Los partidos son una parte de la realidad política. Por eso se llaman partidos y representan posiciones propias sobre los intereses que representan. Cuando esos partidos deciden legítimamente aliarse para gobernar un país son conscientes que el todo es una suma de las partes pero que las partes no pueden imponerse sobre el todo.
Un gobierno de coalición vive en debate interno continuo llegando a acuerdos que luego son compartidos por los socios pensando más en el bien general que en las posiciones particulares de cada formación. El problema se plantea cuando se entra en periodo electoral y cada partido tiene la necesidad de recuperar su perfil propio con objeto de revalidar la confianza de sus respectivos electores.
En esta situación nos encontramos en Cataluña que será convocada a las urnas antes de ocho meses. Cada día que pasa serán mayores las discrepancias en el seno del gobierno en cuestiones tan importantes como el trato que merece la inmigración, la reorganización territorial del país con una ley de veguerías encallada, una ley de educación que no ha recibido el apoyo de todos los miembros del tripartito, un presidente Montilla que ha tenido a última hora que sumarse a las tesis contrarias al cementerio nuclear en Ascó y otras discrepancias que irán surgiendo a medida que se acerque la campaña electoral. El tripartito de Maragall no pudo agotar su mandato y convocó elecciones poco después de invitar a Esquerra Republicana a que abandonara el gobierno.
El presidente Montilla tiene la facultad de convocar elecciones anticipadas o bien agotar la legislatura si sigue gozando del apoyo de sus socios. Las dos opciones son arriesgadas. La primera sería reconocer que el actual tripartito tampoco ha sido capaz de llegar hasta el final. La segunda sería someterse a nuevas e inesperadas tensiones que se presentarán en los próximos meses en los que los intereses de los partidos serán prioritarios a los de la gobernabilidad del país en tiempos de una grave crisis económica a pesar de que el conseller Castells diga que se detectan síntomas de recuperación.
Se trata de meses, antes o después del verano. Los gobiernos de coalición suelen disolverse anticipadamente para evitar que la campaña electoral se haga desde las voces disonantes del ejecutivo. Pienso que para el bien del país cuanto antes se convoque a las urnas, mejor.
lunes, enero 25, 2010
miércoles, enero 20, 2010
Un 20 de enero adverso para Obama
Los 20 de enero suelen ser radiantes, fríos y cambiantes en Washington. Hace un año, el mundo contemplaba con entusiasmo la toma de posesión de Barack Obama en la ceremonia inaugural de la presidencia protagonizada por el primer negro que accedía a la Casa Blanca.
Hace medio siglo, el presidente Kennedy tomaba el relevo al general Eisenhower, ambos tocados con sombrero de copa, y colocaba por primera vez a un católico al frente de Estados Unidos. Hace treinta años, Ronald Reagan desplazaba al efímero Jimmy Carter abriendo la revolución conservadora mientras llegaban las noticias de la liberación de los rehenes que durante 444 días habían permanecido secuestrados por el régimen islámico de Teherán.
Este 20 de enero no se ha celebrado en el Mall de la capital norteamericana sino en el estado de Massachussetts, feudo histórico de los demócratas, donde un candidato republicano se alzaba con la victoria para cubrir el escaño que el mítico senador Ted Kennedy había dejado vacante con su muerte.
Los demócratas han perdido la mayoría en el Senado. La reforma sanitaria que pretende cubrir la atención médica de todos los norteamericanos puede recibir una estocada definitiva cuando el proyecto llegue al Senado después de haber sido mutilado en la Cámara de Representates. Es un revés para Obama y para la reforma más emblemática que pretendía introducir. Los intereses de la industria farmacéutica han sido decisivos para la victoria republicana en Massachussetts, así como la influencia de los medios conservadores que no han aceptado la victoria de Obama. El mensaje republicano se ha centrado en que la reforma de la sanidad costaría 300.000 millones de dólares y que la subida de impuestos sería imprescindible. La popularidad del presidente ha bajado más de veinte puntos y sólo roza el 50 por ciento.
