miércoles, abril 12, 2006

La Italia post ideológica

Las elecciones italianas han demostrado lo fácil que es franquear el muro de las ideas, de la confrontación entre izquierda y derecha, incluso de los intereses contrapuestos de los ciudadanos, para dar paso a una confrontación entre los políticos y los medios de comunicación.

La confusión de la noche electoral italiana la seguí en directo el lunes en el debate que Bruno Vespa intentó dirigir en la Raiuno, a medida que Prodi adelantaba a Berlusconi o al revés. Abandoné de madrugada porque los resultados no se oficializaban y porque la tertulia de los analistas de prestigio se convirtió en un gallinero alborotado.

Italia está partida, es ingobernable, vamos hacia el abismo, se gritaban unos a otros ante la incapacidad de Vespa de racionalizar la discusión. A mí lo que me parecía es que un país que no puede ofrecer los resultados escrutados hasta pasadas veinticuatro horas no está en la órbita moderna. Ya sé que en Florida pasó algo peor entre Bush y Al Gore en el 2000.

Italia no está más dividida que Alemania, España, Francia o Estados Unidos donde los votantes parten políticamente el país en dos grandes fracciones. Que Berlusconi consiga casi la mitad de los votos en Italia habría sido incomprensible tanto para los comunistas gramscianos como para los democrata cristianos de De Gasperi. Aquellas etiquetas de izquierda y derecha ya no cuentan en el mundo postideológico de Berlusconi.

Los dictados de las audiencias, del mercado, de los beneficios, del éxito médiático en definitiva, inclinan la voluntad de millones de electores que aceptan como tesis irrefutables lo que cualquier frívolo les puede ofrecer por la televisión, la radio o a través del mundo sin límites de la red en la que todo circula en todas direcciones, a todas horas, en tiempo real y sin que el espacio tenga importancia.

Las batallas son sobre el estilo, la personalidad y la retórica de los candidatos. Cada opinión o punto de vista pasa por el cedazo del nuevo periodismo que ya no es monopolio de los periodistas o de sus empresas sino que está al alcance de todo el mundo intercomunicado. En Italia ha ocurrido lo de siempre.

Pero con más espectacularidad, con menos sustancia, con la superficialidad propia del político moderno que consiste en trasladar a la audiencia y a sus electores sus problemas y sus ideas, a veces su falta de ideas, que son compradas por millones de electores que no han tenido tiempo para pensar. El problema es que los políticos, a veces, tampoco han pensado.

12 comentarios:

BartolomeC dijo...

Sr.Foix:indiscutiblemente faltan ideas,pero lo insufrible es que tampoco interesa que haya otra idea más que la idea de temporalidad caduca de la misma idea,la política electoral es un bien más de consumo,de consumo rapido,de usar y tirar,nadie se preocupa de las ideas que han ido a la basura,que han sido creadas para ir a la basura, después de usarlas como excusa electoral previa a usarnos como basurero final.
En Italia se ha visto todo con más claridad de lo acostumbrado,más descarnado por el descaro,cada vez se van a ver todos los procesos electorales con más claridad,el truco de la prestidigitación política ya no se sostiene,no queremos más conejos(por muy bonitos que sean),saliendo del sombrero de donde tienen que salir ideas,en las fechas anteriores y posteriores a cualquier elección vamos a ver cosas que nos harán enmudecer,ya las estamos viendo actualmente,lo que no veremos y Vd lo ha dicho hoy,son ideas.

Anónimo dijo...

En españa los grupos mediaticos estan muy marcados , tv3 en su libro de estilo evita decir españa . El marketing es importante en la politica . En el caso italiano vemos un personaje extraño con capacidad ganar una elecciones , esta es la epoca de la post ilusion politica , ya nadie se cree un programa politico . El ultimo libro de Eduardo Mendoza , explica esto en cierto modo . Italia se adelanta a el resto de Europa , en cataluña con la decepcion del tripartito vamos hacia una politica de feria .

ALBERT

joaquim dijo...

Por contra, pienso que lo que ha sucedido en Italia es precisamente la batalla más ideológica de las acaecidas en Europa en muchos años: en estas elecciones se ha substanciado el choque entre democracia y autoritarismo.

