miércoles, noviembre 30, 2005

Lo que es bueno para General Motors...

Lo que es bueno para la General Motors es bueno para América. Así lucía el slogan de la gran empresa norteamericana a partir de los años veinte. Estados Unidos tenía sólo un coche para cada diez habitantes en 1922.

La General Motors impulsó una campaña en todos los frentes que años más tarde primaría el transporte privado sobre el público. Se construyeron las redes de autopistas, se debilitaron las infraestructuras ferroviarias hasta que el coche individual formó parte del paisaje de la vida americana.

Las grandes conglomeraciones industriales y financieras han dibujado el panorama de la economía occidental. Una gran multinacional puede tener intereses fabricando coches, importar petróleo, controlar las infraestructuras de uno o varios sectores y marcar los ritmos de la productividad de un gran país.

El mundo ha cambiado de tal forma que este modelo atraviesa dificultades. Demasiado volumen para estar al día en una sociedad cada vez más fragmentada por los gustos, el consumo, la competencia y la cultura de la sociedad global cada vez más exigente desde los pequeños espacios de los usuarios del planeta.

General Motors ya no es lo que era. Acaba de anunciar el cierre de nueve plantas y el despido de treinta mil trabajadores para 2008. GM no es competitiva ante la aparición de las pequeñas marcas, japonesas o coreanas, que con menos costes producen iguales o mejores productos.

La concentración de poderes industriales funcionó durante varias generaciones. Irónicamente, la globalización beneficia a la mayoría de ciudadanos del planeta pero no desde estructuras rígidas sino desde la flexibilidad imprescindible para afrontar los nuevos retos.

¿Estamos mejor? No lo sé. Pero es lo que hay.

lunes, noviembre 28, 2005

Imposiciones y proposiciones

Charles Taylor es uno de los pensadores vivos más acreditados. Acabo de leer uno de sus libros, "El multiculturalismo y la política del reconocimiento". Dice que una "sociedad con poderosas metas colectivas puede ser liberal siempre que también sea capaz de respetar la diversidad, especialmente al tratar a aquellos que no comparten sus metas comunes y siempre que pueda ofrecer salvaguardias adecuadas para los derechos fundamentales".

Pongan los nombres y apellidos que quieran para comprender desde la racionalidad el barullo con el que nos despertamos cada día. La razón no la pueden tener todos al cien por cien. La política es el arbitraje entre los intereses contrapuestos de los ciudadanos. Sobran imposiciones y faltan proposiciones.

Se me ocurre que la democracia no es solamente una cuestión de procedimiento sino de ideas, de ideales y de compromisos con la moralidad y con la verdad.

viernes, noviembre 25, 2005

Constitución y pasaporte

Dos personajes de la vida pública española han aparecido con dos documentos en la mano para defender sus argumentos.

El primero fue Manuel Pizarro, presidente de Endesa, que se presentó con un ejemplar de la Constitución española de 1978, edición de lujo, tapa dura, para rebatir los argumentos de la Opa que Gas Natural le había presentado hostilmente.

El segundo es Carmelo Paniagua, presidente de la Federación Española de Patinaje, que el jueves blandió su pasaporte español ante las cámaras en Roma para justificar su rechazo a las aspiraciones de la federación catalana a ser reconocida internacionalmente.

No voy a entrar en las posiciones de Pizarro y de Paniagua. Tienen todo el derecho a exhibir los documentos que tengan a mano para defender sus causas. Los dos, la Constitución y el pasaporte, son legales. Son la máxima legalidad española y ciudadana.

Pero para defender posiciones prefiero los argumentos que no son mejores o peores por el hecho de que se acompañen con documentos de tanta relevancia.

Debe ser una costumbre hispánica porque no la he visto practicar en ninguna parte del mundo. Se me ocurre pensar que esta moda no va a prosperar en la era globalizada. Tony Blair, por ejemplo, no lo podría hacer porque por no tener, los británicos, ni siquiera tienen Constitución escrita.

miércoles, noviembre 23, 2005

La trayectoria de Sharon

Hay biografías de personajes públicos que dan quiebros inesperados en la última o penúltima esquina de su vida profesional. Hay excepciones como la de Talleyrand cuya trayectoria es una constante huída hacia adelante cayendo siempre de pie y manteniéndose imprescindible para los vencedores de todos los regímenes nuevos y distintos.

