El silencio antes de Bach
El silencio antes de Bach es la aportación cinematográfica más interesante que conozco de Pere Portabella. Llevamos casi 14 años coincidiendo inexorablemente cada martes en la tertulia radiofónica que dirige el excelente profesional que es Antonio Bassas, con el acompañamiento ritual del sabio Francesc Sanuy.
Conozco a Pere. Sé de su buen gusto, del respeto a las opiniones ajenas, de su curiosidad intelectual y humana de anchos horizontes. También sé de su comprensión hacia las personas y sus mundos interiores. Su porte señorial lo ha trasladado a una producción que lleva también el sello indeleble de Carles Santos y Xavier Albertí.
Portabella no se ha andado con menudencias. Ha penetrado en la riqueza del siglo XVIII escogiendo la figura de Johann Sebastian Bach que atraviesa el tiempo y el espacio y nos llega majestuosa hasta nuestros días. Transitar por el siglo de las luces es de una gran audacia si el recorrido lo inicia un hombre de cultura hispánica.
Mientras pasaba la película asocié a Portabella con el crítico George Steiner que ha dejado escrito que “hay algo terriblemente equivocado con una cultura embriagada por el ruido y la gregariedad”.
El silencio antes de Bach nos transmite silencio, el humilde silencio como primer paso hacia la sabiduría. Nos transmite también aquel pensamiento de Steiner cuando dice que sabemos que un hombre puede leer a Goethe o Rilke por la noche, que puede tocar a Bach y a Schubert, y continuar su trabajo al día siguiente en el campo de exterminio de Auschwitz. La cultura no nos hace mejores. Así se demostró con la gran cultura alemana que fabricó las perversidades del nazismo o la cultura rusa que nos trajo los sufrimientos de los Gulag.
El paseo en barco por el Elba atravesando Dresde, el camionero de hoy que se evade con la música, el mercado en el que el carnicero de Mendelhsohn envuelve la carne con una partitura de la Pasión según San Mateo, el empelucado guía de Leipzig, son secuencias de una lograda sensibilidad.
Es un viaje silencioso por tres siglos de historia europea. No será una película de masas sino una referencia para quienes valoran la fuerza creadora de la libertad y la satsifacción por las cosas bien hechas. Mi instinto me dice, otra vez Steiner, que una ecuación no lineal, una fuga de Bach, un pasaje de Platón, de Descartes o de Kant, un cuadro de Giorgione, jamás serán productos de masas. Para eso ya está el fútbol y los conciertos de rock.
Portabella, así lo escribe Marcelo Expósito, recurre a las secuencias múltiples dejando al espectador que establezca las relaciones que considere pertinentes. Construye el mundo del silencio de la mano del padre de la música moderna. Y no lo hace desde la cultura francesa o alemana. Es obra de un burgués de Barcelona, instalado en la izquierda inteligente y discreta.
Maleni, no te contengas y disfruta
Me place ver que la gente se lo pase bien, que ría, que esté satisfecha. La envidia, ese pesar o tristeza por el bien ajeno, es desaconsejable. No conduce a ninguna parte y mucho menos en estos días de fraternidad navideña.
Me ha producido alivio el desagravio que el Estado le propició a la ministra Magdalena Álvarez con la entrada triunfal del AVE a Málaga, dos días después de haber alcanzado también la estación central de Valladolid.
Se lo merecía, la señora, y Zapatero estuvo a la altura del momento cuando le dijo a Maleni que “no te contengas y disfruta”. Era demasiado pesada la losa que pesaba sobre la credibilidad de la ministra que días antes conoció la amargura de ser reprobada por el Senado, la primera reprobación de un miembro del gobierno que se produce en la democracia.
Magdalena Álvarez estaba muy contenta, El presidente Zapatero le echó los piropos que no ha prodigado a ningún miembro del gobierno. El presidente Chaves se sumó a la expedición en Córdoba para contribuir al homenaje por todo lo alto a Maleni que correspondió con candidez al responder que “hoy es un día tremendamente feliz también para mí”.
La ministra añadió que su satisfacción no será completa hasta que el AVE no llegue a Barcelona. El evento incluso se puede registrar antes del 9 de marzo, cosa que dudo, a juzgar por las visitas que vengo efectuando desde hace meses en los malditos dos kilómetros se observan desde la pasarela que parte a l'Hospitalet en dos.
