Más racionalidad y más respeto
La maratón del Estatut de Catalunya está acercándose a la meta. Muchos se preguntan si para llegar adonde estamos hacía falta una carrera tan larga, pesada, contradictoria y hasta cierto punto innecesaria.
Otros piensan que ha valido la pena, que hay un texto mejor que el que está en vigor, que hay un reconocimiento nacional y una financiación más justa para Cataluña.
Pienso que ha habido demasiado desgaste. Desgaste de todos los políticos, desde los socialistas a los populares y desde los nacionalistas de Esquerra a los de CiU. La ciudadanía ha vivido el proceso con una cierta desorientación.
Españoles y catalanes, ibéricos todos, nos hemos dedicado a recriminarnos, insultarnos a veces, con prejuicios atávicos, creando una desafección que se ha escenificado en la política y en algunos rabiosos medios de comunicación pero que no existe en el grueso de la sociedad.
Me identifico con lo que Isaiah Berlin decía en sus memorables "Cuatro ensayos sobre la libertad". Dice el pensador que "lo que esta época necesita no es más fe, una dirección más severa o una organización más científica, sino, por el contrario, menos ardor mesiánico, más escepticismo culto, más tolerancia con las idiosincracias, medidas adecuadas para lograr los objetivos en un futuro previsible, más espacio para que los individuos y las minorías cuyos gustos y creencias afortunadamente no coinciden puedan alcanzar también sus fines personales".
Volvamos a la racionalidad y al respeto mutuo. España no se rompe. Ni se romperá. Pero las funciones del Estado van a cambiar, todavía más de lo que han cambiado, porque la historia no nos ofrece nunca fotos fijas sino un conjunto de evoluciones gestionadas por las gentes y sociedades de cada hora.
Menos atavismos hispánicos y más tolerancia, más racionalidad y, sobre todo, más sentido común.
Israel en la encrucijada
El Israel político de hoy ya no responde a aquellos parámetros trazados por Ben Gurion y continuados por los sucesivos gobiernos laboristas hasta la llegada del Likud de Menachem Begin a finales de los años setenta. Aquel pueblo con tanta historia y con tan poca geografía conseguía un territorio para vivir en paz y construir la patria hebrea dentro de un Estado moderno y democrático.
Al margen de los conflictos ya endémicos con los palestinos que se consideran ocupados por los israelíes, el problema de fondo tiene también una raíz demográfica. La primera responde a lo que los sociólogos han denominado “las nuevas tribus de Israel” que han convertido el país en un mosaico multiforme de rusos, ultraortodoxos, árabes tradicionales, etíopes, judíos orientales y demás hebreos llegados de todo el mundo.
La hegemonía del sionismo de raíz europea dominado por el movimiento laborista aportó una cierta identidad común a los ciudadanos israelíes que echaron sus raíces en el cooperativismo agrario y en la educación. La transformación de las tierras áridas en verjeles fértiles es una prueba del éxito de aquel proyecto.
Israel es hoy, paradójicamente, uno de los países más plurales cultural y políticamente. Los resultados de las sucesivas elecciones muestran las distintas sensibilidades dentro de la sociedad israelí a la que pertenecen también más de medio millón de árabes israelíes.El problema es cómo formar un gobierno con tantos pedazos de una sociedad que, curiosamente, no tiene una identidad política definida para ponerse de acuerdo en las cuestiones básicas sobre el territorio, las fronteras y las relaciones con sus vecinos palestinos.
El problema arranca de la guerra triunfal de 1967 cuando los ejércitos israelíes conquistaron en seis días Cisjordania, Gaza, el Sinaí y los Altos de Golán. Ganaron territorios sin dar salida política a los habitantes que moraban en aquellas tierras que no quieren ser israelíes pero tampoco se les deja que lo sean.Israel no puede seguir siendo un estado judío y una democracia y, a su vez, controlar todos los territorios que van desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo.
La separación en dos estados es inevitable. Pero nadie tiene la fórmula mágica para hacerlo. Las posibilidades que se barajan son el control de todos los territorios a través del “apartheid”, expulsar a todos los palestinos o darles todos los derechos políticos. Las tres opciones son inviables por no decir imposibles.
