lunes, abril 10, 2006

Raspada victoria de Prodi

Los italianos han decidido mostrar su división después del gobierno más largo desde el fin de la guerra mundial. Silvio Berlusconi fue primer ministro durante siete meses en 1994 lo que le convertía en un clásico de la inestable política italiana. Entrar y salir de gobiernos, construir y destruir coaliciones, ha sido el deporte más practicado por los profesionales de la política italiana.
Lo insólito ha sido que un primer ministro cumpliera los cinco años de su mandato sin dimitir.

Es uno de los escasos objetivos alcanzados por el estrafalario primer ministro Berlusconi que es el hombre más rico de Italia y controla directa o indirectamente el 90 por ciento de las televisiones del país. Ha durado. Este es su principal mérito. Y lo ha hecho sin estilo, vulgarmente, gobernando Italia como si fuera una gran empresa en la que el dueño ha trabajado al margen de sindicatos, oposición, incluso sin tener en cuenta las críticas de su propia coalición.Berlusconi es inmensamente rico.

Una de sus fincas, la de Cerdeña, frecuentada por la familia Aznar, tiene una extensión mayor que el Vaticano, un anfiteatro estilo griego y un sin número de habitaciones para huéspedes.En una entrevista concedida a La Stampa este verano, Berlusconi arremetía contra los profetas del desastre, contra la izquierda y contra los comunistas.

Decía que “desde mi villa contemplo un panorama espléndido con más yates que nunca fondeados en la bahía. Todos los italianos hablan desde sus móviles, hay más coches, más televisiones y más turistas”.

La batalla electoral contra Romano Prodi ha sido dura, fea y demagógica. Berlusconi se comparó con Napoleón y con Jesucristo y en su último mitin en Nápoles advertía a los italianos que votar a Prodi era votar por el comunismo citando de pasada a Mao, Stalin, Pol Pot y no sé cuantos sanguinarios más.

Pero el milagro económico que había prometido en las elecciones de 2001 no se ha producido. Italia ha crecido una media del 0,6 por ciento en los últimos cinco años y el 2005 se cerró con un crecimiento cero.

Puede que los italianos toleren a un “showman” como primer ministro, un hombre que empezó cantando en cruceros de lujo y se convirtió en el más acaudalado de Italia consiguiendo en buena parte su imperio gracias a los favores políticos recibidos en los ochenta cuando la coalición del socialista Bettino Craxi le concedió varias licencias de canales de televisión.

Se enfrentó contra los comunistas, contra la prensa a la que acusó de vendida y contra los magistrados que desmontaron el régimen cosido de corrupción llegando a encarcelar a más de tres mil empresarios y otros personajes de las clases dirigentes italianas.

Él mismo ha sido objeto de imputaciones judiciales que ha conseguido trampear introduciendo leyes que le blindaran el día que dejase de presidir el gobierno. Este día puede haber llegado si Prodi, profesor, ex primer ministro y ex presidente de la Comisión Europea. logra desbancarle finalmente.

A pesar de la extravagante personalidad de Berlusconi los resultados han sido raspados. El país ha exhibido una división política que puede devolver a los italianos a la acostumbrada inestabilidad que vió pasar a más de cuarenta gobiernos desde la guerra.

Prodi tendrá que ordenar su coalición y abrir la mano a la derecha que ha covnencido a la mitad aproximada de italianos. Italia vuelve donde solía. Vuelve al pacto, a las alianzas, a los compromisos y al realtivismo político.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que el gobierno Prodi durara poco . Italia volvera al cachondeo politico , Berlusconi es un personaje de pelicula , un mafiosete . Supongo que a estas alturas de la pelicula la italia real ya se organiza al margen de sus politicos ,y el hecho de tener gobiernos de pandereta o breves es para ser molestados lo menos posible .

ALBERT

BartolomeC dijo...

Sr.Foix:Italia ha quedado partida en dos,gobernará ProdiSconi.

Brian dijo...

Lo he leído en La Vanguardia Digital hace un rato:

El senador Franco Danieli, coordinador del voto en el extranjero de La Unión, anunció que la coalición de centroizquierda había conseguido cuatro de los seis escaños en juego en el Senado, además del apoyo de un candidato independiente electo, mientras que el partido de Berlusconi sólo consiguió uno. Así, La Unión logró 158 senadores -159 con el independiente- frente a los 156 para la Casa de las Libertades.


Es decir, mientras que en Italia el empate técnico es casi matemático, los italianos residentes en el extranjero tenían clarísimo que no había que votar al payaso de Berlusconi, en una proporción de 5 a 1. ¿No les parece extraordinario?. Podríamos llamarlo, quizá, síndrome de Estocolmo?. No exactamente; yo creo que la razón de que, contra toda lógica, media Italia siga votando a Berlusconi tiene cierto parecido a la razón por la que los marbellies han votado quince años al GIL (y encontraríamos más ejemplos). El populismo vende, la gente, una buena parte de la gente, por lo menos, acepta ser engañada cuando se le dice aquello que quiere oir aunque vaya contra toda lógica. "Díguem que m'estimes encara que sigui mentida". Todo el mundo sabía que lo de Marbella era un nido de corrupción, y que era económicamente insostenible, menos los marbellies; todo el mundo fuera de Italia, incluídos los italianos residentes en extranjero, sentía vergüenza ajena por la estampa que ofrecía ese país de primera línea en la escena mundial. Todo el mundo fuera de EE.UU. sabe que Bush y su camarilla son unos impresentables. ¿No les parce digno de un estudio sociológico?

