Las consecuencias de la crisis económica global que estalló en plena campaña electoral norteamericana en el otoño de 2008 han llegado a Europa en este largo invierno de inestabilidad social y de miedo colectivo al futuro. Los gobiernos intentan imponer necesarias medidas de austeridad, países como Grecia tienen que ser rescatados por las economías de la zona euro, las empresas buscan la competitividad recortando personal y aligerar gastos, se habla de bajadas de impuestos y reducción de sueldos, prolongar la edad de jubilación y otras propuestas de ajuste. Es la cuadratura del círculo.
Los manuales indican que una crisis económica de calado es seguida de una crisis social y finalmente de una crisis que cambia el panorama político. Ocurrió en los años treinta y noventa del siglo pasado. Europa tiene que aceptar la realidad, trabajar y esforzarse más, no endeudarse hasta puntos insostenibles. Las tibias manifestaciones del miércoles en varias ciudades españolas es el primer aviso de los suyos al presidente Zapatero que tendrá que decidirse si quiere recorrer la crisis con los sindicatos y sus fieles votantes o bien hace caso a las recomendaciones del Banco de España, de los organismos internacionales y de los analistas que sólo ven la salida de la crisis con las reformas que están ahora en manos de una comisión que no llegará a ningún acuerdo. Es la hora de la verdad.
La situación española no es una excepción en Europa. Grecia quedó paralizada ayer por una huelga general. El tráfico aéreo se colapsó prácticamente en Alemania por la huelga de un día de Lufthansa y paros intermitentes se registraron en Francia en aeropuertos y plantas petrolíferas. El gigante automovilístico Fiat ha despedido temporalmente a treinta mil trabajadores anunciando nuevas acciones que se producirán si la demanda no despierta.
Las protestas y convulsiones sociales se van a repetir a lo largo de este año en muchos países de la Unión. No veremos el fervor revolucionario del mayo francés de 1968 pero sí que sufriremos las consecuencias del descontento general de una Europa que no puede vivir de las rentas que ya no existen para mantener el gasto que comporta la actual economía social de mercado.
Los gobiernos son responsables de cuanto ocurre. Pero también las empresas, los sindicatos, los ciudadanos en general que pensábamos que se podía crecer sin esfuerzo, sin ahorro, con hipotecas y créditos a veinte o treinta años.
Europa ha dado por supuesto que podía gestionar una riqueza que ya no existe sin esforzarse por ser competitiva, apretándose el cinturón, pensando que se podía obviar aquella afirmación del canciller Erhard cuando decía que para repartir la tarta hay que crearla primero.
miércoles, febrero 24, 2010
lunes, febrero 22, 2010
El cementerio de Afganistán
Las guerras que se ganan o pierden claramente en el campo de batalla tienen un desenlace que se traduce en un armisticio, rendición o tratado de paz. Las guerras que se prolongan en el tiempo desgastan a los ejércitos, debilitan a los gobiernos y causan muchas víctimas inocentes. La guerra de Vietnam se perdió en las pantallas de televisión cuando los norteamericanos contemplaban la interminable carnaza de soldados y de vietnamitas en las junglas del sudeste asiático.
La guerra en Afganistán ha derribado el gobierno de coalición holandés este fin de semana al no ponerse de acuerdo sobre el aumento de tropas para sumarse a la dotación de dos mil soldados desplazados en las provincias centrales afganas. Las fuerzas de la OTAN están desplegando una ofensiva para limpiar de talibanes la ciudad de Helmand. Hace varios días los ataques aliados causaron la muerte de doce civiles y el domingo la aviación destrozó a tres minibuses que supuestamente transportaban a talibanes cuando en realidad eran afganos que transitaban por una carretera.
Una potencia militar, aunque esté formada por una alianza de 43 países, puede derrotar a una facción de guerrilleros que se enfrenta a un ejército de casi cien mil soldados. Pero no puede destruir por completo o llevar a la rendición total a un pueblo que no quiere ser dominado por ejércitos extranjeros, especialmente cuando las tropas conquistadoras pertenecen a un estado democrático.
En Afganistán se estrellaron tres veces los ejércitos británicos en el apogeo del imperio victoriano. Los soviéticos salieron derrotados de Kabul después de haber ocupado el país durante varios años. Fue el comienzo del fin de la Unión Soviética. La guerra de Afganistán estuvo justificada tras el sangriento atentado del 11 de septiembre de 2001. Se derrocó el régimen de los talibanes y se sustituyó por un gobierno afgano que ha sido incapaz de controlar la situación que está en manos de los señores de la guerra, los cultivadores de opio y los talibanes que han salido de sus escondrijos.
Los ejércitos aliados saben que esta guerra no se va a ganar y que va a causar muchas bajas de civiles. McNamara era jefe del Pentágono cuando se perpetraban los bombardeos masivos sobre Vietnam. Al final de sus días hizo una confesión que supuraba remordimiento: “¿Cuánto mal hay que causar para lograr el bien?”
La guerra en Afganistán ha derribado el gobierno de coalición holandés este fin de semana al no ponerse de acuerdo sobre el aumento de tropas para sumarse a la dotación de dos mil soldados desplazados en las provincias centrales afganas. Las fuerzas de la OTAN están desplegando una ofensiva para limpiar de talibanes la ciudad de Helmand. Hace varios días los ataques aliados causaron la muerte de doce civiles y el domingo la aviación destrozó a tres minibuses que supuestamente transportaban a talibanes cuando en realidad eran afganos que transitaban por una carretera.
Una potencia militar, aunque esté formada por una alianza de 43 países, puede derrotar a una facción de guerrilleros que se enfrenta a un ejército de casi cien mil soldados. Pero no puede destruir por completo o llevar a la rendición total a un pueblo que no quiere ser dominado por ejércitos extranjeros, especialmente cuando las tropas conquistadoras pertenecen a un estado democrático.
En Afganistán se estrellaron tres veces los ejércitos británicos en el apogeo del imperio victoriano. Los soviéticos salieron derrotados de Kabul después de haber ocupado el país durante varios años. Fue el comienzo del fin de la Unión Soviética. La guerra de Afganistán estuvo justificada tras el sangriento atentado del 11 de septiembre de 2001. Se derrocó el régimen de los talibanes y se sustituyó por un gobierno afgano que ha sido incapaz de controlar la situación que está en manos de los señores de la guerra, los cultivadores de opio y los talibanes que han salido de sus escondrijos.
Los ejércitos aliados saben que esta guerra no se va a ganar y que va a causar muchas bajas de civiles. McNamara era jefe del Pentágono cuando se perpetraban los bombardeos masivos sobre Vietnam. Al final de sus días hizo una confesión que supuraba remordimiento: “¿Cuánto mal hay que causar para lograr el bien?”
sábado, febrero 13, 2010
El intelectual y la política
No recuerdo haber firmado manifiestos a favor o en contra de causas grandes o pequeñas, de partidos o de personas. Primero, porque he tenido el privilegio de firmar artículos, crónicas y reportajes durante muchos años en este diario. Segundo, porque no me considero un intelectual sino un periodista que trata de escribir borradores de la realidad que quedarán sepultados en alguna hemeroteca durmiendo la noche de los tiempos en espera de que algún curioso los consulte en diagonal a través de los modernos buscadores de la red.
Encuentro una pretensión exagerada el autodenominarse intelectual. Los franceses lo pusieron de moda y cualquier escritor se cuelga la medalla de intelectual como si fuera la Legión de Honor. En el mundo anglosajón, por el contrario, el intelectual no está muy considerado. Hay buenos o malos periodistas, ensayistas, historiadores, artistas o críticos que aportan sus ideas y sus obras que son aceptadas o criticadas por el gran público.
No he comprendido nunca cómo un autodenominado intelectual pueda identificarse con un partido político de tal forma que se convierta en un propagandista. Podrá, evidentemente, sentir simpatía por una causa política, pensar que sus postulados convienen al país, valorar muy positivamente a sus líderes. Pero si es una persona de pensamiento ha de aceptar que pueden existir otras soluciones y propuestas, otras formas de servir a la sociedad para promover la convivencia y el humanismo.
La buena marcha de los pueblos depende principalmente de la inteligencia, aunque no necesariamente de los intelectuales. Y la inteligencia es útil siempre en todos los ámbitos de la vida. Hay millones de personas que no tienen una gran cultura, han leído más bien poco, pero son inteligentes porque recurren a la sabiduría del sentido común y a un conocimiento aproximado de la condición humana.
Aconsejo desconfiar de los intelectuales que pretenden decir la última palabra sobre todo y, especialmente, de la política. Platón fue un gran filósofo pero un político de pésima calidad que se puso al servicio del tirano de Siracusa y tuvo que huir por piernas de Sicilia. El periodista ha de explicar lo que pasa y el intelectual pensar sobre lo que ocurre. A ambos les ha de satisfacer todo lo que es real, todo lo que es verdadero, rechazar la manipulación, la mentira y la frivolidad. Con modestia siempre.
Encuentro una pretensión exagerada el autodenominarse intelectual. Los franceses lo pusieron de moda y cualquier escritor se cuelga la medalla de intelectual como si fuera la Legión de Honor. En el mundo anglosajón, por el contrario, el intelectual no está muy considerado. Hay buenos o malos periodistas, ensayistas, historiadores, artistas o críticos que aportan sus ideas y sus obras que son aceptadas o criticadas por el gran público.
No he comprendido nunca cómo un autodenominado intelectual pueda identificarse con un partido político de tal forma que se convierta en un propagandista. Podrá, evidentemente, sentir simpatía por una causa política, pensar que sus postulados convienen al país, valorar muy positivamente a sus líderes. Pero si es una persona de pensamiento ha de aceptar que pueden existir otras soluciones y propuestas, otras formas de servir a la sociedad para promover la convivencia y el humanismo.
La buena marcha de los pueblos depende principalmente de la inteligencia, aunque no necesariamente de los intelectuales. Y la inteligencia es útil siempre en todos los ámbitos de la vida. Hay millones de personas que no tienen una gran cultura, han leído más bien poco, pero son inteligentes porque recurren a la sabiduría del sentido común y a un conocimiento aproximado de la condición humana.
