Más ricos y más pobres
No es un informe de Cáritas o de una de tantas ONG que ofrecen radiografías periódicas sobre la situación en que viven los españoles de nuestro tiempo. Los datos proceden del Instituto Nacional de Estadística en su rutinaria Encuesta de Condiciones de Vida que se publica anualmente.
Son datos oficiales que convendría fueran analizados por los gobiernos progresistas, tanto en España como en Catalunya, para ver qué se puede hacer para alcanzar un cierto reequilibrio de la riqueza y de las oportunidades de progreso para todos los ciudadanos.
Los datos oficiales nos dicen que uno de cada cinco españoles viven en la pobreza. La realidad es mucho más cruda para autonomías como Andalucía y Extremadura donde la proporción de pobreza estructural es de uno de cada cuatro.
Otra referencia que contrasta con la filosofía oficial de la paridad entre sexos es que las mujeres cobran un 40 por ciento menos que los hombres.
La estadística es una ciencia fría y descarnada que habla en términos globales y no contempla las situaciones particulares.
Pero más del 60 por ciento de los consultados en la encuesta, con rentas inferiores a los 9.000 euros, no pueden disfrutar de una semana de vacaciones.La situación de pobreza de casi un 20 por ciento de la sociedad española es una de las más altas de los 25 países de la Unión Europea.
Entre los ciudadanos que se encuentran en estas franjas de ingresos, casi un 6 por ciento no puede comer carne o pescado cada dos días y un 16 por ciento no dispone de una temperatura adecuada en su vivienda.
Esta fotografía social contrasta con las cifras multimillonarias que manejan las grandes empresas que compran multinacionales en América y en Europa por sumas astronómicas. España ha irrumpido con éxito en las finanzas y en el tejido económico del mundo democrático. Cada dos por tres aparece un ejecutivo de una institución financiera o de una multinacional anunciándonos que los beneficios del último trimestre han crecido un 30, un 40 o un 60 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior.
Me dirán que vivimos en el mundo globalizado y las leyes del mercado pasan por encima de la función arbitral y redistributiva del Estado moderno. No soy de los que me disgustan los beneficios ajenos siempre y cuando se construyan en los parámetros de las leyes vigentes.
Pero la realidad es que la globalización empeñece a las clases medias en beneficio de quienes cada día tienen más y agrandan el número de los desfavorecidos que cada día están más indefensos. Es indecente.
Ponga un video en su vida
El video ha irrumpido con insistencia y desparpajo en la política. Si no editas un video y lo distribuyes sacando los colores al adversario, no estás al día.
Se me ocurren dos consideraciones al respecto. La primera es que las nuevas tecnologías han entrado de lleno en la actividad política. Para atacar, desacreditar o denigrar al adversario. No se distribuyen videos sobre lo que un gobierno ha hecho.
El video es un arma para desenterrar de los sarcófagos de las videotecas cualquier desliz, contradicción o despropósito grabado en tiempos anteriores. El lenguaje ya no tiene la hegemonía de lo que ha ocurrido. La imagen le acompaña y es distribuida a través de los más variados soportes.
La segunda consideración es que también el periodismo clásico ha perdido la hegemonía de la información y de la opinión. Todo lo publicado, lo filmado, o lo grabado está al alcance de todos en todas partes a cualquier hora.
Una sencilla búsqueda en la red te lo suministra de forma inmediata. No se puede esconder nada. Lo que ha pasado, lo que uno ha hecho, queda a la vista de todos. Vivimos en la sociedad de la transparencia, del conocimiento, de la interconectividad.
No sé si es bueno o malo. Es lo que es. Y así va a seguir siendo en el futuro, cada vez con más penetración, siempre con la idea de que los rincones de las biografías de cualquier persona pública estarán al alcance de todos.
Un triunfo del catalanismo politico
José Montilla tomará posesión mañana como president de la Generalitat. Se dice que lo más probable es que conozcamos, por fin, cuál será la composición del nuevo ejecutivo. El hermetismo de sus decisiones me ha parecido bien aunque fuera para imitar la famosa libreta azul aznarista.
Es una señal que refleja un sentido de autoridad hacia los suyos y también hacia sus socios de gobierno que rompe con las dudas y las crisis de la era Maragall que salían primero en los diarios y después no se materializaban.
Es del todo prematuro juzgar cómo será el estilo de gobierno de Montilla. Me da la impresión que no estará para bromas ni permitirá que le marquen goles por fallos imperdonables de sus jugadores. Estos días he estado charlando en la Catalunya comarcal, con un alto nivel de auto estima, sobre la situación del país después de las elecciones. La primera fue en Torroella de Mongrí y la segunda en la Espluga de Francolí.
Dije en público, y no me importa escribirlo, que la medida para valorar la autoridad de Montilla la podremos conocer si a finales de febrero ha cesado fulminantemente a dos consellers si se diera el caso que han cometido un error que justifique su destitución como miembros del ejecutivo. Añadía que podrían ser socialistas, republicanos o de Iniciativa.
No soy partidario de hacer predicciones, especialmente sobre el futuro que siempre se inventa y es impredecible. El gobierno Montilla arranca desde muy abajo. La oposición ganó las elecciones en 38 de las 41 comarcas catalanas. en la ciudad de Barcelona CiU fue por delante, y esta circunstancia va a pesar mucho sobre los primeros compases de la legislatura. El nuevo ejecutivo no se puede permitir un fallo garrafal en los primeros meses y, sobre todo, no puede dar muestras de falta de autoridad o de coherencia interna.