Pero fue Cervantes quien puso en boca de Don Quijote aquella reprimenda a Sancho al decirle que “mira, no me engañes, ni quieras con falsas alegrías alegrar mis verdaderas tristezas”. La alegría de la España de Zapatero no se corresponde con las desgracias padecidas por los barceloneses en los últimos meses con unos trenes de Cercanías que están desvencijados y con un AVE que siempre está a punto de llegar a Sants.
Pero lo que me preocupa del AVE no es que llegue a nuevas capitales españolas. Lo que me inquieta es que se ha convertido en una red ferroviaria de cercanías de Madrid. Nadie prioriza las recomendaciones de la UE que abogan por la alta velocidad por el pasillo mediterráneo.
Ni tampoco hay muchas prisas para que el rápido ferrocarril llegue pronto a las fronteras con Europa. Seremos el país con más kilómetros de alta velocidad pero no estaremos conectados con Europa que es también donde está nuestro futuro. Esto no da votos.
Machado me evoca la Navidad
El ojo que tú ves no es
ojo porque tú lo veas,
es ojo porque te ve.
Para dialogar
preguntad primero
después, escuchad
Enseña Cristo: a tu prójimo
amarás como a ti mismo
más nunca olvides que es otro.
Son tres versos escogidos de los proverbios de Antonio Machado. Los he leído muchas veces. He reflexionado con ellos pensando que el otro forma parte mi mismo. Pensar en el otro, escucharlo, comprenderlo, ponerse en su lugar, ser compasivo, generoso y tener siempre presente que es otro.
La alteridad, el respeto al adversario, al enemigo, al que no nos entiende, forma parte del mensaje cívico machadiano, un mensaje espiritual de alta espiritualidad.
Sin el otro no somos nada. Con el otro lo podemos ser todo. El otro es el inmigrante desesperado que no tiene trabajo, el que atraviesa tribulaciones, el rico que tiene miedo por ser rico, el poderoso que está solo y su poder no le ahuyenta su soledad, el despreciado por los suyos, el discapacitado, el enfermo, el anciano, la fragilidad del niño y la astucia de los cínicos.
El otro está ahí siempre. Hay que ir en su busca pensando que tu ojo también es visto por el ojo del otro, que también es ojo. Preguntar y escuchar. Pero sobre todo escuchar. El escuchar es más elocuente que el hablar sin escuchar primero.
Perdonen estas elucubraciones. Machado me ha evocado el sentido más profundo de la Navidad.
Siempre son las fronteras
Las fronteras son lindes convencionales para separar pueblos, naciones, estados y otros códigos humanos o sociales que rompen la homogeneidad. Hay fronteras reales y artificiales. Las que han creado la historia a golpe de siglos, de guerras, de invasiones y migraciones y las que se han dibujado con tiralíneas en un Estado Mayor o en una conferencia internacional para repartirse territorios conquistados. Los conflictos mundiales siempre se originan cuando se modifica una frontera y cuando se pretende apoderarse de un territorio ajeno.
Las guerras en África tienen muchas causas pero una de las principales es la arbitrariedad de las fronteras trazadas en la conferencia de Berlin en 1885 para repartirse el continente con criterios coloniales, políticos y económicos de las potencias europeas.
Las fronteras balcánicas se han cambiado muchas veces en los últimos siglos. Todavía estamos en ello con la probable independencia de Kosovo y la reciente aparición de varios estados nuevos con la desintegración de Yugoslavia. La voladura de la Unión Soviética comportó miles de kilómetros de nuevas fronteras.
El ya endémico conflicto entre Israel y los palestinos se origina por el trazado de fronteras. Se han librado varias guerras desde 1947 y la paz no llegará finalmente sin un acuerdo fronterizo. Lo mismo cabe decir de las líneas divisorias de varios países latinoamericanos que no aceptan el trazado de sus límites estatales. Ecuador y Perú se amenazan de vez en cuando y Bolivia culpa a Chile de no tener salida al Océano Pacífico.
Cuando a las fronteras políticas entre estados se añaden elementos étnicos, religiosos o de pueblos y naciones fragmentados por las fronteras de estados artificiales, el problema es insoluble.