Lo más extraordinario de la política americana es el juicio severo a que son sometidos los gobernantes a los que se aprueba más por lo que hacen que por lo que dicen. Obama no es una excepción. La reforma sanitaria ha sido el pretexto que ha roto el idealismo de Obama al proponer algo que es común en todos los países europeos y que algún día algún presidente tendrá que conseguir para que ningún ciudadano se quede sin cobertura médica pública.
Otros dos factores han influido también en el descenso de popularidad de Obama que recibió la herencia de la gran crisis económica, dos guerras abiertas, Guantánamo y la pobre credibilidad en el mundo de Estados Unidos como consecuencia de sus aventuras militares en Oriente Medio. El paro sigue en el 10 por ciento y la guerra en Afganistán se está perdiendo mientras que la retirada de Iraq significa también una derrota. Obama tiene tres años para recuperarse.
Hace medio siglo, el presidente Kennedy tomaba el relevo al general Eisenhower, ambos tocados con sombrero de copa, y colocaba por primera vez a un católico al frente de Estados Unidos. Hace treinta años, Ronald Reagan desplazaba al efímero Jimmy Carter abriendo la revolución conservadora mientras llegaban las noticias de la liberación de los rehenes que durante 444 días habían permanecido secuestrados por el régimen islámico de Teherán.
Este 20 de enero no se ha celebrado en el Mall de la capital norteamericana sino en el estado de Massachussetts, feudo histórico de los demócratas, donde un candidato republicano se alzaba con la victoria para cubrir el escaño que el mítico senador Ted Kennedy había dejado vacante con su muerte.
Los demócratas han perdido la mayoría en el Senado. La reforma sanitaria que pretende cubrir la atención médica de todos los norteamericanos puede recibir una estocada definitiva cuando el proyecto llegue al Senado después de haber sido mutilado en la Cámara de Representates. Es un revés para Obama y para la reforma más emblemática que pretendía introducir. Los intereses de la industria farmacéutica han sido decisivos para la victoria republicana en Massachussetts, así como la influencia de los medios conservadores que no han aceptado la victoria de Obama. El mensaje republicano se ha centrado en que la reforma de la sanidad costaría 300.000 millones de dólares y que la subida de impuestos sería imprescindible. La popularidad del presidente ha bajado más de veinte puntos y sólo roza el 50 por ciento.
Lo más extraordinario de la política americana es el juicio severo a que son sometidos los gobernantes a los que se aprueba más por lo que hacen que por lo que dicen. Obama no es una excepción. La reforma sanitaria ha sido el pretexto que ha roto el idealismo de Obama al proponer algo que es común en todos los países europeos y que algún día algún presidente tendrá que conseguir para que ningún ciudadano se quede sin cobertura médica pública.
Otros dos factores han influido también en el descenso de popularidad de Obama que recibió la herencia de la gran crisis económica, dos guerras abiertas, Guantánamo y la pobre credibilidad en el mundo de Estados Unidos como consecuencia de sus aventuras militares en Oriente Medio. El paro sigue en el 10 por ciento y la guerra en Afganistán se está perdiendo mientras que la retirada de Iraq significa también una derrota. Obama tiene tres años para recuperarse.
lunes, enero 18, 2010
Confiar más en la sociedad
Sería interesante que en este año electoral nuestros políticos se pusieran en la piel de los electores para dar respuesta a sus preocupaciones, inquietudes e intereses. Atravesamos tiempos muy frágiles y la política los tiene que afrontar proponiendo soluciones plurales y posibles.
A pesar de que Orwell escribiera que “la política es una masa de mentiras, evasivas, estupidez, odio y esquizofrenia”, sostengo que es imprescindible porque todas las cuestiones que afectan a la temporalidad de las cosas humanas acaban siendo políticas. No pretendo que los partidos pongan el contador a cero porque todos transportan una mochila de historia, de aciertos y errores, de una legítima carga ideológica, de años en el gobierno o en la oposición.
