Tengo la sensación que vivimos en tiempos desmesurados en los que las líneas rojas se pisotean con una audacia portentosa. Hay una cierta sensación de que todo vale con tal de conseguir los objetivos trazados por cada grupo político, por cada colectivo, por los medios de comunicación y la judicatura sin tener en cuenta que las reglas de juego en democracia hay que observarlas para no desvirtuarla.
Hace unos tres siglos Montesquieu, que todavía no ha muerto, decía que “ningún poder sin límites puede ser legítimo”. La legitimidad viene del hecho de marcar límites y compartirlos con los demás, es decir, dotarse de unas reglas de juego que puedan ser aceptadas por todos.
La libertad de información y opinión está garantizada por la Constitución y es un instrumento para que los pesos y contrapesos de todo sistema político y jurídico puedan servir para que ningún poder pretenda escapar del control de otras instituciones igualmente legítimas. Jefferson decía que prefería “periódicos sin gobierno que gobierno sin periódicos”. Totalmente de acuerdo.
Sería peligroso culpar a la prensa de las crisis a las que está sometido constantemente el sistema democrático. O negar que la justicia es independiente y las decisiones de los jueces sólo son recurribles en las instancias contempladas en el propio ordenamiento jurídico.
Pero la legitimidad de los medios y los jueces puede ser discutible cuando actúan como estamentos sin tener en cuenta algo tan fundamental como el respeto y la garantía de los derechos de los demás.
Tengo la impresión que con mucha frecuencia son más importantes los individuos que las instituciones. Cuando se disfraza la opinión con la información, por ejemplo, se abusa de la libertad si en esta mezcla de conceptos no se respeta las garantías personales o colectivas del otro. El general De Gaulle lo dijo hace ya muchos años en aquella Francia que estrenaba la V República. Lo importante, decía, son las instituciones. Aquí no hemos sabido construir sólidamente instituciones y hemos otorgado más importancia a las posiciones personales que son legítimas pero no ilimitadas.
Cuando los jueces ascienden en el escalafón en razón de su alineamiento político ya se sabe cómo orientarán sus sentencias. La justicia, en sus más altas instancias, deja de ser uno de los poderes independientes del Estado y se convierte en una correa de transmisión de las formaciones políticas. Es una desvirtuación del sistema democrático.
miércoles, febrero 28, 2007
lunes, febrero 26, 2007
El mal es mal, sea quien sea su autor
La guerra en sí misma no necesita de ningún motivo en particular y parece tener su raíz en la naturaleza humana. Así se expresa Emmanuel Kant en “Hacia la paz perpetua”, un tratado que formulaba precisamente cómo evitar los conflictos entre estados pero que acaba admitiendo que las guerras son inevitables. La experiencia así lo demuestra desde hace miles de años, tanto entre personas, pueblos, naciones y estados.
El Tribunal Internacional de Justicia con sede en La Haya acaba de pronunciarse sobre la guerra de Bosnia y declara que la matanza que se perpetró en Srebrenica fue un genocidio. El tribunal exculpa a Serbia pero afirma que el régimen de Milosevic no hizo nada para evitarlo. Dicho con otras palabras, el régimen de Milosevic, con la ayuda de los serbios que vivían en Bosnia, son responsables morales o por omisión de un genocidio.
Esta sentencia me recuerda la suerte de los habitantes de Varsovia que al final de la Segunda Guerra fueron incitados por los soviéticos a que se rebelaran contra los ocupantes alemanes. Lo hicieron pero fueron machacados por las tropas de Hitler. Los soldados de Stalin no acudieron en su ayuda. Sólo entraron en la capital de Polonia cuando sus ciudadanos habían sido diezmados por los nazis.
Los soviéticos pudieron entrar sin problema llevándose a los alemanes por delante y sin temer la resistencia de los exhaustos ciudadanos de Varsovia que se resignaron a ser aplastados por los nazis y a ser dominados por los soviéticos en los siguientes cuarenta años.
Las víctimas de Srebrenica y de las matanzas de unos cien mil bosnios en la guerra entre 1992 y 1995 eran principalmente musulmanes hasta el punto que el tribunal internacional califica aquella matanza de genocidio, equivalente a la acción violenta de eliminar a un pueblo.
Los cientos de miles de iraquíes muertos, militares y civiles, desde la invasión aliada de 2003, puede que no se consideren un genocidio pero alcanzan el mismo grado de perversidad a tenor del daño causado cuantitativamente.
El mal causado a víctimas inocentes no tiene nacionalidad y acaba siendo igualmente maligno tanto si es causado por una democracia, por una dictadura o en nombre de una creencia. Sostener la tesis de que el mal tiene sólo su origen en predicadores exaltados, financiados o no por países petrolíferos, pensar que la maldad está siempre en los demás que atacan nuestros intereses o nuestra cultura, me parece una gran simpleza.
Quien sostiene y piensa que el mal está exclusivamente reservado a una categoría de hombres y el bien a otra clase de humanos, está abocado al error del relato trágico. Tanto el bien como el mal conviven en todas las sociedades y en todos los tiempos y circunstancias. Sostengo que las fuerzas del bien superan a las del mal. De lo contrario nuestra especie se habría extinguido hace ya muchos siglos.
Me cansan los debates cargando de maldad a quienes situamos a la otra orilla cultural, ideológica o política reservando todas las bondades a nuestros sistemas y valores, como si nunca desde Occidente se hubiera roto un plato.
Alguien tan reconocido como Zbigniew Brzezinski, lo decía el lunes en El País: “La guerra de Iraq es una calamidad estratégica y moral de dimensiones históricas, comenzada a partir de hipótesis falsas”. El terrorismo es tan inadmisible como una reacción desmesurada para combatirlo. No era necesario invadir Iraq donde no había terrorismo y hoy hay un ejército de suicidas dispuestos a todo.
El Tribunal Internacional de Justicia con sede en La Haya acaba de pronunciarse sobre la guerra de Bosnia y declara que la matanza que se perpetró en Srebrenica fue un genocidio. El tribunal exculpa a Serbia pero afirma que el régimen de Milosevic no hizo nada para evitarlo. Dicho con otras palabras, el régimen de Milosevic, con la ayuda de los serbios que vivían en Bosnia, son responsables morales o por omisión de un genocidio.
Esta sentencia me recuerda la suerte de los habitantes de Varsovia que al final de la Segunda Guerra fueron incitados por los soviéticos a que se rebelaran contra los ocupantes alemanes. Lo hicieron pero fueron machacados por las tropas de Hitler. Los soldados de Stalin no acudieron en su ayuda. Sólo entraron en la capital de Polonia cuando sus ciudadanos habían sido diezmados por los nazis.
Los soviéticos pudieron entrar sin problema llevándose a los alemanes por delante y sin temer la resistencia de los exhaustos ciudadanos de Varsovia que se resignaron a ser aplastados por los nazis y a ser dominados por los soviéticos en los siguientes cuarenta años.
Las víctimas de Srebrenica y de las matanzas de unos cien mil bosnios en la guerra entre 1992 y 1995 eran principalmente musulmanes hasta el punto que el tribunal internacional califica aquella matanza de genocidio, equivalente a la acción violenta de eliminar a un pueblo.
Los cientos de miles de iraquíes muertos, militares y civiles, desde la invasión aliada de 2003, puede que no se consideren un genocidio pero alcanzan el mismo grado de perversidad a tenor del daño causado cuantitativamente.
El mal causado a víctimas inocentes no tiene nacionalidad y acaba siendo igualmente maligno tanto si es causado por una democracia, por una dictadura o en nombre de una creencia. Sostener la tesis de que el mal tiene sólo su origen en predicadores exaltados, financiados o no por países petrolíferos, pensar que la maldad está siempre en los demás que atacan nuestros intereses o nuestra cultura, me parece una gran simpleza.
Quien sostiene y piensa que el mal está exclusivamente reservado a una categoría de hombres y el bien a otra clase de humanos, está abocado al error del relato trágico. Tanto el bien como el mal conviven en todas las sociedades y en todos los tiempos y circunstancias. Sostengo que las fuerzas del bien superan a las del mal. De lo contrario nuestra especie se habría extinguido hace ya muchos siglos.
Me cansan los debates cargando de maldad a quienes situamos a la otra orilla cultural, ideológica o política reservando todas las bondades a nuestros sistemas y valores, como si nunca desde Occidente se hubiera roto un plato.
Alguien tan reconocido como Zbigniew Brzezinski, lo decía el lunes en El País: “La guerra de Iraq es una calamidad estratégica y moral de dimensiones históricas, comenzada a partir de hipótesis falsas”. El terrorismo es tan inadmisible como una reacción desmesurada para combatirlo. No era necesario invadir Iraq donde no había terrorismo y hoy hay un ejército de suicidas dispuestos a todo.
domingo, febrero 25, 2007
Entre Zapatero y Rajoy, el mal menor
El temor de una vuelta de Berlusconi ha apagado el incendio de la última crisis italiana. La posibilidad de que unas elecciones anticipadas devolvieran el poder a “Il Cavaliere” ha puesto firmes a los dos senadores de los comunistas reformados y han vuelto a hacer piña con el profesor Romano Prodi.
La política italiana es imaginativa y frágil. No hay enemigos eternos ni aliados para siempre. La bulla es constante. Pero nueve meses después de haber conseguido echar a Berlusconi con una extraña coalición de centro izquierda, no se podía hacer despeñar al efímero gobierno de Prodi.
“Il Professore” ha prometido prescindir de la ley de parejas de hecho que había excitado a la derecha berlusconiana y va a formar un nuevo gobierno. Entre el lío del gobierno Prodi y la prepotencia de Berlusconi, los comunistas han dado marcha atrás. Y Prodi seguirá, al menos por el momento.
Italia y España tienen muchas cosas en común. Pero no es en la práctica de la política donde se encuentran. Los insultos en las cámaras italianas son efímeros. En el Congreso español son imperdonables, casi eternos.
Si se me permite hacer la comparación, lo que ha ocurrido en Italia puede producirse en España. Zapatero ha cometido errores de bulto, gobierna a golpe de encuestas, practica una liberalidad y frivolidad que molestan a muchos.