Transitando por la Catalunya no barcelonesa, el territorio rural que mira a la capital con reticencias de todo tipo, he comprobado un cierto desencanto porque un president nacido en Córdoba, que habla el catalán con la cautela de quien se expresa en una lengua que ha tenido que aprender de mayor, pueda dirigir los destinos del país en tiempos de cambios profundos y acelerados.
No voy a hacer un juicio ideológico o personal ni tampoco si era oportuna la reedición del tripartito que tuvo que autodisolverse expulsando a uno de los socios por haberse pronunciado en contra del Estatut que ahora tendrá que desplegar como un socio indispensable del actual gobierno.
El president Montilla, en cualquier caso, tiene toda la legitimidad democrática derivada del sistema parlamentario vigente. Hay que dar tiempo al tiempo para emitir una opinión fundada sobre los hechos y no sobre las expectativas de una acción de gobierno que no sabemos cómo será.
Lo que sí me interesa señalar es que el hecho de que Montilla se exprese en un catalán deficiente es un triunfo del catalanismo político, una victoria de la integración que abanderó el president Pujol con la nunca suficientemente valorada aportación de los socialistas catalanes, desde Joan Reventós a Pasqual Maragall pasando por Raymond Obiols y Joaquim Nadal. La integración de los sobrevenidos en los años sesenta y setenta, con una maleta de cartón y unas cuantas pesetillas en los bolsillos, es un paradigma de la realidad y no del ideal de un país que sólo existe en la mente de quienes piensan que la lengua o la nación sólo la pueden defender adecuadamente los de siempre.
La normalidad linguística no la vamos a implantar quienes hemos sido siempre bilingues sino quienes, con gran esfuerzo personal, han hecho suya también la lengua propia de la sociedad de acogida. Me conmueve escuchar a Manuela de Madre, nacida en Huelva, hablando catalán.
Víctimas de la manipulación política
ETA ha causado terribles daños personales, materiales, morales y políticos. Las principales víctimas son las que ya no están en el mundo de los vivos. Hay militares, guardia civiles, políticos de derecha y de izquierda, amas de casa, niños, ciudadanos de a pie, anónimos, hasta llegar a casi el millar.
El principal causante de cuanto ocurre en los ánimos de los que queremos acabar con este conflicto endémico y de los que parece que quieren vivir permanentemente con él, es ETA, culpable de utilizar la violencia por motivos políticos.
Luego vienen los parientes más cercanos, los amigos, los compañeros de los desaparecidos, los compatriotas. Todos somos víctimas de los que se han tomado la justicia por su cuenta, la inmoralidad de cambiar la realidad a golpe de pistola.
Víctimas somos todos, en muy diverso grado. Por ello me duele doblemente que miles de ciudadanos se manifiesten en Madrid en nombre de las víctimas, cuando en realidad lo que están haciendo es instrumentalizar a las víctimas por motivos políticos.
Da la impresión de que los señores del PP, desde José María Aznar a Mariano Rajoy pasando por Ruíz Gallardón y Esperanza Aguirre, quieren echar a Zapatero utilizando las víctimas. No es decente.
Hace seis años caía asesinado mi amigo y contertulio Ernest Lluch enfrente de su casa barcelonesa. La noche antes le acompañé a su casa y charlamos largamente en el trayecto y con el coche en marcha en la avenida de Chile.
Al día siguiente era asesinado porque estorbaba a unos y otros. Porque creía que había un camino distinto para resolver los problemas que la violencia. Porque pensaba que mientras ETA no matara se daba un pequeño paso hacia la paz.
No sé lo que pensaría Lluch de la manifestación de ayer. Pienso que les diría a los manipuladores del dolor de muchas víctimas que la política no tiene esos parámetros. Que la unidad de España y la rendición a los terroristas, no tiene nada que ver con un proceso que no ha hecho sino empezar y cuyos resultados son más que inciertos. Y, sobre todo, que el dolor no puede salir de manifestación sino que es patrimonio de la conciencia, de lo privado, de los sentimientos personales.
Otra cosa es que Zapatero haya perdido la hoja de ruta, si es que alguna vez la ha tenido en la cabeza respecto a ETA. A mí no me gusta la chulería de los batasunos exigiendo unas condiciones que nadie les ha dado. Con violencia no habrá paz. Y con imposiciones tampoco. Pero que miles de personas se concentren en Madrid para dar patadas en el trasero de Zapatero en nombre de las víctimas del terrorismo, me parece impresentable, inmaduro e irresponsable.
Recurriendo al siempre citado Talleyrand diré que es peor que un crimen, es un error.
Todo en nombre de posibles acciones de futuro. No se han acercado los presos, no se ha cedido en nada, la policía actúa al margen del proceso de paz... Simplemente porque se está negociando. ¿Qué es mejor, negociar, o ir a tiro limpio?
Putin es un peligro
Rusia es un gran país inmenso, con once franjas horarias, se extiende desde el Pacífico hasta el Mar Báltico. La literatura no sería lo que es si los escritores del siglo XIX no nos hubieran transmitido las complejidades profundas del alma de un pueblo.
Desde tiempos de Pedro el Grande y de Catalina ha luchado para encontrar un espacio en el mundo, para decidirse por su europeidad o por el carácter eslavo de sus gentes. La modernidad que quiso introducir el zar Pedro pasaba por Europa y las veleidades de la zarina Catalina carteándose con Voltaire y con los ilustrados franceses se estrelló contra la Revolución de Octubre.