Pero sí que les recomendaría que fueran sobrios en el lenguaje que puede convertir la mentira en verdad y confundir los sueños y promesas con realidades inalcanzables. En épocas crudas como las que vivimos no es oportuno que nadie se cuelgue medallas. El país se encuentra en una recesión desconocida hasta ahora, el paro aumenta, la economía globalizada exige un mayor esfuerzo de competitividad, no hay recursos para hacer frente a las promesas hechas por el actual gobierno y la inmigración ha entrado de lleno en el debate social y político.
La complejidad del momento no admite demagogia ni populismos improvisados. Deberíamos saber, después de comprobar una y otra vez adonde han conducido las fantasías utópicas de Platón, que los ideales de igualdad, de racionalidad colectiva, de austeridad abnegada, solamente podrán alcanzarse sin las tácticas a corto plazo desde las cúpulas de los partidos o desde los gabinetes electorales.
Hay que confiar mucho más en la sociedad catalana que ha dado muestras de madurez, de forzada resignación, de espera de una clase política que piense más en el conjunto del país que en las peleas con titulares estúpidos en los medios escritos y audiovisuales.
El país espera que le cuenten lo que está ocurriendo aunque sea desagradable. Que le hablen sobre cómo canalizar el esfuerzo personal y colectivo, cómo vehicular la gran masa crítica de inteligencia y conocimientos que almacena, cómo podemos situarnos en un mundo tan cambiante como inestable.
La iniciativa olímpica del alcalde Hereu no va en esta dirección. El sentimentalismo patriótico, tampoco.
A pesar de que Orwell escribiera que “la política es una masa de mentiras, evasivas, estupidez, odio y esquizofrenia”, sostengo que es imprescindible porque todas las cuestiones que afectan a la temporalidad de las cosas humanas acaban siendo políticas. No pretendo que los partidos pongan el contador a cero porque todos transportan una mochila de historia, de aciertos y errores, de una legítima carga ideológica, de años en el gobierno o en la oposición.
Pero sí que les recomendaría que fueran sobrios en el lenguaje que puede convertir la mentira en verdad y confundir los sueños y promesas con realidades inalcanzables. En épocas crudas como las que vivimos no es oportuno que nadie se cuelgue medallas. El país se encuentra en una recesión desconocida hasta ahora, el paro aumenta, la economía globalizada exige un mayor esfuerzo de competitividad, no hay recursos para hacer frente a las promesas hechas por el actual gobierno y la inmigración ha entrado de lleno en el debate social y político.
La complejidad del momento no admite demagogia ni populismos improvisados. Deberíamos saber, después de comprobar una y otra vez adonde han conducido las fantasías utópicas de Platón, que los ideales de igualdad, de racionalidad colectiva, de austeridad abnegada, solamente podrán alcanzarse sin las tácticas a corto plazo desde las cúpulas de los partidos o desde los gabinetes electorales.
Hay que confiar mucho más en la sociedad catalana que ha dado muestras de madurez, de forzada resignación, de espera de una clase política que piense más en el conjunto del país que en las peleas con titulares estúpidos en los medios escritos y audiovisuales.
El país espera que le cuenten lo que está ocurriendo aunque sea desagradable. Que le hablen sobre cómo canalizar el esfuerzo personal y colectivo, cómo vehicular la gran masa crítica de inteligencia y conocimientos que almacena, cómo podemos situarnos en un mundo tan cambiante como inestable.
La iniciativa olímpica del alcalde Hereu no va en esta dirección. El sentimentalismo patriótico, tampoco.
miércoles, enero 13, 2010
Más realismo y menos frivolidad
Una de las consecuencias de la crisis económica es que ha caído notablemente el absentismo laboral. Así lo expresaba el profesor Josep Olivé en el programa de Josep Cuní hace una semana con un análisis sobrio pero muy claro sobre la situación en la que nos encontramos. Pocos se atreven a pronosticar si hemos tocado fondo o cuántos meses nos esperan hasta que se detecten los primeros destellos de recuperación.