Pero si Mariano Rajoy no corrige el tono y el fondo de su discurso, si no hace política en el parlamento, si se deja llevar por el griterío de sus militantes extremos en la calle, si no abandona las tesis aznaristas sobre cómo combatir el terrorismo, bien le puede ocurrir lo mismo que a Berlusconi.
Los españoles podrían copiar a los italianos y entre un Zapatero desconcertante y un Rajoy abandonado a los desvaríos de la derecha radical, podrían optar por el mal menor y dar la victoria a los socialistas.
No hay nunca un partido o un candidato perfectos. La gente es sabia y suele inclinarse por el menos malo.
La política italiana es imaginativa y frágil. No hay enemigos eternos ni aliados para siempre. La bulla es constante. Pero nueve meses después de haber conseguido echar a Berlusconi con una extraña coalición de centro izquierda, no se podía hacer despeñar al efímero gobierno de Prodi.
“Il Professore” ha prometido prescindir de la ley de parejas de hecho que había excitado a la derecha berlusconiana y va a formar un nuevo gobierno. Entre el lío del gobierno Prodi y la prepotencia de Berlusconi, los comunistas han dado marcha atrás. Y Prodi seguirá, al menos por el momento.
Italia y España tienen muchas cosas en común. Pero no es en la práctica de la política donde se encuentran. Los insultos en las cámaras italianas son efímeros. En el Congreso español son imperdonables, casi eternos.
Si se me permite hacer la comparación, lo que ha ocurrido en Italia puede producirse en España. Zapatero ha cometido errores de bulto, gobierna a golpe de encuestas, practica una liberalidad y frivolidad que molestan a muchos.
Pero si Mariano Rajoy no corrige el tono y el fondo de su discurso, si no hace política en el parlamento, si se deja llevar por el griterío de sus militantes extremos en la calle, si no abandona las tesis aznaristas sobre cómo combatir el terrorismo, bien le puede ocurrir lo mismo que a Berlusconi.
Los españoles podrían copiar a los italianos y entre un Zapatero desconcertante y un Rajoy abandonado a los desvaríos de la derecha radical, podrían optar por el mal menor y dar la victoria a los socialistas.
No hay nunca un partido o un candidato perfectos. La gente es sabia y suele inclinarse por el menos malo.
viernes, febrero 23, 2007
Todo vale para desgastar al gobierno
Por tierra, mar y aire. La lucha contra el terrorismo es objeto de discusión en las calles de Madrid. Es la octava marcha convocada contra ETA, contra el gobierno Zapatero, contra lo que dictan los jueces, contra lo que sea.
Siempre hay algún alto dirigente del Partido Popular al frente de la manifestación. Esta sábado es contra la sentencia del Supremo de reducir la pena a De Juana Chaos, terrorista de ETA que fue condenado por participar directamente en 25 asesinatos y que tenía que ser puesto en libertad según la reglamentación penitenciaria.
De Juana Chaos se consume en huelga de hambre. Porque así lo ha querido. Al ser puesto en libertad la fiscalía rescató dos escritos publicados hace dos años y se le pidió 96 años de cárcel. Por tratarse de un artículo no está mal. No creo que haya precedentes.
La pena quedó en doce años. Se recurrió y el Tribunal Supremo lo dejó en dos años. Es contra esta decisión que se organiza la manifestación de este sábado.
Es una marcha contra el Tribunal Supremo. Pero es más bien otra sonada concentración en contra del gobierno.
Cuando el Tribunal Constitucionl recusó al magistrado Pérez Mestre por haber elaborado un informe para la Generalitat en tiempos de Pujol sobre el Estatut de Catalunya, desde las filas populares se invocó la independencia de la justicia porque les era favorable.
Cuando el Tribunal Supremo dicta una sentencia que no aceptan, se lanzan a la calle. Extraño y desquiciado país el nuestro.
Cuando el "todo vale" llega a este punto, el futuro se nos presenta incierto.La irracionalidad en política suele conducir al precipicio. Que la lucha contra el terrorismo sea un arma electoral para desgastar al gobierno es un inmenso error.
Siempre hay algún alto dirigente del Partido Popular al frente de la manifestación. Esta sábado es contra la sentencia del Supremo de reducir la pena a De Juana Chaos, terrorista de ETA que fue condenado por participar directamente en 25 asesinatos y que tenía que ser puesto en libertad según la reglamentación penitenciaria.
De Juana Chaos se consume en huelga de hambre. Porque así lo ha querido. Al ser puesto en libertad la fiscalía rescató dos escritos publicados hace dos años y se le pidió 96 años de cárcel. Por tratarse de un artículo no está mal. No creo que haya precedentes.
La pena quedó en doce años. Se recurrió y el Tribunal Supremo lo dejó en dos años. Es contra esta decisión que se organiza la manifestación de este sábado.
Es una marcha contra el Tribunal Supremo. Pero es más bien otra sonada concentración en contra del gobierno.
Cuando el Tribunal Constitucionl recusó al magistrado Pérez Mestre por haber elaborado un informe para la Generalitat en tiempos de Pujol sobre el Estatut de Catalunya, desde las filas populares se invocó la independencia de la justicia porque les era favorable.
Cuando el Tribunal Supremo dicta una sentencia que no aceptan, se lanzan a la calle. Extraño y desquiciado país el nuestro.
Cuando el "todo vale" llega a este punto, el futuro se nos presenta incierto.La irracionalidad en política suele conducir al precipicio. Que la lucha contra el terrorismo sea un arma electoral para desgastar al gobierno es un inmenso error.
miércoles, febrero 21, 2007
La foto de Las Azores
He seguido en directo y con gran atención la intervención de Tony Blair en los comunes anunciando la retirada de Iraq de 1.600 soldados británicos. No están acostumbrados los ingleses a perder guerras. Si la memoria no me falla, la última que perdieron fue la de los Boers a finales del siglo antepasado.
Una guerra que, por cierto, un joven Winston Churchill protagonizó un episodio estrambótico en el que como periodista fue hecho cautivo y, él solo, se libró de los adversarios y lo contó en unas célebres crónicas que hay que darlas por verídicas porque el único periodista que dió testimonio de su secuestro fué él mismo.
Uno de los argumentos subliminales del primer ministro británico fue el de ser el Winston Churchill del comienzo del milenio. Alianza sin matices con Estados Unidos frente a unas fuerzas del mal que en los años treinta era Hitler y que ahora es el terrorismo de procedencia islámica que ha sacudido brutalmente varias capitales occidentales.
Bush, Blair, Aznar y Barroso se reunieron en Las Azores para certificar la gesta que estaba en ciernes. Se construyó la coalición de voluntades, “coalition of the willing” que reunía a contingentes militares de unos cuarenta países. Los primeros meses del conflicto fueron triunfantes hata el punto que el presidente norteamericano proclamó a bordo del portaaviones Lincoln que los combates principales habían terminado.
Pero no terminaron. Más de tres mil soldados americanos muertos en combate, poco más de un centenar británcos y unas decenas de combatientes de otros países. Si se aceptan las cifras aportadas por organizaciones independientes, la guerra ha causado más de seiscientos mil iraquíes muertos.
Los más ardientes defensores de la guerra están pagando en las urnas y en la opinión pública la aventura militar en tierras lejanas sin que existiera una causa justificada. Al menos, no se encontraron las armas de destrucción masiva que se invocaron para invadir el país.
A partir de ese momento el conflicto ha adquirido dimensiones incontrolables. Hay más terrorismo en Iraq hoy que al iniciar la guerra. El prestigio de los países occidentales que se involucraron en el conflicto ha quedado deteriorado. El Congreso de Washington se ha vuelto hostil a Bush. Los países de la coalición de voluntades han ido retirándose, brusca y precipitadamente como hizo Zapatero, o gradual pero definitivamente como acaba de anunciar Tony Blair.
Sólo hay una cosa peor que ir a la guerra: perderla.
Una guerra que, por cierto, un joven Winston Churchill protagonizó un episodio estrambótico en el que como periodista fue hecho cautivo y, él solo, se libró de los adversarios y lo contó en unas célebres crónicas que hay que darlas por verídicas porque el único periodista que dió testimonio de su secuestro fué él mismo.
Uno de los argumentos subliminales del primer ministro británico fue el de ser el Winston Churchill del comienzo del milenio. Alianza sin matices con Estados Unidos frente a unas fuerzas del mal que en los años treinta era Hitler y que ahora es el terrorismo de procedencia islámica que ha sacudido brutalmente varias capitales occidentales.
Bush, Blair, Aznar y Barroso se reunieron en Las Azores para certificar la gesta que estaba en ciernes. Se construyó la coalición de voluntades, “coalition of the willing” que reunía a contingentes militares de unos cuarenta países. Los primeros meses del conflicto fueron triunfantes hata el punto que el presidente norteamericano proclamó a bordo del portaaviones Lincoln que los combates principales habían terminado.
Pero no terminaron. Más de tres mil soldados americanos muertos en combate, poco más de un centenar británcos y unas decenas de combatientes de otros países. Si se aceptan las cifras aportadas por organizaciones independientes, la guerra ha causado más de seiscientos mil iraquíes muertos.
Los más ardientes defensores de la guerra están pagando en las urnas y en la opinión pública la aventura militar en tierras lejanas sin que existiera una causa justificada. Al menos, no se encontraron las armas de destrucción masiva que se invocaron para invadir el país.
A partir de ese momento el conflicto ha adquirido dimensiones incontrolables. Hay más terrorismo en Iraq hoy que al iniciar la guerra. El prestigio de los países occidentales que se involucraron en el conflicto ha quedado deteriorado. El Congreso de Washington se ha vuelto hostil a Bush. Los países de la coalición de voluntades han ido retirándose, brusca y precipitadamente como hizo Zapatero, o gradual pero definitivamente como acaba de anunciar Tony Blair.
Sólo hay una cosa peor que ir a la guerra: perderla.
martes, febrero 20, 2007
Irán en el punto de mira
El escenario es conocido. Se señala un peligro lejano. Se producen filtraciones a los medios. Se dibuja un gran problema para la estabilidad en el mundo. Los portaaviones se dirigen lentamente hacia el lugar de los hechos. El conflicto es probable.
Ocurrió en Afganistán, en Iraq y ahora los preparativos se ciernen sobre Irán. Intercambio de acusaciones, declaraciones, amenazas.