Las biografías personales y públicas suelen evolucionar de forma previsible. La sorpresa llega cuando desde un cargo público se toma una decisión que rompe con la trayectoria del personaje. Me encontraba en África del Sur cuando el Rey nombró presidente del gobierno a Adolfo Suárez en junio de 1976. Malo, pensé. Un franquista seguirá siendo un franquista. Y me equivoqué.

Cuando Gorbachev pronunciaba el discurso de apertura en el último congreso del PCUS le escuchaba desde una sala del Kremlin. Palabras, palabras, pensé. La “glasnost” y la “perestroika” serán más de lo mismo. Y me equivoqué sin advertir que aquel hombre estaba desmontando un régimen y un imperio.

Un actor de cine mediocre no puede ser presidente de Estados Unidos, pensé también en noviembre de 1980, observando las elecciones desde Londres. Ronald Reagan ha sido uno de los presidentes mejor valorados por los americanos, según las encuestas echas públicas a su muerte.

No pensé nunca que podría reconsiderar la figura de Sharon, cuya visión militarista arranca de los años cincuenta cuando encabezaba comandos rápidos y letales contra los árabes. En la guerra de 1973 dirigió el cruce del Canal de Suez que acabó con la guerra del Yom Kippur. En 1982 protagonizó la invasión del sur de Líbano y fue declarado culpable por una comisión de investigación israelí de las matanzas en dos campos al sur de Beirut.

Su provocativa aparición en la explanada de las mezquitas de Jerusalén, rodeado de policías y soldados, provocó la segunda intifada palestina. Los asentamientos hebreos en Gaza y Cisjordania son una de sus iniciativas como también es suya la desproporcionada represalia a los atentados terroristas de los palestinos.

Ese Sharon no es el que ahora ha roto con el Likud y se presenta sin partido a las próximas elecciones para fijar definitivamente las fronteras entre israelíes y palestinos. Es el Sharon que quiere la paz porque ha comprobado que su política de fuerza sólo ha generado más violencia. Me parece bien ese giro copernicano a la espera de que la historia diga que fue un acierto para israelíes y palestinos .

lunes, noviembre 21, 2005

Somos gente normal

En la entrada del Centro Nacional de Prensa de Washington, varios pisos más arriba del que fue un día mi oficina de este diario en la capital americana, había una inscripción en el dintel de la puerta que se atribuía a Abraham Lincoln, el presidente asesinado en un teatro de la ciudad. Decía que “Dios prefiere a la gente normal, por eso ha hecho tanta”.

Al presidente Truman le echaban en cara que fuese un tipo normal, un “common man”, en la campaña electoral en la que se batía con Thomas Dewey. El Chicago Tribune cometió una pifia histórica al darle como vencedor en una memorable noche electoral que acabó perdiendo.

Harry Truman respondía a las acusaciones diciendo “what's wrong being a common man”? Ganó las elecciones de 1948 porque la mayoría de americanos se consideraban tan normales como él.

Afortunadamente, la mayoría de la gente somos normales, nos situamos en el centro de la gran corriente social, y nos sorprenden las batallas a vida o muerte que se libran desde los extremos en nombre de causas extremas, unitarias, por no decir autoritarias.

Lo normal es que haya muchas empresas de este país que hagan negocios con Castilla León, con Catalunya, con Asturias, con China o con Uruguay. La gente normal madruga, acude al trabajo con o sin ganas, escucha la radio, ve la televisión, tiene problemas con su jefe, se enfada y se alegra de las vicisitudes de su profesión, está contenta si le aumentan el sueldo y se resigna si sigue cobrando lo mismo. Se entrega al sueño cansada y confía en que el mañana será más generoso con su vida.

La gente normal tiene una satisfacción íntima, inexplicable, si su equipo, el Barça, da una lección de fútbol en el Bernabéu. Y también son normales los madrileños que se rinden a la evidencia de Ronaldinho y aplauden al gaucho aunque sus aplausos vayan dirigidos a don Florentino.

A la gente normal les gusta la pesca, ir a buscar setas, el fútbol, el baloncesto o la ornitología. Leer buena o mala literatura, ir al cine y recorrer su ciudad en bicicleta una mañana de domingo.