Anónimo dijo...

///ENRIC///


Controlar la televisión es el 90%de la política,no hace falta tener ideas,no es necesario más que controlar el tiempo de las noticias y el reloj electoral.

Berlusconi sin televisión acabaría como acabó Gil sin el apoyo de Tele 5.

Veo dificil un gobierno en Italia con esta composición,es lo que dice Bartolomé será el gobierno de ProdiSconi,mitad si y mitad no,un desastre.

Pía Bórquez dijo...
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Pía Bórquez dijo...

Quisiera recomendar la película de Nanni Moretti - Il Caimano y el documental Quando c'era Silvio.
Gracias por su claridad.

BartolomeC dijo...

Sr.Foix:Berlusconi acaba de comparecer para manifestar que el voto por correo es un voto lleno de irregularidades y que no lo acepta,imagino que se refiere a la irregularidad que supone no haberle votado a él claro,tal y como dice Brian habría que estudiar esta peculiaridad.
No sé cuanto durará el gobierno de Prodi,si caerá pronto como explica Albert o si acabará formando un gobierno de concentración como acaba de insinuar o proponerle Berlusconi,por lo pronto Romano Prodi tendrá que tomar posesión(lo cual ya será mucho),Prodi ya ha dicho que una de sus primeras decisiones será retornar las tropas de Iraq,después de la tensión que existe con el tema nuclear de Irán, aquella zona va a ser una verdadera ratonera para las tropas que se encuentren allí.
Por último decirle que secundo la recomendación de Pía.

Anónimo dijo...

-Joan Ribes-


No es mi costumbre escribir,pero si que lo es leer,quiero felicitar a Foix por su estupendo Blog y a los buenos comentaristas que tiene cada día,es un placer.



Barcelona-11-04-2006

Rosa_Maria dijo...

Nadie es profeta en su tierra, así que claro está, los que ven a Italia mal en su perspectiva desde el exterior, son los inmigrantes, que deben sentir mucha vergüenza al ver su país en manos de esta especie de actor millonario. Los de fuera son los que han decidido no votarle y arriesgarse a votar al contrario.
Estoy de acuerdo con Brian, en que el voto a Berlusconi merece todo un estudio, no solamente sociológico, sino psiquiátrico. Hay que estar loco, ser tonto o muy ignorante para no darse cuenta de algunas cosas. Una cosa es el teatro, la otra la política, la otra tener un lío mental de narices a la hora de decantar el voto, y la otra tener claro que no sé sabe que hay que hacer para enterarse de lo que le conviene al país. Desde fuera del problema siempre se ven mejor las cosas. Y desde luego no tengo a los italianos ni por tontos ni por ignorantes. De lo de la locura ya habría que hablar más despacio, pero eso no me parece negativo. Muchas veces, para abrir la mente al sentido común hay que apelar a la locura.
¿Por qué votan los ciudadanos a Berlusconi? Porqué se comporta como un padre protector que les liberará de todos los males, y encima, parece ser que cae simpático. O eso es lo que creo yo, que a fin de cuentas no soy nadie con una potente voz mediática.
¿Por qué la gente cree en las mentiras de sus dirigentes? ¿Por qué no sabe que son mentiras? ¿O por qué no lo quiere saber?

Quedo agradecida
por su atención,
y rendida a sus pies
hasta otra ocasión.

Un beso espiritual.

Anónimo dijo...

La respuesta a Brian es muy sencilla, solo los italianos que estamos fuera de Italia podemos ver la situación italiana de manera más clara de los que están allí.
Simplemente no somos contaminados de los medias que actualmente comen la cabeza a todos.
Solo nosotros como expectadores podemos ver los incidentes diplomáticos, el ridículo, la vergüenza ajena que berlusconi provoca en cualquier acto público.
Ya es tiempo de cambiar de aire, y menos mal que hay unos cuantos "coglioni" in Italia todavia!

Anónimo dijo...