Es el caso del pueblo kurdo que no consiguió la independencia después del reparto del Imperio Otomano al perder la Gran Guerra de 1914 y que se encuentra desperdigado entre Turquía, Iraq, Irán y Siria. Los turcos no han aceptado nunca sus aspiraciones nacionales ni autonómicas. Los han mal tratado, perseguido y negado su diferencia. La invasión y guerra de Iraq ha permitido que los kurdos agrupados en el partido PKK establecieran bases en Iraq provocando la acción militar de Turquía que ha vulnerado las fronteras atacando a los kurdos en el interior de Iraq.
Turquía no puede pretender entrar en Europa en 2014 si antes no ha resuelto esta cuestión. De hecho, el bombardeo turco sobre enclaves kurdos en Iraq puede detener el ya lento proceso de negociación entre Ankara y Bruselas. Se da la circunstancia, además, que el ejército de Estados Unidos protegió el espacio aéreo de la aviación turca para que pudiera castigar a los kurdos del PKK en el interior de Iraq.
Los turcos se han equivocado y los norteamericanos también añadiendo más tensiones a la presencia de 150.000 soldados en Iraq. Pero la equivocación primera hay que situarla en el trazado de fronteras de 1921 cuando Churchill y Gertrude Bell establecieron sobre el papel las fronteras de Oriente Medio olvidándose de los kurdos.
Las prisas incontroladas de Sarkozy
Nicholas Sarkozy está pisando muchas líneas contínuas de las convenciones políticas francesas. Va muy deprisa y hace muchas cosas. Es un hombre de acción que juega muchas cartas a la vez, siempre en el candelero, sembrando titulares y emociones, cambiando de registros y apareciendo en el lugar y en la situación más inesperados.
La derecha no se reconoce en él ni tampoco la izquierda lo puede encasillar en sus filas. Nombra ministro de Asuntos Exteriores a un Bernard Kourchner que militó en la izquierda del buenismo, envía al fondo Monetario Internacional a otro socialista y pretendiente a ser candidato a la presidencia de la República, Dominique Strauss-Kahn, viaja personalmente a Chad para rescatar a unos franceses retenidos, se reune con Bush y rompe el hielo con Washington, prácticamente desde los tiempos de De Gaulle y da la bienvenida al pintoresco Gaddafi que es recibido como un estadista con contratos multimillonarios bajo el brazo a pesar de haber sido protector e instigador de terroristas con muchas muertes a cuestas.
El sector público francés le monta una huelga general y la gana casi sin despeinarse. Habla con Zapatero y la colaboración entre España y Francia contra el terrorismo de ETA parece como si comenzara en el mandato de la presidencia Sarkozy. Está sacudiendo la Francia políticamente correcta, la agita hasta extremos indecibles, y no parece que su aceptación haya salido perjudicada. Ocupa la apertura de los telediarios y los titulares de los periódicos.
En su ensayo sobre Mirabeau, un personaje de la Revolución Francesa de una actividad ilimitada, Ortega y Gasset dice que “un hombre de acción no puede ser escrupuloso”. No sé si es el caso de presidente de Francia. Pero por si su frenética actividad presidencial le dejara tiempo libre, va y se divorcia de su segunda mujer y ahora aparece en las revistas de la mano de la cantante y ex modelo, Carla Bruni, italo-francesa, paseando por Eurodisney insinuando una nueva relación después de su divorcio con Cecilia el 18 de octubre. Él tiene 52 años y ella 39.
Francia tiene tradición de respetar la vida privada de los personajes públicos. Mitterrand reveló que tenía una hija natural sólo cuando él quiso. Pero en el caso de Sarkozy concurre la insufrible categoría de un superhombre. una circusntancias que a muchos franceses les puede llevar a decir aquello de “trop c'est trop”, demasiado es demasiado. Es muy probable que Sarkozy no reforme a Francia. Pero está moviendo las piezas para que lo haga otro.
Guerras sin ejércitos
La matanza de un centenar de civiles se perpetró el martes en la capital argelina. Era un día once y la relación con el terrorismo de Al Qaeda es inevitable. Ayer la violencia política visitó macabramente Líbano e Iraq. En Beirut explotó una bomba cerca del palacio presidencial y murieron varias personas, entre ellas un general que iba a ser designado jefe de las Fuerzas Armadas. La relativa calma que se vivía en Iraq en las últimas semanas se ha roto con un triple atentado con bombas suicidas en la ciudad de Amara. Murieron unas cuarenta personas.
