El mapa político europeo marca una corriente de fondo que se tiñe gradualmente de gobiernos conservadores desplazando a los socialdemócratas que retroceden en busca de nuevas fórmulas con la consiguiente crisis de liderazgo de la izquierda italiana, los socialdemócratas alemanes, los socialistas franceses y también los laboristas británicos que intentan remontar su popularidad ante los eufóricos sondeos que indican la victoria de los tories en las próximas elecciones generales.
Los pueblos, decía Malraux, no tienen los gobiernos que se merecen pero sí los gobiernos que se les parecen. Los europeos están preocupados, por no decir asustados, por la dimensión de la crisis económica que se abate sobre millones y millones de ciudadanos. Se inclinan por gobiernos conservadores porque piensan que es la fórmula mejor para conservar lo poco o mucho que tienen. Puede ser un voto de miedo pero es el retrato de una sociedad en un momento concreto.
Europa no quiere recortar el estado del bienestar, construido durante más de medio siglo entre las políticas conservadoras y socialdemócratas. Así ha ocurrido en Francia, Alemania, Gran Bretaña y también en España. El panorama de la izquierda europea es de unos partidos poco dúctiles, más ideológicos que pragmáticos que mantienen la hegemonía de un liderazgo que actúa con unanimidad viendo cómo la oposición nace dentro de su propia formación.
Lo más inquietante de la debilidad de la izquierda europea es su desconcierto sobre el discurso que hay que ofrecer en unos tiempos de profundos cambios en la sociedad. No se trata de cambiar la mentalidad de los ciudadanos, como me confesó hace unos años un conseller que todavía está en el govern, sino de dejarles elegir en libertad de acuerdo con sus ideas y sus intereses.
El presidente Zapatero es la gran excepción europea. Su gestión de la crisis económica está inspirada en un socialismo rancio, populista, más ideológico que pragmático, pensando más en contentar a los suyos que en el conjunto del país. Estoy de acuerdo con él en la obviedad que la prioridad de un gobierno en tiempos de crisis es proteger a los más débiles. Pero los que viven en precariedad extrema no saldrán de su indigencia sólo con los presupuestos del estado sino con la riqueza que crean las empresas, los trabajadores, los creativos, los maestros, los agricultores, el personal sanitario y todas las actividades que impulsa la verdadera sociedad civil.
Para repartir el pastel, tiene que haber pastel. Nuestro éxito o fracaso en cualquier cosa que emprendamos, dice Harry Frankfurt en su librito Sobre la verdad, depende de si nos guiamos por la verdad o de si avanzamos en la ignorancia basándonos en la falsedad. El déficit, el paro, la larga recesión, el cierre de empresas... no se combaten con discursos ni con ideología.
miércoles, septiembre 30, 2009
lunes, septiembre 28, 2009
La Alemania que lidera Europa
Mientras los alemanes votaban el domingo estuve leyendo el breve libro Medallones, de la escritora polaca Zofia Nalkowska, publicado en 1946 y traducido ahora al castellano por la editorial Minúscula. Son ocho relatos estremecedores que fueron aportados a la comisión encargada de investigar los crímenes nazis en Polonia, de la que la autora formaba parte.
Los relatos muestran la repugnancia de un régimen que se cebó sin piedad construyendo la maquinaria del genocidio contra los judíos y contra aquellos que por sus discapacidades físicas no merecían estar en el mundo de los vivos.
Recomiendo su lectura, especialmente para quienes pueden caer en la tentación de banalizar el mal, un concepto puesto en circulación por Hannah Arendt que escribió que “nos gustaría gritar, pero nada de esto es real, lo real son las ruinas, lo real es el espanto del pasado, lo real son los muertos que habeis olvidado”.
Los alemanes, un pueblo que Goethe definió como el tener el destino de hacer difíciles todas las cosas, no ha olvidado su pasado. Tiene recuerdos y tiene memoria. Pero las mismas experiencias que han hecho que la historia de Alemania sea una tragedia para ellos y para Europa, también ha sabido situarse al frente de una expansión democrática y universalista de la idea de Europa.
Cuánto tenemos los europeos que agradecer a la Alemania que fundó Adenauer y que con buen tino prosiguieron todos los cancilleres democratacristianos y socialdemócratas. Dos figuras de gran talla política como Helmut Schmidt y Helmut Kohl han contribuido decisivamente a que la atribulada Europa de hoy pueda mirar el futuro con cierta esperanza y optimismo.
El ingreso de España en la Unión Europea se debe principalmente a la visión del democratacristiano Helmut Kohl y el socialista francés François Mitterrand. La generosidad de Alemania en el proyecto de Europa no cabe interpretarse sólo como un lavado del pasado sino como una voluntad expresa de no querer germanizar Europa sino europeizar Alemania.
Fueron premonitorias las palabras de Georges Bidault, jefe de la resistencia francesa, al dirigirse a las tropas vencidas deseándoles un rápido restablecimiento. Ojalá, les dijo, se encuentren ustedes pronto en una Alemania libre y en una Europa libre. La normalidad de las elecciones del domingo lo continúan confirmando
Los relatos muestran la repugnancia de un régimen que se cebó sin piedad construyendo la maquinaria del genocidio contra los judíos y contra aquellos que por sus discapacidades físicas no merecían estar en el mundo de los vivos.
Recomiendo su lectura, especialmente para quienes pueden caer en la tentación de banalizar el mal, un concepto puesto en circulación por Hannah Arendt que escribió que “nos gustaría gritar, pero nada de esto es real, lo real son las ruinas, lo real es el espanto del pasado, lo real son los muertos que habeis olvidado”.
