miércoles, mayo 30, 2007

Sin rumbo en la política exterior de Zapatero

Se atribuye a Lord Palmerston, dos veces primer ministro británico, la célebre sentencia de que ninguna nación tiene amigos o enemigos permanentes y que lo único que permanece son los intereses. Palmerston, al igual que Churchill, se arrastró por las cumbres del poder saltando de un partido a otro a lo largo de sus muchos años de vida pública.

Me ha sorprendido que la política exterior española no haya sido apenas mencionada en la última campaña electoral. No tocaba, es cierto. Pero tampoco tenía que ser tema de debate, en unas elecciones autonómicas y municipales, la lucha contra el terrorismo o la estructura territorial del Estado.

No sé cuál es la política exterior del gobierno Zapatero. Tampoco acierto a entender qué intereses defiende el ministro Moratinos. Hemos pasado de la ridícula pretensión de Aznar de situar a España entre los grandes de este mundo, con los pies encima de la mesa en el despacho de Bush, foto de las Azores y mentiras sobre la guerra de Iraq, a una política marginal que nos ha alejado de nuestros aliados democráticos occidentales.

Zapatero participó en la campaña a favor del perdedor en las elecciones alemanas de 2005. Hace unas semanas se puso al lado de Ségolène Royal en un mítin de final de campaña en Toulouse. Mañana viene Sarkozy a Madrid, no para debatir sobre Europa sino para explicarle qué ideas piensa poner en marcha. Con Tony Blair no me consta que haya habido una relación fluida.

Me avergoncé el otro día cuando Javier Solana recibía el premio Carlomagno en Aquisgrán y no hubiera presencia del gobierno Zapatero. ¿No podía acudir Moratinos? Estaban el Rey y la Reina, Felipe González y otros grandes que han sido y son en Europa. La mediocridad genera mediocridad y envidia. Solana es el español más influyente en el mundo. Pero los suyos no le quieren y le temen. Qué pena.

En Venezuela está cayendo la noche informativa. Se cierran canales históricos de televisión y se controla a la prensa. No he visto ni un triste comunicado del gobierno. Mañana llega Condoleezza Rice a Madrid y ha advertido que la delegación española que visitó Cuba no se molestó en acercarse a los varios centenares de presos políticos encarcelados por Castro.

Zapatero ha cursado visitas a Marruecos, Senegal, Argelia y China. Pero será el primer presidente de la democracia que no haya pisado Washington. No tenemos amigos ni enemigos pero pienso que tampoco estamos defendiendo nuestros intereses en un mundo globalizado.

Es una política exterior ideológica. Lamentable.

lunes, mayo 28, 2007

El penúltimo señor notario

No pretendo competir con los exquisitos obituarios que le han dedicado dos ilustres notarios y colegas de Barcelona a mi amigo Josep Maria Puig Salellas, traspasado la noche del sábado.

Sí quiero evocar su personalidad sin detenerme en los numerosos cargos ocupados en la sociedad civil del país. Puig Salellas era un catalanista de piedra picada que tenía la ilusión y también la convicción de que un día Catalunya podría volar por su cuenta. En su último libro, que tuve el privilegio de presentar al público, así lo sostenía aunque en el mismo título ya anunciaba que estábamos en el penúltimo recodo.

Puig Salellas ha sido el penúltimo notario del país. No podríamos vivir sin la institución del notariado. Decía Manuel Azaña en su libro “Dos visiones de España” que “la diferencia política más notable que yo encuentro entre catalanes y castellanos está en que nosotros los castellanos lo vemos todo en el Estado y donde se nos acaba el Estado se nos acaba todo, en tanto que los catalanes, que son más sentimentales, o son sentimentales y nosotros no, ponen entre el Estado y su persona una porción de cosas blandas, amorosas y amables que les alejan un poco la presencia severa, abstracta e impersonal del Estado”.

Josep Maria representaba precisamente este algo blando y amable que media entre el Estado y las personas en Catalunya. Los notarios han sido piezas clave en la historia del país, han llenado el espacio entre los intereses de los catalanes y las instituciones del Estado que con tanta frecuencia han actuado por delegación y partidariamente, al compás de los gobiernos centrales de turno.

Una o dos veces al año reunía en su Mas de Can Salellas, cerca de Cruïlles, en el Empordà, a un grupo de amigos con el objetivo fundamental de hablar hasta que la noche caía sobre los campos y bosques de su finca. Allí conversamos largamente con Ernest Lluch, Josep Maria Bricall, Pere Esteve, Juan José López Burniol y muchos más que ahora no recuerdo. Encuentros inolvidables.

Un día, paseando bajo los olmos, le escuché la anécdota narrada por Josep Pla cuando contemplaba con un alto cargo de la administración del Estado, el paisaje que se observa desde el faro de San Sebastià, que vigila el Mediterráneo pero también la gran llanura ampurdanesa, cuidada, civilizada, repartida, ordenada, con mugas y bancales, con dueños latifundistas o minifundistas.

Pero, ¿quién ha hecho todo esto?, le preguntó el ministro a Josep Pla. Pues mire, todo es obra del notario de La Bisbal. Los catalanes tenemos una relación especial, solemne, muy seria, con los notarios.

Fueron ellos los que fomentarion la reforma agraria del siglo XVIII propiciando el reparto de tierras a los “rabassaires”, según nos cuenta Piere Vilar. Perpetuaron las casas principales , “pairales”, a través de las capitulaciones matrimoniales que ahora ya no se practican. También configuraron lo que sería la sociedad familiar como la hemos conocido en los últimos doscientos años.

Me cuenta un lúcido notario en ejercicio que la profesión se ha nutrido de hijos y nietos de casas principales venidas a menos, de maestros y de militares. Muchos vinieron de tierras leridanas.

