El vuelco electoral en Japón se ha producido entre otras razones por el desgaste de una legislatura que ha conocido a tres primeros ministros, por la dimisión del ministro de Finanzas que se presentó ebrio en una rueda de prensa del G-7 en Roma en febrero de este año, por la crisis económica que ha situado el paro en un 5.7 por ciento, el más elevado desde la guerra, y por el decrecimiento del PIB que alcanzará este año un 6 por ciento negativo.
También por 55 años de gobiernos del Partido Liberal Democrático, con una sola interrupción de once meses en 1993.
Japón está en una seria recesión y los electores han echado al gobierno rompiendo la tradición de encargar la gobernancia del país a las elites que han gobernado más de medio siglo consiguiendo, todo sea dicho, un crecimiento espectacular hasta situarse en la segunda economía mundial que muy pronto será alcanzada por China.
No sé si el giro socialdemócrata del nuevo primer ministro Yukio Hatoyama será la solución para resolver la angustia de los japoneses. El tiempo lo dirá.
Lo que sí es interesante señalar es cómo ha ganado las elecciones el Partido Democrático de Japón. Hatoyama se ha acercado a la gente, ha hablado claro, se ha puesto en la piel de los más desprotegidos y ha acusado de inexpertos a los políticos que con frecuencia hablan y discuten de temas alejados del interés de los ciudadanos.
Me recuerda aquella intervención de Tony Blair en el Parlamento Europeo en junio de 2005 cuando dijo que “finalmente, la gente ve la política con más claridad que nosotros los políticos precisamente porque no están obsesionados diariamente por la política”.
La burocracia del gobierno fue uno de sus lemas electorales. Prometió crear una sociedad horizontal, más humanizada, en contra de la férrea estructura vertical controlada por la plutocracia japonesa durante tanto tiempo.
Ha prometido aumentar el gasto en sanidad, ayudar a los jóvenes, subvencionar a los agricultores, gratuidad en las autopistas y en las escuelas. Japón es una sociedad envejecida y Hatoyama ha prometido ayudas para fomentar la natalidad.
Un programa socialdemócrata que tendrá conocerá muchas dificultades porque no está en los códigos de la cultura política japonesa y porque el nuevo equipo carece de la experiencia para gestionar una revolución democrática de esta envergadura
lunes, agosto 31, 2009
viernes, agosto 28, 2009
Gran fraude en las elecciones afganas
Todo indica que las elecciones en Afganistán fueron un inmenso fraude. ¿Alguien esperaba lo contrario? Unos datos pueden probarlo. En un colegio electoral de Kabul, una hora después de haberse abierto las urnas se habían depositado 6.000 votos. Si esto fuera cierto se habría emitido un voto cada siete segundos.
En el día de las elecciones se registraron 26 muertos con 400 incidentes alrededor de las urnas convirtiéndose en el día más violento del año. La participación fue muy dispar. en algunas regiones se contabilizó un 60 por ciento de participación y en otras el 35. Hubo colegios en los que sólo votó un diez por ciento.
La amenaza de los talibanes fue determinante. Si se invitaba a votar pronto porque los talibanes cortarían los dedos de los votantes, los que salían con la papeleta de casa tenían que ser heroicos.
Ocho días después de las elecciones todavía no se sabe la participación. En todo caso se da por seguro que fue inferior a las de 2004. El presidente Karzai se ha proclamado vencedor pero los partidarios de Abdullah Abdullah, también. Las denuncias de fraude superan los mil casos. No existe un censo electoral fiable.
Las elecciones fueron supervisadas por una comisión internacional que no pudo trabajar libremente y no ha producido todavía un informe aproximado sobre lo que ocurrió. Mientras los afganos votaban supuestamente, más de treinta mil soldados de una coalición internacional bajo mando de la OTAN patrullaban Afganistán a la defensiva.
