lunes, mayo 30, 2005

La Europa desconcertada

De todas las interpretaciones posibles sobre el no rotundo de los franceses a la Constitución europea me quiero fijar en dos que me parecen evidentes. La primera es que Francia ha perdido el liderazgo político en la Unión Europea y la segunda es que la Constitución, elaborada con la colaboración principal de mentes francesas, ha entrado en un estado caótico y posiblemente agónico.

El canciller Metternich, que movió los hilos de la diplomacia europea tras la derrota de Napoleón, decía que cuando Francia estornuda, Europa está constipada. Las ideas que han salido de Francia, desde las de la Ilustración que precedieron a la Revolución de 1789 hasta las de mayo de 1968, han tropezado siempre con una inicial resistencia en el continente.

Finalmente, las ideas de Francia se han ido abriendo paso en toda Europa, llegando a configurar sistemas políticos, modas literarias, costumbres y demás actitudes cívicas. De Francia han venido las ideas más frescas, innovadoras y modernas.

Los franceses que tuvieron la visión y el acierto de diseñar lo que hoy es la Unión Europea pretendían borrar del imaginario colectivo continental el horizonte de las guerras entre estados y naciones. El basta a la guerra pronunciado por aquellos padres de la nueva Europa tenía un punto de grandeza que consistía en crear un ámbito propio de convivencia y prosperidad a cambio de ceder en aquellos puntos que podían herir el orgullo nacional.

Desde que De Gaulle y Adenauer se repartieron los papeles en la construcción de la nueva Europa, se sabía que Francia era la depositaria del liderazgo político y que Alemania aportaba el motor económico. Presidentes franceses conservadores y cancilleres alemanes socialdemócratas se repartían los papeles.

El binomio funcionaba igual cuando Francia tenía un presidente de izquierdas como Mitterrand y Alemania un canciller conservador como Kohl. Este reparto de funciones ha continuado hasta el domingo, con un Chirac conservador y un Schröder socialdemócrata.

Europa ha llegado hasta aquí con la complicidad entre los partidos conservadores y socialdemócratas de todos los países que se han sumado a lo que hoy es la Unión Europea. Los resultados del referéndum del domingo han roto este equilibrio. El debate tan transversal como intenso que condujo al no ha puesto de relieve la confusión de los franceses sobre el papel de su propio país en Europa y sobre la percepción que ellos mismos tienen sobre la realidad francesa.

Nadie puede atribuirse el no que se distribuye desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda pasando por una división clara entre las fuerzas de la derecha y de los socialistas. El no que nos ha llegado no tiene paternidad. Y el sí tampoco. Éste es el problema para descifrar los resultados que han dejado a la Constitución europea herida de muerte, por mucho que se quiera mirar hacia otra parte y seguir con el proceso de ratificación del tratado en los estados que todavía no lo han hecho.

Al votar no, los franceses han expresado también sus miedos al no querer afrontar los riesgos de la ampliación, al no llevar a cabo las reformas necesarias y al no aceptar las consecuencias de la globalización. Las ideas que han llegado de Francia son en esta ocasión reaccionarias.

Y, sobre todo, expresan una enfermedad política que afecta también a Holanda, Alemania y Gran Bretaña. En todos los casos está el desequilibrio entre lo que pretenden impulsar las clases dirigentes sin tener en cuenta las ansias y las inseguridades de sus respectivos electorados. Francia y Europa pierden peso cuando más necesario era para no quedar descolgadas de Estados Unidos.

viernes, mayo 27, 2005

Los miedos de Francia

Francia fue una de las inspiradoras de una Europa que enterraba las guerras y caminaba hacia una unidad política que habían preconizado desde Bonaparte a Victor Hugo. La Unión Europea era la protección de los excesos del nacionalismo alemán. Alemania era el motor y Francia conducía el vehículo.