Los alemanes, un pueblo que Goethe definió como el tener el destino de hacer difíciles todas las cosas, no ha olvidado su pasado. Tiene recuerdos y tiene memoria. Pero las mismas experiencias que han hecho que la historia de Alemania sea una tragedia para ellos y para Europa, también ha sabido situarse al frente de una expansión democrática y universalista de la idea de Europa.
Cuánto tenemos los europeos que agradecer a la Alemania que fundó Adenauer y que con buen tino prosiguieron todos los cancilleres democratacristianos y socialdemócratas. Dos figuras de gran talla política como Helmut Schmidt y Helmut Kohl han contribuido decisivamente a que la atribulada Europa de hoy pueda mirar el futuro con cierta esperanza y optimismo.
El ingreso de España en la Unión Europea se debe principalmente a la visión del democratacristiano Helmut Kohl y el socialista francés François Mitterrand. La generosidad de Alemania en el proyecto de Europa no cabe interpretarse sólo como un lavado del pasado sino como una voluntad expresa de no querer germanizar Europa sino europeizar Alemania.
Fueron premonitorias las palabras de Georges Bidault, jefe de la resistencia francesa, al dirigirse a las tropas vencidas deseándoles un rápido restablecimiento. Ojalá, les dijo, se encuentren ustedes pronto en una Alemania libre y en una Europa libre. La normalidad de las elecciones del domingo lo continúan confirmando
viernes, septiembre 25, 2009
Las gracias de los sápatras en la ONU
Ahora que las Naciones Unidas reunen a todos los líderes del mundo, sería el momento oportuno para proponer un comportamiento de mínimos. Que el coronel Gaddafi, un sátrapa que utiliza el gas para comprar la amistad de gobiernos democráticos, se permita despreciar el protocolo de la ONU y hable durante más de una hora de lo previsto es impresentable.
Que el caudillo Hugo Chávez pretenda que le rían las gracias cuando dice que la ONU ya no huele a azufre porque ya no está George Bush es una majadería. O que se jacte de haber contribuido a que el presidente Celaya entre en Honduras refugiándose en la embajada de Brasil.
Todo lo que dicen tantos personajes estrafalarios es permitido, cuando en un país libre provocarían un sonrojo generalizado. Es cierto que la ONU representa a todos los estados que están en el mapa global. Pero el desbarajuste que se refleja en las Naciones Unidas en estas fechas cada año le resta la poca credibilidad que ya tiene.
Se da la circunstancia que todos los iluminados que suben al podium de la ONU para perpetrar sus ocurrencias que no tienen ninguna gracia, han secuestrado la libertad de sus propios ciudadanos. Para que la ONU sea un organismo democrático habría que pasar la prueba de la libertad de prensa de cuantos pretenden dar lecciones desde la tribuna política del mundo.
Ya sé que entonces no existiría la ONU. Pero tener que aguantar las bravatas del primero que llega se me hace indigerible.
Que el caudillo Hugo Chávez pretenda que le rían las gracias cuando dice que la ONU ya no huele a azufre porque ya no está George Bush es una majadería. O que se jacte de haber contribuido a que el presidente Celaya entre en Honduras refugiándose en la embajada de Brasil.
Todo lo que dicen tantos personajes estrafalarios es permitido, cuando en un país libre provocarían un sonrojo generalizado. Es cierto que la ONU representa a todos los estados que están en el mapa global. Pero el desbarajuste que se refleja en las Naciones Unidas en estas fechas cada año le resta la poca credibilidad que ya tiene.
Se da la circunstancia que todos los iluminados que suben al podium de la ONU para perpetrar sus ocurrencias que no tienen ninguna gracia, han secuestrado la libertad de sus propios ciudadanos. Para que la ONU sea un organismo democrático habría que pasar la prueba de la libertad de prensa de cuantos pretenden dar lecciones desde la tribuna política del mundo.
Ya sé que entonces no existiría la ONU. Pero tener que aguantar las bravatas del primero que llega se me hace indigerible.
miércoles, septiembre 23, 2009
La sociedad civil y las vacas sagradas
En estos tiempos de desconfianza generalizada, de abatimiento emocional, del desprestigio de quienes estaban instalados en el olimpo de la excelencia y ahora admiten que eran delincuentes de guante blanco, de peleas entre colegas para beneficiarse de las dádivas del poder, de crisis económica que afecta la vida ordinaria de millones de personas, sin hoja de ruta fiable por parte de los gobiernos, quiero resaltar algunos aspectos que me parecen positivos.
El triste caso Millet, un prócer invulnerable por exhibir un apellido a prueba de toda sospecha, no va a destruir el movimiento de voluntarios que seguirán dedicando tiempo y esfuerzos para participar en corales grandes o pequeñas . Seguirá interpretándose el Mesías de Haendel con más de cuatrocientos cantantes que dedican muchas horas ensayando las tres sesiones que se podrán escuchar alrededor de Navidad.
Se ha dicho que la admisión de Félix Millet de haber sustraido millones de euros en beneficio propio desde su cargo como presidente del Palau de la Música ha hecho un mal incalculable a Catalunya y a la cultura catalana. No comparto esta opinión porque se ha puesto de relieve que el comportamiento delictivo del presidente del Orfeó Català era todo menos cultura catalana.
Que se abran las ventanas, que pase el aire, que se sepa todo lo que ha ocurrido alrededor de una institución tan emblemática como el Palau de la Música. La justicia seguirá su curso y sabremos cómo actuaba Félix Millet y cuantos cómplices y beneficiarios pueden haberse lucrado de unos delitos que tenían que estar en conocimiento de más personas.
Habrá que revisar por qué fallaron los mecanismos de control, desde las auditorías hasta las administracionespúblicas representadas en el Consorcio del Palau. Es inaceptable que quienes figuraban en la lista de personalidades ilustres se limiten a manifestar que era tal la confianza que tenían en Millet que no se preocupaban de las cuentas.
