todas las distancias que haya que establecer, las víctimas del terrorismo somos todos. Todos los que no podemos aceptar ningún tipo de violencia para imponer criterios políticos. Todos los que no entendemos cómo se puede disponer de una vida ajena para forzar una nueva situación política. Todos los que quedamos sin discurso cuando alguien cae víctima de las balas o las bombas de los fanáticos. Todos los que pensamos que las diferencias políticas, por muy distantes que sean, se pueden resolver a través del diálogo y de la negociación. Todos los que estamos preocupados por la convivencia que, por difícil y complicada que sea, es un bien al que no se puede renunciar dejándolo en manos de los extremos, de los que no quieren convivir sino imponer sus criterios. Y creo que somos muchos, posiblemente la mayoría, tanto votantes conservadores, de izquierdas o nacionalistas de cualquier periferia.
Escuchar por radio que la señora Pilar Manjón, que perdió un hijo en los atentados de Atocha, pronunció su célebre discurso en el Congreso siguiendo consignas del partido del gobierno me parece un insulto a la inteligencia y una falta de sensibilidad impresentable.
Los muertos, por desgracia, ya no pueden hablar. Si pudiéramos escuchar sus voces desde la ultratumba, tan variadas como variado es el macabro cementerio construido por los terroristas, estoy seguro que nos pedirían a todos que fuéramos más sensibles y que no se destruyan más vidas de forma absurda y estéril. Este es el objetivo.

viernes, enero 21, 2005

Sombras de un discurso

Tras los fastos de la toma de posesión, después de un brillante y patriótico discurso sobre la libertad y los ideales americanos, con la presencia de todo el poder en Washington, llegan los incómodos detalles de la realidad. El presidente Bush prometió extender la libertad en todo el planeta como requisito necesario para la seguridad global. Absolutamente de acuerdo.
No mencionó a malos ni buenos, no habló de Iraq ni de Afganistán y no bajó a la arena de lo concreto. Fue un discurso programático para diseñar las grandes líneas de su segundo mandato que se basan en que la supervivencia de la libertad en Estados Unidos depende cada vez más de la libertad en el resto del mundo. Es difícil no compartir plenamente estos criterios.
Pero mientras el presidente se dirigía al mundo desde los pies del Capitolio Iraq ofrecía su diario balance de muertos, destrucción, violencia y terrorismo indiscriminado por acciones barbáricas de la resistencia. Al margen de que la guerra fue construida sobre una mentira, el hecho cierto es que las elecciones del día 30 no traerán la democracia en Iraq. Por la sencilla razón de que la democracia no se impone sino que es un estado social que se acepta y se estimula desde la misma sociedad. El hecho de que la invasión de marzo de 2003 acabara con la dictadura de Saddam no significa que la situación en la que viven hoy los iraquíes sea mejor que antes.
Mientras la fiesta continuaba en Washington, el gobierno Blair y el ejército británico trataban de minimizar el debate público sobre las acusaciones de abusos y tortura a prisioneros iraquíes en las inmediaciones de Basora. Las fotografías de las humillaciones a prisioneros iraquíes son repugnantes. Tanto las que ha publicado la prensa británica estos días como las que circularon por todo el mundo al filtrarse los abusos de la cárcel de Abu Ghraib.
No se acaba de entender cómo personas que han dado vía libre a sus instintos más primarios lleguen a la perversidad de querer fotografiar sus tropelías. Los abusos a prisioneros han alcanzado también a Dinamarca donde un agente de la inteligencia y cuatro soldados han sido acusado de maltratar a prisioneros iraquíes el año pasado.
La defensa de los gobiernos Bush y Blair es que los soldados están adiestrados para usar la violencia y cuando entran en combate es inevitable que se cometan algunos abusos. Estas barbaridades han ocurrido en todas las guerras, en todos los continentes y en todos los tiempos. Pero las sociedades democráticas de hoy no pueden digerir estos abusos cuando pasan las imágenes detalladas por sus narices.
La administración Bush ha establecido un tribunal para juzgar a los directamente involucrados en las torturas. Un soldado norteamericano ha sido apartado del ejército y sentenciado a varios años de cárcel. Algo parecido va a ocurrir en Gran Bretaña. Pero la prensa va a seguir suministrando imágenes de estas barbaridades si llegan a los periódicos y televisiones.
El nuevo fiscal general designado por la nueva administración, Alberto Gonzales, escribió varios informes que justificaban la tortura. El premio ha sido designarle como máximo responsable de la justicia en el gobierno. Parece que ha prevalecido su condición de hispano sobre su pensamiento respecto a los derechos humanos.
Ni Bush ni Blair han aceptado la remota posibilidad de asumir responsabilidades sobre lo que ha ocurrido. Tampoco sus respectivos gobiernos. Estos abusos, hay que entender, no tienen importancia política. Tampoco lo que está ocurriendo actualmente en Guantánamo. Estoy muy de acuerdo en que la libertad es el motor de la historia. Y que tanto norteamericanos como británicos han sido pioneros en su defensa a lo largo de los dos últimos siglos.
Pero si sus actitudes hoy no responden a la trayectoria de sus respectivas historias nacionales es lógico que no nos parezcan bien. El liderazgo de la fuerza no tiene nada que ver con el liderazgo moral.