Aconsejo desconfiar de los intelectuales que pretenden decir la última palabra sobre todo y, especialmente, de la política. Platón fue un gran filósofo pero un político de pésima calidad que se puso al servicio del tirano de Siracusa y tuvo que huir por piernas de Sicilia. El periodista ha de explicar lo que pasa y el intelectual pensar sobre lo que ocurre. A ambos les ha de satisfacer todo lo que es real, todo lo que es verdadero, rechazar la manipulación, la mentira y la frivolidad. Con modestia siempre.
miércoles, febrero 10, 2010
Haití ya no es noticia
Mañana se cumplirá un mes del terremoto que devastó Haití, el país más pobre de América, causando cientos de miles de muertos y conmoviendo las conciencias de la sociedad global. Los gobiernos se movilizaron, la ayuda alimentaria y el dinero de instituciones públicas y privadas acudieron en pocos días para remediar tanto dolor y tanta miseria. Obama envió varios miles de soldados para neutralizar el desorden, el pillaje y la miseria de un país que vivía una conmoción profunda. Europa celebró una reunión de ministros para aportar infraestructuras, proyectos y coordinación de la miseria.
Los reporteros de diarios, radio y televisión se desplazaron a Puerto Príncipe desde los cuatro puntos cardinales. Mostraron la magnitud de la tragedia, los supervivientes que salían de los escombros después de permanecer sepultados diez o doce días. Grandes y espectaculares imágenes que indigestaron durante dos semanas los estómagos de medio mundo.
El presidente haitiano mostraba su incapacidad para hacer frente a la dramática situación. El secretario general de la ONU se desplazó en persona a los lugares siniestrados por la calamadidad prometiendo ayuda para neutralizar los efectos del terremoto y para reconstruir un país que nunca se ha mantenido en pie.
Las imágenes de Haití han ido desapareciendo de los informativos de televisión. La mayoría de los enviados especiales han sido requeridos en otros focos informativos o simplemente han regresado a sus redacciones de origen. Es ahora cuando me interesa más leer o saber lo que pasa en Haití, cómo se distribuye la ayuda, qué hacen los marines americanos, qué se está reconstruyendo, cómo se cobijan tantos niños que han perdido a sus padres y no saben dónde están.
Salvo algunas excepciones, como el enviado especial de La Vanguardia, Félix Flores, que sigue enviando crónicas sobre el trauma de la catástrofe, las noticias sobre Haití ya no salen en portada y ni siquiera en las páginas interiores. Las televisiones ya han pasado página. Ya no hay imágenes, queda el dolor de los supervivientes.
En esta cultura del impacto y de la imagen en la que estamos inmersos sólo importa lo inmediato, lo que sobresalta en un momento concreto, los desgarradores videos del sufrimiento, el mostrar el dolor de los demás durante una o dos semanas. La tragedia se diluye, se olvida, se pierde en los recuerdos emotivos de los golpes caprichosos de la naturaleza.
No vamos a marear al personal sobre una catástrofe que ya se ha mostrado abriendo los informativos de todo el mundo. Es ahora, a mi juicio, cuando el periodismo tendría que recorrer la desgraciada república de Haití y explicarnos qué pasa. Cómo añoro el periodismo de Kapusinski. Se habría quedado varias semanas más y nos haría el gran relato de la post tragedia.
Los reporteros de diarios, radio y televisión se desplazaron a Puerto Príncipe desde los cuatro puntos cardinales. Mostraron la magnitud de la tragedia, los supervivientes que salían de los escombros después de permanecer sepultados diez o doce días. Grandes y espectaculares imágenes que indigestaron durante dos semanas los estómagos de medio mundo.
El presidente haitiano mostraba su incapacidad para hacer frente a la dramática situación. El secretario general de la ONU se desplazó en persona a los lugares siniestrados por la calamadidad prometiendo ayuda para neutralizar los efectos del terremoto y para reconstruir un país que nunca se ha mantenido en pie.
Las imágenes de Haití han ido desapareciendo de los informativos de televisión. La mayoría de los enviados especiales han sido requeridos en otros focos informativos o simplemente han regresado a sus redacciones de origen. Es ahora cuando me interesa más leer o saber lo que pasa en Haití, cómo se distribuye la ayuda, qué hacen los marines americanos, qué se está reconstruyendo, cómo se cobijan tantos niños que han perdido a sus padres y no saben dónde están.
Salvo algunas excepciones, como el enviado especial de La Vanguardia, Félix Flores, que sigue enviando crónicas sobre el trauma de la catástrofe, las noticias sobre Haití ya no salen en portada y ni siquiera en las páginas interiores. Las televisiones ya han pasado página. Ya no hay imágenes, queda el dolor de los supervivientes.
En esta cultura del impacto y de la imagen en la que estamos inmersos sólo importa lo inmediato, lo que sobresalta en un momento concreto, los desgarradores videos del sufrimiento, el mostrar el dolor de los demás durante una o dos semanas. La tragedia se diluye, se olvida, se pierde en los recuerdos emotivos de los golpes caprichosos de la naturaleza.
No vamos a marear al personal sobre una catástrofe que ya se ha mostrado abriendo los informativos de todo el mundo. Es ahora, a mi juicio, cuando el periodismo tendría que recorrer la desgraciada república de Haití y explicarnos qué pasa. Cómo añoro el periodismo de Kapusinski. Se habría quedado varias semanas más y nos haría el gran relato de la post tragedia.
lunes, febrero 08, 2010
Ya no valen más trampas
Muchas crisis de la historia se han enderezado con discursos claros y valientes admitiendo la gravedad de la situación. La palabra de Ulises convenció a Agamenón de que la fuerza no era suficiente para conquistar Troya y tras un largo discurso sobre las miserias de la guerra propone actuar con astucia y acabar con los hijos de Príamo introduciendo un caballo de madera, con el vientre repleto de soldados que en una noche destrozan al enemigo en su propia fortaleza.
De Gaulle se dirigió a los franceses a través de la BBC el 18 de junio de 1940 en un discurso que se estudia todavía en las escuelas de Francia. Habló de la ignominiosa rendición del régimen de Vichy al avasallamiento de Hitler. Nacía la Francia libre con un discurso que pedía a sus paisanos sumarse a la resistencia.
Churchill convenció a los británicos que no se rendirían a los bombardeos nazis prometiéndoles que sólo con sangre sudor y lágrimas podrían vencer a lo que calificó como la encarnación del mal. Habló, fue sincero y los ingleses le siguieron en aquellas horas sublimes.
No es peor la actual situación que la que vivía el país en 1977. Fue el discurso de Enrique Fuentes Quintana en vísperas de los Pactos de la Moncloa el que marcó el punto de inflexión para salir del caos que tenía confundido al gobierno Suárez. El profesor Fuentes reconoció la cruda realidad y solicitó el apoyo de todos para salir adelante prometiendo a la ciudadanía explicar con transparencia la verdad de la situación.
Este discurso realista brilla por su ausencia en los largos titubeos del presidente Zapatero que actúa en solitario, sin los colaboradores adecuados, dando bandazos con medidas de urgencia que con frecuencia han sido contradictorias.
No sé si Zapatero está todavía a tiempo. Pero si quiere salvar la situación y su pellejo político sería urgente que se dirigiera a todo el país, nos hablara de la magnitud de la crisis, reconociera sus errores y ofreciera medidas para empezar a salir del hoyo, tras un debate serio y civilizado en el Parlamento.
Si quiere contentar a todos, vale más que no hable. Si piensa en clave electoral, tampoco. Él es el presidente y no saldremos del miedo si no se implican también el resto de partidos y sindicatos. Hace falta transparencia, generosidad y valentía. No valen las trampas. Las urnas ya dirán lo suyo en su momento.
De Gaulle se dirigió a los franceses a través de la BBC el 18 de junio de 1940 en un discurso que se estudia todavía en las escuelas de Francia. Habló de la ignominiosa rendición del régimen de Vichy al avasallamiento de Hitler. Nacía la Francia libre con un discurso que pedía a sus paisanos sumarse a la resistencia.
Churchill convenció a los británicos que no se rendirían a los bombardeos nazis prometiéndoles que sólo con sangre sudor y lágrimas podrían vencer a lo que calificó como la encarnación del mal. Habló, fue sincero y los ingleses le siguieron en aquellas horas sublimes.
No es peor la actual situación que la que vivía el país en 1977. Fue el discurso de Enrique Fuentes Quintana en vísperas de los Pactos de la Moncloa el que marcó el punto de inflexión para salir del caos que tenía confundido al gobierno Suárez. El profesor Fuentes reconoció la cruda realidad y solicitó el apoyo de todos para salir adelante prometiendo a la ciudadanía explicar con transparencia la verdad de la situación.
Este discurso realista brilla por su ausencia en los largos titubeos del presidente Zapatero que actúa en solitario, sin los colaboradores adecuados, dando bandazos con medidas de urgencia que con frecuencia han sido contradictorias.
No sé si Zapatero está todavía a tiempo. Pero si quiere salvar la situación y su pellejo político sería urgente que se dirigiera a todo el país, nos hablara de la magnitud de la crisis, reconociera sus errores y ofreciera medidas para empezar a salir del hoyo, tras un debate serio y civilizado en el Parlamento.
Si quiere contentar a todos, vale más que no hable. Si piensa en clave electoral, tampoco. Él es el presidente y no saldremos del miedo si no se implican también el resto de partidos y sindicatos. Hace falta transparencia, generosidad y valentía. No valen las trampas. Las urnas ya dirán lo suyo en su momento.
miércoles, febrero 03, 2010
Zapatero reza en Washington
El presidente Zapatero se recogerá hoy en oración en un almuerzo en un hotel de Washington y podrá saludar al presidente Obama que también asistirá a este encuentro que reune anualmente a cientos de personas. Habría sido una descortesía que Zapatero hubiera rechazado la invitación a la plegaria del Desayuno Nacional de la Oración que es un acto de carácter religioso pero con repercusiones políticas que no se le escapan a nadie.
Es irrelevante qué pasaje bíblico escogerá el presidente español para leerlo ante un público tan poderoso como heterogéneo. Tampoco importa si Zapatero pedirá algo al Altísimo. Lo que seguramente pasará por su cabeza es por qué su nuevo encuentro con Obama se produce en estas insospechadas circunstancias, después de que la Casa Blanca haya suspendido el viaje presidencial a la cumbre europea del mes de mayo.
También puede rumiar Zapatero sobre las últimas cifras de paro en España que han superado los cuatro millones de personas sin trabajo. Pasarán por su mente los informes de las instituciones internacionales que sitúan a España en los últimos puestos de la recuperación económica de los países ricos. Seguramente reflexionará también sobre la advertencia de los sindicatos españoles que han sacado el fantasma de la huelga general si el gobierno sigue adelante con su propósito de prolongar la edad de jubilación hasta los 67 años. Felipe González ya lo experimentó el 14 de diciembre de 1988.
