La generosidad y la amplitud de miras son propias de los grandes estadistas. En espera de otras aportaciones, sitúo en el orden de los grandes personajes de estos últimos quince años a Helmut Kohl y a Vaclav Havel, el ex canciller alemán y el ex presidente de Chequia respectivamente. El primero por haber impulsado la unidad alemana a pesar de los costes en recursos económicos que todavía hoy son una pesada carga para muchos contribuyentes alemanes. El segundo fue poeta, dramaturgo y pensador en sus tiempos en la cárcel.
Al caer el muro de Berlín Checoslovaquia recuperó su independencia y ganó las elecciones libres. Cuando se planteó la partición del país, dimitió de presidente y al consumarse la división entre Chequia y Eslovaquia, resgresó como presidente de Chequia. La Europa de los noventa avanzó porque veía más lejos cabalgando a hombros de gigantes. No fueron los únicos pero sí dos de los más emblemáticos.
Pensaban en Europa positivamente y no como refugio de pequeños y a veces mezquinos intereses nacionales. El primero por jugarse el tipo unificando a Alemania. El segundo aceptando la realidad de un país que se partió en dos con una simple votación parlamentaria.
Europa no es una coartada estratégica sino un ejercicio realista de interdependencia sin abandonar los intereses de las soberanías nacionales. El que da más, recibe más. Y el que no quiere dar nada, se queda con muy poco. El Plan Marshall benefició a los países devastados por la guerra. Pero a quien más benefició fue a Estados Unidos. Alemania ha dado mucho para que la UE fuera un espacio en el que las desigualdades económicas y sociales fueran mínimas. Europa entera se lo debe agradecer y Alemania es hoy un país que no da miedo sino que inspira confianza.
Me dirán que esta referencia a dos gigantes políticos europeos no tiene nada que ver con el conflicto de la larga sequía que nos va a afectar a todos si no llueve abundantemente en los próximos meses.
Pero sí que guarda relación porque no se trata de pedir lo que uno considera suyo sino de practicar la magnanimidad que es muy útil en la vida de cada uno y también lo es cuando se practica desde la política, las sociedades y los estados. Esta mirada estrecha sobre el agua nos ha llevado a la insólita situación en la que una visión raquítica propicie un enfrentamiento con el Estado y entre los territorios catalanes
lunes, marzo 31, 2008
domingo, marzo 30, 2008
No. Incitar a la delación, no
Hay sequía. No llueve desde hace meses. El gobierno tiene que ser precavido y evitar que falte el líquido a medio y a largo plazo. Pero lo tiene que hacer bien, con profesionalidad, contando con los ciudadanos que comprenderán las medidas que se puedan adoptar.
Lo que no puede hacer el gobierno es enfrentarse en solitario a la sequía. Sin consultar a las instituciones que entienden y gestionan el agua y sin tener en cuenta qué piensan los que no se encuentran en las grandes zonas urbanas, los agricultores, los municipios de todo el territorio.
Ha faltado transparencia desde su origen. Se negó que iba a producirse un trasvase. Incluso ante la evidencia de que "alguien" había instalado unas estacas en el inicio de la cuenca del Segre para negar el agua al Ebro y llevar a la zona barcelonesa. El proyecto de decreto de la sequía se ha elaborado con todo tipo de detalles.
Cómo y cuándo nos podemos duchar, no regar los jardines, no echar agua a las piscinas... Son medidas que pueden ser adecuadas y correctas. Pero un decreto o una ley requiere dos cosas fundamentales: recursos humanos y presupuesto.
El gobierno catalán lo ha hecho incluso a espaldas del gobierno español. Un portavoz del ayuntamiento de Barcelona ha insinuado que se pedirá al vecindario que vigile al personal y denuncie cualquier despilfarro de agua.
Lo que faltaba. Incitar a la delación, a pedir a los ciudadanos que hagan de policías, a crear un estado de sospecha colectivo que sería mucho peor que la sequía.
Por aquí no paso. Que hagan lo que deban hacer. Pero que lo hagan bien, con los recursos públicos necesarios, con la pedagogía que crean más eficaz. Pero que no cuenten conmigo para delatar a nadie. Sé que es una exageración, pero así empiezan las dictaduras y tiranías.
Lo que no puede hacer el gobierno es enfrentarse en solitario a la sequía. Sin consultar a las instituciones que entienden y gestionan el agua y sin tener en cuenta qué piensan los que no se encuentran en las grandes zonas urbanas, los agricultores, los municipios de todo el territorio.
Ha faltado transparencia desde su origen. Se negó que iba a producirse un trasvase. Incluso ante la evidencia de que "alguien" había instalado unas estacas en el inicio de la cuenca del Segre para negar el agua al Ebro y llevar a la zona barcelonesa. El proyecto de decreto de la sequía se ha elaborado con todo tipo de detalles.
Cómo y cuándo nos podemos duchar, no regar los jardines, no echar agua a las piscinas... Son medidas que pueden ser adecuadas y correctas. Pero un decreto o una ley requiere dos cosas fundamentales: recursos humanos y presupuesto.
El gobierno catalán lo ha hecho incluso a espaldas del gobierno español. Un portavoz del ayuntamiento de Barcelona ha insinuado que se pedirá al vecindario que vigile al personal y denuncie cualquier despilfarro de agua.
Lo que faltaba. Incitar a la delación, a pedir a los ciudadanos que hagan de policías, a crear un estado de sospecha colectivo que sería mucho peor que la sequía.
Por aquí no paso. Que hagan lo que deban hacer. Pero que lo hagan bien, con los recursos públicos necesarios, con la pedagogía que crean más eficaz. Pero que no cuenten conmigo para delatar a nadie. Sé que es una exageración, pero así empiezan las dictaduras y tiranías.
jueves, marzo 27, 2008
Hellen Mirren gana a Carla Bruni
La Reina de Inglaterra recibió con la pompa y circunstancia habituales a los Sarkozy en el Castillo de Windsor. Isabel iba cubierta con un sombrero tipo Ascot y Carla Bruni intentado imitar a Jacqueline Kennedy, pero con un sombrero de azafata de Air France de los años sesenta. La Reina cumplía con protocolaria profesionalidad todo el ritual de una visita de Estado.
Carrozas recorriendo los inmensos jardines del castillo, los himnos nacionales de los dos países, guardia real dando sonoros taconazos, revista a las tropas, el príncipe de Edimburgo mirando por encima del hombro al presidente de Francia.
Al presidente Sarkozy le venía grande todo. Pero era Francia la que visitaba a Inglaterra y era bien acogida. Un comentarista de Sky News decía en directo que la señora Sarkozy, Carla, es extremadamente elegante, tanto cuando va vestida como cuando se muestra desnuda. La suegra del presidente, la madre de Carla Bruni, también formaba en la comitiva presidencial circulando con carruajes de época.
Qué diferencia de estilo, de tiempos, de formas, entre la Reina anfitriona y el aparatoso y veloz huésped del Elíseo. Sarkozy dijo emocionado que “mi esposa y yo no olvidaremos cómo hemos sido recibidos en el Reino Unido”.
En Heathrow fueron acogidos por el Príncipe de Gales y Camila, Duquesa de Cornualles. Fue un día triunfal de Sarkozy con el plato fuerte del discurso pronunciado en francés en el parlamento de Westminster con los diputados de los Comunes y los lores del Reino, abarrotados en una misma sala. Al margen de la formalidad y el colorido de la jornada, el discurso de Sarkozy tiene una gran importancia política para Europa.
La versión más optimista es que se ha puesto la primera piedra de una Europa de tres pilares sostenida por Francia, Alemania y Gran Bretaña. Pero me parece que el hilo conductor de esta visita clave no ha tenido como objetivo el futuro de una Europa que descansa sobre el eje franco alemán, sino más bien se ha abierto la puerta atlántica para que el futuro de la Unión pase también por la influencia de la política exterior de Estados Unidos.
Soy muy partidario del atlantismo y valoro en lo que vale, que es mucho, el papel de Estados Unidos en ahuyentar los fantasmas europeos en las tres guerras, en las que incluyo la guerra fría, librándonos de nuestras guerras civiles continentales.
Lo que me parece precipitado es que este movimiento de piezas de Sarkozy guiñando el ojo a Washington desde Londres a espaldas de Alemania pueda ser perjudicial para el proceso de consolidación de la unidad europea. Sarkozy corre demasiado en todo. Entiendo su fascinación por Inglaterra y por Estados Unidos. Pero su política en solitario no será positiva para Europa. Mientras tanto, la política exterior española, en Europa y en Washington, es insignificante.