Cúal era cada uno de los bandos, creo que está muy claro. Bajo Berlusconi se ha reunido el viejo y el nuevo fascismo italiano: el autoritarismo hard y el light, los camisas negras tradicionales y los beneficiarios del berlusco-capitalismo, corruptos y tramposos.

Con Prodi ha estado no sólo la izquierda y los reformistas, sino también la derecha democrática. En cierto modo, volvemos a la dinámica de frentes de la época de entreguerras: de un lado la defensa de la democracia, del otro su negación...

Anónimo dijo...

///ENRIC///



El problema es saber si ese grupo tan heterogeneo de partidos reunidos alrededor de Prodi podrá realizar una acción de gobierno efectiva,una cosa es ir todos contra Berlusconi y otra gobernar Italia,una vez logrado el poder viene conseguir los intereses de partido,Berlusconi con el cincuenta por ciento de los votos sólo tendrá que esperar a que surjan las divergencias entre todos ellos.
La idea que les ha unido es echar a Berlusconi,pero con esa idea no se gobierna ni se emprenden soluciones,es una idea que como he leido antes sirve sólo para el momento.

Anónimo dijo...

Josep Vilá.-


Berlusconi no quiere reconocer a Prodi como ganador.

Berlusconi tiene una idea solamente,perpetuarse en el poder.

Esto tiene muy mala solución.¿...?

Aliarse partidos y personas de distinta ideología para gobernar tampoco es la solución,no se unen por sus ideas se unen por sus intereses de poder,seguimos sin ideas.

Hay que buscar gente que piense.

La gente que piensa rehuye la política.

La política rehuye la gente que piensa.

Son lineas paralelas.======

Un saludo a todos.

Anónimo dijo...

Para Berlusconi la mitad de los italianos son una panda de "Coglioni",mientras tanto aquí y hasta que no se nos explique el famoso tres por ciento todos sentimos que nos tratan como a "Coglioni".

Brian dijo...

Esta tendencia de los electorados, que parece quasi universal, a dividirse en dos mitades prácticamente iguales me tiene intrigado. ¿Cómo explicar esta tendencia al equilibrio, incluso en sistemas tan distintos como el americano, el alemán o el italiano?. ¿Hay tanta gente de derechas como de izquierdas, o bien es la línea divisoria, movida por una mano invisible, la que se mueve en busca del centro matemático?. ¿Quizá hay que buscar la explicación en las teorías sobre la complejidad y el caos de Prigogine, Goodwin o Kauffmann?. Ni idea.

Dicen esas teorías que los sistemas dinámicos alcanzan un equilibrio inestable cerca de la transición entre el orden y el caos. La misteriosa sincronización de movimientos de los cardúmenes de peces o los electores divididos en dos mitades iguales podría representar ese equilibrio, en tanto que la transición brusca al caos -el efecto mariposa- produciría convulsiones como los recientes disturbios vividos en Francia.

BartolomeC dijo...