Es normal la gente que cuida a sus mayores, se sacrifica por ellos, se preocupa por la educación de sus hijos. Hay no creyentes que llevan a sus niños o niñas a un colegio católico y hay católicos que prefieren confiar la educación a colegios públicos.Hay católicos divorciados y progresistas que no se han separado y no tienen intención de hacerlo.

Lo normal es que la gente viaje, que conozca otros mundos, que estudie con becas Erasmus en las universidades más insospechadas de Europa. Es normal que miles de estudiantes se doctoren en universidades americanas, británicas o canadienses. Y al revés.

Barcelona es un sorprendente fenómeno de normalidad. Este año se calcula que unos trece millones de turistas y visitantes se paseen por la ciudad en todas las épocas del año. No vienen porque hablamos catalán o porque hayamos enviado un Estatut a Madrid o porque el Barça sea el mejor de todos. Vienen porque hay muchos hoteles, porque la ciudad tiene atractivo y porque la cocina del país es excelente. Y porque los precios del transporte aéreo son más asequibles que nunca.

Lo que no es normal es el circo organizado por políticos y periodistas como si fuéramos un país de gentes subnormales. Desde las trincheras mediáticas, políticas, financieras y funcionariales se ha organizado una guerra con un lenguaje premoderno y vengativo.

Caben dos posibilidades ante este lamentable espectáculo: unirse al circuito político mediático que nos trata como subnormales o seguir en la normalidad y observar la realidad con asombro, con cierta ironía distante y con sentido del humor. Les aconsejo lo segundo.

viernes, noviembre 18, 2005

Memoria histórica

Voy a ser provocativo. Soy partidario de la memoria histórica, de conocer lo que nos ha pasado para no caer en los endémicos errores cometidos colectivamente por haber olvidado nuestra historia.

Si hay que desenterrar la historia, hagámoslo seriamente, con rigor, sin caer en el cainismo de los buenos y malos. La guerra civil española fue una catástrofe colectiva, fratricida, en la que las responsabilidades se repartieron.

La habíamos enterrado sabiamente en 1978. No por borrar el pasado sino para olvidarlo y construir el futuro desde la conviviencia. Franco arrasó las tierras hispánicas conquistadas. La revisión histórica de los Pio Moa y César Vidal han urgado en la herida y quieren culpar exclusivamente a socialistas, comunistas y nacionalistas del gran desastre

No es cierto. Como tampoco es cierto que el llamado bando nacional, la derecha, fueran los únicos responsables de la tragedia que todavía nos atormenta a todos y que Antonio Machado, en aquellos tiempos, resumía de forma tan lúcida y acertada en su famoso poema:

"Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza.
Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza.
Entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.
Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios"

Me gustaría que a nadie más se le helara el corazón. Pero vemos que desde las dos orillas hay quien se empeña en que vivamos atormentados todavía por aquella desgarradora y fratricida realidad.

Cuando la Alemania nazi perdió la guerra fue juzgada militar, política y moralmente. Los alemanes fueron humillados por las potencias vencedoras. Hoy es improbable que Alemania vuelva a cometer aquellos crímenes contra la dignidad humana en la que tantos alemanes participaron activa o pasivamente.

Pero cuando en 1989 cayó el comunismo, los europeos no llegamos nunca a condenarlo como una monstruosidad moral y política. Nos contentamos con un suave juicio político diciendo levemente que aquel sistema que sacrificó a millones de hombres y mujeres "no funcionaba".

Los Gulag fueron un incidente de la historia. No es así. Fueron tan indignos y miserables como los campos de exterminio nazis. Los primeros se cometieron en nombre del "hombre nuevo" mientras que los segundos se perpetraban en nombre de una "raza pura". Ay, cuando alguien promueve un hombre nuevo o un nuevo orden. Hay que huir despavorido. Todo es muy viejo, tan viejo, que siempre vuelve.

miércoles, noviembre 16, 2005

Los chinos despiertan

China se ha abierto al mundo con mentalidad calculada, sin dar lecciones a nadie, sin libertades internas, oficialmente comunista, con mucho trabajo y con su propio peso demográfico y económico. El presidente Hu Jintao visitó España esta semana y en los próximos días recibirá a George Bush en Pekín.