El primer ministro iraní no es de fiar. Afirma que Israel debe ser borrado del mapa y prosigue con su programa de enriquecimiento de uranio. La bomba nuclear es posible que la pueda obtener el régimen coránico de Teherán.
Se moviliza la diplomacia sin conseguir nada. Las Naciones Unidas actúan con parlamentos. Bush busca aliados para emprender el ataque.
El fantasma de la fuerza vuelve a revolotear sobre Oriente Medio. Irán sigue siendo del eje del mal. La guerra de Iraq sólo da víctimas y no hay soluciones.
El presidente Bush tiene al Congreso en contra. Pero puede actuar si lo considera necesario para la seguridad nacional.
Las encuestas le rechazan. Pero le queda año y medio en la Casa Blanca y podría actuar nuevamente y ampliar la hoguera de la región.
Pienso que no se dará este paso. Pero no hay que descartarlo. La fuerza de Estados Unidos es impresionante. Se baraja la posibilidad de golpear sólo aquellos puntos en los que se sospecha o se tiene pruebas de que se está trabajando con energía nuclear.
La fuerza de Estados Unidos es incuestionable. Pero hace falta también la razón, la diplomacia, el poder blando que es más efectivo que el duro. Lo acabamos de ver con los acuerdos con Corea del Norte con la incomprensible pero eficaz diplomacia china.
Sería un gran error que el presidente Bush quisiera despedirse con cañones. No hace falta. Hay muchas vidas en juego.
Ocurrió en Afganistán, en Iraq y ahora los preparativos se ciernen sobre Irán. Intercambio de acusaciones, declaraciones, amenazas.
El primer ministro iraní no es de fiar. Afirma que Israel debe ser borrado del mapa y prosigue con su programa de enriquecimiento de uranio. La bomba nuclear es posible que la pueda obtener el régimen coránico de Teherán.
Se moviliza la diplomacia sin conseguir nada. Las Naciones Unidas actúan con parlamentos. Bush busca aliados para emprender el ataque.
El fantasma de la fuerza vuelve a revolotear sobre Oriente Medio. Irán sigue siendo del eje del mal. La guerra de Iraq sólo da víctimas y no hay soluciones.
El presidente Bush tiene al Congreso en contra. Pero puede actuar si lo considera necesario para la seguridad nacional.
Las encuestas le rechazan. Pero le queda año y medio en la Casa Blanca y podría actuar nuevamente y ampliar la hoguera de la región.
Pienso que no se dará este paso. Pero no hay que descartarlo. La fuerza de Estados Unidos es impresionante. Se baraja la posibilidad de golpear sólo aquellos puntos en los que se sospecha o se tiene pruebas de que se está trabajando con energía nuclear.
La fuerza de Estados Unidos es incuestionable. Pero hace falta también la razón, la diplomacia, el poder blando que es más efectivo que el duro. Lo acabamos de ver con los acuerdos con Corea del Norte con la incomprensible pero eficaz diplomacia china.
Sería un gran error que el presidente Bush quisiera despedirse con cañones. No hace falta. Hay muchas vidas en juego.
lunes, febrero 19, 2007
Políticos, medios y jueces
Me ha llamado la atención la apertura del Financial Times de ayer con un gran titular que dice que España es la destinación preferente de los europeos que deciden trabajar en el exterior. Resume una encuesta hecha a 6.561 adultos británicos, franceses, alemanes, italianos, norteamericanos y españoles.
Los europeos prefieren España por varias razones. Porque es el país europeo que se encuentra mejor consigo mismo, porque los españoles son los más optimistas de Europa, porque vivimos sin dramas respecto a la inmigración y porque la mayoría tenemos la percepción de que nuestras vidas han progresan y mejoran.
Si no se tratara de un diario de calidad y referencia habría pensado que era una broma o que Europa debe andar muy mal si a los españoles se nos considera los más satisfechos con nosotros mismos.
La encuesta coincide con las manifestaciones del comisario Joaquín Almunia que el viernes revisó al alza las previsiones de crecimiento económico de España del 3.4 por ciento al 3.7 en 2007.
Un total del 42 por ciento de españoles cree que la inmigración es buena para la economía, comparado con el 19 por ciento en Gran Bretaña y Francia. Más de un 70 por ciento de españoles, sin embargo, piden un control más estricto de las fronteras para frenar la inmigración ilegal.
La encuesta tiene muchas interpretaciones y lecturas. Pero el hecho es que España haya pasado de ser un país de segunda, despreciado por las democracias europeas durante la dictadura, de una inestabilidad política crónica en los doscientos últimos años, a ser una potencia media en alza con un atractivo creciente para los más de cincuenta millones de turistas que en general se llevan una buena impresión del país.
En la edición europea del The Wall Street Journal, el diario más identificado sin matices con el liberalismo económico, también ayer titulaba en primera página que la penetración de la banca española en Estados Unidos muestra la nueva estatura global de España. Dice la crónica fechada en Madrid que los dos bancos comerciales principales españoles, el Santander y el BBVA, han dejado la segunda división y han subido a la primera situándose entre los más importantes, los más eficientes y los más rentables del mundo.
Más de sesenta mil congresistas se dieron cita en Barcelona la semana pasada para intercambiar impresiones y conocimientos sobre las más avanzadas tecnologías. El evento fue un éxito y los organizadores han reservado para los próximos tres años.
Esta visión tan optimista que nos viene de fuera no coincide con el pesimismo latente que nos embarga con sólo observar a la clase política, a sectores relevantes de la judicatura, a las alarmas que suenan cada mañana en emisoras irresponsables y en periódicos que optan por la catástrofe previa y la conspiración.
Es paradójico que la prensa y la cultura anglosajonas, históricamente tan hostiles y desconfiadas a todo lo español, se atrevan a romper una tradición que viene de siglos. Hay muchas cosas que van mal o muy mal en España. Como en todos los países.
Pero no hay razones que expliquen la tensión desproporcionada entre políticos, medios y jueces para imponer criterios siempre discutibles en el fondo y en las formas. No es el sentimiento del amplísimo colchón de las clases medias, ilustradas, que observan con estupor lo que está pasando y aprovechan para alejarse de las urnas.
Los europeos prefieren España por varias razones. Porque es el país europeo que se encuentra mejor consigo mismo, porque los españoles son los más optimistas de Europa, porque vivimos sin dramas respecto a la inmigración y porque la mayoría tenemos la percepción de que nuestras vidas han progresan y mejoran.
Si no se tratara de un diario de calidad y referencia habría pensado que era una broma o que Europa debe andar muy mal si a los españoles se nos considera los más satisfechos con nosotros mismos.
La encuesta coincide con las manifestaciones del comisario Joaquín Almunia que el viernes revisó al alza las previsiones de crecimiento económico de España del 3.4 por ciento al 3.7 en 2007.
Un total del 42 por ciento de españoles cree que la inmigración es buena para la economía, comparado con el 19 por ciento en Gran Bretaña y Francia. Más de un 70 por ciento de españoles, sin embargo, piden un control más estricto de las fronteras para frenar la inmigración ilegal.
La encuesta tiene muchas interpretaciones y lecturas. Pero el hecho es que España haya pasado de ser un país de segunda, despreciado por las democracias europeas durante la dictadura, de una inestabilidad política crónica en los doscientos últimos años, a ser una potencia media en alza con un atractivo creciente para los más de cincuenta millones de turistas que en general se llevan una buena impresión del país.
En la edición europea del The Wall Street Journal, el diario más identificado sin matices con el liberalismo económico, también ayer titulaba en primera página que la penetración de la banca española en Estados Unidos muestra la nueva estatura global de España. Dice la crónica fechada en Madrid que los dos bancos comerciales principales españoles, el Santander y el BBVA, han dejado la segunda división y han subido a la primera situándose entre los más importantes, los más eficientes y los más rentables del mundo.
Más de sesenta mil congresistas se dieron cita en Barcelona la semana pasada para intercambiar impresiones y conocimientos sobre las más avanzadas tecnologías. El evento fue un éxito y los organizadores han reservado para los próximos tres años.
Esta visión tan optimista que nos viene de fuera no coincide con el pesimismo latente que nos embarga con sólo observar a la clase política, a sectores relevantes de la judicatura, a las alarmas que suenan cada mañana en emisoras irresponsables y en periódicos que optan por la catástrofe previa y la conspiración.
Es paradójico que la prensa y la cultura anglosajonas, históricamente tan hostiles y desconfiadas a todo lo español, se atrevan a romper una tradición que viene de siglos. Hay muchas cosas que van mal o muy mal en España. Como en todos los países.
Pero no hay razones que expliquen la tensión desproporcionada entre políticos, medios y jueces para imponer criterios siempre discutibles en el fondo y en las formas. No es el sentimiento del amplísimo colchón de las clases medias, ilustradas, que observan con estupor lo que está pasando y aprovechan para alejarse de las urnas.
domingo, febrero 18, 2007
Papon y la historia de Francia
En abril de 1998 Maurice Papon fue condenado por los tribunales franceses de haber ordenado la deportación de judíos a los campos de exterminio alemanes. Papon acaba de morir. Reproduzco el artículo que publiqué en La Vanguardia el 4 de abril de aquel año:
"Leo con gran atención en la prensa francesa de estos días. Me interesa enormemente lo que cuentan los columnistas y editorialistas sobre el juicio de Maurice Papon, el más alto funcionario del régimen de Vichy, acusado y condenado de haber ordenado la deportación de 1690 judíos, incluídos 233 niños, desde la zona de Burdeos hacia campos de exterminio alemanes, siendo responsable de los asuntos judíos mientras era subprefecto de la región de la Gironda.
Es siempre incómodo hurgar en la historia reciente de cualqueir país. Serge July comenta en "Liberation" que una generación que no ha conocido la guerra, la colaboración, la revolución nacional y el antisemitismo de Vichy acaba de juzgar un cómplice administrativo de la solución final cuando contaba solamente treinta años.
July se felicita de la sentencia, pero dulcifica la figura de Papon. No por lo que hizo sino por lo que representó en aquella Francia en la que Papon pertenecía a una categoría de servidores del Estado, es decir, de altos funcionarios, que no estaba comprometida ideológicamente y que a medida que transcurría la guerra se iba identificando con la resistencia.