Qué ingratitud, podrá pensar, la de los sindicatos a los que ha protegido especialmente para garantizar la paz social rechazando realizar las necesarias reformas estructurales. A lo mejor recuerda aquella célebre sentencia de Churchill al acusar al primer ministro Chamberlain, que fue a pactar con Hitler en Munich el año 1938, y que decía: “habéis sacrificado el honor por tratar de evitar la guerra, pero terminaréis teniendo guerra y deshonor”. Puede tener una huelga general y no haber realizado las reformas laborales para salir más rápido de la crisis que está reventando las hechuras de la economía española.
Pero su gran frustración puede ser que la presidencia rotatoria española no ha conseguido atraer la atención de Obama para que acudiera a la cumbre prevista en el mes de mayo. Quizás Zapatero no ha sabido leer con atención el articulado del Tratado de Lisboa que establece que la presidencia de la Unión Europea está en manos de Herman van Rompuy y que la política exterior debe ser gestionada por la baronesa Ashton.
Estamos en periodo de adaptación del Tratado de Lisboa y Obama habrá visto que Europa todavía no tiene teléfono fijo a quien llamar. La presidencia de la UE está en Bruselas y las fotos oficiales de las cumbres son virtuales. Zapatero no tiene por qué rezar pero sí tiene que estar preocupado.
Es irrelevante qué pasaje bíblico escogerá el presidente español para leerlo ante un público tan poderoso como heterogéneo. Tampoco importa si Zapatero pedirá algo al Altísimo. Lo que seguramente pasará por su cabeza es por qué su nuevo encuentro con Obama se produce en estas insospechadas circunstancias, después de que la Casa Blanca haya suspendido el viaje presidencial a la cumbre europea del mes de mayo.
También puede rumiar Zapatero sobre las últimas cifras de paro en España que han superado los cuatro millones de personas sin trabajo. Pasarán por su mente los informes de las instituciones internacionales que sitúan a España en los últimos puestos de la recuperación económica de los países ricos. Seguramente reflexionará también sobre la advertencia de los sindicatos españoles que han sacado el fantasma de la huelga general si el gobierno sigue adelante con su propósito de prolongar la edad de jubilación hasta los 67 años. Felipe González ya lo experimentó el 14 de diciembre de 1988.
Qué ingratitud, podrá pensar, la de los sindicatos a los que ha protegido especialmente para garantizar la paz social rechazando realizar las necesarias reformas estructurales. A lo mejor recuerda aquella célebre sentencia de Churchill al acusar al primer ministro Chamberlain, que fue a pactar con Hitler en Munich el año 1938, y que decía: “habéis sacrificado el honor por tratar de evitar la guerra, pero terminaréis teniendo guerra y deshonor”. Puede tener una huelga general y no haber realizado las reformas laborales para salir más rápido de la crisis que está reventando las hechuras de la economía española.
Pero su gran frustración puede ser que la presidencia rotatoria española no ha conseguido atraer la atención de Obama para que acudiera a la cumbre prevista en el mes de mayo. Quizás Zapatero no ha sabido leer con atención el articulado del Tratado de Lisboa que establece que la presidencia de la Unión Europea está en manos de Herman van Rompuy y que la política exterior debe ser gestionada por la baronesa Ashton.
Estamos en periodo de adaptación del Tratado de Lisboa y Obama habrá visto que Europa todavía no tiene teléfono fijo a quien llamar. La presidencia de la UE está en Bruselas y las fotos oficiales de las cumbres son virtuales. Zapatero no tiene por qué rezar pero sí tiene que estar preocupado.
lunes, febrero 01, 2010
El progreso y el silencio del conocimiento
El progreso de las naciones no hace ruido. En todo caso no nace de la política ni de los discursos. Empieza en la escuela y se consolida en la universidad. En un paseo por los campos de Eton, a los pies del castillo de Windsor, me comentaba hace años Augusto Assia que la batalla de Waterloo se ganó en las aulas y en los campos de deporte de la más elitista de las escuelas inglesas, la puerta de entrada más segura para estudiar en Cambridge y Oxford.
Se me ocurre que si parte de las energías empleadas en el debate político de los últimos años se hubieran desviado a cómo mejorar nuestro sistema educativo, y no me refiero sólo a las siempre definitivas leyes de educación, el país respiraría con mucho más oxígeno.
Acabo de leer que China ha experimentado un crecimiento en investigación científica superior al de cualquier otro país en los últimos treinta años. Hace unos meses Javier Solana nos decía que China produce 400.000 ingenieros cada año. Con más de diez mil publicaciones científicas analizadas se detecta que los investigadores chinos han multiplicado por 64 el número de trabajos presentados desde 1981. Sólo Estados Unidos adelanta a China.
También se descubre que Rusia era la segunda potencia en investigación en la era soviética y hoy ha sido desplazada por India y Brasil. No es una casualidad que las potencias políticas y económicas sean también las primeras en educación, investigación y desarrollo. El estudio publicado por el Financial Times observa tres factores en el aumento espectacular del conocimiento en China.
El primero es la gran inversión del gobierno de Pekín en investigación y desarrollo, desde la escuela hasta los postgrados de la universidad. El segundo es la fluidez de los conocimientos hacia las aplicaciones comerciales e industriales. El tercero es favorecer la diáspora de miles de investigadores hacia Estados Unidos y Europa permitiéndoles trabajar, por ejemplo, medio año en el extranjero y el resto en el propio país.
Es cierto que la renta per cápita de los chinos es inferior a la de Europa y Estados Unidos. Pero el camino emprendido para consagrarse como una gran potencia del conocimiento es el acertado. Diez universidades chinas están muy bien situadas en el ranking educativo mundial. Toda esta realidad es silenciosa pero es el primer síntoma de vitalidad de un país.
Se me ocurre que si parte de las energías empleadas en el debate político de los últimos años se hubieran desviado a cómo mejorar nuestro sistema educativo, y no me refiero sólo a las siempre definitivas leyes de educación, el país respiraría con mucho más oxígeno.
Acabo de leer que China ha experimentado un crecimiento en investigación científica superior al de cualquier otro país en los últimos treinta años. Hace unos meses Javier Solana nos decía que China produce 400.000 ingenieros cada año. Con más de diez mil publicaciones científicas analizadas se detecta que los investigadores chinos han multiplicado por 64 el número de trabajos presentados desde 1981. Sólo Estados Unidos adelanta a China.
También se descubre que Rusia era la segunda potencia en investigación en la era soviética y hoy ha sido desplazada por India y Brasil. No es una casualidad que las potencias políticas y económicas sean también las primeras en educación, investigación y desarrollo. El estudio publicado por el Financial Times observa tres factores en el aumento espectacular del conocimiento en China.
El primero es la gran inversión del gobierno de Pekín en investigación y desarrollo, desde la escuela hasta los postgrados de la universidad. El segundo es la fluidez de los conocimientos hacia las aplicaciones comerciales e industriales. El tercero es favorecer la diáspora de miles de investigadores hacia Estados Unidos y Europa permitiéndoles trabajar, por ejemplo, medio año en el extranjero y el resto en el propio país.
Es cierto que la renta per cápita de los chinos es inferior a la de Europa y Estados Unidos. Pero el camino emprendido para consagrarse como una gran potencia del conocimiento es el acertado. Diez universidades chinas están muy bien situadas en el ranking educativo mundial. Toda esta realidad es silenciosa pero es el primer síntoma de vitalidad de un país.
lunes, enero 25, 2010
Elecciones anticipadas
Los partidos son una parte de la realidad política. Por eso se llaman partidos y representan posiciones propias sobre los intereses que representan. Cuando esos partidos deciden legítimamente aliarse para gobernar un país son conscientes que el todo es una suma de las partes pero que las partes no pueden imponerse sobre el todo.
Un gobierno de coalición vive en debate interno continuo llegando a acuerdos que luego son compartidos por los socios pensando más en el bien general que en las posiciones particulares de cada formación. El problema se plantea cuando se entra en periodo electoral y cada partido tiene la necesidad de recuperar su perfil propio con objeto de revalidar la confianza de sus respectivos electores.
En esta situación nos encontramos en Cataluña que será convocada a las urnas antes de ocho meses. Cada día que pasa serán mayores las discrepancias en el seno del gobierno en cuestiones tan importantes como el trato que merece la inmigración, la reorganización territorial del país con una ley de veguerías encallada, una ley de educación que no ha recibido el apoyo de todos los miembros del tripartito, un presidente Montilla que ha tenido a última hora que sumarse a las tesis contrarias al cementerio nuclear en Ascó y otras discrepancias que irán surgiendo a medida que se acerque la campaña electoral. El tripartito de Maragall no pudo agotar su mandato y convocó elecciones poco después de invitar a Esquerra Republicana a que abandonara el gobierno.
El presidente Montilla tiene la facultad de convocar elecciones anticipadas o bien agotar la legislatura si sigue gozando del apoyo de sus socios. Las dos opciones son arriesgadas. La primera sería reconocer que el actual tripartito tampoco ha sido capaz de llegar hasta el final. La segunda sería someterse a nuevas e inesperadas tensiones que se presentarán en los próximos meses en los que los intereses de los partidos serán prioritarios a los de la gobernabilidad del país en tiempos de una grave crisis económica a pesar de que el conseller Castells diga que se detectan síntomas de recuperación.
Se trata de meses, antes o después del verano. Los gobiernos de coalición suelen disolverse anticipadamente para evitar que la campaña electoral se haga desde las voces disonantes del ejecutivo. Pienso que para el bien del país cuanto antes se convoque a las urnas, mejor.
Un gobierno de coalición vive en debate interno continuo llegando a acuerdos que luego son compartidos por los socios pensando más en el bien general que en las posiciones particulares de cada formación. El problema se plantea cuando se entra en periodo electoral y cada partido tiene la necesidad de recuperar su perfil propio con objeto de revalidar la confianza de sus respectivos electores.
En esta situación nos encontramos en Cataluña que será convocada a las urnas antes de ocho meses. Cada día que pasa serán mayores las discrepancias en el seno del gobierno en cuestiones tan importantes como el trato que merece la inmigración, la reorganización territorial del país con una ley de veguerías encallada, una ley de educación que no ha recibido el apoyo de todos los miembros del tripartito, un presidente Montilla que ha tenido a última hora que sumarse a las tesis contrarias al cementerio nuclear en Ascó y otras discrepancias que irán surgiendo a medida que se acerque la campaña electoral. El tripartito de Maragall no pudo agotar su mandato y convocó elecciones poco después de invitar a Esquerra Republicana a que abandonara el gobierno.
