miércoles, febrero 28, 2007

Los límites de la legitimidad

Tengo la sensación que vivimos en tiempos desmesurados en los que las líneas rojas se pisotean con una audacia portentosa. Hay una cierta sensación de que todo vale con tal de conseguir los objetivos trazados por cada grupo político, por cada colectivo, por los medios de comunicación y la judicatura sin tener en cuenta que las reglas de juego en democracia hay que observarlas para no desvirtuarla.

Hace unos tres siglos Montesquieu, que todavía no ha muerto, decía que “ningún poder sin límites puede ser legítimo”. La legitimidad viene del hecho de marcar límites y compartirlos con los demás, es decir, dotarse de unas reglas de juego que puedan ser aceptadas por todos.

La libertad de información y opinión está garantizada por la Constitución y es un instrumento para que los pesos y contrapesos de todo sistema político y jurídico puedan servir para que ningún poder pretenda escapar del control de otras instituciones igualmente legítimas. Jefferson decía que prefería “periódicos sin gobierno que gobierno sin periódicos”. Totalmente de acuerdo.

Sería peligroso culpar a la prensa de las crisis a las que está sometido constantemente el sistema democrático. O negar que la justicia es independiente y las decisiones de los jueces sólo son recurribles en las instancias contempladas en el propio ordenamiento jurídico.

Pero la legitimidad de los medios y los jueces puede ser discutible cuando actúan como estamentos sin tener en cuenta algo tan fundamental como el respeto y la garantía de los derechos de los demás.

Tengo la impresión que con mucha frecuencia son más importantes los individuos que las instituciones. Cuando se disfraza la opinión con la información, por ejemplo, se abusa de la libertad si en esta mezcla de conceptos no se respeta las garantías personales o colectivas del otro. El general De Gaulle lo dijo hace ya muchos años en aquella Francia que estrenaba la V República. Lo importante, decía, son las instituciones. Aquí no hemos sabido construir sólidamente instituciones y hemos otorgado más importancia a las posiciones personales que son legítimas pero no ilimitadas.

Cuando los jueces ascienden en el escalafón en razón de su alineamiento político ya se sabe cómo orientarán sus sentencias. La justicia, en sus más altas instancias, deja de ser uno de los poderes independientes del Estado y se convierte en una correa de transmisión de las formaciones políticas. Es una desvirtuación del sistema democrático.

7 comentarios:

BartolomeC dijo...

Sr.Foix: La llamada cultura del "Tocho" lo envuelve y prostituye todo, hasta tal punto esto es así, que estamos convencidos que podemos construir el Estado de Derecho por el tejado y con suculentos beneficios...

Brian dijo...

El rompecabezas parece de difícil solución. Si los magistrados son elegidos por los representantes políticos se convierten en correas de transmisión y dejan de ser independientes. Si son elegidos por los propios jueces el poder judicial deviene endogámico y conservador. El actual sistema de designación pretendía evitar eso último, pero no queda claro si el remedio fue peor que la enfermedad.

Con todo, lo más grave es que demos por descontado que los magistrados renunciarán a regirse por su propio e independiente criterio. Creo que la disciplina de voto, en los magistrados sobre todo, pero también en los diputados, senadores y demás cargos de representación, acabará siendo un cáncer para la democracia.

Anónimo dijo...

Todo está politizado de forma increible, la justicia no podía ser menos y los medios de comunicación se están convirtiendo en la voz de su amo, los periodistas son la mayoria unos convidados de piedra en todo este pasteleo, si siguen así se cargarán la democrácia y todo lo que se ponga por delante, no veo claro el futuro de este invento.



J.Vilá.

Anónimo dijo...

Los limites de la legitimidad se están cambiando continuamente, se cambian cada día por intereses de grupo o de partido, es cuestión de quien esté en el poder y de qué quiera obtener.



Roger Mateu/Girona

Anónimo dijo...

///ENRIC///


El sistema democrático está seriamente amenazado, la separación de poderes no existe y eso es el inicio de todas las dictaduras.

Anónimo dijo...

"Lo importante, son las instituciones. Aquí no hemos sabido construir sólidamente instituciones y hemos otorgado más importancia a las posiciones personales que son legítimas pero no ilimitadas".
Lluis totalment d´acord.

Isarnbe@gmail.com dijo...

"V" decía: el pueblo no debería temer a los gobiernos, son los gobiernos quienes deberían de temer al pueblo.

A menudo pienso en el respeto ciego hacia esa cosa llamada Constitución. La he leido de vez en cuando, no entera, algú nque otro párrafo aquí y allá... y puedo decir que es terrible.

Suelo jugar a juegos de tablero en los que interpreto las batallas des Waterloo, Iwo Jima o alguna que otra batalla de fantasía. Todos estos juegos tienen suntuosos libros de reglas con actualizaciones y aclaraciones contínuas. las llamadas FAQs (frequently asqued questions) sirven para aclarar reglas y arrojar un poco de luz a las dudas.

Existe tal cosa para la Constitución? pues no, y ya hace un buen puñado de años que se hizo. Tampoco podemos decir que se un cúmulo de reglas dogmáticas, más bien son maleables, interpretables... algo realmente terrorífico cuando se trata de aplicar la ley.

Además, que pasa con las leyes que no se contemplan o las que han quedado obsoletas..? le tengo poco respeto a la Constitución, y mucho al sentido común... creo que uno de los grandes males de nuestra sociedad es ese libro, que rige y encadena el sentido común de jueces, políticos y fuerzas del orden. Ojalá todo fuera más ductil, las mentes más abiertas, los foros más grandes, el pueblo más protagonista.