China no es un país emergente. Está flotando como un gigantesco bloque en el mundo globalizado invadiendo mercados y recibiendo millonarias inversiones de capital occidental. Mantiene una política exterior prudente y rectilínea, crece en proporciones muy elevadas y procura tener buenas relaciones con los catorce países vecinos que la circundan con la excepción del litigio histórico que tiene con el Tíbet. Se considera el Imperio del Centro que proclamaron sus dinastías milenarias. Una sexta parte de los humanos son chinos.

Es una potencia respetable la que encontrará Bush este fin de semana. Tuve el privilegio de asistir en los jardines de la Casa Blanca cuando el helicóptero despegaba de Washington para trasladar a Nixon a China en febrero de 1972 para restablecer las relaciones. El año siguiente el penúltimo gobierno de Franco establecía relaciones diplomáticas con Pekín y con Moscú.

Hay quien vaticina que la hegemonía mundial tendrá color amarillo dentro de poco. Pero queda un largo trecho. La economía americana es siete veces superior a la china, la de la Unión Europea la cuadriplica y la japonesa la triplica. Pero China ha despertado como preconizaba André Malraux y ahí está para competir globalmente, con un régimen totalitario y con cientos de millones de chinos y chinas que siguieron los consejos de Deng Xiaoping cuando les decía que el mercado y el dinero eran compatibles con los retratos de los cuatro barbudos que cada primer de octubre presidían la fiesta nacional: Marx, Engels, Stalin y Lenin.

China avanza porque trabaja. El “Pew Research Center” de Washington acaba de publicar un estudio en el que se coloca a China como primer país del mundo en el que los ciudadanos tienen más esperanza en el futuro. Me ha sorprendido encontrar en el informe a España en cuarto lugar después de Jordania y Pakistán.

El hecho es que China cuenta y mucho. Margaret Albright ya no podría decir hoy que Estados Unidos es el “país imprescindible”. Tampoco lo son la UE ni Japón. Derribados los bloques han salido nuevos y competitivos gigantes que ya no se limitan a las clásicas potencias occidentales.

lunes, noviembre 14, 2005

Las aguas bajan turbias

Me comenta un lector fiel que me sigue a través de la red sin que se le escape nada de lo que escribo que está preocupado por “la utilización partidista, religiosa y política de estos sucesos patrios, en los que veo muchas cañas pescando en este río revuelto”.

Mi interlocutor es un madrileño afincado en Barcelona, hombre leído y viajado, sutilmente escéptico, empresario de dimensiones medias, que sigue con interés por no decir pasión la actualidad.

El río baja revuelto y muchas cañas están paradas en espera de que algún pez, grande o pequeño, pique el anzuelo. Pero en estas riadas de aguas turbulentas la buena pesca no abunda y no hay que sorprenderse de que cuando el hilo se tensa se acabe arrancando un zapato, un coche quemado o una bandera de cualquier simbología.

Los pescadores profesionales saben que faenar en es perder el tiempo y gastar energías innecesarias. Los bancos de la buena pesca navegan por aguas tranquilas, transparentes y tranquilas.

Las aguas europeas están turbias. En Alemania podemos encontrarnos con una canciller de centro derecha presidiendo un gobierno de mayoría socialdemócrata para acometer las reformas pendientes y, de paso, revisar el sistema federal que aquí defiende con tanta ilusión Pasqual Maragall.

Los británicos le niegan a Tony Blair unas leyes antiterroristas que vulneran la tradicional presunción de inocencia y que pretendían prolongar la detención sin cargos durante noventa días. Blair tiene que recuperar el espacio perdido a pesar de que su éxito no estuvo en cambiar el país sino en cambiar su partido.

Italia, qué les voy a contar que no sepan, con un primer ministro que es el hombre más rico del país, tiene prácticamente todas las televisiones y parte de la prensa a su servicio y que intenta introducir leyes que le garanticen su inmunidad el día que abandone el poder. A pesar de todo se pone de los nervios cuando un personaje como Adriano Cedentano, salido de la noche de los tiempos, se atreve a presentar un programa en clave de humor en el que ridiculiza a Berlusconi y su particular estilo de hacer política.

En Francia, ni los franceses con su potente plantilla de intelectuales son capaces de formular un diagnóstico que nos explica qué está pasando exactamente.

Se distribuye la ciudadanía francesa pero se les sigue llamando inmigrantes de segunda o tercera generación. Al diferencial étnico hay que unir el diferencial social que impide a esos jóvenes que recurren a la violencia porque no pueden salir de sus barrios el fin de semana con sus propios coches y tienen que contentarse con viajar hacinados en los transportes públicos.

