La inmigración ha aterrizado finalmente en el debate político en nuestro país, en toda la Unión Europea y también en Estados Unidos. Las circunstancias son distintas en cada sitio pero el denominador común es la dificultad de manejar social y políticamente la llegada inesperda y masiva de cientos de miles de personas que parten hacia un horizonte vital más digno sin saber lo que arriesgan y los problemas que crean en las tierras de acogida.
Cuando se producen estos trasiegos humanos masivos, en estos momentos hay en el mundo doscientos millones de ciudadanos huídos de su patria, no es un problema local o regional sino un signo de inestabilidad global que genera inseguridad en los puntos de salida y de llegada.
En España se han aprobado varias leyes de inmigración y se han regularizado a cientos de miles de ilegales. Y a pesar de ello la marea de extranjeros sigue arrojando de forma vergonzante a miles de subsaharianos en las playas canarias y por las fronteras terrestres y aeropuertuarias se cuelan a diario centenares de clandestinos que se convierten en ilegales.
La primera obligación de los gobiernos es controlar las fronteras del estado. Tienen la facultad y deben disponer de los medios. Ni este ni el anterior presidente lo han sabido hacer. ¿Qué gobierno puede repatriar a medio millón de ilegales? Es imposible. Lo que sí podía haber hecho es impedir que llegaran estableciendo cotas y garantizando una inmigración ordenada. Ya era hora que la Unión Europea se diera cuenta de que las fronteras españolas son también las europeas.
No se ha cumplido con este requisito indispensable y tampoco se ha hecho la suficiente pedagogía para trasladar a los recién llegados que pueden gozar de todos los derechos pero tienen también que cumplir los mismos deberes que nosotros. Una sociedad que tiene en su seno a cientos de miles de ciudadanos indocumentados, ilegales, corre el riesgo de que se disparen todas las alarmas de la inseguridad y que el miedo se apodere de las gentes como se ha demostrado en las comarcas tarraconenses en los últimos días.
Ni éste ni el anterior gobierno han actuado con responsabilidad en gestionar el fenómeno inmigratorio. Lo más inquietante está por llegar. Tienen los derechos sociales y pedirán los políticos. Surgirá la xenofobia y nacerán partidos extremos. Si se hubiera actuado responsablemente a tiempo se podría haber desactivado la bomba de relojería que tenemos en las manos. Ojalá no sea demasiado tarde
miércoles, mayo 31, 2006
domingo, mayo 28, 2006
Schopenhauer y Goethe
Escribir la autobiografía novelada de un filósofo es un riesgo que sólo pueden correr quienes saben un poco de filosofía y pueden leer y comprender las lenguas que han utilizado los grandes pensadores de la cultura occidental.
Me entero ahora que Antonio Priante es miembro activo del “Circulus Latinus Barcinonensis”, un club selecto de amigos y estudiosos del mundo clásico que se comunican normalmente en latín. Hace unos años tomé unas notas de uno de sus libros, “La Encina de Mario”, que cité en un artículo en el soporte digital de La Vanguardia, sin recordar que se trataba de una autobiografía novelada de Cicerón, un relato ciertamente interesante y enriquecedor.
Nos intercambiamos varios correos, sutiles y civilizados, y me dió la impresión de que él comprendió que un periodista daba de sí lo que daba y que no había que preocuparse más. Y ahí lo dejamos aunque me repitió su sorpresa de que un libro que había pasado desapercibido por la crítica hubiera merecido mi atención.
Este fin de semana he leído de un tirón otra pieza de Antonio Priante, “El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer”, que me ha vuelto a sorprender. Primero por su claridad y por su conocimiento de Schopenhauer, de Goethe y del pensamiento filosófico y literario del siglo antepasado.
Segundo porque me han emocionado las páginas en las que el filósofo le echa en cara a Eckermann, otro redescubrimiento de Jaume Vallcorba en El Acantilado, que no mencionara a Schopenhauer en sus conversaciones íntimas y personales con Goethe. El poeta romántico de Weimar, a sus 66 años, había conocido al joven Schopenhauer cuando tenía 25. Se habían tratado y el joven le había entregado al genio su obra que leyó pero no le dió su opinión.
El pobre Eckermann, un simple secretario que anotaba como un rutinario amanuense todo lo que salía de la boca de Goethe, no menciona a Schopenhauer ni una sola vez en sus largas confidencias con el autor de Werther. No es posible. El silencio de los maestros, de los amigos, de los que sabemos que leen lo poco o mucho que escribimos es insoportable.
No soy filósofo ni pensador y sería una temeridad ponerme ahora a valorar la obra de Schopenhauer. Pero aquel misterioso silencio de Goethe perseguiría al filósofo hasta casi nuestros días. Alrededor de Schopenhauer se organizó en el mundo académico un complot de silencio contra el cual reaccionó con furia y destemplanza.
Schopenhauer es un pensador que tanto defiende la abolición de la esclavitud como cuestiona la inteligencia de las mujeres. Arrasa con todos los tópicos sobre las bondades de los pueblos europeos y afirma que prefiere la compañía de su perro a la de los humanos. Antes de morir, cita de pasada que le da vergüenza ser alemán.
Escribía de la ética de la compasión pero era contrario a cualquier cambio revolucionario o ruptura social. Su obra puede considerarse como un intento de hacer comprensible a Kant, nacido en Königsberg, cercana a Gdansk en la que nació Schopenhauer.
El filósofo pidió por todos los medios que Goethe se pronunciara sobre su obra principal. Y no lo hizo. Se fue a la tumba con este pesar de la misma manera que Kafka, cuando murió en 1924, sólo había vendido unos doscientos libros de los que había publicado aunque para los lectores que habían llegado a conocer los breves trozos de su prosa estaba fuera de toda duda que era uno de los maestros de la literatura moderna.
El silencio de los maestros que uno tiene como referencia es doloroso. Especialmente cuando el alumno, como es el caso de Schopenhauer, tiene tanta o más categoría intelectual que su admirado maestro, el gran Goethe.
Me entero ahora que Antonio Priante es miembro activo del “Circulus Latinus Barcinonensis”, un club selecto de amigos y estudiosos del mundo clásico que se comunican normalmente en latín. Hace unos años tomé unas notas de uno de sus libros, “La Encina de Mario”, que cité en un artículo en el soporte digital de La Vanguardia, sin recordar que se trataba de una autobiografía novelada de Cicerón, un relato ciertamente interesante y enriquecedor.
Nos intercambiamos varios correos, sutiles y civilizados, y me dió la impresión de que él comprendió que un periodista daba de sí lo que daba y que no había que preocuparse más. Y ahí lo dejamos aunque me repitió su sorpresa de que un libro que había pasado desapercibido por la crítica hubiera merecido mi atención.
Este fin de semana he leído de un tirón otra pieza de Antonio Priante, “El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer”, que me ha vuelto a sorprender. Primero por su claridad y por su conocimiento de Schopenhauer, de Goethe y del pensamiento filosófico y literario del siglo antepasado.
Segundo porque me han emocionado las páginas en las que el filósofo le echa en cara a Eckermann, otro redescubrimiento de Jaume Vallcorba en El Acantilado, que no mencionara a Schopenhauer en sus conversaciones íntimas y personales con Goethe. El poeta romántico de Weimar, a sus 66 años, había conocido al joven Schopenhauer cuando tenía 25. Se habían tratado y el joven le había entregado al genio su obra que leyó pero no le dió su opinión.
El pobre Eckermann, un simple secretario que anotaba como un rutinario amanuense todo lo que salía de la boca de Goethe, no menciona a Schopenhauer ni una sola vez en sus largas confidencias con el autor de Werther. No es posible. El silencio de los maestros, de los amigos, de los que sabemos que leen lo poco o mucho que escribimos es insoportable.
No soy filósofo ni pensador y sería una temeridad ponerme ahora a valorar la obra de Schopenhauer. Pero aquel misterioso silencio de Goethe perseguiría al filósofo hasta casi nuestros días. Alrededor de Schopenhauer se organizó en el mundo académico un complot de silencio contra el cual reaccionó con furia y destemplanza.
Schopenhauer es un pensador que tanto defiende la abolición de la esclavitud como cuestiona la inteligencia de las mujeres. Arrasa con todos los tópicos sobre las bondades de los pueblos europeos y afirma que prefiere la compañía de su perro a la de los humanos. Antes de morir, cita de pasada que le da vergüenza ser alemán.
Escribía de la ética de la compasión pero era contrario a cualquier cambio revolucionario o ruptura social. Su obra puede considerarse como un intento de hacer comprensible a Kant, nacido en Königsberg, cercana a Gdansk en la que nació Schopenhauer.
El filósofo pidió por todos los medios que Goethe se pronunciara sobre su obra principal. Y no lo hizo. Se fue a la tumba con este pesar de la misma manera que Kafka, cuando murió en 1924, sólo había vendido unos doscientos libros de los que había publicado aunque para los lectores que habían llegado a conocer los breves trozos de su prosa estaba fuera de toda duda que era uno de los maestros de la literatura moderna.
El silencio de los maestros que uno tiene como referencia es doloroso. Especialmente cuando el alumno, como es el caso de Schopenhauer, tiene tanta o más categoría intelectual que su admirado maestro, el gran Goethe.
viernes, mayo 26, 2006
Mossos y Guardia Civil
Se despidió a la Guardia Civil por la puerta pequeña, en silencio, casi a empujones, porque los Mossos iban a sustituirles. El proceso ha sido largo y la implantación de nuevos cuerpos de seguridad es de una gran complejidad. Especialmente, si la policía que sustituye a los antiguos tricornios es de nueva planta y sólo cuenta con el aprendizaje en la escuela de Mollet.
La alarma social creada por robos y extorsiones en varias comarcas de Tarragona ha obligado al gobierno a tomar cartas en el asunto y enviar guardias civiles a las tierras tarraconenses. La consellera Tura y el president Maragall no han podido hacer nada porque los Mossos todavía no se han desplegado en las comarcas de Tarragona.
Pero hemos estado tan enfrascados en las largas discusiones estatutarias que al gobierno de Cataluña parecía no preocuparle la seguridad de los ciudadanos. El Estatut significará un nuevo marco de competencias y un mejor financiamiento para Catalunña.