Papon, en efecto, fue colaboracionista pero también prefecto de policía de París con el general De Gaulle y ministro del Presupuesto con Raymond Barre durante la presidencia de Giscard d'Estaign. Una biografía que, en distintos grados, compartieron tantos y tantos francess que, en palabras del general De Gaulle, se encontraron en la tesitura de escoger entre los bienes materiales y el alma de Francia y los bienes materiales decidieron por ellos.
"Les possédants son posséedés parce qu'ils possèdent", una frase lapidaria del general De Gaulle que en sus memorias profundiza extensamente sobre esta pesadilla que pesa sobre la gran mayoría de franceses cuando se encontraron ante el hecho consumado de que Francia estaba sometida a Alemania de "la mano de un patriota tan indiscutible como el mariscal Pétain, héroe de Verdún y paradigma de los valores nacionales".
No hay que recordar que la gran mayoría de los franceses no pusieron resistencia al colaboracionismo con el régimen de Vichy, en 1940, respetuosos con la legalidad vigente, se pusieron a las órdenes próximas o lejanas del mariscal Pétain.
Cuando en junio de aquel año, cuenta Alain Peyrefitte, el general De Gaulle pronunciaba su célebre discurso desde la BBC de Londres hubo poco entusiasmo y ningún seguimiento. Hay que esperar hasta el mes de noviembre para que aparecieran los primeros signos tangibles y públicos de simpatía al movimiento encabezado por De Gaulle.
Un grupo de estudiantes se concentró en el Arco de Triunfo enarbolando dos grandes banderas antes de que la policía los persiguiera y les dispersara.
Es fácil juzgar ahora el comportamiento de tantos franceses. pero el contexto histórico y los tiempos eran bien distintos de los actuales. Francia estaba extenuada todavía por las dos guerras recientes, principalmente la Gran Guerra de 1914 que tantos dolores y millones de muertes causó.
No se inclinó por una ideología, sino que se dejó llevar por la comodidad y los pequeños intereses. El propio Mitterrand tiene su biografía manchada por el colaboracionismo con Pétain.
Francia no es una excepción. Pocos países europeos, Gran Bretaña es posiblemente la excepción, pueden enorgullecerse de la historia de un siglo que ha vivido dos grandes guerras civiles continentales. Qué vamos a decir de Alemania, Italia, España o Dinamarca. ¿Y Rusia?
Se pueden buscar toda clase de atenuantes pero el hecho es que la justicia francesa, en medio de una gran división de opiniones en la sociedad, ha decidido pasar la página Papon con una condena penaly moral al comportamiento de una clase dirigente que se pasó con armas y bagajes a la legalidad constituida por Vichy.
Ya era hora. Hacía falta esta condena porque los hechos y sus motivaciones no merecen sino desprecio. George Suffert escribía ayer en "Le Figaro" que los ciudadanos franceses necesitan oir hablar de otra cosa, por ejemplo, de su futuro. Sí, pero sin olvidar elpasado".
No tengo nada que añadir, casi diez años después de aquella condena. Francia colaboró con Pétain, con Vichy, con Hitler. De Gaulle solía decir que aquella Francia no era Francia. Sí, sí que lo era. La Francia que fue miserablemente colaboracionista.
"Leo con gran atención en la prensa francesa de estos días. Me interesa enormemente lo que cuentan los columnistas y editorialistas sobre el juicio de Maurice Papon, el más alto funcionario del régimen de Vichy, acusado y condenado de haber ordenado la deportación de 1690 judíos, incluídos 233 niños, desde la zona de Burdeos hacia campos de exterminio alemanes, siendo responsable de los asuntos judíos mientras era subprefecto de la región de la Gironda.
Es siempre incómodo hurgar en la historia reciente de cualqueir país. Serge July comenta en "Liberation" que una generación que no ha conocido la guerra, la colaboración, la revolución nacional y el antisemitismo de Vichy acaba de juzgar un cómplice administrativo de la solución final cuando contaba solamente treinta años.
July se felicita de la sentencia, pero dulcifica la figura de Papon. No por lo que hizo sino por lo que representó en aquella Francia en la que Papon pertenecía a una categoría de servidores del Estado, es decir, de altos funcionarios, que no estaba comprometida ideológicamente y que a medida que transcurría la guerra se iba identificando con la resistencia.
Papon, en efecto, fue colaboracionista pero también prefecto de policía de París con el general De Gaulle y ministro del Presupuesto con Raymond Barre durante la presidencia de Giscard d'Estaign. Una biografía que, en distintos grados, compartieron tantos y tantos francess que, en palabras del general De Gaulle, se encontraron en la tesitura de escoger entre los bienes materiales y el alma de Francia y los bienes materiales decidieron por ellos.
"Les possédants son posséedés parce qu'ils possèdent", una frase lapidaria del general De Gaulle que en sus memorias profundiza extensamente sobre esta pesadilla que pesa sobre la gran mayoría de franceses cuando se encontraron ante el hecho consumado de que Francia estaba sometida a Alemania de "la mano de un patriota tan indiscutible como el mariscal Pétain, héroe de Verdún y paradigma de los valores nacionales".
No hay que recordar que la gran mayoría de los franceses no pusieron resistencia al colaboracionismo con el régimen de Vichy, en 1940, respetuosos con la legalidad vigente, se pusieron a las órdenes próximas o lejanas del mariscal Pétain.
Cuando en junio de aquel año, cuenta Alain Peyrefitte, el general De Gaulle pronunciaba su célebre discurso desde la BBC de Londres hubo poco entusiasmo y ningún seguimiento. Hay que esperar hasta el mes de noviembre para que aparecieran los primeros signos tangibles y públicos de simpatía al movimiento encabezado por De Gaulle.
Un grupo de estudiantes se concentró en el Arco de Triunfo enarbolando dos grandes banderas antes de que la policía los persiguiera y les dispersara.
Es fácil juzgar ahora el comportamiento de tantos franceses. pero el contexto histórico y los tiempos eran bien distintos de los actuales. Francia estaba extenuada todavía por las dos guerras recientes, principalmente la Gran Guerra de 1914 que tantos dolores y millones de muertes causó.
No se inclinó por una ideología, sino que se dejó llevar por la comodidad y los pequeños intereses. El propio Mitterrand tiene su biografía manchada por el colaboracionismo con Pétain.
Francia no es una excepción. Pocos países europeos, Gran Bretaña es posiblemente la excepción, pueden enorgullecerse de la historia de un siglo que ha vivido dos grandes guerras civiles continentales. Qué vamos a decir de Alemania, Italia, España o Dinamarca. ¿Y Rusia?
Se pueden buscar toda clase de atenuantes pero el hecho es que la justicia francesa, en medio de una gran división de opiniones en la sociedad, ha decidido pasar la página Papon con una condena penaly moral al comportamiento de una clase dirigente que se pasó con armas y bagajes a la legalidad constituida por Vichy.
Ya era hora. Hacía falta esta condena porque los hechos y sus motivaciones no merecen sino desprecio. George Suffert escribía ayer en "Le Figaro" que los ciudadanos franceses necesitan oir hablar de otra cosa, por ejemplo, de su futuro. Sí, pero sin olvidar elpasado".
No tengo nada que añadir, casi diez años después de aquella condena. Francia colaboró con Pétain, con Vichy, con Hitler. De Gaulle solía decir que aquella Francia no era Francia. Sí, sí que lo era. La Francia que fue miserablemente colaboracionista.
viernes, febrero 16, 2007
Tragedia humana en movimiento
Un barco de pesca destartalado, el Marine I, ha permanecido dos semanas en las costas de Mauritania con casi cuatrocientos pasajeros que intentaban alcanzar las islas Canarias camino de la península y de Europa.
La novedad de estos sobrantes humanos de la globalización es que no todos eran subsaharianos. La mayoría procedían de lejanas tierras como Sri Lanka, Pakistán, India y Afganistán. Con los vientos que soplan a favor, miles de fugitivos se atreven a embarcarse en una aventura incierta atravesando mares y continentes para llegar a las costas occidentales africanas y conseguir un pasadizo hacia Europa.
Es una tragedia humana en movimiento. Muchos no llevan ninguna carta de identidad. Después de las conversaciones entre Mauritaria y España para resolver la crisis, no se sabe dónde hay que trasladar a los inmigrantes que aspiran a tener la condición de refugiados políticos y no ser repatriados.
El gobierno español ha puesto aviones para transportarlos a sus lugares de origen. Pero no hay lugar de origen porque nadie lo sabe. Y los que lo saben, los interesados, no lo dicen. Mientras tanto peligra su salud, su supervivencia, se pueden consumir en playas o cobertizos infectos.
La Cruz Roja y otras organizaciones humanitarias piden auxilio para ayudar a esas gentes sin rumbo, sin identidad, sin reconocer la tierra de donde proceden. No porque renieguen de ella sino porque no quieren regresar. Saben que si alcanzan Europa podrán trabajar y enviar euros a los suyos.
El inmigrante no es un ser caprichoso. Huye para encontrar horizontes vitales más dignos. Una situación que iba a resolverse en cuestión de horas lleva ya cinco días estancada. Abandonaron su tierra pensando que con sólo llegar a Europa, a Estados Unidos también acuden pero son muchos millones los que viven como ilegales, encontrarían la tierra prometida y lo que encuentran es sacrificio, dolor, incomprensión y en muchos casos la muerte.
No es un problema de España, de Francia o de Alemania. Es un problema de desequilibrios internacionales, de riqueza mal distribuida, de políticas que han mirado a las naciones subdesarrolladas como tierra de conquista.
En los siglos XIX y XX se arrancaron muchos recursos naturales de las colonias. Ahora nos entregan sus hombres y mujeres más preparados, jóvenes, arriesgados, capaces de hacer todos los sacrificios para romper el círculo de la miseria que les envuelve.
No quiero hacer demagogia. Pero si una parte de los gastos en armas en todo tipo de guerras se desviaran hacia los países más pobres, posiblemente la situación no sería tan dramática y tan indecente por los gobiernos y las sociedades de acogida.
Ellos sufren física y humanamente. Nosotros tenemos nuestros principios éticos almacenados no sé dónde.