Se puede pensar que toda la responsabilidad de cuanto nos está ocurriendo es de los políticos, los de aquí o los de allá, en su intento para desviar la atención con iniciativas legislativas que nada tienen que ver con la preocupación principal de la mayoría que es conservar el puesto de trabajo o recuperarlo.
La irresponsabilidad de Zapatero como presidente de turno de la Unión Europea es notable si anuncia iniciativas que no son compartidas, ni siquiera conocidas, por los socios más potentes de la Unión. No cabe esperar mucho en materia económica de un presidente que negó la evidencia de la crisis y no ha querido escuchar los consejos del Banco de España, de la OCDE y de los informes cualificados de instituciones académicas que con los datos en la mano le urgían a que emprendiera las reformas imprescindibles para salir de la crisis.
La prensa europea no suele dictar la política de los gobiernos y acostumbra a limitarse a explicar y opinar sobre lo que ocurre desde posiciones diversas y plurales. Es sintomático que los grandes medios europeos coincidan en señalar la fragilidad de la política económica de Zapatero respecto a cómo afronta la crisis en España y cómo piensa aportar soluciones a los problemas europeos. Tanta unanimidad me inquieta.
Para salir de la crisis son necesarias políticas acertadas de los gobiernos nacionales y de la UE en su conjunto. Una de las medidas imprescindibles, a mi juicio, es más pedagógica que legislativa. La Alemania federal de los años cincuenta surgió de las cenizas de la guerra con un esfuerzo colectivo para reconstruir el país. Consistía básicamente en que cada alemán trabajara más horas, no reclamara aumento de salarios y se esforzara en hacer mejor que nadie el trabajo.
Alguien tiene que decir que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades durante largo tiempo. Y no será posible continuar así, con una deuda personal, familiar, empresarial y nacional que no se podrá pagar a corto o medio plazo.
El político que anuncie medidas de esfuerzo y austeridad personal y colectiva, trabajar mucho y bien, seguramente no ganará muchos votos en las elecciones. Pero hará un gran servicio a la sociedad que espera conocer de los máximos responsables políticos la magnitud de la crisis y participar personalmente en superarla. En definitiva, más realismo y menos frivolidad, más transparencia y menos propaganda.
Se puede pensar que toda la responsabilidad de cuanto nos está ocurriendo es de los políticos, los de aquí o los de allá, en su intento para desviar la atención con iniciativas legislativas que nada tienen que ver con la preocupación principal de la mayoría que es conservar el puesto de trabajo o recuperarlo.
La irresponsabilidad de Zapatero como presidente de turno de la Unión Europea es notable si anuncia iniciativas que no son compartidas, ni siquiera conocidas, por los socios más potentes de la Unión. No cabe esperar mucho en materia económica de un presidente que negó la evidencia de la crisis y no ha querido escuchar los consejos del Banco de España, de la OCDE y de los informes cualificados de instituciones académicas que con los datos en la mano le urgían a que emprendiera las reformas imprescindibles para salir de la crisis.
La prensa europea no suele dictar la política de los gobiernos y acostumbra a limitarse a explicar y opinar sobre lo que ocurre desde posiciones diversas y plurales. Es sintomático que los grandes medios europeos coincidan en señalar la fragilidad de la política económica de Zapatero respecto a cómo afronta la crisis en España y cómo piensa aportar soluciones a los problemas europeos. Tanta unanimidad me inquieta.
Para salir de la crisis son necesarias políticas acertadas de los gobiernos nacionales y de la UE en su conjunto. Una de las medidas imprescindibles, a mi juicio, es más pedagógica que legislativa. La Alemania federal de los años cincuenta surgió de las cenizas de la guerra con un esfuerzo colectivo para reconstruir el país. Consistía básicamente en que cada alemán trabajara más horas, no reclamara aumento de salarios y se esforzara en hacer mejor que nadie el trabajo.