Se dedican a asaltar sus propias escuelas y quemar los coches de sus vecinos, en una mezcla de envidia, de frustración y de venganza social, mientras el gobierno de la “ley y el orden” impone el estado de queda en media Francia.

En España, volvemos a principios del siglo pasado con tres problemas que han revuelto las aguas nacionales con una constancia inalterable: la estructura territorial con Catalunya como telón de fondo, la Iglesia, esta vez con la sexta ley de educación y la reforma agraria que en este caso podría equipararse, puesto que el sector agrario ya no es decisivo, con la OPA de Gas Natural que pretende “que los catalanes controlen la energía de todos los españoles”. No hemos avanzado mucho y no salimos de la premodernidad.

Nadie habla aquí del problema de la inmigración que tiene mucho que ver con el decrecimiento demográfico. Y las encuestas empiezan a señalar un cambio en la política española. La caña del PP está tensa y puede recuperar el poder perdido por las aguas que todos hemos revuelto.

viernes, noviembre 11, 2005

Problemas europeos

El modelo europeo está en revisión. Francia, la de los derechos universales, es incapaz ni siquiera de encontrar un diagnóstico sobre una revuelta de los más desheredados, ciudadanos franceses que malviven en comunidades que comparten una religión que no es la de los valores republicanos.

Alemania no consigue formar gobierno después de dos meses de haberse celebrado las elecciones. Es el gigante económico de Europa.

El gobierno británico se ha enredado en unas leyes excesivas sobre cómo combatir el terror y Tony Blair ya sufrido la primera derrota en ocho años. La libertad y la seguridad se dieron de bruces y los británicos no han querido aprobar un plan del gobierno que pretendía detener sin pruebas durante noventa días a los sospechosos de ser terroristas.

En España, ya lo ven, con lo que cae en el mundo estamos en los derechos históricos, las reformas estatutarias y enfrascados en un debate sobre la unidad nacional.

Los italianos tienen como primer ministro al hombre más rico de Italia, el que controla los medios de comunicación y el que pretende aprobar leyes que le garanticen su inmunidad por las causas judiciales que tiene pendientes.

Pero el modelo americano tiene sus problemas. Resulta que se fue a una guerra porque un país dictatorial disponía de armas de destrucción masiva y a los pocos meses, según la RAI que no ha sido desmentida por el Pentágono, las tropas invasoras utilizaron armas de destrucción masiva contra los insurrectos o terroristas de Falluja. El terrorismo alcanza a Amman, Madrid, Londres, Nueva York y lo que nos queda por ver.

Las democracias no están en crisis por la sencilla razón de que lo propio de las democracias son las crisis que se superan para entrar en otras nuevas e inesperadas crisis. Las democracias manejan las imperfecciones de la sociedad y evitan que alguien se levante con recetas perfeccionistas que acaban perjudicando a los hombres y mujeres que pretendían proteger.

Estos cambios tan profundos que pasan por delante de nuestras narices no son detectados ni por las clases políticas de las democracias ni tampoco por el análisis de los periodistas que corremos paralelamente con los políticos, cabalgando los mismos o parecidos caballos, mientras el gran público contempla estupefacto el espectáculo.

La democracia funciona. Lo que no funciona es quienes la estamos instrumentalizando desde todos los ángulos posibles. Europa no se ha enfrentado con éxito al fenómeno de tantos millones de sobrevenidos que no han podido, no han sabido y, sobre todo, no les hemos dejado incorporar a nuestro sistema económico y social. No se han incorporado a la meritocracia y les dejamos en las orillas de la sociedad donde se organizan desde la desesperación.

El problema es que muchos de estos sobrevenidos son personas a las que hay que tratar como personas con todas las diferencias que lleven a cuestas. Piensan que llegan a un espacio de oportunidades y comprueban amargamente que se las negamos. Tenemos un problema, todos, y no sabemos cómo resolverlo.

Los llamados valores republicanos, democráticos, los proclamamos retóricamente pero los negamos en la práctica. Pasarán muchas cosas inesperadas en los próximos tiempos. Políticos y periodistas nos dedicaremos a analizar por qué fuimos tan ciegos para no detectar los problemas que se incubaban.