Pero lo que el ciudadano espera es que el gobierno proteja sus intereses, garantice su seguridad y controle a las partidas de bandoleros que campan por sus respetos en varios rincones del territorio.
El futuro de Cataluña dependerá no sólo de si el Estatut es de máximos o de mínimos, de si se concede más o menos competencias o de si la agencia tributaria es única o compartida. Sería una broma que tuviéramos un texto muy soberanista y los que tienen que ejercer la autoridad se entretuvieran en discusiones interminables sobre quiénes somos y qué hacemos con lo que tenemos.
La Guardia Civil ha detenido a varios autores de los robos e intimidaciones de los últimos días en las comarcas tarraconenses. Las gentes están más tranquilas y se ha recuperado una cierta tranquilidad. Es lo que importa. Y conviene decirlo porque la Guardia Civil ha prestado un servicio que el Estado, ya sea el gobierno central o la Generalitat, tienen obligación de garantizar.
El autogobierno es bueno siempre que gobierne, que mande, que responda a las necesidades de los ciudadanos. Haríamos un flaco favor a las instituciones democráticas, a la autonomía, si las instituciones no actuaran con eficacia.
Sé que la Guardia Civil era la larga mano de la dictadura de Franco en las comarcas y territorios de toda España. Pero la Guardia Civil era a la vez la que garantizaba el cumplimiento de la ley en tiempos de la República, en el siglo antepasado y en la Restauración. No hay que olvidar que el cuerpo que se puso al lado del president Companys el 18 de julio de 1936 fue un destacamento que se desplazó a la Plaça Sant Jaume y se puso a las órdenes de la Generalitat.
No pretendo hacer un homenaje a la Guardia Civil, un cuerpo que ha obedecido al poder establecido, ya fuera democrático o dictatorial. Lo que pido es que los Mossos, cuando estén desplegados completamente en toda Cataluña, cumplan con su deber. Que garanticen el orden y la libertad de los catalanes. No por ser nuestros lo van a hacer mejor. Lo van a hacer mejor si son mejores. O, cuando menos, iguales.
La alarma social creada por robos y extorsiones en varias comarcas de Tarragona ha obligado al gobierno a tomar cartas en el asunto y enviar guardias civiles a las tierras tarraconenses. La consellera Tura y el president Maragall no han podido hacer nada porque los Mossos todavía no se han desplegado en las comarcas de Tarragona.
Pero hemos estado tan enfrascados en las largas discusiones estatutarias que al gobierno de Cataluña parecía no preocuparle la seguridad de los ciudadanos. El Estatut significará un nuevo marco de competencias y un mejor financiamiento para Catalunña.
Pero lo que el ciudadano espera es que el gobierno proteja sus intereses, garantice su seguridad y controle a las partidas de bandoleros que campan por sus respetos en varios rincones del territorio.
El futuro de Cataluña dependerá no sólo de si el Estatut es de máximos o de mínimos, de si se concede más o menos competencias o de si la agencia tributaria es única o compartida. Sería una broma que tuviéramos un texto muy soberanista y los que tienen que ejercer la autoridad se entretuvieran en discusiones interminables sobre quiénes somos y qué hacemos con lo que tenemos.
La Guardia Civil ha detenido a varios autores de los robos e intimidaciones de los últimos días en las comarcas tarraconenses. Las gentes están más tranquilas y se ha recuperado una cierta tranquilidad. Es lo que importa. Y conviene decirlo porque la Guardia Civil ha prestado un servicio que el Estado, ya sea el gobierno central o la Generalitat, tienen obligación de garantizar.
El autogobierno es bueno siempre que gobierne, que mande, que responda a las necesidades de los ciudadanos. Haríamos un flaco favor a las instituciones democráticas, a la autonomía, si las instituciones no actuaran con eficacia.
Sé que la Guardia Civil era la larga mano de la dictadura de Franco en las comarcas y territorios de toda España. Pero la Guardia Civil era a la vez la que garantizaba el cumplimiento de la ley en tiempos de la República, en el siglo antepasado y en la Restauración. No hay que olvidar que el cuerpo que se puso al lado del president Companys el 18 de julio de 1936 fue un destacamento que se desplazó a la Plaça Sant Jaume y se puso a las órdenes de la Generalitat.
No pretendo hacer un homenaje a la Guardia Civil, un cuerpo que ha obedecido al poder establecido, ya fuera democrático o dictatorial. Lo que pido es que los Mossos, cuando estén desplegados completamente en toda Cataluña, cumplan con su deber. Que garanticen el orden y la libertad de los catalanes. No por ser nuestros lo van a hacer mejor. Lo van a hacer mejor si son mejores. O, cuando menos, iguales.
miércoles, mayo 24, 2006
Trampas en las pasiones del fútbol
Es imprudente para un barcelonista confeso y apasionado hablar de crisis en el fútbol europeo después de las satisfacciones tan profundas, casi diría que íntimas, experimentadas durante tres pletóricos días en un París que ha sonreido a los azulgranas en la final de la Champions.
No me refiero al Barça que vive tiempos de gloria inolvidables sino al gran escándalo del fútbol italiano y también al informe que acaba de hacer público la Unión Europea recomendando medidas más estrictas para regular el comportamiento de la gestión del fútbol europeo.
El escándalo en el fútbol italiano es la historia de una trampa en la que el prestigio de la gran Juventus se ha descalabrado hasta el punto de poder perder el título de Liga y descender a la segunda división. El caso está en manos de un fiscal del grupo de juristas de las “manos limpias” que sacudió a la clase política y empresarial de Italia en los años noventa.
Las acusaciones de comprar partidos, árbitros, amañar resultados para las casas de apuestas, manipulaciones de todo orden, afectan a la Juventus pero también a equipos históricos como el Milan, Lazio y la Fiorentina. El fútbol italiano que mueve tantos intereses y tantas pasiones necesita unos tiempos de transparencia para recuperar su prestigio. El presidente de la popular Juventus, Luciano Moggi, tendrá que probar su inocencia ante las pruebas de corrupción que parecen irrefutables tras muchas horas de conversaciones grabadas por orden judicial.
En el mandato británico de la Unión Europea se encargó al ex vice primer ministro portugués, José Luis Arnaut, un informe sobre la situación del fútbol europeo en colaboración con la Uefa. El trabajo fue presentado el martesy las conclusiones son muy esclarecedoras. Se recomienda adoptar más transparencia en los salarios de los jugadores, un control más efectivo y estricto sobre las empresas de apuestas, sobre los agentes que compran y venden jugadores y una gobernación de los clubs de fútbol ajustada a una cierta reglamentación.
Hay que proteger la integridad de las competiciones, vigilar el tráfico de dinero negro, clarificar la propiedad de los clubs y evitar los abusos en los trasiegos de jóvenes futbolistas. Hay que poner freno a los brotes de racismo y xenofobia que con demasiada frecuencia observamos en los estadios en los que corren jugadores de muchas etnias y culturas.Un fenómeno de masas seguido por cientos de millones de humanos no puede estar en manos de cuatro espabilados.
No me refiero al Barça que vive tiempos de gloria inolvidables sino al gran escándalo del fútbol italiano y también al informe que acaba de hacer público la Unión Europea recomendando medidas más estrictas para regular el comportamiento de la gestión del fútbol europeo.
El escándalo en el fútbol italiano es la historia de una trampa en la que el prestigio de la gran Juventus se ha descalabrado hasta el punto de poder perder el título de Liga y descender a la segunda división. El caso está en manos de un fiscal del grupo de juristas de las “manos limpias” que sacudió a la clase política y empresarial de Italia en los años noventa.
Las acusaciones de comprar partidos, árbitros, amañar resultados para las casas de apuestas, manipulaciones de todo orden, afectan a la Juventus pero también a equipos históricos como el Milan, Lazio y la Fiorentina. El fútbol italiano que mueve tantos intereses y tantas pasiones necesita unos tiempos de transparencia para recuperar su prestigio. El presidente de la popular Juventus, Luciano Moggi, tendrá que probar su inocencia ante las pruebas de corrupción que parecen irrefutables tras muchas horas de conversaciones grabadas por orden judicial.
En el mandato británico de la Unión Europea se encargó al ex vice primer ministro portugués, José Luis Arnaut, un informe sobre la situación del fútbol europeo en colaboración con la Uefa. El trabajo fue presentado el martesy las conclusiones son muy esclarecedoras. Se recomienda adoptar más transparencia en los salarios de los jugadores, un control más efectivo y estricto sobre las empresas de apuestas, sobre los agentes que compran y venden jugadores y una gobernación de los clubs de fútbol ajustada a una cierta reglamentación.
Hay que proteger la integridad de las competiciones, vigilar el tráfico de dinero negro, clarificar la propiedad de los clubs y evitar los abusos en los trasiegos de jóvenes futbolistas. Hay que poner freno a los brotes de racismo y xenofobia que con demasiada frecuencia observamos en los estadios en los que corren jugadores de muchas etnias y culturas.Un fenómeno de masas seguido por cientos de millones de humanos no puede estar en manos de cuatro espabilados.
lunes, mayo 22, 2006
Vuelve el bandolerismo
Me han impresionado las reflexiones pausadas y serenas que Joan Borràs hacía ayer a los dos días de recibir la visita de cuatro delincuentes encapuchados que entraron en su dormitorio, le amordazaron a él y a su esposa, les maltrataron, les causaron daños físicos y sicológicos y les robaron. El caso de la familia Borràs no es el primero ni el único que se registra en las comarcas de Tarragona.
Siempre ha habido y habrá ladrones, bandoleros y gentes que perturban la tranquilidad de los demás y roban cuanto pueden. Es una constante de la historia, una característica de la organización de las sociedades de todos los tiempos, en monarquías absolutistas, en repúblicas, dictaduras y democracias liberales.
Las teorías utópicas del “buen salvaje” de Rousseau no han hecho mejorar la condición humana cuando se organiza colectivamente. La llegada de Don Quijote a Barcelona está precedida por el azaroso encuentro con el bandolero Roque Guinart que colgaba a sus víctimas en los pinos de las montañas del Bruc. El bandolerismo y las partidas de guerrilleros sembraron el terror en los parajes rurales del país durante siglos.