Europa era percibida por muchos franceses como el instrumento para dirigir políticamente el continente. Primero fueron seis, luego nueve, más tarde doce para pasar a quince y convertirse finalmente en una entidad supranacional de veinticinco.

La última ampliación ha sido dolorosa para muchos franceses que han visto cómo su voz era más débil, su lengua era amenazada y sus puestos de trabajo se ponían en peligro.Han visto amenazada su identidad y desde la extrema derecha a la extrema izquierda han buscado complicidades para decir NO a la Constitución que el domingo se somete a referéndum.

El miedo ha marcado el intenso debate de la campaña. Miedo a la modernización, miedo a perder el papel en el mundo y miedo a las consecuencias de la globalización. Miedo, en definitiva, a esforzarse para seguir siendo un pilar principal en el proyecto de una Europa fuerte, solidaria y abierta.

miércoles, mayo 25, 2005

Otegi y el sentido de las palabras

Soy partidario de explorar todas las vías posibles para que termine la violencia terrorista de ETA. Cada gobierno lo ha intentado y ninguno lo ha conseguido. Zapatero se lo propone de nuevo.

Hay dos condiciones necesarias para empezar a hablar. La primera es que exista un compromiso formal de abandono de la violencia. La bomba que ha estallado hoy en Madrid hace saltar por los aires cualquier progreso inmediato de la iniciativa Zapatero.

La segunda es que ETA no puede imponer el calendario y mucho menos el orden del día. Me producen hastío las diatribas de Otegi hablando de paz, de fin del conflicto armado, de presos políticos, de Euskalerria y de normalización política. Me disgusta que Otegi se adueñe del sentido de las palabras. Porque cuando uno da el sentido que quiere a las palabras ha ganado parte de la batalla.

Cuando le preguntaron a Confucio hace más de dos mil años qué haría si fuera emperador de la China respondió que publicaría un diccionario en el que cada palabra tuviera su sentido.

Se puede negociar todo lo que sea necesario. Pero el asesinato es un asesinato y los autores son delincuentes convictos. No son presos políticos ni mucho menos estamos ante un conflicto armado.

No puedo olvidar a tantos cientos de víctimas del terrorismo. Tampoco puedo traicionar la memoria de mi amigo Ernest Lluch que cayó asesinado en el garaje de su casa, unas horas después que le acompañara en coche a su domicilio.

lunes, mayo 23, 2005

La Europa de los fundadores

Una mirada a la Europa que se construye paso a paso, con aciertos y errores, con líderes de talla y con políticos mediocres, nos lleva esta semana a una cierta inquietud. Cuatro de los seis socios fundadores han dejado de ser los impulsores imprescindibles de la Unión Europea ampliada a veinticinco miembros para perderse en trifulcas europeístas internas o en crisis económicas nacionales.

Italia ha entrado oficialmente en recesión en el primer trimestre de este año. Silvio Berlusconi es el primer ministro italiano que más tiempo ha ocupado la presidencia del gobierno en los últimos treinta años. Todo un récord para un político mediático que es el hombre más rico de Italia y que controla buena parte de la opijnión pública publicada y televisada.

Berlusconi está gobernando Italia como si fuera el consejero delegado de una gran empresa. Los resultados son alarmantes si se tiene en cuenta la actual recesión, la falta de competitividad de las empresas y las promesas incumplidas de unas reformas del todo imprescindibles para modernizar la economía productiva.

La derrota socialdemócrata en Renania del Norte Westfalia ha desplazado a la izquierda del land más poblado de Alemania por primera vez en casi cuarenta años. El canciller Schröder no puede seguir gobernando si pierde elección tras elección en sus feudos naturales. Va a provocar una moción de confianza en las próximas semanas, paradójicamente para perderla, y justificar el adelanto de elecciones en el otoño, un año antes de lo previsto.