Carrozas recorriendo los inmensos jardines del castillo, los himnos nacionales de los dos países, guardia real dando sonoros taconazos, revista a las tropas, el príncipe de Edimburgo mirando por encima del hombro al presidente de Francia.
Al presidente Sarkozy le venía grande todo. Pero era Francia la que visitaba a Inglaterra y era bien acogida. Un comentarista de Sky News decía en directo que la señora Sarkozy, Carla, es extremadamente elegante, tanto cuando va vestida como cuando se muestra desnuda. La suegra del presidente, la madre de Carla Bruni, también formaba en la comitiva presidencial circulando con carruajes de época.
Qué diferencia de estilo, de tiempos, de formas, entre la Reina anfitriona y el aparatoso y veloz huésped del Elíseo. Sarkozy dijo emocionado que “mi esposa y yo no olvidaremos cómo hemos sido recibidos en el Reino Unido”.
En Heathrow fueron acogidos por el Príncipe de Gales y Camila, Duquesa de Cornualles. Fue un día triunfal de Sarkozy con el plato fuerte del discurso pronunciado en francés en el parlamento de Westminster con los diputados de los Comunes y los lores del Reino, abarrotados en una misma sala. Al margen de la formalidad y el colorido de la jornada, el discurso de Sarkozy tiene una gran importancia política para Europa.
La versión más optimista es que se ha puesto la primera piedra de una Europa de tres pilares sostenida por Francia, Alemania y Gran Bretaña. Pero me parece que el hilo conductor de esta visita clave no ha tenido como objetivo el futuro de una Europa que descansa sobre el eje franco alemán, sino más bien se ha abierto la puerta atlántica para que el futuro de la Unión pase también por la influencia de la política exterior de Estados Unidos.
Soy muy partidario del atlantismo y valoro en lo que vale, que es mucho, el papel de Estados Unidos en ahuyentar los fantasmas europeos en las tres guerras, en las que incluyo la guerra fría, librándonos de nuestras guerras civiles continentales.
Lo que me parece precipitado es que este movimiento de piezas de Sarkozy guiñando el ojo a Washington desde Londres a espaldas de Alemania pueda ser perjudicial para el proceso de consolidación de la unidad europea. Sarkozy corre demasiado en todo. Entiendo su fascinación por Inglaterra y por Estados Unidos. Pero su política en solitario no será positiva para Europa. Mientras tanto, la política exterior española, en Europa y en Washington, es insignificante.
martes, marzo 25, 2008
Entre las sombras del mañana
Los moralistas de todos los tiempos han lamentado siempre la profunda decadencia moral de los días en que vivían. No lo hacían en virtud de estadísticas comparativas, puesto que no disponían de ellas. Sólo veían que la mayor parte de los hombres de su tiempo eran malos. He recogido este párragrafo de un libro escrito en 1935 por Johan Huizinga, Entre las sombras del mañana, editado ahora por Península, que recoge el pesimismo ambiental de tantos pensadores y escritores de los llamados tiempos de entreguerras.
Esta desconfianaza sobre el futuro la dibujó con un pesimismo casi científico, Oswald Spengler, en La decadencia de Occidente, escrito en los años veinte. Thomas Mann huyó de Alemania y avisaba de la tragedia que se avecinaba, al igual que Sebastian Haffner, periodista y escritor, dejó escrito en Historia de un alemán sus memorias de 1914 a 1933 que se encontró entre sus documentos privados en 1999, el año de su muerte.
En todas estas visiones premonitorias se detecta una indiferencia a la verdad que se observa en todas partes y que en el encarecimiento público del engaño político llega a su apogeo.
La verdad se oscurece cuando la libertad está condicionada y cuando la mentira se abre paso sin que nadie la detenga y la denuncie. Sin libertad, la justicia se convierte en una caricatura del respeto que merecen los demás. Así ocurre cuando la verdad de los políticos se transforma sutilmente en propaganda sin el contrapeso de la responsabilidad de quienes se entretienen en encubrirla en vez de exponerla a la luz del día.
No comparto la sensación catártica, ese estado del espíritu en que se quedaban los griegos después de haber contemplado la tragedia. Es tiempo de construir y no de contemplar ruinas. Aunque sean pocos los albañiles y aunque la crisis económica amenace con tormentas sociales y políticas.
Es tiempo de construir desde las ideas y convicciones propias contrastándolas con las ajenas, de contemplar el aspecto más positivo de la condición humana y de las instituciones que sirven a la sociedad. El desánimo conduce al solar del desengaño mientras que el optimismo visualiza la luz del final del túnel, incluso antes de penetrar en él. Es evidente que vienen convulsiones inciertas pero refugiarse en la fatalidad me parece una forma cómoda para abandonar la fuerza creadora de la libertad y el respeto al otro.
Esta desconfianaza sobre el futuro la dibujó con un pesimismo casi científico, Oswald Spengler, en La decadencia de Occidente, escrito en los años veinte. Thomas Mann huyó de Alemania y avisaba de la tragedia que se avecinaba, al igual que Sebastian Haffner, periodista y escritor, dejó escrito en Historia de un alemán sus memorias de 1914 a 1933 que se encontró entre sus documentos privados en 1999, el año de su muerte.
En todas estas visiones premonitorias se detecta una indiferencia a la verdad que se observa en todas partes y que en el encarecimiento público del engaño político llega a su apogeo.
La verdad se oscurece cuando la libertad está condicionada y cuando la mentira se abre paso sin que nadie la detenga y la denuncie. Sin libertad, la justicia se convierte en una caricatura del respeto que merecen los demás. Así ocurre cuando la verdad de los políticos se transforma sutilmente en propaganda sin el contrapeso de la responsabilidad de quienes se entretienen en encubrirla en vez de exponerla a la luz del día.
No comparto la sensación catártica, ese estado del espíritu en que se quedaban los griegos después de haber contemplado la tragedia. Es tiempo de construir y no de contemplar ruinas. Aunque sean pocos los albañiles y aunque la crisis económica amenace con tormentas sociales y políticas.
Es tiempo de construir desde las ideas y convicciones propias contrastándolas con las ajenas, de contemplar el aspecto más positivo de la condición humana y de las instituciones que sirven a la sociedad. El desánimo conduce al solar del desengaño mientras que el optimismo visualiza la luz del final del túnel, incluso antes de penetrar en él. Es evidente que vienen convulsiones inciertas pero refugiarse en la fatalidad me parece una forma cómoda para abandonar la fuerza creadora de la libertad y el respeto al otro.
domingo, marzo 23, 2008
Viajar hacia el silencio
Me gusta viajar a todas partes sin huir de ninguna. El viajar es llevar puestas las gafas de tu procedencia, de tu infancia, de los recuerdos imborrables de la primera juventud. de tus estudios, del ámbito de los primeros amores, de las frustraciones tempranas y de las ilusiones recientes. Viajar es descubrirse a sí mismo, situar al mundo en nuestras coordenadas mentales. asombrarse de la monotonía de los paisajes y de la rutina de las gentes.
Una forma de viajar es dialogar silenciosamente con el mundo. Con el exterior y con el interior. No depende de la distancia ni de la fatiga para llegar sino cómo se va a llegar a casa. Siempre se vuelve a casa, como Ulises y como tantos viajeros legendarios que pensaban más en arribar a su puerto de partida que en descubrir nuevas vivencias.
El viaje es lo que queda cuando se ha olvidado todo. Viajar nos enriquece con los misterios de lo desconocido, las sensaciones captadas superficialmente, los miedos extraños que tienen los forasteros ante lo nuevo. Viajar es darse a conocer aunque nadie perciba nuestros movimientos o nuestras reflexiones.
He tenido el privilegio de viajar por el ancho mundo, en tiempos de paz y de guerra, corriendo o pausadamente, dialogando estupefacto ante grandes obras de arte, pasearme por los mercados, entrar en los cementerios, visitar silenciosamente las iglesias, hablar con tenderos o con policías, ver los jardines con niños que juegan con la mirada benévola de sus padres.
La primera vez que visité India no aguanté más de tres días. La miseria en las calles, la lepra de jóvenes y ancianos, los mendigos de las esquinas, me dibujaron un mundo indecente. La Unión Soviética era una gran mentira que era protegida por la gran mentira oficial. En la Sudáfrica del apartheid era muy insoportable ser blanco.