El malhumor de Francia
Francia vuelve a vivir tiempos de turbulencias sociales. En noviembre fueron las manifestaciones en los suburbios de París. Eran los hijos de los inmigrantes que protestaban violentamente contra su aislamiento y por tener las puertas cerradas a la meritrocracia. Aquellos disturbios fueron entendidos por el gobierno aunque no consta qué medidas ha adoptado para dar respuesta a las revueltas.
Ahora son los hijos de las clases medias los que llevan varios días manifestándose pidiendo la retirada del contrato juvenil del gobierno Villepin que propone que el primer empleo de los jóvenes pueda ser rescindido en dos años. Son universitarios que acuden con sus familias pidiendo que se retire el proyecto de ley.
Francia está de malhumor. Ha dejado de ser la referencia europea por antonomasia. Alemania es más fuerte y los socios de la Unión Europea llegan ya a veinticinco. Irlanda y Gran Bretaña están creciendo a ritmos superiores a Francia. España también.
Cuando toda Europa se disponía a ratificar la Constitución los franceses dijeron no. Les siguieron los holandeses. Pero no ha pasado nada. La vida sigue y los europeos son el espejo en el que se miran los países del Este y de los Balcanes. También Turquía llama a la puerta.
Hay muchos libros que hablan del declive de Francia. Escritos por franceses o por norteamericanos. Francia, en el fondo, no acepta dejar de ser la guía necesaria de Europa y del mundo. El inglés ha ganado la batalla linguística sobre el francés. El presidente Chirac se levantó la semana pasada de una reunión al comprobar cómo un francés hablaba en inglés en un discurso internacional.
Pero Francia, a pesar de todo, sigue siendo una referencia y, en palabras de Metternich, cuando Francia estornuda, Europa está constipada. El problema de fondo es que el modelo social europeo le cuesta en su conjunto aceptar el modelo de mercado y capitalista anglosajón. El problema es que el modelo social europeo sólo puede perdurar si cambian las actitudes de todos a favor del trabajo, del esfuerzo, de la responsabilidad.
Pienso que es posible mantener el modelo social y hacerlo competitivo. Hay que hacer las reformas que Merkel está intentando imponer en Alemania y que muchos paísesya han adoptado. Pero no está mal que alguien recuerde que no se puede echar por la borda en nombre del mercado lo que se ha conseguido en Europa en el último medio siglo.
Financiación de partidos
Financiar los partidos con transparencia es una tarea pendiente de las democracias europeas. Muchos de los escándalos que salpican a líderes y a militantes notables suelen nacer de la oculta financiación de los partidos. En Francia, en Italia, en Gran Bretaña, en España y también en Cataluña.
En Estados Unidos, simplemente son comunicados en una lista en la que aparecen las cifras de los donantes. Hay muchos embajadores que obtienen su cargo como consecuencia de una donación de gran volumen. No es el modelo ideal pero es un modelo.
ERC ha cursado cartas a cargos públicos nombrados por el partido para que dediquen parte de sus sueldos a la financiación de la formación. Hasta aquí nada reprochable. Lo que puede ser inaceptable es que se destituyera a alguien que se negara a pagar la cuota prevista.
La paradoja es que mientras Esquerra diga cómo se financia, los demás partidos vayan rasgándose las vestiduras sabiendo como sabemos que su financiación no es transparente. Xavier Vendrell tiene un alto cargo en presidencia de la Generalitat y es secretario de Finanzas de ERC.
Cuando un militante de ERC recibe una carta de su secretario de Finanzas sabe que también le escribe desde el departamento del Conseller Primer de la Generalitat. El que recibe la carta puede pensar aquello de "que yo de tí no lo haría forastero", es decir, pagaría para no poner en peligro su puesto de trabajo.
Me gustaría saber cómo se financian los socialistas, los de Convergència i Unió, los del Partido Popular... Que lo digan.
El Estado pondrá el precio
El fin del terrorismo no se producirá de un día para otro. Ni con la comparecencia de tres encapuchados de ETA anunciando un alto el fuego permanente ni con la voluntad y generosidad de todos para que no haya más violencia. Lo más positivo de la declaración de ayer es que no habrá más muertes y que los ciudadanos españoles podrán salir a pasear con la seguridad de que una pistola o una bomba no les va a quitar la vida.