La guerra que se inició en octubre de 2001 para derribar al régimen taliban que servía de laboratorio para entrenar a los terroristas de Al Qaeda era legítima después de los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos.
Pero el control del país ha sido un fracaso. Obama ha prometido enviar más tropas. Los británicos han sufrido más de 200 bajas en esta guerra iniciada por Bush con el apoyo de la comunidad internacional.
El hecho es que estas elecciones no han servido de nada. Los afganos saben que el gobierno que salga de las urnas será tan ilegítimo como el que había hasta ahora. El problema es que las democracias no pueden implantarse por la fuerza. Los talibanes controlan zonas amplias del país mientras el mundo observa con inquietud este nuevo polvorín en Asia Central.
La guerra será larga, habrá muchas bajas y, finalmente, me atrevo a vaticinar que las tropas de la OTAN tendrán que retirarse o parapetarse en algunas ciudades para defenderse de los señores de la guerra y de los talibanes. Afganistán no ha sido conquistado por ninguna potencia mundial en los últimos doscientos años.
Es así de cruel y así de real e irracional.
En el día de las elecciones se registraron 26 muertos con 400 incidentes alrededor de las urnas convirtiéndose en el día más violento del año. La participación fue muy dispar. en algunas regiones se contabilizó un 60 por ciento de participación y en otras el 35. Hubo colegios en los que sólo votó un diez por ciento.
La amenaza de los talibanes fue determinante. Si se invitaba a votar pronto porque los talibanes cortarían los dedos de los votantes, los que salían con la papeleta de casa tenían que ser heroicos.
Ocho días después de las elecciones todavía no se sabe la participación. En todo caso se da por seguro que fue inferior a las de 2004. El presidente Karzai se ha proclamado vencedor pero los partidarios de Abdullah Abdullah, también. Las denuncias de fraude superan los mil casos. No existe un censo electoral fiable.
Las elecciones fueron supervisadas por una comisión internacional que no pudo trabajar libremente y no ha producido todavía un informe aproximado sobre lo que ocurrió. Mientras los afganos votaban supuestamente, más de treinta mil soldados de una coalición internacional bajo mando de la OTAN patrullaban Afganistán a la defensiva.
La guerra que se inició en octubre de 2001 para derribar al régimen taliban que servía de laboratorio para entrenar a los terroristas de Al Qaeda era legítima después de los ataques del 11 de septiembre en Estados Unidos.
Pero el control del país ha sido un fracaso. Obama ha prometido enviar más tropas. Los británicos han sufrido más de 200 bajas en esta guerra iniciada por Bush con el apoyo de la comunidad internacional.
El hecho es que estas elecciones no han servido de nada. Los afganos saben que el gobierno que salga de las urnas será tan ilegítimo como el que había hasta ahora. El problema es que las democracias no pueden implantarse por la fuerza. Los talibanes controlan zonas amplias del país mientras el mundo observa con inquietud este nuevo polvorín en Asia Central.
La guerra será larga, habrá muchas bajas y, finalmente, me atrevo a vaticinar que las tropas de la OTAN tendrán que retirarse o parapetarse en algunas ciudades para defenderse de los señores de la guerra y de los talibanes. Afganistán no ha sido conquistado por ninguna potencia mundial en los últimos doscientos años.
Es así de cruel y así de real e irracional.
lunes, agosto 24, 2009
La ética de la responsabilidad
En una fugaz conversación con el president Pujol bajo la sombra de unos árboles frondosos de la Cerdanya, me repitió la pregunta que me ha formulado varias veces desde que no ocupa el poder. ¿Cómo ves el país?
Le contesté que el país va tirando pero que los políticos no gestionan adecuadamente la crisis que afecta cada vez a un mayor número de gentes. Falta responsabilidad, le comenté. mientras la charla estival discurrió por los derroteros de los desencuentros entre los políticos catalanes y españoles en este verano que apunta un nuevo curso político azaroso.