De todas esas vivencias en casi cien países del mundo no sé lo que me queda. Quizás un asombro imborrable ante la condición humana y ante el comportamiento universal ante la codicia, la mentira, el poder, el dominio sobre el otro, la envidia y el odio. Pero me queda muy especialmente la sensación de bondad que crece en todas partes y no es ahogada por la cizaña de la maldad.
He pasado cuatro días en mi pequeño pueblo, poco más de cien compatriotas, andando por el campo sediento en espera de lluvias que siempre están a punto de llegar pero no descargan desde hace diez meses. Las mismas conversaciones, parecidas pequeños rencillas, actos de generosidad, ilusiones de lo efímero, planes fantasiosos.
El día de Jueves Santo experimenté lo que he visto en muchas partes del mundo. La Luna asomaba por Oriente mientras el Sol se ponía por Occidente. Es el único día, el de Luna llena, cuando el astro Sol y la caprichosa Luna comparten por unos minutos el mismo cielo visible. La Pascua llegaba inexorable, como hace miles de años.
Los estorninos vuelan en tropel avalanzándose sobre algo comestible. Los conejos duermen con los ojos abiertos, incluso dentro de sus madrigueras. Las liebres están agazapadas y quietas. Los jabalíes dejan las señales de sus pezuños en algún vestigio de humedad. Se tejen los primeros nidos de urracas y de pardales. Cuando los vientos se calmen y la primavera pida paso, llegarán las golondrinas para cobijarse en los mismos nidos que dejaron abandonados en octubre.
Los frutales empujan y las flores se abren señalando tímidamente los frutos. Los nudos de los sarmientos señalan las primeras lágrimas sepultando definitivamente el invierno.
Es una manera de viajar. Quizás no la más original, ni la más costosa, ni la más emocionante. Pero es un viaje a las raíces, a la procedencia, a lo más prosaico y propio de cada uno. He descansado.
Una forma de viajar es dialogar silenciosamente con el mundo. Con el exterior y con el interior. No depende de la distancia ni de la fatiga para llegar sino cómo se va a llegar a casa. Siempre se vuelve a casa, como Ulises y como tantos viajeros legendarios que pensaban más en arribar a su puerto de partida que en descubrir nuevas vivencias.
El viaje es lo que queda cuando se ha olvidado todo. Viajar nos enriquece con los misterios de lo desconocido, las sensaciones captadas superficialmente, los miedos extraños que tienen los forasteros ante lo nuevo. Viajar es darse a conocer aunque nadie perciba nuestros movimientos o nuestras reflexiones.
He tenido el privilegio de viajar por el ancho mundo, en tiempos de paz y de guerra, corriendo o pausadamente, dialogando estupefacto ante grandes obras de arte, pasearme por los mercados, entrar en los cementerios, visitar silenciosamente las iglesias, hablar con tenderos o con policías, ver los jardines con niños que juegan con la mirada benévola de sus padres.
La primera vez que visité India no aguanté más de tres días. La miseria en las calles, la lepra de jóvenes y ancianos, los mendigos de las esquinas, me dibujaron un mundo indecente. La Unión Soviética era una gran mentira que era protegida por la gran mentira oficial. En la Sudáfrica del apartheid era muy insoportable ser blanco.
De todas esas vivencias en casi cien países del mundo no sé lo que me queda. Quizás un asombro imborrable ante la condición humana y ante el comportamiento universal ante la codicia, la mentira, el poder, el dominio sobre el otro, la envidia y el odio. Pero me queda muy especialmente la sensación de bondad que crece en todas partes y no es ahogada por la cizaña de la maldad.
He pasado cuatro días en mi pequeño pueblo, poco más de cien compatriotas, andando por el campo sediento en espera de lluvias que siempre están a punto de llegar pero no descargan desde hace diez meses. Las mismas conversaciones, parecidas pequeños rencillas, actos de generosidad, ilusiones de lo efímero, planes fantasiosos.
El día de Jueves Santo experimenté lo que he visto en muchas partes del mundo. La Luna asomaba por Oriente mientras el Sol se ponía por Occidente. Es el único día, el de Luna llena, cuando el astro Sol y la caprichosa Luna comparten por unos minutos el mismo cielo visible. La Pascua llegaba inexorable, como hace miles de años.
Los estorninos vuelan en tropel avalanzándose sobre algo comestible. Los conejos duermen con los ojos abiertos, incluso dentro de sus madrigueras. Las liebres están agazapadas y quietas. Los jabalíes dejan las señales de sus pezuños en algún vestigio de humedad. Se tejen los primeros nidos de urracas y de pardales. Cuando los vientos se calmen y la primavera pida paso, llegarán las golondrinas para cobijarse en los mismos nidos que dejaron abandonados en octubre.
Los frutales empujan y las flores se abren señalando tímidamente los frutos. Los nudos de los sarmientos señalan las primeras lágrimas sepultando definitivamente el invierno.
Es una manera de viajar. Quizás no la más original, ni la más costosa, ni la más emocionante. Pero es un viaje a las raíces, a la procedencia, a lo más prosaico y propio de cada uno. He descansado.
miércoles, marzo 19, 2008
Bush, Blair y Aznar no piden perdón
Cinco años después de haber ordenado la invasión de Iraq, con 190.000 soldados norteamericanos y 60.000 británicos, de los que quedan sólo 5.000, el presidente Bush ha proclamado que el mundo es hoy un lugar más seguro y la guerra ha valido la pena. “La batalla en Iraq es noble, necesaria y justa. Con vuestro coraje la batalla terminará en victoria” dijo el presidente a las tropas que le aplaudieron moderadamente en el Pentágono.
Empieza el año VI de una guerra que que ha causado 4.000 muertes de soldados americanos, casi 30.000 heridos y centenares de miles de iraquíes muertos por los bombardeos o por las luchas fratricidas que nadie está en condiciones de controlar. El coste en dólares es astronómico, de muchos miles de millones de dólares.
Los objetivos que provocaron la guerra han ido cambiando. La causa principal era la existencia de armas de destrucción masiva que todavía no se han encontrado. El segundo motivo era destruir los lazos entre el régimen del dictador Saddam Hussein y la organización terrorista Al Qaeda, que antes no existía en Iraq y ahora sí.
Al no encontrar las justificaciones originarias de la guerra, surgieron otras. El derrocamiento del dictador de Bagdad era un primer trofeo que liberaba a los iraquíes de las botas de un tirano. Se propuso la instauración de la democracia por la fuerza en Oriente Medio, el sueño imposible de los neoconservadores que rodeaban y aconsejaban a Bush.
Este objetivo democratizador también se ha abandonado y lo que va a plantearse el próximo presidente no es cómo se gana la guerra sino cómo se abandona Iraq sin que el “genocidio y el caos” se extienda por toda la región, como ha advertido el candidato republicano McCain. Para McCain, “América permanecerá en Iraq un siglo si hace falta”. Hillary Clinton aboga por una retirada progresiva y Obama se compromete a una retirada completa de todas las brigadas de combate.
Estados Unidos está a punto de entrar en recesión y los presupuestos de Defensa serán muy difíciles de aprobar en un Congreso de mayoría demócrata. El factor humano es despreciado en todas las guerras cuando la carnicería ya ni siquiera entra en las estadísticas que difieren entre sí. Una quinta parte de iraquíes han abandonado sus domicilios y otros dos millones intentan sobrevivir en los países vecinos.
Israel no está más seguro. Irán desafía a Occidente con sus planes nucleares. El petróleo es tres veces más caro hoy que hace cinco años. La producción de crudo está al mismo nivel que al empezar la guerra. Y lo que es más preocupante, la credibilidad moral de un país que cree y practica las libertades ha sido erosionada. ¿Valía la pena? El The Washington Post decía hoy que no. Aunque Bush diga lo contrario, la mayoría de americanos y ciudadanos del mundo, tampoco.
Tantas vidas perdidas, tanto dolor, tanta codicia, tanta hipocresía, son los frutos más agrios de las democracias que pierden los límites morales de sus acciones.
Empieza el año VI de una guerra que que ha causado 4.000 muertes de soldados americanos, casi 30.000 heridos y centenares de miles de iraquíes muertos por los bombardeos o por las luchas fratricidas que nadie está en condiciones de controlar. El coste en dólares es astronómico, de muchos miles de millones de dólares.