Porcioles, Faus, Figa, Roca-Sastre, Noguera y Puig Salellas han sido piedras angulares de la sociedad catalana. Señores notarios que garantizaban los pactos sagrados entre gentes del país.
Puig Salellas hacía muchas cosas y hablaba poco. Las conversaciones telefónicas eran lacónicas y precisas. No había paja ni retórica en el trato con este notario que nos ha dejado.

En otros tiempos habríamos comentado hoy los resultados electorales. Repetería que estamos en la penúltima “cruïlla”. Él ha sido el penúltimo notario.

viernes, mayo 25, 2007

Solana no es valorado por los suyos

Hace una semana Javier Solana recibía el premio Carlomagno en la vieja ciudad carolingia de Aquisgrán. Anteriormente lo han recibido el Rey Juan Carlos y el presidente Felipe González. También han sido premiados Konrad Adenauer, Bill Clinton, Winston Churchill, Jean Monet, Robert Schuman y Alcide de Gasperi.

Grandes europeos todos. Incluso el presidente Clinton bajo cuyo mandato las tropas americanas contribuyeron a la pacificación de Kosovo.

Javier Solana es un personaje muy singular, trabajador incansable, representante de la diplomacia europea y un hombre acostumbrado a construir puentes y no destruirlos, a pesar de que era secretario general de la OTAN cuando se decidió bombardear territorios de la ex Yugoslavia para evitar la consumación de la limpieza étnica de Milosevic.

Solana es un español universal. Posiblemente, el más significado de cuantos trabajan en las instituciones internacionales. Hombre de abrazos, de buenas formas, constructivo, es uno de los responsables de que Europa sea una referencia y no un problema en el teatro de las relaciones internacionales.

Su trayectoria ha sido errática. Le recuerdo, barba negra y puño cerrado al aire, gritando en las calles de Madrid "OTAN, de entrada no". Luego fue portavoz del gobierno González, dio un giro a favor de la Alianza Atlántica, ministro de Cultura, hasta aterrizar en las instituciones europeas, primero como secretario general de la OTAN y luego como alto representante de la política exterior europea.

He viajado con él a las zonas de conflicto. Es aceptado por las partes en conflicto. Ha sido el arquitecto de la política exterior europea y de la paz y seguridad que tenemos. Le he visto con Reagan y con Bush, con Chirac y con Blair, con Prodi y Kohl, con los primeros ministros israelíes, con Arafat y con Mubarak.

El reconocimiento europeo a Javier Solana está justificado. Entre otras cosas, porque cree en lo que hace y en lo que dice. Solana es un hombre que conoce la condición humana, las contradicciones de los dirigentes, las diferencias de las culturas.

Su tío abuelo, Salvador de Madariaga, estaría orgulloso de él. Los tiempos no fueron favorables para Madariaga. Tampoco lo han sido para Solana. El premio Carlomagno ha sabido escuchar, respetar al otro, cambiar de opinión cuando los hechos lo aconsejaban y lo hacían imprescindible.

Es una lástima que su figura no sea más valorada en España. Especialmente en su propio partido, el PSOE, cuya dirección actual le teme más que le admira. Pienso que las cosas habrían ido de muy distinta manera, mucho mejor, si los socialistas se hubieran inclinado por él en vez de Rodríguez Zapatero.

miércoles, mayo 23, 2007

El Gran Hermano privado nos vigila

No se imaginaba George Orwell cuando en 1948 escribió su novela titulada 1984 en la que el estado omnipresente obligaba a cumplir escrupulosamente las leyes a los miembros del partido totalitario, siempre vigilados por el Gran Hermano desde la célebre habitación 101.

No sospechaba Orwell que entraría en competencia con empresas privadas que almacenarían todos los datos que voluntariamente aportamos a los buscadores de Internet que pueden saber nuestras preferencias, nuestros gustos, nuestras transacciones y nuestras comunicaciones personales que transitan por sus servidores tecnológicos.

La diferencia entre la visión orwelliana de 1984 y el control remoto al que estamos sometidos cuantos trabajos con el ordenador es muy significativa. El Gran Hermano de Orwell era el ojo que todo lo observaba y controlaba desde una concepción totalitaria de la sociedad. Los datos que ahora están en poder de buscadores como Google, los hemos suministrado voluntariamente. Somos controlados porque así lo hemos querido.

Leo en el Financial Times un gran titular en portada que dice que Google se propone organizar nuestra vida diaria. Es tal la cantidad de datos que esta y otras empresas de Internet tienen de sus usuarios que no está lejos el día que nos pueden indicar qué tipo de trabajo podemos obtener o cómo mejor podemos pasar unos días de descanso.

Se trata de personalizar toda la información que nos pueda interesar. Cada día, por ejemplo, recibo diariamente en mi correo toda la información que se publica sobre el presidente Bush y el presidente Zapatero. Los datos llegan puntual y exhaustivamente.

El más alto ejecutivo de Google, Eric Schmidt, justifica la acumulación de los datos de todos sus usuarios, como un servicio personalizado que puede ser de gran utilidad para cada individuo conectado a la red.

Si el poder está en la información, se está librando una batalla a escala global sobre quién posee más datos, más comportamientos y más intereses personales de los navegantes por Internet.

Mi privacidad la pueden compartir millones de ciudadanos del mundo. Es un gran avance, ciertamente, pero también es un peligro que puede hacer pública mi intimidad, mis preferencias políticas, mis gustos personales y todo lo que pertenece al reservado campo de mi persona.

Inquietante. Me pregunto, ¿qué pasaría el día que una dictadura nacionalizara estos buscadores? No quiero ni pensarlo.

lunes, mayo 21, 2007

Algo más que la gripe española

La enfermedad se refiere a personas. También se aplica a imperios, estados y naciones desde que el zar Nicolás I, a mitad del siglo antepasado, supuestamente se refirió al Imperio Otomano como el “hombre enfermo de Europa”.


El término ha perdurado y prácticamente todos los países europeos han estado enfermos en algún momento en los últimos cien años.