jueves, enero 20, 2005

Bush, la libertad y la seguridad

El discurso inaugural del presidente Bush se ha situado en la tradición liberal americana. Más de medio millón de personas desafiaron la nieve y el frío de Washington para contemplar en directo el comienzo de un segundo mandato presidencial. La libertad, la democracia, los derechos de las minorías, la defensa de los más débiles, el imperio de la ley, la defensa de la seguridad nacional, la justicia y la amistad con todos los pueblos del mundo fueron los tópicos de rigor.
Es el gran día de la democracia americana cada vez que un presidente jura su cargo. Los que recordamos lejanamente el discurso inaugural de John Kennedy en 1961 sabemos la incidencia que sus palabras tuvieron en el mundo libre en plena guerra fría. Todos los discursos inaugurales marcan las pautas del nuevo mandato.
Las palabras de George Bush tenían como telón de fondo la libertad y la seguridad. No hay libertad sin seguridad. Y al revés. El espectro de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la guerras en Afganistán e Iraq y las relaciones con los aliados planearon sobre el mensaje presidencial. El discurso pasó por más de veinte retoques hasta su redacción final. Citas de Jefferson, Lincoln, Kennedy y Reagan adornaron el mensaje.
La seguridad en Estados Unidos depende de la libertad en otras tierras. No hay derechos humanos si no están precedidos de las libertades humanas y los que niegan la libertad a otros no merecen disfrutarla ellos mismos. Es la retórica de la democracia en un país que no ha conocido la tiranía desde su fundación hace más de dos siglos.
El sistema democrático no es una comunidad de sangre. Ni siquiera de origen dejando a cada cual la posibilidad de ejercer su libertad y escapar a las determinaciones que sufre. Esto no lo dijo Bush pero es el discurso que ha construido la tradición liberal americana. Es un estado que absorbe comunidades distintas, adopta un contrato que rige esas diferencias, unas veces según el modelo de la tolerancia y otras reforzando la unidad.
En los tiempos de la guerra fría todos los presidentes americanos intentaron proteger las libertades internas y las de los aliados. Dedicaron muchos esfuerzos personales y colectivos. Superaron todas las crisis y acudieron, con aciertos y con errores, allí donde estos conceptos se podían defender.
La diferencia de este discurso inaugural con otros que lo han precedido es que en los últimos cuatro años Estados Unidos ha sido atacado por primera vez en su propio territorio. Para defender la seguridad nacional el presidente Bush hizo algo más que trazar una estrategia para combatir el terrorismo internacional y dar caza a los autores de aquella tragedia del 11 de septiembre. Cambió la política de seguridad, introdujo la doctrina de los ataques preventivos y declaró una guerra en Iraq sin que sus causas hayan podido demostrarse.
Esta política de corte conservador ha dividido al país como no había ocurrido en el último medio siglo. Ha debilitado las relaciones con los aliados y ha puesto a ciento cincuenta mil soldados en un país en el que no son bienvenidos a pesar de haber derrocado la despreciable dictadura de Saddam Hussein. Los discursos inaugurales de presidentes demócratas y republicanos, Johnson y Nixon, tenían en el horizonte la guerra de Vietnam.
Bush se encuentra con la guerra de Iraq de la que no se sabe cuál va a ser su desenlace. Es discutible que haya democracia en Iraq a partir del próximo 30 de enero y es igualmente incierta la situación en todo Oriente Medio a partir de ahora. Es más que dudoso que el terrorismo internacional, con Bin Laden campando por sus respetos no se sabe donde, haya plegado velas después del extraordinario despliegue militar de Estados Unidos en la zona.
El presidente no parece dispuesto a cambiar el rumbo de su política. Vamos a defendernos con la ley pero no abandonaremos el uso de la fuerza cuando sea necesario, dijo en su discurso. Empieza un segundo mandato con una cierta esperanza pero con muchas incertidumbres.
La democracia liberal se opone a la tiranía, aunque intenta combatirla por medios distintos a los de los fundamentalistas. La denuncia públicamente, se niega a reconocer la legitimidad de sus gobiernos, marginando a sus países del concierto de las naciones, o recurriendo a cualquier otra iniciativa diplomática, política o económica. Bush ha priorizado el uso de la fuerza. Leyendo atentamente su discurso parece que seguirá la misma línea.

miércoles, enero 19, 2005

Segundo mandato

El 20 de enero de los años que siguen a las elecciones presidenciales son una fiesta grande en Washington. Se traspasa el poder o se inaugura un segundo mandato del presidente reelecto. George Bush se enfrenta hoy a la oportunidad de restañar las heridas de una sociedad americana dividida y a un mundo que se resiste a aceptar la hegemonía de Estados Unidos tal como la ha ejercitado en los últimos cuatro años.
Un presidente reelecto por una indiscutible mayoría tiene la potestad de exponer con toda claridad los grandes trazos de su segundo mandato que acostumbra a ser más tormentoso que el primero. Bush fue reelegido como presidente en guerra y como representante de unos valores que la sociedad americana sancionó con sus votos. No cabe esperar grandes cambios de estrategia aunque tácticamente Bush intente en los primeros compases de la legislatura acercar posiciones con los aliados para buscar un consenso sobre cómo salir de Iraq con los menores costes militares y políticos.
La doctora Condoleeza Rice esbozó los grandes rasgos de la política exterior al examinarse ante el comité de relaciones exteriores del Senado que va a pronunciarse a favor de su nombramiento como secretaria de Estado. Rice planteó algunas modificaciones en la política exterior que se centrará en combatir la “ideología y el odio de las tiranías y el terror de los desesperados”. Vino a decir que Estados Unidos buscará la complicidad de la comunidad internacional pero que si no la obtiene seguirá su curso.
La lista de las tiranías queda ampliada y se compone de Cuba, Birmania, Corea del Norte, Irán, Bielorusia y Zimbawe. Curiosamente no están Pakistán ni Siria. No son clasificadas como imperio del mal pero caen bajo la categoría de tiranías. La nueva administración no se quedará con los brazos cruzados y lo más probable es que actúe con o sin consenso internacional. Entra dentro de la lógica política de la doctora Rice. Ahora será ella misma la que ejecute supensamiento tan cuidadosamente elaborado a lo largo de los años como experta en cuestiones soviéticas.
Pero la violenta crisis en Iraq pone en entredicho la doctrina Bush. Habrá elecciones el día 30 bajo la vigilancia militar de decenas de miles de soldados. Los atentados y los asesinatos indiscriminados son paralelos a la campaña electoral. Se van a cerrar las fronteras durante unos días. Está previsto no hacer públicas las direcciones de los colegios electorales. Habrá elecciones pero no estoy seguro que lo que salga de las urnas sea un sistema democrático normal. Un fiasco bastante notable.

martes, enero 18, 2005

Bomba en Getxo

Una potente bomba de ETA ha congelado el discurso político alrededor del plan Ibarretxe, de la posibilidad de una tregua, de los acercamientos entre los partidos, de negociaciones, acuerdos y reformas en la organización territorial de España. El coche bomba llevaba cuarenta kilos de dinamita. Su explosión se escuchó en un radio de diez kilómetros y afortunadamente no causó víctimas mortales. ETA sigue viva y ha dejado una macabra tarjeta de visita para advertir que no se estamos en tiempos de paz.
El coche bomba que explotó en Getxo buscaba causar víctimas. No era una bomba casera en una gasolinera madrileña ni los petardos que explotaron en las costas cantábricas en el verano. ETA quería matar para dejar claro que existe, que es fuerte, y que no hay que dar crédito a quienes proclaman que estamos en el camino de la paz.
Lo afirmaba claramente Arnaldo Otegi horas antes de que explotara el coche bomba. De momento, decía, este proceso de paz no existe y este país vive en el conflicto. A primeras horas de la tarde se producía el atentado. ETA sigue marcando las reglas de juego en Euskadi y en España. La ex Batasuna dividió sus votos para que el plan Ibarretxe saliera adelante en el parlamento vasco con una carta escrita por el terrorista Josu Ternera.
Otegui siguió moviendo los hilos políticos llegando a plantear una negociación directa con el gobierno de Madrid desmarcándose sutilmente del gobierno vasco y del plan Ibarretxe. Sería una ingenuidad pensar que la organización terrorista está dividida. Hay varias posiciones tácticas pero la estrategia es la misma. No es otra que negociar el fin de la violencia de igual a igual con el gobierno español. Es arriesgado a estas alturas caer en la dialéctica de Otegi proponiendo una salida política sin abandonar las armas.
Otegi es el brazo político de ETA. En su vertiente de votar el plan Ibarretxe y en la variante de colocar bombas como la de Getxo. Es difícil aceptar cualquier tipo de negociaciones abiertas si sigue la violencia. El gobierno Zapatero insistirá en esta posición sin abandonar el proceso de discusión del plan Ibarretxe que será derrotado en el Congreso y devuelto al parlamento vasco. Tiene muy difícil el lehendakari el seguir con su plan que ha sido aprobado con los tres precisos votos de los que siguen utilizando la violencia.
El coche de bomba de Getxo no puede detener el proceso de contactos y negociaciones entre los partidos políticos para sacar adelante el proceso de reforma de los estatutos y eventualmente de la Constitución. La explosión de hoy pone en situación muy delicada a Otegi y también a Ibarretxe. Un proyecto de estatuto que lleve sólo el sello nacionalista y el de los que representan a los que ponen bombas no puede tener futuro.
Es preciso volver a empezar. Primero buscando un consenso entre todas las fuerzas democráticas vascas. Segundo seguir las reglas de juego establecidas. Y tercero hablar con las fuerzas políticas españolas para llegar a un posible acuerdo. Sería improcedente dar una victoria política a quienes hablan con las armas para conseguirla. No veo la posibilidad de que Otegi se pueda presentar a las elecciones autonómicas del mes de mayo mientras siga representando a quienes siguen teniendo las pistolas.