Los objetivos que provocaron la guerra han ido cambiando. La causa principal era la existencia de armas de destrucción masiva que todavía no se han encontrado. El segundo motivo era destruir los lazos entre el régimen del dictador Saddam Hussein y la organización terrorista Al Qaeda, que antes no existía en Iraq y ahora sí.
Al no encontrar las justificaciones originarias de la guerra, surgieron otras. El derrocamiento del dictador de Bagdad era un primer trofeo que liberaba a los iraquíes de las botas de un tirano. Se propuso la instauración de la democracia por la fuerza en Oriente Medio, el sueño imposible de los neoconservadores que rodeaban y aconsejaban a Bush.
Este objetivo democratizador también se ha abandonado y lo que va a plantearse el próximo presidente no es cómo se gana la guerra sino cómo se abandona Iraq sin que el “genocidio y el caos” se extienda por toda la región, como ha advertido el candidato republicano McCain. Para McCain, “América permanecerá en Iraq un siglo si hace falta”. Hillary Clinton aboga por una retirada progresiva y Obama se compromete a una retirada completa de todas las brigadas de combate.
Estados Unidos está a punto de entrar en recesión y los presupuestos de Defensa serán muy difíciles de aprobar en un Congreso de mayoría demócrata. El factor humano es despreciado en todas las guerras cuando la carnicería ya ni siquiera entra en las estadísticas que difieren entre sí. Una quinta parte de iraquíes han abandonado sus domicilios y otros dos millones intentan sobrevivir en los países vecinos.
Israel no está más seguro. Irán desafía a Occidente con sus planes nucleares. El petróleo es tres veces más caro hoy que hace cinco años. La producción de crudo está al mismo nivel que al empezar la guerra. Y lo que es más preocupante, la credibilidad moral de un país que cree y practica las libertades ha sido erosionada. ¿Valía la pena? El The Washington Post decía hoy que no. Aunque Bush diga lo contrario, la mayoría de americanos y ciudadanos del mundo, tampoco.
Tantas vidas perdidas, tanto dolor, tanta codicia, tanta hipocresía, son los frutos más agrios de las democracias que pierden los límites morales de sus acciones.
lunes, marzo 17, 2008
Esquerra y "The March of Folly"
Un agente de cambio y bolsa no aconsejaría comprar acciones de Esquerra Republicana en un futuro inmediato. Están a la baja y se desconoce como reacionará el mercado de la opinión pública ante los acontecimientos que se avecinan y que tendrán su punto de máxima tensión en el Congreso del mes de junio.
La lectura de los pésimos resultados de las elecciones del 9 de marzo se ha hecho de forma rápida, expeditiva y precipitada. El conseller Puigcercós abandonó en 48 horas el tripartito presidido por Montilla para dedicarse al partido del que es secretario general.
Lo que hacía Puigcercós era abrir la caja de los truenos aprovechando el revés electoral para plantar cara al presidente del partido, Carod-Rovira, disputarle el liderazgo, avanzar la celebración del Congreso y decidir el próximo presidente republicano y candidato a la Generalitat.
Paralelamente, Carod-Rovira acusaba recibo del movimiento de Puigcercós, aceptaba el envite y ponía en marcha su pequeña o gran maquinaria para ganar el Congreso y continuar siendo el presidente y candidato natural en las elecciones autonómicas. Puigcercós actuaría desde fuera del tripartito y Carod continuaría siendo vicepresidente de Montilla aunque la ley que le otorga este título está en trámite parlamentario y no tiene vigencia.
La historiadora Barbara Tuchman (1912-1989) escribió un lúcido libro, The March of Folly, en el que explicaba el comportamiento de los gobiernos de todos los tiempos, desde Troya hasta Vietnam, sabiendo lo que no debían hacer y, sin embargo, lo hicieron para desgracia propia y de sus propios países.
A la crisis abierta entre los dos pesos pesados del republicanismo independentista hay que añadir los nuevos candidatos a presidir el partido. Joan Carretero lo ha hecho explícito y no hay que descartar que el sector liderado por Uriel Bertran haga lo mismo. La militancia lo decidirá.
Se me ocurren dos reflexiones. La primera es que ERC puede estar tirando por la borda un activo construido seria y democráticamente en los últimos quince años por falta de unidad interna. La segunda es que la salud del gobierno Montilla puede entrar en fase de cirugía urgente si en el Congreso de junio se decide por mayoría asamblearia la salida republicana del tripartito. Sería paradójico que la gran victoria socialista del día 9 pasara factura tan pronto y tan negativamente
La lectura de los pésimos resultados de las elecciones del 9 de marzo se ha hecho de forma rápida, expeditiva y precipitada. El conseller Puigcercós abandonó en 48 horas el tripartito presidido por Montilla para dedicarse al partido del que es secretario general.
Lo que hacía Puigcercós era abrir la caja de los truenos aprovechando el revés electoral para plantar cara al presidente del partido, Carod-Rovira, disputarle el liderazgo, avanzar la celebración del Congreso y decidir el próximo presidente republicano y candidato a la Generalitat.
Paralelamente, Carod-Rovira acusaba recibo del movimiento de Puigcercós, aceptaba el envite y ponía en marcha su pequeña o gran maquinaria para ganar el Congreso y continuar siendo el presidente y candidato natural en las elecciones autonómicas. Puigcercós actuaría desde fuera del tripartito y Carod continuaría siendo vicepresidente de Montilla aunque la ley que le otorga este título está en trámite parlamentario y no tiene vigencia.
La historiadora Barbara Tuchman (1912-1989) escribió un lúcido libro, The March of Folly, en el que explicaba el comportamiento de los gobiernos de todos los tiempos, desde Troya hasta Vietnam, sabiendo lo que no debían hacer y, sin embargo, lo hicieron para desgracia propia y de sus propios países.
A la crisis abierta entre los dos pesos pesados del republicanismo independentista hay que añadir los nuevos candidatos a presidir el partido. Joan Carretero lo ha hecho explícito y no hay que descartar que el sector liderado por Uriel Bertran haga lo mismo. La militancia lo decidirá.
Se me ocurren dos reflexiones. La primera es que ERC puede estar tirando por la borda un activo construido seria y democráticamente en los últimos quince años por falta de unidad interna. La segunda es que la salud del gobierno Montilla puede entrar en fase de cirugía urgente si en el Congreso de junio se decide por mayoría asamblearia la salida republicana del tripartito. Sería paradójico que la gran victoria socialista del día 9 pasara factura tan pronto y tan negativamente
viernes, marzo 14, 2008
Zap back
Zap back. Qué precisión y simplicidad la del inglés. The Economist titula así su editorial sobre la victoria socialista del domingo. Zapatero vuelve. Y no lo hace como el presidente accidental que en su día bautizara el The Wall Street Journal el triunfo de Zapatero después de los terribles atentados de Madrid el 11 de marzo de 2004.
Esta vez no ha sido un accidente sino una victoria suficiente para gobernar otros cuatro años aunque sea con las muletas de los partidos nacionalistas y minoritarios.
Unos novecientos mil votos le separan del Partido Popular que ganó en muchas partes del territorio peninsular y muy especialmente en Madrid y Valencia. La victoria socialista se ha producido en Andalucía, Cataluña y el País Vasco. En las dos últimas autonomías, las que amenazaban la unidad de España, es donde más claro ha sido el apoyo socialista.
María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta hasta ahora, ha sido sobria al comparecer en rueda de prensa. Ha hablado que la próxima legislatura estará precidida por las tres C: Constitución, Consenso, Ciudadanía.
Desde la cumbre de Bruselas, el presidente Zapatero ha insinuado que la estructura del gobierno no será la misma y que se van a introducir algunos cambios. El nuevo gobierno es consciente que los vientos no soplarán tan favorables en los próximos cuatro años. Además de la tabarra que seguirán dando los medios próximos al Partido Popular, tendrá que habérselas con nuevas dificultades que se divisan en el horizonte.
España ha sido uno de los éxitos más notables de la Unión Europea en los últimos veinte años. Gracias a la estabilidad macroeconómica facilitada por el euro, el crecimiento ha sido y sigue siendo el más remarcable de la Unión. El sector inmobiliario ha crecido como la espuma y la repentina masa de inmigrantes ha contribuido a crear riqueza a cuenta de crear serios problemas de asimilación social y económica.
En los últimos cuatro años España ha creado dos terceras partes de los nuevos puestos de trabajo de la zona euro.