En un comentario de Claudio Magris a la breve obra de Max Weber, La política como profesión, recuerda la distinción de dos formas fundamentales de la acción política, inspiradas respectivamente en la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad.
Los que siguen la ética de la convicción actúan obedeciendo hasta el fondo únicamente a sus propios principios sin perturbarse por las consecuencias de sus decisiones. La ética de la responsabilidad piensa en cambio no sólo en la pureza de sus valores, sino también y sobre todo en las consecuencias de sus actos.
Weber se sorprendería al comprobar la escasa responsabilidad de nuestros políticos que no miden el alcance de sus decisiones que toman en función de sus convicciones sin tener en cuenta los efectos que producen en la sociedad.
El ciudadano se da cuenta de que abundan más los políticos que viven de la polìtica y no para la política que debería ser un servicio a los hombres y mujeres en su conjunto. El bombardeo de declaraciones desde todos los ámbitos de la política en este verano de desosiego reflejan una falta de responsabilidad muy remarcable.
Las promesas del presidente Zapatero tapando agujeros para que la crisis económica no se convierta en una crisis social no son creíbles porque no van a remediar ni la crisis económica ni la crisis social. Falta de responsabilidad.
También son irresponsables las denuncias del Partido Popular sobre escuchas ilegales sin presentar pruebas. Es igualmente irresponsable el convocar manifestaciones sobre una decisión del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Catalunya que todavía no se ha producido.
La responsabilidad consiste en confrontar los medios con los fines. No todos los medios son lícitos aunque se tenga la convicción de la conveniencia del fin.
Le contesté que el país va tirando pero que los políticos no gestionan adecuadamente la crisis que afecta cada vez a un mayor número de gentes. Falta responsabilidad, le comenté. mientras la charla estival discurrió por los derroteros de los desencuentros entre los políticos catalanes y españoles en este verano que apunta un nuevo curso político azaroso.
En un comentario de Claudio Magris a la breve obra de Max Weber, La política como profesión, recuerda la distinción de dos formas fundamentales de la acción política, inspiradas respectivamente en la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad.
Los que siguen la ética de la convicción actúan obedeciendo hasta el fondo únicamente a sus propios principios sin perturbarse por las consecuencias de sus decisiones. La ética de la responsabilidad piensa en cambio no sólo en la pureza de sus valores, sino también y sobre todo en las consecuencias de sus actos.
Weber se sorprendería al comprobar la escasa responsabilidad de nuestros políticos que no miden el alcance de sus decisiones que toman en función de sus convicciones sin tener en cuenta los efectos que producen en la sociedad.
El ciudadano se da cuenta de que abundan más los políticos que viven de la polìtica y no para la política que debería ser un servicio a los hombres y mujeres en su conjunto. El bombardeo de declaraciones desde todos los ámbitos de la política en este verano de desosiego reflejan una falta de responsabilidad muy remarcable.
Las promesas del presidente Zapatero tapando agujeros para que la crisis económica no se convierta en una crisis social no son creíbles porque no van a remediar ni la crisis económica ni la crisis social. Falta de responsabilidad.
También son irresponsables las denuncias del Partido Popular sobre escuchas ilegales sin presentar pruebas. Es igualmente irresponsable el convocar manifestaciones sobre una decisión del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Catalunya que todavía no se ha producido.
La responsabilidad consiste en confrontar los medios con los fines. No todos los medios son lícitos aunque se tenga la convicción de la conveniencia del fin.
domingo, agosto 23, 2009
Demasiados funcionarios en España
Un mapa del número de funcionarios en España indica indirectamente la riqueza de las comunidades autónomas. Es sintomático que Extremadura tenga el 23.3 por ciento de funcionarios de la población ocupada, seguida de Castilla León, Castilla la Mancha y Andalucía con un 16.6, 15.7 y 15.6 por ciento respectivamente.
