martes, junio 09, 2009

Europa no es un eslabón electoral

Se debatió escasamente sobre Europa en la campaña electoral y ahora se utilizan los resultados europeos para seguir haciendo política interior. Rajoy pide una moción de confianza y Zapatero le reta a que ponga una de censura. En la vida en general y en política en particular hay que proceder con los indispensables requisitos de tiempo y forma.

Decía Harold Macmillan que el timing es la esencia de la política. Una gran idea ejecutada fuera de tiempo suele ser un fracaso porque le falta la madurez imprescindible para estar a punto.Es lógico que se extraigan consecuencias nacionales de las elecciones europeas del domingo. Pero eran elecciones europeas que castigaron a las izquierdas y favorecieron a la derecha y a la derecha extrema.

No se sabe si Gordon Brown resistirá la bofetada que le dieron las urnas hasta situar el laborismo como tercera fuerza política en los comicios europeos. Pero el problema británico, en un país euroescéptico por definición, no vendrá por los tristes resultados del domingo sino por el desgaste del gobierno, la crisis económica y las corruptelas de los diputados gastando sus asignaciones en frivolidades y fruslerías que han escandalizado a la opinión pública.

Europa ha interesado como un eslabón electoral más de la política nacional en los estados. Ya no se habla del auge de partidos xenófobos ni de la pobre participación en las urnas. Una de las causas de la abstención del domingo es la incapacidad de saber capitalizar tantos logros conseguidos por los fondos de cohesión, la ampliación de las fronteras para neutralizar las posibilidades de guerra en el continente, la integración de los millones de inmigrantes que han llegado en los últimos años, de la Europa social, de la política exterior, del papel de Europa en el mundo.

Los discursos antieuropeístas se construyen sobre los errores y precariedades, que las hay y las habrá, consiguiendo trasladar a la opinión pública que Europa sirve de poco, que está lejos, que perjudica a los ciudadanos de los estados.

Como si este gigantesco espacio de convivencia, de libre circulación de bienes, personas y capitales, de una moneda que se usa con normalidad en toda la zona euro, del encanto de sentirse en casa en las orillas del Mar Báltico, en Escocia, en el Algarve o en el largo curso del Danubio, tan bellamente descrito por Claudio Magris, no fueran los grandes logros que se han conseguido en un continente castigado constantemente por las guerras.

Los europeos hemos vivido en la diversidad y pasamos nuestra existencia en compañía de la diferencia. Hemos tenido que aprenderlo porque la alternativa es el conflicto económico, cultural o político entre pueblos, naciones y estados continentales. ¿Tan difícil es construir un discurso que resalte los logros europeos?

lunes, junio 08, 2009

Una Europa convulsa sigue viva

Si la interpretación homonegénea de unas elecciones europeas fuera posible, los resultados conocidos el domingo indican que los votantes europeos han castigado a los partidos de izquierda, de forma clara en España, Alemania, Francia, Italia y Gran Bretaña.

Europa es tanto o más conservadora que antes de las elecciones. Si los causantes de la crisis no podían resolverla, según los carteles rojos con caras cadavéricas que todavía cuelgan en muchas calles barcelonesas, resulta que sí que han recibido mandato para superar la gravedad de la situación.

La corrupción y los escándalos políticos no han pasado factura a los populares en Valencia y en Madrid. Tampoco la manifiesta frivolidad de Berlusconi le ha dado un susto en Italia. Es extraño que las grandes o pequeñas corruptelas sean avaladas en las urnas dando a entender que los votos lo pueden lavar todo.

Pero no es así en Gran Bretaña donde Gordon Brown ha quedado en tercer lugar y tendrá que defenderse de sus propios compañeros laboristas que le quieren echar como primer ministro. El escándalo de los gastos de los diputados le ha costado muy caro a la izquierda británica. Prefiero el modelo anglosajón de accountability, el dar cuentas, que las mangas tan anchas que se visten con tanta alegría y menosprecio a los votantes en las las democracias meridionales.

La abstención es muy preocupante para el proyecto europeo en su conjunto. Pero no es tan catastrófica como algunos euroescépticos nos amenazaban. No es tan grave si tenemos en cuenta que varios países recién incorporados a la Unión Europea no se acaban de creer del todo su pertenencia a las instituciones europeas. La participación en Estados Unidos no suele pasar mucho del cincuenta por ciento. Europa sigue viva a pesar de todo.

Lo que más me inquieta es que Catalunya haya huído de las urnas, nueve puntos por debajo de la media española, sin que exista una explicación coherente. Pero, ¿no éramos los más europeístas de todos?

Los partidos invitan a una reflexión pero pienso que hace falta algo más. Es contradictorio que tanto invocar a Europa se traduzca en una participación del 37 por ciento en las elecciones europeas.