Pero este tiempo de bonanza ha terminado. El crecimiento ha empezado a descender, la inflación está descontrolada, el paro sube y el mercado inmobiliario ha dejado a millones de españoles hipotecados por largos años. Las estructuras sociales son ya insuficientes para dar cobertura correcta a la inmigración legal y también a la ilegal, cuyas cifras no se conocen.
Zapatero ha ganado más y mejor que hace cuatro años. Pero su segundo mandato tiene retos más serios y comprometidos. Se va a plantear una reforma de la Constitución, acentuando las tensiones territoriales que han sido aprovechadas inútilmente por el Partido Popular.
Se necesitará consenso. No solamente con los partidios minoritarios sino con el Partido Popular que es imprescindible para cualquier modificación de la Constitución y también para reformar la Justicia que está en manos de los caprichos momentáneos de socialistas y populares. Pero no es una garantía para la seguridad jurídica de la gente.
Zapatero tiene que tener una presencia distinta, más eficaz y flexible en el mundo. Antes de tomar posesión el listo Sarkozy, un personaje imprevisible, le ha arrebatado incluso el nombre de Barcelona en las relaciones entre Europa y las dos riberas del Mediterráneo.
El terrorismo está muy controlado pero seguirá activo en la medida que pueda. El gobierno vasco está empeñado en plantear un referéndum sobre la autodeterminación al margen de las leyes.
El Zapatero de estos últimos cuatro años ha cometido errores de bulto, ha jugado con personas y comunidades. Ha echado a Pasqual Maragall como presidente de la Generalitat, ha desbancado a José Bono del gobierno aunque ahora le recupere para presidir el Congreso. Ha navegado río abajo con la impagable ayuda de una oposición irritada y con unos medios de comunicación que se han pasado muchos pueblos al atacar su política.
Ahora será distinto. Como distintos son todos los segundos mandatos de los presidentes democráticos. La hora del talante ha acabado y llega la hora de gobernar muy seriamente para el interés de todos.
Esta vez no ha sido un accidente sino una victoria suficiente para gobernar otros cuatro años aunque sea con las muletas de los partidos nacionalistas y minoritarios.
Unos novecientos mil votos le separan del Partido Popular que ganó en muchas partes del territorio peninsular y muy especialmente en Madrid y Valencia. La victoria socialista se ha producido en Andalucía, Cataluña y el País Vasco. En las dos últimas autonomías, las que amenazaban la unidad de España, es donde más claro ha sido el apoyo socialista.
María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta hasta ahora, ha sido sobria al comparecer en rueda de prensa. Ha hablado que la próxima legislatura estará precidida por las tres C: Constitución, Consenso, Ciudadanía.
Desde la cumbre de Bruselas, el presidente Zapatero ha insinuado que la estructura del gobierno no será la misma y que se van a introducir algunos cambios. El nuevo gobierno es consciente que los vientos no soplarán tan favorables en los próximos cuatro años. Además de la tabarra que seguirán dando los medios próximos al Partido Popular, tendrá que habérselas con nuevas dificultades que se divisan en el horizonte.
España ha sido uno de los éxitos más notables de la Unión Europea en los últimos veinte años. Gracias a la estabilidad macroeconómica facilitada por el euro, el crecimiento ha sido y sigue siendo el más remarcable de la Unión. El sector inmobiliario ha crecido como la espuma y la repentina masa de inmigrantes ha contribuido a crear riqueza a cuenta de crear serios problemas de asimilación social y económica.
En los últimos cuatro años España ha creado dos terceras partes de los nuevos puestos de trabajo de la zona euro.
Pero este tiempo de bonanza ha terminado. El crecimiento ha empezado a descender, la inflación está descontrolada, el paro sube y el mercado inmobiliario ha dejado a millones de españoles hipotecados por largos años. Las estructuras sociales son ya insuficientes para dar cobertura correcta a la inmigración legal y también a la ilegal, cuyas cifras no se conocen.
Zapatero ha ganado más y mejor que hace cuatro años. Pero su segundo mandato tiene retos más serios y comprometidos. Se va a plantear una reforma de la Constitución, acentuando las tensiones territoriales que han sido aprovechadas inútilmente por el Partido Popular.
Se necesitará consenso. No solamente con los partidios minoritarios sino con el Partido Popular que es imprescindible para cualquier modificación de la Constitución y también para reformar la Justicia que está en manos de los caprichos momentáneos de socialistas y populares. Pero no es una garantía para la seguridad jurídica de la gente.
Zapatero tiene que tener una presencia distinta, más eficaz y flexible en el mundo. Antes de tomar posesión el listo Sarkozy, un personaje imprevisible, le ha arrebatado incluso el nombre de Barcelona en las relaciones entre Europa y las dos riberas del Mediterráneo.
El terrorismo está muy controlado pero seguirá activo en la medida que pueda. El gobierno vasco está empeñado en plantear un referéndum sobre la autodeterminación al margen de las leyes.
El Zapatero de estos últimos cuatro años ha cometido errores de bulto, ha jugado con personas y comunidades. Ha echado a Pasqual Maragall como presidente de la Generalitat, ha desbancado a José Bono del gobierno aunque ahora le recupere para presidir el Congreso. Ha navegado río abajo con la impagable ayuda de una oposición irritada y con unos medios de comunicación que se han pasado muchos pueblos al atacar su política.
Ahora será distinto. Como distintos son todos los segundos mandatos de los presidentes democráticos. La hora del talante ha acabado y llega la hora de gobernar muy seriamente para el interés de todos.
jueves, marzo 13, 2008
Congresistas, Sweeney Todd es una leyenda
Anoche me acerqué al cine de barrio para ver la película de Sweeney Todd. Es un film truculento, con mucha sangre, asesinatos en serie, traiciones y venganzas.
Lo recomiendo vivamente a todos los partidos que celebrarán congresos tensos y fratricidas antes del verano. No para que se inspiren en la historia del vengativo barbero de Fleet Street sino para que relativicen la política y se tomen con más distancia y caballerosidad las luchas por el poder. No hay para tanto.
La historia se publicó en Londres en 1846, dos años antes de las revoluciones que sacudieron a toda Europa. No se sabe si el relato es verídico. Pero sí verosímil en aquella Inglaterra imperial, capitalista sin misericordia, gobernando mares y océanos, "ruling the waves" con pompa y circunstancia.
El protagonista del relato es un tal Benjamin Barker que estaba felizmente casado con una rubia y bella esposa. Tenían una hija. Inesperadamente, es acusado de unos misteriosos asesinatos por los que le encarcelan injustamente durante 15 años. Cumplida su condena, regresa por el Támesis fabril y contaminado buscando a su esposa e hija. Descubre que fue arrebatada por un juez victoriano, Turpin, violando a su esposa que acabó envenenándose pero no murió.
Instala una barbería siniestra en Fleet Street y se encarga de ir degollando con navajas de plata afiladas a todos los que le pudieron dañar. Encuentra a la señora Lovett que se convierte en cómplice instalando un establecimiento en el que se sirven apetitosas empanadas con la carne de las víctimas que van cayendo a un horno después de ser degollados sin escrúpulos.
No queda nadie con vida. Solamente el niño que fue rescatado de un hospicio, un chaval desgraciado pero noble, que al descubrir la maldad que le rodea decide apuñalar al propio barbero Sweeney Todd cuya sangre sale a borbotones de su cuello y se derrama sobre la cabeza de la que fue su mujer que se envenenó pero no murió y que se había convertido en cómplice de la venganza y de las matanzas de su marido.
Todo se perpetra en el marco de un bello musical, voces exquisitas y melodías románticas, que dejan al espectador desconcertado.
Recomiendo a los congresistas de los partidos perdedores que dediquen una tarde de domingo a ver la película. Para que guarden las navajas en los estuches y no derramen más sangre de la estrictamente necesaria, es decir, que no claven los cuchillos vengativos que acaban casi siempre en su propia muerte.
Ah, y prepárense para pasar un rato riéndose de la banal historia de la venganza por conquistar una pequeña cuota de poder. No vale la pena, créanme.
Lo recomiendo vivamente a todos los partidos que celebrarán congresos tensos y fratricidas antes del verano. No para que se inspiren en la historia del vengativo barbero de Fleet Street sino para que relativicen la política y se tomen con más distancia y caballerosidad las luchas por el poder. No hay para tanto.