Sr.Foix:Creo que Brian y mis compañeros están subiendo el listón de su Blog,los últimos planteamientos en referencia a los temas que Vd propone tienen enjundia y merecen más de una reflexión.
Entiendo Sr.Foix que el poder siempre se puede comerciar por dinero o por otros bienes y puede tener más o menos del mismo,por lo tanto el poder comparte los principales atributos de otros bienes y servicios económicos, por lo cual debe tener una consideración y análisis similar.
En sistemas tan distintos como existen y han existido en el nor-oeste de Europa, los métodos, reglas e instrumentos de políticas e intercambios han sido diseñados principalmente por poderosos grupos corporativos que poseían y poseen intereses en común.
El dinero y la banca,las leyes comerciales, las reglas del mercado, empresas corporativas, burocracias gubernamentales y en última instancia la democracia parlamentaria se crearon de esta manera. Además, en Japón y en el nor-oeste de Europa, así como en los paises descendientes culturales de estos últimos, aquellas instituciones de desarrollo económico se mantienen en donde están, debido singularmente a un equilibrio del poder entre los grupos de interés, quienes han creado una sociedad entrelazada,multiplemente entrelazada,tremendamente compleja y dependiente.
Las instituciones encajan unas dentro de las otras como piezas de un rompecabezas, y ninguna puede ser desplazada sin que la sociedad entera se deshaga,sin que la sociedad entera se resienta.
Los grupos con una preponderancia manifiesta de poder tienen intereses creados en muchas de estas instituciones, por lo que este mismo entramado previene que se desenmarañe.
El equilibrio de fuerzas acaba siendo reflejado en la composición electoral,biparditista en último término,como un espejo fidedigno de cuanto existe en ese entramado que acaba transcendiendo socialmente,cuando no impuesto mediaticamente.
En un mundo globalizado y tecno- dependiente el sistema acaba siendo asumido como el mejor garante de la prevención de los vaivenes extremistas que tantos perjuicios han ocasionado historicamente,pero que sin ellos,sin sus ideas, no habriamos llegado a ser lo que somos.
Es lo que propuganaba Vd ayer,las ideas en color han sido desplazadas por la idea en blanco y negro,por el pragmatismo conceptual,simple y duro,que acaban estableciendo,por interes, el bipartidismo global del que habla Brian hoy.

Anónimo dijo...

Política, s. Conflicto de intereses disfrazados de lucha de principios. Manejo de los intereses públicos en provecho privado


Ejecutivo, s. Rama del gobierno que hace cumplir los deseos del legislativo hasta que el poder judicial los declara nulos y sin efecto. Damos a continuación un extracto de un viejo libro titulado "El Selenita Perplejo" (Pfeiffer & Co., Boston, 1803): Selenita.--Entonces, cuando vuestro Congreso ha aprobado una ley, ¿va inmediatamente a la Suprema Corte para que dictamine si es constitucional? Terráqueo.--¡Oh no! la ley no necesita la aprobación de la Suprema Corte. A veces pasan años antes de que un abogado la objete en nombre de su cliente. Si el presidente la aprueba, entra en vigor en el acto.

Selenita-- Ah, el poder ejecutivo es parte del legislativo. ¿Y la policía también debe aprobar los edictos que hace cumplir? Terráqueo.-- Todavía no... En términos generales, sin embargo, todas las leyes exigen la aprobación de aquellos a quienes se proponen reprimir.

Selenita.-- Ya veo. La sentencia de muerte no es válida hasta que no la firma el asesino.

Terráqueo.-- Amigo mío, usted exagera. No somos tan coherentes.

Selenita-- Pero este sistema de mantener una costosa maquinaria judicial que sólo se pronuncia sobre la validez de las leyes mucho después de que han empezado a ejecutarse, y sólo en el caso de que un ciudadano particular las someta a la Corte, ¿no provoca una gran confusión? Terráqueo-- Así es, en efecto.

Selenita-- ¿Por qué entonces no hacer convalidar las Ieyes por la Suprema Corte, antes que por el presidente? Terráqueo-- Porque ese sistema no tiene precedente.

Selenita-- ¿Qué es un precedente? Terráqueo-- Algo que ha sido definido por trescientos juristas a razón de tres volúmenes cada uno. ¿Cómo podríamos saberlo? Elector, s. El que goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros.


Economía, s. Compra del barril de whisky que no se necesita por el precio de la vaca que no se tiene.

UN POCO DE BIRECE , SOBRE LA ACTUALIDAD.

ALBERT

Anónimo dijo...

FERRAN Gallego
Profesor de Historia Contemporánea de la Universitat Autònoma de Barcelona