Alguien tiene que decir que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades durante largo tiempo. Y no será posible continuar así, con una deuda personal, familiar, empresarial y nacional que no se podrá pagar a corto o medio plazo.
El político que anuncie medidas de esfuerzo y austeridad personal y colectiva, trabajar mucho y bien, seguramente no ganará muchos votos en las elecciones. Pero hará un gran servicio a la sociedad que espera conocer de los máximos responsables políticos la magnitud de la crisis y participar personalmente en superarla. En definitiva, más realismo y menos frivolidad, más transparencia y menos propaganda.
martes, enero 12, 2010
Los Robinson y los Berlusconi
En Irlanda del Norte ha dimitido el ministro principal porque su señora esposa tuvo un affaire con un joven cuarenta años más joven que ella. De sus relaciones furtivas y secretas se desprendió un favor político para montar un bar al amante mozalbete. Él es Peter Robinson y ella la señora Robinson. Los dos han dimitido de sus cargos públicos y van a abandonar sus actas parlamentarias.
Los dos hicieron de su ejemplaridad matrimonial uno de los activos de su larga carrera política. El puritanismo de los señores Robinson les llevaba a dar lecciones sobre las costumbres sociales que no eran compartidos por muchos. Al conocerse los detalles de la condición humana de los dos personajes han abandonado sus cargos y puede precipitarse una crisis política.
En Italia ha ocurrido exactamente lo contrario. Sylvio Berlusconi ha exhibido sus relaciones con jovenzuelas, artistas y demás personal de la farándula italiana. Incluso han salido fotos de sus orgías en Villa Certosa, su gran mansión en la isla de Cerdeña. Y no ha pasado nada, al margen de que su mujer ha pedido el divorcio. Berlusconi sigue siendo el primer ministro, el hombre más rico de Italia y el que controla muchos medios de comunicación.
Analicen y comparen. Mi opinión es que me parecen impresentables los dos casos. Un inaceptable fariseísmo en Belfast y un cara dura en Roma que no tiene ni pizca de responsabilidad ni de vergüenza.
Los dos hicieron de su ejemplaridad matrimonial uno de los activos de su larga carrera política. El puritanismo de los señores Robinson les llevaba a dar lecciones sobre las costumbres sociales que no eran compartidos por muchos. Al conocerse los detalles de la condición humana de los dos personajes han abandonado sus cargos y puede precipitarse una crisis política.
En Italia ha ocurrido exactamente lo contrario. Sylvio Berlusconi ha exhibido sus relaciones con jovenzuelas, artistas y demás personal de la farándula italiana. Incluso han salido fotos de sus orgías en Villa Certosa, su gran mansión en la isla de Cerdeña. Y no ha pasado nada, al margen de que su mujer ha pedido el divorcio. Berlusconi sigue siendo el primer ministro, el hombre más rico de Italia y el que controla muchos medios de comunicación.
Analicen y comparen. Mi opinión es que me parecen impresentables los dos casos. Un inaceptable fariseísmo en Belfast y un cara dura en Roma que no tiene ni pizca de responsabilidad ni de vergüenza.
lunes, enero 11, 2010
Una guerra sin inteligencia
Estamos en guerra. Lo dijo el presidente Obama al asumir la responsabilidad del caos de los servicios de inteligencia norteamericanos que no detectaron a un nigeriano que estuvo a punto de perpetrar una tragedia poco antes de que un vuelo de Amsterdam a Detroit estallara por los aires. Que estamos en guerra contra el terror ya lo proclamó George Bush cuando inventó la democracia imperial a fuerza de desplegamiento de tropas.