Pero no estamos en la Edad Media ni en las guerras carlistas ni en los tiempos del estraperlo. Vivimos en un estado democrático de derecho en el que el Estado tiene el monopolio de la violencia, un gran avance político y jurídico para evitar que la legitimidad de la fuerza esté únicamente en manos del gobierno que aplica las leyes aprobadas por el parlamento.
Tanto el señor Borràs como muchos alcaldes de las tierras tarraconenses dan testimonio de un problema que compete al Estado resolverlo. En algunos ayuntamientos se ha planteado la posibilidad de resucitar a los sometenes que no eran otra cosa que aplicar la ley por grupos de ciudadanos armados porque las fuerzas del orden no podían o no querían hacerlo.
Sería un gran retroceso dejar en manos de los afectados el control de la seguridad de sus comunidades. Dice y repite mi amigo notario que las tres funciones principales del Estado son las de administrar justicia, recaudar impuestos y garantizar el orden público. Estoy de acuerdo.
El Estado tiene que garantizar el orden y la libertad de la sociedad que representa. El gobierno tiene que mandar en nombre del Estado. Y sólo se manda mandando. Enzarzados como estamos en discusiones estatutarias y en una nueva organización territorial del Estado, nos olvidamos de algo tan principal como proteger la libertad de los ciudadanos.
Los Mossos no están desplegados todavía en las comarcas de Tarragona. Unos pocos guardias civiles vigilan a muchos pueblos. El delegado del gobierno en Catalunya, el señor Rangel, ha prometido un despliegue adicional de doscientos agentes para vigilar las comarcas inquietas y asustadas por tantos robos y tantos asaltos a domicilios privados. Está muy bien. Pero la medida es insuficiente y posiblemente llega tarde.
Al ciudadano que vive con el miedo en el cuerpo por si cualquier noche la víctima es él, no le importa mucho si son los Mossos o la Guardia Civil los que le garantizan la seguridad. Lo que pide es garantías para que no tenga que defenderse por su cuenta arriesgando su vida y la de terceros.
Me sorprende el sutil silencio de la consellera Tura y la tardía respuesta del ministro Rubalcaba. La solución no la pueden tener los vecinos sino el Estado. Todavía no sabemos quiénes son los autores de estas fechorías delictivas. Y caemos en la precipitada conclusión de que se trata de bandas organizadas, extranjeras, que campan porn sus respetos y con impunidad en las comarcas del país.
Siempre ha habido y habrá ladrones, bandoleros y gentes que perturban la tranquilidad de los demás y roban cuanto pueden. Es una constante de la historia, una característica de la organización de las sociedades de todos los tiempos, en monarquías absolutistas, en repúblicas, dictaduras y democracias liberales.
Las teorías utópicas del “buen salvaje” de Rousseau no han hecho mejorar la condición humana cuando se organiza colectivamente. La llegada de Don Quijote a Barcelona está precedida por el azaroso encuentro con el bandolero Roque Guinart que colgaba a sus víctimas en los pinos de las montañas del Bruc. El bandolerismo y las partidas de guerrilleros sembraron el terror en los parajes rurales del país durante siglos.
Pero no estamos en la Edad Media ni en las guerras carlistas ni en los tiempos del estraperlo. Vivimos en un estado democrático de derecho en el que el Estado tiene el monopolio de la violencia, un gran avance político y jurídico para evitar que la legitimidad de la fuerza esté únicamente en manos del gobierno que aplica las leyes aprobadas por el parlamento.
Tanto el señor Borràs como muchos alcaldes de las tierras tarraconenses dan testimonio de un problema que compete al Estado resolverlo. En algunos ayuntamientos se ha planteado la posibilidad de resucitar a los sometenes que no eran otra cosa que aplicar la ley por grupos de ciudadanos armados porque las fuerzas del orden no podían o no querían hacerlo.
Sería un gran retroceso dejar en manos de los afectados el control de la seguridad de sus comunidades. Dice y repite mi amigo notario que las tres funciones principales del Estado son las de administrar justicia, recaudar impuestos y garantizar el orden público. Estoy de acuerdo.
El Estado tiene que garantizar el orden y la libertad de la sociedad que representa. El gobierno tiene que mandar en nombre del Estado. Y sólo se manda mandando. Enzarzados como estamos en discusiones estatutarias y en una nueva organización territorial del Estado, nos olvidamos de algo tan principal como proteger la libertad de los ciudadanos.
Los Mossos no están desplegados todavía en las comarcas de Tarragona. Unos pocos guardias civiles vigilan a muchos pueblos. El delegado del gobierno en Catalunya, el señor Rangel, ha prometido un despliegue adicional de doscientos agentes para vigilar las comarcas inquietas y asustadas por tantos robos y tantos asaltos a domicilios privados. Está muy bien. Pero la medida es insuficiente y posiblemente llega tarde.
Al ciudadano que vive con el miedo en el cuerpo por si cualquier noche la víctima es él, no le importa mucho si son los Mossos o la Guardia Civil los que le garantizan la seguridad. Lo que pide es garantías para que no tenga que defenderse por su cuenta arriesgando su vida y la de terceros.
Me sorprende el sutil silencio de la consellera Tura y la tardía respuesta del ministro Rubalcaba. La solución no la pueden tener los vecinos sino el Estado. Todavía no sabemos quiénes son los autores de estas fechorías delictivas. Y caemos en la precipitada conclusión de que se trata de bandas organizadas, extranjeras, que campan porn sus respetos y con impunidad en las comarcas del país.
viernes, mayo 19, 2006
Tres días en París
He pasado tres días en París, entre el Boulevard Saint Germain y el flamante nuevo estadio de Saint Dennis. La capital de las luces ha tenido dos colores dominantes estos días. El azulgrana y el amarillo que lucían las camisetas, bufandas y distintos amuletos identificativos del Barça y del Arsenal.
Dos equipos que no tenían cuentas pendientes. Es más, había una serie de complicidades que hacían que las dos aficiones confraternizaran por las calles parisinas pendientes del encuentro que iba a determinar qué equipo es el mejor de Europa.
El Barça eliminó al Chelsea, "a very unatractive club", según comentario de un seguidor sensato del equipo londinense que llegaba a la final. Y el Arsenal envió a las tinieblas al Real Madrid. Los dos llegábamos habiendo hecho un favor inestimable a los adversarios ocasionales del momento.
Ganó el Barça pero los del Arsenal lo encajaron con caballerosidad y con "fair play". Un gran talante deportivo presidió la final de la Champions. Caminando por la rue de Rivoli, a las tantas de la madrugada, intercambiamos un cortés saludo con un grupo de londinenses que digerían la derrota con deportividad.
Los ingleses fundaron el fútbol pero los franceses lo organizaron. París estaba de fiesta, aunque los protagonistas fueran forasteros. Desde el Boulevard Saint Germain participamos en tertulias capitaneadas por el gran comunidador que es Antoni Bassas. Horas y días inolvidables. Todos los que colaboramos en los programas de radio en aquella fiesta nos conocimos más en esa final que en años de haber colaborado en programas radiofónicos.
Son los prodigios que opera el deporte. Tanto en la dicha como en la adversidad. Las emociones desbocadas, aunque contenidas, en el estadio de Saint Dennis nos dejaron clavados en las gradas. No queríamos abandonar el recinto. Tuvieron que venir los señores y las señoras encargadas de limpiar el estadio para pedirnos que abandonáramos el recinto.
Lobo Carrasco terminaba una crónica perdido en la soledad del estadio hasta que le invitaron también a desalojar la zona. Carrasco acabó la crónica en las afueras, pendiente de que la batería no se acabara. El brillante escritor Antoni Puigverd, grave y responsable, un hombre de una pieza, no pudo contener su emoción cuando Belletti marcaba el gol de la victoria.
El fútbol nos hace más espontáneos, más desinhibidos, más fraternales. Los abrazos con todos los que nos rodeaban no los perpetraríamos en ninguna otra ocasión. Eran los signos externos de una fuerte emoción interna.
París invitaba a pasear. Largas caminatas nocturnas porque había que pisar la ciudad que nos dió la gloria por segunda vez en la historia del Barça. Cansados, somnolientos, contentos, llegamos a los respectivos hoteles con una satisfacción muy profunda. Había valido la pena.
Incluso el trayecto en el tren de cercanías que transportaba a las aficiones como en latas de sardina. Sudor, mucho sudor. Pero valía la pena alcanzar Saint Gennis aunque un aficionado del Arsenal que acompañaba a su hijo, me decía con humor que no eramos conducidos a un campo de exterminio sino a una confrontación deportiva.
Vuelta a Saint Germain, a l'Odéon, cerca de la Procope, el restaurante en el que almorzaron y hablaron personajes como Voltaire, Jefferson, Robespierre, Danton, Maurras y tantos revolucionarios de finales del XVIII. Una delicia. La plaza de Saint Sulpice, las avenidas trazadas por Haussmann, las librerías. Qué delicia es pasar largos ratos en las librerías parisinas.
Y qué peligro para las tarjetas Visa. Francia atraviesa una crisis política de fondo, muy seria, con mociones de censura al gobierno y con un presidente de la República acorralado. Pero Francia está viva porque piensa, porque se revuelve en sus propias contradicciones, porque es el centro de las grandezas y las miserias de Europa.
Las enfermedades políticas de París son las mismas que recorren la Europa continental. Un desconcierto generalizado, un cansancio largo, una quimera de situaciones gloriosas pasadas. Esto es la Europa que siempre está en crisis pero siempre renace de sus cenizas. Una Europa que tiene las puertas abiertas y que son traspadas por cientos de miles de ciudadanos de quieren vivir entre nosotros.
Dos equipos que no tenían cuentas pendientes. Es más, había una serie de complicidades que hacían que las dos aficiones confraternizaran por las calles parisinas pendientes del encuentro que iba a determinar qué equipo es el mejor de Europa.
El Barça eliminó al Chelsea, "a very unatractive club", según comentario de un seguidor sensato del equipo londinense que llegaba a la final. Y el Arsenal envió a las tinieblas al Real Madrid. Los dos llegábamos habiendo hecho un favor inestimable a los adversarios ocasionales del momento.