Con su agilidad de análisis habitual, Ezio Mauro acertaba al empezar su interpretación de los resultados electorales de Italia en el diario La Repubblica con esa pregunta que nos hacemos, aturdidos, para poner calma después de un accidente: "A ver, ¿qué ha pasado?" Los observadores se arrojan sobre la inexactitud de las encuestas para recordarnos que nos andemos con cuidado al considerar lo que la gente proclama acerca de su voto secreto, incluso cuando acaba de ejercerlo. Una especie de superioridad moral ha entumecido la atmósfera y ha segado la capacidad de análisis. Una mezcla de orgullo y prejuicio que ya ha dado disgustos y nos los va a dar, más cerca y más frecuentemente, si seguimos ignorando, precisamente, "lo que ha pasado". Una actitud de incomprensible superioridad cívica que ha considerado obvio que votar a Silvio Berlusconi era optar por el oprobio, la obscenidad, la escasez moral y la conciencia mellada. Y que se ha quedado enmudecida cuando ha contemplado la afluencia a las urnas de quienes, sin manifestarlo, cómplices pasivos de un escenario de simulación, han votado a La Casa de las Libertades.
Hace más de 10 años, nos tomamos con resignación el surgimiento de un movimiento político que saltaba a la yugular de la Primera República con el pintoresco reclamo de un alirón futbolístico. Cuando, en 1996, Forza Italia perdía el Gobierno, creímos volver a algo parecido a la normalidad, un puente institucional sobre las aguas turbulentas de aquel régimen compartido por los democristianos post-Aldo Moro y los peculiares socialistas de Bettino Craxi. Incluso quisimos ver, en el regreso de Berlusconi en el 2001, el resultado de la insoportable levedad del ser de las izquierdas, agrupadas en esa lucha final entre comunistas y excomunistas que nos vaticinaba Manolo Vázquez Montalbán como futuro político de nuestra vejez sentimental. Era un voto de cansancio, una tarjeta amarilla que nos habíamos ganado frente a un adversario muy inferior en dispositivos tácticos y en musculatura ideológica. No quisimos aceptar que la desconfianza entre amplios sectores populares de Italia y el centroizquierda no era un gesto, sino un hecho. No era una anomalía, sino una cultura en ciernes. Que, más allá de los enfrentamientos internos, existía una fractura de largo aliento entre buena parte de los italianos y todo aquello que representaba lo victorioso en 1996 y derrotado en las elecciones del año 2001.

PORQUE TAL VEZ sea esto lo que verdaderamente ha ocurrido. La formación de una derecha populista cuyas vacilaciones iniciales han ido agotándose, para ir sedimentando un proceso constituyente en el que se expresa una base social con enlaces representativos consolidados. Un sector amplio de la sociedad que ha optado por una firmeza ideológica populista y conservadora, dignificada con el apelativo de liberal. Una derecha que ha encontrado su referencia orgánica en amplias capas sociales dispuestas a aceptar incluso una gestión económica poco afortunada. Nueve millones de italianos han votado por Berlusconi directamente, además de los nueve millones más que han votado a las otras fuerzas de la coalición encabezada por un dirigente de cuya imagen ha prendido siempre una temprana y tranquilizadora fecha de caducidad, y ahora parece cerrar por la derecha la provisionalidad permanente que siguió a la crisis de la Primera República.
El voto de la protesta ha sido el del centroizquierda, un voto dotado de esa asunción de energía moral que creíamos compartida por una parte tan inmensa de la ciudadanía. Pero, lograda la expulsión de Berlusconi mediante la exhaustiva alianza de 11 partidos representados en el Parlamento, desde los democristianos clásicos a los comunistas radicales de Fausto Bertinotti, podemos preguntarnos sobre algo que tiene que ver menos con la duración de la nueva mayoría, con la famosa gobernabilidad, que con la calidad de la democracia tras el 10 de abril. La emergencia de la "indignada sociedad civil", el levantamiento del "buen pueblo" contra la partitocracia ha pasado a convertirse, paradójicamente, en el banderín de enganche de un proyecto político, es decir, de partido. Es ya una oferta cultural que habla muy claro sobre su voluntad de cambiar los consensos sociales del siglo XX y establecer nuevos ámbitos de convivencia, convirtiendo esta sociedad que diezma derechos y destituye tutelas en una forma de vida. Y obtiene una base de apoyo desconcertante a los ojos de una izquierda que ha oxidado su sistema inmunitario creyendo que nunca se la retaría en el campo del honor de los valores ideológicos.