lunes, enero 17, 2005

Los Reyes en Marruecos

Los Reyes han visitado Estados Unidos y Marruecos desde el cambio de gobierno en España. En su encuentro con George Bush en su rancho de Texas amortiguaron las tensas relaciones entre Washington y Madrid provocadas por la súbita retirada de las tropas españolas de Iraq. La visita de estado a Marruecos reconduce las extrañas relaciones entre Rabat y Madrid que se habían enrarecido en el segundo mandato del presidente Aznar.
Es muy positivo que el jefe del Estado recupere la función representativa de los intereses de los españoles. Tanto monárquicos como republicanos pueden coincidir en el papel que Juan Carlos I desempeña como representante de la monarquía parlamentaria prevista en la Constitución.
Tenemos muchas razones para mantener relaciones amistosas con Marruecos. Lo importante de esta visita no es el recibimiento popular ofrecido por el régimen de Rabat al monarca español. La concentración de ciudadanos a millares en las calles de Marrakech es una opción fácilmente diseñada por el gobierno. Lo más relevante es que el Rey Mohammed VI quiere reconstruir las relaciones con España después de la tirantez y la retirada de embajadores de la era Aznar.
Hay problemas muy serios que tienen que resolver los dos gobiernos. El primero es el flujo que no cesa de inmigrantes que ganan tierra peninsular arriesgando sus vidas que muchas veces pierden y aparecen cadáveres en las orillas del estrecho. El segundo son las complicidades de grupos terroristas de procedencia islámica que operan desde Marruecos y desde España. Hay más problemas como la pesca y otros contenciosos habituales entre dos países vecinos.
España es la más importante frontera de Europa con el norte de África. Cada año atraviesan la península en las dos direcciones más de un millón de marroquíes y argelinos que van y vuelven de vacaciones procedentes de muchos puntos de Europa. El hecho de que un porcentaje muy elevado de inmigrantes de procedencia musulmana sean de nacionalidad marroquí es un motivo más de acercamiento de políticas entre los dos países.
Lejos quedan aquellos tiempos en que el islote de Perejil era objeto de una provocada invasión por un puñado de soldados marroquíes para ser arrojados del peñón unos días después como si España hubiera ganado la batalla de Trafalgar. La invasión de Perejil, que se resolvió con un golpe de teléfono del secretario de Estado Colin Powell y con la patriótica intervención de los soldados del ministro Trillo con aquella peregrina declaración de “al alba y con viento de Levante”, era el síntoma de las desavenencias a las que el gobierno Aznar nos condujo.
Es sorprendente que todo un rey de Marruecos se haya permitido denostar al anterior gobierno Aznar en una entrevista publicada este fin de semana en El País. No estuvo bien aconsejado al hacer estas declaraciones. Pero el deterioro de las relaciones entre Madrid y Rabat fue una de las carencias en política exterior del gobierno del Partido Popular.

El tablero se mueve

Es arriesgado hacer análisis apresurados cuando las piezas del tablero se mueven en muchas direcciones. No es prudente hacer lecturas precipitadas porque no sabemos cómo quedará el tablero cuando los movimientos sísmicos que se están produciendo en la política española acaben dibujando un panorama que, cuando menos, será distinto del que existía antes de la entrevista entre el presidente Zapatero y el lehendakari Ibarretxe.
El plan Ibarretxe está muerto si quienes lo pueden avalar o impulsar han declarado que se encuentra en un callejón sin salida del que sólo se puede salir si se empieza a formular a partir de cero, en otras palabras, si deja de ser un plan exclusivamente nacionalista y se convierte en un proyecto pactado por todas las fuerzas políticas vascas.
Ibarretxe declaró con contundencia que la voluntad de los vascos no será sustituida por la voluntad del Partido Popular y el Partido Socialista. El lehendakari anunció con claridad que si las negociaciones sobre su plan son rechazadas por el Congreso de los Diputados o por el Gobierno dará la palabra al pueblo vasco, es decir, pondrá en marcha una consulta al margen de lo que diga la Constitución.
La declaración de la ex Batasuna de proponer una aproximación entre el gobierno y su formación ilegalizada tiene muchas lecturas. Una de ellas es salir de la tierra de nadie en la que se encuentra y poder regresar a la legalidad. Otra es que, quizás, esté en juego algo mucho más importante como una tregua etarra o el abandono definitivo y formal de las armas por parte de ETA. Una tercera podría ser el abandonar su posición vicaria respecto al nacionalismo institucional vasco que ha gobernado Euskadi durante un cuarto de siglo. Arnaldo Otegui viene a insinuar que quiere subirse al carro de la lógica política dejando su dependencia de la violencia.
Mientras todo este “puzzle” se está moviendo el presidente Zapatero se reune largamente con Mariano Rajoy que sale del encuentro con la sonrisa en la cara y avanza un pacto con los socialistas según el cual tendría que haber acuerdo entre los dos grandes partidos para cualquier reforma estaturaria o constitucional que se produzcan en el futuro.
Este pacto se puede considerar letal para los intereses de Catalunya con el pretexto histórico de que cuando los dos grandes partidos se ponen de acuerdo para la organización territorial del Estado, las ambiciones catalanas han resultado muy perjudicadas. También se puede interpretar que el Partido Popular, que no se hablaba con el nacionalismo vasco ni con el catalán en el último mandato popular, haya decidido cambiar de estrategia y sumarse con inteligencia al inevitable proceso de reformas que está en marcha. Es evidente que las reformas constitucionales tienen que contar con el apoyo del Partido Popular y sería lógico que esta cooperación se produjera previamente en las estatutarias.
Los dados están rodando y no sabemos, porque no conocemos la letra pequeña de los encuentros entre Ibarretxe y Zapatero y entre Zapatero y Rajoy, de qué lado van a caer. Hay que esperar a que acabe la jugada y ver cómo queda el mapa de relaciones entre los dos grandes partidos y los partidos nacionalistas que impulsan las reformas estatutarias.
Si el resultado fuera, ojalá, que ETA abandonara las armas formalmente estaríamos en una nueva situación que permitiría negociar con más tranquilidad y más inteligencia todo el proceso de cambios que afectan a la reforma de los estatutos y la Constitución.
Se me puede tachar de ingenuo. Pero quiero pensar que no sería mal negocio para todos el entrar en un periodo de reformas en el que todas y cada una de las partes pudieran alcanzar sus objetivos por la vía del consenso.