Ganó el Barça pero los del Arsenal lo encajaron con caballerosidad y con "fair play". Un gran talante deportivo presidió la final de la Champions. Caminando por la rue de Rivoli, a las tantas de la madrugada, intercambiamos un cortés saludo con un grupo de londinenses que digerían la derrota con deportividad.
Los ingleses fundaron el fútbol pero los franceses lo organizaron. París estaba de fiesta, aunque los protagonistas fueran forasteros. Desde el Boulevard Saint Germain participamos en tertulias capitaneadas por el gran comunidador que es Antoni Bassas. Horas y días inolvidables. Todos los que colaboramos en los programas de radio en aquella fiesta nos conocimos más en esa final que en años de haber colaborado en programas radiofónicos.
Son los prodigios que opera el deporte. Tanto en la dicha como en la adversidad. Las emociones desbocadas, aunque contenidas, en el estadio de Saint Dennis nos dejaron clavados en las gradas. No queríamos abandonar el recinto. Tuvieron que venir los señores y las señoras encargadas de limpiar el estadio para pedirnos que abandonáramos el recinto.
Lobo Carrasco terminaba una crónica perdido en la soledad del estadio hasta que le invitaron también a desalojar la zona. Carrasco acabó la crónica en las afueras, pendiente de que la batería no se acabara. El brillante escritor Antoni Puigverd, grave y responsable, un hombre de una pieza, no pudo contener su emoción cuando Belletti marcaba el gol de la victoria.
El fútbol nos hace más espontáneos, más desinhibidos, más fraternales. Los abrazos con todos los que nos rodeaban no los perpetraríamos en ninguna otra ocasión. Eran los signos externos de una fuerte emoción interna.
París invitaba a pasear. Largas caminatas nocturnas porque había que pisar la ciudad que nos dió la gloria por segunda vez en la historia del Barça. Cansados, somnolientos, contentos, llegamos a los respectivos hoteles con una satisfacción muy profunda. Había valido la pena.
Incluso el trayecto en el tren de cercanías que transportaba a las aficiones como en latas de sardina. Sudor, mucho sudor. Pero valía la pena alcanzar Saint Gennis aunque un aficionado del Arsenal que acompañaba a su hijo, me decía con humor que no eramos conducidos a un campo de exterminio sino a una confrontación deportiva.
Vuelta a Saint Germain, a l'Odéon, cerca de la Procope, el restaurante en el que almorzaron y hablaron personajes como Voltaire, Jefferson, Robespierre, Danton, Maurras y tantos revolucionarios de finales del XVIII. Una delicia. La plaza de Saint Sulpice, las avenidas trazadas por Haussmann, las librerías. Qué delicia es pasar largos ratos en las librerías parisinas.
Y qué peligro para las tarjetas Visa. Francia atraviesa una crisis política de fondo, muy seria, con mociones de censura al gobierno y con un presidente de la República acorralado. Pero Francia está viva porque piensa, porque se revuelve en sus propias contradicciones, porque es el centro de las grandezas y las miserias de Europa.
Las enfermedades políticas de París son las mismas que recorren la Europa continental. Un desconcierto generalizado, un cansancio largo, una quimera de situaciones gloriosas pasadas. Esto es la Europa que siempre está en crisis pero siempre renace de sus cenizas. Una Europa que tiene las puertas abiertas y que son traspadas por cientos de miles de ciudadanos de quieren vivir entre nosotros.
lunes, mayo 15, 2006
La gente dirá la suya
La experiencia sugiere que el momento más peligroso de un mal gobierno es cuando empieza a reformarse. La sacudida de la expulsión de seis miembros de Esquerra Republicana del tripartito presidido por Maragall es algo más que una reforma.
Es haber perdido por el camino una de las tres patas de una mesa que aguantaba un proyecto que se proponía ser una alternativa a la larga era de Jordi Pujol. Ahora la mesa se sostiene por que la apuntala el sucesor de Pujol hasta que se convoquen nuevas elecciones antes de que termine el año.
Estamos en campaña. Primero para que se apruebe el Estatut en el referéndum del 18 de junio. No sé que harán los catalanes ese día. Ni sé cuántos acudirán a las urnas. La historia demuestra que en los referendums la respuesta puede no guardar relación alguna con la pregunta. La noche del recuento será difícil atribuirse la paternidad de los votos positivos, negativos o en blanco. Las derrotas son huérfanas mientras que las victorias tiene muchos padres y madres. El Sí caerá en el capazo de los tres partidos que lo propugnan, dos en el gobierno casi interino y CiU. El No será más difícil de contabilizar porque las razones de sus impulsores son contrapuestas.
Recurriendo a una metáfora rural diría que el no de los republicanos es el de aquel que no quiere ir a recoger el fruto porque la cosecha no es total, plena y absoluta. La negativa de los populares es la de aquellos que, pase lo que pase, no irán a segar porque no vale la pena, porque no quieren, porque consideran que el fruto es defectuoso y no merece ser llevado al mercado. Será difícil discernir entre estos dos posicionamientos negativos diametralmente opuestos.
Pero el referéndum será la penúltima secuencia de la vida de un tripartito, ahora sólo es cuestión de dos, que será finalmente juzgado por los catalanes cuando se convoquen las elecciones.Me parecen apresuradas las conclusiones que algunos partidos están transmitiendo a la opinión pública. Que nadie se engañe y que nadie se coma osos antes de cazarlos. La vida es dura y no digamos la accidentada existencia de un político sometida siempre a una alta e imprivisible siniestralidad. La cautela es siempre aconsejable.
El entusiasmo de los amigos o enemigos puede encumbrar al político o hundirlo en el pozo de la indiferencia. Por muchos que sean sus partidarios son siempre más numerosos sus adversarios. De todas las latitudes y de todas las gamas. Lo más determinante es la adhesión de los enemigos que suele traducirse en respeto. El hecho es que en Catalunya hemos tenido dos crisis de gobierno en un mes, que nos acercamos a un referéndum para abrir a continuación una campaña electoral que tendrá que desembocar en la composición del nuevo gobierno del país.
Es arriesgado hacer pronósticos en un panorama tan plural y diverso como el catalán. Al final, será cuestión de matemáticas puesto que no está previsto que un sólo partido consiga la mitad más uno de los escaños parlamentarios.
Habrá que pactar. Maragall, en esta hora de platos rotos, asegura que sigue compartiendo un proyecto político con Esquerra que ha sido expulsada del ejecutivo. Muy extraño. La otra posibilidad es una coalición de los dos grandes, convergentes y socialistas, teniendo presente que el próximo president sería el que más escaños consiguiera.
Los políticos hablan mucho. Y los periodistas todavía más. Pero el que habla el último y sentencia la jugada es el electorado que querrá decir la suya y juzgar en la intimidad de la urna lo que quiere para Catalunya en los próximos cuatro años. Estamos, como en el baloncesto, en el último cuarto del partido. Todo es posible.
Es haber perdido por el camino una de las tres patas de una mesa que aguantaba un proyecto que se proponía ser una alternativa a la larga era de Jordi Pujol. Ahora la mesa se sostiene por que la apuntala el sucesor de Pujol hasta que se convoquen nuevas elecciones antes de que termine el año.
Estamos en campaña. Primero para que se apruebe el Estatut en el referéndum del 18 de junio. No sé que harán los catalanes ese día. Ni sé cuántos acudirán a las urnas. La historia demuestra que en los referendums la respuesta puede no guardar relación alguna con la pregunta. La noche del recuento será difícil atribuirse la paternidad de los votos positivos, negativos o en blanco. Las derrotas son huérfanas mientras que las victorias tiene muchos padres y madres. El Sí caerá en el capazo de los tres partidos que lo propugnan, dos en el gobierno casi interino y CiU. El No será más difícil de contabilizar porque las razones de sus impulsores son contrapuestas.
Recurriendo a una metáfora rural diría que el no de los republicanos es el de aquel que no quiere ir a recoger el fruto porque la cosecha no es total, plena y absoluta. La negativa de los populares es la de aquellos que, pase lo que pase, no irán a segar porque no vale la pena, porque no quieren, porque consideran que el fruto es defectuoso y no merece ser llevado al mercado. Será difícil discernir entre estos dos posicionamientos negativos diametralmente opuestos.
Pero el referéndum será la penúltima secuencia de la vida de un tripartito, ahora sólo es cuestión de dos, que será finalmente juzgado por los catalanes cuando se convoquen las elecciones.Me parecen apresuradas las conclusiones que algunos partidos están transmitiendo a la opinión pública. Que nadie se engañe y que nadie se coma osos antes de cazarlos. La vida es dura y no digamos la accidentada existencia de un político sometida siempre a una alta e imprivisible siniestralidad. La cautela es siempre aconsejable.
El entusiasmo de los amigos o enemigos puede encumbrar al político o hundirlo en el pozo de la indiferencia. Por muchos que sean sus partidarios son siempre más numerosos sus adversarios. De todas las latitudes y de todas las gamas. Lo más determinante es la adhesión de los enemigos que suele traducirse en respeto. El hecho es que en Catalunya hemos tenido dos crisis de gobierno en un mes, que nos acercamos a un referéndum para abrir a continuación una campaña electoral que tendrá que desembocar en la composición del nuevo gobierno del país.
Es arriesgado hacer pronósticos en un panorama tan plural y diverso como el catalán. Al final, será cuestión de matemáticas puesto que no está previsto que un sólo partido consiga la mitad más uno de los escaños parlamentarios.
Habrá que pactar. Maragall, en esta hora de platos rotos, asegura que sigue compartiendo un proyecto político con Esquerra que ha sido expulsada del ejecutivo. Muy extraño. La otra posibilidad es una coalición de los dos grandes, convergentes y socialistas, teniendo presente que el próximo president sería el que más escaños consiguiera.
Los políticos hablan mucho. Y los periodistas todavía más. Pero el que habla el último y sentencia la jugada es el electorado que querrá decir la suya y juzgar en la intimidad de la urna lo que quiere para Catalunya en los próximos cuatro años. Estamos, como en el baloncesto, en el último cuarto del partido. Todo es posible.
domingo, mayo 14, 2006
Crisis en las democracias
Tony Blair tendrá que poner muy pronto fecha de caducidad a sus tres mandatos al frente del laborismo británico. Gordon Brown es el sucesor designado pero todo indica que el ciclo blairista está tocando fondo y el conservadurismo de David Cameron puede abrir una nueva era en Gran Bretaña.