Habrá que marcar límites en la gestión del Estado cultural. Unos límites que hace más de dos siglos los expresó con una breve fórmula Montesquieu: ningún poder sin límites puede ser legítimo. La legitimidad no viene del origen ni de la finalidad, sino de la fuerza en que se ejerce. Viene del hecho de marcar límites y compartirlo con los demás.
Siempre habrá quien diga que la política, también la política cultural, tiene la manga ancha y no se hace con la moral o con moralismos. Puede ser una realidad aceptada. Pero tampoco se construye desde la inmoralidad. Barcelona no es un oasis. Como no lo es Madrid, París, Nueva York o Berlín. No hay vacas sagradas en ninguna parte y quizás aquí nos lo habíamos creído. Los apellidos aportan lustre y prestigio, pero todas las generaciones tienen que revalidarlo si no quieren convertirse en monigotes de cartón.
El triste caso Millet, un prócer invulnerable por exhibir un apellido a prueba de toda sospecha, no va a destruir el movimiento de voluntarios que seguirán dedicando tiempo y esfuerzos para participar en corales grandes o pequeñas . Seguirá interpretándose el Mesías de Haendel con más de cuatrocientos cantantes que dedican muchas horas ensayando las tres sesiones que se podrán escuchar alrededor de Navidad.
Se ha dicho que la admisión de Félix Millet de haber sustraido millones de euros en beneficio propio desde su cargo como presidente del Palau de la Música ha hecho un mal incalculable a Catalunya y a la cultura catalana. No comparto esta opinión porque se ha puesto de relieve que el comportamiento delictivo del presidente del Orfeó Català era todo menos cultura catalana.
Que se abran las ventanas, que pase el aire, que se sepa todo lo que ha ocurrido alrededor de una institución tan emblemática como el Palau de la Música. La justicia seguirá su curso y sabremos cómo actuaba Félix Millet y cuantos cómplices y beneficiarios pueden haberse lucrado de unos delitos que tenían que estar en conocimiento de más personas.
Habrá que revisar por qué fallaron los mecanismos de control, desde las auditorías hasta las administracionespúblicas representadas en el Consorcio del Palau. Es inaceptable que quienes figuraban en la lista de personalidades ilustres se limiten a manifestar que era tal la confianza que tenían en Millet que no se preocupaban de las cuentas.
Habrá que marcar límites en la gestión del Estado cultural. Unos límites que hace más de dos siglos los expresó con una breve fórmula Montesquieu: ningún poder sin límites puede ser legítimo. La legitimidad no viene del origen ni de la finalidad, sino de la fuerza en que se ejerce. Viene del hecho de marcar límites y compartirlo con los demás.
Siempre habrá quien diga que la política, también la política cultural, tiene la manga ancha y no se hace con la moral o con moralismos. Puede ser una realidad aceptada. Pero tampoco se construye desde la inmoralidad. Barcelona no es un oasis. Como no lo es Madrid, París, Nueva York o Berlín. No hay vacas sagradas en ninguna parte y quizás aquí nos lo habíamos creído. Los apellidos aportan lustre y prestigio, pero todas las generaciones tienen que revalidarlo si no quieren convertirse en monigotes de cartón.
lunes, septiembre 21, 2009
José Blanco en la fiesta de la rosa
Don José Blanco ha hablado en la ya tradicional fiesta de la rosa del Baix Llobregat, la gran bolsa de votos del socialismo catalán, identificados con el presidente de turno y con el PSOE. Jamás volveré a llamarle Peñiño después del correctivo que me aplicó en la madrugada del 5 de noviembre antes de entrar en el programa en directo que Josep Cuní emitía desde Washington tras el triunfo de Obama.
Hablaba don José de la gestión de la crisis por parte del gobierno Zapatero. En un momento de su parlamento afirmó que “algunos la llaman improvisación y otros la llamamos responsabilidad”. Podría estar de acuerdo con don José si no hubiera sido el propio Zapatero quien al principio de la semana había afirmado que a veces el gobernante tiene que improvisar.
No hay que ser un analista sesudo para llegar a la conclusión de que el gobierno Zapatero ha convertido la improvisación en su modo habitual de gobernar. Don José debe ser de los pocos socialistas que no te comentan en privado la errática política del gobierno para combatir la crisis. A estas alturas todavía no sabemos en qué consiste exactamente la economía sostenible que proclama Zapatero ni los detalles de la nueva política fiscal.
La fiesta de la rosa es el encuentro anual de los socialistas pata negra del PSOE en el Baix Llobregat en un ambiente de camaradería, limpio de cualquier desviacionismo. Habló don José Blanco y también lo hizo don José Montilla, como secretario general del PSC y como presidente de la Generalitat. Los ministros Carme Chacón y Celestino Corbacho escuchaban los abucheos de los despedidos de Nissan, La Seda y Roca que probablemente votaron a Zapatero en marzo de este año. Desvirtuaron la euforia campestre que suele acompañar la fiesta de la rosa y lo van a repetir más veces en el futuro.
El president Montilla habló claro sobre la mancha de aceite que se va extendiendo sobre las consultas independistas en decenas de municipios catalanes. Dijo que somos un país que respeta la ley y que no va a estimular propuestas inviables. Entonces la emprendió con CiU achacándole su ambigüedad sobre la deriva independentista. Se olvidó, sin embargo, de incluir a la crítica a sus socios de Esquerra Republicana que oficialmente impulsan las “propuestas inviables”. Parodiando a Lorca “aquí pasó lo de siempre, murieron cuatro romanos y cinco cartagineses”.
