miércoles, enero 25, 2006

La claridad de la política

El ciudadano ve con mayor claridad la política que los propios políticos. Porque no está obsesionado por ella, no la observa en términos de márketing ni encuestas, no da codazos para salir en televisión en hora punta ni se fotografía dando la mano o las manos con el personaje oportuno en el momento adecuado.

El ciudadano tiende a seguir la política como un servicio a sus intereses y a sus ideales y convicciones. La política no es un fin en sí misma sino un instrumento necesario para administrar los intereses contrapuetos de los ciudadanos. El político de raza no es el que mejor habla ni el que se viste con más elegancia o cambia de corbata dos veces cada día.

El político de calidad es el que precisa el significado del lenguaje y aplica o intenta aplicar lo que ha dicho. En términos semióticos, muy invocados y raramente utilizados en las redacciones, es el que resiste la pesada carga de las hemerotecas que pueden descargarse desde cualquier buscador de Internet.

Es chocante que ahora Mariano Rajoy lance sus huestes por las tierras hispánicas en busca de millones de firmas para celebrar un referéndum sobre el Estatut de Catalunya cuando hace sólo cuatro años el partido que él lidera amenazaba con encarcelar al lehendakari Ibarretxe si convocaba un referéndum para la autodeterminación en el País Vasco.

Sorprende también que Artur Mas pasara siete horas en La Moncloa, sin ni siquiera un bocadillo, para salir anunciando la buena nueva del Estatut y regresara al día siguiente de la mano de Duran Lleida para hacerse una fotografía que sellaba el pacto. Es bastante reciente la hemeroteca en la que constan las afirmaciones rotundas de CiU en el sentido de que no se podía esperar nada en Catalunya del socialismo español.

Pensaba que la máxima autoridad de Catalunya era la más autorizada y la más legitimada para los pactos importantes entre la Generalitat y el gobierno de Madrid. Unos se preocupan por las fotos y otros por la faena, sentenciaba casi desde el anonimato el president Maragall.

Los de Esquerra han acudido también a La Moncloa semi clandestinamente llevando el No en la carpeta si no se atendían sus reivindicaciones y no quedaba claro su principal protagonismo. Joan Saura también buscó y obtuvo su buena foto con Zapatero.

No sabemos quién ha pactado qué y en nombre de quién. Da la impresión de que el Estatut es de los partidos y no de los catalanes. Volverá desdibujado porque la unidad era ficticia y electoralista.

13 comentarios:

Anónimo dijo...

Apreciado Lluís, en defensa de l'Artur Mas, un POLÍTIC en majúscules que està molt per sobre del que diuen les hemeroteques "de qualsevol cercador d'Internet", només li diré una frase condensada en sis paraules: Bé està el que bé acaba (Artur Mas dixit). Puede usted aplicar la citada expresión como respuesta al enigma que usted mismo se plantea: "[...]Artur Mas pasara siete horas en La Moncloa, sin ni siquiera un bocadillo, para salir anunciando la buena nueva del Estatut y regresara al día siguiente de la mano de Duran Lleida para hacerse una fotografía que sellaba el pacto. Es bastante reciente la hemeroteca en la que constan las afirmaciones rotundas de CiU en el sentido de que no se podía esperar nada en Catalunya del socialismo español." Un saludo,

--
Toni Rubies
tonirubiesATretemailDOTcom
BARCELONA

p0l dijo...

Simplemente me gustaria mostrar mi acuerdo con la expresión "La política no es un fin en sí misma sino un instrumento necesario para administrar los intereses contrapuetos de los ciudadanos", y es que siempre he visto la política como un hecho distante y interesado, más propicio a la propia imagen que a los problemas de la sociedad. Pudieno ejercer mi derecho a voto por primera vez, se me plantean muchas dudas.

Anónimo dijo...