Se da la circusntancia de que Schröder ha puesto en marcha las reformas estructurales para adelgazar el abusivo estado del bienestar del que tanto se han enorgullecido los gobiernos europeos, ya sean de centro izquierda o de centro derecha. Pero lo ha hecho tarde y de forma insuficiente. Podemos estar ante un nuevo cambio de ciclo en la política alemana con una alternancia que entregaría la cancillería a la democracia cristiana.

El europeismo de Alemania parece garantizado a tenor de un cierto imperativo histórico que inmuniza a este gran país de las tentaciones de dominio en solitario de la Unión Europea. Pero si el gran motor no tiene combustible la máquina puede perder el impulso necesario para acometer los cambios que la ampliación llevará consigo.

Francia celebra el referéndum sobre la Constitución el próximo domingo. Los sondeos bailan entre el no y el si aunque el debate parece que lo ha ganado la duda nacional sobre el papel de Francia en la nueva Europa. El presidente Mitterrand recurría a la vieja expresión de “donner du temps au temps”, dar tiempo al tiempo, porque la naturaleza intemporal de los valores republicanos aguantan todos los contratiempos posibles.

Hay una resistencia francesa a adecuarse a la modernidad que países como Gran Bretaña y España han superado con cierto éxito en los últimos diez años. Sobre Francia pesa el sueño gaullista de ser insensible a las fuerzas que cambian el mundo más allá de sus fronteras. El concepto del general De Gaulle de que la historia de Francia se remonta a la noche de los tiempos no contempla cambios sustanciales en el universo que no pasen por París.

Queda, por fin, Holanda que el primero de junio vota en referéndum la Constitución europea. Los sondeos dan mayoría al no. La repercusión de una negativa holandesa no sería igual que un no de Francia. Pero si la moderna, multicultural, abierta y acogedora Holanda dice no será un frenazo a la Unión Europea.A pesar de la confusión y debilidad de cuatro de los socios fundadores, no hay vuelta atrás. A no ser que las voluntades nacionales se impongan sobre la supranacionalidad de la Unión.

viernes, mayo 20, 2005

Saddam en calzoncillos

Las imágenes del ex dictador Saddam Hussein en calzoncillos han dado la vuelta al mundo. El dictador iraquí fue capturado por las tropas norteamericanas y se encuentra pendiente del juicio que están instruyendo las improvisadas autoridades judiciales iraquíes.

No seré yo quien defienda a un personaje que ordenó la muerte de miles de personas y que protagonizó varias guerras con sus vecinos. Pero la dignidad de los presos, aún de los más abominables, no se puede vulnerar por muchos que sean sus crímenes.

Hemos conocido las impresentables fotografías de presos iraquíes siendo torturados por tropas norteamericanas en la prisión de Abu Ghraib. Sabemos de la vulneración de los derechos de presos afganos i paquistaníes en la cárcel de Guantánamo, en la isla de Cuba.

Es inquietante que un país que pretende expandir la libertad y la democracia en el mundo caiga en estos abusos. No es sorprendente que el sentimiento antiamericano y antioccidental vaya creciendo en un mundo árabe que contempla cómo la fuerza sea la única arma para conseguir esos nobles objetivos.

La difusión de las fotografías de Saddam en calzoncillos vulneran las Convenciones de Ginebra sobre prisioneros de guerra. Pero sobre todo afectan la credibilidad de quienes han enviado decenas de miles de soldados a Iraq para que sea liberado.

Muy mal.

miércoles, mayo 18, 2005

La banalidad del mal

Me he manifestado abiertamente en contra del muro que el Gobierno de Ariel Sharon ha levantado entre Israel y los territorios palestinos. También he criticado la política del Gobierno israelí al responder con tanta violencia a los atentados suicidas de los palestinos. Un rechazo parecido me produce la indigna situación de los más de quinientos presos afganos y pakistaníes en Guantánamo.