Un puñado de revolucionarios tomó el poder en San Petersburgo y los efectos de aquel nuevo régimen que pretendía implantar el "homo sovieticus" se extendieron por todo el mundo.
Rusia ha condicionado la política del mundo desde que Napoleón era derrotado por la soledad de los salones del Kremlin y por las bajas producidas por el general invierno después de la batalla de Borodino. La Santa Alianza del Congreso de Viena tiene el sello ruso. La revolución de 1905 conmociona al mundo y la de 1917 marca todo el siglo.
Los soviéticos son los que frenan a Hitler en Stalingrado y Leningrado. El Tercer Reich recibe su golpe de gracia en las playas de Normandía pero también en el frente del Este. Son las tropas de Stalin las que llegan a Berlín y las que descubren el primer campo de exterminio en Treblinka.
La conferencia de Yalta parte a Europa en dos. El Pacto de Varsovia es una extensión del poder político, militar y económico de Moscú. Las revoluciones de terciopelo o de las calles de Budapest, Praga, Berlín Este y Varsovia derriban el muro levantado por Kruschev en en 1961.
Rusia pierde pedazos muy considerables de su imperio. Lenin decía que la Unión Soviética no sería la cárcel de los pueblos pero en menos de dos años convirtió a toda la masa euroasiática en una cárcel de las personas sospechosas, díscolas o simplemente no adictas al nuevo régimen.
Una gran maquinaria para detectar adversarios se puso en marcha. Primero con la NKVD y luego con la KGB. El Gran Hermano orwelliano se instaló en todos los rincones del imperio. El sistema no cayó por una guerra en el exterior, ni siquiera por una revolución interna. El gran edificio se desmoronó sin que nadie disparara un tiro.
Se separaron unas catorce repúblicas. Quedó Chechenia que también pedía su soberanía pero no la obtuvo. Gorbachev no está muy bien visto en Rusia. Pero fue él quien liquidó un régimen que no servía a los soviéticos sino al aparato de un partido que disponía de información, conocía las vidas privadas de la gente, les detenía y juzgaba.
Luego apareció Boris Eltsin, con mucho vodka en el cuerpo y con una desidia y despreocupación notables. No podía continuar. Perdió el poder y lo recogió Vladimir Putin, antiguo funcionario del KGB que rige Rusia con puño de hierro.
Pienso que el espionaje, la eliminación de los enemigos del régimen, la persecución de los peligrosos y sospechosos ha continuado. No hay evidencias sobre quién envenenó a Alexander Litvinenko, ex espía ruso, que ahora lucha por su vida en un hospital de Londres. Las sospechas se han dirigido inmeditamente sobre Putin.
Litvinenko tiene muchos enemigos dentro y fuera de Rusia. Sabe demasiado. Sabía demasiado también la periodista Anna Politkovskaya que fue asesinada hace unas semanas en Moscú. Hablaba de lo que ocurría en Chechenia.
Son personas que pretenden reformar Rusia desde la modernidad, la libertad, la igualdad y la justicia. Han sido asesinados más periodistas, hombres de negocio, políticos desafectos y gentes que amenazaban el control de Putin de aquel gran país.
El Kremlin reacciona invariablemente negando cualquier involucración en esos crímenes. Se limita a decir que son mentiras. Ni siquiera tranquiliza a los rusos diciendo que va a investigar los crímenes.
Rusia vuelve a tener relevancia. Porque es un gran país, porque tiene recursos energéticos necesarios para Europa y para el mundo, porque no se conforma con haber perdido el control sobre el cordón de países independientes que fueron suyos y que ahora van por su cuenta.
Putin no merece contarse entre los grandes estadistas mundiales. A pesar de que disponga de petróleo, de que sea muy grande o de que pueda influir en el mundo. La "realpolitik" ya pasó. No se puede tolerar todo por el hecho de ser más fuerte, tener más recursos o dominar la gran masa euroasiática.
"The Queen" y el tripartito
La película de Stephen Frears me ha interesado en muchos aspectos. El argumento, la magistral interpretación de la reina de Inglaterra, el primer ministro Blair, la gente, la vida recluída en el castillo escocés de Balmoral, la manera cómo es despertada la soberana, cómo ve la televisión, cómo cazan los reyes, cómo lee los periódicos o cómo se pasea con un destartalado land rover por los miles de acres de la residencia veraniega de los Windsor.
Pero “The Queen”, me ha evocado las formas, siempre las formas, que permiten resolver una crisis emocional de forma satisfactoria como la que planteó la muerte trágica de la princesa Diana en un túnel de París el último día del mes de agosto de 1997.
Los ingleses supieron hacer revoluciones que no han atacado jamás el principio de legitimidad. Para ser reina de Inglaterra durante más de medio siglo es preciso conocer los comportamientos, huir de las prisas, valorar las consecuencias de las decisiones, no izar o arriar banderas precipitadamente y no convertir en un conflicto público lo que era un drama privado.
La democracia no puede actuar con prisas, con chapuzas, como si se tratara de una carrera por montañas sin caminos y sin mapas. La democracia no puede sobrevivir sin las formas, sin una cierta mística que la convierte en fuerte y a la vez vulnerable. Y en una monarquía parlamentaria, las formas son imprescindibles.