viernes, enero 14, 2005

Vascos y catalanes

El talón de Aquiles del plan Ibarretxe es que ha llegado al Congreso de los Diputados sin una amplia mayoría de la sociedad vasca. Cuando el lehendakari se da cuenta de que el gobierno Zapatero no está dispuesto ni siquiera a negociar la posibilidad de abrir un proceso de negociaciones sobre lo acordado por el parlamento vasco, le recrimina al presidente del gobierno su compromiso de aceptar lo que acuerde mayoritariamente el parlamento de Catalunya.
La cuestión no es menor. El plan Ibarretxe no es fruto de un consenso trabajado entre todas las fuerzas políticas vascas sino que es un proyecto de cuño nacionalista no compartido por casi la mitad de la sociedad vasca con representación en el parlamento de Vitoria. Si la mayoría obtenida por Ibarretxe, además, es consecuencia de una estrategia estudiada por la ex Batasuna dividiendo sus votos a favor y en contra del proyecto, no puede argumentar que sus reformas son aceptadas y queridas por la mayoría de los vascos.
Es un plan nacionalista, todo lo legítimo que se quiera, pero no es un plan vasco. Cuando el gobierno de Madrid le dice que es un error en el fondo y en la forma le indica también que no se ajusta a la Constitución y le aconseja que vuelva a empezar, que consiga un más amplio consenso y después ya se verá.
La reforma del estatuto catalán ha sido uno de los objetivos del gobierno tripartito en los doce meses que lleva gobernando. Las posiciones de Esquerra Republicana y las del Partito Popular de Catalunya están muy alejadas. ERC es independentista y el PP no lo es. Tampoco los socialistas catalanes están a favor de una ruptura con España. Y CiU, a pesar de sus titubeos y a pesar de ver con buenos ojos el plan Ibarretxe, tampoco se inclina por un enfrentamiento abierto con Madrid.
La reforma catalana busca el consenso por encima de todo. Y anuncia que todo se puede hacer en el marco de la Constitución. Tanto en el fondo como en la forma es difícil establecer paralelismos entre los proyectos de nuevos estatutos en Euskadi y en Catalunya. Dicho en palabras muy al uso en el siglo XIX, el nacionalismo vasco utiliza aquello del “trágala”. Los catalanes no sabemos, ni podemos por la experiencia de la historia, ni siquiera pensar en la posibilidad de pronunciar un “trágala” para nada. Sabemos que el consenso es absolutamente imprescindible para la convivencia interna y externa.
Decía el president Maragall que difícilmente España podrá ignorar una propuesta que esté avalada por la mayoría de los catalanes. Especialmente si no está formulada con criterios de ruptura sino de una manera diferente de integración. Respecto a los nacionalismos hay que tener en cuenta también lo que decía Maragall cuando ayer invitaba a los españoles que critican a los llamados nacionalismos periféricos que se miraran en el espejo. Hay nacionalismos periféricos. Sí. Pero también hay un nacionalismo español que no quiere aceptar las maneras distintas de formar parte de España.
La variedad y pluralidad de España existe. Cuando surgen voces que piden un reajuste de la conformación jurídica del Estado hay que escucharlas. La unidad n o quiere decir uniformidad.
Los grandes estados del mundo, desde el imperio romano hasta el austriaco, son ejemplos de una riquísima diversidad de naciones, culturas, paisajes humanos, usos y tradiciones. Decía Azaña en 1934, poco después de ser acusado de participar en los hechos del 6 de octubre, que “estoy convencido de que las malas inteligencias entre Catalunya y el resto de España nacen, entre otras causas, de una muy importante, que es la ignorancia”.
En estos momentos de turbulencias es precisa mucha inteligencia política. Por parte de todos. Es una buena noticia que el presidente Zapatero y Mariano Rajoy se hayan reunido en tono constructivo en La Moncloa. Sin el acuerdo de los dos grandes partidos es imposible cualquier reforma de gran calado. Se puede hablar de todo y con todos siempre que sea dentro del marco de las leyes.

jueves, enero 13, 2005

Choque en La Moncloa

La reunión entre el presidente Zapatero y el lehendakari Ibarretxe ha ido muy mal a pesar de la sobria corrección en las formas. Ha ido mal porque los mensajes que se intercambiaron durante casi cuatro horas no encontraron ningún punto en común. Zapatero rechazó negociar el plan Ibarretxe por considerar que es un error y que no se atiende a la Constitución ni en el fondo ni en las formas.
Este plan, le dijo el presidente, divide a los vascos y produce el rechazo de la sociedad española. Es un error político que conduce a un callejón sin salida. Le pidió al lehendakari que recapacitase, que volviera a empezar, que reconstruyera el consenso entre los vascos y que se moviera en el marco de la ley y de la Constitución. En cualquier caso le advirtió que mientras sea presidente del gobierno español el plan aprobado por el parlamento vasco no se aprobará.
La firme posición del gobierno fue respondida por el lehendakari con igual contundencia. Ibarretxe dijo lisa y llanamente que la voluntad de los vascos no será sustituida por la voluntad del Partido Popular y del Partido Socialista. Pidió una negociación sobre su plan que el presidente del gobierno le ha negado. Y si esta negociación no se produce Ibarretxe ha avanzado que dará la palabra al pueblo vasco.
No habló de referéndum sino de consulta que puede no tener valor jurídico pero tendrá valor político. Ibarretxe argumenta que la legitimidad del parlamento vasco no puede ser desautorizada por la legitimidad del parlamento español. El lehendakari dijo que los vascos quieren más autogobierno y que para conseguirlo hay que hacerlo con un proceso sereno, claro, enérgico y en un ambiente de calma.
Los trenes no han chocado pero marchan en dirección opuesta y circulando por la misma vía. Es cuestión de calendario. Si todo se desarrolla como se desprende de la reunión de hoy el Congreso de los Diputados recibirá el plan Ibarretxe aprobado por mayoría (con los votos de la ex Batasuna, el brazo político de ETA), lo debatirá y lo rechazará. No habrá negociaciones sobre el plan.
El gobierno Zapatero ha actuado con cautela y con tacto político. Pero el problema es serio y no se ha avanzado ni un ápice. La pelota está ahora en el campo del gobierno vasco. Si no hay negociación, Ibarretxe consultará al pueblo vasco aunque no se sabe cómo. No existe una ley que se lo permita.
La situación tiene una cierta gravedad y cabe esperar que algún tipo de contactos, aunque no sean negociaciones formales, empiecen a amortiguar las posiciones encontradas. El gobierno vasco parte de un supuesto que es muy discutible y que consiste en que la legitimidad del parlamento vasco no depende de ninguna otra legitimidad.
Si vulnera la Constitución pierde la legitimidad puesto que el estatuto de Gernika vigente es una consecuencia de la Constitución española. Ninguna de las dos partes ha amenazado con recurrir a medidas extremas. Ni políticas ni de fuerza. Pero si el gobierno vasco insiste en seguir adelante al margen de lo que diga el gobierno de Madrid y el parlamento español, la confrontación última será inevitable.