La historia se publicó en Londres en 1846, dos años antes de las revoluciones que sacudieron a toda Europa. No se sabe si el relato es verídico. Pero sí verosímil en aquella Inglaterra imperial, capitalista sin misericordia, gobernando mares y océanos, "ruling the waves" con pompa y circunstancia.
El protagonista del relato es un tal Benjamin Barker que estaba felizmente casado con una rubia y bella esposa. Tenían una hija. Inesperadamente, es acusado de unos misteriosos asesinatos por los que le encarcelan injustamente durante 15 años. Cumplida su condena, regresa por el Támesis fabril y contaminado buscando a su esposa e hija. Descubre que fue arrebatada por un juez victoriano, Turpin, violando a su esposa que acabó envenenándose pero no murió.
Instala una barbería siniestra en Fleet Street y se encarga de ir degollando con navajas de plata afiladas a todos los que le pudieron dañar. Encuentra a la señora Lovett que se convierte en cómplice instalando un establecimiento en el que se sirven apetitosas empanadas con la carne de las víctimas que van cayendo a un horno después de ser degollados sin escrúpulos.
No queda nadie con vida. Solamente el niño que fue rescatado de un hospicio, un chaval desgraciado pero noble, que al descubrir la maldad que le rodea decide apuñalar al propio barbero Sweeney Todd cuya sangre sale a borbotones de su cuello y se derrama sobre la cabeza de la que fue su mujer que se envenenó pero no murió y que se había convertido en cómplice de la venganza y de las matanzas de su marido.
Todo se perpetra en el marco de un bello musical, voces exquisitas y melodías románticas, que dejan al espectador desconcertado.
Recomiendo a los congresistas de los partidos perdedores que dediquen una tarde de domingo a ver la película. Para que guarden las navajas en los estuches y no derramen más sangre de la estrictamente necesaria, es decir, que no claven los cuchillos vengativos que acaban casi siempre en su propia muerte.
Ah, y prepárense para pasar un rato riéndose de la banal historia de la venganza por conquistar una pequeña cuota de poder. No vale la pena, créanme.
miércoles, marzo 12, 2008
La hipocresía del gobernador de Nueva York
El gobernador de Nueva York, Eliot Spitzer, ha dimitido antes de que fuera obligado a dimitir por haber traspasado los límites de la confianza pública. Spitzer construyó su carrera política exigiendo a los demás unos comportamientos éticos que él vulneraba pensando que su posición comportaba una cierta impunidad.
No es el primero ni será el último personaje público en el mundo anglosajón que es obligado a abandonar su cargo al revelarse sus relaciones con el mundo de la prostitución. Me viene a la memoria aquel ministro de Defensa del gobierno Macmillan, John Profumo, que tuvo que abandonar el gobierno al haber negado que mantenía relaciones sexuales con la joven Christine Keeler que, a su vez, compartía lecho con el agregado naval soviético.
Fueron los servicios de espionaje de Londres y Moscú los que descubrieron el enredo que acabó derribando al gobierno conservador. Profumo se retiró de la vida pública y se dedicó a causas benéficas y filantrópicas.
El gobernador Eliot Spitzer había sido cuatro años fiscal general del Estado de Nueva York. Era conocido como el “sheriff” de Wall Street imputando a ejecutivos, empresas y a redes de prostitución. Su campaña para ser elegido gobernador se construyó sobre la imagen de una persona que acabaría con la corrupción en Albany, la capital del Estado de Nueva York. Políticos de medio pelo del partido demócrata y periodistas de varios medios le ayudaron a obtener la victoria.
Tal como se ha descubierto, Eliot Spitzer era un cliente habitual de una red de prostitución que opera en varios estados norteamericanos. Era conocido como el “Cliente 9” que respondía al nombre de un amigo suyo, el financiero George Fox, que nada sabía de lo que se estaba tramando con su documento de identidad.
El lunes afirmó que no dimitiría pero al saber que sería objeto de una investigación y de un posible “impeachment”, Spitzer dimitió, pidió disculpas acompañado de su mujer e hijos y abandonó la sala de prensa sin aceptar las preguntas de la prensa. Es el primer gobernador neoyorkino obligado a dimitir en los casi cien últimos años.
No se ha ido por haber cometido los mismos delitos que denunció enérgicamente cuando fue fiscal general. Se ha ido por hipócrita y por haber exigido conductas a los demás que él mismo se saltaba a la torera. Arruinó la vida de muchos conciudadanos por las mismas razones que ahora es arruinada la suya.
El poder de un político democrático es grande. Pero no es ilimitado. Como decía Heródoto hay ciertas cuestiones en la vida que son evidentes, como la de que el orgullo precede a una caída, que el exceso de buena suerte conduce a una debacle o que una conducta realmente ofensiva recibe a menudo su merecido castigo. Goodbye, Mr. Spitzer, tiene tiempo para reflexionar sobre los límites del poder.
No es el primero ni será el último personaje público en el mundo anglosajón que es obligado a abandonar su cargo al revelarse sus relaciones con el mundo de la prostitución. Me viene a la memoria aquel ministro de Defensa del gobierno Macmillan, John Profumo, que tuvo que abandonar el gobierno al haber negado que mantenía relaciones sexuales con la joven Christine Keeler que, a su vez, compartía lecho con el agregado naval soviético.
Fueron los servicios de espionaje de Londres y Moscú los que descubrieron el enredo que acabó derribando al gobierno conservador. Profumo se retiró de la vida pública y se dedicó a causas benéficas y filantrópicas.
El gobernador Eliot Spitzer había sido cuatro años fiscal general del Estado de Nueva York. Era conocido como el “sheriff” de Wall Street imputando a ejecutivos, empresas y a redes de prostitución. Su campaña para ser elegido gobernador se construyó sobre la imagen de una persona que acabaría con la corrupción en Albany, la capital del Estado de Nueva York. Políticos de medio pelo del partido demócrata y periodistas de varios medios le ayudaron a obtener la victoria.
Tal como se ha descubierto, Eliot Spitzer era un cliente habitual de una red de prostitución que opera en varios estados norteamericanos. Era conocido como el “Cliente 9” que respondía al nombre de un amigo suyo, el financiero George Fox, que nada sabía de lo que se estaba tramando con su documento de identidad.
El lunes afirmó que no dimitiría pero al saber que sería objeto de una investigación y de un posible “impeachment”, Spitzer dimitió, pidió disculpas acompañado de su mujer e hijos y abandonó la sala de prensa sin aceptar las preguntas de la prensa. Es el primer gobernador neoyorkino obligado a dimitir en los casi cien últimos años.
No se ha ido por haber cometido los mismos delitos que denunció enérgicamente cuando fue fiscal general. Se ha ido por hipócrita y por haber exigido conductas a los demás que él mismo se saltaba a la torera. Arruinó la vida de muchos conciudadanos por las mismas razones que ahora es arruinada la suya.
El poder de un político democrático es grande. Pero no es ilimitado. Como decía Heródoto hay ciertas cuestiones en la vida que son evidentes, como la de que el orgullo precede a una caída, que el exceso de buena suerte conduce a una debacle o que una conducta realmente ofensiva recibe a menudo su merecido castigo. Goodbye, Mr. Spitzer, tiene tiempo para reflexionar sobre los límites del poder.
lunes, marzo 10, 2008
España se rompía y no se rompió
Cuando España se rompía resulta que el partido y el gobierno que estaban perpetrando tamaña catástrofe han ganado en Catalunya, País Vasco y también Andalucía. El nacionalismo catalán tenía 18 escaños en la última legislatura y ahora se ha quedado con 14. Ha habido un retroceso de los sospechosos de romper España.
En el País Vasco, con un referéndum anunciado para octubre, han sido los socialistas los que han ganado en las tres provincias y el domingo no se apuntaron a la ruptura del Estado. El bipartidismo ha avanzado también en las plazas fuertes de los nacionalismos catalán y vasco.
En Andalucía se ha confirmado la hegemonía socialista y el presidente Chaves revalida también su victoria autonómica, lo que empieza a ser una pesadilla para el Partido Popular y, a mi juicio, también para los andaluces que no contemplan en el horizonte la posibilidad de la alternancia.
Ha crecido el Partido Socialista gracias básicamente al granero de votos en Catalunya, ha crecido el Partido Popular en toda España y ha crecido un escaño Duran Lleida que hará valer su posición, muy útil pero no imprescindible, para contribuir a la gobernabilidad del Estado. El partido de Zapatero, que estaba intentando romper España, es el que mejor garantiza su coherencia territorial.