Cuatro fuerzas entraron en juego descontrolado en aquellos frenéticos días de septiembre de hace nueve años: la Monarquía, el Gobierno, el pueblo británico y los medios de comunicación. Cada uno cumplió con su deber, como recuerda la famosa frase escrita sobre mármol en la columna de Nelson en Trafalgar Square, en unos momentos en los que las emociones eran más poderosas que la racionalidad.
La Reina no había entendido lo que pasaba en la calle. A medida que las flores se amontanaban por millares en las puertas del palacio de Buckingham y mientras los periódicos pedían un mensaje oficial de condolencia de Isabel II, el primer ministro la llamaba por teléfono para que saliera de su urna de cristal escocesa y expresara su dolor por la muerte trágica de la que había sido la mujer del heredero y la madre de un futuro rey de Inglaterra.
Finalmente la Reina decide actuar con la cabeza y olvidar las heridas que llevaba en su corazón. El pueblo británico actuaba más por las emociones que por las consecuencias institucionales que comportaban que la soberana torciera su voluntad. En el vuelo de Escocia a Londres al pensamiento de Isabel le vendrían las equivocaciones de sus antecesores que les llevarían al patíbulo.
No había para tanto con la muerte de la princesa del pueblo porque el país no es republicano. Tony Blair guardó las formas y recondujo la situación acercando la soberana a las gentes a través de los medios de comunicación.
Una institución que lleva tantos siglos al frente de un país no puede precipitarse, tiene que observar las tradiciones, los hábitos sociales y políticos, para acabar haciendo lo que el primer ministro le exigía humildemente que hiciera.
Aconsejo a los socios del tripartito y a quienes están en la oposición que vean “The Queen”. Se pueden tener convicciones y puntos de vista sobre cualquier cosa. Pero es aconsejable cambiarlos cuando los hechos te indican que la realidad marcha por otros derroteros. Se han saltado varias veces las formas en menos de un mes.
Primero con la reunión de 70 diputados electos pero no proclamados en una sala del Parlament para anunciar el futuro gobierno tripartito. Una chapuza. Había que haber esperado hasta la proclamación del nuevo parlamento, la elección de su presidente y el turno de consultas preceptivo para encargar la formación del gobierno.
Tiene razón Artur Mas que las consultas de hoy han sido una comedia. Pero no tiene ninguna razón cuando dice que José Montilla le falta autoridad política y autoridad moral para presidir el país. ¿Quién es Mas para distribuir carnets de autoridad?
Feminismo y feminidad
Indira Gandi, Margaret Thatcher y Golda Meir no exhibieron su feminidad. Gobernaron con energía, autoridad y puñetazos encima de la mesa. La primera ministra de Israel dicen que dijo que "soy la única persona en este gabinete que tiene un par de ..."
La mujer en la primera línea de la vida política de un país era una singularidad, una concesión a la casualidad, una anomalía que confirmaba la regla de que la política es cosa de hombres.
En los países escandinavos no es así desde hace tiempo. Pero en el resto de las democracias occidentales empieza a romperse la rareza de que una mujer gane unas elecciones y gobierne sin ningún complejo.
Angela Markel lleva un año presidiendo una gran coalición en Alemania. El pesimismo que se apoderó de los alemanes en los últimos años se ha transformado en un cierto optimismo que está avalado por las grandes cifras económicas. Merkel es una mujer educada en la RDA, hija de un pastor protestante, tímida, cauta y respetuosa.
Es popular en el mundo pero tiene problemas en Alemania presidiendo una coalición que en la que las tensiones y los cuchillazos de todos los coaligados se le clavan en los costados.
Merkel no es una mujer atractiva. Parece más bien un ama de casa que se empeña en sacar la familia adelante sin preocuparle su vestimenta, su peinado o su perfil. Es una mujer normal, suave, que no da golpes encima de la mesa. No ha invocado el feminismo pero su cancillería está llena de detalles de buen gusto, propios de una familia normal de Prusia o de Renania.
Hillary Clinton practica un feminismo inteligente para llegar a la Casa Blanca por segunda vez, pero no como la señora del presidente sino como presidenta. Nancy Pelosi ha sido elegida "speaker" de la Cámara de Representates, la tercera autoridad de la nación.
Estas dos mujeres tienen en común que practican un feminismo práctico, sincero, descargado de ideologías que caracterizaron el feminismo combativo desde hace cien años. Aspiran a llegar o han llegado a sus posiciones porque son competentes, están preparadas, practican la compasión y piden el voto femenino porque consideran que lo merecen.
Ségolène Royal es la última aspirante a llegar a presidenta. Ha batido a las viejas glorias del socialismo francés y es la candidata oficial del partido. Es madre de cuatro hijos y tiene siete hermanos. Es atractiva, simpática, con unos planteamientos que la han situado por encima de las familias clásicas del socialismo francés.
La carrera hacia el Elíseo será larga, dura y compleja. Pero si lo consigue será porque practica un feminismo natural y porque convencerá a la mayoría de franceses de que es la persona más idónea para presidir Francia.
Estos casos convierten en normal institucionalmente lo que normal en la vida misma de las sociedades modernas. Por la propia fuerza de los hechos.
La mujer aporta dulzura, comprensión, una visión femenina que hace las cosas más sencillas. Pero una mujer conspirativa será conspirativa también. Y si una presidenta de Francia, de Estados Unidos o de Alemania tienen que tomar decisiones arriesgadas como apretar el botón de la seguridad para dirimir un conflicto, lo tendrán que hacer.