La novedad de estos sobrantes humanos de la globalización es que no todos eran subsaharianos. La mayoría procedían de lejanas tierras como Sri Lanka, Pakistán, India y Afganistán. Con los vientos que soplan a favor, miles de fugitivos se atreven a embarcarse en una aventura incierta atravesando mares y continentes para llegar a las costas occidentales africanas y conseguir un pasadizo hacia Europa.
Es una tragedia humana en movimiento. Muchos no llevan ninguna carta de identidad. Después de las conversaciones entre Mauritaria y España para resolver la crisis, no se sabe dónde hay que trasladar a los inmigrantes que aspiran a tener la condición de refugiados políticos y no ser repatriados.
El gobierno español ha puesto aviones para transportarlos a sus lugares de origen. Pero no hay lugar de origen porque nadie lo sabe. Y los que lo saben, los interesados, no lo dicen. Mientras tanto peligra su salud, su supervivencia, se pueden consumir en playas o cobertizos infectos.
La Cruz Roja y otras organizaciones humanitarias piden auxilio para ayudar a esas gentes sin rumbo, sin identidad, sin reconocer la tierra de donde proceden. No porque renieguen de ella sino porque no quieren regresar. Saben que si alcanzan Europa podrán trabajar y enviar euros a los suyos.
El inmigrante no es un ser caprichoso. Huye para encontrar horizontes vitales más dignos. Una situación que iba a resolverse en cuestión de horas lleva ya cinco días estancada. Abandonaron su tierra pensando que con sólo llegar a Europa, a Estados Unidos también acuden pero son muchos millones los que viven como ilegales, encontrarían la tierra prometida y lo que encuentran es sacrificio, dolor, incomprensión y en muchos casos la muerte.
No es un problema de España, de Francia o de Alemania. Es un problema de desequilibrios internacionales, de riqueza mal distribuida, de políticas que han mirado a las naciones subdesarrolladas como tierra de conquista.
En los siglos XIX y XX se arrancaron muchos recursos naturales de las colonias. Ahora nos entregan sus hombres y mujeres más preparados, jóvenes, arriesgados, capaces de hacer todos los sacrificios para romper el círculo de la miseria que les envuelve.
No quiero hacer demagogia. Pero si una parte de los gastos en armas en todo tipo de guerras se desviaran hacia los países más pobres, posiblemente la situación no sería tan dramática y tan indecente por los gobiernos y las sociedades de acogida.
Ellos sufren física y humanamente. Nosotros tenemos nuestros principios éticos almacenados no sé dónde.
miércoles, febrero 14, 2007
Europa y los vuelos secretos de la CIA
El Parlamento Europeo ha aprobado un informe en el que se denuncia a muchos estados de la Unión el haber ignorado más de mil vuelos que transportaron sospechosos terroristas para ser interrogados y en algunos casos torturados en lugares desconocidos. La organización de esos vuelos misteriosos corrió a cargo de la CIA y se efectuaron entre 2001 y 2005.
España se encuentra entre los países que miraron hacia otra parte aunque los principales encubridores de esos vuelos fueron Gran Bretaña, Alemania e Italia.
La mayoría conservadora en el parlamento de Estrasburgo no votó unánimemente a tenor de los 30 diputados del Partido Popular que se pronunciaron a favor del informe. La transgresión de la ley antes, durante y después de la guerra de Iraq no puede sorprender a nadie. Aquella máxima de Bismarck, que participó y ganó tres guerras en Europa central antes de alcanzar la unidad de Alemania en 1870, dejó dicho que ¡ay! de aquel político que al final de un conflicto no puede esgrimir las mismas razones que barajaba al comenzarlo.
Los vuelos secretos norteamericanos sobre cielos europeos es una parte insignificante al lado del dolor, las muertes, la destrucción y el odio que se ha fomentado en el interior de Iraq.
El hecho que el presidente Bush haya situado a su país y al mundo en un punto de difícil retorno, no digamos ya si las sospechas de un ataque a Irán se convierten en realidad, no puede llevar a Europa a contentarse con denuncias de irregularidades graves perpetradas por los servicios de inteligencia americanos.
La Unión Europea debe implicarse mucho más para reconducir la crisis de Oriente Medio. La actuación de la canciller Ángela Merkel me parece que marcha en la buena dirección. El próximo presidente o presidenta de Francia tendrán que seguir la senda alemana.
Europa tiene la eterna amenaza de Rusia y no se implica a fondo en tener una voz potente en Oriente Medio. China y la India se levantan como poderosos competidores en todos los campos.
Como la bomba humana existe, los estados ya no tienen el monopolio de los grandes medios de destrucción, un hecho desconocido desde la paz de Westfalia de 1648. Europa no se puede permitir el lujo de actuar por su cuenta prescindiendo de su capacidad de influencia para corregir los abusos cometidos por quienes invadieron Iraq.
La política hay que trazarla mirando al horizonte y no sólo pensando en las prisas del día a día. Europa es un modelo que muchos quieren imitar. Las llamadas a la puerta son constantes y los abandonos no han existido en los últimos cincuenta años.
En Washington puede haber un cambio en noviembre de 2008. La política unilateralista, de guerras preventivas, de fuerza más que derecho, no son inmitables ni indefinidas.
España se encuentra entre los países que miraron hacia otra parte aunque los principales encubridores de esos vuelos fueron Gran Bretaña, Alemania e Italia.
La mayoría conservadora en el parlamento de Estrasburgo no votó unánimemente a tenor de los 30 diputados del Partido Popular que se pronunciaron a favor del informe. La transgresión de la ley antes, durante y después de la guerra de Iraq no puede sorprender a nadie. Aquella máxima de Bismarck, que participó y ganó tres guerras en Europa central antes de alcanzar la unidad de Alemania en 1870, dejó dicho que ¡ay! de aquel político que al final de un conflicto no puede esgrimir las mismas razones que barajaba al comenzarlo.
Los vuelos secretos norteamericanos sobre cielos europeos es una parte insignificante al lado del dolor, las muertes, la destrucción y el odio que se ha fomentado en el interior de Iraq.
El hecho que el presidente Bush haya situado a su país y al mundo en un punto de difícil retorno, no digamos ya si las sospechas de un ataque a Irán se convierten en realidad, no puede llevar a Europa a contentarse con denuncias de irregularidades graves perpetradas por los servicios de inteligencia americanos.
La Unión Europea debe implicarse mucho más para reconducir la crisis de Oriente Medio. La actuación de la canciller Ángela Merkel me parece que marcha en la buena dirección. El próximo presidente o presidenta de Francia tendrán que seguir la senda alemana.
Europa tiene la eterna amenaza de Rusia y no se implica a fondo en tener una voz potente en Oriente Medio. China y la India se levantan como poderosos competidores en todos los campos.
Como la bomba humana existe, los estados ya no tienen el monopolio de los grandes medios de destrucción, un hecho desconocido desde la paz de Westfalia de 1648. Europa no se puede permitir el lujo de actuar por su cuenta prescindiendo de su capacidad de influencia para corregir los abusos cometidos por quienes invadieron Iraq.
La política hay que trazarla mirando al horizonte y no sólo pensando en las prisas del día a día. Europa es un modelo que muchos quieren imitar. Las llamadas a la puerta son constantes y los abandonos no han existido en los últimos cincuenta años.
En Washington puede haber un cambio en noviembre de 2008. La política unilateralista, de guerras preventivas, de fuerza más que derecho, no son inmitables ni indefinidas.
lunes, febrero 12, 2007
Asfixios mutuos
Hay quien entiende la historia, especialmente los que la protagonizan en tiempo real, como un estudio de lo que los pueblos procuran recordar y lo que intentan olvidar. Esta aproximación suelen practicarla las clases dirigentes, tanto las políticas como las demás, cuando los horrores del pasado que se quieren olvidar son precisamente los que hay que recordar para no repetirlos.
Solemos prescindir de las secuencias más feas de nuestra historia reciente o lejana mirando con las gafas del presente sin calibrar el riesgo de abrir las puertas al disparate descontrolado.
La memoria partidista de los responsables políticos de hoy es tan inconsciente que se olvidan las catástrofes del pasado colectivo. Cuando en un país como España la racionalidad da paso al sectarismo de unos y otros convirtiendo al adversario en enemigo mortal no cabe esperar nada bueno.
El griterío que cada mañana se difunde por las ondas y el que aparece en los periódicos nos advierte que el país no sólo está dividido sino enfrentado. El gobierno sólo se fija en la oposición y la oposición sólo hurga en las debilidades del gobierno.
Estas actitudes son propias de los sistemas democráticos. Pero siempre que se desarrollen dentro de las reglas de juego establecidas y pensando que el bien general es muy superior al bien partidista o individual.
El terrorismo nos ha agobiado a todos desde antes de la transición. Ahora nos inquieta más porque se ha colocado en la agenda electoral con posicionamientos diametralmente opuestos. El resultado es que los que matan se han erigido en actores principales amenazando con romper la convivencia entre los que, en principio, teníamos que estar unidos para combatirlos. Lo más peligroso es que estos dos trenes que marchan en dirección contraria tienen intención de detener la locomotora.
Los medios de comunicación se alinean con los jueces, cada uno según sus instintos naturales, y la opinión pública queda desconcertada y al vaivén del que más ruído hace en esta hiperdemocracia opinativa. No importa la realidad. Lo que cuenta son las opiniones. Una democracia no se puede fundamentar en opiniones sino en hechos y en actitudes.
Estos días hemos sabido que el ex presidente Aznar no sabía que no había armas de destrucción masiva en Iraq sin tener la decencia de pedir disculpas por haber colaborado en la declaración de una guerra perdida que ha causado cientos de miles de muertos.
La soberbia y menosprecio del adversario no es patrimonio exclusivo de un Aznar que no se resiste a las peticiones de un poderoso e intrigante periodista para que el primer día de la próxima legislatura se presente en el despacho de Mariano Rajoy para ponerse a sus órdenes si gana y seguramente para desplazarlo si pierde.
El Partido Popular no ha digerido pasar de una mayoría absoluta a la oposición, como consecuencia precisamente del más barbárico atentado terrorista que ha sufrido el país. Se comporta como si fuera el gobierno y Zapatero responde como si estuviera en la oposición. Se ha llegado al extremo del disfuncionamiento democrático no tolerando que nombre a un ministro de Justicia.