La euforia que acompaña a declaraciones tan importantes hay que matizarla con la prudencia. No es la primera vez que ETA declara una tregua. Recuerdo una visita que hizo a este diario Jaume Mayor Oreja, ministro del Interior, pocos días después de que ETA anunciara la tregua de septiembre de 1998. Es una tregua trampa, nos dijo el ministro, en una cena que no desprendió precisamente optimismo. Y acabó siendo una tregua trampa porque parte del PP así lo interpretó.
Pienso que no hay que agradecer nada a quienes hablaban ayer en nombre de los que han matado a más de ochocientas personas inocentes. Pero lo que sí hay que aprovechar es el momento y avanzar hacia una paz definitiva.
No puede la clase política arrojarse discursos a la cara sino analizar los hechos. Y los hechos son que ETA anuncia un alto el fuego permanente. Esta decisión no es gratis y lógicamente tendrá un precio político. Lo único que habría que determinar es cuál es el precio contando con las decisiones del gobierno avaladas por el Congreso de los Diputados. El Estado no puede perder la batalla. Pero puede ser generoso y buscar una salida que permita que la convivencia pueda prosperar en las tierras hispánicas.
La experiencia británica con el IRA hay que tenerla en cuenta. La clase política ha estado siempre unida, tanto en las estrategias equivocadas como con las acertadas. Tendríamos que llegar al punto en que el terrorismo fuera el problema a combatir y no el adversario político.
Los gobiernos de Aznar hicieron lo que consideraban más oportuno. Rodríguez Zapatero ha abierto otros cauces. Si sale bien, si desaparece el dolor de futuras víctimas, hay que felicitarse. No será un éxito del gobierno sino de todos los españoles, del sistema democrático, de las libertades. Se ha abierto un proceso que transmite una cierta esperanza. Sería un grave error mantener la lucha partidista con el terrorismo como telón de fondo. El comunicado de ETA, con todas sus complejidades, es un pequeño paso hacia la pacificación. Hay que aprovecharlo.
Cargos a título personal
A título personal se pueden decir muchas cosas. Casi todo. El conseller Carretero declaró que el presidente del gobierno era un "españolista demagogo" y "principal culpable del inmenso desastre del Estatut" . Lo decía a título personal.
José María Cuevas, presidente de la patronal CEOE, declaró jocosamente que la Opa de Gas Natural sobre Endesa era una opa a la catalana. Es decir, baratita y con el viento del boletín oficial del estado a favor. Lo decía también a título personal.
Basta de tonterías y zascandilerías. Cuando alguien lleva la chaqueta de un cargo, diga lo que diga en público, lo pronuncia en calidad de lo que representa. Que el conseller Carretero se refiera ahora a la libertad de expresión me parece una buena ocurrencia. Pero no se trata de eso.
Se trata de responsabilidad personal.
Carretero, Zapatero y Maragall
Las declaraciones del conseller Carretero a este diario han levantado un vendaval político en los últimos compases de la votación del Estatut en el Congreso de los Diputados. Se han hecho muchas declaraciones precipitadas sobre este texto que salió triunfalmente de Barcelona el pasado 30 de septiembre sin tener en cuenta que lo más probable y realista era que regresaría a Catalunya muy desfigurado.
Estamos acostumbrados ya a observar la política hecha sobre declaraciones que responden a otras declaraciones que a su vez replican a lo que alguien ha dicho delante de un micrófono. Bastaría repasar las hemerotecas de los últimos meses para perderse en laberínticos escenarios sobre promesas hechas y no cumplidas, palabras dadas y retiradas, pactos formales y rotos.
En este sentido las declaraciones del conseller Carretero están en la línea de otras calenturas dialécticas a propósito de la tramitación estatutaria. Pero algo muy importante ha tenido que decir para que el líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, le haya dado la razón y se haya mantenido en sus tesis de la retirada del texto.
El presidente Zapatero ha tenido que hacer muchos quiebros para que el Estatut pasara por el Congreso sin derribar alguna columna de la Constitución. Me parece que el conseller Carretero, aún en el supuesto de que hablara como militante de Esquerra y no como miembro del gobierno, exagera cuando dice que Zapatero es el “principal culpable del inmenso desastre del Estatut” o que pensaba que estaba “delante de un españolista inteligente y no delante de un españolista demagogo”.