Ha habido enfermedades pasajeras, superadas felizmente, y otras que han pasado por una lenta agonía hasta desembocar en la muerte de imperios, estados y naciones. Empezando por la Rusia zarista que se rompió bruscamente con la Revolución de Octubre, con la del Imperio de Austria Hungría, el Imperio Alemán y el Imperio Otomano que se desintegraron con la Gran Guerra de 1914.


Las enfermedades crónicas han destruido la Yugoslavia de Tito, la propia Unión Soviética y Checoslovaquia, que se partió amigablemente entre Chequia y Eslovaquia. La enfermedad de la Alemania de Hitler era tan cruel que resultó en la destrucción de un régimen perverso, la división del país que tuvo que ser observado durante más de medio siglo.


No se ha inventado la vacuna para neutralizar la epidemia que ha afectado a todos los estados europeos, ha cambiado sus fronteras, ha descabalgado regímenes y ha creado situaciones nuevas después de muchos sufrimientos.


Hace cinco años el enfermo era Alemania que no salía de su estancamiento económico. Luego fue Italia la enferma y hasta bien poco la que yacía en el lecho del dolor era Francia. Unas simples elecciones parece que la han curado. El relevo lo ha cogido Portugal que hay quien califica como el enfermo oficial de este año 2007.


La enfermedad es declarada sin detectar los síntomas previos. Puede ocurrir que todas la señales vitales sean correctas, optimistas incluso, pero de repente aparece el mal. Los países bálticos pueden entrar en el quirófano si las presiones de Vladimir Putin para controlar las tres repúblicas europeas que se desgajaron de la Unión Soviética adquieren más virulencia. Polonia también está en un estado de observación preocupante.


No hay motivos aparentes para pensar que España está enferma. La economía está que se sale, las gentes viajan, los jóvenes, en expresión de Anna Cabré, han pasado de la discoteca a la hipoteca. El país vive felizmente endeudado y no atiende las advertencias del Fondo Monetario Internacional ni a la posibilidad de que los tipos de interés suban dos puntos más y provocar un pánico colectivo.


Pero no me refiero a la situación económica que siempre se puede superar, ya sea con estrecharse el cinturón o bien aceptando un estilo de vida más austero y más realista.


Me preocupa la enfermedad política que, si las predicciones se confirman, llevará a un muy bajo nivel de participación en las elecciones del próximo domingo. Pero la abstención en las urnas no sería lo más inquietante.


Lo que es una señal de alarma es la visión contrapuesta de las dos Españas que vuelven a asomar sin complejos en estos tiempos en los que en cuestiones de fondo difieren muy sustancialmente, como ha señalado Santos Juliá en su libro Historias de las dos Españas.


Que la lucha contra el terrorismo sea el tema principal de unas elecciones municipales y autonómicas es un síntoma preocupante. También lo es que en la organización territorial del Estado no haya acuerdos entre los dos partidos con mayor representación parlamentaria.


Es preocupante que no haya respeto por el adversario político, que se demonice a quienes sostienen lo contrario en materias opinables. que Batasuna de lecciones de democracia, que se haya producido un desapego entre Catalunya y el resto de España y al revés. Todos estos síntomas pueden desembocar en una enfermedad grave.

Algo más que la gripe española, "the spanish flu", que ha pasado al vocabulario internacional.

viernes, mayo 18, 2007

Algunas causas de la abstención electoral

Hay dos interpretaciones sobre la abstención en las elecciones en países democráticos. La primera es que la política tiene su propia dinámica, las cosas van relativamente bien, no hay miedos y, como consecuencia, no hay por qué ir a votar. Así lo analizan muchos en Estados Unidos donde la participación en las elecciones presidenciales roza el 50 por ciento.
La otra interpretación es menos optimista. Cuando los ciudadanos no acuden a votar es porque no esperan mucho de la política, no creen en los políticos y que acudir a las urnas no cambia nada.
Me quedo con esta segunda visión. La abstención es tan elevada porque la sociedad no cree en los políticos, en los partidos y en la política en general. Tiene la sensación de que votar no repercute en sus intereses, en sus ideas o en su concepto de la vida pública.
¿Cómo llegar a una situación como la francesa en que un 85 por ciento del censo registrado acudió a las urnas en las dos vueltas de las últimas presidenciales?
La participación alta se produce cuando se tiene confianza en la política, se participa en un debate de ideas, se percibe que la pugna política revierte en el interés general de las gentes.
Pienso que el desinterés creciente por la política, aquí y en muchas partes del mundo democrático tiene varias causas.
La primera es que la financiación de los partidos políticos es escandalosamente opaca. Sería conveniente que los partidos, como las empresas, como las entidades públicas y privadas, presentaran la cuenta de resultados anual, con ingresos, gastos, subvenciones y donaciones.
Lo que la ciudadanía no entiende es el gasto desmesurado de los partidos. Tanto en gastos estructurales como en los extraordinarios cuando se prepara y se ejecuta una campaña electoral.
La segunda es la percepción de que los políticos no dicen la verdad, esconden hechos importantes, se interesan más por el poder que por el servicio a sus votantes y a la sociedad en general.
La tercera es la complicidad entre la clase política y los medios de comunicación. Tanto con periodistas en concreto como con las empresas propietarias de los diarios, emisoras de radio, televisión, etc.
La cuarta es una libertad condicionada, una consecuencia de las tres causas anteriores. Un país con la libertad en estado de observación es un país que avanza menos que el que todos los puntos de vista son analizados desde distintas perspectivas libre y transparentemente. Desde la crítica o desde la aceptación.
Por último, pienso que la democracia de los partidos ha dado paso a la democracia de opinión. El juego, como puso de relieve de forma indecente Berlusconi, está entre el poder y los medios. Poder que puede ser de derecha o de izquierda y medios que están igualmente posicionados.
La democracia de opinión tiende al pensamiento débil de la sociedad, fruto de los pactos entre los grandes grupos de comunicación y los grandes partidos. Tiende a la simplificación de la realidad, a la propaganda, a la ausencia de escrúpulos con el objetivo de conseguir el poder y mantenerlo.
La política es necesaria e imprescindible para arbitrar las ideas y los intereses contrapuestos de la sociedad. Pero si no se practica como un servicio, como un ejercicio de contraponer proyectos y soluciones, cuando no es transparente, cuando no está marcada por el respeto al adversario, entonces se convierte en el juego y el capricho de unos cuantos que se reparten las influencias, los intereses y las consignas.
No es extraño, entonces, que la abstención sea escandalosamente alta. No es un fracaso del sistema. Es un fracaso de los que lo gestionan, tanto de los partidos, de los políticos y de los medios que no sabemos, no queremos o no podemos transmitir la realidad a la sociedad.
No es una enfermedad democrática exclusiva de nuestro país. El fenómeno se repite en muchos otras sociedades europeas y también en la norteamericana.