El presidente Montilla tiene la facultad de convocar elecciones anticipadas o bien agotar la legislatura si sigue gozando del apoyo de sus socios. Las dos opciones son arriesgadas. La primera sería reconocer que el actual tripartito tampoco ha sido capaz de llegar hasta el final. La segunda sería someterse a nuevas e inesperadas tensiones que se presentarán en los próximos meses en los que los intereses de los partidos serán prioritarios a los de la gobernabilidad del país en tiempos de una grave crisis económica a pesar de que el conseller Castells diga que se detectan síntomas de recuperación.
Se trata de meses, antes o después del verano. Los gobiernos de coalición suelen disolverse anticipadamente para evitar que la campaña electoral se haga desde las voces disonantes del ejecutivo. Pienso que para el bien del país cuanto antes se convoque a las urnas, mejor.
miércoles, enero 20, 2010
Un 20 de enero adverso para Obama
Los 20 de enero suelen ser radiantes, fríos y cambiantes en Washington. Hace un año, el mundo contemplaba con entusiasmo la toma de posesión de Barack Obama en la ceremonia inaugural de la presidencia protagonizada por el primer negro que accedía a la Casa Blanca.
Hace medio siglo, el presidente Kennedy tomaba el relevo al general Eisenhower, ambos tocados con sombrero de copa, y colocaba por primera vez a un católico al frente de Estados Unidos. Hace treinta años, Ronald Reagan desplazaba al efímero Jimmy Carter abriendo la revolución conservadora mientras llegaban las noticias de la liberación de los rehenes que durante 444 días habían permanecido secuestrados por el régimen islámico de Teherán.
Este 20 de enero no se ha celebrado en el Mall de la capital norteamericana sino en el estado de Massachussetts, feudo histórico de los demócratas, donde un candidato republicano se alzaba con la victoria para cubrir el escaño que el mítico senador Ted Kennedy había dejado vacante con su muerte.
Los demócratas han perdido la mayoría en el Senado. La reforma sanitaria que pretende cubrir la atención médica de todos los norteamericanos puede recibir una estocada definitiva cuando el proyecto llegue al Senado después de haber sido mutilado en la Cámara de Representates. Es un revés para Obama y para la reforma más emblemática que pretendía introducir. Los intereses de la industria farmacéutica han sido decisivos para la victoria republicana en Massachussetts, así como la influencia de los medios conservadores que no han aceptado la victoria de Obama. El mensaje republicano se ha centrado en que la reforma de la sanidad costaría 300.000 millones de dólares y que la subida de impuestos sería imprescindible. La popularidad del presidente ha bajado más de veinte puntos y sólo roza el 50 por ciento.
Lo más extraordinario de la política americana es el juicio severo a que son sometidos los gobernantes a los que se aprueba más por lo que hacen que por lo que dicen. Obama no es una excepción. La reforma sanitaria ha sido el pretexto que ha roto el idealismo de Obama al proponer algo que es común en todos los países europeos y que algún día algún presidente tendrá que conseguir para que ningún ciudadano se quede sin cobertura médica pública.
Otros dos factores han influido también en el descenso de popularidad de Obama que recibió la herencia de la gran crisis económica, dos guerras abiertas, Guantánamo y la pobre credibilidad en el mundo de Estados Unidos como consecuencia de sus aventuras militares en Oriente Medio. El paro sigue en el 10 por ciento y la guerra en Afganistán se está perdiendo mientras que la retirada de Iraq significa también una derrota. Obama tiene tres años para recuperarse.
Hace medio siglo, el presidente Kennedy tomaba el relevo al general Eisenhower, ambos tocados con sombrero de copa, y colocaba por primera vez a un católico al frente de Estados Unidos. Hace treinta años, Ronald Reagan desplazaba al efímero Jimmy Carter abriendo la revolución conservadora mientras llegaban las noticias de la liberación de los rehenes que durante 444 días habían permanecido secuestrados por el régimen islámico de Teherán.
Este 20 de enero no se ha celebrado en el Mall de la capital norteamericana sino en el estado de Massachussetts, feudo histórico de los demócratas, donde un candidato republicano se alzaba con la victoria para cubrir el escaño que el mítico senador Ted Kennedy había dejado vacante con su muerte.
Los demócratas han perdido la mayoría en el Senado. La reforma sanitaria que pretende cubrir la atención médica de todos los norteamericanos puede recibir una estocada definitiva cuando el proyecto llegue al Senado después de haber sido mutilado en la Cámara de Representates. Es un revés para Obama y para la reforma más emblemática que pretendía introducir. Los intereses de la industria farmacéutica han sido decisivos para la victoria republicana en Massachussetts, así como la influencia de los medios conservadores que no han aceptado la victoria de Obama. El mensaje republicano se ha centrado en que la reforma de la sanidad costaría 300.000 millones de dólares y que la subida de impuestos sería imprescindible. La popularidad del presidente ha bajado más de veinte puntos y sólo roza el 50 por ciento.
Lo más extraordinario de la política americana es el juicio severo a que son sometidos los gobernantes a los que se aprueba más por lo que hacen que por lo que dicen. Obama no es una excepción. La reforma sanitaria ha sido el pretexto que ha roto el idealismo de Obama al proponer algo que es común en todos los países europeos y que algún día algún presidente tendrá que conseguir para que ningún ciudadano se quede sin cobertura médica pública.
Otros dos factores han influido también en el descenso de popularidad de Obama que recibió la herencia de la gran crisis económica, dos guerras abiertas, Guantánamo y la pobre credibilidad en el mundo de Estados Unidos como consecuencia de sus aventuras militares en Oriente Medio. El paro sigue en el 10 por ciento y la guerra en Afganistán se está perdiendo mientras que la retirada de Iraq significa también una derrota. Obama tiene tres años para recuperarse.
lunes, enero 18, 2010
Confiar más en la sociedad
Sería interesante que en este año electoral nuestros políticos se pusieran en la piel de los electores para dar respuesta a sus preocupaciones, inquietudes e intereses. Atravesamos tiempos muy frágiles y la política los tiene que afrontar proponiendo soluciones plurales y posibles.
A pesar de que Orwell escribiera que “la política es una masa de mentiras, evasivas, estupidez, odio y esquizofrenia”, sostengo que es imprescindible porque todas las cuestiones que afectan a la temporalidad de las cosas humanas acaban siendo políticas. No pretendo que los partidos pongan el contador a cero porque todos transportan una mochila de historia, de aciertos y errores, de una legítima carga ideológica, de años en el gobierno o en la oposición.
Pero sí que les recomendaría que fueran sobrios en el lenguaje que puede convertir la mentira en verdad y confundir los sueños y promesas con realidades inalcanzables. En épocas crudas como las que vivimos no es oportuno que nadie se cuelgue medallas. El país se encuentra en una recesión desconocida hasta ahora, el paro aumenta, la economía globalizada exige un mayor esfuerzo de competitividad, no hay recursos para hacer frente a las promesas hechas por el actual gobierno y la inmigración ha entrado de lleno en el debate social y político.
La complejidad del momento no admite demagogia ni populismos improvisados. Deberíamos saber, después de comprobar una y otra vez adonde han conducido las fantasías utópicas de Platón, que los ideales de igualdad, de racionalidad colectiva, de austeridad abnegada, solamente podrán alcanzarse sin las tácticas a corto plazo desde las cúpulas de los partidos o desde los gabinetes electorales.
Hay que confiar mucho más en la sociedad catalana que ha dado muestras de madurez, de forzada resignación, de espera de una clase política que piense más en el conjunto del país que en las peleas con titulares estúpidos en los medios escritos y audiovisuales.
El país espera que le cuenten lo que está ocurriendo aunque sea desagradable. Que le hablen sobre cómo canalizar el esfuerzo personal y colectivo, cómo vehicular la gran masa crítica de inteligencia y conocimientos que almacena, cómo podemos situarnos en un mundo tan cambiante como inestable.
La iniciativa olímpica del alcalde Hereu no va en esta dirección. El sentimentalismo patriótico, tampoco.
A pesar de que Orwell escribiera que “la política es una masa de mentiras, evasivas, estupidez, odio y esquizofrenia”, sostengo que es imprescindible porque todas las cuestiones que afectan a la temporalidad de las cosas humanas acaban siendo políticas. No pretendo que los partidos pongan el contador a cero porque todos transportan una mochila de historia, de aciertos y errores, de una legítima carga ideológica, de años en el gobierno o en la oposición.
Pero sí que les recomendaría que fueran sobrios en el lenguaje que puede convertir la mentira en verdad y confundir los sueños y promesas con realidades inalcanzables. En épocas crudas como las que vivimos no es oportuno que nadie se cuelgue medallas. El país se encuentra en una recesión desconocida hasta ahora, el paro aumenta, la economía globalizada exige un mayor esfuerzo de competitividad, no hay recursos para hacer frente a las promesas hechas por el actual gobierno y la inmigración ha entrado de lleno en el debate social y político.
La complejidad del momento no admite demagogia ni populismos improvisados. Deberíamos saber, después de comprobar una y otra vez adonde han conducido las fantasías utópicas de Platón, que los ideales de igualdad, de racionalidad colectiva, de austeridad abnegada, solamente podrán alcanzarse sin las tácticas a corto plazo desde las cúpulas de los partidos o desde los gabinetes electorales.
Hay que confiar mucho más en la sociedad catalana que ha dado muestras de madurez, de forzada resignación, de espera de una clase política que piense más en el conjunto del país que en las peleas con titulares estúpidos en los medios escritos y audiovisuales.
El país espera que le cuenten lo que está ocurriendo aunque sea desagradable. Que le hablen sobre cómo canalizar el esfuerzo personal y colectivo, cómo vehicular la gran masa crítica de inteligencia y conocimientos que almacena, cómo podemos situarnos en un mundo tan cambiante como inestable.
La iniciativa olímpica del alcalde Hereu no va en esta dirección. El sentimentalismo patriótico, tampoco.
miércoles, enero 13, 2010
Más realismo y menos frivolidad
Una de las consecuencias de la crisis económica es que ha caído notablemente el absentismo laboral. Así lo expresaba el profesor Josep Olivé en el programa de Josep Cuní hace una semana con un análisis sobrio pero muy claro sobre la situación en la que nos encontramos. Pocos se atreven a pronosticar si hemos tocado fondo o cuántos meses nos esperan hasta que se detecten los primeros destellos de recuperación.