Las declaraciones tienen el valor que cada uno quiera darles. Pero los hechos no siempre van en la misma dirección que las palabras escritas o habladas. No será fácil tener otro presidente en Madrid dispuesto a abrir un proceso de reformas estatutarias como el que acaba de cerrarse en Valencia y el que está en curso en Catalunya. Si el próximo presidente fuera del Partido Popular lo más probable es que el mismo concepto de la España plural quedara aparcado indefinidamente.
La mayoría actual en el Congreso de los Diputados, con Zapatero al frente del gobierno, intenta salir cuanto antes del debate estatutario catalán. Por cansancio y por desgaste electoral incluso en feudos socialistas tradicionales.
Por lo que respecta a Catalunya la falta de claridad y transparencia sobre las espesas y largas negociaciones han desorientado a la opinión pública. Fue una sorpresa que el llamado pacto de la Moncloa entre Zapatero y Artur Mas se convirtiera en el acto central del Estatut. La ausencia de Maragall era peor que una traición, era un error del que se han derivado muchas consecuencias.
Para quien siga la política con atención la foto monclovita era más el cambio de caballo para futuras carreras en el que Esquerra quedaría descabalgada y Artur Mas se convirtiría en el socio catalán que no inquieta a la mayoría de los españoles.
Maragall denuncia con efectos retardados las consecuencias del pacto entre Zapatero y Mas. Pero sus correligionarios socialistas catalanes le desautorizan en la blogosfera y en declaraciones formales desde la sede de Nicaragua. Hay días que da la impresión que Maragall es el presidente de Esquerra y que Mas es el socio más fiable, incluso del PSC.
La política es un conjunto de lealtades o de traiciones y golpes bajos. Hay de todo a la hora de arbitrar los intereses contrapuestos de los ciudadanos. Sólo se pide un poco de sentido común y una cierta “unidad de propósito”. El regate corto entre políticos y periodistas llega a cansar al personal que no sabe a qué atenerse. Queda siempre una salida en democracia que pasa por las urnas. Cuando sea pero que sea pronto para salir de las nieblas hoy que la primavera nos abre sus puertas.
No podemos estar tranquilos
Las corrientes migratorias han configurado la historia de los pueblos. No hay fotos fijas ni situaciones estáticas en ningún estado del mundo. Incluso aquellos países que se rigen por el derecho de sangre como Israel han evolucionado con la inmigración de judíos de todos los rincones de la tierra que han aportado su larga historia cultural desde que empezó la diáspora a partir del siglo primero.
El siglo pasado conoció un masivo trasiego de hombres y mujeres de un lugar a otro del planeta. Por motivos raciales, ideológicos, políticos y económicos. Estados Unidos es el ejemplo más emblemático de cómo se construye un gran país multiétnico y multicultural con la inmigración que ha ido conformando la nación en poco más de doscientos años.
La crisis de la patata en Irlanda diezmó la pequeña isla céltica a finales del siglo antepasado con cientos de miles de irlandeses que huyeron a América empujados por la miseria. A medida que Rusia iba ensanchando su imperio los rusos ocupaban los territorios habitados por una población autóctona multisecular.
Al caer el imperio soviético con el colapso del comunismo, más de un millón de rusos emigraron a Israel por razones políticas, económicas o nacionales. Miles de alemanes regresaron a su patria y otros tantos rusos volvieron a su país.
La emigración ha podido ser legal o ilegal, por razones políticas o económicas o, simplemente, por motivos académicos o empujados por los movimientos del mercado. Las guerras han desplazado a millones de personas. Se calcula que en la actualidad hay dos cientos millones de hombres y mujeres en el mundo que viven muy lejos de su lugar de nacimiento.
La inmigración que está penetrando en nuestro país no tiene precedentes en la historia reciente. Más del diez por ciento de nuestra poblacíón real ha sobrevenido en pocos años. Las trágicas imágenes de pateras desde las costas africanas a Canarias señalan que el proceso sigue en curso.
Cuando acaben las discusiones patrias es urgente que los gobiernos central y autonómicos se pongan a trabajar en esta realidad que es una bomba de relojería si no se actúa a tiempo.
Hay que tener en cuenta dos puntos de vista, a mi juicio, básicos. Primero, no podremos estar tranquilos si todos los que viven y trabajan aquí no gozan de todos los derechos políticos y sociales. Segundo, hay que trabajar con la comunidad internacional para frenar este trasiego de personas que no podremos asumir sin graves problemas para los que estamos aquí y para los que vayan llegando.