Hablaba don José de la gestión de la crisis por parte del gobierno Zapatero. En un momento de su parlamento afirmó que “algunos la llaman improvisación y otros la llamamos responsabilidad”. Podría estar de acuerdo con don José si no hubiera sido el propio Zapatero quien al principio de la semana había afirmado que a veces el gobernante tiene que improvisar.
No hay que ser un analista sesudo para llegar a la conclusión de que el gobierno Zapatero ha convertido la improvisación en su modo habitual de gobernar. Don José debe ser de los pocos socialistas que no te comentan en privado la errática política del gobierno para combatir la crisis. A estas alturas todavía no sabemos en qué consiste exactamente la economía sostenible que proclama Zapatero ni los detalles de la nueva política fiscal.
La fiesta de la rosa es el encuentro anual de los socialistas pata negra del PSOE en el Baix Llobregat en un ambiente de camaradería, limpio de cualquier desviacionismo. Habló don José Blanco y también lo hizo don José Montilla, como secretario general del PSC y como presidente de la Generalitat. Los ministros Carme Chacón y Celestino Corbacho escuchaban los abucheos de los despedidos de Nissan, La Seda y Roca que probablemente votaron a Zapatero en marzo de este año. Desvirtuaron la euforia campestre que suele acompañar la fiesta de la rosa y lo van a repetir más veces en el futuro.
El president Montilla habló claro sobre la mancha de aceite que se va extendiendo sobre las consultas independistas en decenas de municipios catalanes. Dijo que somos un país que respeta la ley y que no va a estimular propuestas inviables. Entonces la emprendió con CiU achacándole su ambigüedad sobre la deriva independentista. Se olvidó, sin embargo, de incluir a la crítica a sus socios de Esquerra Republicana que oficialmente impulsan las “propuestas inviables”. Parodiando a Lorca “aquí pasó lo de siempre, murieron cuatro romanos y cinco cartagineses”.
miércoles, septiembre 16, 2009
La gestión de la complejidad
Los que piensan que un partido es una organización compacta, con un liderazgo indiscutible, todos marcando el mismo paso, desconocen la naturaleza de los partidos que nunca tienen toda la razón y por eso son partidos, como ponía Thomas Mann en boca de Goethe, en su excelente novela Carlota en Weimar.
De toda sociedad viva, abierta y democrática, salen puntos de vista discrepantes para resolver los mismos problemas. Cualquier observador imparcial de la realidad acaba reconociendo la imposibilidad de encontrar una solución que no perjudique a algún interés legítimo o frustre alguna ambición razonable. Al final se impone la ley de la gravedad o, en términos hidráulicos, el agua siempre traza su recorrido hacia el río o el mar.
La consulta de Arenys de Munt del pasado domingo refleja la pluralidad de la sociedad catalana, tanto en la participación y los resultados como en el posicionamiento del govern, de los partidos que lo integran y también en las filas de la oposición.
En el seno de Convergència no hay unanimidad de criterio sobre las consultas. Unió Democràtica se ha distanciado claramente. El independentismo se presenta con distintas banderas. Joan Puigcercós se acercó a la villa del Maresme como presidente de ERC pero sin hablar en nombre de su partido o, al menos, sin representar a sus correligionarios que tienen silla fija en la mesa redonda de Palau que preside José Montilla.
Pero la bandera de ERC no es la única que enarbola el independentismo. Ahí están Joan Carretero y el presidente del Barça, Joan Laporta, intentando reagruparse en un proyecto incierto y diferenciado del republicanismo de Puigcercós.
No he sabido qué criterio tiene Iniciativa ni tampoco el de los socialistas del PSC que andan siempre titubeando sobre si son hermanos federales del PSOE sin dar el paso para convertirse simplemente en primos hermanos. Qué ocasión tan oportuna para hacer realidad aquellas palabras de Montilla a Zapatero cuando le dijo que “José Luís, te queremos mucho pero queremos más a Catalunya”. O el PSC tiene grupo y voz propia en el PSOE o seguirá perdiendo votos en Catalunya. La política no es sólo el negocio de los hombres, como señalaba Montaigne, sino también la gestión de sus intereses.
Si miramos hacia Zapatero vemos cómo pesos pesados de la dotación del buque socialista se arrojan por la borda sin previo aviso abandonando en su cada vez más llamativa soledad al presidente del gobierno.
Los populares andan a la greña desde que perdieron el poder. Los compañeros de viaje mediáticos discuten la capacidad de Rajoy, mientras el zaplanismo hurga para debilitar a Camps y las jóvenes leonas populares no suscitan grandes entusiasmos entre los suyos.
La complejidad no se gestiona con emociones ni con ideas simples. Se hace con inteligencia y sentido común añadiendo unos gramos de astucia.
De toda sociedad viva, abierta y democrática, salen puntos de vista discrepantes para resolver los mismos problemas. Cualquier observador imparcial de la realidad acaba reconociendo la imposibilidad de encontrar una solución que no perjudique a algún interés legítimo o frustre alguna ambición razonable. Al final se impone la ley de la gravedad o, en términos hidráulicos, el agua siempre traza su recorrido hacia el río o el mar.
La consulta de Arenys de Munt del pasado domingo refleja la pluralidad de la sociedad catalana, tanto en la participación y los resultados como en el posicionamiento del govern, de los partidos que lo integran y también en las filas de la oposición.
En el seno de Convergència no hay unanimidad de criterio sobre las consultas. Unió Democràtica se ha distanciado claramente. El independentismo se presenta con distintas banderas. Joan Puigcercós se acercó a la villa del Maresme como presidente de ERC pero sin hablar en nombre de su partido o, al menos, sin representar a sus correligionarios que tienen silla fija en la mesa redonda de Palau que preside José Montilla.