Viene a cuento este preámbulo al llegar a mis manos el libro editado por el Institut d'Educació del Ayuntamiento de Barcelona bajo el título "Republicans i republicanes als camps de concentració nazis". Es un pequeño manual de testimonios y recursos didácticos para la enseñanza secundaria en las escuelas municipales. En el tarjetón de presentación en el Ateneu el 3 de mayo figuraba la edil Marina Subirats, el impostor Enric Marco, que ya excusó su asistencia, y los dos autores de la obra.

Se dice en el capítulo dedicado al “genocidi nazi avui i altres genocidis” que “de todos los problemas que hay en el mundo ahora mismo, probablemente hay dos que, en el momento de escribir esta unidad didáctica, tienen muchas similitudes con el genocidio nazi, con los guetos que crearon los nazis alemanes para aislar a los judíos del resto de personas...: son la construcción del muro de la vergüenza en Palestina y el encarcelamiento de prisioneros talibanes en la base militar que Estados Unidos tiene en la isla de Cuba, en Guantánamo”.

Me parece impresentable que en un texto escolar se establezca un paralelismo entre la perversión nazi y la política que Israel lleva a cabo con los palestinos o Estados Unidos con los talibanes. Las fábricas nazis de exterminio, un genocidio premeditado, no tienen nada que ver con la violencia del todo criticable del ejército israelí o de los interrogadores sin escrúpulos de Guantánamo.

Hanna Arendt habló de la banalización del mal como causa y efecto moral de la guerra en la que se perpetraron los horrores del holocausto. Hay que conocer el alcance de las palabras y calibrar su sentido cuando se enseña la historia a los jóvenes. Para defender a los indefensos de cualquier lugar del mundo no se puede caer en la frivolidad intelectual de confundir los conceptos y banalizar una de las ignominias mayores de la historia reciente.

Este manual se ha presentado días antes de que el president Maragall, el conseller Castells y Josep Lluís Carod-Rovira efectúen la primera visita del actual Gobierno de Catalunya a Israel. Es deseable que esta comparación didáctica de Israel con los nazis no haya llegado a Jerusalén.

lunes, mayo 16, 2005

Zapatero lo intenta de nuevo

Los caminos emprendidos por todos los gobiernos de la democracia para acabar con ETA han estado cubiertos de trampas. Establecer contacto con quienes han matado o con quienes han propiciado la violencia como arma política es una operación de alto riesgo.

El hecho cierto es que ETA ha condicionado la política vasca y española en los últimos treinta años. Adolfo Suárez llegó a excarcelar a todos los presos etarras en un intento de establecer tabla rasa y alcanzar la convivencia política en el País Vasco. No lo consiguió hasta el punto de que el número de víctimas del terrorismo en los últimos tiempos del gobierno de la UCD fue uno de los más elevados de la historia de la democracia.

El segundo intento lo protagonizaron los sucesivos gobiernos de Felipe González que hablaron con ETA mientras perseguían a los terroristas y utilizaban medios no contemplados por la ley que desembocaron en el escándalo de los GAL y el proceso y encarcelamiento de los más altos responsables del ministerio del Interior.

La tercera intentona la llevó a cabo el presidente Aznar que había salido ileso de un atentado etarra que pretendía acabar con su vida. Aznar, como sus antecesores, convirtió la lucha contra ETA en una de sus prioridades. Estableció un contacto con los etarras aprobando una reunión en Suiza entre representantes del gobierno y portavoces autorizados de la banda terrorista. No dió resultado.

A continución, Aznar emprendió un proyecto policial, legislativo y político para debilitar a ETA. Consiguió debilitar a la banda y erradicó la violencia callejera en Euskadi. Promovió una ley que ilegalizaba a Batasuna, el brazo político de ETA, y firmó el pacto antiterrorista de la mano de los socialistas que fueron quienes lo propusieron por primera vez. Las medidas policiales y legislativas dieron los resultados conocidos. Pero el ropaje que acompañó la política de Aznar desembocó en el plan Ibarretxe y en la expulsión de las urnas a más de cien mil vascos que votaban a Batasuna. La retórica antiterrorista del PP implicaba sutilmente una desautorización de todo el nacionalismo vasco del que no se salvaba el PNV que gobernaba Euskadi desde el comienzo de la transición.