La polémica perseguirá a Milosevic
La polémica acompañará indefinidamente la muerte de Slobodan Milosevic en una celda de La Haya pocas semanas antes de que el juicio del Tribunal Internacional de Justicia terminara sus trabajos que se han prolongado cuatro años.
Se va a debatir en las próximas generaciones si el autor ideológico y político que desató la “limpieza étnica” en la Yugoslavia que dejó Tito murió de muerte natural, fue envenenado o asesinado. La literatura que cultiva el misterio tiene un gran tema, al margen de lo que digan los informes forenses que se han practicado sobre su cadáver y de las declaraciones oficiales que se suceden estos días.
Decía Winston Churchill que habría sido una farsa juzgar a Hitler. Los procesos de Nürenberg fueron sumarísimos y relativamente breves. Los colaboradores del “führer” fueron juzgados por el tribunal que aplicó la justicia de los vencedores.La guerra de los Balcanes fue la primera tragedia desde 1945 en el “vientre de Europa”, expresión de Salvador de Madariaga, que fue el producto de dirigentes perversos, criminales en muchos casos, que estimularon la confrontación étnica por motivos políticos, personales y también económicos.
En vez de afrontar los problemas de una federación desmembrada como consecuencia de la caída del Muro de Berlín llevaron a sus respectivos pueblos a una guerra atroz por motivos étnicos y religiosos.Milosevic fue el principal responsable de la muerte de decenas de miles de musulmanes, kosovares y croatas quienes, a su vez, cometieron atrocidades contra serbios que vivían en sus respectivos espacios nacionales.
En tiempos de Tito se decía que Yugoslavia estava formada por seis repúblicas, cinco naciones, cuatro lenguas, tres religiones, dos alfabetos y un partido. Pero tras la muerte de Tito en 1980 el partido comunista se debilitó y la presidencia rotativa de las nuevas repúblicas semi autónomas acabó en un fiasco político que condujo a una guerra que pudo detenerse gracias a la intervención militar norteamericana y la decisión política de la Unión Europea de contribuir a la pacificación de la ex federación yugoslava.
Milosevic fue llevado al Tribunal Internacional de La Haya para ser juzgado en función de sus crímenes y no en razón de los vencedores que no tenían una paternidad definida. El tribunal dió oportunidad a Milosevic de defenderse de las acusaciones personalmente dando oportunidad al demandado de interrogar a todos los testigos presentados por la acusación o por los que él mismo solicitó que naturalmente no eran inculpatorios.
Milosevic negó la mayor de las acusaciones desautorizando la idea de la Gran Serbia para limpiar étnicamente los territorios dominados por Belgrado. Eran inventos de sus enemigos que no tenían en cuenta la brutalidad de todas las guerras de la historia.
Pero el hecho es que miles de serbios fueron armados en Croacia y Bosnia mientras miles de musulmanes civiles eran confinados en campos y asesinados en 1992 utilizando el ejército que estaba a las órdenes de Milosevic que lo utilizó para el expansionismo sin escrúpulos de la Gran Serbia. Fue una guerra étnica y su principal instigador iba a ser juzgado por el Tribunal de La Haya.
No podrá ser juzgado en vida. Pero la historia se encargará de exponer que una política étnica hasta el extremo de la eliminación de otras etnias no tiene cabida en Europa después de las amargas y crueles experiencias que puso en marcha y ejecutó el III Reich. Sería arriesgado culpar a todos los serbios, croatas o musulmanes de los crímenes cometidos en los años noventa. Hay que juzgar a las minorías de fanáticos que no representaban el sentir de unos pueblos que habían podido convivir.
Cuevas se adentra en la caverna
Que el presidente de la CEOE, la patronal de todos los empresarios españoles, sea conservador y de derechas es natural y hasta cierto punto irremediable. Pero que José María Cuevas, a estas alturas de la historia, habiendo sido elegido en el franquismo y sobrevivido a todos los gobiernos de la democracia, se suba al carro de la descalificación de aquellos empresarios que le molestan en función de su localización territorial me parece un despropósito.
Cuevas dió muestras de entar en la caverna y no precisamente la platónica. Imputar a Gas Natural de haber impulsado una Opa a la catalana, barata y con el viento a favor del gobierno, es un insulto a los catalanes. Si añade que "eso lo han hecho muy bien a lo largo de la historia" es un sarcasmo inaceptable.