Cataluña es la comunidad con menos funcionarios. Un 8.3 por ciento. Valencia es la segunda con un 10.3 por ciento, a continuación las tres provincias vascas, La Rioja, Murcia, Galicia y Madrid, que tiene a su cargo la administración Central.
El estudio lo ha elaborado Modest Guinjoan, director de Economía y Empresa de Pimec. Los traspasos de competencias han incrementado el número de funcionarios en aquellas autonomías que como Cataluña gestionan la seguridad, la educación y la sanidad. A pesar de ello, sólo el 8.3 son funcionarios teniendo en cuenta, además, el incremento de población registrado en los últimos diez años que supera el millón y medio de catalanes.
Se detecta en el estudio que en aquellas comunidades en las que la iniciativa privada está muy arraigada se precisan menos funcionarios. El Estado cumple su cometido en las administraciones central, autonómica y local. Pero no más.
El equilibrio territorial en España tendría que empezar por ahí. Menos fuerza del Estado y más participación directa de los ciudadanos en el proceso productivo. Este desequilibrio no se resuelve abocando más dinero sino cambiando la actitud de las gentes para que sepan resolver los problemas y creen riqueza por su cuenta.
No hemos avanzado mucho. Los funcionarios no notan la crisis. Pero, lo que es peor, no facilitan salir de ella.
Cataluña es la comunidad con menos funcionarios. Un 8.3 por ciento. Valencia es la segunda con un 10.3 por ciento, a continuación las tres provincias vascas, La Rioja, Murcia, Galicia y Madrid, que tiene a su cargo la administración Central.
El estudio lo ha elaborado Modest Guinjoan, director de Economía y Empresa de Pimec. Los traspasos de competencias han incrementado el número de funcionarios en aquellas autonomías que como Cataluña gestionan la seguridad, la educación y la sanidad. A pesar de ello, sólo el 8.3 son funcionarios teniendo en cuenta, además, el incremento de población registrado en los últimos diez años que supera el millón y medio de catalanes.
Se detecta en el estudio que en aquellas comunidades en las que la iniciativa privada está muy arraigada se precisan menos funcionarios. El Estado cumple su cometido en las administraciones central, autonómica y local. Pero no más.
El equilibrio territorial en España tendría que empezar por ahí. Menos fuerza del Estado y más participación directa de los ciudadanos en el proceso productivo. Este desequilibrio no se resuelve abocando más dinero sino cambiando la actitud de las gentes para que sepan resolver los problemas y creen riqueza por su cuenta.
No hemos avanzado mucho. Los funcionarios no notan la crisis. Pero, lo que es peor, no facilitan salir de ella.
sábado, agosto 15, 2009
El general Prim y México
Me cuentan que el general Juan Prim i Prats es el único español que mantiene una estatua en México. El militar de Reus estaba casado con una acaudalada mexicana, Francisca Agüero, a la que conoció en París donde Prim y la familia mexicana vivían exiliados en el entorno de las intrigas y maniobras de la corte de Napoleón III, casado con la española María Eugenia de Montijo.
La figura de Prim, el único catalán que ha presidido un gobierno español, siempre me ha cautivado por la cantidad de cosas que un hombre con proyección pública puede hacer en 56 años de vida.
La biografía de Pere Anguera es imprescindible para penetrar en las contradicciones de este militar nacido en Reus que moría asesinado en la calle del Turco de Madrid, un 27 de diciembre de 1870, el mismo día en que Amadeo de Saboya zarpaba de Italia para ser proclamado rey de España que cambiaba otra vez de dinastía.
Otro libro interesante sobre este brillante militar catalán del siglo XIX, vizconde del Bruc, marqués de los Castillejos, conde de Reus y demás títulos conseguidos por méritos de guerra, es el que acaba de publicar el general Luis Alejandre Sintes sobre la aventura de Prim en tierras mexicanas que se prolongó desde diciembre de 1861 hasta primeros de mayo de 1862.