miércoles, mayo 16, 2007

Sarkozy no lo puede hacer solo

Cuando De Gaulle ponía palos en la rueda a la visión atlantista pensada y ejecutada en Washington, estaba de moda en la Casa Blanca insinuar que el presidente de Francia sufría delirios de grandeza.

El problema era precisamente el contrario, es decir, De Gaulle pensaba en cómo restablecer la grandeza de un viejo y gran país que empezaba a mostrar su vulnerabilidad y su declive a pesar de contarse entre las cuatro grandes potencias vencedoras de la guerra contra el nazismo.

El general decía que los intereses de Francia no coincidieron con los de los franceses que en vez de hacer frente a un invasor se plegaron mayoritariamente a él. Prefirieron sus propiedades, su pequeña casa, su pequeño jardín, su pequeña tienda, su pequeño campo, sus bonos del tesoro a la libertad de Francia.

Viendo hoy en directo la ceremonia del traspaso de poderes de Chirac a Sarkozy en el Elíseo, flotaba en el ambiente la visión gaullista de Francia. La de la nación, la autoestima, la pompa y la solemnidad de un momento histórico que pretende recuperar el peso que le corresponde en Europa y en el mundo.

El legado de Chirac es el de un superviviente que ha hecho todos los papeles para permanecer casi cuarenta años en el poder. Su biógrafo más severo, Franz Oliver Giesbert, dice de él que después de haber jugado tanto con la política y con los políticos se convirtió en el guardián del cementerio social francés.

Sarkozy parecía asustado por la grandeza del momento. Sus preocupaciones serían cómo cumplir las reformas prometidas con la complicidad de la mitad aproximada de franceses que no le votaron y que no piensan aceptar pasivamente un programa que puede perjudicar sus bolsillos y la idea de una Francia que se ha movido en el marco de una cultura socialdemócrata, también con los presidentes conservadores.

Es un gesto de inteligencia y de realismo político que Sarkozy sondee a pesos pesados del mitterrandismo para que entren a formar parte de su gobierno.

Sarkozy sabe que las reformas no se consiguen automáticamente con mayorías o con leyes y decretos. Se alcanzan con discursos creíbles, con políticas firmes pero prudentes y con la complicidad de la centralidad de un país. Las reformas no salen desde los extremos de la radicalidad ideológica sino de un pacto. Francia y Europa lo necesitamos.

domingo, mayo 13, 2007

Trigales, viñedos, olivares

El prodigio se repite. Inexorablemente. Las cosechas prometen generosidad. Ha llovido. El sol calienta con intensidad desde que se asoma en oriente esta que se oculta en occidente. He recorrido los mismos paisajes en tres semanas. He visto la transformación global que se produce en el campo primaveral.

En los colores, en la aparición de las hojas, en los mares inmensos de trigales que marcan con una perfecta sincronía las olas agitadas por las caricias de vientos que soplan sin saber desde dónde vienen.

He recorrido tres comarcas fértiles y prósperas. La Segarra, l'Urgell y la Conca de Barberà. Cereales, viñas y olivos. Tres pilares de la civilización mediterránea. Nada se puede añadir a lo que han dicho Homero, los autores de la Biblia, los románticos, los modernistas.

Sin trigales, sin vino y sin aceite el Mediterráneo perdería su personalidad y su razón de ser. En este mes de mayo, todo explota, se desborda, señala el ciclo que acabará con los fríos de invierno.

Los sembrados rompen el color. El verde negruzco se transforma en un verdoso tono que anuncia el amarillo rotundo que vendrá en dos semanas. Las espigas tuercen el cuello. El trigo o el centeno están granando. Las aristas ya no miran al cielo sino que se agachan hinchándose día a día en espera de ser cosechados.

Cambian los colores pero también varían los olores. El olor verde es ufano y el amarillo es fecundo. Una mies a punto para la siega es plenitud, final del ciclo de la fertilidad que fermenta el sol severo que cae sin piedad doce horas cada día.

La mies acaba su trayecto que se inició en Todos los Santos y acaba entre San Juan y San Pedro. Ocho meses de delicada trayectoria. Nada puede fallar. Ni el frío, ni el calor, ni la lluvia. La cizaña ha tenido que ser exterminada. Este año, nada ha fallado. Todo ha venido a su tiempo.

Las viñas se despiertan. Empiezan a señalar las líneas perfectas que dibujan cuadros de Cezanne. Los sarmientos salen con energía, débiles pero firmes, en espera que la mano humana elimine las hojas sobrantes.

Lo racimos señalan su existencia. Dos por sarmiento. A veces tres. Son diminutos, frágiles, insignificantes. Queda un largo trecho hasta septiembre. Hay que superar los insectos, las granizadas, las malas hierbas, los conejos y los jabalíes.

Los olivares aparecen limpios, brillantes, trabajan para el año próximo y se cubren de la "rapa" que se irá aclarando hasta dejar las aceitunas que atraversarán los calores del verano en una soledad inmensa.