En los tres casos se partía del supuesto de que el gobierno trazaba la política antiterrorista y la oposición la apoyaba con su silencio o con su complicidad. El mensaje en una cuestión de estado de esta naturaleza era que todos estaban contra ETA. De hecho este entendimiento entre todas las fuerzas políticas está implícito en el pacto en contra del terrorismo firmado entre populares y socialistas. El presidente Rodríguez Zapatero vuelve a intentarlo procurando desactivar la confrontación entre quienes siguen fieles a la visión de Aznar y la oportunidad que se presenta ahora para buscar una nueva salida política al conflicto vasco. La novedad ahora es que el presidente Zapatero no cuenta con el apoyo tácito o explícito de todos. Los atentados sin víctimas de la madrugada del domingo indican que ETA no quiere negociar por el momento si se tiene en cuenta que una de las premisas del plan de Zapatero pasa por un abandono de las armas. Quienes negocian con los muertos no son los partidos democráticos sino los terroristas.

Zapatero tendió la mano a Rajoy después de todo lo que se dijo en el debate sobre el estado de la Nación. No fue un acto de generosidad sino una constatación de que es muy peligroso trazar una cuestión de estado sin el apoyo del principal partido de la oposición. Cuando en el pasado fracasaban los planes para erradicar a ETA, la culpa era sólo de los terroristas. Lo que diseña el Partido Popular es que el fracaso sea del gobierno para reclamar una política de firmeza que tampoco consiguió erradicar la violencia.

miércoles, mayo 11, 2005

La historia no perdona

Los aniversarios sobre las tragedias del siglo pasado en el mundo han reunido solemnemente estos días a representantes de los países que las protagonizaron o las sufrieron. El gobierno alemán ha repetido las distinciones entre la responsabilidad que asume y la culpa que rechaza.

Se derrotó al nazismo con una gran alianza entre las democracias occidentales y la Unión Soviética que puso fin a un régimen intrísecamente perverso. Es muy positivo que vencedores y vencidos hayan pasado página sobre los horrores y errores de las guerras, matanzas, genocidios y demás abusos perpetrados en las catástrofes cuya triste memoria todavía perdura en los que las conocieron de cerca.

Proyectar el futuro sobre las calamidades del pasado haría inviable un orden internacional sostenible.Pero ha transcurrido ya un tiempo suficiente para que los dirigentes de hoy rescaten de sus respectivas memorias nacionales aquellas equivocaciones que contribuyeron al sufrimiento de tantos millones de personas. Los muertos por las dictaduras no son más muertos que los que murieron como consecuencia de acciones bélicas por las democracias.

Los japoneses no han reconocido ni han pedido perdón por las matanzas perpetradas por sus ejércitos en buena parte de Asia en los años treinta. Pero China ha borrado de sus libros de historia el Gran Salto Adelante de Mao que llevó a la muerte de hambre a más de treinta millones de chinos. Tampoco en las escuelas se estudian las protestas de Tiananmen de 1989.

El presidente Putin se ha colgado la medalla por haber vencido al nazismo en los frentes orientales y llegar a Berlín en el momento en que Hitler se suicidaba. Pero tiene que reconocer y pedir perdón por la privación de libertad a los países europeos que liberó y que envió a la muerte a millones de soviéticos en gulags, campos de trabajo y purgas indiscriminadas. Todo esto ocurrió y la historia se encargará de reconstruirlo y recordarlo.

