miércoles, junio 13, 2007

Política, periodismo y libertad

No hay manos inocentes en la política ni en el periodismo. Ni en la judicatura ni en el mundo de las empresas. Manos limpias hay muy pocas. El martes, los medios de comunicación sufrimos severas críticas desde tres frentes.

Los ministros del Interior de la Unión Europea se quejaron del tratamiento de la prensa al fenómeno de la inmigración. La fiscal Olga Sánchez, en sus valoraciones finales en el juicio del 11-M, fue desautorizada por el juez Bermúdez cuando la jurista la emprendió contra aquellos que han alimentado la teoría de la conspiración diciendo que “quizás aprobaron la carrera de periodismo pero no tienen la altura ni la grandeza de una profesión tan importante en una democracia”.

La tercera píldora nos la suministró el saliente primer ministro Tony Blair que acusó a los medios de actuar como “bestias salvajes”. Si los medios solemos criticar a cualquier personaje o institución con proyección pública, es natural que se nos lea la cartilla por parte de quienes se sienten perjudicados por la hiperactividad de la prensa. Son las reglas de juego.

Los medios se guían por la necesidad de impactar y actúan como hordas depredadoras, se lamentó Blair en uno de sus muchos mensajes de despedida. No lo voy a negar ni tampoco pretendo que el periodismo esté por encima del escrutinio de la opinión pública de la que pretendemos ser fieles servidores.

Tony Blair admite que el “nuevo laborismo” puede tener su parte de culpa cuando hace diez años puso en marcha una sutil seducción de los medios. Rupert Murdoch, con su poderosa influencia global, se puso a su servicio en las tres elecciones que ganó. Sarkozy aprendió la lección en Francia. Así lo comprobamos a diario en todas las democracias occidentales. La connivencia entre los medios y los poderes públicos es muy nociva para las libertades individuales y para la percepción de la realidad con un mínimo de veracidad objetivable.

El periodismo vive en medio de una imperfección congénita. Pero los poderes públicos, reales o fácticos, también. Quien esté libre de culpa que arroje la primera piedra. Nadie estará en condiciones de lanzar el primer pedrusco.

El verdadero peligro está, a mi juicio, en confundir los medios con los fines. No vale todo para obtener un objetivo por noble y respetable que sea. Una mentira es una mentira y una trampa es una trampa. Vivimos tiempos globales de superficialidad, de apariencias y de impactos. De pensamiento rápido. Tiempos frágiles.

8 comentarios:

BartolomeC dijo...

Sr.Foix: Cuando un programa de televisión exige a sus contertulios expresar un razonamiento, plantear una crítica o formular una idea intelectualmente en 60 segundos es que la estupidez se ha instaurado como norma.
He leido que un buen periodista es como una botella de Coca-cola, una botella que siempre se puede reconocer por un simple pedazo de su cristal aunque esté rodeada de basura, la basura no forma parte del periodismo aunque a muchos les interese lo contrario.

francis black dijo...

el problema que yo veo es que cuando una persona lee un periodico , cualquiera , no esta leyendo un periodico sino que se esta posicionando , hagan un experimento escojan un bar centrico :

el lunes entren con el Avui , el martes con la vanguardia , el miercoles el pais , jueves la Razon , sabado el periodico , el domingo no vayan porque el camarero habra llamado a algun psquiatra y le querran internar

Anónimo dijo...

Que los periodistas tengan sus opciones políticas o ideológicas es normal, que un periodico las tenga también, ha sido así siempre y no hay que rasgarse las vestiduras por ello, otra cosa es que se les quiera culpar de cuanto sucede en el país.
Reconozco que los buenos periodistas no abundan, pero coincido en que son facilmente reconocibles y el simil de la Coca- Cola me parece excelente.



J.Vilá.

SithWolf dijo...

yiaaaaAAAAAUUUUUuuuuuuuuuuuu!!!

esta es la onomatopeya de un F1 que escuchamos debido al efecto doppler. Para los que no hayan oido la sutileza del trazado les diré que estamos en Valencia, en el cricuito urbano que tendrán gracias a la, ami parecer asquerosa, comunión entre la política y el pancartismo periodístico.

Para los que no hayan estado en Valencia, les diré que es preciosa. La parte nueva, el Turia... pero tienen un centro decrépito, que se cae a chorros, un casco antiguo que necesita, más que la ciudad un circuito de Fórmula 1, una tremenda restauración.

En estos derroteros nos movemos ahora gracias al periodismo express y a la política sin escrúpulos

Isarn

Brian dijo...

Sí... pero no. Parafraseando a Felipe González, no todo es la misma mierda. De acuerdo en que nadie está del todo limpio; de acuerdo en cada periodista -y cada medio- defiende, de forma más o menos inconfesable, su parcela. Pero aun admitiendo que un cierto grado de imperfección es inevitable, en algún lugar hay que poner la línea roja. No todo vale. Porque, si ni los más nobles fines justifican los medios, excuso decir qué sucede cuando los propios fines son intrínsecamente perversos.

Y para no movernos en la pura abstracción, hablaré de un ejemplo concreto. Cada día, cuando voy al quiosco a comprar mi diario habitual, suelo echar un vistazo a las portadas de los otros. Pues bien, los titulares de primera página de El Mundo a propósito del proceso del 11-M (casi a diario desde hace tres años) rebasan, con demasiada frecuencia, los límites de la ética periodística, e incluso de la ética a secas.

Anónimo dijo...

///ENRIC///


El fin nunca justifica los medios, prefiero un trozo de un buen periodista que brille entre tanta basura que toda la parafernalia que me prometen otros, por eso prefiero leer cada noche a Lluis Foix, aunque sea un trozo de su Blog, pero suficiente.

Anónimo dijo...

Indro Montanelli, Silvio Berlusconi y el mausoleo.

Javier dijo...

Lo curioso de este tema, es que el lector de El País, piensa que las barbaridades son las de El Mundo, y que su periódico, quizá, a veces, podría ser que fuera un poco sesgado hacia el PSOE.

Y viceversa.

Conclusión: Si alguien no es capaz de ver las burradas de su periódico de cabecera...¿Hasta qué punto podemos considerarle objetivo a la hora de calificar o enjuiciar las del periódico contrario?

Un saludo.

Javier