Al rumbo incierto de la situación responde Zapatero con frases vacuas que reflejan su su desdibujada hoja de ruta en las dos grandes cuestiones de esta legislatura como son el fin de la violencia de ETA y la reforma territorial y política del Estado. En los dos frentes se libra la batalla de las dos Españas que nuevamente se manifiestan irreconciliables.
Leo una columna en el diario ABC que se titula “La Cataluña que nos asfixia”. A muchos catalanes lo que nos empieza a asfixiar es la intolerancia hispánica.
Solemos prescindir de las secuencias más feas de nuestra historia reciente o lejana mirando con las gafas del presente sin calibrar el riesgo de abrir las puertas al disparate descontrolado.
La memoria partidista de los responsables políticos de hoy es tan inconsciente que se olvidan las catástrofes del pasado colectivo. Cuando en un país como España la racionalidad da paso al sectarismo de unos y otros convirtiendo al adversario en enemigo mortal no cabe esperar nada bueno.
El griterío que cada mañana se difunde por las ondas y el que aparece en los periódicos nos advierte que el país no sólo está dividido sino enfrentado. El gobierno sólo se fija en la oposición y la oposición sólo hurga en las debilidades del gobierno.
Estas actitudes son propias de los sistemas democráticos. Pero siempre que se desarrollen dentro de las reglas de juego establecidas y pensando que el bien general es muy superior al bien partidista o individual.
El terrorismo nos ha agobiado a todos desde antes de la transición. Ahora nos inquieta más porque se ha colocado en la agenda electoral con posicionamientos diametralmente opuestos. El resultado es que los que matan se han erigido en actores principales amenazando con romper la convivencia entre los que, en principio, teníamos que estar unidos para combatirlos. Lo más peligroso es que estos dos trenes que marchan en dirección contraria tienen intención de detener la locomotora.
Los medios de comunicación se alinean con los jueces, cada uno según sus instintos naturales, y la opinión pública queda desconcertada y al vaivén del que más ruído hace en esta hiperdemocracia opinativa. No importa la realidad. Lo que cuenta son las opiniones. Una democracia no se puede fundamentar en opiniones sino en hechos y en actitudes.
Estos días hemos sabido que el ex presidente Aznar no sabía que no había armas de destrucción masiva en Iraq sin tener la decencia de pedir disculpas por haber colaborado en la declaración de una guerra perdida que ha causado cientos de miles de muertos.
La soberbia y menosprecio del adversario no es patrimonio exclusivo de un Aznar que no se resiste a las peticiones de un poderoso e intrigante periodista para que el primer día de la próxima legislatura se presente en el despacho de Mariano Rajoy para ponerse a sus órdenes si gana y seguramente para desplazarlo si pierde.
El Partido Popular no ha digerido pasar de una mayoría absoluta a la oposición, como consecuencia precisamente del más barbárico atentado terrorista que ha sufrido el país. Se comporta como si fuera el gobierno y Zapatero responde como si estuviera en la oposición. Se ha llegado al extremo del disfuncionamiento democrático no tolerando que nombre a un ministro de Justicia.
Al rumbo incierto de la situación responde Zapatero con frases vacuas que reflejan su su desdibujada hoja de ruta en las dos grandes cuestiones de esta legislatura como son el fin de la violencia de ETA y la reforma territorial y política del Estado. En los dos frentes se libra la batalla de las dos Españas que nuevamente se manifiestan irreconciliables.
Leo una columna en el diario ABC que se titula “La Cataluña que nos asfixia”. A muchos catalanes lo que nos empieza a asfixiar es la intolerancia hispánica.
sábado, febrero 10, 2007
El invierno no es triste
El invierno no es triste como muchos piensan. La naturaleza reposa, duerme, se prepara para la prodigiosa aventura del ciclo eterno de las estaciones. Los campos están desnudos, las viñas se alinean con sus sarmientos que esperan la poda inmediata. Los almendros esperan el menor descuido de bonanza para mostrar sus frívolas y caprichosas flores que anuncian la llegada de la primavera.
Los cereales sembrados en noviembre son la única señal de vitalidad. Ofrecen sus verdes matizados aprovechando la escarcha mañanera para que sus débiles raíces penetren a un palmo de la tierra.
Olivares descargados de la reciente cosecha descansan silenciosos. Están mustios. Es la época del año en que este árbol tan mediterráneo, tan mítico, tan inmortal, se sume en una profunda meditación descuidando su apariencia. Son como los labriegos que los cultivan cuando no se han afeitado en una semana. Muestran su cara más fea y aburrida.
Es el tiempo de la artesanía de la poda. La naturaleza no se deja inquietar ni permite que se cambie el curso de sus metódicos ciclos. Es en estos días del tardo invierno cuando autoriza que las tijeras o la sierra corrijan sus instintos.
La poda es el arte más aristocrático del agricultor. Es el tiempo en el que los hombres pueden decidir cómo tiene que ser un frutal, una cepa, un alcornoque o un matorral. Se puede ensanchar un árbol o dejar que dirija sus ramas hasta el cielo.
Los bosques no se podan. Se cortan las ramas de los pinos, de las encinas o de los robles. Pero no se les inquieta con los caprichos humanos. Se pueden limpiar o desbrozar. Pero no cabe ajardinarlos.
He pasado el día de hoy podando frutales y olivos. Es el trabajo más noble y más delicado del payés. Sólo el arte de injertar, algo así como el inmenso riesgo del cirujano, le supera. Un árbol podado zafiamente puede arrastrar la desgracia durante años.
Podar es un diálogo interactivo e intelectual con el conjunto del árbol. Hay que observarlo desde lejos, darle dos vueltas, imaginar cómo se quiere que se manifieste en el resto del año. Acercarse a su tronco, mirar su copa, ver qué sobra y cómo se quiere que sea en el verano. Las ramas que insinuan fruto no hay que castigarlas demasiado. Las estériles, cortarlas de raíz.
No se poda para esta temporada. Se contemplan los árboles con la perspectiva de los años. En estos días en que todo parece igual se pueden llenar espacios y crear zonas de expansión de cada frutal. Se ven las ciruelas, las peras, los melocotones, las nueces... colgando en brotes imaginarios.
Acabada la faena hay apartarse de nuevo, observar el trabajo como una peluquera o un barbero sacan un espejo retrovisor para ver cómo ha quedado el peinado. Caben retoques, tijerazos profundos y también lamentaciones sobre alguna eliminación irreversible.
Se pasa al siguiente, y después al siguiente, así hasta que el sol invernal se apaga en el horizonte y la noche fría y el viento cortante te aconsejan poner fin a una jornada que sólo en estos días de febrero y marzo se puede decidir cómo encauzar la vitalidad de los árboles los próximos doce meses.
Los cereales sembrados en noviembre son la única señal de vitalidad. Ofrecen sus verdes matizados aprovechando la escarcha mañanera para que sus débiles raíces penetren a un palmo de la tierra.
Olivares descargados de la reciente cosecha descansan silenciosos. Están mustios. Es la época del año en que este árbol tan mediterráneo, tan mítico, tan inmortal, se sume en una profunda meditación descuidando su apariencia. Son como los labriegos que los cultivan cuando no se han afeitado en una semana. Muestran su cara más fea y aburrida.
Es el tiempo de la artesanía de la poda. La naturaleza no se deja inquietar ni permite que se cambie el curso de sus metódicos ciclos. Es en estos días del tardo invierno cuando autoriza que las tijeras o la sierra corrijan sus instintos.
La poda es el arte más aristocrático del agricultor. Es el tiempo en el que los hombres pueden decidir cómo tiene que ser un frutal, una cepa, un alcornoque o un matorral. Se puede ensanchar un árbol o dejar que dirija sus ramas hasta el cielo.
Los bosques no se podan. Se cortan las ramas de los pinos, de las encinas o de los robles. Pero no se les inquieta con los caprichos humanos. Se pueden limpiar o desbrozar. Pero no cabe ajardinarlos.
He pasado el día de hoy podando frutales y olivos. Es el trabajo más noble y más delicado del payés. Sólo el arte de injertar, algo así como el inmenso riesgo del cirujano, le supera. Un árbol podado zafiamente puede arrastrar la desgracia durante años.
Podar es un diálogo interactivo e intelectual con el conjunto del árbol. Hay que observarlo desde lejos, darle dos vueltas, imaginar cómo se quiere que se manifieste en el resto del año. Acercarse a su tronco, mirar su copa, ver qué sobra y cómo se quiere que sea en el verano. Las ramas que insinuan fruto no hay que castigarlas demasiado. Las estériles, cortarlas de raíz.
No se poda para esta temporada. Se contemplan los árboles con la perspectiva de los años. En estos días en que todo parece igual se pueden llenar espacios y crear zonas de expansión de cada frutal. Se ven las ciruelas, las peras, los melocotones, las nueces... colgando en brotes imaginarios.
Acabada la faena hay apartarse de nuevo, observar el trabajo como una peluquera o un barbero sacan un espejo retrovisor para ver cómo ha quedado el peinado. Caben retoques, tijerazos profundos y también lamentaciones sobre alguna eliminación irreversible.
Se pasa al siguiente, y después al siguiente, así hasta que el sol invernal se apaga en el horizonte y la noche fría y el viento cortante te aconsejan poner fin a una jornada que sólo en estos días de febrero y marzo se puede decidir cómo encauzar la vitalidad de los árboles los próximos doce meses.
jueves, febrero 08, 2007
Las muertes en Iraq son estadísticas
Las muertes diarias en Iraq han dejado de ser una tragedia mediática, ni siquiera entran en los informativos o en las portadas de los periódicos. Se han convertido en simples estadísticas incómodas y crueles para quienes lanzaron una guerra que políticamente les persigue y que moralmente nos perturba a todos.
Se va descubriendo en Iraq lo que ha existido en todas las guerras. Muchas víctimas inocentes, fuego amigo que mata por error a los aliados, torturas, espionaje en todos los rincones del país, héroes y villanos. Acabamos de conocer que la Reserva Federal envió 4.000 millones de dólares, unas 360 toneladas de papeles verdes, al gobierno de Bagdad cuando se hizo cargo de la dirección política del país.