La minoría de recurre a la violencia con un discurso de odio hacia lo que pensamos que son nuestros valores puede ganar nuevos adeptos. Serán de procedencia musulmana o de procedencia democrática. Pero tendrán como telón de fondo la injusticia.

miércoles, noviembre 09, 2005

La primera derrota de Blair

Es muy difícil seguir la lógica de la ética política en tiempos de guerra o cuando el terrorismo siembra el miedo en una sociedad que ha sido sacudida por atentados indiscriminados con docenas de muertos.

Tony Blair ha sufrido su primera derrota en los Comunes después de ocho años de gobierno. El planteamiento de Blair es que “no estamos viviendo en un estado policial pero vivimos en un país que se enfrenta a una amenaza seria y real del terrorismo”.

Para combatirlo, el primer ministro propone la detención de sospechosos de terrorismo a una privación de libertad durante noventa días sin que se presenten cargos contra él. Los argumentos para que la ley para luchar contra el terror era imprescindible los exhibió a última hora advirtiendo que la policía había desactivado dos nuevos ataques terroristas después de los atentados del siete de julio.

Previendo que podía perder la votación lanzó una proclamación que sonaba a epitafio político: “algunas veces es mejor perder y hacer lo correcto que ganar y equivocarse”.

Perdió la votación porque conservadores, liberaldemócratas y varios de sus diputados laboristas consideraron que noventa días de detención sin cargos era demasiado. Blair era derrotado por primera vez por una cuestión de derechos de los hipotéticos agresores a la sociedad británica.

Se volvió a presentar una ley alternativa reduciendo el periodo de detención sin cargos a veintiocho días que ya son muchos. Fue aprobada evitando así que el primer ministro fuera humillado y precipitara su dimisión que él mismo ha anunciado que se va a producir antes de terminar la presente legislatura.

El peligro del terrorismo sobre las sociedades occidentales es real y lo hemos experimentado en Nueva York, Madrid y Londres. No se puede negar la evidencia y es responsabilidad de los gobiernos combatir con todos los medios legales estas amenazas.

Pero la historia demuestra que ninguna sociedad democrática ha sido derrotada por el terror. Los daños sufridos por las democracias han sido más bien debidos a la reacción desproporcionada para hacer frente a los peligros reales del terrorismo. Cuando un estado democrático decide utilizar todos los medios para reprimir a un grupo terrorista corre el peligro de fomentar más núcleos de terror y más propaganda para su causa.

Detener a un sospechoso y privarlo de libertad sin cargos durante noventa días no forma parte de la tradición liberal británica. A Blair se lo han recordado incluso varios de sus diputados laboristas que no le perdonan el haber ido a una guerra basada en una mentira.

lunes, noviembre 07, 2005

El problema de Francia es europeo

Las sucesivas noches de violencia en muchas ciudades francesas han obligado al presidente de la república, Jacques Chirac, a tomar cartas en el tema, con un discurso que pide la máxima prioridad para el retorno de la seguridad y el orden público. Nada nuevo.

Es lo que había manifestado y puesto en práctica el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, cuando hace doce días dos jóvenes morían electrocutados al refugiarse en unas alambradas de un tranformador de electricidad al ser perseguidos por la policía.

Se puede hablar de un conflicto de orden público. Pero es un conflicto social que puede extenderse y causar uno de esas convulsiones internas a las que Francia es sometida de vez en cuando. Puede ser oportuna la conocida frase de Metternich en el Congreso de Viena al término de las guerras napoleónicas: “cuando Francia estornuda, Europa se constipa”.

Lo que ocurre en los barrios más pobres y desestructurados de las ciudades francesas, vecindades de hijos de inmigrantes francesses que hoy gozan de plena ciudadanía, puede ocurrir en Barcelona, en Berlín o en Londres. Nicolas Sarkozy ha escrito un interesante libro que leí hace unos meses. Su título es “La République, les religions, l'espérance”.

Traza un fino análisis sobre el lugar que ocupa la religión en la República. Afirma que el derecho a vivir la religión propia es tan importante como el derecho de asociación, el de la libertad de expresión o el derecho a la presunción de inocencia. Es un derecho universal a la esperanza, dice el hoy atribulado Sarkozy.