Como militar español de más prestigio fue enviado a México en una expedición de tropas francesas, británicas y españolas para recuperar la deuda externa de México que se había declarado en bancarrota bajo la azarosa presidencia de Benito Juárez.
La novedad que aporta Alejandre es que no existieron discrepancias entre Prim y el general Espartero, a la sazón capitán general de Cuba, sobre la expedición española que Prim vió cómo ya había partido hacia Veracruz por órdenes de Espartero. Fueron las contadictorias órdenes del gobierno de Madrid las que causaron el desorden.
Prim hizo algo más importante. Se opuso a que Napoleón III entronizara a Maximiliano como emperador de México. Retiró sus tropas de la expedición vaticinando el fracaso de una monarquía impuesta por Francia. Al cabo de cinco años Maximiliano fue fusilado por los propios mexicanos que han agradecido el gesto de Prim.
Los dos estuvieron muy relacionados con Cataluña. Espartero bombardeó Barcelona desde Montjuic con 1.014 proyectiles en 1842. Prim lo hizo en 1843 con 2.500 bombas. Los dos pertenecían a una generación en la que los militares hacían la política y salvaban patrias. Afortunadamente, hoy se dedican a lo suyo, a estar a las órdenes de gobiernos democráticos.
La figura de Prim, el único catalán que ha presidido un gobierno español, siempre me ha cautivado por la cantidad de cosas que un hombre con proyección pública puede hacer en 56 años de vida.
La biografía de Pere Anguera es imprescindible para penetrar en las contradicciones de este militar nacido en Reus que moría asesinado en la calle del Turco de Madrid, un 27 de diciembre de 1870, el mismo día en que Amadeo de Saboya zarpaba de Italia para ser proclamado rey de España que cambiaba otra vez de dinastía.
Otro libro interesante sobre este brillante militar catalán del siglo XIX, vizconde del Bruc, marqués de los Castillejos, conde de Reus y demás títulos conseguidos por méritos de guerra, es el que acaba de publicar el general Luis Alejandre Sintes sobre la aventura de Prim en tierras mexicanas que se prolongó desde diciembre de 1861 hasta primeros de mayo de 1862.
Como militar español de más prestigio fue enviado a México en una expedición de tropas francesas, británicas y españolas para recuperar la deuda externa de México que se había declarado en bancarrota bajo la azarosa presidencia de Benito Juárez.
La novedad que aporta Alejandre es que no existieron discrepancias entre Prim y el general Espartero, a la sazón capitán general de Cuba, sobre la expedición española que Prim vió cómo ya había partido hacia Veracruz por órdenes de Espartero. Fueron las contadictorias órdenes del gobierno de Madrid las que causaron el desorden.
Prim hizo algo más importante. Se opuso a que Napoleón III entronizara a Maximiliano como emperador de México. Retiró sus tropas de la expedición vaticinando el fracaso de una monarquía impuesta por Francia. Al cabo de cinco años Maximiliano fue fusilado por los propios mexicanos que han agradecido el gesto de Prim.
Los dos estuvieron muy relacionados con Cataluña. Espartero bombardeó Barcelona desde Montjuic con 1.014 proyectiles en 1842. Prim lo hizo en 1843 con 2.500 bombas. Los dos pertenecían a una generación en la que los militares hacían la política y salvaban patrias. Afortunadamente, hoy se dedican a lo suyo, a estar a las órdenes de gobiernos democráticos.
lunes, agosto 10, 2009
Inseguridad jurídica
Tres años hace que el Estatut de Catalunya fue ratificado en referéndum por los catalanes, después de haber atravesado todos los preceptos contemplados por la legislación vigente para convertirse en una ley orgánica del Estado.
El Partido Popular presentó un recurso de inconstitucionalidad casi inmediatamente después de que la ley del Estatut entrara en vigor. También hace tres años de ello. Y el alto tribunal se ha ido de vacaciones en espera de emitir el fallo más adelante.