El presidente Chirac y el primer ministro Villepin están en situación límite. Se querían desprender del candidato de la derecha al Elíseo y han salido, los dos también, salpicados porque no se ha probado que Sarkozy hubiera cometido esas irregularidades. Todo ha ocurrido en el seno de los conservadores.
El presidente Bush está en caída libre y no puede remontar su baja valoración en las encuestas. La guerra de Iraq le persigue como un fantasma que no puede ahuyentar. Tiene dos cientos mil soldados en Oriente Medio con una guerra que no tiene salida política ni militar.
Irán se radicaliza y prosigue con su programa nuclear. Israel no sabe qué hacer con Hamas, la organización terrorista que ha dado muerte a centenares de israelíes, pero que ha ganado las elecciones democráticamente.
La nueva Italia se ha disfrazado de viejas caras. Las de siempre, más o menos. Será muy difícil que Romano Prodi pueda hacer viable el segundo experimento de la izquierda para gobernar. Berlusconi ha perdido pero no ha arrojado la toalla. Dispone de muchos medios de comunicación y es el personaje más rico de Italia.
Zapatero va caminando sobre el alambre de la reorganización territorial de España y la pacificación con ETA. En Cataluña ha habido una trifulca que ha terminado en un fiasco y Esquerra Republicana no ha salido del gobierno sino que la han expulsado. Resultaría curioso que ahora fuera Zapatero quien tuviera que salvar el Estatut en el referéndum del día 18.
Es como un gran circo de las democracias occidentales. Zapatero puede caerse del alambre pero no estoy seguro que la red le pueda salvar. Mariano Rajoy, en cualquier caso, la va a retirar si llegara a precipitarse en el abismo. Maragall cambia consellers cada dos por tres pero no sabemos todavía si él será el candidato a las elecciones que se celebrarán antes de fin de año.
Pero no hay que asustarse. De estas crisis vendrán otras. Pero al final, si la libertad persiste, las sociedades democráticas occidentales sabran cómo salir de esta y de las futuras inestabilidades.
China avanza sin libertades y la India progresa a pesar de la gran pobreza de aquel subcontinente. En el mundo islámico invocan el libro del Profeta para destruir a las democracias caducas.
El tríptico Chávez, Evo Morales y Fidel Castro quiere expandir el populismo y la ideología patriótica por aquellas latitudes. Lula y Kirchner se resisten. Pero pueden sucumbir.
El panorama no es idílico. Pero es el que hay y sólo se podrá salir de este pesimismo global si se tienen en cuenta prioritariamente algunos conceptos: justicia, libertad, verdad, alteridad y renovación de personas.
El presidente Chirac y el primer ministro Villepin están en situación límite. Se querían desprender del candidato de la derecha al Elíseo y han salido, los dos también, salpicados porque no se ha probado que Sarkozy hubiera cometido esas irregularidades. Todo ha ocurrido en el seno de los conservadores.
El presidente Bush está en caída libre y no puede remontar su baja valoración en las encuestas. La guerra de Iraq le persigue como un fantasma que no puede ahuyentar. Tiene dos cientos mil soldados en Oriente Medio con una guerra que no tiene salida política ni militar.
Irán se radicaliza y prosigue con su programa nuclear. Israel no sabe qué hacer con Hamas, la organización terrorista que ha dado muerte a centenares de israelíes, pero que ha ganado las elecciones democráticamente.
La nueva Italia se ha disfrazado de viejas caras. Las de siempre, más o menos. Será muy difícil que Romano Prodi pueda hacer viable el segundo experimento de la izquierda para gobernar. Berlusconi ha perdido pero no ha arrojado la toalla. Dispone de muchos medios de comunicación y es el personaje más rico de Italia.
Zapatero va caminando sobre el alambre de la reorganización territorial de España y la pacificación con ETA. En Cataluña ha habido una trifulca que ha terminado en un fiasco y Esquerra Republicana no ha salido del gobierno sino que la han expulsado. Resultaría curioso que ahora fuera Zapatero quien tuviera que salvar el Estatut en el referéndum del día 18.
Es como un gran circo de las democracias occidentales. Zapatero puede caerse del alambre pero no estoy seguro que la red le pueda salvar. Mariano Rajoy, en cualquier caso, la va a retirar si llegara a precipitarse en el abismo. Maragall cambia consellers cada dos por tres pero no sabemos todavía si él será el candidato a las elecciones que se celebrarán antes de fin de año.
Pero no hay que asustarse. De estas crisis vendrán otras. Pero al final, si la libertad persiste, las sociedades democráticas occidentales sabran cómo salir de esta y de las futuras inestabilidades.
China avanza sin libertades y la India progresa a pesar de la gran pobreza de aquel subcontinente. En el mundo islámico invocan el libro del Profeta para destruir a las democracias caducas.
El tríptico Chávez, Evo Morales y Fidel Castro quiere expandir el populismo y la ideología patriótica por aquellas latitudes. Lula y Kirchner se resisten. Pero pueden sucumbir.
El panorama no es idílico. Pero es el que hay y sólo se podrá salir de este pesimismo global si se tienen en cuenta prioritariamente algunos conceptos: justicia, libertad, verdad, alteridad y renovación de personas.
viernes, mayo 12, 2006
No me asustan las crisis
No me asustan las crisis. Lo que me inquieta es que no se reconozcan, que se actue como si no existieran. Que los culpables nos quieran convencer que son víctimas de lo que ellos mismos han provocado.
El tripartito de Maragall ha sido destruido y enterrado solemnemente en una jornada fúnebre trepidante. Un réquiem de Mozart solemne y triste.
La palabra la tienen los catalanes. En el referéndum del 18 de junio y, de forma muy especial, en las elecciones que se celebren antes de terminar el año.
El No de Esquerra y del Partido Popular contarán conjuntamente. Una rareza impensable hace sólo unos días.
Ha habido traiciones, desconfianzas, recelos, envidias. Lo que ocurre siempre en la política. El reloj se pondrá nuevamente a cero. Hay que esperar para ver quién llega primero en las elecciones y dispone de uno o varios escaños más que el segundo. Será el presidente y pactará con quien pueda.
Mientras tanto quedan muchas incógnitas por resolver. La primera y más relevante es quién será el candidato socialista a las elecciones autonómicas. Zapatero le ha pedido a Maragall que renuncie a su candidatura. El PSC, también.
Pero Maragall no lo entiende así. Por ahora por lo menos. Se baraja el nombre de José Montilla y hay quien apunta el de Antoni Castells. Al margen de las lealtades hay una cosa que hay que tener en cuenta. Un candidato que no tenga el apoyo entusiasta de su partido tiene muy difícil la victoria.
Maragall podría retirarse con todos los honores. El alcalde de los Juegos y el president del Estatut.
Otra consideración. Las crisis no so únicas ni solamente en Cataluña. Son las democracias occidentales las que atraviesan momentos de incertidumbre. Están en crisis en Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia y también España. Por muy bien que vaya la economía y por muy grande que sea la satisfacción porque la vida es agradable para la mayoría, porque se viaje por todo el planeta, porque los tipos de interés están por los suelos y permiten un endeudamiento global en las democracias.
Esta crisis habrá que superarla. No sé cómo. Pero que nadie piense que es cosa de Cataluña. Me permito citar el comienzo de la novela de Tolstoi, Ana Karenina, cuando el gran escritor ruso comienza diciendo: "todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera".
El tripartito de Maragall ha sido destruido y enterrado solemnemente en una jornada fúnebre trepidante. Un réquiem de Mozart solemne y triste.
La palabra la tienen los catalanes. En el referéndum del 18 de junio y, de forma muy especial, en las elecciones que se celebren antes de terminar el año.
El No de Esquerra y del Partido Popular contarán conjuntamente. Una rareza impensable hace sólo unos días.
Ha habido traiciones, desconfianzas, recelos, envidias. Lo que ocurre siempre en la política. El reloj se pondrá nuevamente a cero. Hay que esperar para ver quién llega primero en las elecciones y dispone de uno o varios escaños más que el segundo. Será el presidente y pactará con quien pueda.
Mientras tanto quedan muchas incógnitas por resolver. La primera y más relevante es quién será el candidato socialista a las elecciones autonómicas. Zapatero le ha pedido a Maragall que renuncie a su candidatura. El PSC, también.
Pero Maragall no lo entiende así. Por ahora por lo menos. Se baraja el nombre de José Montilla y hay quien apunta el de Antoni Castells. Al margen de las lealtades hay una cosa que hay que tener en cuenta. Un candidato que no tenga el apoyo entusiasta de su partido tiene muy difícil la victoria.
Maragall podría retirarse con todos los honores. El alcalde de los Juegos y el president del Estatut.
Otra consideración. Las crisis no so únicas ni solamente en Cataluña. Son las democracias occidentales las que atraviesan momentos de incertidumbre. Están en crisis en Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia y también España. Por muy bien que vaya la economía y por muy grande que sea la satisfacción porque la vida es agradable para la mayoría, porque se viaje por todo el planeta, porque los tipos de interés están por los suelos y permiten un endeudamiento global en las democracias.
Esta crisis habrá que superarla. No sé cómo. Pero que nadie piense que es cosa de Cataluña. Me permito citar el comienzo de la novela de Tolstoi, Ana Karenina, cuando el gran escritor ruso comienza diciendo: "todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera".
miércoles, mayo 10, 2006
Un espejo de la sociedad
La crisis política catalana intenta salir del laberinto en el que se encuentra con la idea asumida por muchos de que cualquier desenlace es posible. Sabemos que el Estatut está aprobado y que será sometido a referéndum el día 18 de junio. Pero no podemos añadir mucho más sin caer en la incertidumbre de lo que puede ocurrir en los próximos meses.
Las crisis políticas no son patrimonio exclusivo de esta pequeña parte de Europa. Las hay, y más serias, en Francia, en Italia, En Gran Bretaña y en Alemania. También en Estados Unidos con doscientos mil soldados en pie de guerra en tierras lejanas y con un goteo de muertes diarias en Iraq sin que se vislumbre en el horizonte una salida militar o política.