Pero la bandera de ERC no es la única que enarbola el independentismo. Ahí están Joan Carretero y el presidente del Barça, Joan Laporta, intentando reagruparse en un proyecto incierto y diferenciado del republicanismo de Puigcercós.
No he sabido qué criterio tiene Iniciativa ni tampoco el de los socialistas del PSC que andan siempre titubeando sobre si son hermanos federales del PSOE sin dar el paso para convertirse simplemente en primos hermanos. Qué ocasión tan oportuna para hacer realidad aquellas palabras de Montilla a Zapatero cuando le dijo que “José Luís, te queremos mucho pero queremos más a Catalunya”. O el PSC tiene grupo y voz propia en el PSOE o seguirá perdiendo votos en Catalunya. La política no es sólo el negocio de los hombres, como señalaba Montaigne, sino también la gestión de sus intereses.
Si miramos hacia Zapatero vemos cómo pesos pesados de la dotación del buque socialista se arrojan por la borda sin previo aviso abandonando en su cada vez más llamativa soledad al presidente del gobierno.
Los populares andan a la greña desde que perdieron el poder. Los compañeros de viaje mediáticos discuten la capacidad de Rajoy, mientras el zaplanismo hurga para debilitar a Camps y las jóvenes leonas populares no suscitan grandes entusiasmos entre los suyos.
La complejidad no se gestiona con emociones ni con ideas simples. Se hace con inteligencia y sentido común añadiendo unos gramos de astucia.
lunes, septiembre 14, 2009
Emociones virtuales catalanas
Hay un movimiento popular de carácter independentista que el domingo pasó por las urnas en Arenys de Munt obteniendo la participación de un 41 por ciento de ciudadanos censados a partir de los 16 años. Es una corriente que va en aumento y que puede repetirse en otros municipios catalanes en los próximos meses.
El debate político ya no está en el Estatut ni en la sentencia que el Tribunal Constitucional hará pública algún día. Las emociones han situado la discusión entre independentistas y no independentistas, entre quienes piensan que es posible una España federal en la que Catalunya, como nación, mantenga la especifidad propia del autogobierno siguiendo la tradición del catalanismo político y los que quieren la independencia a corto o medio plazo.
Pienso que la situación es mucho más compleja y que siempre que desde Catalunya se ha recurrido al caixa o faixa, los resultados han sido perjudiciales para los catalanes. La provocación de la Falange al personarse en dos autocares a Arenys de Munt situaba al otro extremo al independentismo, como si no existieran más posiciones en un país política y socialmente tan plural como Catalunya.
Mientras discurría la jornada festiva con una cobertura mediática total pensaba en qué dirían personajes históricos como Gaziel, Vicens Vives, Cambó, Hurtado y cuantos vivieron los hechos del 6 de octubre de 1934 que se saldaron con el ingreso en prisión de todo el gobierno de la Generalitat a las 48 horas de que Lluís Companys diera el golpe contra la República.
No estamos, es cierto, en este estadio y, al fin y al cabo, la consulta de Arenys de Munt se realizó en tono festivo con la idea de inaugurar una nueva era que nos llevaría a la independencia porque así lo exige la voluntad popular.
No sé qué habría dicho Josep Tarradellas y Ramon Trias Fargas o qué van a decir Jordi Pujol, Miquel Roca, el govern de Catalunya, Josep Maria Bricall, los sindicatos, las instituciones financieras, la patronal y, sobre todo, el electorado que es quien va a tener la última palabra.
Me inquieta que entremos en un periodo de emociones virtuales inciertas sin haber debatido seriamente la viabilidad de un proyecto respetable pero que tiene que hacerse con más sosiego. Puestos a improvisar, no estaría mal convocar ya un referéndum en toda Catalunya. Me atendría a los resultados
El debate político ya no está en el Estatut ni en la sentencia que el Tribunal Constitucional hará pública algún día. Las emociones han situado la discusión entre independentistas y no independentistas, entre quienes piensan que es posible una España federal en la que Catalunya, como nación, mantenga la especifidad propia del autogobierno siguiendo la tradición del catalanismo político y los que quieren la independencia a corto o medio plazo.
Pienso que la situación es mucho más compleja y que siempre que desde Catalunya se ha recurrido al caixa o faixa, los resultados han sido perjudiciales para los catalanes. La provocación de la Falange al personarse en dos autocares a Arenys de Munt situaba al otro extremo al independentismo, como si no existieran más posiciones en un país política y socialmente tan plural como Catalunya.
Mientras discurría la jornada festiva con una cobertura mediática total pensaba en qué dirían personajes históricos como Gaziel, Vicens Vives, Cambó, Hurtado y cuantos vivieron los hechos del 6 de octubre de 1934 que se saldaron con el ingreso en prisión de todo el gobierno de la Generalitat a las 48 horas de que Lluís Companys diera el golpe contra la República.
No estamos, es cierto, en este estadio y, al fin y al cabo, la consulta de Arenys de Munt se realizó en tono festivo con la idea de inaugurar una nueva era que nos llevaría a la independencia porque así lo exige la voluntad popular.
No sé qué habría dicho Josep Tarradellas y Ramon Trias Fargas o qué van a decir Jordi Pujol, Miquel Roca, el govern de Catalunya, Josep Maria Bricall, los sindicatos, las instituciones financieras, la patronal y, sobre todo, el electorado que es quien va a tener la última palabra.
Me inquieta que entremos en un periodo de emociones virtuales inciertas sin haber debatido seriamente la viabilidad de un proyecto respetable pero que tiene que hacerse con más sosiego. Puestos a improvisar, no estaría mal convocar ya un referéndum en toda Catalunya. Me atendría a los resultados
jueves, septiembre 10, 2009
Zapatero no es un socialista moderno
Sospecho que el presidente Zapatero no es un socialista moderno. Con la excepción de la socialdemocracia sueca, que ha gobernado casi ininterrumpidamente durante más de setenta años, con eficacia y con un sentido redistributivo muy notables, el socialismo europeo ha corregido su rumbo alejándose del radicalismo de izquierdas que puso en marcha Clement Attlee en la Inglaterra de la postguerra y que duró sólo un mandato.