MATEO Madridejos
Periodista e historiador

La caída del régimen político en Italia en 1993, arrastrado por la inestabilidad crónica y la corrupción en forma de sobornos y comisiones, forzaron una reforma insuficiente y alicorta, más cosmética que de fondo, pronto desbordada por el populismo de Silvio Berlusconi, el magnate de los medios de comunicación cuyos intereses están en perpetua colisión con los del Estado. Trece años después de la limpieza de los establos por los jueces de Manos limpias, tras cinco años de Gobierno de Il Cavaliere, la precaria victoria de La Unión, la coalición de centroizquierda dirigida por Romano Prodi, no aclara un panorama moral y políticamente sombrío.
Como todos los populistas, Berlusconi pretendió construir una democracia plebiscitaria asentada en la manipulación, los favores fiscales para las clases medias, la hipnosis de los sectores menos ilustrados mediante la conversión de la política en un espectáculo, que suscita más emociones que debate, y la degradación del periodismo hasta devenir un arma estrictamente sectaria. La última campaña electoral, la más sucia y violenta de la historia, que fracturó literalmente al país, convirtió al jefe del Gobierno en un histrión airado, pero ya los males que afligen a las democracias europeas en crisis habían adquirido una dimensión asfixiante y precipitaron una azarosa polarización.
En contra de las previsiones, la estabilidad política del último quinquenio no garantizó el progreso económico, quizá porque la liberalización sólo podía ser un espejismo mientras el jefe del Gobierno blindaba sus negocios y triplicaba su fortuna. La situación se deterioró hasta la recesión y la parálisis. Los que cerraron los ojos y se taparon la nariz ante la corrupción y la inmoralidad, en la ilusión de que Berlusconi, al frente de un partido-empresa, conseguiría óptimos resultados, sufrieron una tremenda decepción. A la larga, el conflicto de intereses no sólo produjo repugnancia ética y enojosos problemas judiciales, sino que desencadenó un desastre económico.
Italia es el país más endeudado de Europa, su crecimiento está estancado, la economía clandestina sigue donde solía, las mafias mantienen su poder, la pobreza galopa de nuevo y la inversión en tecnología está por debajo de la española. Acorralado incluso por la inflación, Berlusconi no vaciló en culpar demagógicamente al euro, cuyo sometimiento a la disciplina comunitaria impide el perverso y reiterado recurso de devaluar la divisa para ganar competitividad y reducir indirectamente los salarios. Los problemas estructurales persisten, cuando no enconados por la atonía y la inmigración. Pese a la pretensión del jefe del Gobierno de presentarse como un reformista liberal, lo cierto es que durante su mandato el déficit del Estado aumentó en el 30%.

LOS SUEÑOS de un nuevo sistema político más decente y previsible se han esfumado. Los observadores italianos coinciden en subrayar la apatía cuando no el pesimismo de los ciudadanos. Lo que se vislumbra tras las dos heteróclitas coaliciones enfrentadas semeja demasiado al anfiteatro semiderruido de los partidos de siempre, dislocados pero no enterrados por el vendaval de las Manos limpias y la maquinaria infernal y mediática de Sua Emittenza. Los respectivos programas electorales estaban viciados por el oportunismo y los imperativos de la convergencia en el mínimo común denominador, poco creíbles como panacea para la decaída economía. Por lo tanto, parece haber llegado la hora de los pequeños partidos surgidos a derecha e izquierda de los restos del naufragio de la democracia cristiana, siempre aureolada por la eternidad.
Una de las últimas leyes que aprobó Berlusconi en el 2005 introdujo el enrevesado sistema electoral de "doble proporcionalidad", que reemplazó al mayoritario de 1993. La exorbitante prima otorgada al vencedor explica que La Unión alcance la mayoría absoluta de 340 escaños, pese a que su ventaja es sólo de 25.000 votos, de manera que la ley se ha vuelto contra su progenitor y ha sellado su derrota. La nueva situación parlamentaria, en especial en el Senado, será una incitación para las más extravagantes combinaciones y probablemente sembrará de obstáculos, como en el antiguo régimen, la espinosa vía de las reformas que Prodi prometió.

LA COALICIÓN de centroizquierda, cohesionada por un tecnócrata aburrido y centrista genuino como Prodi, apóstol frustrado de la armonía, agrupa en su seno a los comunistas de la hoz y el martillo, los comunistas devenidos socialdemócratas, los democristianos de toda la vida, los ecologistas y los pensionistas. Una alianza similar, con Prodi como jefe del Gobierno, se desintegró en 1998 tras dos años de ardua coexistencia. El carácter polifónico de La Unión concitó la diatriba durante la campaña electoral, pero los adversarios de Berlusconi replicaron que la Casa de las Libertades, que incluye a democristianos y socialistas, junto a posfascistas de Alianza Nacional y xenófobos de la Liga Norte, jamás tuvo un discurso unitario.
Los resultados reflejan una dramática división y permiten augurar el retorno de la inestabilidad, la resurrección de la partidocracia y el probable arbitrio de las urnas. Un país spaccato (desgarrado, roto), según sentencia el Corriere della Sera milanés, con un desgarro profundo surgido de la confrontación buscada por el Il Cavaliere, de su estrategia de guerra fría, de su falta de escrúpulos. Una herencia abominable del populismo si la discordia se adueña del Parlamento. Y si Berlusconi hiciera mutis, ¿cuál es el programa? ¿Acaso la frágil coalición de Prodi podrá restañar tan profunda herida nacional? Sólo una gran coalición a la alemana con un programa de emergencia mitigaría el lúgubre pronóstico.