Lo que me interesa señalar es que la condición de mujer no es una barrera infranqueable para alcanzar los puestos más relevantes de la sociedad y de las instituciones del Estado. Es la normalidad que representa la complementariedad de la especie. No por ser mujer se tiene que ser necesariamente mejor. Ni por ser hombre.
Este es el cambio de fondo que se está produciendo en las sociedades modernas y democráticas. Llegará un día, no lejano, que el género, no será decisivo. Dependerá todo de la capacidad de ganarse la voluntad de los electores, de ser competente, de observar la realidad con los ojos femeninos, astutos, inteligentes y suaves.
El feminismo combativo ha sido una bandera de enganche durante generaciones. No se trata de desplazar a los hombres sino de ser tanto o más competentes que ellos. La feminidad llegará mucho más lejos que el feminismo clásico.
Lo que es normal en la vida tiene que ser normal en la política, en los negocios, en las empresas, en las instituciones públicas o privadas. Ah!, y con el mismo sueldo y con las mismas condiciones laborales.
La energía nuclear
Los recursos energéticos para una sociedad en crecimiento son una prioridad que los gobiernos no pueden dejar para generaciones venideras. La primera controversia que puede amenazar la cohesión del futuro gobierno de José Montilla es la línea de alta tensión que tiene que trasladar energía desde Francia a España.
El argumento principal para este discutido trazado es que el AVE necesita energía para poder llegar a gran velocidad a la frontera. Diputados de partidos que serán socios en el futuro gobierno se manifestaron el fin de semana con los ciudadanos gerundenses que se oponen a esta línea de alta tensión.
Las protestas son muy legítimas y quienes viven en la zona por la que tiene que pasar la línea de alta tensión defienden lo que consideran sus intereses. Pero el gobierno tiene también que velar por los intereses generales, los de todos, los de un país que con tanto retraso va a disponer de una línea de alta velocidad para conectar Catalunya con el resto de la península y, muy especialmente, con Europa a través de Francia.
Será, sin duda, la primera muestra de cómo el futuro gobierno Montilla afronta una situación en la que sus socios de gobierno tienen posiciones contrapuestas. Gobernar es decidir y adoptar riesgos. Es dar y ceder. Es transmitir seguridad a la gran mayoría de ciudadanos.
Sin pretender ser políticamente incorrecto me voy a limitar a resaltar las recomendaciones de la Agencia de Energía Internacional que por primera vez en sus 32 años de historia acaba de publicar un informe en el que indica la necesidad de construir nuevas plantas de energía nuclear, como parte de un proyecto energético más barato, más limpio y más seguro.
Países como India, China, Estados Unidos y Francia están planeando construir nuevas plantas nucleares. Gran Bretaña está estudiando la construcción de nuevos reactores. Otros países, como Alemania y España, se oponen a disponer de más energía nuclear y más bien se inclinan a desmantelar las plantas existentes.
La AEI, a través de su portavoz y publicado en el Financial Times hace unos días, dice que “necesitamos una decisión mañana mismo si hemos de actuar antes de que lleguemos a un punto de no retorno en la mejoría del clima, de la seguridad y del suministro energético”.
La agencia estima que el poder nuclear es más competitivo que el carbón y el gas. Y más seguro. Lo digo para que se tenga también en cuenta y no se politice una cuestión tan vital como la energía cuyo consumo aumenta día a día.
El "buenismo" y la realidad
La Alianza de Civilizaciones se ha puesto de largo en Estambul con un informe elaborado por veinte prominentes figuras mundiales en el que se hace un llamamiento para que se superen las divisiones entre las sociedades islámicas y las occidentales.
Uno de sus impulsores, el presidente Zapatero, dijo que no es un sueño “ingenuo y bientencionado” sino una proclama a la convivencia entre los humanos porque “sin paz no hay libertad, no hay justicia, no hay dignidad, no hay prosperidad”.
No puedo estar más de acuerdo con este planteamiento en unos momentos en los que el choque entre Oriente y Occidente se ha estrellado en el desgraciado territorio de Iraq y en las montañas de Afganistán, después de cientos de miles de muertos tras la invasión de tropas occidentales para librar la guerra internacional contra el terrorismo.
Desde Washington y desde Londres se están explorando nuevas actitudes para desactivar la crisis provocada por la presencia estéril de más de 150.000 soldados en Iraq. Se propone involucrar a Irán y Siria para que faciliten el entendimiento entre Occidente y el mundo islámico.
Las democracias suelen perder las guerras en las urnas cuando no las ganan en el campo de batalla y, especialmente, cuando no les asiste la razón. George Bush y Tony Blair están comprobando esta constante de la historia con la huída de sus electores castigándoles por una guerra que ha creado más problemas que los que exitían antes de iniciarla.
Zapatero habla de que no es un sueño ingenuo el construir puentes entre dos civilizaciones que se han enfrentado periódicamente desde hace 25 siglos cuando las tropas persas se enfrentaron con las griegas en la batalla de Salamina.
El informe presentado en Estambul habla de que la ignorancia es la causa principal de la hostilidad entre los dos mundos. Estoy de acuerdo aunque la ignorancia mutua no se despeja con un informe ni con una reunión entre personas cualificadas de los dos universos ideológicos y políticos.
El simbólico punto crítico del desacuerdo, señala el informe, es el conflicto entre Israel y los palestinos que, junto con las intervenciones militares occidentales en la zona contribuyen a aumentar el resentimiento y desconfianza entre las dos culturas y civilizaciones.