Se puede pensar que toda la responsabilidad de cuanto nos está ocurriendo es de los políticos, los de aquí o los de allá, en su intento para desviar la atención con iniciativas legislativas que nada tienen que ver con la preocupación principal de la mayoría que es conservar el puesto de trabajo o recuperarlo.
La irresponsabilidad de Zapatero como presidente de turno de la Unión Europea es notable si anuncia iniciativas que no son compartidas, ni siquiera conocidas, por los socios más potentes de la Unión. No cabe esperar mucho en materia económica de un presidente que negó la evidencia de la crisis y no ha querido escuchar los consejos del Banco de España, de la OCDE y de los informes cualificados de instituciones académicas que con los datos en la mano le urgían a que emprendiera las reformas imprescindibles para salir de la crisis.
La prensa europea no suele dictar la política de los gobiernos y acostumbra a limitarse a explicar y opinar sobre lo que ocurre desde posiciones diversas y plurales. Es sintomático que los grandes medios europeos coincidan en señalar la fragilidad de la política económica de Zapatero respecto a cómo afronta la crisis en España y cómo piensa aportar soluciones a los problemas europeos. Tanta unanimidad me inquieta.
Para salir de la crisis son necesarias políticas acertadas de los gobiernos nacionales y de la UE en su conjunto. Una de las medidas imprescindibles, a mi juicio, es más pedagógica que legislativa. La Alemania federal de los años cincuenta surgió de las cenizas de la guerra con un esfuerzo colectivo para reconstruir el país. Consistía básicamente en que cada alemán trabajara más horas, no reclamara aumento de salarios y se esforzara en hacer mejor que nadie el trabajo.
Alguien tiene que decir que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades durante largo tiempo. Y no será posible continuar así, con una deuda personal, familiar, empresarial y nacional que no se podrá pagar a corto o medio plazo.
El político que anuncie medidas de esfuerzo y austeridad personal y colectiva, trabajar mucho y bien, seguramente no ganará muchos votos en las elecciones. Pero hará un gran servicio a la sociedad que espera conocer de los máximos responsables políticos la magnitud de la crisis y participar personalmente en superarla. En definitiva, más realismo y menos frivolidad, más transparencia y menos propaganda.
Se puede pensar que toda la responsabilidad de cuanto nos está ocurriendo es de los políticos, los de aquí o los de allá, en su intento para desviar la atención con iniciativas legislativas que nada tienen que ver con la preocupación principal de la mayoría que es conservar el puesto de trabajo o recuperarlo.
La irresponsabilidad de Zapatero como presidente de turno de la Unión Europea es notable si anuncia iniciativas que no son compartidas, ni siquiera conocidas, por los socios más potentes de la Unión. No cabe esperar mucho en materia económica de un presidente que negó la evidencia de la crisis y no ha querido escuchar los consejos del Banco de España, de la OCDE y de los informes cualificados de instituciones académicas que con los datos en la mano le urgían a que emprendiera las reformas imprescindibles para salir de la crisis.
La prensa europea no suele dictar la política de los gobiernos y acostumbra a limitarse a explicar y opinar sobre lo que ocurre desde posiciones diversas y plurales. Es sintomático que los grandes medios europeos coincidan en señalar la fragilidad de la política económica de Zapatero respecto a cómo afronta la crisis en España y cómo piensa aportar soluciones a los problemas europeos. Tanta unanimidad me inquieta.
Para salir de la crisis son necesarias políticas acertadas de los gobiernos nacionales y de la UE en su conjunto. Una de las medidas imprescindibles, a mi juicio, es más pedagógica que legislativa. La Alemania federal de los años cincuenta surgió de las cenizas de la guerra con un esfuerzo colectivo para reconstruir el país. Consistía básicamente en que cada alemán trabajara más horas, no reclamara aumento de salarios y se esforzara en hacer mejor que nadie el trabajo.
Alguien tiene que decir que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades durante largo tiempo. Y no será posible continuar así, con una deuda personal, familiar, empresarial y nacional que no se podrá pagar a corto o medio plazo.
El político que anuncie medidas de esfuerzo y austeridad personal y colectiva, trabajar mucho y bien, seguramente no ganará muchos votos en las elecciones. Pero hará un gran servicio a la sociedad que espera conocer de los máximos responsables políticos la magnitud de la crisis y participar personalmente en superarla. En definitiva, más realismo y menos frivolidad, más transparencia y menos propaganda.
martes, enero 12, 2010
Los Robinson y los Berlusconi
En Irlanda del Norte ha dimitido el ministro principal porque su señora esposa tuvo un affaire con un joven cuarenta años más joven que ella. De sus relaciones furtivas y secretas se desprendió un favor político para montar un bar al amante mozalbete. Él es Peter Robinson y ella la señora Robinson. Los dos han dimitido de sus cargos públicos y van a abandonar sus actas parlamentarias.
Los dos hicieron de su ejemplaridad matrimonial uno de los activos de su larga carrera política. El puritanismo de los señores Robinson les llevaba a dar lecciones sobre las costumbres sociales que no eran compartidos por muchos. Al conocerse los detalles de la condición humana de los dos personajes han abandonado sus cargos y puede precipitarse una crisis política.
En Italia ha ocurrido exactamente lo contrario. Sylvio Berlusconi ha exhibido sus relaciones con jovenzuelas, artistas y demás personal de la farándula italiana. Incluso han salido fotos de sus orgías en Villa Certosa, su gran mansión en la isla de Cerdeña. Y no ha pasado nada, al margen de que su mujer ha pedido el divorcio. Berlusconi sigue siendo el primer ministro, el hombre más rico de Italia y el que controla muchos medios de comunicación.
Analicen y comparen. Mi opinión es que me parecen impresentables los dos casos. Un inaceptable fariseísmo en Belfast y un cara dura en Roma que no tiene ni pizca de responsabilidad ni de vergüenza.
Los dos hicieron de su ejemplaridad matrimonial uno de los activos de su larga carrera política. El puritanismo de los señores Robinson les llevaba a dar lecciones sobre las costumbres sociales que no eran compartidos por muchos. Al conocerse los detalles de la condición humana de los dos personajes han abandonado sus cargos y puede precipitarse una crisis política.
En Italia ha ocurrido exactamente lo contrario. Sylvio Berlusconi ha exhibido sus relaciones con jovenzuelas, artistas y demás personal de la farándula italiana. Incluso han salido fotos de sus orgías en Villa Certosa, su gran mansión en la isla de Cerdeña. Y no ha pasado nada, al margen de que su mujer ha pedido el divorcio. Berlusconi sigue siendo el primer ministro, el hombre más rico de Italia y el que controla muchos medios de comunicación.
Analicen y comparen. Mi opinión es que me parecen impresentables los dos casos. Un inaceptable fariseísmo en Belfast y un cara dura en Roma que no tiene ni pizca de responsabilidad ni de vergüenza.
lunes, enero 11, 2010
Una guerra sin inteligencia
Estamos en guerra. Lo dijo el presidente Obama al asumir la responsabilidad del caos de los servicios de inteligencia norteamericanos que no detectaron a un nigeriano que estuvo a punto de perpetrar una tragedia poco antes de que un vuelo de Amsterdam a Detroit estallara por los aires. Que estamos en guerra contra el terror ya lo proclamó George Bush cuando inventó la democracia imperial a fuerza de desplegamiento de tropas.
Estamos en guerra desde 2001 utilizando las armas más sofisticadas y el envío de más de 200.000 soldados a Iraq y Afganistán, cientos de miles de muertos y una inestabilidad en la zona que ha originado que más del 80 por ciento de las víctimas de los atentados sean musulmanes.
Una guerra contra un enemigo que no se identifica con un Estado, que se ha extendido a todo el universo musulmán y que puede estar preparando nuevos golpes en cualquiera de nuestras ciudades. Ayer mismo supimos que Al Qaeda ha amenazado matar a un súbdito francés secuestrado en Mali si no se liberan a cuatro presos islamistas en ese país. Podemos pagar caro sus propios enfrentamientos.
Lo más desconcertante es que la información no procede de un portavoz oficial sino que ha aparecido en varias webs jihaidistas a las que se otorga credibilidad, entre otras cosas, porque no hay otra fuente más fiable. La suerte de los tres compatriotas catalanes secuestrados por Al Qaeda en Mauritania depende de los mensajes que los terroristas tengan a bien transmitir a través de la red.
Obama va a destinar mil millones de dólares para reforzar la seguridad en los aeropuertos en los que quedarán grabados los más menudos detalles de nuestra intimidad. Los ámbitos de nuestras libertades van quedando cada vez más reducidos, a pesar de la superioridad militar, económica y tecnológica de Occidente.
La paradoja es que las minorías que pretenden islamizarnos utilizan la modernidad para sembrar el miedo y el terror a quienes la hemos inventado. No se puede hacer frente a este enemigo invisible con los parámetros militares del siglo XX. Quienes están detrás de estos atentados utilizan la fuerza del terror, pero lo hacen con inteligencia.
Si nos falla la inteligencia perderemos muchas batallas. Churchill lo dijo hace medio siglo: la multinacional más poderosa será la de la inteligencia. No nos damos por enterados.
Estamos en guerra desde 2001 utilizando las armas más sofisticadas y el envío de más de 200.000 soldados a Iraq y Afganistán, cientos de miles de muertos y una inestabilidad en la zona que ha originado que más del 80 por ciento de las víctimas de los atentados sean musulmanes.
Una guerra contra un enemigo que no se identifica con un Estado, que se ha extendido a todo el universo musulmán y que puede estar preparando nuevos golpes en cualquiera de nuestras ciudades. Ayer mismo supimos que Al Qaeda ha amenazado matar a un súbdito francés secuestrado en Mali si no se liberan a cuatro presos islamistas en ese país. Podemos pagar caro sus propios enfrentamientos.
Lo más desconcertante es que la información no procede de un portavoz oficial sino que ha aparecido en varias webs jihaidistas a las que se otorga credibilidad, entre otras cosas, porque no hay otra fuente más fiable. La suerte de los tres compatriotas catalanes secuestrados por Al Qaeda en Mauritania depende de los mensajes que los terroristas tengan a bien transmitir a través de la red.