Sarkozy sostiene en su libro que la responsabilidad primera del ministro del Interior es mantener el orden público que no es un fin en sí mismo, sino la condición del ejercicio de las libertades.El ministerio del Interior no puede ser el ministerio de la represión sino el que garantiza las grandes libertades, la de reunión, de manifestación, electoral, de asociación, de circulación y también la libertad de cultos.

A los dos días de la muerte de los dos jóvenes electrocutados, Sarkozy cometió un error al que se atribuye el desencadenamiento de la violencia de estos días que ya se ha cobrado la primera víctima mortal. Dijo que iba a aplicar la ley contra la chusma que estaba perturb ando la seguridad de los franceses. Esas palabras provocaron una reacción en cadena que hoy mantiene a los barrios marginales de Francia sin control.

Pero la crisis que vive Francia es la que preocupa y perturba a las democracias consolidadas en Europa. Es una crisis que puede arrancar del concepto que algunos de los más de cinco millones de musulmanes franceses que se consideran primero musulmanes y después ciudadanos. Justo al revés de lo que pretende la filosofía republicana francesa que es la de primero ciudadanos y luego creyentes.

Europa no sabe, no sabemos, cómo afrontar este conflicto que ahora mantiene en vilo a Francia que se resume en cómo tratar a los musulmanes que consideran priorataria su religión a las leyes de ciudadanía que todos intentamos cumplir. Lo más inquietante es que los representantes oficiales de la religión musulmana se ofrecen para pacificar la situación, no tanto siguiendo las leyes y costumbres republicanas sino de acuedo con sus propios códigos cívicos y morales.

Hay un conflicto religioso de fondo al que se añade la incapacidad de estos franceses hijos de inmigrantes de subir en la escala social y abandonar los guetos humanos y laborales en los que se encuentran porque la acomodada sociedad francesa, alemana, británica o española, les cierra las puertas. El conflicto era inevitable. Va a saltar las fronteras francesas.

miércoles, noviembre 02, 2005

Tres manos tendidas

Me quedo con las tres primeras intervenciones en el Congreso de Madrid para defender la tramitación del Estatut. Artur Mas, Manuela de Madre y Carod Rovira estuvieron correctos, construyeron un discurso largamente pensado y cada uno a su manera tendió una mano a España con elegancia y con una cierta candidez.

Me emocioné con los tres porque los tres hablaron con el corazón, tocaron la fibra de la catalanidad y lo hacían de forma respetuosa ante una parte del hemiciclo que los recibía de uñas.Los tres hablaron no sé cuantas veces de España cuando en el proyecto de Estatut se menciona en sólo dos ocasiones y casi porque no hay más remedio.

Me interesó el respeto que pedían a una propuesta que lleva el respaldo de casi el noventa por ciento del parlamento catalán. Al margen del griterío organizado en las puertas del Congreso por una minoría que sólo entiende la España única y descontando el ruido mediático que injusta y frívolamente precedió la sesión de ayer, los tres representantes del parlamento catalán me causaron una muy buena impreisón.

Artur Mas apeló a que nadie se dejara llevar por el miedo, el temor o el recelo y que España se reconociera a sí misma tal como es, plural y distinta. Dejen de instrumentalizar a Catalunya, dijo Mas, pensando que se pueden ganar o perder unas elecciones en España poniendo la causa catalana en la parrilla.

Me emocionó Manuela de Madre cuando trazaba su biografía al tener que abandonar su Huelva y cuando desde la catalanidad expresaba que nadie la iba a echar de Catalunya pero que tampoco nadie la iba a echar de España. Les damos la mano, no la desprecien, suplicó la diputada socialista que hablaba en nombre de su partido, socialista y catalán, y que no perdía de vista sus raíces andaluzas.

Me sorprendió también el respeto con que Carod se dirigía a una cámara en la que había muchos diputados que le habían insultado. Admitió Carod que se puede afeitar el texto estatutario pero no se puede desnaturalizar su espíritu. No nos cierren la puerta, dijo el líder tan vilipendiado en las Españas.

No voy a hablar del discurso del presidente Zapatero que me pareció precario y no alcanzó la visión de política de Estado que expresó en el debate del plan Ibarretxe. Ni de la rotunda negativa de Mariano Rajoy a tramitar el Estatut. El turno del resto de intervenciones forman parte del rifirafe que se avecina. Me quedo con los tres primeros porque extendían la mano y no podían dar miedo a nadie.