Las noticias que llegan del Tribunal Constitucional son confusas y fragmentadas. Lo único cierto es que han transcurrido tres años y no ha habido un pronunciamiento. Dicen que el texto de la sentencia tiene más de mil páginas y que la preceptiva renovación del alto tribunal se ha retrasado en más de un año debido al recurso del Estatut.
Mariano Rajoy acaba de decir que espera la sentencia cuanto antes pensando en posibles alianzas con CiU después de las elecciones generales. Tiene gracia. Como si el partido que él preside no hubiera sido precisamente el que presentó el recurso que tanto tarda en dilucidarse. Esta situación indefinida crea inseguridad jurídica para todas las partes implicadas. Una sociedad sin seguridad jurídica cae indefectiblemente en la anarquía y el caos.
El presidente Zapatero respondió a las acusaciones del Partido Popular diciendo que vivimos en un estado de derecho y que las supuestas escuchas telefónicas a miembros del partido de la oposición no estaban apoyadas en pruebas. La señora de Cospedal dio nombres sin aportar documento alguno. Ella sabrá.
Pero es sospechoso que la trama de corrupción desencadenada por el juez Garzón en el llamado caso Gürtel se haya concentrado en dos importantes comunidades gobernadas por el PP y que ahora sean varios miembros del Partido Popular de Mallorca los que han pasado por el juez esposados por la mano derecha.
El portavoz del PP mallorquín dice haber estado preso por un delito que ni siquiera conlleva pena de cárcel. Si esto es así, también es inseguridad jurídica. Se dice que la política no se hace con la moral o con moralismos. Pero tampoco se construye desde la inmoralidad.
La tentación de traspasar las líneas contínuas que separan los tres poderes del Estado es muy antigua. Pero cuando se transgreden tiene consecuencias graves para todos.
El Partido Popular presentó un recurso de inconstitucionalidad casi inmediatamente después de que la ley del Estatut entrara en vigor. También hace tres años de ello. Y el alto tribunal se ha ido de vacaciones en espera de emitir el fallo más adelante.
Las noticias que llegan del Tribunal Constitucional son confusas y fragmentadas. Lo único cierto es que han transcurrido tres años y no ha habido un pronunciamiento. Dicen que el texto de la sentencia tiene más de mil páginas y que la preceptiva renovación del alto tribunal se ha retrasado en más de un año debido al recurso del Estatut.
Mariano Rajoy acaba de decir que espera la sentencia cuanto antes pensando en posibles alianzas con CiU después de las elecciones generales. Tiene gracia. Como si el partido que él preside no hubiera sido precisamente el que presentó el recurso que tanto tarda en dilucidarse. Esta situación indefinida crea inseguridad jurídica para todas las partes implicadas. Una sociedad sin seguridad jurídica cae indefectiblemente en la anarquía y el caos.
El presidente Zapatero respondió a las acusaciones del Partido Popular diciendo que vivimos en un estado de derecho y que las supuestas escuchas telefónicas a miembros del partido de la oposición no estaban apoyadas en pruebas. La señora de Cospedal dio nombres sin aportar documento alguno. Ella sabrá.
Pero es sospechoso que la trama de corrupción desencadenada por el juez Garzón en el llamado caso Gürtel se haya concentrado en dos importantes comunidades gobernadas por el PP y que ahora sean varios miembros del Partido Popular de Mallorca los que han pasado por el juez esposados por la mano derecha.
El portavoz del PP mallorquín dice haber estado preso por un delito que ni siquiera conlleva pena de cárcel. Si esto es así, también es inseguridad jurídica. Se dice que la política no se hace con la moral o con moralismos. Pero tampoco se construye desde la inmoralidad.
La tentación de traspasar las líneas contínuas que separan los tres poderes del Estado es muy antigua. Pero cuando se transgreden tiene consecuencias graves para todos.
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