Usted, señor Cuevas, representa a todos los empresarios españoles. También a los catalanes a los que se permite menospreciar adjudicándoles una codicia histórica. Yo le podría decir a usted que nunca ha sido un empresario. Que no es sino un funcionario que ha sido votado por los empresarios de verdad cuyas preocupaciones son que sus empresas prosperen, y no mantener una poltrona política.
Usted, señor Cuevas, es un separador, un irresponsable y un frívolo. No merece presidir una institución que un catalán precisamente, Carlos Ferrer Salat, empresario y muy trabajador, le dió un prestigio que usted no ha sabido conservar por mucho que le vayan eligiendo hasta el final de sus días.
Si yo fuera empresario le reprobaría. No merece ocupar este sillón.
Se amplia el club nuclear
La crisis planteada por Irán al anunciar que reanudará los trabajos para enriquecer uranio con la posibilidad de obtener la bomba atómica, no es una crisis coyuntural. El presidente iraní no ha retirado sus amenazas de utilizar un día el arma devastadora para borrar del mapa a Israel. Irán es un país importante en Oriente Medio, un país que no es árabe, como no lo son tampoco Israel y Turquía, pero con una población homogénea chiíta que comparte creencias con la mayoría de chiítas iraquíes.
La crisis ha saltado a las Naciones Unidas y será uno de los debates más intensos que se avecinan. El problema no es otro que la misma existencia de la bomba atómica porque la historia nos enseña que todas las armas inventadas acaban urtilizándose.
El hecho de que sólo puedan disponer de la bomba atómica los “estados responsables”, como Estados Unidos, Francia, Rusia, Gran Bretaña, Israel, China, India y Pakistán no consituye ninguna garantía porque la responsabilidad no es un valor fijo y los que hoy sean responsables mañana puede dejar de serlo por la simple circunstancia de que han pasado de ser amigos a adversarios.
El drama es que la humanidad tiene en sus manos un instrumento de destrucción masiva que puede ser utilizado por estados, por grupos radicales o terroristas, con alcance más reducido o limitado pero destructivo en cualquier caso. No es una cuestión ideológica o estratégica. Es la supervivencia de muchos millones de personas en todo el mundo. Mientras el desarme no sea absoluto y verificado, siempre existirá la posibilidad de que alguien tenga la tentación de recurrir a la bomba atómica.
En el curso de la segunda guerra mundial algunos científicos alemanes huídos del nazismo advirtieron de las intenciones de Hitler de construir la bomba. Roosevelt fundó el Proyecto Manhattan designando a Robert Oppenheimer como su director. La primera explosión tuvo lugar en el desierto de Nuevo México el 16 de julio de 1945, meses después de la rendición de Alemania. El 6 de agosto de aquel año se arrojó sobre dos ciudades japoneses precipitando la rendición imperial.
Fue el propio Oppenheimer el que advirtió con tristeza que “el mundo ya no será el mismo”. Y no lo ha sido. La guerra fría se construyó sobre bombas nucleares para facilitar las negociaciones diplomáticas entre los dos bloques. Al caer el Muro, el club nuclear ha crecido. Ya me dirán que garantías hay de que todos los países con armas nucleares sean responsables.
La Europa de Sagarra y las opas
Néstor Luján era una personalidad muy leída, muy viajada y, sobre todo, entrañablemente divertida. Le salían las anécdotas literarias, históricas y humanas a renglón seguido en la sala de estar de su casa, en mi antiguo despacho de la calle Pelai o en los restaurantes más respetables, caros y concurridos de la ciudad.
Néstor solía decir que para entender el país en su profundidad era imprescindible leer las “Memòries” de Josep Maria de Sagarra, el libro más importante escrito en catalán, añadía, que narra su vida hasta el comienzo de la Gran Guerra en 1914. A partir de esa fecha ya no se dedicó a escribir su biografía aunque sabemos todo lo que hay que saber sobre Sagarra a través de Lluís Permanyer y de Joan de Sagarra, hijo del prócer y actualmente cronista dominical de lujo en este diario.
Sospecho que una de las razones por las que Sagarra se detiene en 1914 es porque piensa que el mundo que vino después de aquel conflicto entre los pueblos de Europa no valía la pena ser reseñado en su autobiografía.