Felipe González interpretó la dirección de los vientos en los años ochenta, Mitterrand lo hizo un poco más tarde en Francia y Tony Blair ganó tres elecciones consecutivas en Gran Bretaña. El primero que se quitó la costra radical fue Helmut Schmidt en Alemania que convirtió a los socialdemócratas en un partido natural de gobierno por un cierto tiempo, desde las patas de la centralidad y las buenas relaciones con Estados Unidos y los aliados.
Son conocidas sus frases que reflejaban una corriente de cambio de rumbo de los socialistas alemanes. Decía que su país debía tener muy buenas relaciones con Estados Unidos, pero siempre pegado a Francia. Eran otros tiempos, por supuesto, y Alemania tenía muy poca capacidad de maniobra durante la guerra fría, cuando en su territorio acampaban varios centenares de miles de soldados norteamericanos.
Pero un cambio muy de fondo se produjo cuando Schmidt proclamó la conocida sentencia de que “los beneficios de hoy son la inversión de mañana y los empleos de pasado mañana». Las medidas económicas que va prometiendo Zapatero, como Alejandro Magno cuando conquistaba el mundo conocido hace más de veinte siglos, son propias del socialismo radical de los años treinta en los que en el primer artículo de la Constitución republicana se definía que “España es una república de trabajadores de todas clases”.
Ahora que es tan común citar la liquidez de Zygmunt Bauman, que desde la Universidad de Leeds publica un libro tras otro, debería Zapatero hacer una lectura rápida de La ambivalencia de la modernidad, en la que dice que “por regla general, los más grandes liberales llegaron hasta las ideas socialistas a través de la aplicacion implacale de la lógica interna de la libertad en tanto que valor supremo de vida humana”.
Observándole en la campa de Rodiezmo, rodeado de camaradas puño cerrado en alto, me dió la impresión de que el socialismo de Zapatero no es moderno por ser excesivamente partidario. Me pareció ver la encarnación de Michael Foot, aunque con menos peso intelectual que el líder laborista inglés que se estrelló varias veces contra Thatcher.
Muchos socialistas europeos de la postguerra entendieron al final que para repartir el pastel hay que tener primero el pastel. Zapatero va a tener que colgar el cartel de “no hay existencias”. Lástima que el PP se obsesione en la crítica sin aportar soluciones estimulantes.
Felipe González interpretó la dirección de los vientos en los años ochenta, Mitterrand lo hizo un poco más tarde en Francia y Tony Blair ganó tres elecciones consecutivas en Gran Bretaña. El primero que se quitó la costra radical fue Helmut Schmidt en Alemania que convirtió a los socialdemócratas en un partido natural de gobierno por un cierto tiempo, desde las patas de la centralidad y las buenas relaciones con Estados Unidos y los aliados.
Son conocidas sus frases que reflejaban una corriente de cambio de rumbo de los socialistas alemanes. Decía que su país debía tener muy buenas relaciones con Estados Unidos, pero siempre pegado a Francia. Eran otros tiempos, por supuesto, y Alemania tenía muy poca capacidad de maniobra durante la guerra fría, cuando en su territorio acampaban varios centenares de miles de soldados norteamericanos.
Pero un cambio muy de fondo se produjo cuando Schmidt proclamó la conocida sentencia de que “los beneficios de hoy son la inversión de mañana y los empleos de pasado mañana». Las medidas económicas que va prometiendo Zapatero, como Alejandro Magno cuando conquistaba el mundo conocido hace más de veinte siglos, son propias del socialismo radical de los años treinta en los que en el primer artículo de la Constitución republicana se definía que “España es una república de trabajadores de todas clases”.
Ahora que es tan común citar la liquidez de Zygmunt Bauman, que desde la Universidad de Leeds publica un libro tras otro, debería Zapatero hacer una lectura rápida de La ambivalencia de la modernidad, en la que dice que “por regla general, los más grandes liberales llegaron hasta las ideas socialistas a través de la aplicacion implacale de la lógica interna de la libertad en tanto que valor supremo de vida humana”.
Observándole en la campa de Rodiezmo, rodeado de camaradas puño cerrado en alto, me dió la impresión de que el socialismo de Zapatero no es moderno por ser excesivamente partidario. Me pareció ver la encarnación de Michael Foot, aunque con menos peso intelectual que el líder laborista inglés que se estrelló varias veces contra Thatcher.
Muchos socialistas europeos de la postguerra entendieron al final que para repartir el pastel hay que tener primero el pastel. Zapatero va a tener que colgar el cartel de “no hay existencias”. Lástima que el PP se obsesione en la crítica sin aportar soluciones estimulantes.
martes, septiembre 08, 2009
Noticias del fútbol global
Las selecciones nacionales de fútbol acusan el desconcierto de los genios balompédicos al vestir su camiseta patria. La imagen de Messi, probablemente el mejor jugador del mundo, sucumbiendo a la fuerza de Brasil en su Rosario natal, es un reflejo de que el fútbol globalizado perjudica la calidad y competividad de las selecciones nacionales.
Indirectamente, los clubs son más importantes que los equipos nacionales. Hombres del Barça golearon en medio mundo porque salieron los destellos de Piqué, Touré, Henry e Ibrahimovic que contribuyeron a las victorias de sus selecciones respectivas. Argentina posiblemente no habría sido derrotada si Guardiola se hubiera enfrentado a los brasileños sin Maradona por el medio.