Sr. Foix.
Tiene suficiente capacidad de análisis y experiencia para saber que ni había unidad, ni era posible el texto aprobado en el Parlament y que lo que sí había era mucha estrategia partidista para alcanzar el poder.
Parece, hoy más que nunca, que el fin justifica los medios. Pero no, no es así. Afortunadamente la sociedad es mas honrada.
Es una fántastica obra teatral al ver a Artur Mas exultante, Carod Rovira buscando "la clau", Saura afirmando que es un gran acuerdo, Montilla (preveyendo la debacle a corto o medio plazo del tripartito)que sin ERC el Estatut no sería posible y Castilla que une todos los intereses políticos, sociales y religiosos cuando se cuestiona "su" territorio.
Por eso y algo más seguiremos siendo un pueblo humillado.
Decía Tarrradellas (que no era santo de mi devoción) que sabía más de política un campesino castellano que un politico catalán.
Saludos

Anónimo dijo...

Sr.Foix: De todo lo dicho por Vd hoy me va a permitir que me quede ironicamente con el tema del bocadillo,Artur Mas estuvo siete horas reunido en La Moncloa para decir que sí y hoy Carod Rovira ha estado cuatro horas para decir que no.La primera conclusión que tengo es que Mas aguanta más sin comer que Carod y ya lo dijo Cela "el que resiste, gana",la segunda es que Carod ha necesitado tres horas menos que Artur Mas para descubrir que en La Moncloa no habría bocadillo, ya lo dijo también Cela aunque más crudamente, que una cosa era estar comido(dormido) y otra cosa estar comiendo(durmiendo); por último la tercera conclusión es que a Pascual Maragall,ausente en las fotos de estos días, no le hacen falta ni dos minutos para saber que en La Moncloa hace tiempo que no le regalan nada,ni un mísero bocadillo...


Bartolomé C.

Ivan dijo...

Totalment d'acord en tot l'article. Aquest episodi del procés de negociació (que encara no ha acabat: el PSOE voldrà incorporar el PP i ja veurem a quin preu) crea més desengany entre els ciutadans.

A mi em dol especialment el paper d'ICV. Fins ara havien portat sempre una línea coherent, però aquest cop no han explicat perquè han rebaixat tant els seus plantejaments. El paper dels altres, el que ja ens esperàvem.

Salut i sort,
Ivan.

Anónimo dijo...

La politica es una industria .
albert

Anónimo dijo...

Estimado Sr. Foix,

En relación con su columna de hoy en La Vanguardia, es imprescindible señalarle que trayendo a colación todas esas frases, sentencias y exabruptos no contribuye usted en modo alguno a moderar el debate sobre el Estatut y las relaciones Catalunya - resto de España. Lamento profundamente que más bien esté echando usted mas leña al fuego cuando aparentemente pretende situarse como un moderado observador de la situación. En cualquier caso, permitame recordarle que antes de que la mayoría de los españoles supieramos de lo que se venía encima con el Estatuto, el presidente de la Generalitat en su discurso de investidura pronunció aquella frase en la que aseguraba que "el drama está servido" si no se respetaba la voluntad del parlamento catalán. Desde entonces señor Foix, tuvimos que oir declaraciones aun mas graves como las del sr. Baragalló apelando al guerracivilismo y de las que todavia no le he leido nada minimamente crítico.Desde luego, y como puede observar, no tiene que remontarse tan atrás en el tiempo para encontrar afirmaciones profundamente hirientes y belicosas.
Un cordial saludo,
Alberto, Cordoba

Anónimo dijo...

Respecto a la columna de hoy en eLa Vanguardia:
Ya esta bien de tanto victimismo historico y tanta necedad, aqui en España no obligamos a nadie a padecer "nuestra" España, al que no le guste puede irse cuando quiera. Además parece que a lo largo de la historia solo Cataluña a padecido a padecido nuestros malos gobernantes y ya esta bien de apropiarse partes de nuestro pais como si solo los Catalanes tuviesen algo que decir de Cataluña cuando somos los odiosos españoles a quien hay que preguntar. Aun así hay que ser muy necio para creerse toda la sarta de mentiras que suelen contar los politicos y más para creerse que solo los de derechas mienten y los de izquierdas y nacionalistas no, así que dejennos en paz que la gente como usted llevan robandonos toda la historia y encima nos piden que no nos quejemos.

Anónimo dijo...