miércoles, enero 12, 2005

Días de nieblas

La niebla se ha enseñoreado de las tierras leridanas. Se ha hecho un silencio largo y espeso en amplias extensiones de la cuenca del Ebro. Desde la luz y claridad del litoral mediterráneo no se entiende que en el interior del país se haya apagado el sol. La quietud lo domina todo. Son días de espera angustiosa para cuantos agricultores esperan que soplen los vientos, se limpie la atmósfera y se vuelva a divisar el horizonte.
Está haciendo el frío de rigor. Un frío rodeado de humedad y de hielos que reposan sobre los olivos que parecen más abetos alpinos o escandinavos que árboles mediterráneos, plácidos, incapaces de enfrentarse a una sacudida tan severa de la naturaleza. Aguardan con cautela y resignación que nuevas y más destructivas heladas sorprendan a sus hojas todavía verdes.
Los que somos de secano, de climas que cabalgan entre las bonanzas costeras y la radicalidad de las planicies continentales con el blanco Pirineo oteando en el horizonte, tememos más al frío que a la sequía. Un verano con prolongadas sequedades, calores achicharradores, puede dañar lo inmediato, las hortalizas, el cereal que no alcanza su plenitud granada, la lozanía de las frutas. La sequía, en todo caso, añade un grado de calidad a los frutos.
Puede que haya menos cantidad, que las viñas ofrezcan cosechas diezmadas, pero un melocotón de secano, en años sin agua, tiene un sabor un una dulzura que no se encuentran en las plantaciones masivas. ¿Qué viticultor no conoce su viña sedienta, casi asfixiada por los calores, allá por el mes de septiembre, cuando los racimos adquieren ese color tostado por el sol y son una invitación para picotear unos granos en cada cepa?
El frío no ofrece estas caricias de sensibilidad y de buen gusto. El frío viene, permanece silencioso y cuando se va ha dejado la huella de la destrucción. El frío es necesario. Pero una exageración durante varios días, con la presencia suave pero insistente de nieblas que hielan las ramas de los árboles, puede ser letal. Para este año y para los próximos.
Si las nieblas son la antesala de nuevos fríos, es un mal augurio. No ha pasado todavía pero puede ocurrir. Los que saben de la inclemencia del frío dicen que el mal viene de la mano de esas nieblas movedizas, que van y vienen, que mantienen la humedad en los olivos que todavía aguantan sus aceitunas negras y por la noche las heladas secas se encargan del resto. Sorprenden a los olivares, que amanecen blancos, aplastados por el peso de la humedad helada, tristes y resignados. El mal no se advierte todavía. Pero cuando el sol reaparece las hojas se vuelven mustias. El frío se ha cobrado su tributo.
Aunque el mal no se conoce todavía, muchos olivos pueden dar señales de la agonía que están viviendo. Esos colores rojizos y negroides, apagados, anuncian una primavera triste.
Son también preocupaciones que hay que tener en cuenta y que no se amortiguan con el debate político desproporcionado que estamos viviendo estos días. Una niebla fría, movediza, puede invitar a dar golpes de ciego sin saber quien es el adversario. Podemos golpear a un amigo, a un vecino, incluso a un pariente. Las nieblas son una invitación a la calma, a volver a pensar antes de actuar.

Ibarretxe y los argumentos jurídicos y políticos

No me tranquiliza que todo el debate político y social en España sea denostar desde todos los ángulos posibles el Plan Ibarretxe. Yo no estoy de acuerdo con él. Porque no representa una mayoría suficiente de la sociedad vasca y porque entiendo que rompe las reglas del juego establecidas por la misma Constitución. Dicho esto hay que agotar todos los recursos para cargarse de razón. No con gritos y descalificaciones sino con argumentos jurídicos y políticos.
Que entre el plan en el Congreso. La votación será contraria al plan del lehendakari. Que se consulte al Tribunal Constitucional sobre si la propuesta se ajusta a las normas de la Carta Magna. Que se traslade al Parlamento Vasco las dos decisiones. Que Ibarretxe mueva ficha. Estoy de acuerdo con el lehendakari en el sentido de que no vamos a resolver este conflicto a tortas.

martes, enero 11, 2005

Esta Europa, sí es posible

Me alegra que socialistas y populares hayan decidido, con todos los matices imaginables, apoyar el sí en el referéndum sobre la Constitución europea. También me satisface que CiU haya recapacitado y se disponga a apoyar el Tratado que dará forma político-jurídica a la Unión Europea a la que pertenecen ya veinticinco estados europeos. También me parece normal que haya partidos políticos, Esquerra Republicana de Catalunya entre ellos, que hagan campaña a favor del no.
Lo único que me preocupa es que la participación en las urnas el próximo 20 de febrero no sea lo suficientemente alta. No tanto porque la legitimidad dependa de la participación sino porque puede ser indicio de una despreocupación generalizada sobre un tema que nos afecta muy directamente a todos.
Soy partidario del sí por muchas que sean las imperfecciones del texto que se someterá a referéndum. La razón principal es que más Europa significa más garantías de paz en un continente que ha vivido desgarrado por endémicas y devastadoras guerras.
A lo largo del año 2004, como señala William Pfaff en un artículo reciente, el poder blando de Europa ha sido mucho más efectivo que el poder duro de Estados Unidos que se encuentra enfrascado en Iraq después de haber anunciado el final de las hostilidades en una guerra que se desató al margen del derecho y basada en una mentira. Europa ha conseguido incorporar a países como Eslovenia que hasta hace bien poco estaban al borde del enfrentamiento balcánico. Ha dado un paso decisivo en restablecer las relaciones entre el Islam y Europa al abrir negociaciones con Turquía. Ha intervenido en la crisis de Ucrania y ha negociado con Irán para desactivar el programa nuclear del régimen coránico de Teherán.
La Unión Europea es una garantía de paz y seguridad entre los europeos. Todos los estados han cedido cotas importantes de soberanía en el terreno político, legislativo y financiero. Se ha creado un espacio de ciudadanía que permite la convivencia entre finlandeses, malteses, españoles y británicos. Han caído muchas fronteras reales y también mentales. Se ha introducido el concepto de solidaridad y de respeto a las minorías.
Cuatro de cada diez kilómetros de autovías construidos en nuestro país se han financiado con fondos europeos. España recibe un billón de las antiguas pesetas cada año procedentes de los fondos de cohesión. Más del ochenta por ciento de la financiación de la depuradora gigantesca construida en el Forum de las Culturas de Barcelona ha venido de Bruselas.
No hay precedentes en la historia de España de 19 años de tanta prosperidad, estabilidad y convivencia como los que hemos conocido desde que en 1986 ingresamos en la entonces Comunidad Económica Europea. La ratificación del Tratado significa más eficacia en cuestiones relacionadas con la justicia, la seguridad y las cuestiones legislativas que afectan a las empresas. Significa también más democracia, asegurar los derechos fundamentales de los ciudadanos. La Unión Europea es también más solidaridad.
Europa es la vacuna contra posibles abusos y crisis políticas que se produzcan en los estados miembros. Con todas las dificultades y problemas la Unión Europea es el éxito de cohesión más importante de la historia europea.
Por supuesto que hay carencias y disfunciones de todo orden. La Unión Euroepa no es la perfección. Hay muchos problemas en el seno de cada estado miembro que no se resolverán con la simple pertenencia a la Unión. No sabemos qué puede pasar si países como Francia o Gran Bretaña se pronunciaran a favor del no. Ni cómo se repartirán los fondos de cohesión en el futuro, si es que tienen que durar siempre. Lo que se ha conseguido es irreversible. Esta Europa, sí que es posible.