En el fútbol africano, los nacionales son minoría. Una estadística reciente indica que casi tres mil africanos juegan en equipos europeos en espera de convertirse en estrellas. La Liga española es un claro indicador. Pero hay más. Varios futbolistas de Namibia juegan en Bulgaria, en Luxemburgo y Polonia encontramos jugadores de Níger, algunos de Sudán en Hungría, en Polonia a otros de Zimbabwe.
El éxito de la selección española es debido, en buena parte, a que casi todos juegan en la misma Liga. Se entienden y se compenetran. Juegan bien. Hay excepciones, naturalmente, pero los intereses de los grandes clubs tropiezan con el de las selecciones nacionales que se construyen con el pasaporte y no pueden acudir al mercado reclutando a los mejores.
Hay más seguidores del Barça, Madrid, Arsenal, Liverpool, Inter de Milán y Manchester United en el ancho mundo que de cualquier selección nacional. Es cuestión de calidad
Indirectamente, los clubs son más importantes que los equipos nacionales. Hombres del Barça golearon en medio mundo porque salieron los destellos de Piqué, Touré, Henry e Ibrahimovic que contribuyeron a las victorias de sus selecciones respectivas. Argentina posiblemente no habría sido derrotada si Guardiola se hubiera enfrentado a los brasileños sin Maradona por el medio.
En el fútbol africano, los nacionales son minoría. Una estadística reciente indica que casi tres mil africanos juegan en equipos europeos en espera de convertirse en estrellas. La Liga española es un claro indicador. Pero hay más. Varios futbolistas de Namibia juegan en Bulgaria, en Luxemburgo y Polonia encontramos jugadores de Níger, algunos de Sudán en Hungría, en Polonia a otros de Zimbabwe.
El éxito de la selección española es debido, en buena parte, a que casi todos juegan en la misma Liga. Se entienden y se compenetran. Juegan bien. Hay excepciones, naturalmente, pero los intereses de los grandes clubs tropiezan con el de las selecciones nacionales que se construyen con el pasaporte y no pueden acudir al mercado reclutando a los mejores.
Hay más seguidores del Barça, Madrid, Arsenal, Liverpool, Inter de Milán y Manchester United en el ancho mundo que de cualquier selección nacional. Es cuestión de calidad
lunes, septiembre 07, 2009
El barómetro de la libertad
El buen periodismo no suele precipitar la caída de gobiernos pero sí que con mucha frecuencia mejora la vida de las gentes, tanto la de los débiles como la de los fuertes, jóvenes y ancianos, ilustrados y menos cultivados.
Sin libertad no hay progreso duradero. Las democracias liberales muestran siempre sus flaquezas, en permanente crisis, como si sus sociedades estuvieran constantemente al borde del abismo. Los medios de comunicación son la pesadilla de los políticos, pero los necesitan tanto que quisieran domesticarlos, por no decir esclavizarlos, porque saben que si la mayoría de la masa crítica de opinión marcha en la misma dirección, su influencia, a la larga, es irresistible para el poder constituido.
Marc Fumaroli, en su libro El Estado cultural, comenta que las democracias que funcionan cuentan también con voces y pensamientos independientes que velan por el estado moral de la sociedad y son los clínicos de la libertad. Estos espectadores comprometidos ejercen un magisterio a la vez ante el Estado, siempre tentado por el maquiavelismo, y ante la sociedad, siempre inclinada hacia la servidumbre voluntaria.
Desde un punto de vista global, la libertad está retrocediendo. En Venezuela, Bolivia, Ecuador y Argentina se persigue a los medios críticos que cuestionan las ventajas de la revolución bolivarista o que no se doblan a las veleidades del poder.
No disponemos de información sobre los incidentes que han ocurrido en China este verano que se han saldado con centenares de muertos. Tampoco sabemos lo que está pasando en Iraq o en Afganistán donde los talibanes están desafiando seriamente el poderío de tropas de más de cuarenta países.
En Estados Unidos se otorgan premios Pulitzer a buenos trabajos periodísticos, pero en Rusia han sido eliminados varios profesionales por contar las atrocidades que se han perpetrado en Chechenia. La libertad de prensa en África y en Oriente Medio, con la posible excepción de Israel, es inexistente.
El peligro que corremos en Occidente es que los medios se conviertan en correa de transmisión de presiones ajenas al bien general. Cuando esto ocurre, se entra en una deriva que perjudica a los intereses de la gente. Se habla de la crisis, lógicamente, pero hay que observar con igual atención el barómetro de la libertad.
Sin libertad no hay progreso duradero. Las democracias liberales muestran siempre sus flaquezas, en permanente crisis, como si sus sociedades estuvieran constantemente al borde del abismo. Los medios de comunicación son la pesadilla de los políticos, pero los necesitan tanto que quisieran domesticarlos, por no decir esclavizarlos, porque saben que si la mayoría de la masa crítica de opinión marcha en la misma dirección, su influencia, a la larga, es irresistible para el poder constituido.
Marc Fumaroli, en su libro El Estado cultural, comenta que las democracias que funcionan cuentan también con voces y pensamientos independientes que velan por el estado moral de la sociedad y son los clínicos de la libertad. Estos espectadores comprometidos ejercen un magisterio a la vez ante el Estado, siempre tentado por el maquiavelismo, y ante la sociedad, siempre inclinada hacia la servidumbre voluntaria.
Desde un punto de vista global, la libertad está retrocediendo. En Venezuela, Bolivia, Ecuador y Argentina se persigue a los medios críticos que cuestionan las ventajas de la revolución bolivarista o que no se doblan a las veleidades del poder.