Es un tópico aceptado por muchos de que la crisis es de los políticos que forman una casta de privilegiados que se aferran a sus cargos y que no piensan en la sociedad sino en sus partidos, en sus biografías personales, en sus intereses de poca o mucha monta, en continuar satisfaciendo su vanidad para seguir en el poder.
No nos engañemos. La clase política es un espejo de la sociedad, una ventana por la que miramos al exterior y por la que contemplamos el paisaje o, cuando menos, por la que penetra la luz. Puede que la ventana esté cerrada y que la habitación esté a oscuras. También puede ocurrir que quienes podrían abrirla se refugian en su discreción, en su comodidad y en su inhibición.
Me decía ayer un ilustre notario, ya octogenario pero de una gran lucidez, que ya no cabe decir nada porque los que quieran cambiar la situación que salten al ruedo, que se comprometan, que los mejores no se refugien en los beneficios de un negocio o de una empresa y que se dediquen al servicio de la comunidad. De acuerdo.
Qué oportuno puede ser recordar la figura de Prat de la Riba que en aquel experimento de la Mancomunidad no se rodeó de los suyos sino de los mejores, de los más capacitados, de los que ponían su talento al servicio de la sociedad y no de una causa partidaria.
Abundan los profesionales de la política y sobran los que han hecho de la política una profesión para su medro personal, para servirse de ella en vez de servirla y para entrar en el circuito de la trampa, de la mentira y de la destrucción del adversario con un oportunismo a corto plazo.El país, Catalunya y España, gozan de buena salud si se comparan con nuestro entorno más inmediato. No echemos por la borda todo lo conseguido.
Las crisis políticas no son patrimonio exclusivo de esta pequeña parte de Europa. Las hay, y más serias, en Francia, en Italia, En Gran Bretaña y en Alemania. También en Estados Unidos con doscientos mil soldados en pie de guerra en tierras lejanas y con un goteo de muertes diarias en Iraq sin que se vislumbre en el horizonte una salida militar o política.
Es un tópico aceptado por muchos de que la crisis es de los políticos que forman una casta de privilegiados que se aferran a sus cargos y que no piensan en la sociedad sino en sus partidos, en sus biografías personales, en sus intereses de poca o mucha monta, en continuar satisfaciendo su vanidad para seguir en el poder.
No nos engañemos. La clase política es un espejo de la sociedad, una ventana por la que miramos al exterior y por la que contemplamos el paisaje o, cuando menos, por la que penetra la luz. Puede que la ventana esté cerrada y que la habitación esté a oscuras. También puede ocurrir que quienes podrían abrirla se refugian en su discreción, en su comodidad y en su inhibición.
Me decía ayer un ilustre notario, ya octogenario pero de una gran lucidez, que ya no cabe decir nada porque los que quieran cambiar la situación que salten al ruedo, que se comprometan, que los mejores no se refugien en los beneficios de un negocio o de una empresa y que se dediquen al servicio de la comunidad. De acuerdo.
Qué oportuno puede ser recordar la figura de Prat de la Riba que en aquel experimento de la Mancomunidad no se rodeó de los suyos sino de los mejores, de los más capacitados, de los que ponían su talento al servicio de la sociedad y no de una causa partidaria.
Abundan los profesionales de la política y sobran los que han hecho de la política una profesión para su medro personal, para servirse de ella en vez de servirla y para entrar en el circuito de la trampa, de la mentira y de la destrucción del adversario con un oportunismo a corto plazo.El país, Catalunya y España, gozan de buena salud si se comparan con nuestro entorno más inmediato. No echemos por la borda todo lo conseguido.
martes, mayo 09, 2006
Agonía del tripartito
La vida del tripartito ha entrado en agonía. Carod Rovira ha pedido elecciones anticipadas para después del referéndum. No quiere que Esquerra se vaya de cualquier forma del gobierno y sugiere una salida pactada, sin traumas, rompiendo la extraña situación en la que Maragall va a pedir el Si en el referéndum y ERC se va a pronunciar a favor del No.
No se puede descartar nada en los próximos días. Los consellers republicanos querrán seguir las directrices del partido y pedir el No. Maragall no lo puede tolerar. Lo más lógico, por lo tanto, es que el gobierno se rompa incluso antes del 18 de junio, fecha del referéndum.
El gobierno no ha estado cohesionado desde que Carod se fue por su cuenta a Perpignan para entrevistarse con representantes de ETA. No lo sabía el president y su continuación en el gobierno era imposible.
La sensación que ha dado el tripartito es negativa, extraña y de una gran inoperancia. El debate que se plantea en los próximos días ya no es el Estatut sino cómo quedará el mapa político en Cataluña después de las elecciones.
En definitiva hay que ver si Esquerra sigue teniendo la clave de la gobernabilidad o bien sus escaños no suman para construir dos mayorías alternativas. Tengo la sospecha de que si los tres socios del tripartito, con todo lo que ha llovido, siguen sumando una mayoría el pacto se va a repetir.
De lo contrario, una coalición socioconvergente o convergente socialista será inevitable. Si el Sí en el referéndum es sólido e incuestionable, Maragall puede salir reforzado. Artur Mas también. De lo que se tratará es ver quién consigue más escaños. Será el próximo presidente. Los catalanes van a decir la suya en breve.
No se puede descartar nada en los próximos días. Los consellers republicanos querrán seguir las directrices del partido y pedir el No. Maragall no lo puede tolerar. Lo más lógico, por lo tanto, es que el gobierno se rompa incluso antes del 18 de junio, fecha del referéndum.
El gobierno no ha estado cohesionado desde que Carod se fue por su cuenta a Perpignan para entrevistarse con representantes de ETA. No lo sabía el president y su continuación en el gobierno era imposible.
La sensación que ha dado el tripartito es negativa, extraña y de una gran inoperancia. El debate que se plantea en los próximos días ya no es el Estatut sino cómo quedará el mapa político en Cataluña después de las elecciones.
En definitiva hay que ver si Esquerra sigue teniendo la clave de la gobernabilidad o bien sus escaños no suman para construir dos mayorías alternativas. Tengo la sospecha de que si los tres socios del tripartito, con todo lo que ha llovido, siguen sumando una mayoría el pacto se va a repetir.
De lo contrario, una coalición socioconvergente o convergente socialista será inevitable. Si el Sí en el referéndum es sólido e incuestionable, Maragall puede salir reforzado. Artur Mas también. De lo que se tratará es ver quién consigue más escaños. Será el próximo presidente. Los catalanes van a decir la suya en breve.
lunes, mayo 08, 2006
A las urnas "citoyens"
La política lo tolera todo. Tiene la manga ancha. Las gentes no recuerdan los titulares y los políticos tampoco. Así todos vivimos más tranquilamente.
Pero cuando las contradicciones no son lejanas sino muy recientes, de rabiosa actualidad, entre consellers y entre políticos de un mismo partido, entre el president Maragall y el presidente Zapatero, entre Maragall y Carod, entre Mas y Carod, entre Piqué y todos los demás, lo más interesante sería ir a las urnas cuanto antes. Si se quiere, después del referéndum.
Pero hay que dar la voz a los ciudadanos porque el espectáculo que nos libran los políticos es confuso, variable como los cielos en el mes de abril, ineficaz.
Que nadie se espante. Ni tampoco que se alarme. Las crisis en las democracias son constantes, actuales, no terminan nunca.
Pero las crisis suelen superarse por la responsabilidad de los dirigentes o, si el caso no se da, por que los ciudadanos los cambien.
Karl Popper decía que la esencia de la democracia no está en elegir gobiernos sino en echarlos. Tenía bastante razón.
El gobierno actual en Cataluña tiene tantas grietas que tengo la sospecha que no merece la confianza de los ciudadanos. A las urnas "citoyens".
Pero cuando las contradicciones no son lejanas sino muy recientes, de rabiosa actualidad, entre consellers y entre políticos de un mismo partido, entre el president Maragall y el presidente Zapatero, entre Maragall y Carod, entre Mas y Carod, entre Piqué y todos los demás, lo más interesante sería ir a las urnas cuanto antes. Si se quiere, después del referéndum.
Pero hay que dar la voz a los ciudadanos porque el espectáculo que nos libran los políticos es confuso, variable como los cielos en el mes de abril, ineficaz.
Que nadie se espante. Ni tampoco que se alarme. Las crisis en las democracias son constantes, actuales, no terminan nunca.
Pero las crisis suelen superarse por la responsabilidad de los dirigentes o, si el caso no se da, por que los ciudadanos los cambien.
Karl Popper decía que la esencia de la democracia no está en elegir gobiernos sino en echarlos. Tenía bastante razón.
El gobierno actual en Cataluña tiene tantas grietas que tengo la sospecha que no merece la confianza de los ciudadanos. A las urnas "citoyens".
viernes, mayo 05, 2006
Carod y las metáforas marineras
La metáfora marinera de Artur Mas fue muy pertinente al terminar el debate y la aprobación del Estatut en el Senado. El barco ha llegado a puerto pero hay que atracar para que puedan descargarse las mercancías.
En el camino, una de las fuerzas que estaban en el puente de mando ha saltado por la borda y se ha convertido en náufrago. Esquerra Republicana ha decidido pedir el voto negativo y alejarse del Estatut que se ha aprobado con el argumento principal de que no es el mismo que salió del Parlament de Cataluña el 30 de septiembre.
Esquerra ha confundido la militancia con el electorado. Siguiendo el simil marinero, Mas puso de relieve las dificultades de una tripulación en la que la marinería tiene más poder de decisión que los oficiales y que el capitán.
El referéndum se celebrará el 18 de junio. Las dos grandes fuerzas catalanas, PSC y CiU, se pronunciarán por el Si. El Partido Popular y ERC se inclinarán por el No. El electorado dirá la suya al margen de la participación en el referéndum. Si el Si es claramente mayoritario no tendrá sentido continuar con el tripartito.