Cualquier guerra es una confesión de fracaso, la señal de que agotadas todas las vías políticas sólo queda el recurso a la fuerza bruta. Y cuando hablan las armas, se acaban los discursos. La política no tiene mucho que hacer sin discursos, conversaciones, búsqueda de compromisos y consensos.
Las bombas son el discurso que envuelve la tragedia del pueblo iraquí. La fuerza no fue acompañada por el derecho ni por la reflexión. Sobre una mentira se intentó construir una verdad. Un gran fracaso.
No sirve de nada agitar el antiamericanismo al que en Europa estamos tan prestos. Serán los propios americanos los que van a pasar cuentas con los que han propiciado la catástrofe, el caos y la muerte en el estado mesopotámico.
Las barbaridades cometidas serán conocidas por la opinión pública, se pedirán responsabilidades penales y políticas a quienes respondieron a las terribles matanzas de los terroristas islámicos con una guerra que no ha erradicado el terrorismo y ha causado cientos de miles de víctimas de iraquíes a los que se quería liberar de la dictadura de Saddam.
Más de tres mil soldados americanos han fallecido en el conflicto. Los británicos han contabilizado cien bajas. De aquella alianza creada bajo las sonrisas y las fotos de Las Azores no queda prácticamente nada. Aznar está dando conferencias por el mundo, Blair tendrá dificultades en llegar al verano en Downing Street y las encuestas hunden a Bush a mínimos históricos.
Las noticias que llegan de Iraq son muy feas y no llaman la atención. No se publican. Tiene razón Todorov cuando dice que las víctimas de la aspiración al bien pueden ser más numerosas que las de las aspiración al mal. Un muerto por un gobierno democrático es igual de muerto que el provocado por una dictadura.
Se va descubriendo en Iraq lo que ha existido en todas las guerras. Muchas víctimas inocentes, fuego amigo que mata por error a los aliados, torturas, espionaje en todos los rincones del país, héroes y villanos. Acabamos de conocer que la Reserva Federal envió 4.000 millones de dólares, unas 360 toneladas de papeles verdes, al gobierno de Bagdad cuando se hizo cargo de la dirección política del país.
Cualquier guerra es una confesión de fracaso, la señal de que agotadas todas las vías políticas sólo queda el recurso a la fuerza bruta. Y cuando hablan las armas, se acaban los discursos. La política no tiene mucho que hacer sin discursos, conversaciones, búsqueda de compromisos y consensos.
Las bombas son el discurso que envuelve la tragedia del pueblo iraquí. La fuerza no fue acompañada por el derecho ni por la reflexión. Sobre una mentira se intentó construir una verdad. Un gran fracaso.
No sirve de nada agitar el antiamericanismo al que en Europa estamos tan prestos. Serán los propios americanos los que van a pasar cuentas con los que han propiciado la catástrofe, el caos y la muerte en el estado mesopotámico.
Las barbaridades cometidas serán conocidas por la opinión pública, se pedirán responsabilidades penales y políticas a quienes respondieron a las terribles matanzas de los terroristas islámicos con una guerra que no ha erradicado el terrorismo y ha causado cientos de miles de víctimas de iraquíes a los que se quería liberar de la dictadura de Saddam.
Más de tres mil soldados americanos han fallecido en el conflicto. Los británicos han contabilizado cien bajas. De aquella alianza creada bajo las sonrisas y las fotos de Las Azores no queda prácticamente nada. Aznar está dando conferencias por el mundo, Blair tendrá dificultades en llegar al verano en Downing Street y las encuestas hunden a Bush a mínimos históricos.
Las noticias que llegan de Iraq son muy feas y no llaman la atención. No se publican. Tiene razón Todorov cuando dice que las víctimas de la aspiración al bien pueden ser más numerosas que las de las aspiración al mal. Un muerto por un gobierno democrático es igual de muerto que el provocado por una dictadura.
martes, febrero 06, 2007
Compadreo entre jueces, políticos y periodistas
Cómo me gustaría que los jueces fueran personajes anónimos, cubiertos con una peluca dieciochesca, discretos, que hablaran por sus autos y sentencias y no por sus declaraciones públicas.
El presidente Roosevelt no pudo llevar a cabo todas las reformas del New Deal porque el Tribunal Supremo era claramente republicano y conservador. Cada presidente designa a los jueces que causan baja o mueren. Es el sistema el que así lo ha previsto. Todavía hoy los jueces nombrados por Ronald Reagan pesan sobre la máxima autoridad judicial del país.
Aquí en España se decidió que tanto el Consejo General del Poder Judicial como el Tribunal Constitucional estuviera compuesto por magistrados nombrados por los grupos parlamentarios. Y así la política se desliza en las máximas autoridades judiciales del Estado.
Lo que me inquieta más de la recusación del magistrado Pérez Mestre es que puede parecer selectiva. Otros magistrados que han intervenido directamente en la discusión de leyes siendo diputados no fueron recusados.
El hecho de que el Estatuto de Catalunya haya sido recurrido por el Partido Popular, por el Defensor del Pueblo y por cinco comunidades autónomas controladas por el PP demuestra que el texto aprobado por referéndum en Catalunya siguiendo todas los pasos jurídicos reglamentarios, este Estatuto no gusta a los conservadores.
Lo puedo entender y tienen todo el derecho para impugnarlo. No faltaría más. Lo que aumenta mi inquietud es que el Estatuto de Andalucía contiene artículos muy parecidos a los que se aprobaron en el catalán y nadie ha abierto la boca. Lo mismo ocurre con algunos artículos del Estatuto valenciano.
La deducción lógica es que lo que molesta no es la constitucionalidad de los textos estatutarios sino lo que molesta es el Estatuto de Catalunya.
Otra consideración. ¿Qué hacía hace unos días el presidente Zapatero siendo entrevistado ante varios centenares de personas por el inefable juez Garzón?
Una de las causas de los problemas que padecemos es la complicidad, camaradería o compadreo entre políticos, jueces y periodistas. Es un mal síntoma para el correcto funcionamiento del estado de derecho.
domingo, febrero 04, 2007
Las dos Españas se manifiestan
Se han cruzado muchas líneas rojas. Las ha cruzado el gobierno Zapatero con su optimismo sin fundamento en la lucha contra ETA. Las cruza el Partido Popular que acude a las manifestaciones que responden a sus criterios de cómo luchar contra el terrorismo y la calle no es utilizada para pedir el fin de ETA sino el fin de Zapatero.
La cruzan los jueces cuando hacen política y los políticos cuando se cobijan a la sombra de decisiones judiciales de magistrados que son de su cuerda.
Cruzan las líneas quienes salen a la calle día sí y otro también para atacar al adversario y no para defender una causa justa.
La última manifestación contra ETA en Madrid no había concurrencia del Partido Popular. La de ayer sábado estaba toda la plana mayor. Las dos Españas se enfrentan entre sí en plena calle.
En el comunicado leído al final de la manifestación de ayer en Madrid se escuchó lo siguiente: "debemos aprender de nuestro pasado que ETA no pone en riesgo la paz, sino la libertad y que cuando se ha hablado de proceso de paz para referirse al diálogo con los asesinos, se ha utilizado un término engañoso. España no está en guerra: no volvamos a repetir este error. Lo que se requiere es un proceso de libertad y de aplicación de la ley, para que haya justicia".
No hay guerra y, por lo tanto, no cabe hablar de paz. Pero el obispo de Bilbao y presidente de la Conferencia Episcopal española convocaba a varios miles de ciudadanos pidiéndoles que busquen la paz como "objetivo fundamental".
El presidente del gobierno sigue hablando de paz. El obispo Blázquez también. Para los cientos de miles de manifestantes de Madrid es la libertad lo que está en peligro. Estoy de acuerdo. Pero no veo que los conceptos sean incompatibles. Sin libertad no hay paz y sin paz no hay libertad.
Me temo que todo es mucho más simple. La mitad de España no reconoce a la otra. No soy de los que piensan que la razón esté solamente de un lado. Ni todos son ángeles ni todos diablos.
Pero sí que sé distinguir la racionalidad de la demagogia. El gobierno Zapatero puede haberse equivocado. Pero el Partido Popular, desde Aznar a Rajoy, también. Con estas actitudes confirman que no están en condiciones de ser una alternativa tranquila.
Si no hay guerra, como dicen los populares, no alcanzo a comprender por qué se habla de derrota.
La realidad es que las dos Españas no se entienden y vuelven a salir a la calle para imponer sus criterios a golpe de manifestación. Es un fracaso de la política, de las instituciones, de los ciudadanos que no vemos adversarios sino enemigos mortales. Nos hemos perdido el respeto creando es el peor de los escenarios para la convivencia.
La cruzan los jueces cuando hacen política y los políticos cuando se cobijan a la sombra de decisiones judiciales de magistrados que son de su cuerda.
Cruzan las líneas quienes salen a la calle día sí y otro también para atacar al adversario y no para defender una causa justa.
La última manifestación contra ETA en Madrid no había concurrencia del Partido Popular. La de ayer sábado estaba toda la plana mayor. Las dos Españas se enfrentan entre sí en plena calle.
En el comunicado leído al final de la manifestación de ayer en Madrid se escuchó lo siguiente: "debemos aprender de nuestro pasado que ETA no pone en riesgo la paz, sino la libertad y que cuando se ha hablado de proceso de paz para referirse al diálogo con los asesinos, se ha utilizado un término engañoso. España no está en guerra: no volvamos a repetir este error. Lo que se requiere es un proceso de libertad y de aplicación de la ley, para que haya justicia".
No hay guerra y, por lo tanto, no cabe hablar de paz. Pero el obispo de Bilbao y presidente de la Conferencia Episcopal española convocaba a varios miles de ciudadanos pidiéndoles que busquen la paz como "objetivo fundamental".
El presidente del gobierno sigue hablando de paz. El obispo Blázquez también. Para los cientos de miles de manifestantes de Madrid es la libertad lo que está en peligro. Estoy de acuerdo. Pero no veo que los conceptos sean incompatibles. Sin libertad no hay paz y sin paz no hay libertad.
Me temo que todo es mucho más simple. La mitad de España no reconoce a la otra. No soy de los que piensan que la razón esté solamente de un lado. Ni todos son ángeles ni todos diablos.