Obama va a destinar mil millones de dólares para reforzar la seguridad en los aeropuertos en los que quedarán grabados los más menudos detalles de nuestra intimidad. Los ámbitos de nuestras libertades van quedando cada vez más reducidos, a pesar de la superioridad militar, económica y tecnológica de Occidente.
La paradoja es que las minorías que pretenden islamizarnos utilizan la modernidad para sembrar el miedo y el terror a quienes la hemos inventado. No se puede hacer frente a este enemigo invisible con los parámetros militares del siglo XX. Quienes están detrás de estos atentados utilizan la fuerza del terror, pero lo hacen con inteligencia.
Si nos falla la inteligencia perderemos muchas batallas. Churchill lo dijo hace medio siglo: la multinacional más poderosa será la de la inteligencia. No nos damos por enterados.
miércoles, enero 06, 2010
Analogías de la historia
Cuenta Tzevetan Todorov en Los abusos de la memoria que en la actualidad ya no hay redadas de judíos ni campos de exterminio. No obstante, tenemos que conservar viva la memoria del pasado, no para pedir una reparación por el daño sufrido, sino para estar alerta frente a situaciones nuevas y sin embargo análogas.
Los cambios de ciclos históricos no se detectan mientras transcurren sino que se descubren después de haber atravesado las fronteras entre lo de antes y lo de ahora. Todos los acontecimientos positivos y negativos fueron improbables antes de que se produjeran. El imperio soviético cayó inesperadamente a partir de 1989 así como se derrumbaron los imperios coloniales europeos al finalizar la Gran Guerra de 1914.
En estos momentos de incertidumbres sobre el futuro de las relaciones entre Catalunya y España tendría que ser obligatorio para los políticos y para cuantos podamos influir de alguna manera en el inconcluso y tenso debate que está en curso, realizar un curso acelerado sobre la rica historia del catalanismo desde mediados del siglo XIX. Quien desconozca los azarosos hechos que nos han conducido al periodo más largo de progreso, paz y libertad de nuestra historia podría equivocarse en el diagnóstico de futuro.
Estos días he leído tres libros recientes que aportan nuevas perspectivas sobre la historia del catalanismo. Josep Termes nos ofrece un (Nou) Resum d'història del Catalanisme, que arranca con la Renaixença y acaba con la recuperación de la autonomía. Termina su documentado relato apartándose de las sentencias históricas clásicas de “Catalunya será cristiana o no será” o la de “Catalunya será de izquierdas o no será” para quedarse con su personal definición: “Catalunya será integradora o no será”. Coincido.
El libro de Lluìs Duran Solà, Breu història del catalanisme. Del segle XIX a la Dictadura de Primo de Rivera, aporta nuevos datos y perspectivas que son imprescindibles para saber de dónde venimos y cómo despertó el sentimiento catalanista hace más de siglo y medio. Su lectura es necesaria.
Por último, Miguel Siguan, lindando los 92 años, en su El projecte català. Del passat al futur, llega a la conclusión de que el proyecto nacional catalán necesita una reformulación que esté a la altura de nuestro tiempo. Hay que conocer los errores del pasado para prevenir los del futuro. Es evidente, dice, que el pasado nos ha dado a los catalanes una identidad fuerte que nos permite considerarnos una nación. También es evidente para Siguán que el pasado nos ha integrado en el Estado español que difícilmente se romperá en un futuro previsible.
Catalunya tiene hoy abiertas todas las posibilidades de la globalización. Habrá que aprovecharlas sabiendo qué queremos ser y cómo pensamos situarnos en un mundo nuevo. No sería prudente volver a improvisar
Los cambios de ciclos históricos no se detectan mientras transcurren sino que se descubren después de haber atravesado las fronteras entre lo de antes y lo de ahora. Todos los acontecimientos positivos y negativos fueron improbables antes de que se produjeran. El imperio soviético cayó inesperadamente a partir de 1989 así como se derrumbaron los imperios coloniales europeos al finalizar la Gran Guerra de 1914.
En estos momentos de incertidumbres sobre el futuro de las relaciones entre Catalunya y España tendría que ser obligatorio para los políticos y para cuantos podamos influir de alguna manera en el inconcluso y tenso debate que está en curso, realizar un curso acelerado sobre la rica historia del catalanismo desde mediados del siglo XIX. Quien desconozca los azarosos hechos que nos han conducido al periodo más largo de progreso, paz y libertad de nuestra historia podría equivocarse en el diagnóstico de futuro.
Estos días he leído tres libros recientes que aportan nuevas perspectivas sobre la historia del catalanismo. Josep Termes nos ofrece un (Nou) Resum d'història del Catalanisme, que arranca con la Renaixença y acaba con la recuperación de la autonomía. Termina su documentado relato apartándose de las sentencias históricas clásicas de “Catalunya será cristiana o no será” o la de “Catalunya será de izquierdas o no será” para quedarse con su personal definición: “Catalunya será integradora o no será”. Coincido.
El libro de Lluìs Duran Solà, Breu història del catalanisme. Del segle XIX a la Dictadura de Primo de Rivera, aporta nuevos datos y perspectivas que son imprescindibles para saber de dónde venimos y cómo despertó el sentimiento catalanista hace más de siglo y medio. Su lectura es necesaria.
Por último, Miguel Siguan, lindando los 92 años, en su El projecte català. Del passat al futur, llega a la conclusión de que el proyecto nacional catalán necesita una reformulación que esté a la altura de nuestro tiempo. Hay que conocer los errores del pasado para prevenir los del futuro. Es evidente, dice, que el pasado nos ha dado a los catalanes una identidad fuerte que nos permite considerarnos una nación. También es evidente para Siguán que el pasado nos ha integrado en el Estado español que difícilmente se romperá en un futuro previsible.
Catalunya tiene hoy abiertas todas las posibilidades de la globalización. Habrá que aprovecharlas sabiendo qué queremos ser y cómo pensamos situarnos en un mundo nuevo. No sería prudente volver a improvisar
martes, enero 05, 2010
Laporta, salvador de la patria
He leído con interés la entrevista épica que Laporta concede a un diario madrileño que se apresura a editorializar que no comparte prácticamente nada de lo que dice el 'president' del Barça. Dos extensas páginas de declaraciones con grandes titulares en busca del millón de catalanes que buscan un Estado propio.
Ya era hora que Laporta se pusiera el sombrero de la política a hombros de un Barça que lo ha ganado todo. Desde Gamper a Laporta hay un erial de más de cien años de mediocridad. Habla de la lucha más romántica que puede librar un pueblo que todavía tiene un sueño. Sigo la entrevista hasta el punto final y no encuentro ni una sola cita de Pep Guardiola que es el auténtico revolucionario de este Barça que marca las notas de la sinfonía universal del fútbol moderno.
Todo lo ha hecho Laporta, el líder, el redentor, el mesías, el salvador de la patria desde un equipo de fútbol. Berlusconi se queda corto ante las ambiciones de este personaje histriónico que la última vez que pasó por las urnas plebiscitarias recibió un castigo del 60,6 por ciento de socios.
Laporta es libre de entrar en la arena política. Pero es de dudosa elegancia y de poco pedigrí democrático el hecho que haya usurpado los sentimientos de cientos de miles de barcelonistas para ponerlos al servicio de una causa política personal.
Veo incompatible que siga siendo presidente del Barça y se postule paralelamente como candidato a presidir la Generalitat de Catalunya. Extraño. Afirmo que el barcelonismo vive días gloriosos. El guardiolismo está en lo más alto. Pero el laportismo es la antesala del populismo. No se puede ser más pretencioso.
Articulo publicado en El Mundo Deportivo el 5 de enero
Ya era hora que Laporta se pusiera el sombrero de la política a hombros de un Barça que lo ha ganado todo. Desde Gamper a Laporta hay un erial de más de cien años de mediocridad. Habla de la lucha más romántica que puede librar un pueblo que todavía tiene un sueño. Sigo la entrevista hasta el punto final y no encuentro ni una sola cita de Pep Guardiola que es el auténtico revolucionario de este Barça que marca las notas de la sinfonía universal del fútbol moderno.
Todo lo ha hecho Laporta, el líder, el redentor, el mesías, el salvador de la patria desde un equipo de fútbol. Berlusconi se queda corto ante las ambiciones de este personaje histriónico que la última vez que pasó por las urnas plebiscitarias recibió un castigo del 60,6 por ciento de socios.
Laporta es libre de entrar en la arena política. Pero es de dudosa elegancia y de poco pedigrí democrático el hecho que haya usurpado los sentimientos de cientos de miles de barcelonistas para ponerlos al servicio de una causa política personal.
Veo incompatible que siga siendo presidente del Barça y se postule paralelamente como candidato a presidir la Generalitat de Catalunya. Extraño. Afirmo que el barcelonismo vive días gloriosos. El guardiolismo está en lo más alto. Pero el laportismo es la antesala del populismo. No se puede ser más pretencioso.
Articulo publicado en El Mundo Deportivo el 5 de enero
lunes, enero 04, 2010
Enemigo invisible recorre el mundo
Un enemigo invisible recorre el mundo sembrando el miedo a individuos y sociedades enteras. Un nigeriano estudiante en Londres se adiestró en Yemen, subió a un avión en Amsterdam con destino a Detroit con el objetivo de inmolarse y poner fin a la vida de todo el pasaje.
Estos días un hombre llamó a la puerta de un caricaturista danés que se atrevió a publicar unos dibujos ofensivos contra el Profeta hace unos años poniendo su vida en peligro desde entonces. En Holanda asesinaron al cineasta Van Gogh por haber dirigido una película sobre el Islam. El terrorismo de procedencia islámica ha sacudido Madrid, Londres, Nueva York y Washington. En Mauritania siguen secuestrados tres catalanes que transportaban ayuda humanitaria al África subsahariana.
Estados Unidos y Gran Bretaña han cerrado sus embajadas en Yemen ante el temor de inminentes ataques de Al Qaeda o una de sus franquicias diseminadas por el mundo musulmán y camufladas también en cualquier ciudad occidental. Viajar en avión sigue siendo una necesidad que preceptivamente tiene que pasar por el suplicio de los controles de los aeropuertos que nos desnudan hasta conocer los rincones más íntimos de cada uno de los pasajeros.
Enfrente no tenemos a un ejército, a un estado o a personas que puedan identificarse. Hay una idea que recluta a cientos de voluntarios que practican el desprecio más absoluto a las vidas ajenas. Es poco conocido que el número de víctimas de este radicalismo violento es diez veces superior en las sociedades musulmanas que en las occidentales.