Otra inquietud es la aparición de grupos de extrema derecha en Holanda, Gran Bretaña y otros países. Es la consecuencia de la crisis, pero ahí están.

miércoles, junio 03, 2009

Obama entra en Oriente Medio

El presidente Obama ha llegado a Arabia Saudí con el propósito de dar un giro a las relaciones entre Estados Unidos y los países de la región. Son muchos los mensajes que el nuevo presidente ha enviado al mundo islámico desde que llegó a la Casa Blanca.

La primera entrevista televisiva como presidente la concedió a la cadena Al-Arabiya, con sede en Dubai, lanzando un mensaje de conciliación a árabes y musulmanes. Visitó Turquía y entró en la Mezquita Azul de Estambul acomapañado del primer mjnistro Erdogan y sumándose implícitamente a la Alianza de Civilizaciones promovida por Turquía y por el presidente Zapatero.

Obama toma estas iniciativas por razones estratégicas y personales. No hay que olvidar que juró el cargo de presidente como Barack Hussein Obama y que buena parte de su infancia transcurrió entre Indonesia y Hawai.

Prácticamente todos los últimos presidentes norteamericanos han conocido una fuerte crisis internacional en los primeros meses de su mandato. Obama pretende evitarla aunque hay razones objetivas para pensar que su noble intento de encontrar la paz en Oriente Medio tropezará con dificultades de todo tipo. Las de siempre.

Los aliados norteamericanos en la zona, desde Pakistán a Arabia Saudí pasando por Israel, Egipto y Jordania, son tan diversos como contradictorios. Unos doscientos mil soldados americanos se encuentran desplegados en Iraq y Afganistán para reparar los daños causados en esos países y, por encima de todo, para neutralizar los nuevos brotes de terrorismo que se incubaron en la región y que perpetraron el ataque más horrible en territorio americano.

La presidencia de Bush dejó un regusto general de animadversión a Estados Unidos que la presidencia Obama ha suavizado pero que todavía existen. La nueva diplomacia de Washington ha advertido a Israel que la solución con los palestinos debe pasar por la creación y reconocimiento de dos estados, con fronteras seguras y reconocidas internacionalmente.

El gobierno israelí de Netanyahu no está dispuesto ni siquiera a detener la construcción de nuevos asentamientos en los territorios ocupados y mucho menos retirarse de los que ya existen.

No es fácil que Obama consiga encauzar la complejidad política, social y económica de Oriente Medio. Después de visitar al rey saudí, cuya familia tenía unas relaciones especiales y amicales con la de los Bush, Obama se dirigirá a El Cairo donde va a pronunciar una conferencia muy esperada en su vieja Universidad en la que, una vez más, la diplomacia americana lanzará una nueva hoja de ruta para Oriente Medio.

Obama se mueve como pez en el agua en el terreno de los conceptos y los discursos. Ha llegado la hora de trazar políticas concretas. Tendrá muchos problemas pero lo va a intentar.

lunes, junio 01, 2009

El peligro de los egoismos nacionales

La declaración de bancarrota de General Motors, uno de los iconos más emblemáticos del capitalismo americano, ha sumido en una resignada tristeza a los habitantes de Detroit. El presidente Obama ha aceptado inyectar más dinero público para tutelar la restructuración de la gran fábrica de Chevrolet y Cadillac.

Es un golpe más que simbólico al sistema que tendrá que corregirse y reinvertarse. La crisis americana pondrá a prueba las ilusiones que generó la victoria demócrata en las elecciones de noviembre pasado. Las consecuencias de la pandemia política y económica recorren el mundo sin que nadie sepa qué hay que hacer ni hacia dónde hay que dirigirse.

En Europa estamos en una campaña electoral que afecta a 27 estados que formamos parte de la Unión. Los debates no son en clave europea sino nacional. El primer ministro Gordon Brown quiere proponer un código de conductas al conocerse los abusos y corruptelas de numeros diputados británicos.

Es interesante que aparezca el concepto de conductas y se alejen las prédicas de valores a las que todos recurrimos para la necesaria regeneración de la vida pública.Se habla demasiado de valores y poco de conductas. La derecha italiana puede hablar de valores mientras Silvio Berlusconi fleta aviones del ejército para transportar huéspedes a su mansión de la isla de Cerdeña. El discurso sobre valores de Sarkozy fue un factor decisivo para llegar al Elíseo.

Le hemos visto luego en una hiperactividad sin saber hacia donde va. Sí que lo sabemos. Van todos a ganar elecciones sin preocuparse de las promesas hechas, de los parados, de tantos ciudadanos que sufren la dureza de la crisis. La campaña de las europeas en nuestro país es un rifirrafe continuo entre los candidatos hasta el punto que muchos nos sentimos tratados como imbéciles.

Sólo hay que echar un vistazo a los carteles que cuelgan en las calles. Esas fotos negras con fondo rojo me irritan especialmente. No sé que tienen que ver con esa Europa que es el instrumento político más idóneo para garantizar la paz entre los pueblos, promover el progreso y garantizar los derechos de todos.

Los egoismos nacionales no pueden echar por la borda la historia de un éxito sin precedentes en un continente en el que los estadistas de los años cincuenta y sesenta se propusieron construir un mundo sin guerras.