Pero sí que sé distinguir la racionalidad de la demagogia. El gobierno Zapatero puede haberse equivocado. Pero el Partido Popular, desde Aznar a Rajoy, también. Con estas actitudes confirman que no están en condiciones de ser una alternativa tranquila.
Si no hay guerra, como dicen los populares, no alcanzo a comprender por qué se habla de derrota.
La realidad es que las dos Españas no se entienden y vuelven a salir a la calle para imponer sus criterios a golpe de manifestación. Es un fracaso de la política, de las instituciones, de los ciudadanos que no vemos adversarios sino enemigos mortales. Nos hemos perdido el respeto creando es el peor de los escenarios para la convivencia.
jueves, febrero 01, 2007
Funeral de una opa frustrada
Se ha terminado con más pena que gloria la pretendida fusión de Endesa por Gas Natural después de 16 meses de litigios económicos, políticos y judiciales.
No planteó bien Gas Natural la opa hostil a Endesa. La tristemente famosa frase del presidente Gabarró hablando del semen que dará sus frutos al cabo del tiempo cabe situarla entre las más insólitas majaderías pronunciadas por la clase dirigente industrial y económica del país.
Pero las armas dialécticas de Endesa para resistir la opa de Gas Natural son igualmente estrafalarias y con una intencionalidad política impresentable.
Salió el presidente de Endesa, con la Constitución encuadernada en la mano, indicando que la carta magna le protegía y que iba a resistir la opa de los catalanes. Manuel Pizarro, hombre de confianza de Aznar, construyó un absurdo discurso territorial al que se sumaron algunos políticos del Partido Popular y su combativa corte mediática.
Los primeros cruces verbales iban en la dirección de que la energía de todos los españoles no puede estar en manos catalanas. A la inefable presidenta Aguirre le traicionó el subsconciente y dijo que la gran empresa energética nacional no podía estar en el extranjero. Luego corrigió lo que era algo más que un "lapsus linguae".
Para no caer en manos catalanas se acudió a la alemana E.on que ofreció precios tan ventajosos que Gas Natural no podía competir. No se quería caer en manos de extranjeros y Endesa esta bleció contactos, intercambió información y complicidades con una gran empresa alemana que tiene muy buenas relaciones con los magnates del petróleo y del gas dominados por Vladimir Putin.
Al no caer en manos catalanas de forma inmediata el debate se centró en el precio. Y aquí sí que Endesa ganó la batalla. Pero con la imprudencia que nuestra energía, la de catalanes, españoles, gallegos, vascos, murcianos y peninsulares en general, estará dominada a distancia por Berlín y por el Kremlin.
Qué triste. Los que no tenemos intención de irnos a ninguna parte, vemos cómo se deterioran las relaciones entre Barcelona y Madrid. Esa España tan irracional, tan brusca, tan apasionada por viejos rencores, no me interesa demasiado.
Gas Natural ha perdido una segunda batalla. La primera fue su frustrada opa a Iberdrola en 1999. La segunda se materializó en el día de hoy. No exhimo de responsabilidades a quienes han protagonizado esta opa.
Pero suscribo el mensaje que Gas Natural ha hecho público en el funeral de la opa: "la compañía se ha visto inmersa en una irracional y larga controversia política, social y jurídica". Digámoslo claro: no se admite que desde Barcelona se controle la energía española. Lamentable. Manuel Pizarro tampoco ha ganado. De entrada, si no lo sabe, tendrá que aprender alemán.
No planteó bien Gas Natural la opa hostil a Endesa. La tristemente famosa frase del presidente Gabarró hablando del semen que dará sus frutos al cabo del tiempo cabe situarla entre las más insólitas majaderías pronunciadas por la clase dirigente industrial y económica del país.
Pero las armas dialécticas de Endesa para resistir la opa de Gas Natural son igualmente estrafalarias y con una intencionalidad política impresentable.
Salió el presidente de Endesa, con la Constitución encuadernada en la mano, indicando que la carta magna le protegía y que iba a resistir la opa de los catalanes. Manuel Pizarro, hombre de confianza de Aznar, construyó un absurdo discurso territorial al que se sumaron algunos políticos del Partido Popular y su combativa corte mediática.
Los primeros cruces verbales iban en la dirección de que la energía de todos los españoles no puede estar en manos catalanas. A la inefable presidenta Aguirre le traicionó el subsconciente y dijo que la gran empresa energética nacional no podía estar en el extranjero. Luego corrigió lo que era algo más que un "lapsus linguae".
Para no caer en manos catalanas se acudió a la alemana E.on que ofreció precios tan ventajosos que Gas Natural no podía competir. No se quería caer en manos de extranjeros y Endesa esta bleció contactos, intercambió información y complicidades con una gran empresa alemana que tiene muy buenas relaciones con los magnates del petróleo y del gas dominados por Vladimir Putin.
Al no caer en manos catalanas de forma inmediata el debate se centró en el precio. Y aquí sí que Endesa ganó la batalla. Pero con la imprudencia que nuestra energía, la de catalanes, españoles, gallegos, vascos, murcianos y peninsulares en general, estará dominada a distancia por Berlín y por el Kremlin.
Qué triste. Los que no tenemos intención de irnos a ninguna parte, vemos cómo se deterioran las relaciones entre Barcelona y Madrid. Esa España tan irracional, tan brusca, tan apasionada por viejos rencores, no me interesa demasiado.
Gas Natural ha perdido una segunda batalla. La primera fue su frustrada opa a Iberdrola en 1999. La segunda se materializó en el día de hoy. No exhimo de responsabilidades a quienes han protagonizado esta opa.
Pero suscribo el mensaje que Gas Natural ha hecho público en el funeral de la opa: "la compañía se ha visto inmersa en una irracional y larga controversia política, social y jurídica". Digámoslo claro: no se admite que desde Barcelona se controle la energía española. Lamentable. Manuel Pizarro tampoco ha ganado. De entrada, si no lo sabe, tendrá que aprender alemán.
Malos y tristes tiempos en Venezuela
En una sesión al aire libre, en la plaza Bolívar de Caracas, la Asamblea Nacional celebró una sesión extraordinaria otorgando la facultad al presidente Chávez de gobernar por decreto en los próximos 18 meses. Hugo Chávez acaba de llegar de Cuba consiguiendo unas secuencias conversando con un debilitado Fidel Castro que fue calificado por el presidente venezolano como “César de la dignidad”.
Chávez podrá dictar decretos en once ámbitos legales que van desde el sector energético a las telecomunicaciones pasando por la economía y la defensa. Todos los diputados venezolanos apoyan al presidente. La oposición boicoteó las elecciones de hace dos años y no obtuvo representación alguna.
Chávez y sus diputados esceneficaron en la gran plaza Bolívar lo que el propio presidente calificó como una transformación de Venezuela en una sociedad socialista.
Ha empezado ciertamente una nueva era en Venezuela con repercusiones en toda la región. En nombre de Marx, Lenin y Cristo, el caudillo populista Chávez tiene en sus manos reformar la constitución para permitirle presentarse cuantas veces quiera a las elecciones y construir el “socialismo del siglo XXI”.
Los decretos sobre la nacionalización de las industrias del petróleo y el gas no pueden tardar mucho. No se han explicitado las compensaciones que las compañías británicas y norteamericanas van a obtener de los decretos nacionalizadores.
Venezuela ha entrado en un proceso en el que las libertades quedarán limitadas, la iniciativa individual y las leyes del mercado serán dictadas por un estado autocrático en manos de un personaje que produce rubor cuando arenga a su pueblo con un lenguaje primario y grotesco.
Repasando la historia de Venezuela se puede observar que este soldado que dió un golpe de estado, fue objeto de otro y acaba de ganar por segunda vez las elecciones, es el personaje que acapara más poder, todo el poder, desde que el último dictador, Marcos Pérez Jiménez, fuera derrocado en 1958.
La fuerza de Chávez la visualizan los venezolanos en su discurso desgarrado, desacomplejado, anti americano, populista, invocando el marxismo y el cristianismo con una demagogia revolucionaria. Puede durar. No sólo por su discurso en una sociedad mayoritariamente pobre sino porque dispone de fabulosos recursos energéticos para llenar los estómagos de su pueblo a cambio de la carta blanca política para perpetuarse en el poder.
Malos y tristes tiempos para Venezuela.
Chávez podrá dictar decretos en once ámbitos legales que van desde el sector energético a las telecomunicaciones pasando por la economía y la defensa. Todos los diputados venezolanos apoyan al presidente. La oposición boicoteó las elecciones de hace dos años y no obtuvo representación alguna.
Chávez y sus diputados esceneficaron en la gran plaza Bolívar lo que el propio presidente calificó como una transformación de Venezuela en una sociedad socialista.
Ha empezado ciertamente una nueva era en Venezuela con repercusiones en toda la región. En nombre de Marx, Lenin y Cristo, el caudillo populista Chávez tiene en sus manos reformar la constitución para permitirle presentarse cuantas veces quiera a las elecciones y construir el “socialismo del siglo XXI”.
Los decretos sobre la nacionalización de las industrias del petróleo y el gas no pueden tardar mucho. No se han explicitado las compensaciones que las compañías británicas y norteamericanas van a obtener de los decretos nacionalizadores.
Venezuela ha entrado en un proceso en el que las libertades quedarán limitadas, la iniciativa individual y las leyes del mercado serán dictadas por un estado autocrático en manos de un personaje que produce rubor cuando arenga a su pueblo con un lenguaje primario y grotesco.
Repasando la historia de Venezuela se puede observar que este soldado que dió un golpe de estado, fue objeto de otro y acaba de ganar por segunda vez las elecciones, es el personaje que acapara más poder, todo el poder, desde que el último dictador, Marcos Pérez Jiménez, fuera derrocado en 1958.
La fuerza de Chávez la visualizan los venezolanos en su discurso desgarrado, desacomplejado, anti americano, populista, invocando el marxismo y el cristianismo con una demagogia revolucionaria. Puede durar. No sólo por su discurso en una sociedad mayoritariamente pobre sino porque dispone de fabulosos recursos energéticos para llenar los estómagos de su pueblo a cambio de la carta blanca política para perpetuarse en el poder.
Malos y tristes tiempos para Venezuela.
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