En todo caso, la estrategia de la fuerza de los ejércitos que desde 2001 golpearon Afganistán y derrocaron al régimen de los talibanes no ha conseguido ni ganar la guerra ni alejar el peligro que acecha en cualquier lugar del planeta. Occidente no dispone de pautas ni programas para combatir los puntos de ignición de este terror global que pueden encontrarse en Barcelona o en Bali.
No estamos ante un choque de civilizaciones sino ante la supervivencia de la civilización. Y para ganar esta nueva e inesperada batalla global utilizamos los mismos conceptos del estado que nacieron de la Paz de Westfalia de 1648. Un estado no puede combatir un peligro tan difuso y tan opaco que circula por la red sin que los gobiernos puedan detectarlo. Son las consecuencias de la inseguridad jurídica global en que vivimos.
Estos días un hombre llamó a la puerta de un caricaturista danés que se atrevió a publicar unos dibujos ofensivos contra el Profeta hace unos años poniendo su vida en peligro desde entonces. En Holanda asesinaron al cineasta Van Gogh por haber dirigido una película sobre el Islam. El terrorismo de procedencia islámica ha sacudido Madrid, Londres, Nueva York y Washington. En Mauritania siguen secuestrados tres catalanes que transportaban ayuda humanitaria al África subsahariana.
Estados Unidos y Gran Bretaña han cerrado sus embajadas en Yemen ante el temor de inminentes ataques de Al Qaeda o una de sus franquicias diseminadas por el mundo musulmán y camufladas también en cualquier ciudad occidental. Viajar en avión sigue siendo una necesidad que preceptivamente tiene que pasar por el suplicio de los controles de los aeropuertos que nos desnudan hasta conocer los rincones más íntimos de cada uno de los pasajeros.
Enfrente no tenemos a un ejército, a un estado o a personas que puedan identificarse. Hay una idea que recluta a cientos de voluntarios que practican el desprecio más absoluto a las vidas ajenas. Es poco conocido que el número de víctimas de este radicalismo violento es diez veces superior en las sociedades musulmanas que en las occidentales.
En todo caso, la estrategia de la fuerza de los ejércitos que desde 2001 golpearon Afganistán y derrocaron al régimen de los talibanes no ha conseguido ni ganar la guerra ni alejar el peligro que acecha en cualquier lugar del planeta. Occidente no dispone de pautas ni programas para combatir los puntos de ignición de este terror global que pueden encontrarse en Barcelona o en Bali.
No estamos ante un choque de civilizaciones sino ante la supervivencia de la civilización. Y para ganar esta nueva e inesperada batalla global utilizamos los mismos conceptos del estado que nacieron de la Paz de Westfalia de 1648. Un estado no puede combatir un peligro tan difuso y tan opaco que circula por la red sin que los gobiernos puedan detectarlo. Son las consecuencias de la inseguridad jurídica global en que vivimos.
sábado, enero 02, 2010
Las frágiles costuras chinas
En la cumbre de Copenhague se dibujó una tendencia del desplazamiento del poder en el mundo desde el Atlántico hasta el Pacífico. Los ideales de los impulsores del cambio climático, principalmente los gobiernos europeos, fueron arrebatados por Estados Unidos y China. Son los países más contaminantes del planeta y prefirieron ponerse delante del movimiento ecologista para trazar las líneas que mejor se adecuen a sus respectivos intereses nacionales.
En términos geopolíticos, Europa ha quedado desplazada dejando paso a una nueva hegemonía global que tendrá su eje allí dónde hay más riqueza, más población y, en definitiva, un mayor potencial militar. No es una casualidad que Obama sea el primer presidente que pase sus vacaciones navideñas en Hawai. De hecho, es el primer presidente del Pacífico al haber nacido en Hawai y haber recibido educación en su infancia en Indonesia.
China muestra su musculatura de gran potencia con la evidencia de los hechos. Los Juegos Olímpicos de Pekín enseñaron al mundo cómo la tecnología ha sido incorporada a la realidad. Su crecimiento es sostenible, apenas arañado por la crisis global de los últimos dos años. Shanghai es el centro financiero del Pacífico superando posiblemente la hegemonía de Nueva York. En el censo previsto para 2010 se estima que su población será casi cuatro veces superior a la de Estados Unidos y tres veces la de Europa.
A pesar de estas evidencias, China corre el riesgo de atravesar las convulsiones sociales que conoció Europa en la Revolución Industrial. Por dos razones importantes. La primera es la imposibilidad de gobernar un país tan grande con la mano de hierro del Partido Comunista que puede verse superado por una sociedad que cada vez más vive como si fuera una potencia capitalista, pero sin el lubricante de las libertades.
Los tumultos y manifestaciones no se limitarán al Tibet o a la provincia con Uigur con una población musulmana considerable.Los conflictos se producirán en los espacios urbanos más avanzados a los que cada día llegan miles de campesinos en busca de un horizonte de mayor bienestar.
La segunda razón es su demografía. China será la primera gran potencia mundial que envejecerá antes de alcanzar la distribución de la riqueza que produce. El 2010 será el año de China, también por la Exposición Universal de Shanghai que será un gran acontecimiento. La historia nos relata que los grandes saltos hacia el progreso de un país no se producen sin fuertes convulsiones internas. El hecho que este prodigioso cambio se produzca bajo el control de un partido que no podrá dominar un sector privado más importante que el sector público anuncia convulsiones inesperadas.
Puede ocurrir que las costuras encorsetadas del régimen se rompan. El progreso y la libertad viajan juntos.
En términos geopolíticos, Europa ha quedado desplazada dejando paso a una nueva hegemonía global que tendrá su eje allí dónde hay más riqueza, más población y, en definitiva, un mayor potencial militar. No es una casualidad que Obama sea el primer presidente que pase sus vacaciones navideñas en Hawai. De hecho, es el primer presidente del Pacífico al haber nacido en Hawai y haber recibido educación en su infancia en Indonesia.
China muestra su musculatura de gran potencia con la evidencia de los hechos. Los Juegos Olímpicos de Pekín enseñaron al mundo cómo la tecnología ha sido incorporada a la realidad. Su crecimiento es sostenible, apenas arañado por la crisis global de los últimos dos años. Shanghai es el centro financiero del Pacífico superando posiblemente la hegemonía de Nueva York. En el censo previsto para 2010 se estima que su población será casi cuatro veces superior a la de Estados Unidos y tres veces la de Europa.
A pesar de estas evidencias, China corre el riesgo de atravesar las convulsiones sociales que conoció Europa en la Revolución Industrial. Por dos razones importantes. La primera es la imposibilidad de gobernar un país tan grande con la mano de hierro del Partido Comunista que puede verse superado por una sociedad que cada vez más vive como si fuera una potencia capitalista, pero sin el lubricante de las libertades.
Los tumultos y manifestaciones no se limitarán al Tibet o a la provincia con Uigur con una población musulmana considerable.Los conflictos se producirán en los espacios urbanos más avanzados a los que cada día llegan miles de campesinos en busca de un horizonte de mayor bienestar.
La segunda razón es su demografía. China será la primera gran potencia mundial que envejecerá antes de alcanzar la distribución de la riqueza que produce. El 2010 será el año de China, también por la Exposición Universal de Shanghai que será un gran acontecimiento. La historia nos relata que los grandes saltos hacia el progreso de un país no se producen sin fuertes convulsiones internas. El hecho que este prodigioso cambio se produzca bajo el control de un partido que no podrá dominar un sector privado más importante que el sector público anuncia convulsiones inesperadas.
Puede ocurrir que las costuras encorsetadas del régimen se rompan. El progreso y la libertad viajan juntos.
sábado, diciembre 26, 2009
Al Qaeda se burla de la fuerza
Tres compatriotas siguen secuestrados por Al Qaeda en algún lugar del desierto de Mauritania. Transitar por aquellas tierras subsaharianas es un riesgo innecesario aunque sea con el noble objetivo de la ayuda humanitaria. Dos italianos y un francés han sido capturados después de que la expedición de cooperantes catalanes regresara a casa sin tres de sus colegas.
El día de Navidad se evitó una tragedia al neutralizar a un joven nigeriano que iba a suicidarse y matar a 278 pasajeros de un avión que iba a tomar tierra en el aeropuerto de Detroit. La Casa Blanca afirmó que el terrorista pertenecía a Al Qaeda.
Han transcurrido más de ocho años desde que Al Qaeda cometió la barbarie de los atentados en Nueva York y Washington. Para combatir esta secta del terror se han librado dos guerras que todavía están abiertas con la presencia de más de un cuarto de millón de soldados en Iraq y Afganistán. Son guerras que pueden considerarse perdidas por Estados Unidos y por los aliados de más de cuarenta países. No se ha detectado todavía el paradero del supuesto cerebro de este movimiento de violencia indiscriminada.
Osama Bin Laden está en paradero desconocido mientras los reclutados a su causa pueden encontrarse en cualquier punto de Occidente y también en el gran universo musulmán que va desde Mauritania a Indonesia. No conozco un diagnóstico aproximado sobre la procedencia, las causas y los centros de afiliación de los terroristas que pueden convivir con nosotros en Barcelona, Londres o Berlín.
Lo que sí se puede afirmar que el uso exclusivo de la fuerza no es la solución para combatir la inseguridad que nos atemoriza a todos. Se hacen pocas alusiones a que las víctimas del terrorismo de procedencia islámica son los propios musulmanes. El Centro para Combatir el Terrorismo de Washington ha contabilizado que entre 2004 y 2008 Al Qaeda se responsabilizó de 313 ataques terroristas que causaron la muerte a 3.010 personas.
En el estudio se incluyen los atentados de Madrid y Londres. Los occidentales muertos en estos ataques representan sólo el 13 por ciento.¿Por qué no se trabaja más para convencer a los gobiernos de países musulmanes que los más perjudicados por Al Qaeda son ellos mismos? La fuerza occidental no conseguirá mucho sin contar con el protagonismo de los estados en los que se incuba el odio a Occidente y a ellos mismos
El día de Navidad se evitó una tragedia al neutralizar a un joven nigeriano que iba a suicidarse y matar a 278 pasajeros de un avión que iba a tomar tierra en el aeropuerto de Detroit. La Casa Blanca afirmó que el terrorista pertenecía a Al Qaeda.