Que España se sume a las celebraciones de Moscú está muy bien pero no estaría de más que el presidente Zapatero pidiera disculpas por el envío de miles de españoles a combatir con las fuerzas de Hitler con la División Azul. Francia tiene mucho que arrepentirse y la mayoría de países europeos continentales también. Cuando la guerra estaba ganada los bombarderos aliados destruyeron ciudades como Dresde y los soviéticos mataron a decenas de miles de alemanes en su marcha hacia Berlín. Todo esto ocurrió y desde la distancia en el tiempo habrá que reconocerlo porque la historia lo va a reconstruir.

martes, mayo 10, 2005

Malicio que será varón

Hay heredero o heredera a la Corona de España. La reforma constitucional es inevitable si se quiere otorgar los derechos de sucesión en el caso de que sea una infanta la primera hija de los Príncipes.

Gran revuelo en el gallinero nacional. Sabios, constitucionalistas, opinadores, zascandiles y tertulianos de tres al cuarto quieren una reforma inmediata de la Constitución.

Pienso que todo es más sencillo. Tanto el Rey como el Príncipe han terciado diciendo que no haya prisas para la reforma de la Carta Magna.

Malicio que saben lo que los súbditos no sabemos. Que el heredero es varón. Si ese fuera el caso no corramos y mantengamos por un tiempo la Ley Sálica, aquella pragmática sanción de Felipe V que impedía en 1713 que las mujeres pudieran reinar en España. La ley quiso ser revocada por Fernando VII. El resultado fue la primera guerra civil carlista.

No vale la pena tanto alboroto. Si es varón, no habrá problemas constitucionales. Y si es hembra no vamos a ir a una guerra. Sólo faltaría que en un país plagado de republicanos fuéramos a una guerra por cuestiones dinásticas.

viernes, mayo 06, 2005

La sucesión de Blair

Tony Blair ha ganado las elecciones británicas por tercera vez consecutiva. Ningún laborista lo había conseguido. Ha obtenido una cómoda mayoría aunque ha reducido su ventaja.

La guerra de Iraq le ha castigado. Pero sigue siendo primer ministro. Tiene un mandato para gobernar cuatro años más. Pero los británicos no son partidarios de mandatos personales muy largos.

Blair recogió un partido debilitado por la ideología. No intentó cambiar el país sino que cambió el partido. Recogió todo lo que le pareció interesante del thatcherismo y se situó en el centro que le ha vuelto a dar su confianza.

Pero el futuro de Blair como primer ministro es incierto. No porque el electorado lo quiera sino porque en su propio partido le van a pasar cuentas. Recordemos que Thatcher no fue descabalgada por las urnas sino por la voluntad de los "tories".

La pugna por la sucesión de Blair se planteará muy pronto. Gordon Brown espera ser el próximo primer ministro, antes de que se celebren las elecciones.

miércoles, mayo 04, 2005

Déjenme que me sonroje por cuenta de sus señorías

Habría motivos de seria preocupación si no tuviéramos una gran clase media educada, moderna y laboriosa que es la que saca el país adelante, a su ritmo, con dificultades y con esfuerzo de todos los días. Es la que se aparta del griterío nacional y contempla la vida pública como si observara pasivamente una obra de teatro en un escenario repleto de políticos, tertulianos, parlanchines y demás héroes de la sociedad mediática que entretienen al personal desde que sale el sol hasta el ocaso.

El colchón de la clase media lo aguanta todo porque no se siente identificada con las elites dirigentes que parece que han olvidado las sutilezas, las complicidades y los matices con los que funciona la sociedad española desde hace ya bastante tiempo. Afortunadamente, las gentes ya no nos movemos con las categorías de blanco y negro, de buenos y malos. Hemos entendido que es más interesante convencer que imponer, razonar que gritar, buscar puntos de encuentro en vez de esperar al adversario en una esquina para darle una paliza.

La política es necesaria e imprescindible. También los medios de comunicación sin los cuales no existiría la saludable fiscalización de la vida pública para al ciudadano que no tiene acceso directo a los dirigentes que sólo puede contemplar desde las ventanas de la radio, televisión y diarios.