Estas barbaries se cometen fuera de las fronteras del llamado mundo occidental. Pero sería muy irresponsable no darles la importancia que tienen en unos tiempos en los que la guerra contra el terrorismo sigue sembrando muertes en aquellos países que se ha pretendido democratizar con la fuerza militar, al margen del derecho y sin tener en cuenta los daños colaterales causados a tantas personas inocentes.
La guerra se ceba cada vez en las víctimas que no tienen nada que ver con el conflicto. En la Gran Guerra de 1914 sólo un 5 por ciento de las víctimas eran civiles. En la Segunda Guerra mundial la cifra de bajas civiles se elevó al 66 por ciento. En la actualidad, según cuenta Eric Hobsbawm en su último libro, Guerra y paz en el siglo XXI, que la proporción de víctimas civiles en cualquier guerra se sitúa entre el 80 y 90 por ciento del total. De la guerra entre los ejércitos se ha pasado a la guerra contra los pueblos que son víctimas de decisiones políticas equivocadas y de la alta tecnología que utilizan los estados mayores para castigar a los enemigos.
Se han registrado más de cuatro mil bajas de soldados en Iraq desde que empezó la guerra en marzo de 2003. La mayoría son norteamericanos. No han perdido la vida en trincheras o en campos de batalla. Han muerto por la acción de lo que cabría denominar las bombas atómicas de los que no tienen armas. Casi todas las acciones terroristas de quienes matan bajo la franquicia de Al Qaeda comportan la inmolación de uno o varios suicidas.
En estas condiciones es muy difícil ganar la guerra al terrorismo internacional. Ni con más de 150.000 soldados desplazados en Iraq, ni con los abusos cometidos en sus cárceles, ni con Guantánamo y todo lo que significa para la dignidad humana, ni con discursos ni con más fuerza. La fuerza de los ejércitos es contestada con la vida de los que matan muriendo. Es urgente cambiar de estrategia y desplegar el “poder blando” y no el “poder duro”, utilizando la expresión del profesor Joseph Nye.
Winston Churchill, que experimentó las desgracias de tres guerras imperiales en India, Sudán y África del Sur, advirtió proféticamente en 1901, mucho antes de que el destino le situara al frente de Hitler, que las guerras entre los pueblos serían mucho más terribles que las guerras entre los reyes. Los que más sufren sus consecuencias son las víctimas inocentes.
Proliferan los nuevos estados en el mundo
Los nuevos estados proliferan en el mundo. Al fundarse las Naciones Unidas en 1945 en San Francisco, eran 45 las naciones miembros. La caída de los sistemas coloniales aumentó la cifra a 126 al comienzo de los años setenta. El desmoronamiento de la Unión Soviética se tradujo en la independencia de 14 repúblicas, la parcelación de la antigua Federación de Yugoslavia y la partición amistosa de Checoslovaquia. Hoy, las Naciones Unidas reconocen a 192 estados. Kosovo puede ser el siguiente.
Son datos objetivos que pueden tener muchas lecturas pero que marcan una tendencia que, de momento, parece imparable. La independencia se ha conseguido por concesión pactada con la potencia colonial, por la desaparición de un imperio como el soviético, por guerras civiles, movimientos armados de liberación nacional o por una decisión unilateral como es el caso de Kosovo, agotadas las posibilidades de llegar a un acuerdo entre la mayoría albano kosovar y la minoría serbia, tras la mediación de la Unión Europea, Estados Unidos y las Naciones Unidas. Rusia, vieja aliada de Serbia, se opone a la independencia de Kosovo.
No voy a establecer comparaciones con España porque Catalunya no es Kosovo ni el País Vasco Montenegro. Lo que me interesa señalar es que la reacción de Kosovo se inicia cuando el régimen de Milosevic responde brutalmente al movimiento guerrillero kosovar que había atacado a la minoría serbia en Kosovo. La limpieza étnica de albaneses provocó la intervención militar internacional que acabó otorgando un status de provincia administrada por las Naciones Unidas.
La paradoja es que nada hacía prever hace diez años que Kosovo iniciaría el camino hacia la independencia con la aprobación de la UE y Estados Unidos. Si se pregunta a un kosovar qué es, contesta diciendo que es albanés y si la pregunta es dirigida a un kosovar serbio, la respuesta es serbio. La independencia de Kosovo, un país cuya identidad constituyó la edad de oro de Serbia hasta el siglo XIV, habrá sido consecuencia de los excesos políticos y militares de Milosevic en los años noventa.