Esquerra no ha estado a la altura del momento. La política no es romanticismo sino que es algo mucho más serio y realista. Aunque no pueda venir a cuento quiero recordar lo que le dijo Churchill a Chamberlain reprochándole el pacto de Munich de 1938 en el que pretendía haber arrancado a Hitler que no invadiría más territorios europeos.
Cuando la guerra fue declarada con la invasión alemana de Polonia, Churchill le dijo a Chamberlain: usted fue a Munich para no ir a la guerra y salvar al honor y ahora está en guerra y ha perdido el honor. Esquerra, a mi juicio, ha perdido la batalla del Estatut y su credibilidad ha quedado muy maltrecha.
El día después del Estatut la situación habrá cambiado. Las elecciones serán inminentes si nos dejamos llevar por la lógica. Se abrirá un periodo electoral en el que la gran cuestión será ver quién llegará primero en la meta. El que gane aquella etapa será el próximo presidente de la Generalitat. Jugarán muchos factores. El de Pujol, el de Mas, el de Maragall, pero, sobre todo, Zapatero que tendrá que poner toda la carne en el asador, olvidar las diferencias con Maragall, y convertir el Si en una victoria del PSC.
El problema es que la ciudadanía está confusa. Pero, no se preocupen, que sus dudas quedarán resueltas al día siguiente del referéndum. La pena es que se han perdido más de dos años en una iniciativa que, finalmente, ha dividido al tripartito y no ha sido tan de máximos como la que salió del parlamento catalán el 30 de septiembre.
En el camino, una de las fuerzas que estaban en el puente de mando ha saltado por la borda y se ha convertido en náufrago. Esquerra Republicana ha decidido pedir el voto negativo y alejarse del Estatut que se ha aprobado con el argumento principal de que no es el mismo que salió del Parlament de Cataluña el 30 de septiembre.
Esquerra ha confundido la militancia con el electorado. Siguiendo el simil marinero, Mas puso de relieve las dificultades de una tripulación en la que la marinería tiene más poder de decisión que los oficiales y que el capitán.
El referéndum se celebrará el 18 de junio. Las dos grandes fuerzas catalanas, PSC y CiU, se pronunciarán por el Si. El Partido Popular y ERC se inclinarán por el No. El electorado dirá la suya al margen de la participación en el referéndum. Si el Si es claramente mayoritario no tendrá sentido continuar con el tripartito.
Esquerra no ha estado a la altura del momento. La política no es romanticismo sino que es algo mucho más serio y realista. Aunque no pueda venir a cuento quiero recordar lo que le dijo Churchill a Chamberlain reprochándole el pacto de Munich de 1938 en el que pretendía haber arrancado a Hitler que no invadiría más territorios europeos.
Cuando la guerra fue declarada con la invasión alemana de Polonia, Churchill le dijo a Chamberlain: usted fue a Munich para no ir a la guerra y salvar al honor y ahora está en guerra y ha perdido el honor. Esquerra, a mi juicio, ha perdido la batalla del Estatut y su credibilidad ha quedado muy maltrecha.
El día después del Estatut la situación habrá cambiado. Las elecciones serán inminentes si nos dejamos llevar por la lógica. Se abrirá un periodo electoral en el que la gran cuestión será ver quién llegará primero en la meta. El que gane aquella etapa será el próximo presidente de la Generalitat. Jugarán muchos factores. El de Pujol, el de Mas, el de Maragall, pero, sobre todo, Zapatero que tendrá que poner toda la carne en el asador, olvidar las diferencias con Maragall, y convertir el Si en una victoria del PSC.
El problema es que la ciudadanía está confusa. Pero, no se preocupen, que sus dudas quedarán resueltas al día siguiente del referéndum. La pena es que se han perdido más de dos años en una iniciativa que, finalmente, ha dividido al tripartito y no ha sido tan de máximos como la que salió del parlamento catalán el 30 de septiembre.
miércoles, mayo 03, 2006
Discursos populistas andinos
Los discursos de los nuevos y pintorescos populistas latinoamericanos citan a personajes vivos o muertos, revolucionarios, literatos y pensadores, militares y dictadores.
El repertorio del lider bolivariano, Hugo Chávez, es extenso y variado. Ahí van unos cuantos citados de forma inconexa: Marx, Mao-tse-Tung, Jesucristo, el niño Lazarito, Perón, Fidel Castro, San Martín, Eva Perón, Rosa Luxemburgo, ex combatientes de Malvinas, Pérez Esquivel, José Martí, Hebe Bonafini, Bolívar, Martin Luther King, Chomsky, Miranda, Artigas y Che Guevara.
Evo Morales es algo más autóctono y andino. En su discurso de investidura pidió un minuto de silencio para Manco Inca, Tupaj Katari, Tupac Amaru, Bartolina Sisa, Zárate Villca, Atihuaiqui Tumpa, Andrés Ibañez, Ché Guevara, Marcelo Quiroga Santa Cruz, para muchos de mis hermanos caídos, cocaleros de la zona del trópico de Cochabamba, por los hermanos caídos en la defensa de la dignidad del pueblo alteño, de los mineros, de miles, de millones de seres humanos que han caído en toda América.
Las citas de Ollanta Humalla, posible vencedor en Perú, no son relevantes hasta que no consiga su probable victoria. Las de Castro son más difíciles de sintetizar porque es el dirigente mundial que más tiempo ha hablado en público en los últimos cien años. Hay de todo y muy revuelto.
Las referencias a grandes iconos de la historia son numerosas, variadas y a veces contradictorias. Me consuela que la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, la primera mujer que ocupa la presidencia del país, de centroizquierda, es mucho más homologable y menos personalista. Agradeció la nueva presidenta al tomar posesión la “confianza que han depositado en mí por invitarme a recorrer con ustedes el camino de la libertad, de la igualdad y de la prosperidad. Este no es el triunfo de una sola persona, ni de un solo partido, ni de una coalición. Es el triunfo de todos nosotros”.
No todos los gobiernos de izquierda en América Latina son iguales. Ni todos caudillistas y demagogos. El brasileño Lula y la chilena Bachelet han construido sus discursos con coherencia y sabiendo que dependen de las urnas para revalidar sus mandatos. En Cuba, Venezuela, Bolivia y quizás Perú pretenden que el el proceso acabe con ellos para evitar el desastre. Ni rastro de la Ilustración, de Churchill, Roosevelt, Monet, Kant, Locke, Hume, Montesquieu, Platón, Hobbes, Popper, Keynes. Ni siquiera saben moverse entre los hilos de Maquiavelo y Gramsci. No llegarán muy lejos.
El repertorio del lider bolivariano, Hugo Chávez, es extenso y variado. Ahí van unos cuantos citados de forma inconexa: Marx, Mao-tse-Tung, Jesucristo, el niño Lazarito, Perón, Fidel Castro, San Martín, Eva Perón, Rosa Luxemburgo, ex combatientes de Malvinas, Pérez Esquivel, José Martí, Hebe Bonafini, Bolívar, Martin Luther King, Chomsky, Miranda, Artigas y Che Guevara.
Evo Morales es algo más autóctono y andino. En su discurso de investidura pidió un minuto de silencio para Manco Inca, Tupaj Katari, Tupac Amaru, Bartolina Sisa, Zárate Villca, Atihuaiqui Tumpa, Andrés Ibañez, Ché Guevara, Marcelo Quiroga Santa Cruz, para muchos de mis hermanos caídos, cocaleros de la zona del trópico de Cochabamba, por los hermanos caídos en la defensa de la dignidad del pueblo alteño, de los mineros, de miles, de millones de seres humanos que han caído en toda América.
Las citas de Ollanta Humalla, posible vencedor en Perú, no son relevantes hasta que no consiga su probable victoria. Las de Castro son más difíciles de sintetizar porque es el dirigente mundial que más tiempo ha hablado en público en los últimos cien años. Hay de todo y muy revuelto.
Las referencias a grandes iconos de la historia son numerosas, variadas y a veces contradictorias. Me consuela que la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, la primera mujer que ocupa la presidencia del país, de centroizquierda, es mucho más homologable y menos personalista. Agradeció la nueva presidenta al tomar posesión la “confianza que han depositado en mí por invitarme a recorrer con ustedes el camino de la libertad, de la igualdad y de la prosperidad. Este no es el triunfo de una sola persona, ni de un solo partido, ni de una coalición. Es el triunfo de todos nosotros”.
No todos los gobiernos de izquierda en América Latina son iguales. Ni todos caudillistas y demagogos. El brasileño Lula y la chilena Bachelet han construido sus discursos con coherencia y sabiendo que dependen de las urnas para revalidar sus mandatos. En Cuba, Venezuela, Bolivia y quizás Perú pretenden que el el proceso acabe con ellos para evitar el desastre. Ni rastro de la Ilustración, de Churchill, Roosevelt, Monet, Kant, Locke, Hume, Montesquieu, Platón, Hobbes, Popper, Keynes. Ni siquiera saben moverse entre los hilos de Maquiavelo y Gramsci. No llegarán muy lejos.
martes, mayo 02, 2006
Carpe diem europeo
Tony Blair se tambalea mientras los escándalos le estallan de dos en dos. Dijo que se retiraría antes de terminar la legislatura pero puede que lo haga sin que decida él el momento y las circunstancias.
En Italia se ha producido finalmente el relevo y Romano Prodi tendrá que escenificar el cambio contando con la mitad aproximada de los electores. La alianza de Berlusconi, con "Il Cavaliere" en la oposición o en la sombra, le hará la vida imposible.
El gobierno francés tiene que retirar las reformas y el primer ministro Dominique de Villepin, enarca e intelectual incuestionable, se presenta ante la Asamblea Nacional implorando lacrimosamente que no cometan más injusticias con él. Que Chirac ni el primer ministro tienen nada que ver con las instrucciones de espiar al ministro del Interior, Nicolas Sarkosy, aspirante a la presidencia. Insólito.
Los alemanes se lo están tomando con más racionalidad y pretenden salir de la crisis con un gobierno de gran coalición que ha convertido a Ángela Merkel en una estrella internacional pero que empieza a ser cuestionada en el interior.
La España de Zapatero se ha lanzado a grandes reformas estructurales y sociales. Si le salen bien pasará a la historia pero la mitad de España no está entusiasmada con sus reformas. El Partido Popular las discute milímetro a milímetro.