EL ARTÍCULO DEL DÍA
RIESGO DE DISOLUCIÓN

• El PP se juega la supervivencia al no aceptar la realidad de una reforma del Estatut constitucional




JAVIER Pérez Royo
Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla

No se puede desconocer que el PP se encontraba en una posición objetivamente muy difícil en el proceso de reforma estatutario catalán, ya que su concurso no era imprescindible para que tal reforma prosperara. Un partido que acababa de ser el Gobierno de España durante dos legislaturas consecutivas estaba en una posición marginal en la operación político-constitucional de más calado desde los pactos autonómicos de 1981. Pasar de una situación en la que sin el PP no se podía decidir nada a otra en la que el PP no podía evitar que los demás partidos decidieran lo que les pareciera oportuno sobre un tema tan crucial como es la definición de la inserción de Catalunya en el Estado, tenía que ser sumamente difícil de gestionar para unos dirigentes acostumbrados no sólo a gobernar, sino a mandar.
Pero ésa es la realidad con la que la dirección del PP tenía que enfrentarse. El PP no disponía de minoría de bloqueo en el proceso de reforma del Estatut, porque el cuerpo electoral catalán no había querido que la tuviera. Una vez que había perdido la mayoría parlamentaria en el Congreso no tenía posibilidad alguna de compensar su posición marginal en el Parlament. Era una consecuencia insoslayable del juego conjunto del principio de legitimación democrática del poder en Catalunya y en España.
En estas circunstancias, a la dirección del PP no le quedaba más salida que hacer de necesidad virtud e intentar incidir en el proceso de reforma estatutaria catalán de la manera que le fuera posible, pues la aritmética parlamentaria catalana y española le impedían jugar el papel de árbitro que pretendía autoatribuirse. En los cuatro años de la legislatura en los que la reforma iba a ser tramitada, no había posibilidad alguna de que la situación pudiera ser diferente. La dirección del PP no tenía más que dos opciones: o la del adulto que acepta la realidad, aunque no le guste y pretenda actuar sobre ella para cambiarla, o la infantil de negarse a hacerlo.

Y AUNQUE parezca increíble, ha sido esta última la que la dirección del PP ha hecho suya. Los resultados están a la vista, aunque todavía le queda por pasar lo peor. La reforma estatutaria se está tramitando de una manera escrupulosamente constitucional. Se elaboró la proposición de ley por el Parlament, se sometió al dictamen del Consell Consultiu y fue aprobada por la mayoría supercualificada que el Estatut exige. Se remitió al Congreso, cuya Mesa, tras los informes pertinentes de los servicios jurídicos de la Cámara, le dio la tramitación prevista en el Reglamento. Se ha celebrado el debate de toma en consideración en el Pleno del Congreso y a continuación se abrió el plazo para la presentación de los "motivos de desacuerdo", previstos en el artículo 137.1 del Reglamento del Congreso. Ahora mismo se está a punto de entrar en la fase de negociación entre la Comisión Constitucional del Congreso y la Delegación del Parlament prevista en los artículos 138 a 143. Si hay acuerdo, se someterá a referendo de los ciudadanos de Catalunya y, si es aprobado el texto, será posteriormente ratificado como ley orgánica por las Cortes Generales.
La dirección del PP se ha marginado de este proceso. Una vez aprobado por el Parlament el proyecto de ley de reforma, ha intentado que fuera sometido a dictamen del Consejo de Estado, del Tribunal de Cuentas y del Consejo General del Poder Judicial, vulnerando la regla de oro de toda democracia digna de tal nombre de que ningún órgano consultivo puede manifestarse sobre la voluntad parlamentaria una vez expresada. Ha intentado impedir que la Mesa del Congreso le diera la tramitación parlamentaria exigida por la Constitución, el Estatut y el Reglamento de la Cámara. Se opuso a su toma en consideración. Ha presentado "enmiendas" y no "motivos de desacuerdo", desconociendo la naturaleza jurídica de un Estatuto del artículo 151 de la Constitución, como es el catalán, y automarginándose, como consecuencia de ello, de la negociación que está a punto de abrirse. Ha anunciado que va a ejercer la iniciativa legislativa popular para solicitar la convocatoria de un referendo sobre el texto que acabe siendo aprobado, sin reparar en que esa iniciativa es completamente anticonstitucional. Pretextando actuar en defensa de la Constitución, el PP no ha hecho otra cosa que vulnerarla desde que el Parlament aprobó el proyecto.