No disponemos de información sobre los incidentes que han ocurrido en China este verano que se han saldado con centenares de muertos. Tampoco sabemos lo que está pasando en Iraq o en Afganistán donde los talibanes están desafiando seriamente el poderío de tropas de más de cuarenta países.
En Estados Unidos se otorgan premios Pulitzer a buenos trabajos periodísticos, pero en Rusia han sido eliminados varios profesionales por contar las atrocidades que se han perpetrado en Chechenia. La libertad de prensa en África y en Oriente Medio, con la posible excepción de Israel, es inexistente.
El peligro que corremos en Occidente es que los medios se conviertan en correa de transmisión de presiones ajenas al bien general. Cuando esto ocurre, se entra en una deriva que perjudica a los intereses de la gente. Se habla de la crisis, lógicamente, pero hay que observar con igual atención el barómetro de la libertad.
miércoles, septiembre 02, 2009
Zapatero, quizás no sabe más
La peor sospecha que puede caer sobre un gobernante es que se perciba que no domina la situación. Es mucho peor que equivocarse. Al presidente Zapatero le ha tocado bajar por la incómoda pendiente de la crisis económica viniendo de un periodo de vacas gordas en el que teníamos, son palabras suyas, el mejor sistema financiero de Europa, que no había crisis, que acabaríamos el año pasado con crecimiento de empleo, que habíamos pasado ya a Italia y que, cuidado, podríamos alcanzar pronto a Francia.
La realidad, para el infortunio de todos, ha sido otra. Sería posiblemente injusto cargar toda la responsabilidad de cuanto ocurre al presidente del gobierno. Pero él es la máxima autoridad política del país y a él hay que pedir explicaciones sobre las decisiones erráticas que ha venido tomando para frenar el paro y promover una política económica que devuelva la confianza a todos los actores sociales.
Las cifras de paro de agosto han sido negativas aunque la caída es menos acentuada que en meses anteriores. Las dos últimas páginas del semanario The Economist resumen, desde tiempos inmemoriales, los indicadores económicos y financieros de casi todos los países del mundo. El paro en España ha alcanzado el 18,5 por ciento, siete dígitos más que Bélgica con un 11,3 por ciento. En el resto de países de la Unión Europea no se sobrepasa los dos dígitos.
Zapatero ha optado por una política proteccionista en favor de los más débiles evitando así una crisis social. Es una opción. Pero mucho me temo que le ocurra lo mismo que vaticinó Churchill a Chamberlain al pactar con Hitler en Munich en 1938. Fue entonces cuando Churchill reprochó a Chamberlain que "os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra... elegisteis el deshonor, y, además, tendreis la guerra”. Ocurrió tal cual.
Ayer se hicieron públicos los datos de esta política proteccionista que indican que el gasto en prestaciones de desempleo aumentaron un 53.7 por ciento en julio y que la seguridad social perdió 142.444 cotizantes en agosto. Esta política proteccionista no tiene larga vida sino se crea riqueza que no vendrá por una mayor presión fiscal con las rentas del capital. Sus rifirrafes con la patronal que han impedido un pacto anti crisis no van en esta dirección. El Banco de España vaticinaba ayer que el déficit público se acercará al 12 por ciento a finales de este año, el más elevado de la UE.
Lo que inquieta de Zapatero es su capacidad de improvisación, sus cambios de criterio, sus medidas ligeras que parecen más un conjunto de parches que no el resultado de una política pensada para el bien general y no para apagar los incendios sociales que, en cualquier caso, van a prender si el azar no lo remedia. He llegado a una conclusión que puede ser injusta. Zapatero no es que lo haga mal. Es que quizás no sabe más.
La realidad, para el infortunio de todos, ha sido otra. Sería posiblemente injusto cargar toda la responsabilidad de cuanto ocurre al presidente del gobierno. Pero él es la máxima autoridad política del país y a él hay que pedir explicaciones sobre las decisiones erráticas que ha venido tomando para frenar el paro y promover una política económica que devuelva la confianza a todos los actores sociales.
Las cifras de paro de agosto han sido negativas aunque la caída es menos acentuada que en meses anteriores. Las dos últimas páginas del semanario The Economist resumen, desde tiempos inmemoriales, los indicadores económicos y financieros de casi todos los países del mundo. El paro en España ha alcanzado el 18,5 por ciento, siete dígitos más que Bélgica con un 11,3 por ciento. En el resto de países de la Unión Europea no se sobrepasa los dos dígitos.
Zapatero ha optado por una política proteccionista en favor de los más débiles evitando así una crisis social. Es una opción. Pero mucho me temo que le ocurra lo mismo que vaticinó Churchill a Chamberlain al pactar con Hitler en Munich en 1938. Fue entonces cuando Churchill reprochó a Chamberlain que "os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra... elegisteis el deshonor, y, además, tendreis la guerra”. Ocurrió tal cual.
Ayer se hicieron públicos los datos de esta política proteccionista que indican que el gasto en prestaciones de desempleo aumentaron un 53.7 por ciento en julio y que la seguridad social perdió 142.444 cotizantes en agosto. Esta política proteccionista no tiene larga vida sino se crea riqueza que no vendrá por una mayor presión fiscal con las rentas del capital. Sus rifirrafes con la patronal que han impedido un pacto anti crisis no van en esta dirección. El Banco de España vaticinaba ayer que el déficit público se acercará al 12 por ciento a finales de este año, el más elevado de la UE.
Lo que inquieta de Zapatero es su capacidad de improvisación, sus cambios de criterio, sus medidas ligeras que parecen más un conjunto de parches que no el resultado de una política pensada para el bien general y no para apagar los incendios sociales que, en cualquier caso, van a prender si el azar no lo remedia. He llegado a una conclusión que puede ser injusta. Zapatero no es que lo haga mal. Es que quizás no sabe más.
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