El Partido Popular tiene que reflexionar sobre la ideoneidad de sus políticas y el perfil de sus líderes si quiere desbancar al socialismo en las próximas elecciones. También ha de estudiar la incidencia negativa que han tenido sus compañeros de viaje ideológicos y mediáticos que a lo largo de los últimos cuatro años han dictado la hoja de ruta de la sede de los populares en la calle Génova. Ruíz Gallardón está en el banquillo, Rodrigo Rato se dedica a sus cosas y Josep Piqué a sus vuelos.
El perdedor más claro de las elecciones ha sido Esquerra Republicana. Las consecuencias han sido inmediatas con la dimisión voluntaria de Joan Puigcercós, avanzando las tensiones fratricidas que se avecinan en el partido independentista. El Congreso de ERC se ha avanzado a junio.
Lo más interesante ahora es cómo va administrar su incuestionable victoria el president Montilla y cómo va a exigir a Zapatero lo que corresponde en justicia a Catalunya. Simplemente, si va a conseguir que se aplique el Estatut y si la financiación va a restablecer los desequilibrios históricos en detrimento de Catalunya.
Se abre una etapa interesante y nueva en España y en Catalunya.
En el País Vasco, con un referéndum anunciado para octubre, han sido los socialistas los que han ganado en las tres provincias y el domingo no se apuntaron a la ruptura del Estado. El bipartidismo ha avanzado también en las plazas fuertes de los nacionalismos catalán y vasco.
En Andalucía se ha confirmado la hegemonía socialista y el presidente Chaves revalida también su victoria autonómica, lo que empieza a ser una pesadilla para el Partido Popular y, a mi juicio, también para los andaluces que no contemplan en el horizonte la posibilidad de la alternancia.
Ha crecido el Partido Socialista gracias básicamente al granero de votos en Catalunya, ha crecido el Partido Popular en toda España y ha crecido un escaño Duran Lleida que hará valer su posición, muy útil pero no imprescindible, para contribuir a la gobernabilidad del Estado. El partido de Zapatero, que estaba intentando romper España, es el que mejor garantiza su coherencia territorial.
El Partido Popular tiene que reflexionar sobre la ideoneidad de sus políticas y el perfil de sus líderes si quiere desbancar al socialismo en las próximas elecciones. También ha de estudiar la incidencia negativa que han tenido sus compañeros de viaje ideológicos y mediáticos que a lo largo de los últimos cuatro años han dictado la hoja de ruta de la sede de los populares en la calle Génova. Ruíz Gallardón está en el banquillo, Rodrigo Rato se dedica a sus cosas y Josep Piqué a sus vuelos.
El perdedor más claro de las elecciones ha sido Esquerra Republicana. Las consecuencias han sido inmediatas con la dimisión voluntaria de Joan Puigcercós, avanzando las tensiones fratricidas que se avecinan en el partido independentista. El Congreso de ERC se ha avanzado a junio.
Lo más interesante ahora es cómo va administrar su incuestionable victoria el president Montilla y cómo va a exigir a Zapatero lo que corresponde en justicia a Catalunya. Simplemente, si va a conseguir que se aplique el Estatut y si la financiación va a restablecer los desequilibrios históricos en detrimento de Catalunya.
Se abre una etapa interesante y nueva en España y en Catalunya.
viernes, marzo 07, 2008
ETA suspende la campaña a tiros
ETA ha suspendido la campaña electoral a tiros. Un trabajador de autopistas, ex concejal socialista de Mondragón, fue disparado a quemarropa al lado de su mujer y su hija. Isaías Carrasco moría poco después en el hospital.
El atentado se ha producido a las 48 horas que se abran las urnas. El terrorismo vuelve a marcar unas elecciones y a condicionar la política española. Las circunstancias no son las mismas que en marzo de 2004. Ahora se sabe que ha sido ETA y las reacciones del gobierno y de la oposición han sido correctas y contenidas.
Pero los efectos políticos pueden ser igualmente decisivos. El atentado sorprendió al presidente Zapatero en pleno mitin malagueño. Se acabó la campaña, los discursos finales, vuelta a La Moncloa y discurso escueto e institucional.
Apareció Rajoy con aire presidencial. Dijo que los únicos culpables eran los terroristas a los que había que perseguir hasta acabar con ellos en los tribunales para ser juzgados. Pero añadió que "todo el mundo sabe lo que yo pienso".
La legislatura se inauguró con la tragedia de los muertos en Atocha y se acaba con el asesinato de un socialista en Mondragón. Zapatero ha buscado la paz con ETA en un empeño sincero para acabar con el terrorismo y se encuentra que esta noble ambición puede echarle del poder.
El Partido Popular ha urgado indecentemente en la política antiterrorista del gobierno desde el día después de las elecciones, una actitud inédita en los partidos de la oposición en la democracia. Pero el gobierno intentó hacer las paces con ETA sin hacerlas primero con el principal partido de la oposición.
Sería impresentable que en lo que queda de campaña se lanzaran mensajes partidistas con un cadáver de cuerpo presente. Los portavoces mediáticos del Partido Popular lo han hecho desde el primer momento mientras que los socialistas y sus medios afines están desconcertados.
Habrá que ver cuántos votantes que pensaban quedarse en casa, acudirán a las urnas el domingo. Y por quién votarán.
Zapatero ha recibido un fuerte revés. El voto emocional de un segmento de ciudadanos puede echarle de la Moncloa. Pero si Rajoy no sabe comportarse en las próximas 48 horas, también puede ser castigado.
Qué horror que el futuro de un gobierno de un país serio y avanzado dependa de la voluntad de unos pistoleros, del signo y procedencia que sean.
El atentado se ha producido a las 48 horas que se abran las urnas. El terrorismo vuelve a marcar unas elecciones y a condicionar la política española. Las circunstancias no son las mismas que en marzo de 2004. Ahora se sabe que ha sido ETA y las reacciones del gobierno y de la oposición han sido correctas y contenidas.
Pero los efectos políticos pueden ser igualmente decisivos. El atentado sorprendió al presidente Zapatero en pleno mitin malagueño. Se acabó la campaña, los discursos finales, vuelta a La Moncloa y discurso escueto e institucional.
Apareció Rajoy con aire presidencial. Dijo que los únicos culpables eran los terroristas a los que había que perseguir hasta acabar con ellos en los tribunales para ser juzgados. Pero añadió que "todo el mundo sabe lo que yo pienso".
La legislatura se inauguró con la tragedia de los muertos en Atocha y se acaba con el asesinato de un socialista en Mondragón. Zapatero ha buscado la paz con ETA en un empeño sincero para acabar con el terrorismo y se encuentra que esta noble ambición puede echarle del poder.
El Partido Popular ha urgado indecentemente en la política antiterrorista del gobierno desde el día después de las elecciones, una actitud inédita en los partidos de la oposición en la democracia. Pero el gobierno intentó hacer las paces con ETA sin hacerlas primero con el principal partido de la oposición.
Sería impresentable que en lo que queda de campaña se lanzaran mensajes partidistas con un cadáver de cuerpo presente. Los portavoces mediáticos del Partido Popular lo han hecho desde el primer momento mientras que los socialistas y sus medios afines están desconcertados.
Habrá que ver cuántos votantes que pensaban quedarse en casa, acudirán a las urnas el domingo. Y por quién votarán.
Zapatero ha recibido un fuerte revés. El voto emocional de un segmento de ciudadanos puede echarle de la Moncloa. Pero si Rajoy no sabe comportarse en las próximas 48 horas, también puede ser castigado.
Qué horror que el futuro de un gobierno de un país serio y avanzado dependa de la voluntad de unos pistoleros, del signo y procedencia que sean.
miércoles, marzo 05, 2008
Ahuyentar los fantasmas balcánicos
He visto caras tristes y preocupadas en una visita de tres días a Zagreb, capital de Croacia. Una visita organizada por la Representación en Barcelona de la Comisión Europea, dirigida por el fino y experimentado catalán, Manel Camós, que participó muy directamente en el proceso de ingreso de Letonia en la Unión Europea. No hay motivos objetivos para preocuparse.
Croacia ha obtenido el reconocimiento como nuevo Estado soberano, va a formar parte pronto de la Alianza Atlántica, junto con Macedonia y Albania, y su incorporación a la UE está bien encaminada y podría convertirse en el 28 miembro del club europeo en los próximos tres años.