ESTE PROCESO constituyente de la derecha sólo encuentra a una izquierda en cautiverio institucional y en desarme de ideas. Una izquierda cuyo mayor esfuerzo ha sido limitar su identidad, por creer que le bastaba el desprestigio de sus adversarios. No ha sido, empero, más que una forma de demostrar que el centroizquierda sólo disponía, cinco años después de ser gobernados los italianos por la derecha, de una actitud plebiscitaria, de un voto de protesta que agrupara a quienes se diferenciaban en casi todo menos en echar a Berlusconi. Ahora, deberán tomar nota y hacer lo más difícil. Empuñando el fondo ideológico de esa nueva movilización, iniciar un proceso constituyente de la izquierda, que exprese una base social orgánica, trenzada culturalmente como una opción positiva. Frente a una derecha que la tiene y nos lo acaba de demostrar.

MiguelNR dijo...

Italia no es ingobernable.

Por cierto, la izquierda no ha vivido del descredito de la derecha, y tampoco es cierto que no halla ideología.

La democracia, y el Estado de Derecho, son figuras de naturaleza ideológica: hay gente que no cree en ellos, por ejemplo el señor Berlusconni.

Lo que no se puede hacer, porque no tiene ni pies ni cabeza, es un análisis sobre Italia usando los parámetros españoles: nos parecemos como el agua y el aceite.

En Italia no hay un gran partido de izquierdas, como el PSOE, que oriente toda la lucha política sobre un programa concreto.

En Italia la izquierda es una coalición de católicos, liberales y neo-comunistas, que tienen en común la lucha por la dignidad de los ciudadanos, un giro europeísta en la política internacional y una mayor apertura de Italia al mundo.

Seguramente el debate ideológico en Italia es mucho más intenso que en España, precisamente por esto, porque se hace dificil mantener los equilibrios necesarios para combatir a la derecha.

La izquierda ha ganado, y tiene que gobernar, y lo de Berlusconni es una absoluta vergüenza, es la mayor vergüenza que tiene Europa ahora.

Lo que destruye la democracia, hace perder su credibilidad, y la de las instituciones que la sostienen, es la actitud del señor Berlusconni.

Es completamente INADMISIBLE que hoy en día, en pleno siglo 21, que cuestione así, en medio de la Unión Europea, una victoria electoral, absolutamente INADMISIBLE, y todo aquel que se digne en autodefinirse como demócrata debería darse cuenta de ello.

¿Como se puede ser demócrata y no aceptar los resultados de la aplicación de este sistema?.

Anónimo dijo...

MIGUEL :

Inadmisible, adj. Que no merece ser considerado. Dícese de ciertos testimonios que los jurados son incapaces de apreciar, y que en consecuencia los jueces rechazan, aun en procedimientos de los que son los únicos árbitros. La evidencia de oídas es inadmisible, porque la persona a quien se cita no ha prestado juramento y no puede ser interrogada por el tribunal; no obstante, la evidencia de oídas sirve diariamente de fundamento a las más importantes acciones, militares, políticas, comerciales y de cualquier otra clase. No existe en el mundo una religión que no se funde en la evidencia de oídas. La revelación es evidencia de oídas; que las Escrituras sean la palabra de Dios, es cosa que sabemos solamente por el testimonio de hombres muertos hace mucho tiempo, cuya identidad no está claramente establecida y que no prestaron ningún tipo de juramento. Según las reglas de la evidencia judicial ninguna de las afirmaciones de la Biblia sería admisible ante un tribunal. Tampoco podría probarse que la batalla de Blenheim se libró, que existió Julio César, que hubo un imperio asirio. En cambio, y puesto que los archivos judiciales constituyen evidencia admisible, puede probarse fácilmente que han existido poderosos y perversos magos que fueron un azote para la humanidad. La evidencia (confesiones inclusive) que sirvió para condenar y ejecutar por hechiceras a ciertas mujeres, no tenía fallas; aun hoy es inatacable. Las decisiones judiciales fundadas en ella eran justas dentro de la lógica y la ley. Nada está mejor probado ante un tribunal que los cargos de brujería que llevaron a tantos a su muerte. Si las brujas no existieran, el testimonio humano y la razón humana carecerían igualmente de valor

bierce


ALBERT