Los ciclos acaban matemáticamente en el tiempo. Pero el campo sufre y goza de los contratiempos que vienen. Estas vivencias las he experimentado desde Santa Coloma de Queralt a Sarral, desde Montblanc a la Vall del Corb, desde la Cirera hasta Belianes. Es la sinfonía de cada primavera. Todas iguales pero todas únicas.

jueves, mayo 10, 2007

Tony Blair y "The Queen"

Gran Bretaña es el más viejo país constitucional del mundo, pero no tiene Constitución. Ha vivido dentro de un orden aristocrático y democrático al mismo tiempo. Es el más liberal de los pueblos y, a la vez, el más conservador. Es un pueblo que obedece con docilidad las leyes pero se levanta ferozmente contra quienes pretenden vulnerarlas.

A Tony Blair le salió muy de dentro hoy cuando proclamaba que Inglaterra es el país más grande de la tierra. Lo dijo en su distrito electoral, un barrio que había sido minero y del que ha sido diputado durante casi veinte años.

Dejaré para otro momento la valoración de los diez años de gobierno Blair. Diré, simplemente, que toda su gestión queda embrutecida por la gran mancha de la guerra de Iraq que no la podrá borrar de su biografía.

Me refiero a las formas de la democracia inglesa que son tan importantes como el fondo. La democracia es también estilo, saber hacer las cosas, seguir las tradiciones incorporando de nuevas, observar escrupulosamente el "timing".

Blair dejará de ser primer ministro el 27 de junio. Pero observando todas las formas. Me ha parecido muy apropiado que la noticia la diera a sus propios electores de distrito. Son los que le dan legitimidad y los que le han votado siempre.

Luego lo dirá al Parlamento donde se le rendirán todos los tributos, incluso los de aquellos que han sido sus adversarios y enemigos políticos dentro y fuera de su partido.

Les aconsejo que dediquen un par de horas a ver la película "The Queen" y el papel sublime que hace Helen Mirren. Si la han visto ya, convendrán conmigo que la escena en la que el joven Blair, tembloroso y humilde, se presenta ante la Reina es de un gran cinismo y, a la vez, de una observación estricta de las reglas de juego.

Isabel II le aturde de entrada diciéndole que en aquella silla se han sentado todos los primeros ministros británicos pidiendo autorización para formar gobierno. Desde Winston Churchill a Margaret Thatcher, Harold Macmillan, Harold Wilson, James Callaghan, John Major y, por supuesto, Tony Blair.

El poder no lo tiene la Reina sino el primer ministro de turno. Lo único que conserva la Corona son las formas, el boato, la representación y, en definitiva, la piedra angular de todo el sistema.

Siglo tras siglo, la Monarquía ha ido cediendo poder al Parlamento y al Gobierno. Tanto por no hacer uso de él como por la aprobación de leyes que se lo han ido revocando. La Corona conserva, sin embargo, la prerrogativa de arbitrar entre el Parlamento democrático y su comité ejecutivo, conocido también como gobierno.

Tony Blair saldrá el 27 de junio de su residencia en direcciónal palacio de Buckingham, en un coche cuyo corto recorrido será transmitido en directo al mundo entero. Pasará un buen rato, el coche saldrá de palacio, reemprendrá su camino de vuelta a Downing Street y, allí, en el número 10, de pie y con las televisiones enfocándole dirá que acaba de presentar la dimisión a la Reina.

Son prerrogativas teóricas. Ya se sabe que la Reina no podrá pasar por encima de las decisiones del primer ministro que tiene la legitimidad que le otorga la mayoría del Parlamento.

La Reina tiene obligación de aprobar todas las leyes que hayan sido votadas en los Comunes. Se ha dicho incluso que tendría que firmar su propia sentencia de muerte si así lo aprobara el Parlamento, en los escasos supuestos en los que está contemplada.

Cortar la cabeza a los reyes ha sido habitual en la historia de Europa. Shakespeare nos habla de ello. Carlos I y Jaime II fueron ejecutados públicamente.

La Corona es depositaria de las más viejas ceremonias, los hábitos y símbolos de la antigüedad, las procesiones suntuosas, la pompa, la circunstancia y las dignidades. Incluso en los atribulados tiempos que ha vivido Isabel II, precisamente en los mandatos de Blair.

La Monarquía ejerce una gran seducción sobre las clases sencillas. No manda pero cautiva a un pueblo que conduce por la izquierda, se ha liberado del sistema métrico decimal, habla la lengua más extendida por el Planeta y, entre otras cosas, inventó el fútbol.

El conservadurismo inglés no es vetusto sino inteligente. Conserva lo viejo añadiendo todas las novedades que vengan. Con tantas formas conservadas no me extraña que sea el único país europeo, junto con Suecia, que no haya sufrido un solo golpe de Estado ni revoluciones que lo trituran todo para construir desde cero.

Admirable, aunque ridículo a veces, el pueblo inglés.

miércoles, mayo 09, 2007

Señor Rajoy, mire antes a Belfast

Se ha escrito casi todo sobre las elecciones francesas. Zapatero se acercó a Toulouse en plena campaña y Ségolène pinchó, aunque, eso sí, con un resultado digno. Los socialistas franceses no tienen un problema de liderazgo sino de discurso que se encuentra petrificado sin incorporar las innovaciones del laborismo británico o la socialdemocracia de Alemania y Suecia.

Mariano Rajoy ya se ve en La Moncloa en un año siguiendo las pisadas de Sarkozy. El Partido Popular ya no tiene la mirada aznarista puesta obsesivamente en el Washington de Bush sino en el París de Sarkozy. Recomiendo un curso acelerado en la calle Génova para un estudio comparativo entre de las dos derechas.

Pero antes de virar hacia París recomendaría a Rajoy que practique la semiótica y examine la fotografía de Belfast en la que viejos enemigos irreconciliables tomaban ayer el té, formaban un histórico gobierno compartido en el Ulster y se reían con gran satisfacción.