lunes, enero 10, 2005

Inteligencia política




Hay una frase ritual de Felipe II que pronunciaba en sus austeras estancias de El Escorial: “En esto no conviene hacer novedad”. Y así gobernaba aquel vasto imperio en el que sus órdenes eran ejecutadas meses después en algún lugar remoto de América o en alguna aldea de Castilla o de Aragón. Los españoles suelen ser bastante impávidos cuando se trata de peligros reales pero son temerosos cuando se vislumbra un futuro incierto.
España, decía Ortega, es una cosa hecha por Castilla y hay razones para ir sospechando que, en general, sólo cabezas castellanas tienen órganos adecuados para percibir el gran problema de la España integral. No esperan los españoles que gobiernan y han gobernado siempre desde el poder central articulado en Madrid que puedan venir soluciones desde la periferia. No está en nuestra tradición.
El plan Ibarrretxe es denostado por muchos españoles a pesar de que sean muy pocos los que se hayan entretenido en leerlo. Se estigmatiza su articulado por entender que es un paso irreversible para la unidad de España. Después de Euskadi vendrá Catalunya y a continuación Galicia y todo lo demás. No quedará nada de España.
Ya me he pronunciado sobre la inoportuna elaboración de un plan que pretende resolver bilateralmente el contencioso que el nacionalismo vasco tiene con España. Pensar que España es una realidad débil, incoherente, atrasada, con la que no caben relaciones para dibujar el futuro, me parece que es desconocer el cambio espectacular que se ha producido en todo el país en los últimos veinte años. España existe y es más fuerte de lo que los nacionalismos vislumbran. Ya lo veremos.
Se pueden cometer muchos errores difíciles de enmendar en estos momentos en los que el edificio constitucional quiere someterse a revisión. Partidos políticos, obispos, tertulianos al servicio de concepciones diversas de España, empresarios... están dibujando un panorama desalentador. No hay para tanto.
Aunque en nuestra historia la religión haya sido a veces instrumentalizada a favor del fanatismo político, el fenómeno no se debe tanto a una influencia del catolicismo, que la ha tenido y mucha, sobre el carácter nacional, sino a una fuerte presión del carácter nacional sobre el catolicismo. ¿En qué parte del Nuevo Testamento se encuentra la defensa de la unidad española? No la he sabido encontrar.
En Francia, Inglaterra o Alemania, se ha constituido desde siempre una doble tradición que ejercita a lo largo de los siglos un antagonismo muy saludable. La tradición española es unilateral. No tenemos, ni hemos tenido heterodoxia basada en la fuerza creadora de la libertad. Nos hemos movido en el terreno de la bondad y la maldad de los actores principales de nuestra historia política.
Que no cunda el pánico. Se puede hablar de todo. También del plan Ibarretxe. Hay instrumentos políticos y constitucionales para poderlo hacer. Existe un Tribunal Constitucional al que se puede someter cualquier duda sobre la constitucionalidad de las decisiones políticas. Si el plan del lehendakari va a a ser rechazado por el Congreso de los Diputados, no veo el problema.
Pero claro que hay problema. Se sospecha, con razón, de que después de esta anunciada negativa del Congreso el lehendakari seguirá adelante con su consulta directa a la sociedad vasca. ¿Qué pasará entonces? El problema lo tendrá el señor Ibarretxe. Lo tendrá con España pero también con Europa. Si hasta llegar ese momento, con elecciones vascas por el medio, se lanzan todo tipo de acusaciones a los vascos y por extensión a los catalanes poco se van a tranquilizar los ánimos.
Ya sé que muchos de ustedes me pueden considerar ingenuo. Y posiblemente lo soy. Pero no veo la necesidad de tanto adjetivo, tantos miedos, tantas precauciones si las normas del estado de derecho pueden dar respuesta a todos los problemas que se plantean. Finalmente, hemos de encontrar una solución en la que todos nos podamos sentirnos cómodos. Por el camino que vamos se crearán más problemas de los que realmente existen.
Sería mejor que “no hubiera novedad”. Pero novedad la hay. Y de bastante envergadura. Es hora de utilizar la inteligencia política y no dejarse llevar por temores e incomprensiones que tienen su fundamento en un desconocimiento de la historia.


Hay que poner el reloj a cero

Unas elecciones generales celebradas democráticamente bajo una ocupación militar extranjera arrojan muchas incógnitas sobre el fondo y la forma en que se han celebrado los comicios. Y sobre todo dibujan un horizonte incierto. Pero el caso es que los palestinos votaron el domingo y dieron mayoritariamente la victoria a Abu Mazen, el candidato que representa la moderación de la facción política de Al Fatah.
Abu Mazen es considerado como un líder con el que Israel puede hablar, una circunstancia que no se daba con Yasser Arafat que rompió incomprensiblemente el proceso de paz dando rienda suelta a la segunda intifada. Abu Mazen se propone entablar negociaciones con Israel y acabar con la violencia descontrolada de grupos radicales descontrolados. También tendrá que establecer contactos con el presidente de Estados Unidos que ha saludado la elección de Mazen diciendo que “es esencial para el establecimiento de un estado soberano, independiente, viable, democrático y pacífico con un Israel seguro”.
No es momento de recordar la violencia estéril, tantas muertes absurdas, tanto odio mutuo entre Israel y los palestinos a raíz de los enfrentamientos continuados de los últimos años. Este conflicto deberá acabarse en una mesa de negociaciones como estuvo a punto de ocurrir tras los acuerdos de Oslo o la paz de Camp David.
Hay que volver a los inicios. Los padres fundadores de Israel se proponían fundar una sociedad nueva e igualitaria, abierta a todos, también a la población árabe. Aquella sociedad idílica encontraba su expresión en el kibutz donde los colonos judíos, metralleta al hombro, trabajaban la tierra junto con los árabes que eran tratados mucho mejor que como lo habían hecho los grandes latifundistas que los habían vendido a los nuevos ocupantes con los mismos campos devastados. Este idilio se desvaneció con la guerra de los Seis Días de junio de 1967 que obligó a Israel a dotarse de una estructura de verdadero estado, con ejército, armamento y todo lo que acompaña a un estado moderno.
Aquella espectacular victoria militar no fue seguida de un plan político para dar salida a los seiscientos mil palestinos que quedaron atrapados, hoy son casi cuatro millones, dentro de las tierras conquistadas.
Han tenido que ocurrir tantas desgracias para que, finalmente, la única salida posible sea la creación de dos estados separados, con todas las cautelas de seguridad y defensa que se quiera.
El factor demográfico no juega a favor de Israel. Si no hay separación se calcula que en el año 2010 habrá más palestinos que judíos viviendo en Israel. Cualquier opción que no pase por la separación en dos estados puede llevar a Israel a promover tres opciones igualmente peligrosas.
Pueden los israelíes controlar toda la zona siguiendo un sistema de “apartheid”, pueden expulsar a los palestinos, ¿adónde?, o pueden otorgar a los palestinos el derecho a votar con lo que el estado de Israel perdería su razón de ser.
La separación es lo más prudente. Lo saben los israelíes, los palestinos y también Estados Unidos. Se trata de poner en marcha este proceso con todas las garantías que se quieran. No hay otra opción. La solución militar puede prolongar la violencia por ambas partes. Lo que no servirá es para alcanzar la paz.
Yasser Arafat levantó la bandera simbólica de los palestinos. Pero no quiso o no pudo ir más allá de promesas y de frustraciones. Abu Mazen tiene la oportunidad para poner de nuevo el reloj a cero. Y el gobierno de Sharon también.