Lo que me preocupa más no es que nazcan nuevos estados independientes. Lo que me inquieta es cómo serán protegidas las minorías que en los Balcanes han quedado fuera del estado al que su etnia, religión o cultura pertenecen. Los derechos colectivos existen, siempre y cuando no atropellen los individuales, los de todas las personas.
Leones y Corderos
He visto Leones y Corderos, la película dirigida e interpretada por Robert Redford, Meryl Streep y Tom Cruise. Una de las muchas versiones que veremos sobre la política militar de la presidencia Bush. Ya sabemos lo que nos cuenta.
Los políticos mienten, los periodistas fracasamos cuando la realidad nos confirma nuestras equivocaciones y la juventud está desorientada. Redford revela a un alumno de California sus propias frustraciones en el otoño de su vida académica.
Un afroamericano y un hispano pierden la vida por defender a su patria, Estados Unidos, una periodista se da cuenta que ha sido engañada, que no ha investigado, que no ha buscado las pistas que la podían conducir a una cierta explicación de los hechos.
Nada nuevo. Desde los tiempos antiguos hasta la más reciente de las guerras. Mientras pasaban las secuencias de muerte en las montañas afganas, en las estribaciones del Himalaya, he vuelto a recapacitar en la historia como un gran matadero, al que han sido conducidas para ser sacrificadas la fortuna de los pueblos, la sabiduría de los Estados y las virtudes de los individuos.
Pasará la presidencia Bush. Le sucederá otra. Vendrán más guerras y conflictos. Nuevas víctimas y verdugos nuevos. Leones y corderos. El mal y el bien. Y así hasta el final de los tiempos. Sólo cabe aportar sentido común y respeto al otro. Lo contrario es más sacrificios estériles, absurdos, nihilistas. Sin orden moral no hay orden social. Sin el derecho la fuerza sólo genera maldad.
Mil testimonios sobre Barcelona
Acabo de recibir el último libro del viejo amigo Lluís Permanyer y he levantado el ánimo. Ha hecho un gigantesco trabajo de investigación sobre qué han dicho de Barcelona mil personajes a lo largo de más de dos mil años de historia. Entre los 1000 testimonis sobre Barcelona (La Campana) no figura ningún barcelonés ni tampoco ningún catalán.
Son reflexiones vividas o escritas por personajes tan variados como Clemenceau, Trotsky, Cervantes, Virginia Woolf, Cristóbal Colón, Ingrid Bergman. Bob Dylan, Stendhal y André Breton. Hasta llegar a mil. Añadiré unos cuantos más: Émile Zola, Karl Marx, Lope de Vega, Victor Hugo, Tirso de Molina, George Orwell y Honoré de Balzac.
He leído apresuradamente cómo nos han visto a lo largo de la historia desde fuera una treintena de esos personajes. No está mal. Permanyer publicó en 1993 un libro que recogía citas y testimonios sobre Barcelona de personalidades no catalanas. Pero ahora ha completado el trabajo hasta llegar al millar. Enhorabuena, querido Lluís.
En estos tiempos que corren de autoestima tan deteriorada, he decidido colocar en la estantería de libros indispensables esta recopilación de visiones foráneas de Barcelona. Para los barceloneses de adopción, no sé si somos la mayoría pero somos muchos, es una referencia necesaria para no perder de vista que vivimos en la capital de un gran país, una ciudad que las ha visto de todos los colores, un centro urbano de una gran vitalidad cultural, artística, social y política.
Permanyer es más que el mejor cronista de Barcelona. Es el que lo sabe todo de nuestra ciudad y le deseo larga vida para que desde las páginas de este diario nos siga ofreciendo sus meticulosos conocimientos, escritos con el rigor que le caracteriza, de la historia ignota de Barcelona.
Pasearse con los testimonios de estos mil personajes que hablan de Barcelona a lo largo de los siglos es el mejor antídoto para salir de la aparente tristeza en la que nos hemos sumergido sin que haya tantos motivos como parece.
Leyendo las citas que recoge Permanyer me ha venido en mente la definición de George Steiner sobre su idea de Europa que es, como Barcelona, la acumulación de los cafés, de los paisajes que podemos recorrer a pie, de las dimensiones humanas de las calles, de sus personas corrientes, de las plazas que llevan nombres de estadistas, artistas, científicos y poetas.