No acabo de dar crédito a las risotadas del reverendo Ian Paisley en presencia de un ex miembro del IRA, que será su adjunto en el nuevo gobierno del Ulster, bajo la compañía alegre también del primer ministro de la república de Irlanda, de Tony Blair y del ministro británico para el Ulster. ¿De qué se rien todos ellos?

Expresan su satisfacción por haber enterrado el odio acumulado durante siglos. Encima de la mesa reposaba un espléndido ramo de flores que cubría más de 3.600 asesinatos del IRA y siglos de desprecio protestante hacia los católicos.

No faltaban, riendo también, los gobernantes de Londres y Dublín que eran testigos de excepción de una reconciliación que parecía imposible. Los primeros ministros Blair y Ahern eran depositarios de la tradición política en la república de Irlanda y Gran Bretaña de no jugar partidariamente con el terrorismo.

Mariano Rajoy hace bien en considerar como propia la victoria de Sarkozy en Francia. Pero la derecha francesa ha ganado con un discurso moderno, transparente, respetuoso con la mitad aproximada de franceses que no la han votado, con un debate de ideas y no de obsesiones, con un cara a cara de gran nivel entre el nuevo presidente y Ségolène Royal.

Mire a París, señor Rajoy, pero antes dese una vuelta por Belfast. Lo que ha pasado allí sólo ocurrirá en España si el terrorismo es abordado como una cuestión de Estado y no como una estrategia de partido. La paz bien vale este esfuerzo de unidad entre el gobierno y la oposición.

Menos ruido, menos histeria, menos conspiraciones, menos sectarismo y más responsabilidad. También, en lo que le corresponda, al presidente Rodríguez Zapatero.

lunes, mayo 07, 2007

Sarkozy, laicismo y laicidad

Un conocido editor barcelonés me recomendó hace casi tres años dos libros de Nicolas Sarkozy: “Libre” y “La République, les religions, l'espérance”. Es el pensamiento de la derecha que viene, moderna y sin complejos, me dijo.

Los compré y los leí en unas semanas, antes de que fueran traducidos al castellano. Los tengo bien subrayados los dos aunque me referiré especialmente al segundo en el que el próximo presidente de la República afronta ante dos entrevistadores, Thibaud Collin y Philippe Verdin, uno de los tabús de la sociedad francesa desde la ley de 1905, conocida como Ley de la Laicidad de las relaciones entre el Estado y las religiones en Francia.

El ponente de la ley fue el ministro de Asuntos Exteriores, Aristide Briand, premio Nobel de la Paz en 1926, desde muy joven afiliado al Partido Socialista. La sociedad francesa de principios del siglo pasado era muy distinta de la actual. El factor diferenciador más importante es que en Francia hoy hay más de cinco millones de musulmanes que practican su religión con mucha más intensidad que la mayoría de católicos.

Sarkozy no ha entrado en esta delicada cuestión a lo largo de la campaña electoral. Pero el pensamiento del entonces ministro del Interior y hoy presidente está muy elaborado en el mencionado libro. Se olvida con frecuencia, dice, que el ministro del Interior es el ministerio de las grandes libertades: libertad de reunión, libertad de manifestación, libertad electoral, libertad de asociación, libertad de circulación, libertades locales... No es incoherente que también se encuentren entre sus competencias la libertad de culto.

Sarkozy considera que la religión no es un espacio exterior a la República sino un espacio dentro de la República. El nuevo presidente introduce el concepto de laicidad positiva, una laicidad que garantiza el derecho de vivir la religión como un derecho fundamental de la persona. Afirma que la laicidad no es enemiga de las religiones, más bien al contrario, la laicidad es la garantía para que cada uno pueda creer y vivir su fe.

No hay oposición estructural entre los valores de la República y las creencias religiosas, puesto que la República organiza la vida en sus dimensiones temporales y las religiones intentan darle un sentido.

Pienso que Sarkozy no pensaba prioritariamente en los cristianos franceses, practicantes o no, agnósticos o ateos, sino en la realidad social de millones de musulmanes que sí que practican el Islam mayoritariamente y que no pueden sentirse extraños en la sociedad en la que viven y trabajan. Los valores republicanos pueden y deben ser respetados por cada ciudadano, independientemente de sus creencias.

La laicidad de Sarkozy “es la que está al servicio de la libertad de cada ciudadano de la República de vivir o no una religión y de transmitirla a sus hijos como lo considere oportuno”. Este derecho de vivir la religión es tan importante como el derecho de asociación, la libertad de expresión o el derecho a la presunción de inocencia. Es un derecho, dice, al reconocimiento de un derecho universal a la esperanza y la República puede enriquecerse de la esperanza de los ciudadanos creyentes, lo que no quiere decir que estén por encima de los que no creen en nada.

Me parecen una reflexiones racionales, nada sectarias, que intentan sustituir el laicismo clásico por una laicidad abierta en la que la libertad de creencias sea compatible con la condición de ciudadanos que son iguales a los demás siempre y cuando acepten y asuman los valores republicanos. Los creyentes de cualquier credo no son superiores en nada, pero tampoco inferiores.

Quizás estas cuestiones no entren en los problemas que Sarkozy tendrá a partir de ahora. Pero son una interesante actualización de la realidad social de un pais, de Europa en su conjunto, que no se pueden despreciar.

domingo, mayo 06, 2007

Ha ganado la visión de Sarkozy

Francia ha votado por las reformas entregando la presidencia de la República a Nicolas Sarkozy. Serán reformas claras y contundentes a juzgar por las promesas hechas por el presidente electo. Meritocracia, trabajo duro, autoridad, seguridad, trabajo, orden público, son líneas maestras de su discurso.

Un hombre que lleva casi treinta años en política ha saltado del ministerio del Interior a presidencia de la República. Es la primera vez que ocurre.

La victoria de Sarkozy restablece la amistad con Estados Unidos, pretende desatascar la confusa situación institucional en Europa y abre un periodo de liberalismo económico que Chirac no supo o no quiso imponer.