NEGARSE A aceptar la realidad no puede conducir a ninguna parte. El Estatut va a ser reformado y pasará a formar parte del bloque de constitucionalidad que define la estructura del Estado. Dicho bloque no va a poder ser reformado unilateralmente por el PP en ningún caso. Tanto si lo vota como si no, va a tener que hacer política dentro del marco que dicho bloque de constitucionalidad define. Y la evidencia empírica de que disponemos indica que ningún partido puede aspirar a gobernar un Estado si no acepta la estructura territorial del mismo.
Es verdad que a la dirección del PP le queda todavía la carta de interponer un recurso de inconstitucionalidad contra el Estatut una vez que haya sido promulgado como ley orgánica. Pero ¿qué ocurriría si el Tribunal Constitucional no estima el recurso y declara que el Estatut se ajusta a la Constitución? ¿En qué posición quedaría el PP? A partir de ese momento, ¿con qué legitimidad podría dirigirse a los ciudadanos no ya para pedirles el voto, sino para decirles algo?
El error que está cometiendo la dirección del PP no sólo está poniendo en peligro su propia supervivencia como dirección del partido, sino que puede poner en peligro la supervivencia del partido en cuanto tal. No es la supervivencia política de Rajoy, Zaplana o Acebes lo que puede estar en juego, sino la del PP como expresión política de la derecha española.

Anónimo dijo...

EL ARTÍCULO DEL DÍA // J.J. LÓPEZ BURNIOL
Cuenta y razón de una victoria

• España no debe prolongar la agonía actual. O se va a un Estado federal o a la secesión de Catalunya