Han transcurrido más de ocho años desde que Al Qaeda cometió la barbarie de los atentados en Nueva York y Washington. Para combatir esta secta del terror se han librado dos guerras que todavía están abiertas con la presencia de más de un cuarto de millón de soldados en Iraq y Afganistán. Son guerras que pueden considerarse perdidas por Estados Unidos y por los aliados de más de cuarenta países. No se ha detectado todavía el paradero del supuesto cerebro de este movimiento de violencia indiscriminada.
Osama Bin Laden está en paradero desconocido mientras los reclutados a su causa pueden encontrarse en cualquier punto de Occidente y también en el gran universo musulmán que va desde Mauritania a Indonesia. No conozco un diagnóstico aproximado sobre la procedencia, las causas y los centros de afiliación de los terroristas que pueden convivir con nosotros en Barcelona, Londres o Berlín.
Lo que sí se puede afirmar que el uso exclusivo de la fuerza no es la solución para combatir la inseguridad que nos atemoriza a todos. Se hacen pocas alusiones a que las víctimas del terrorismo de procedencia islámica son los propios musulmanes. El Centro para Combatir el Terrorismo de Washington ha contabilizado que entre 2004 y 2008 Al Qaeda se responsabilizó de 313 ataques terroristas que causaron la muerte a 3.010 personas.
En el estudio se incluyen los atentados de Madrid y Londres. Los occidentales muertos en estos ataques representan sólo el 13 por ciento.¿Por qué no se trabaja más para convencer a los gobiernos de países musulmanes que los más perjudicados por Al Qaeda son ellos mismos? La fuerza occidental no conseguirá mucho sin contar con el protagonismo de los estados en los que se incuba el odio a Occidente y a ellos mismos
miércoles, diciembre 23, 2009
Diagnóstico de fragilidad
Siempre es interesante leer las predicciones que The Economist hace para el año siguiente. Desde que tengo recuerdo, leo el análisis global que hace el semanario, probablemente el mejor y más documentado del mundo, sobre lo que pasará en los próximos doce meses. He repasado los ejemplares de los últimos años y ha cometido grandes errores, se ha olvidado lógicamente de lo inesperado, pero ha acertado en las corrientes de fondo que circulan por el mundo y en los hechos incuestionables.
Dedica a España unas quince líneas de las que extraigo el siguiente párrafo: “la confianza del consumidor seguirá frágil y el mercado de pisos, aunque se estabilice, permanecerá débil. El crecimiento no regresará lo más pronto hasta finales de año y el paro y el déficit presupuestario seguirán aumentando”.
La verdad es que no es un vaticinio profético sino que responde bastante a lo que muchos pensamos. Añade un punto a observar sobre si los “acalorados madrileños podrán llegar con el AVE a Alicante para alcanzar las playas levantinas cuando se inaugure el Tren de Alta Velocidad”. Resalta la debilidad de Zapatero en un Congreso en el que le faltan siete escaños para tener mayoría y su dependencia del apoyo “informal de los partidos regionales”.
El diagnóstico podría ser más exhaustivo pero no más claro. La fragilidad se ha instalado en el presente y puede prolongarse hasta la convocatoria de nuevas elecciones, previstas para 2012. Las predicciones, en todo caso, no son halagüeñas para el año que se avecina. Aumentarán el paro y el déficit presupuestario, dos coordenadas que pueden dejar en apuros a un gobierno que inició su segunda legislatura con declaraciones altisonantes sobre la solidez de nuestra economía, nuestro sistema bancario, nuestras posibilidades de alcanzar a Francia después de haber superado a Italia.
Es cierto que la oposición del Partido Popular vive envuelta en una inestabilidad que quiere detener a base de códigos de conducta a la vista de los escándalos que se encuentran en los juzgados. Pero a pesar de ello, las encuestas le dan una ventaja notable en el caso de que las elecciones se celebraran hoy.
La sociedad española ha demostrado su madurez a lo largo de los últimos treinta años inclinándose siempre por la opción objetivamente más conveniente en cada cita electoral. La gente, afortunadamente, tiene un criterio que no depende de los medios de comunicación ni de la retórica de los políticos de turno.
El presidente Zapatero se ha inclinado por la retórica y por audaces medidas y leyes sociales que no forman parte de las prioridades de los ciudadanos. La modificación de la ley del aborto no constaba siquiera en la campaña electoral. “La tierra no pertenece a nadie. Sólo al viento”, palabras huecas de Zapatero que todavía resuenan en la capital de Dinamarca.
Dedica a España unas quince líneas de las que extraigo el siguiente párrafo: “la confianza del consumidor seguirá frágil y el mercado de pisos, aunque se estabilice, permanecerá débil. El crecimiento no regresará lo más pronto hasta finales de año y el paro y el déficit presupuestario seguirán aumentando”.
La verdad es que no es un vaticinio profético sino que responde bastante a lo que muchos pensamos. Añade un punto a observar sobre si los “acalorados madrileños podrán llegar con el AVE a Alicante para alcanzar las playas levantinas cuando se inaugure el Tren de Alta Velocidad”. Resalta la debilidad de Zapatero en un Congreso en el que le faltan siete escaños para tener mayoría y su dependencia del apoyo “informal de los partidos regionales”.
El diagnóstico podría ser más exhaustivo pero no más claro. La fragilidad se ha instalado en el presente y puede prolongarse hasta la convocatoria de nuevas elecciones, previstas para 2012. Las predicciones, en todo caso, no son halagüeñas para el año que se avecina. Aumentarán el paro y el déficit presupuestario, dos coordenadas que pueden dejar en apuros a un gobierno que inició su segunda legislatura con declaraciones altisonantes sobre la solidez de nuestra economía, nuestro sistema bancario, nuestras posibilidades de alcanzar a Francia después de haber superado a Italia.
Es cierto que la oposición del Partido Popular vive envuelta en una inestabilidad que quiere detener a base de códigos de conducta a la vista de los escándalos que se encuentran en los juzgados. Pero a pesar de ello, las encuestas le dan una ventaja notable en el caso de que las elecciones se celebraran hoy.
La sociedad española ha demostrado su madurez a lo largo de los últimos treinta años inclinándose siempre por la opción objetivamente más conveniente en cada cita electoral. La gente, afortunadamente, tiene un criterio que no depende de los medios de comunicación ni de la retórica de los políticos de turno.
El presidente Zapatero se ha inclinado por la retórica y por audaces medidas y leyes sociales que no forman parte de las prioridades de los ciudadanos. La modificación de la ley del aborto no constaba siquiera en la campaña electoral. “La tierra no pertenece a nadie. Sólo al viento”, palabras huecas de Zapatero que todavía resuenan en la capital de Dinamarca.
lunes, diciembre 21, 2009
Es la lucha por el poder
Es un hecho incuestionable que el periodo más prolongado de progreso, libertad y convivencia en España pertenece a los últimos treinta años de nuestra historia. La descentralización política, institucional y económica ha coincidido con la modernización del país que ha dejado de ser una excepción europea porque el proyecto común ha sido compartido por muchas de sus partes que durante siglos permanecieron mutiladas.
Ortega se recreó en la vieja idea de que “no hay que darle más vueltas: España es una cosa hecha por Castilla, y hay razones para ir sospechando que, en general, sólo cabezas castellanas tienen órganos adecuados para percibir el gran problema de la España integral”. Aceptó resignadamente la conllevancia cuando la realidad superaba sus propios vaticinios.
Le contradecía Unamuno al afirmar que España está por descubrir y sólo la descubrirán los españoles europeizados. Al desaparecer la visión única de la realidad peninsular ha surgido otra España que ha crecido enfrentándose libremente a sus demonios atávicos y ha dado juego a sus territorios que se han organizado para servir mejor a sus propios ciudadanos sin esperar las decisiones lejanas y desconocedoras de que no hay una sola manera de ejercer el poder.
El ya cansino debate sobre la decisión del Tribunal Constitucional respecto al Estatut de Catalunya es básicamente sobre las formas de administrar el poder en unos tiempos en los que los estados han cedido muchas competencias importantes a la Unión Europea y, en el caso de España, las autonomías han ocupado las competencias que estaban en manos del poder central.
Aunque la deriva del debate se distraiga en conceptos como nación, soberanía o independencia, es una discusión sobre cómo y quién ejerce el poder en España. Pérez Galdós relataba en uno de sus Episodios Nacionales sobre las guerras carlistas que “se lucha por la dominación, y nada más: por el mando, por el mangoneo, por ver quién reparte el pedazo de pan, el puñado de garbanzos y el medio vaso de vino que corresponde a cada español...”.
La situación es hoy afortunadamente más equilibrada y más justa. El experimento de desprenderse de competencias hacia arriba y hacia abajo ha dado un excelente resultado. Alemania y Estados Unidos son referentes sólidos.
Ortega se recreó en la vieja idea de que “no hay que darle más vueltas: España es una cosa hecha por Castilla, y hay razones para ir sospechando que, en general, sólo cabezas castellanas tienen órganos adecuados para percibir el gran problema de la España integral”. Aceptó resignadamente la conllevancia cuando la realidad superaba sus propios vaticinios.
Le contradecía Unamuno al afirmar que España está por descubrir y sólo la descubrirán los españoles europeizados. Al desaparecer la visión única de la realidad peninsular ha surgido otra España que ha crecido enfrentándose libremente a sus demonios atávicos y ha dado juego a sus territorios que se han organizado para servir mejor a sus propios ciudadanos sin esperar las decisiones lejanas y desconocedoras de que no hay una sola manera de ejercer el poder.
El ya cansino debate sobre la decisión del Tribunal Constitucional respecto al Estatut de Catalunya es básicamente sobre las formas de administrar el poder en unos tiempos en los que los estados han cedido muchas competencias importantes a la Unión Europea y, en el caso de España, las autonomías han ocupado las competencias que estaban en manos del poder central.
Aunque la deriva del debate se distraiga en conceptos como nación, soberanía o independencia, es una discusión sobre cómo y quién ejerce el poder en España. Pérez Galdós relataba en uno de sus Episodios Nacionales sobre las guerras carlistas que “se lucha por la dominación, y nada más: por el mando, por el mangoneo, por ver quién reparte el pedazo de pan, el puñado de garbanzos y el medio vaso de vino que corresponde a cada español...”.
La situación es hoy afortunadamente más equilibrada y más justa. El experimento de desprenderse de competencias hacia arriba y hacia abajo ha dado un excelente resultado. Alemania y Estados Unidos son referentes sólidos.
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