Cuenta, cito de memoria, que era una delicia subirse a un tren en la estación de Francia de Barcelona y llegar a Berlín sin que nadie le pidiera un documento y que pudiera pagar todos los gastos con las onzas de oro que llevaba en una bolsa de terciopelo escondida en el chaleco.
No había pasaportes ni divisas. Eso vino después de la guerra “que había de terminar con todas las guerras”, la Europa de las fronteras, de los bloques y de guerras con millones de víctimas en las trincheras, la Europa de la autodeterminación de los pueblos, que creó nuevos estados con la desintegración de cuatro imperios.
Sagarra tenía la idea de Europa que Paul Valéry y Victor Hugo habían preconizado en la generación anterior a la suya. La Europa inevitable por una parte y la Europa imposible por otra. La Europa que dejaba el lastre de los nacionalismos cerrados para construir un espacio de convivencia más amplio, más plural, más humanista en la línea de Erasmo, Moro y Llull y, sobre todo, un espacio que alejara la posibilidad de guerras y conflictos que son tan propios de nuestra historia colectiva reciente y remota.
Los seis países fundadores de lo que hoy es la Unión Europea tuvieron muy en cuenta estos precedentes a la hora de cimentar una idea que era vieja y conocida pero que nunca pudo llevarse a cabo, especialmente desde que un cardenal de la católica Francia, Richelieu, introdujo el concepto de “razón de estado” que sería la justificación nacional de muchas guerras europeas en tres siglos.
No hay guerras en el horizonte de la Unión Europea. Los estados han cedido competencias hacia arriba y las han dispersado hacia abajo. El tratado de la nueva Constitución iba en esta dirección. Pero Francia y Holanda dijeron no en sendos referéndum y la distancia entre las instituciones europeas y los ciudadanos ha trazado una confusa línea de malestar y desconfianza por razones nacionales más que ideológicas.
Cuando se plantea la Opa hostil de Gas Natural contra Endesa salieron los catastrofistas del Partido Popular acusando al tripartito de apoderarse de la energía de todos los españoles. Pero cuando surgió una opa amigable desde Alemania, el criterio territorial dejó de ser relevante y se aceptaron las leyes del mercado con un entusiasmo que cruzaba las fronteras.
El “patriotismo económico” defendido por Francia, Italia y España va en contra de la misma idea de la integración europea, en contra del euro, de la política fiscal común y en contra de la estrategia económica de la UE. ¿Puede un gigante energético español ser bueno para Europa y un gigante energético europeo ser malo para España? Si la Europa de la energía se organiza en función de los estados no irá en la dirección correcta.
Bienvenidos al debate político
Bienvenidos al club de los partidos políticos en Cataluña. Fernando Savater dijo que la idea misma del acto del Tívoli era impensable en el País Vasco y que se trataba de una muestra de democracia madura.
La Plataforma Ciutadans de Catalunya nació hace unos meses de la mano de unos intelectuales catalanes que no querían quedarse quietos ante el nacionalismo imperante en un país que lleva la marca pujolista y, según los fundadores, el gobierno tripartito y muy especial el partido socialista catalán no han hecho sino continuar con otras siglas la corriente nacionalista que abarca la vida institucional, política y cultural del país.
El Tívoli se llenó a rebosar y las colas en la calle Casp que se quedaron fuera indican que el acto amenizado por Boadella disfrazado de Mosso d'Esquadra tenía interés para bastante gente.
Desconfío de los intelectuales que fundan partidos. No es su función. No alcanzo a comprender cómo un intelectual puede identificarse con un partido político. Podrá sentir simpatía por él, pensar que conviene al país su predominio. Pero, si es intelectual, no puede menos de ver que es esencial que coexista y conviva con los demás. Que haya, además de él, otras cosas, otras propuestas y soluciones, otras formas de administración de los intereses de los ciudadanos.
Al intelectual le complace todo lo que es verdadero y siente hostilidad a la suplantación, a la falsificación, al partidismo. En Inglaterra no hay intelectuales en la política. En Rusia no los ha habido nunca. Tampoco en Estados Unidos. En Francia los hay en abundancia, sin ir más lejos el actual primer ministro, Dominique de Villepin.
No me dirán que Berlusconi sepa lo que es un intelectual. Adolfo Suárez dijo en una ocasión que sólo había leído un libro. El emperador Francisco José se enorgullecía de haber leído solamente el Boletín Oficial de la Academia del Ejército de Viena.