El primer ministro israelí, Ehud Olmert, ha llegado en visita oficial a Washington y ha pedido una acción de fuerza contra Irán para detener el programa de enriquecimiento de uranio que permitiría al presidente Ahmadinejad disponer la bomba nuclear.
El presidente iraní ha amenazado nuevamente en que Israel está condenado a la "desaparición y la destrucción". Será difícil por no decir imposible que el secretario general de la ONU, Kofi Annan, pueda coordinar una cumbre de la Alianza de Civilizaciones para encontrar una salida más o menos racional a lo que es un enfrentamiento real entre las mismas.
No es un sueño pero sí una quimera, definida por la Real Academia como “lo que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo”. En cualquier caso, la convivencia es inasequible entre dos sistemas de valores tan contrapuestos, entre un mundo moderno, democrático, desarrollado, y un mundo que no contempla los principios de los derechos humanos, la igualdad entre hombre y mujer, la libertad, la igualdad y la justicia derivada de los principios republicanos. Es una declaración de buenas intenciones a las que me sumo con todas las precauciones y reservas posibles.
El “buenismo” suele estrellarse con la realidad que es compleja, contradictoria, irracional y cruel. La Sociedad de Naciones de 1918 y la ONU de 1945 fueron empresas ejemplares pero no evitaron las desgracias del siglo XX.
Zapatero pierde la hoja de ruta
El proceso de paz con ETA está encallado desde hace muchas semanas. De hecho, no sé si ha avanzado mucho desde que el presidente Zapatero informó al Congreso que el gobierno abría negociaciones con la banda terrorista y con su brazo político, la ilegalizada Batasuna.
La violencia en las callles, el intento frustrado de rociar a un guarda urbano, la gran manifestación del sábado y la vuelta ocasional de la kale borroka no permiten al gobierno dar ningún paso.
El tono de las palabras de Otegi y de los dirigentes de Batasuna indican que la presión sobre el gobierno no es en la mesa de negociaciones sino en la fuerza.
Zapatero no puede ceder en nada mientras haya violencia. Ya dijo que el proceso sería largo, complejo y difícil.. Pero no que ocho meses después no se hubiera avanzado prácticamente nada.
El presidente del gobierno se juega mucho en esta operación. Si le sale bien puede llegar a las elecciones generales muy cómodo. Si se rompe la tregua, el Partido Popular tendrá en bandeja la oportunidad de desacreditar el proceso de paz y causarle un susto muy serio.
No hay que esperar muchas informaciones sobre la marcha del proceso. Es lógico. Pero empieza a cundir la sensación que lo que no tiene Zapatero una hoja de ruta. Parece que la ha perdido.
Sigue la pesadilla de Iraq
El mundo ha despertado de una pesadilla para encontrarse que no era una pesadilla sino una realidad. Se cuenta de Lord Salisbury, que fue primer ministro de Inglaterra, que una vez estaba soñando que pronunciaba un discurso en la Cámara de los Lores y al despertar comprobó que estaba efectivamente hablando en la alta cámara británica.
No se acabará con la guerra de Iraq porque su principal arquitecto, Donald Rumsfeld, haya sido sacrificado por su amigo el presidente Bush. Ni tampoco porque los demócratas controlen el Congreso a partir del 20 de enero. La pesadilla está en el mal causado, en las dificultades para repararlo, en la ausencia de planes para abandonar el país invadido.
La principal tarea de Estados Unidos es restablecer su credibilidad moral y política ante el mundo. Que sean los republicanos o los demócratas es irrelevante.
El prestigio de la hegemonía americana nos afecta a todos. Europa, con la excepción de Tony Blair y José María Aznar, no fue partidaria de la desgraciada guerra. Pero da igual. Europa puede ser víctima del terrorismo internacional a pesar de no compartir la guerra preventiva y la filosofía de la guerra contra el terrorismo.
Europa es el espacio físico más cercano a Oriente. Desde la batalla de Salamina, como recuerda Kapuscinski en su último libro sobre Herodoto, los choques entre Oriente y Occidente han sido endémicos. Ahora estamos en uno de ellos.
La iniciativa para enfrentarse a Oriente no viene de Europa. Ha sido diseñada por un puñado de neoconsevadores americanos que tenían el noble propósito de exportar la democracia a Oriente y lo que han conseguido es una sacudida democrática en Estados Unidos con un revolcón a los republicanos que se han quedado en minoría en las dos cámaras del Congreso.
No voy a acusar a Estados Unidos de nada. En el siglo XX vinieron a Europa para salvarnos de nuestros propios fantasmas. Como dice el historiador comunista Hobsbawm el gran triunfador del siglo pasado ha sido Estados Unidos. Pero sí que pienso que en un momento tan preocupante como los atentados del 11 de septiembre de 2001 su reacción no fue inteligente.
Invadir Iraq no tenía nada que ver con el terrorismo que ha actuado dramáticamente en varios puntos del planeta. Fue una obsesión para dominar la zona pensando en que la superioridad militar lo podía todo. El poder blando de Estados Unidos fue suplantado por el poder duro.
Los resultados son que hoy la inquietud y la inseguridad en el mundo son mayores que hace cinco años. Iraq está en una guerra civil latente. Irán es más fuerte. Corea del Norte hace experimentos con bombas nucleares, Israel está más inseguro, las monarquías del Golfo son más vulnerables, el petróleo puede bajar pero no será controlado por Washington, Londres, París o Roma.