La izquierda representada por Ségolène Royal se salvó con dignidad de la debacle. Pero si Sarkozy promete reformas, la izquierda francesa tendrá que renovarse. Tanto desde el punto de su liderazgo como de programa.

La izquierda tendrá que revisar su conservadurismo que le ha impedido conectar con la mayoría de franceses, un estado del bienestar que tiene que reinventarse sin que pierda su sustancia pero que no puede convertirse en un lastre.

La derecha ha ganado una batalla decisiva pero la guerra entre las dos visiones de Francia continúa.

viernes, mayo 04, 2007

Despierta la Rusia imperial

Rusia salió derrotada y humillada de la guerra fría. Perdió el control de la Europa central, de los países bálticos y de varias repúblicas asiáticas que hoy son independientes estados soberanos. La Unión Soviética imperial siguió la senda de la Rusia zarista. Conservó y aumentó sus dominios.

Lenin prometió liberar la cárcel de los pueblos que habían construido los zares desde Iván el Terrible. Pero su promesa ni siquiera llegó a cumplirse. La Unión Soviética se convirtió en una gran potencia militar, geográfica y política. Su intento final para ampliar sus fronteras al invadir Afganistán marcó el comienzo del fin del imperio.

Todo se vino abajo cuando Boris Yeltsin, enterrado solemnemente con los ritos ortodoxos en la catedral de Cristo Salvador, destruida por Stalin y reconstruida por el mismo Yeltsin, fue concediendo la independencia a cuandos la solicitaban. Incluso la vieja Ucrania de la que nació la Rusia histórica.

Putin se ha recuperado del susto. Quiere volver a ser una potencia en el mundo. Dispone de mucha energía imprescindible para Occidente y un territorio que cuentda con once franjas horarias. Es el país más grande territorialmente del mundo.

Cuando Yeltsin abrió los archivos históricos en los que constan las atrocidades cometidas por el stalinismo y por el régimen soviético se descubrió lo que había pasado. El mismo Putin pidió perdón por la "guerra de invierno" que en 1940 sometió a Finlandia.

Pero este revisionismo histórico se ha terminado. Putin ha lanzado avisos serios a sus "vecinos cercanos" que Moscú tiene que decir su última palabra en todos los cambios que se produzcan a su alrededor.

Los últimos acontecimientdos en Tallin, capital de Estonia, marcan la política del Kremlin en el próximo futuro. El presidente, Andrus Ansip, y su partido reformista de ultraliberales ex comunistas, indignaron al Kremlin y a los trescientos mil rusos que viven en Estonia, al retirar el monumento soviético en recuerdo de la guerra y a una docena de tumbas de rusos importantes al cementerio militar.

Putin respondió con fuerza. En Tallin y en Moscú. Con manifestaciones, cortes de energía, gritos contra los estonios en el Kremlin, cerco a las embajadas y la amenaza de demoler la sede diplomática estonia en la capital soviética el próximo 9 de mayo que se celebra el aniversario de la victoria contra el nazismo.

La república báltica de Estonia tiene motivos para estar inquieta. Y las dos otras repúblicas bálticas, Letonia y Lituania, también. Saben que perdieron su independencia como consecuencia del pacto Molotov-Ribbentrop en el que Stalin y Hitler se repartían Polonia y en la letra pequeña constaba también la incorporación de las repúblicas bálticas a la URSS.

La Segunda Guerra Mundial empezó con la invasión de Polonia por parte de Hitler. Pero había comenzado con el pacto entre Hitler y Stalin en el que se establecía el reparto territorial de Polonia. De hecho, cuando los panzer alemanes cruzaron la frontera polaca, las tropas soviéticas avanzaban desde el Este hacia Polonia.

Para restablecer su influencia en los países ex soviéticos, el Kremlin prioriza que se olviden las barbaridades y crímenes cometidos por el ejército y la policía de Stalin al invadir territorios que habían sido independientes desde la primera a la segunda guerra mundiales.

En septiembre de 1944, por ejemplo, el Ejército Rojo liberó Tallín. No de los nazis que estaban en retirada sino del gobierno estonio. La bandera nacional y no la esvástica fueron arriadas de los edificios públicos de la capital.

Los soviéticos arrestaron al gobierno de Tallin, ajusticiaron a unos cuantos y al resto los enviaron a un gulag. Se produjo una repoblación de rusos para que la identidad estonia quedara difuminada. A pesar de ello, la independencia llegó con Yeltsin.

Pero la amenaza de una nueva incorporación a Rusia persiste. Putin controla la gran Rusia con una democracia vigilada. La privatización de las empresas no ha contribuido a la erradicación de la pobreza de la mayoría de rusos. Sólo unos cuantos espabilados han conseguido amasar grandes fortunas que disfrutan en Rusia con la benevolencia de Putin o en el extranjero perseguidos por él.

No hay que despertar la memoria de cuantos sufrieron un régimen que eliminó a millones de hombres y mujeres. Simplemente hay que pedir que se conozca la verdad de cuanto ocurrió. Antes, durante y después de la Gran Guerra Patriótica.

La política de Putin es peligrosa para la democracia de los rusos. Pero lo es más para aquellos países vecinos que buena parte del siglo XX estuvieron bajo el control estricto de Moscú que negó la libertad básica a cuantos estaban bajo el paraguas de un régimen que se cayó por sí solo por la sencilla razón de que no respetaba a la persona.

jueves, mayo 03, 2007

Europa, Turquía, Argelia

Vuelvo con el tema de Turquía. cuando acabo de ver el debate en la televisión francesa entre Sarkozy y Royal. El candidato de la derecha no quiere a los turcos en Europa como miembros de pleno derecho. Royal ha sido menos contundente y ha prometido un referéndum en su momento. En cualquier caso, Turquía está en el debate europeo desde hace años y también Turquía se debate consigo misma sobre su futuro.
La crisis que ha forzado un adelanto electoral se ha gestado sobre el viejo debate de la separación del poder secular y el religioso. Turquía es constitucionalmente laica desde que Atatürk fundó la república de corte occidental sobre las cenizas del Imperio Otomano en 1923.