En Cataluña estamos descifranco qué significa el voto nulo político que promueve Esquerra Republicana. No es que sea complicada la política catalana. Lo que pasa es que es difícil comprenderla.
Europa está desorientada, perdida en laberintos nacionales, y no recupera aquel aliento de esperanza y crecimiento que se vivió hasta que franceses y holandeses dijeron no a la nueva Constitución. Pensar que porque el crecimiento no es negativo no hay preocuparse, es una falacia.
Vivimos por encima de nuestras posibilidades, pendientes de que los tipos de interés no se calienten demasiado y endeudándonos más allá de nuestras posibilidades. Pero las bolsas suben, hay un inquietante optimismo, una virtualidad ambiental, que puede desembocar en una crisis de grandes dimensiones.
Cuando alguien habla de valores, de esfuerzo, de solidaridad, de dar sin esperar recibir para que la sociedad prospere en su conjunto, parece que no va con nosotros. Hemos pasado de la España va bien de Aznar a no sabemos cómo va la España de Zapatero. Mientras tanto, carpe diem.
En Italia se ha producido finalmente el relevo y Romano Prodi tendrá que escenificar el cambio contando con la mitad aproximada de los electores. La alianza de Berlusconi, con "Il Cavaliere" en la oposición o en la sombra, le hará la vida imposible.
El gobierno francés tiene que retirar las reformas y el primer ministro Dominique de Villepin, enarca e intelectual incuestionable, se presenta ante la Asamblea Nacional implorando lacrimosamente que no cometan más injusticias con él. Que Chirac ni el primer ministro tienen nada que ver con las instrucciones de espiar al ministro del Interior, Nicolas Sarkosy, aspirante a la presidencia. Insólito.
Los alemanes se lo están tomando con más racionalidad y pretenden salir de la crisis con un gobierno de gran coalición que ha convertido a Ángela Merkel en una estrella internacional pero que empieza a ser cuestionada en el interior.
La España de Zapatero se ha lanzado a grandes reformas estructurales y sociales. Si le salen bien pasará a la historia pero la mitad de España no está entusiasmada con sus reformas. El Partido Popular las discute milímetro a milímetro.
En Cataluña estamos descifranco qué significa el voto nulo político que promueve Esquerra Republicana. No es que sea complicada la política catalana. Lo que pasa es que es difícil comprenderla.
Europa está desorientada, perdida en laberintos nacionales, y no recupera aquel aliento de esperanza y crecimiento que se vivió hasta que franceses y holandeses dijeron no a la nueva Constitución. Pensar que porque el crecimiento no es negativo no hay preocuparse, es una falacia.
Vivimos por encima de nuestras posibilidades, pendientes de que los tipos de interés no se calienten demasiado y endeudándonos más allá de nuestras posibilidades. Pero las bolsas suben, hay un inquietante optimismo, una virtualidad ambiental, que puede desembocar en una crisis de grandes dimensiones.
Cuando alguien habla de valores, de esfuerzo, de solidaridad, de dar sin esperar recibir para que la sociedad prospere en su conjunto, parece que no va con nosotros. Hemos pasado de la España va bien de Aznar a no sabemos cómo va la España de Zapatero. Mientras tanto, carpe diem.
lunes, mayo 01, 2006
Historia, culpa y perdón
El líder de la comunidad judía de Alemania, más de cien mil judíos en la actualidad comparados con casi setecientos mil al comenzar la guerra en 1939, ha muerto. Los tributos de las autoridades germanas han sido generales y generosos.
Paul Spiegel nació en 1937 y huyó con sus padres a Bélgica que fue ocupada en 1940 donde se continuó con la persecución sistemática e implacable de los judíos. Su madre entregó al joven Paul a una familia de agricultores católicos belgas y ella misma se escondió en Bruselas. Su padre, un comerciante de cereales, sobrevivió los campos de concentración de Buchenwald, Auschwitz y Dachau. Su hermana mayor fue detenida por la Gestapo y nunca se supo nada más de ella.
El joven Spiegel regresó a Alemania a pesar del Holocausto porque era su país y porque tenía fe en que Alemania recuperaría la democracia. Practicó el periodismo en un semanario judío, fue portavoz de un grupo bancario y finalmente montó una empresa como agente de actividades teatrales.
Al convertirse en presidente del Consejo Central de los Judíos en Alemania fue una referencia tanto para defender a su comunidad de los ataques de la extrema derecha como para recordar y pedir razonablemente las deudas que el Estado alemán tenía pendientes con los judíos que habían sido tratados como esclavos.
Alemania es un ejemplo nada frecuente de revisión de su memoria histórica tras la tragedia perpetrada por un régimen siniestro durante trece años. Dice Helmut Schmidt, ex candiller, que la principal causa de las diferencias entre Japón y Alemania es que los japoneses les ha faltado el sentido de la culpabilidad mientras que a los alemanes lo han aplicado casi sin excepciones.
Jorge Semprún estuvo internado en un campo de exterminio alemán. En su libro “La escritura o la vida” dice que “mi propósito consiste en afirmar que las mismas experiencias políticas que hacen que la historia de Alemania sea una historia trágica, también pueden permitirle situarse en la vanguardia de una expansión democrática y universalista de la idea de Europa”.
La generosidad de Alemania en la construcción europea es más que evidente. Cabe pensar que lo hiciera para ahuyentar sus fantasmas pero es indiscutible que el éxito de la actual Unión Europea es atribuible en buena parte a todos los gobiernos, desde Konrad Adenauer hasta Ángela Merkel.
El canciller Kohl, injustamente tratado en su caída política, dijo en la Universidad de Lovaina que la construcción europea, con todas sus dificultades y contradicciones, era el mejor antídoto para que Europa no se entregara nuevamente a la guerra en el siglo XXI.
Alemania ha hecho más que recuperar su memoria histórica. La ha asumido con todas sus consecuencias. Pocos gestos han sido más emotivos que la visita del canciller Willy Brandt a Varsovia y arrodillarse ante un monumento a los cientos de miles de judíos que fueron víctimas del nazismo.
La memoria histórica es inseparable del sentimiento de culpa y de perdón. No puede ser selectiva ni mantener el odio, el rencor y las venganzas hacia los errores de los antepasados. Tampoco puede convertirse en un elemento de reivindicación propagandística de lamentables hechos del pasado.
Soy muy partidario de no dejar desaparecer en el olvido cuanto ocurrió en nuestro país el siglo que acabamos de dejar. He leído miles de las millones de páginas que se han publicado sobre la República y la Guerra Civil. Es preciso conocer lo que pasó para que no se repita. Pero hay que saberlo todo, conocer tanto mal que se cometió en nombre del bien, el de los unos y de los otros. Desde 1931 pero también desde 1939. En vez de fragmentar los hechos hay que ponerlos en su contexto. Y todos, en la medida que les corresponda, pedir perdón.
Paul Spiegel nació en 1937 y huyó con sus padres a Bélgica que fue ocupada en 1940 donde se continuó con la persecución sistemática e implacable de los judíos. Su madre entregó al joven Paul a una familia de agricultores católicos belgas y ella misma se escondió en Bruselas. Su padre, un comerciante de cereales, sobrevivió los campos de concentración de Buchenwald, Auschwitz y Dachau. Su hermana mayor fue detenida por la Gestapo y nunca se supo nada más de ella.
El joven Spiegel regresó a Alemania a pesar del Holocausto porque era su país y porque tenía fe en que Alemania recuperaría la democracia. Practicó el periodismo en un semanario judío, fue portavoz de un grupo bancario y finalmente montó una empresa como agente de actividades teatrales.
Al convertirse en presidente del Consejo Central de los Judíos en Alemania fue una referencia tanto para defender a su comunidad de los ataques de la extrema derecha como para recordar y pedir razonablemente las deudas que el Estado alemán tenía pendientes con los judíos que habían sido tratados como esclavos.
Alemania es un ejemplo nada frecuente de revisión de su memoria histórica tras la tragedia perpetrada por un régimen siniestro durante trece años. Dice Helmut Schmidt, ex candiller, que la principal causa de las diferencias entre Japón y Alemania es que los japoneses les ha faltado el sentido de la culpabilidad mientras que a los alemanes lo han aplicado casi sin excepciones.
Jorge Semprún estuvo internado en un campo de exterminio alemán. En su libro “La escritura o la vida” dice que “mi propósito consiste en afirmar que las mismas experiencias políticas que hacen que la historia de Alemania sea una historia trágica, también pueden permitirle situarse en la vanguardia de una expansión democrática y universalista de la idea de Europa”.
La generosidad de Alemania en la construcción europea es más que evidente. Cabe pensar que lo hiciera para ahuyentar sus fantasmas pero es indiscutible que el éxito de la actual Unión Europea es atribuible en buena parte a todos los gobiernos, desde Konrad Adenauer hasta Ángela Merkel.
El canciller Kohl, injustamente tratado en su caída política, dijo en la Universidad de Lovaina que la construcción europea, con todas sus dificultades y contradicciones, era el mejor antídoto para que Europa no se entregara nuevamente a la guerra en el siglo XXI.
Alemania ha hecho más que recuperar su memoria histórica. La ha asumido con todas sus consecuencias. Pocos gestos han sido más emotivos que la visita del canciller Willy Brandt a Varsovia y arrodillarse ante un monumento a los cientos de miles de judíos que fueron víctimas del nazismo.
La memoria histórica es inseparable del sentimiento de culpa y de perdón. No puede ser selectiva ni mantener el odio, el rencor y las venganzas hacia los errores de los antepasados. Tampoco puede convertirse en un elemento de reivindicación propagandística de lamentables hechos del pasado.
Soy muy partidario de no dejar desaparecer en el olvido cuanto ocurrió en nuestro país el siglo que acabamos de dejar. He leído miles de las millones de páginas que se han publicado sobre la República y la Guerra Civil. Es preciso conocer lo que pasó para que no se repita. Pero hay que saberlo todo, conocer tanto mal que se cometió en nombre del bien, el de los unos y de los otros. Desde 1931 pero también desde 1939. En vez de fragmentar los hechos hay que ponerlos en su contexto. Y todos, en la medida que les corresponda, pedir perdón.
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