JUAN-JOSÉ López Burniol
Notario

Uno. Catalunya es un pueblo con lengua, cultura y derecho propios, que conservó hasta el siglo XVIII sus particulares instituciones políticas. Perdidas éstas por una derrota, se concentró en un esfuerzo económico que --al asumir a tiempo la revolución industrial-- culminó en un periodo de plenitud. En éste, gracias a la exaltación romántica de la identidad nacional, así como a la inexistencia de una maquinaria estatal operativa, se desarrolló un cambio de mentalidad que cristalizó en el proceso de reconocimiento de la identidad catalana conocido como Renaixensa. Como ha escrito Hannah Arendt, "un pueblo se convierte en nación cuando toma conciencia de sí mismo de acuerdo con su historia".
Dos. El catalanismo es al principio --en palabras de Josep Termes-- "como la corriente de un río, que suma afluentes, procedentes de muchas tradiciones, que incorpora ideas de procedencia muy variada". O sea, "que no es ni un partido político ni una secta ni una escuela, sino que se configura como una forma de entender el país y de intercambiar iniciativas y orientaciones con otra gente".
Tres. Este catalanismo cultural adquirió pronto dimensión política, al desarrollar un proyecto alternativo de España fundado en su modernización. Ahora bien, esta voluntad de intervenir en la política española se frustró rápidamente. Como ha escrito Vicente Cacho, "la acumulación de experiencias adversas --provocadas por la ausencia de una nacionalismo modernizador de alcance español-- fue agostando toda esperanza de una transformación generalizada de las estructuras territoriales del poder, centrando cada vez más el esfuerzo en la afirmación privativa de la identidad catalana". Tras Almirall --sigue diciendo--, "el terreno estaba abonado para que, en el seno de la generación finisecular, una serie de jovencísimos profesionales --abogados en su mayoría-- diese un paso adelante en los años 90, hablando ya abiertamente de nacionalismo".
Cuatro. Surge entonces --indica Santos Juliá-- el relato según el cual carece de sentido hablar de patria grande y patria pequeña, pues patria no hay más que una --Catalunya--, y lo que se llama patria grande --España-- es un Estado compuesto de varias agrupaciones que, ellas sí, tienen la condición de patrias. Esta afirmación de la identidad nacional frente al Estado identificó a éste como enemigo de la nación, pues todas las naciones --escribe Prat de la Riba-- "tienden a tener un Estado".
Cinco. Que esta doctrina y su correspondiente programa político se denominaran entonces regionalismo no debe llamar a engaño. El objetivo del nacionalismo catalán está claro desde hace un siglo: la conquista de un Estado propio. Y también resulta evidente su táctica: el posibilismo, es decir, lograr en cada momento lo que se pueda sin romper nunca del todo. Por ello, la voluntarista pretensión --que he compartido-- de ver en el nacionalismo catalán un proyecto alternativo de España debería reconsiderarse, pues este proyecto descansa --si existe-- en la reducción de España a una mera estructura estatal.
Seis. Sobre esta base hay que entender el actual proceso de reforma estatutaria. El proyecto de Estatut aprobado por el Parlament no es --a mi juicio-- tal Estatut, sino la Constitución de una nación sin Estado formal propio, pero que consagra su plena autonomía interna respecto del Estado del que accidentalmente forma parte, e instaura un sistema institucional de autogobierno separado del sistema estatal. Por ello sostengo que --desde la óptica nacionalista-- el día 30 de septiembre del 2005 ha pasado a ser la fecha más importante de la historia de Catalunya desde el decreto de Nueva Planta, pues --aquel día-- el 90% de los representantes del pueblo catalán aprobó un Estatut de máximos. A partir de ahí, es irrelevante que las negociaciones ulteriores supriman o enmascaren los aspectos más duros de la propuesta. El valor que como hito ha cobrado aquella fecha es irreversible.
Siete. El nacionalismo catalán ya había ganado --en Catalunya-- las batallas cultural y mediática. Ahora, gracias al impulso visionario y a la tozudez de Pasqual Maragall, al respaldo imprescindible del PSC y a la doble intervención decisiva del presidente José Luis Rodríguez Zapatero, ha ganado también la batalla política. Esta contribución de los socialistas a la victoria nacionalista --que jamás imaginé-- provoca tal cantidad de preguntas, que prefiero aparcar el tema.
Ocho. La aprobación definitiva del Estatut no resolverá el contencioso catalán, que seguirá planteado en términos aún más acuciantes y agrios. Xavier Bru de Sala lo ha dejado claro: "Acabe como acabe esta ronda del proceso catalán hacia el autogobierno, tampoco vayan a creer que tardaremos otro cuarto de siglo a iniciar el siguiente. A no ser que la observación de los grandes vectores de la historia señalados sea un completo error ... este Estatut quedará obsoleto o se verá pronto como tal. En cuanto las formaciones que apoyan al catalanismo recuperen fuerzas, volverán a la carga. Y será bueno para España. Y desde Madrid nos harán la pelota".
Nueve. Hasta aquí mi narración de los hechos. No valoro. Esto es lo que hay. No obstante, pensando en los intereses de España --nación que muchos sentimos como propia--, no debe prolongarse esta agonía. España corre un grave riesgo de cantonalización que enervaría sus potencialidades, hoy mayores que nunca en un mundo globalizado. Hay que llegar hasta el fondo y plantear --desde la perspectiva de los intereses de ambas partes-- la única alternativa posible: o un Estado federal que no se cuestione cada dos por tres, o la secesión de Catalunya. No ha lugar para relaciones bilaterales. Llevarían al caos.

Anónimo dijo...

Le statut catalan dessine une Espagne fédérale
Espagne L'accord a été qualifié d'historique par Zapatero. De nouvelles compétences seront accordées à la région, comme la gestion de l'immigration ou celle des ports.
Diane Cambon
[26 janvier 2006]

SAUF COUP de théâtre de la part des indépendantistes catalans (ERC), la nouvelle version du statut d'autonomie de la Catalogne devait, hier, être acceptée par tous les partis catalans. Cette ultime réunion entre José Luis Zapatero et le leader républicain d'ERC, Carod-Rovira, devait clore quatre mois d'intenses et houleuses négociations pour parvenir à un accord de principe sur le texte. L'Estatut devrait ensuite entamer un long périple parlementaire. Il doit, jusqu'au début d'avril, être amendé et retouché par une commission constitutionnelle, puis être approuvé définitivement au Parlement de Madrid, puis au Sénat et enfin au Parlement catalan. Le texte sera ensuite soumis à référendum en Catalogne.