viernes, enero 07, 2005

El Idiota

Dostoievski está siempre de actualidad. Como Cervantes, Tolstoi, Shakespeare, Homero o Balzac. He recorrido estos días los cientos de páginas de El Idiota viendo cómo un personaje mesiánico, concebido por el autor como el paradigma del hombre bueno, es derrotado finalmente por sus propios odios y deseos. El príncipe Mishkin desprende compasión y humildad. Tiene tanta sinceridad que finalmente es destruido por quienes no pueden tolerar la transparencia de un personaje que se manifiesta abiertamente sin tener en cuenta los códigos mentales que bullen en la sociedad de San Petersburgo a finales del siglo antepasado.
Dostoievski avanza por el laberinto de lo antinatural, por los subsuelos y las ciénagas del alma, siempre al borde de la alucinación, de los espectros y siempre vulnerable a las intrusiones demoníacas en lo que finalmente todo parece haber sido un sueño. El Idiota representa una negación total de la visión del mundo sostenida por el racionalismo. Un ejército de personajes que dialogan consigo mismos y crean un mundo de perversas fantasías. El final no es precisamente un triunfo de la verdad ni de la bondad. Es un desastre.
Todos llevamos a cuestas algunos rasgos del príncipe Mishkin. Nos acostumbramos a ver enemigos y adversarios por todas partes. El discurso propio es siempre el más ajustado a nuestras fantasías. Hasta que la realidad nos hace tropezar con las fantasías de los demás. Y se produce un choque de trenes y aquellas bondades se transforman en lamentables catástrofes.
El problema es que todos los príncipes Mishkin de este mundo siguen activos, todos los llevamos dentro de alguna manera, y sino los expulsamos podemos chocar constantemente con la realidad que es más dura que las fantasías personales.
Mientras leía las paradojas y contradicciones de El Idiota me venía a la mente el cuadro del debate político en nuestro país. Hay quien se mueve en la fantasía de un plan para cambiar el curso de la historia entre Euskadi y España y con los mismos criterios se dan golpes de Constitución para desautorizarlo. No se habla. Se grita y se utiliza el lenguaje para destruir al adversario. Todos los planteamientos parten de una bondad seráfica sorprendiéndose de que los demás no vean las cosas de la misma manera.
El conflicto es que quienes hablamos y escribimos de todo esto leemos muchos diarios construidos sobre declaraciones de todo tipo. Pero libros, lo que se dice libros que reflejen la naturaleza humana, se leen más bien pocos. Es un problema insuperable que nuestra clase política y nuestros sabios opinadores no se hayan entretenido en leer libros.
Todo lo que está ocurriendo no es nuevo. Pero no hace falta caer en las mismas trampas que con tanta profundidad han estudiado los clásicos universales. En este cuarto centenario de El Quijote sería interesante repasar los últimos capítulos de la segunda parte y releer las consideraciones que tanto don Quijote como Sancho Panza hacen después de que el Caballero de la Luna abatiera al caballero manchego en una de las playas de Barcelona donde hoy se levanta la modernidad del Forum de las Culturas.
Se dice en las páginas de El Idiota que el mundo será salvado por la belleza. Sí. Pero también y sobre todo por la razón y el espíritu. Dos conceptos que a veces no se encuentran en el diccionario de cuantos construimos el debate político del momento.



miércoles, enero 05, 2005

Prejuicios y griterío


La idea de vivir en un país en el que todos nos podamos sentir cómodos parece que se diluye en el horizonte de las identidades, de las reclamaciones endémicas y de los choques frontales de una clase política que no responde a las aspiraciones de una sociedad que marcha paralelamente sin participar en la crispación que alientan los partidos y los sabios tertulianos mediáticos.
No hay propiamente ninguna forma de sociedad que no se base más o menos en los prejuicios, mediante los cuales admite a unos determinados tipos humanos y excluye a otros. Hay mucho prejuicio ambiental. Se teme que el plan Ibarretxe sea el paso definitivo de la ruptura de la unidad de España. Luego vendrán los catalanes, los gallegos y finalmente se llegará a la cantonalización del país que quedará hecho trizas.
Vayamos por partes. España es una realidad histórica que ha conocido todo tipo de convulsiones. Como cualquier realidad humana es un proyecto inacabado en el sentido de que el futuro va modificando lo que parecía inamovible. ¿Quién hubiera previsto en 1975 el extraordinario progreso de un país que salía de una dictadura y en poco más de una generación alcanzaría las cotas de convivencia, crecimiento económico y autosatisfacción que hoy conocemos? El éxito de esta experiencia se debe en buena parte a la descentralización administrativa y política que se configuró en el estado de las autonomías.
Muchos pensaron que la fórmula de la España autonómica era un retroceso. Y ha ocurrido lo contrario porque se establecieron unas reglas de juego que más o menos han sido aceptadas por todos. Ha habido paz política y paz social. El país en su conjunto ha progresado. La Constitución no es eterna ni infalible. Es un marco jurídico de convivencia política y social que puede modificarse si las circunstancias así lo aconsejan.
Antes de estigmatizar al lehendakari Ibarretxe y a cuantos nacionalismos pretendan legítimamente pedir una revisión de los estatutos, convendría que se agotaran todos los recursos constitucionales para ver si estas peticiones son legítimas. Me parece apresurado el hecho de presentar una querella ante el Constitucional cuando el plan aprobado por el parlamento vasco no ha llegado ni siquiera al parlamento español. Que llegue, que se estudie, que se consulte al Tribunal Constitucional si lo que pretenden los vascos se ajusta a la Constitución. Y en caso de que no sea así, que se analice qué artículos constitucionales habría que cambiar.
No se puede resolver “a tortas” una situación tan delicada como la que ha presentado el lehendakari. Desafortunada alusión de Ibarretxe a la posibilidad de llegar a las manos en caso de que las negociaciones no prosperen. Los políticos curtidos no pueden ni siquiera insinuar una hipotética alternativa violenta. Pero si tenemos en cuenta que la política se basa en el hecho de la pluralidad de los hombres no se pueden utilizar los prejuicios como norma de conducta política.
Considero inoportuna y peligrosa la iniciativa propuesta por el parlamento de Vitoria. Pero una vez formulada hay que aplicar la sabiduría política para buscar soluciones. No es prudente recurrir al griterío, a los prejuicios, a las bajas pasiones y los temores sobre catástrofes que no se han producido todavía. Es la hora de la política en mayúsculas porque el ambiente está convulsamente agrietado.
Todo se puede decir y todo es factible de perfeccionarse. Pero con orden y con responsabilidad. España no se va a romper. Es muy vieja y tiene demasiadas heridas en las costuras. La clase media tan extendida no lo va a permitir. A no ser que políticos y medios de comunicación se empeñen en provocar un gran incendio.