Hemos despertado de un sueño y nos encontramos con una gran chapuza de la que no podremos salir airosamente. Los problemas causados por Bush no los resuelve una mayoría demócrata en el Congreso. Los cientos de miles de muertos no podrán pedir justicia ni reparación. Ya no están.
La ética no se puede cuartear. Se pueden hacer campañas para defender la vida, que suscribo, pero no se pueden abarrotar los cementerios en nombre de la superioridad moral.
Bush pierde la guerra en las urnas
La democracia americana es tanto o más imperfecta que las demás. Me atrevería a señalar que es más imperfecta que las europeas y, precisamente por ello, es más sólida y más perdurable.
Es una democracia basada en los contrapoderes, en el control de las instituciones, en el papel de los medios de comunicación que miran a los poderes desde la distancia y desde la frescura de la crítica en las informaciones y en las opiniones. Prefiero periódicos sin gobierno que gobierno sin periódicos, decía Thomas Jefferson hace más de siglos.
Alguien ha dicho que el sistema americano está diseñado por genios para que pueda ser gestionado por imbéciles. Hay muy pocas democracias modernas exentas de un golpe de estado desde 1776.
Para lo malo y para lo bueno, Estados Unidos es una democracia en acción dentro de su gran complejidad. El martes se renovó toda la Cámara de Representanters y un tercio del Senado que estaban bajo el control del partido republicano de George Bush.
El control de la Cámara ha pasado al partido demócrata y el del Senado quedará, más o menos, en empate. Los americanos votan muchas cuestiones en las elecciones legislativas. Pero el debate de fondo en esta ocasión ha sido la guerra de Iraq, el más doloroso episodio de la política exterior americana en las últimas décadas.
El electorado le ha pasado factura a Bush, como se la pasó a Aznar y como se la está pasando también a Tony Blair.
La primera víctima de las elecciones ha sido el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, cuyo entusiasmo lo recordamos en los primeros días de los bombardeos sobre Bagdad y el derrocamiento del dictador Saddam Hussein.
Ha sido una guerra construida sobre una gran mentira. Han muerto casi tres mil soldados norteamericanos y se calcula en más de seiscientos mil los iraquíes que han perdido la vida. Y lo más inquietante es que no se divisa en el horizonte el final político y militar de la ocupación de un país que está más cerca de la guerra civil que de un sistema democrático.
Las elecciones del martes van a cambiar el curso y la estrategia de la guerra. También obligarán a revisar la política exterior de los últimos seis años.
Lo más paradójico es que las críticas que he formulado en estos años a la guerra de Iraq son mucho más suaves que las que he leído en los periódicos americanos. La democracia en América que describió Tocqueville goza de buena salud.
Shakespeare, Sófocles y Arniches
El país va intentando entrar en la comprensión de lo que ha ocurrido después de las elecciones del primero de noviembre. Pienso que estamos ante un posible guión siguiendo las pautas de los dramas de Shakespeare, las tragedias de Sófocles o Eurípides y las graciosas comedias de Arniches.
Estos géneros teatrales han abundado en la campaña, en las reacciones primeras tras el anuncio de los sondeos por televisión y, sobre todo, en la rápida decisión de repetir un gobierno con los tres partidos que no consiguieron agotar la última legislatura por desavenencias internas, por errores y por una práctica autodisolución.
Si no hay sorpresas de última hora tendremos a un president de la Generalitat que nació en un pueblo cordobés escalando todos los peldaños de la política catalana, pasando por una cartera en el gobierno de Madrid, hasta llegar a la Plaça de Sant Jaume.
Lo que va a ocurrir en Catalunya es impensable que se produzca en ningún territorio patrio. Un catalán no está previsto que sea presidente del gobierno español o de algunas de las comunidades autónomas, ni siquiera en las más próximas culturalmente como pueden ser Valencia y Baleares. Dice mucho a favor de la integración en Catalunya.
José Montilla y los socialistas fueron los más castigados en las urnas el día de Todos los Santos. El factor de empatía de tantos cientos de miles de catalanes no nacidos aquí no tuvo efectos de movilización para votar a un cordobés. Más bien al contrario. Montilla será presidente siendo el que más votos y más escaños ha perdido en las elecciones. Paradójico.
Otra paradoja es que el mapa de Catalunya está teñido de azul si seguimos la tradición de que ese color es conservador y el rojo es de izquierdas. CiU ganó en todas las comarcas catalanas excepto en el Vallès Occidental, el Garraf y el Barcelonés. Ganó en 832 municipios y en todas las capitales catalanas, incluída Barcelona.
Este hecho es incuestionable. Artur Mas ganó las elecciones, tuvo más votos que ninguno de sus adversarios, más escaños, pero no los suficientes para obtener una mayoría en el Parlament. CiU no acierta al confundir unas elecciones parlamentarias con unas presidenciales. A no ser que se cambie la ley electoral y se elija a un presidente y no a 135 diputados que forman las mayorías pertinentes para formar gobierno.
Otra paradoja es que el partido expulsado por los socialistas hace sólo seis meses por no aceptar el Estatut que venía del Congreso, sea ahora el que vuelva a echar mano de la famosa llave de la gobernabilidad y entre en el nuevo ejecutivo con más fuerza que en 2003, después de todo lo que ha llovido.
Es paradójico también que quien votó no al Estatut tenga una responsabilidad directa para implementar su desarrollo.