El primer ministro, Ivo Sanader, nos recibió en el salón del consejo de ministros y respondió con tranquilidad y precisión a todas las preguntas. Ha ganado dos veces las elecciones y pretende conducir a Croacia a las instituciones políticas, económicas y militares de Occidente.
Conoce las dificultades internas y las circunstancias de la historia convulsa de los países mayoritariamente eslavos del sur de Europa que han conseguido la soberanía con estado propio tras la desmembración de la antigua Yugoslavia que se ha producido con guerras étnicas, muchos miles de muertos, desplazamiento de poblaciones enteras que huyeron de la violencia sin haber encontrado un espacio vital en el que se sientan tranquilos y a gusto.
Las caras tristes y preocupadas no se fijan en el futuro que será muy beneficioso para la mayoría de croatas. Los fondos europeos recibidos por Croacia desde su independencia en 1991 hasta hoy ascienden a más de mil millones de euros. Sus efectos se evidencian en las infraestructuras, en un dinamismo de la actividad económica, en la aceptación gradual de los criterios institucionales y democráticos en un país que no ha podido sacudirse la corrupción en las instancias judiciales de todos los niveles y en el que los nuevos gobernantes no han abandonado algunas prácticas privativas de libertades de los antiguos dirigentes.
El miedo no es sobre el futuro sino sobre el peso del legado del pasado, con abusos cometidos hacia las minorías en la guerra de cuatro años librada contra el indecente expansionismo de la Serbia de Milosevic. Es un miedo latente en la sociedad que sólo puede superarse con la decisión de los dirigentes políticos y empresariales para optar decididamente por Europa.
La UE es el mejor antídoto para vacunar a los viejos pueblos, naciones y estados recientes del sur de Europa de los fantasmas del pasado inmediato y lejano. Para ello hay que optar por la libertad, la transparencia, la construcción del estado de derecho con todos sus requisitos. El miedo que he observado en muchas conversaciones, repito, no es sobre el futuro sino sobre las heridas no cicatrizadas de un pasado demasiado turbulento.
Croacia ha obtenido el reconocimiento como nuevo Estado soberano, va a formar parte pronto de la Alianza Atlántica, junto con Macedonia y Albania, y su incorporación a la UE está bien encaminada y podría convertirse en el 28 miembro del club europeo en los próximos tres años.
El primer ministro, Ivo Sanader, nos recibió en el salón del consejo de ministros y respondió con tranquilidad y precisión a todas las preguntas. Ha ganado dos veces las elecciones y pretende conducir a Croacia a las instituciones políticas, económicas y militares de Occidente.
Conoce las dificultades internas y las circunstancias de la historia convulsa de los países mayoritariamente eslavos del sur de Europa que han conseguido la soberanía con estado propio tras la desmembración de la antigua Yugoslavia que se ha producido con guerras étnicas, muchos miles de muertos, desplazamiento de poblaciones enteras que huyeron de la violencia sin haber encontrado un espacio vital en el que se sientan tranquilos y a gusto.
Las caras tristes y preocupadas no se fijan en el futuro que será muy beneficioso para la mayoría de croatas. Los fondos europeos recibidos por Croacia desde su independencia en 1991 hasta hoy ascienden a más de mil millones de euros. Sus efectos se evidencian en las infraestructuras, en un dinamismo de la actividad económica, en la aceptación gradual de los criterios institucionales y democráticos en un país que no ha podido sacudirse la corrupción en las instancias judiciales de todos los niveles y en el que los nuevos gobernantes no han abandonado algunas prácticas privativas de libertades de los antiguos dirigentes.
El miedo no es sobre el futuro sino sobre el peso del legado del pasado, con abusos cometidos hacia las minorías en la guerra de cuatro años librada contra el indecente expansionismo de la Serbia de Milosevic. Es un miedo latente en la sociedad que sólo puede superarse con la decisión de los dirigentes políticos y empresariales para optar decididamente por Europa.
La UE es el mejor antídoto para vacunar a los viejos pueblos, naciones y estados recientes del sur de Europa de los fantasmas del pasado inmediato y lejano. Para ello hay que optar por la libertad, la transparencia, la construcción del estado de derecho con todos sus requisitos. El miedo que he observado en muchas conversaciones, repito, no es sobre el futuro sino sobre las heridas no cicatrizadas de un pasado demasiado turbulento.
sábado, marzo 01, 2008
Demagogias sobre el agua
Un paseo por el campo en estos tiempos de larga sequía muestra la tristeza de los árboles que empujan con flaqueza al llegar la primavera y el verde mortecino de los cereales que amenaza con una pobre cosecha. Los conejos no encuentran hierba y acuden a los pies de los jóvenes olivos, roen su tierna piel, trazan un anillo y cortan la sabia ascendente sentenciando su prematura muerte.
No hay agua en el campo ni en la ciudad ni en el mundo. La sequía actual no es un problema local sino global. Hay una crisis mundial de consumo que afecta al petróleo, a la energía, a los alimentos y también al agua.
La primera conferencia mundial sobre el agua se celebró en el Mar del Plata (Argentina) en 1977. Treinta años después, las estimaciones de Naciones Unidas indican que hay unos 500 millones de personas en todo el planeta que padecen escasez casi total de agua potable. Si las tendencias se mantienen se calcula que en veinte años el número de perjudicados por falta de agua ascenderá a 2.500 millones.
En Oriente Medio, el agua puede crear conflictos muy serios. También en amplios espacios geográficos de África, por ejemplo Darfur, donde el agua está en el origen de conflictos irresolubles.El cambio climático afecta a muchos países, pero principalmente a los del hemisferio sur donde nacen el 90 por ciento de los 85 millones de hombres y mujeres que se suman a la población de la tierra cada año.
La dimensión del problema se puede comprobar estos días de campaña electoral en España. El trasvase del Ebro enciende rivalidades entre comunidades autónomas y entre las cuencas de los distintos ríos.
¿De quién es el agua? Los romanos legislaron sobre su propiedad y se refirieron al vago concepto de rei comunes omnium pero establecieron que el agua era primero del de arriba de los cauces, antes que del de abajo. Las fronteras modernas cambiaron la legislación y se consideró el agua como patrimonio de las naciones con estado.
La ONU lo ha considerado “un derecho humano a disponer de agua suficiente, salubre, aceptable, accesible y asequible para el uso personal y doméstico”. Los conflictos del agua son antiguos . Lo puede ser también en Catalunya donde se han pedido balanzas hídricas internas para regatear el necesario consumo de Barcelona.
No se puede hacer demagogia con el agua sino buscar soluciones generosas y consensuadas.
No hay agua en el campo ni en la ciudad ni en el mundo. La sequía actual no es un problema local sino global. Hay una crisis mundial de consumo que afecta al petróleo, a la energía, a los alimentos y también al agua.
La primera conferencia mundial sobre el agua se celebró en el Mar del Plata (Argentina) en 1977. Treinta años después, las estimaciones de Naciones Unidas indican que hay unos 500 millones de personas en todo el planeta que padecen escasez casi total de agua potable. Si las tendencias se mantienen se calcula que en veinte años el número de perjudicados por falta de agua ascenderá a 2.500 millones.
En Oriente Medio, el agua puede crear conflictos muy serios. También en amplios espacios geográficos de África, por ejemplo Darfur, donde el agua está en el origen de conflictos irresolubles.El cambio climático afecta a muchos países, pero principalmente a los del hemisferio sur donde nacen el 90 por ciento de los 85 millones de hombres y mujeres que se suman a la población de la tierra cada año.
La dimensión del problema se puede comprobar estos días de campaña electoral en España. El trasvase del Ebro enciende rivalidades entre comunidades autónomas y entre las cuencas de los distintos ríos.
¿De quién es el agua? Los romanos legislaron sobre su propiedad y se refirieron al vago concepto de rei comunes omnium pero establecieron que el agua era primero del de arriba de los cauces, antes que del de abajo. Las fronteras modernas cambiaron la legislación y se consideró el agua como patrimonio de las naciones con estado.
La ONU lo ha considerado “un derecho humano a disponer de agua suficiente, salubre, aceptable, accesible y asequible para el uso personal y doméstico”. Los conflictos del agua son antiguos . Lo puede ser también en Catalunya donde se han pedido balanzas hídricas internas para regatear el necesario consumo de Barcelona.
No se puede hacer demagogia con el agua sino buscar soluciones generosas y consensuadas.
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