Bin Laden sigue activo

Los terroristas no pueden hacer descarrilar el proceso electoral en Iraq. Ésta es la tesis del gobierno interino de Bagdad y la de Estados Unidos, que no tienen intención de aplazar las elecciones para poder abandonar militarmente el país a medio plazo. Mientras tanto, los terroristas y la resistencia siguen asesinando a diario en cuanto tienen oportunidad de atacar a las tropas norteamericanas, a policías iraquíes, a civiles y a cuantos extranjeros se pongan por delante.
Las elecciones pueden celebrarse el día 30, pero el resultado estará condicionado por el miedo, la muerte y las amenazas constantes a la libertad de los iraquíes. Las consecuencias prácticas de la política contra el terrorismo internacional es que hay más inestabilidad, más inseguridad, más violencia en el país hoy que hace casi dos años, cuando se desató la guerra de Iraq.
Hay un desorden fenomenal en el país, no se puede poner en marcha la reconstrucción nacional y en el supuesto de que se elija un nuevo gobierno en las urnas, no está claro que sea de carácter democrático si, como es de prever por razones demográficas, la mayoría chií sale ganadora y se oriente más hacia el modelo iraní que hacia las democracias de corte occidental.
En pocos días se derribó la dictadura de Saddam en la primavera del 2003. Pero la posguerra ha sido catastrófica para todos. Para los iraquíes en primer lugar, que han experimentado cómo decenas de miles de compatriotas han perdido la vida de forma absurda y gratuita. Pero también para los que plantearon la guerra pensando que acabarían con el terrorismo internacional. Cientos o quizás miles de terroristas de procedencia islámica han acudido a Iraq dispuestos a inmolarse por la causa para combatir a los infieles.
Se ha recurrido al uso exclusivo de la fuerza abandonando el derecho y la racionalidad. Las consecuencias están siendo muy negativas y muy peligrosas. Se ha dado oportunidad a una minoría de radicales islámicos a que añadan nuevos pretextos para seguir en su nihilista cruzada contra los valores occidentales.
Los inspiradores intelectuales e ideológicos de esta cruzada campan por sus respetos en alguna parte entre la frontera de Afganistán y Pakistán. No se tiene noticia de ellos a no ser por las metódicas apariciones de Bin Laden en la televisión global dando cuenta de sus planes para destruir a Estados Unidos y a Israel. Su objetivo también está en Europa, que vive bajo una fantasiosa tranquilidad.

martes, enero 04, 2005

Discutible legitimidad

Dice el lehendakari Ibarretxe que la aprobación de su plan tiene toda la legitimidad porque responde a la voluntad de la mayoría de los vascos representados en el parlamento de Vitoria. Ante la legalidad de la Constitución está la legitimidad de las urnas. Visto con estos parámetros el razonamiento es impecable.
Pero el principio de legitimidad no ha caído del cielo para ser sometido a una votación y convertirse en ley suprema. La legitimidad no nace de un gobierno que presenta una alternativa política. Es una noción más compleja que es depositaria de leyes anteriores, de tradiciones que pueden parecer anacrónicas pero que conservan un sentido profundo.
Los ingleses supieron hacer revoluciones que no atacaron el principio de legitimidad. Pasaron por una revolución industrial, no se sumaron a las corrientes que nacieron con la Revolución Francesa, conservaron la monarquía otorgándole un poder protocolario, hicieron guerras y las ganaron, respetaron los derechos de los ciudadanos y hoy continúan siendo una democracia envidiable.
Lucharon en solitario durante dos años para neutralizar la ofensiva de Hitler y pusieron en marcha una coalición que acabó derrotando el nazismo. El general de Gaulle dice en sus memorias que ”sin los ingleses, no habría habido una Francia libre, ni una Europa libre ni un mundo libre. Sin ellos, no habría habido ni tan solo un general De Gaulle liberador”.
Y han hecho todo este recorrido sin una Constitución escrita, han encontrado fórmulas para dotar de autogobierno a Irlanda del Norte, Gales y Escocia, han perdido un imperio y la habilidad de sus clases dirigentes han hecho posible que Gran Bretaña sea hoy todavía una potencia media que cuenta en el mundo.
¿Dónde está la legitimidad de la política británica? En sus leyes no escritas, en el Parlamento, en las tradiciones y costumbres que han trazado un conjunto de reglas que son precisamente el principio de legitimidad. Un principio que no lo inventó Churchill, Gladstone o Palmerston. Es un consenso que nace de una forma de entender las relaciones entre los gobernantes y los gobernados.
La legitimidad que entiende Ibarretxe no es muy sólida si se deriva de una decisión de un gobierno determinado que, además, no cuenta con el apoyo mayoritario de la sociedad vasca. La legitimidad del estatuto vasco viene de la Constitución que ordenaba jurídicamente todo el territorio español que otorgó la autonomía a los vascos, catalanes, valencianos, andaluces y el resto de comunidades.
Por mucho que se empeñe el lehendakari Ibarretxe no hay precedentes de soberanía vasca al margen del estado español. La legitimidad no puede venir de su decisión de someter a votación un plan que rompe un criterio que tiene raíces ancestrales.
Soy de la opinión de que Ibarretxe explique su plan al presidente Zapatero. Hablando se puede entender la gente. Pero hablando bajo unas coordenadas que tengan su correspondiente ropaje histórico y jurídico. Si a estas consideraciones se añade que el plan del lehendakari ha sido aprobado gracias a los votos calculados de un partido que está inspirado por ETA, es difícil dialogar y mucho menos negociar sobre un tema que no sólo afecta a los vascos sino que tendrá consecuencias en todo el ordenamiento político de España y de todas sus autonomías.



lunes, enero 03, 2005

Panorama incierto

El panorama político español está cargado de incertidumbre. La aprobación del plan Ibarretxe por el Parlamento Vasco es un órdago al Estado. No tanto porque lo que pretende el gobierno de Vitoria no pueda considerarse y debatirse sino porque se pretende implementar una decisión adoptada por la mayoría de diputados vascos al margen de lo que establezca la Constitución de la que emanan las instituciones de todas las autonomías del Estado.
Dentro de cuatro meses se celebrarán elecciones en el País Vasco. Antes de que termine el año los gallegos acudirán a las urnas. En Catalunya se está trabajando para la elaboración de un nuevo estatuto que tendrá en cualquier caso que ser refrendado por el Congreso de los Diputados en Madrid. El año se presenta políticamente complicado.
El primer envite lo tiene el gobierno Zapatero para responder a la decisión del Parlamento Vasco que ha aprobado un plan con el apoyo de los diputados que son el brazo político de ETA. El presidente Zapatero va a recibir al lehendakari Ibarretxe para decirle que su plan no va a ser aprobado ni por los socialistas ni, por supuesto, por los populares.
Dos trenes marchan hacia un choque institucional. No es cuestión de legalidad ni de acatamiento a la Constitución. Es cuestión de voluntad política. El nacionalismo vasco ha decidido unilateralmente una fórmula para convivir en España como un país asociado. Es difícil que pueda prosperar esta fórmula al margen de un ordenamiento jurídico superior que la haga viable. La cuerda se ha tensado de tal manera que será difícil llegar a un acuerdo aceptable por todas las partes.
Después del País Vasco vie