Una nota que añade confusión es el hecho de que quien impulsa el Estatut, el presidente Maragall que se encuentra en aplazada visita a Senegal, fue defenestrado por el presidente Zapatero como precio a la alianza que el PSOE pensaba obtener con CiU.
Pienso que Zapatero es también perdedor de estas elecciones porque ha jugado con Catalunya haciéndonos creer que era su defensor. Lo que nadie, desde Reventós a Maragall, se atrevió nunca, lo ha hecho Montilla al demostrar que las decisiones de los socialistas catalanes no son una mano alargada de Ferraz o La Moncloa.
La vida continúa y no puede estar sujeta a la ira o conspiraciones de unos y otros. El país espera un gobierno estable, sólido, coherente y eficaz. Un gobierno que deje de mirarse a sí mismo y piense en la gente. Habría que abandonar el drama, la tragedia o la comedia. Vienen tiempos complejos y hará falta generosidad y magnanimidad por parte de todos.
El diablo es el padre de la mentira
Saddam Hussein ha sido condenado a morir en la horca. Un tribunal especial le ha acusado de crímenes contra la humanidad y por la muerte de 148 chiíes. Me deja indiferente esta sentencia.
Primero porque el dictador iraquí es un personaje sanguinario que llevó a su país a una guerra contra Irán que causó un millón de muertos y porque invadió Kuwait causando otra guerra. Segundo porque la pena de muerte a Saddam es consecuencia de un tribunal impuesto por un ejército invasor que tiene una dudosa legitimidad.
Que el presidente Bush diga que la condena a la horca es un logro me parece una frivolidad. Si la horca a Saddam es un factor decisivo para las elecciones legislativas del martes en Estados Unidos me parece un sarcasmo.
No tengo compasión para Saddam Hussein. Pero como soy contrario a la pena de muerte pienso que ni siquiera un monstruo como el sátrapa iraquí merece morir por una decisión de un tribunal.
La guerra de Iraq no se hizo para derrocar a Saddam sino para desactivar las temibles armas de destrucción masiva que no existían. Ha sido una guerra construida sobre una mentira. Y sobre una mentira no habita la verdad. El diablo es el padre de la mentira. Así lo dijo hace veinte siglos el evangelista San Juan. Estoy más de acuerdo con el apóstol que con el presidente norteamericano.
Grossman, redescubierto
Anthony Beevor nos va suministrando libros documentados sobre las guerras del siglo pasado. Con una visión nueva, fresca, tranquila, su mirada sobre la batalla de Stalingrado, la caída de Berlín, la Guerra Civil española, la resistencia en la isla de Creta, el París después de la liberación se han traducido en libros imprescindibles.
Acabo de leer “Un escritor en guerra. Vasili Grossman en el Ejército Rojo”, una versión desconocida en Occidente sobre cómo los ejércitos de Stalin se enfrentaron a Hitler en la llamada gran guerra patriótica. Beevor ha consultado sus crónicas en “Estrella Roja” pero lo más interesante del libro es la publicación de los cuadernos que servirían de base para la publicación de su novela “Vida y Destino” y que no estaban sometidos a la rígida censura del Kremlin.
Grossman era un judío ucraniano que informó sobre las principales batallas del frente del Este. La verdad de la guerra es muy fea para todos. Para los alemanes y para los rusos. No hay una sola guerra que se haya ganado o perdido limpiamente. El sufrimiento de los supervivientes tuvo sus causas en las balas y la pólvora enemigas pero sobre todo en el frío que helaba los corazones.
Tenía una visión idealizada del soldado ruso que se vino abajo cuando observó las violaciones en masa cuando avanzaban hacia Berlín. Para Stalin todas las víctimas eran iguales y las matanzas de judíos por el mero hecho de serlo no podían ser destacadas.
La propaganda le perturba. En su población natal ucraniana los alemanes mataron a decenas de miles de judíos después de ser denunciados por sus propios compatriotas. Su madre fue una de las víctimas.
Para aquellos que utilizan banalmente la palabra nazismo les recomiendo que lean su estremecedor relato en directo a su entrada en el campo de exterminio de Treblinka. Es un horror, la mayor perversidad de que es capaz la condición humana, la deshumanización absoluta, el recrearse frívolamente en el mal causado a los otros.
No se sabe si la valentía de los soldados rusos era por miedo a la policía secreta o por el patriotismo de las tropas. Las mujeres aparecen como la gran bolsa de resistencia en las inmensas y gélidas estepas rusas. Se resaltan los rasgos antisemitas de Stalin y la arrogancia criminal de los nazis que se convierten en corderos cuando son vencidos.
Es una visión nueva, distinta, de las monstruosidades de la Segunda Guerra Mundial. Las guerras, todas, no dignifican a la especie humana. La degradan.
La vieja polémica sobre si el nazismo fue más perverso que el comunismo o al revés, no admite comparaciones. Los dos fueron malos pero uno más que otro. Fue más perverse el nazismo porque se basaba en la teoría del superhombre y de la raza superior llevando al exterminio de etnias enteras, de razas y de personas que no "merecían" vivir. Lo que ocurrió en Treblinka es tan repugnante como inhumano.
Pero el comunismo que practicaba Stalin asesinó, llevó a la muerte y a la degradación humana a más millones de gentes que el nazismo. En nombre de una ideología que debía crear un hombre nuevo se construyó un sistema que recogía todos los ingredientes para ir en contra del hombre.