El ejército ha sido el garante oficioso del secularismo de la república. Se ha excedido varias veces en sus competencias con los golpes de estado de 1960, 1971 y 1980, después del cual se redactó la nueva Constitución. En 1997 exigió un cambio de gobierno porque el Partido de la Prosperidad pretendía gobernar de acuerdo con principios islámicos.
El islamismo político reapareció con el partido de Justicia y Desarrollo que ganó ampliamente las elecciones. El primer ministro Erdogan habría sido el candidato natural para ocupar el cargo de presidente de la república que quedará vacante el 16 de mayo. Optó por su ministro de Exteriores, Abdullah Gül, del mismo partido islámico, por tener un perfil más abierto y por haber negociado el ingreso de Turquía en la Unión Europea.
Esta decisión ha hecho saltar todas las alarmas. Cientos de miles de estambulíes se han manifestado en contra de este nombramiento. El Tribunal Constitucional anuló la primera votación. El ejército manifestó abiertamente que “no se debe olvidar que las fuerzas armadas son parte en este debate sobre la presidencia y son los defensores absolutos del secularismo”.
La madeja está muy enrededada. Ante el fallo del Constitucional, el primer ministro Erdogan pide la convocatoria de elecciones anticipadas. Los sectores laicos de la sociedad están en contra de los militares que, a su vez, están también en contra del partido que controla el parlamento y el gobierno. Europa ha hecho llegar al ejéercito que se esté quieto. El primer ministro ha respondido a la decisión del Constitucional diciendo que es “una bala disparada contra la democracia”. Los secularistas no quieren ni a los islámicos ni a los militares.
Todos están peleados con todos por distintos motivos. El problema es que las instituciones están secularizadas pero los turcos votan mayoritariamente a un partido islámico. El país está roto por estas dos visiones. Puede repetirse la historia reciente de Argelia. El partido islámico (FIS) ganó la primera vuelta en las elecciones de 1992 pero el ejército impidió que se celebrara la segunda, provocando diez años de guerra civil encubierta en la que murieron más de 200.000 argelinos.

martes, mayo 01, 2007

Relato maragalliano, cierto pero surrealista

Nadie ha negado el relato que Pasqual Maragall nos ha servido estos días sobre su accidentada experiencia como president de la Generalitat.

Es bastante surrealista, daliniano si se quiere, que el presidente de un partido que contribuyó decisivamente a la elección del secretario general de los socialistas españoles, Rodríguez Zapatero, y que al frente de los socialistas catalanes se convirtió en el sucesor de Jordi Pujol, salga ahora con un listado de traiciones, malas artes y trampas de los suyos que le vetaron el paso para que fuera por segunda vez candidato socialista en las precipitadas elecciones autonómicas de 2006.

Si las revelaciones de Maragall las hubiera hecho un periodista tendrían el discutido crédito que tenemos quienes hablamos de todo sin conocer a fondo casi nada. Pero el calamar que arroja tinta negra a los correligionarios de su casa y al presidente del gobierno es el que consta como presidente de los socialistas catalanes.

Lo más interesante de esta nueva maragallada es que no es una maragallada sino un descargo de sus pesares personales y políticos sobre quienes le dejaron solo. Aún más, Maragall se desentiende de España, se lava las manos, y busca en un hipotético y borroso Partido Demócrata Europeo su próximo referente.

Si este relato de los hechos es producto de una venganza personal administrada como un pica pica, en frío y desde la distancia, demuestra una gran frivolidad política. El que fue abanderado del federalismo, igualitario o asimétrico, huye hacia adelante, se olvida de su abuelo poeta y dice que con España no hay nada que hacer. De hecho, viene a dar la razón a los independentistas de Esquerra Republicana que él mismo echó del gobierno por no votar a favor de un Estatut que ahora nos dice que no servirá de nada.

Podía haberlo afirmado antes, por lo menos a partir de aquel 30 de setiembre cargado de euforia o incluso después que Artur Mas, Manuela de Madre y Carod Rovira mostraran tanta seriedad y tanta complicidad catalanista cuando presentaron el texto en el Congreso de los Diputados. A buenas horas mangas verdes, reza el refranero castellano.

Lo que importa ahora es saber dónde estamos. Pues estamos donde solíamos, instalados en un victimismo realista, con el miedo en el cuerpo de que el Constitucional tumbe puntos básicos del Estatut y preparándonos para asumir las consecuencias de lo que sería tenernos que tragar una sentencia que iría en contra de la voluntad de la mayoría de catalanes representados en el Parlament y también por un referéndum que aprobó preceptivamente el texto que llegó del Congreso.

La piedra lanzada sobre las aguas del tranquilo y silencioso estanque socialista catalán tendrá consecuencias, incluso en las próximas elecciones municipales.

El gobierno Montilla ha reaccionado con elegancia hacia el presidente de su partido. Como si no hubiera ocurrido nada abundando en la gestión del día a día, con tácticas muy bien pensadas pero sin estrategia a medio plazo y sin construir un discurso como lo tuvo y tiene Pujol o como lo tenía Maragall que ahora se desentiende de España y se refugia en un no nato partido de unos cuantos amigos europeos.

No es prudente hacer predicciones en política. El futuro se inventa siempre y los planes B se improvisan. Si el Constitucional dijera no al Estatut cabrían varias posibilidades. Desde plantar cara, no sé cómo, a pedir formalmente una reforma de la Constitución o volver a la reedición de la Solidaritat Catalana de hace cien años. Un gobierno de unidad catalanista, con CiU dentro por supuesto, e intentar de nuevo alcanzar un pacto en el que todos pudiéramos sentirnos cómodos. No es pedir mucho.