Cuando observo a Permanyer transitar erguido por la Diagonal, con una puntualidad intransigente, bigotes horizontales y porte señorial, pienso en el prototipo de personas que hacen muy habitable y muy humana una gran ciudad. Permanyer no es amante de las grandes definiciones ni de la simbología efímera. Su perfección está en el detalle, en denunciar la existencia de un árbol mal podado, de un alumbrado insuficiente o de una azotea remozada con mal gusto. Nos ofrece una idea de civilidad y elegancia. Gracias.
Washington necesita un cambio urgente
Si el presidente Bush y su equipo decidieran atacar Irán no tendrían razones para justificarlo. Ni siquiera podrían traspasar las responsabilidad a las agencias de inteligencia que aseguraban en 2003 que en Iraq había armas de detrucción masiva.
Todo sería más fácil ahora. Se atacaría Irán sin ninguna razón. No habría que criticar tanto ni hacer tantos análisis. El debate se centraría en el control de la región de Oriente Medio y de sus recursos energéticos.
Allan Greenspan, que fue muchos años presidente de la Reserva Federal, acaba de decir en sus memorias que la guerra de Iraq se libró básicamente para controlar el petróleo de ese país. El señor Greenspan no es un intelectual francés o un anti americano orgánico.
Bush ha insistido, después de conocerse los informes de inteligencia que Irán detuvo su programa nuclear en 2003, que el régimen de Teherán ha sido, es y será un peligro. Puede tener razón. Pero no por las armas atómicas sino por otras razones.
Visto así, todos los países pueden ser un peligro. Es demasiado simple. Y es muy peligroso señalar peligros cuando para resolverlos se piensa exclusivamente en la fuerza y en el control de territorios ajenos.
Esta visión no forma parte de la tradición en política exterior de Estados Unidos. Como toda gran potencia se ha equivocado y ha cometido errores que han costado miles de muertos. Pero ha sabido rectificar volviendo a sus raíces democráticas.
Espero que, por el bien de todos, los americanos entiendan lo que está en juego en las próximas elecciones presidenciales. Washington necesita un cambio de personas y de planteamientos.
Frágil libertad en Venezuela y Rusia
Vladimir Putin ha ganado ampliamente en Rusia y Hugo Chávez ha perdido por escaso margen en Venezuela. Sería una simplificación el concluir que Putin ha hecho trampa y Chávez ha aceptado la llamada voluntad general rousseauniana. En los dos casos, al margen de la transparencia electoral, la libertad de rusos y venezolanos para elegir ha sido muy escasa.
En el caso venezolano se ha demostrado que, a pesar de la demagogia de Hugo Chávez, hay un poso de sentido de la libertad y dignidad que ha impedido al líder bolivariano aprobar una constitución que le perpetuaba en la práctica como presidente vitalicio de Venezuela. Chávez se ha apoderado de la calle, ha ocupado todos los medios de comunicación públicos, ha recurrido a un patriotismo trasnochado y ha explotado de forma indecente la conminación del Rey a que se callara en la cumbre de Chile.
Más de la mitad de los venezolanos que acudieron a las urnas le dijeron NO. Pero por poco. Chávez ha aceptado el resultado pero no ha renunciado a insistir en su intento de controlar todas las instituciones del país en cuanto se presente una nueva ocasión, es decir, a partir de hoy mismo. Hay que agradecerle que, al menos por ahora, no haya caído en la tentación del pucherazo y salir victorioso del referéndum. A ello han contribuido los movimientos de estudiantes, el debate mundial que ha pasado por Internet y el buen sentido de millones de venezolanos que no le han querido dar carta blanca a sus populistas pretensiones.
El caso de Rusia es distinto pero tiene un fundamento parecido. El presidente que ha seguido las directrices de la Constitución que él mismo hizo aprobar, no puede repetir como máximo mandatario del Kremlin pero podrá gobernar Rusia con una amplia mayoría al frente de un partido que dominará la Duma sin dificultades.
Los rusos, ajenos a la práctica de las libertades durante siglos, no han podido romper la hegemonía de la corte de Putin y han tenido que aceptar que la campaña transcurriera vulnerando la igualdad de oportunidades que tenían todos los candidatos.
Los dos países disponen de grandes recursos energéticos que son imprescindibles para la marcha de las economías del mundo industrializado. La fuerza de los petrodólares les hace invulnerables.
En los dos países reina una ideología confusa de la libertad que conduce inexorablemente a un dogmatismo que cada día se revela más hostil a la propia libertad, hayan ganado o perdido.