Da la impresión de que los adversarios políticos devienen en enemigos mortales, desde el poder o contra el poder. Sostengo que las divisiones de la clase política son igualmente rotundas hoy que hace setenta años. Las peleas entre los protagonistas de la Segunda República llegaban a sus respectivas clientelas que las hacían suyas porque no podían hacer otra cosa. Ganaron las derechas, después de una sangrienta guerra civil, y la izquierda perdedora fue despreciada después de emprender el doloroso camino del exilio donde acabó sus días entre la tristeza y la nostalgia.

Nuestra clase media no comparte la batalla feroz entre el “nosotros y ellos” que ven en sus dirigentes, instalados en su papel de intransigencia e inmovilidad. No cabe un punto medio, una complicidad que permita suavizar las diferencias que siempre son superables.

Cuando el martes escuchaba al presidente Rodríguez Ibarra llamar cretinos a los catalanes aconsejándonos que nos pusiéramos el dinero donde nos cupiera no me inmuté demasiado. Tampoco cuando la presidenta Esperanza Aguirre sacaba punta política de la adscripción al Barça del presidente Zapatero. Recordé aquella reacción de Azaña cuando un diputado soltó una impertinencia: “permítame que me sonroje por cuenta de su señoría”.

martes, mayo 03, 2005

Ibarra y la taberna

Dice el presidente Rodríguez Ibarra en un alarde de finura intelectual que los catalanes nos metamos el dinero donde nos quepa. Hombre, don Juan Carlos, haga honor a su inteligencia. No se sume al tropel de analistas de todo pelaje que hablan por hablar sin saber exactamente lo que dicen.

Ha habido una propuesta sobre la financiación de las comunidades autónomas, entre ellas la catalana. No me sea simple. Si no lo parece bien, dígalo con argumentos pero no utilice el lenguaje tabernario.

Muchos estamos cansados de que se discuta sin argumentos, con tópicos trasnochados y con una idea preconcebida. Así no llegaremos muy lejos. Es más, aquellos que no tenemos intención de romper con España ni de ir a otra parte, puede que lleguemos a la conclusión de que esta España eterna no nos interesa.

Escucha España, decía el poeta Maragall en su célebre oda. Queremos hablar y ser entendidos. No queremos que el último verso de su oda sea una realidad. Dice el poeta: "¿Dónde estás, España? No te veo en ninguna parte. ¿No oyes mi voz atronadora? ¿No entiendes esta lengua que te habla entre peligros? ¿Has olvidado a tus hijos? ¡Adiós, España!".

Con estos argumentos tan elaborados, señor Rodríguez Ibarra, el adéu del poeta lo pueden compartir muchos más de los que usted piensa. Sea cauto. Razone con la cabeza y no desde la pasión.

lunes, mayo 02, 2005

Días en Berlín

He pasado unos días en Berlín. Reconstruida, limpia y soberbia. Ha sido triste protagonista del turbulento siglo pasado y pretende ser la capital de la nueva Europa.

Se cumplían sesenta años del fin de la Guerra Mundial. Allí donde quedaban los escombros de lo que fue aquella tragedia se levantan hoy modernos edificios que albergan las instituciones de la Alemania unida, federal y europeísta.

Es una Alemania que no ha olvidado la responsabilidad de cuánto ocurrió en los trece horribles años del nazismo. Sólo desde este reconocimiento puede postularse para liderar la nueva Europa. De hecho, Alemania ha dedicado muchos de sus recursos a formentar la solidaridad en Europa. Ahora sólo falta que la generosidad sea también política, que se incline por europeizarse y no por germanizar a los europeos.

El futuro de esta Alemania que olvida su pasado es también el futuro de todos los europeos.

Berlín es una capital que merece una visita. Para recorrer la historia y para evitar que se repita.