El ideal de un pueblo, lo decía Ortega, es que no sea necesaria la intervención de intelectuales en su vida política. La II República española estuvo adornada de mentes lúcidas y claras que escribieron grandes libros y anotaban anécdotas en sus diarios personales para pasar a la historia. Eran intelectuales que no supieron gestionar la república.
El partido inspirado por Carreras, Espada, Boadella y otros nace con un espíritu antinacionalista. Van en contra de la aprobación del Estatut, no aceptan el actual régimen linguístico, se declaran de izquierdas y de tradición ilustrada. A mí no me estorban. No faltaría más.
Espada quiere expulsar al nacionalismo del espacio público y mandarlo a la alcoba, junto al crucifijo. Tiene una tarea muy interesante y difícil en Catalunya. Pero el trabajo más duro lo tendrá en el resto de España. Entre el nacionalismo del Pacto del Tinell, el tripartito y compañía, y el que vimos en la Convención del PP en Madrid este fin de semana, me parece más inflexible, exagerado, autoritario y trasnochado el que anunciaba la muerte prematura de España, Aznar dixit.
En cualquier caso, bienvenidos al debate político. Digan lo que quieran tan alto como les de la gana. Pero les quiero ver arremangados y cosechando votos en los mercados, en los pueblos y en los campos de fútbol. Preferiría que en vez de lanzar un mensaje en negativo dijeran algo en positivo. Da la impresión de que sólo ellos se han salvado del nacionalismo catalán que ha penetrado en todas las almas y cuerpos de los catalanes.
No exageren. Y, sobre todo, no hagan el ridículo y dedíquense a pensar y a escribir que es lo suyo.
Las víctimas y la política
Parece como si los que han pasado por el amargo trance de perder a alguien próximo por el zarpazo del terrorismo puedan calificarse en razón de la organización a la que se han afiliado, por su militancia política, por el territorio al que pertenecen o por si las víctimas eran civiles o militares, conocidas o anónimas.
Me duele la instrumentalización del dolor físico o moral que todos experimentamos a lo largo de nuestra existencia. Barrunto sospechas cuando veo que las víctimas son utilizadas políticamente, encabezan manifestaciones selectivas y piden decisiones de gobierno que afecten a sólo una parte de las víctimas del terror.
La perversidad del terrorismo no se mide por el número de víctimas sino por utilizar los asesinatos para hacer política y combatir violentamente las instituciones de un estado democrático y de derecho.
El Estado tiene que ayudar y mimar a quienes sufren el dolor de una muerte de un ser próximo y también a quienes hayan perdido facultades como consecuencia de la violencia que tiene un origen y justificación políticas.
Para defender los derechos de familiares que han perdido la vida en accidentes de tráfico o en cualquier otra desgraciada contingencia, existen leyes civiles y penales para exigir sus legítimos derechos y pedir las responsabilidades derivadas de cada caso.Las víctimas del terrorismo recurren al Estado que debe preocuparse de resarcir proporcionalmente el daño recibido en acciones violentas que iban contra la misma estructura de las instituciones del estado y de las que ellos han sido los principales perjudicados.
Todos los gobiernos desde que ETA ha sacrificado absurdamente a tantos inocentes han hecho lo que han considerado necesario para paliar el daño causado a los familiares de las víctimas. Con aciertos y con errores.
El Estado asume esta responsabilidad como no podría ser de otra manera. Pero las víctimas del terrorismo no pueden determinar, porque no tienen esta legitimidad, qué políticas deben seguir los gobiernos para combatir el terrorismo que puede venir.
Conozco a hermanos, hijas e hijos, esposas y maridos de asesinados por ETA que comparten el dolor de los que se encuentran en semejante y doloroso trance pero que no convierten esta pena en una bandera política para obligar a un gobierno democrático a que formule la estrategia que sirva mejor al bien común que no es otro que evitar que la violencia política actúe impunemente.
No hay víctimas más perjudicadas que otras. Todas merecen el mismo respeto y siempre la ayuda del Estado para paliar su dolor por la pérdida de personas cercanas. Instrumentalizar este dolor me parece una politización innecesaria. Al fin y al cabo, todos somos víctimas de la subversión de del orden establecido a través de la violencia.