Qualifié d'«historique» par Zapatero, cet accord global revêt en effet une dimension nationale d'importance. Si le texte s'inscrit dans la vision d'une «Espagne plurinationale», défendue par le leader socialiste, il fixe surtout un nouveau seuil d'autonomie, accordé aux différentes régions espagnoles. En donnant son feu vert au statut catalan, Zapatero a entériné de nouvelles compétences aux régions, telles que la gestion de l'immigration ou celle des ports. Le futur statut catalan, plus généreux que celui de 1979, pourrait de la sorte inciter les autres régions espagnoles à demander ces nouvelles prérogatives. Le nouveau modèle de financement peut en effet être applicable, à terme et sur demande, aux 14 autres communautés autonomes, le Pays Basque et la Navarre disposant déjà de privilèges fiscaux. Déjà, l'Andalousie et la Galice, deux régions gouvernées par les socialistes, ont fait savoir qu'elles souhaitaient appliquer ce système fiscal.


Démantèlement


Pour autant, toutes les régions espagnoles ne vont pas réclamer les compétences catalanes. Avec un PIB inférieur à la moyenne européenne, la région d'Estrémadure ne peut, par exemple, prendre à sa charge la gestion des aéroports ou même solliciter celle de l'éducation. La différence de richesse entre les régions est l'une des raisons pour lesquelles le Parti populaire s'est toujours opposé à la réforme du statut catalan. Selon les conservateurs, le nouveau système fiscal catalan aura de graves conséquences pour l'économie du pays. A titre d'exemple, ils citent le cas de l'Andalousie, qui pourrait perdre 2 milliards d'euros, versés au nom de la solidarité interrégionale. «Nous nous dirigeons vers une Espagne à plusieurs vitesses, où tous les citoyens n'auront pas accès aux mêmes droits», fulmine le chroniqueur ultraconservateur Federico Jiménez Losantos. Pour ce défenseur de l'unité nationale, le statut catalan ouvre les portes au démantèlement de l'Espagne, où chaque région ne devra compter que sur elle-même.


La disparition peu à peu d'un Etat centralisateur est également pronostiquée, mais souhaitée par les indépendantistes catalans au pouvoir. «Le statut catalan est un premier pas vers la création d'un Etat fédéral, avoue le numéro deux du gouvernement catalan, Josep Bargallo. Nous sommes dans une période intermédiaire insupportable : soit nous faisons marche arrière et retournons au temps de l'Espagne unitaire et fasciste, soit nous allons de l'avant vers la pluralité et un pays composé d'Etats.».

Le Figaro-Janvier-26-2006

MiguelNR dijo...

Claro que no hay alternativa, y para ello las fuerzas del nacionalismo periférico tendrán que decantarse, o por una España federal, o por decirle No a España, pero no pueden estar todo el día con ese "doble discurso", que a parte de ser una hipocresía, solo deriva en decisiones injustas.

Anónimo dijo...

Gérard

Yo creo que el protagonismo de última hora de CIU, que si uno lo piensa seriamente, no es tal (en realidad no es más que un acuerdo realizado por turnos y no conjuntamente con la suerte de tener el útimo) es una estrategia para romper la armonía del tripartito y forzar lo que ellos quieren que es nuevas elecciones en Catalunya. El estatut es un instrumento político y en el fondo saben que con la reforma se mejora el anterior aunque no se consigue todo lo que de repente después de 20 anyos de poder les había desinteresado complétamente y les había parecido siempre inoportuno de cambiar. De todas maneras sea por una u otra caus sus mejoras son bienvenidas. Ha puesto en evidencia también hasta su extremo el anticatalanismo o catalanofobia irracional del resto del País, cosa que considero positivo halla sucedido. El carácter tranquilo y pasota del catalán sabe por fin el aprecio que le tienen en le resto del país, cosa que, quizás por no ser catalán, en mis desplazamientos y encuentros con representantes de la meseta, desde hace muchos anyos he observado. Es un tema que no se puede dejar de lado y que creo que después de lo visto tendrá un antes y un después. Que el resto de espanya pretenda de forma antidemocrática y anticonstitucional imponer un referendo irracional contra el deseo expresado por el 90% de los catalanes, antentando la ley orgánica, antentando los trámites pertinentes, haciendo abuso antes de los órganos consultivos que no están por encima de la voluntad y decisión legítima democrática queriendo imponer un patético referendo, hacen pensar que Espanya le tiene miedo a Catalunya y que la mejor manera de controlarla es amordazarla y humillarla, reconrdándole que ha sido aplastada en el pasado y lo será en el futuro, con golpes o sin ellos.