Estamos en guerra desde 2001 utilizando las armas más sofisticadas y el envío de más de 200.000 soldados a Iraq y Afganistán, cientos de miles de muertos y una inestabilidad en la zona que ha originado que más del 80 por ciento de las víctimas de los atentados sean musulmanes.
Una guerra contra un enemigo que no se identifica con un Estado, que se ha extendido a todo el universo musulmán y que puede estar preparando nuevos golpes en cualquiera de nuestras ciudades. Ayer mismo supimos que Al Qaeda ha amenazado matar a un súbdito francés secuestrado en Mali si no se liberan a cuatro presos islamistas en ese país. Podemos pagar caro sus propios enfrentamientos.
Lo más desconcertante es que la información no procede de un portavoz oficial sino que ha aparecido en varias webs jihaidistas a las que se otorga credibilidad, entre otras cosas, porque no hay otra fuente más fiable. La suerte de los tres compatriotas catalanes secuestrados por Al Qaeda en Mauritania depende de los mensajes que los terroristas tengan a bien transmitir a través de la red.
Obama va a destinar mil millones de dólares para reforzar la seguridad en los aeropuertos en los que quedarán grabados los más menudos detalles de nuestra intimidad. Los ámbitos de nuestras libertades van quedando cada vez más reducidos, a pesar de la superioridad militar, económica y tecnológica de Occidente.
La paradoja es que las minorías que pretenden islamizarnos utilizan la modernidad para sembrar el miedo y el terror a quienes la hemos inventado. No se puede hacer frente a este enemigo invisible con los parámetros militares del siglo XX. Quienes están detrás de estos atentados utilizan la fuerza del terror, pero lo hacen con inteligencia.
Si nos falla la inteligencia perderemos muchas batallas. Churchill lo dijo hace medio siglo: la multinacional más poderosa será la de la inteligencia. No nos damos por enterados.
Estamos en guerra desde 2001 utilizando las armas más sofisticadas y el envío de más de 200.000 soldados a Iraq y Afganistán, cientos de miles de muertos y una inestabilidad en la zona que ha originado que más del 80 por ciento de las víctimas de los atentados sean musulmanes.
Una guerra contra un enemigo que no se identifica con un Estado, que se ha extendido a todo el universo musulmán y que puede estar preparando nuevos golpes en cualquiera de nuestras ciudades. Ayer mismo supimos que Al Qaeda ha amenazado matar a un súbdito francés secuestrado en Mali si no se liberan a cuatro presos islamistas en ese país. Podemos pagar caro sus propios enfrentamientos.
Lo más desconcertante es que la información no procede de un portavoz oficial sino que ha aparecido en varias webs jihaidistas a las que se otorga credibilidad, entre otras cosas, porque no hay otra fuente más fiable. La suerte de los tres compatriotas catalanes secuestrados por Al Qaeda en Mauritania depende de los mensajes que los terroristas tengan a bien transmitir a través de la red.
Obama va a destinar mil millones de dólares para reforzar la seguridad en los aeropuertos en los que quedarán grabados los más menudos detalles de nuestra intimidad. Los ámbitos de nuestras libertades van quedando cada vez más reducidos, a pesar de la superioridad militar, económica y tecnológica de Occidente.
La paradoja es que las minorías que pretenden islamizarnos utilizan la modernidad para sembrar el miedo y el terror a quienes la hemos inventado. No se puede hacer frente a este enemigo invisible con los parámetros militares del siglo XX. Quienes están detrás de estos atentados utilizan la fuerza del terror, pero lo hacen con inteligencia.
Si nos falla la inteligencia perderemos muchas batallas. Churchill lo dijo hace medio siglo: la multinacional más poderosa será la de la inteligencia. No nos damos por enterados.
miércoles, enero 06, 2010
Analogías de la historia
Cuenta Tzevetan Todorov en Los abusos de la memoria que en la actualidad ya no hay redadas de judíos ni campos de exterminio. No obstante, tenemos que conservar viva la memoria del pasado, no para pedir una reparación por el daño sufrido, sino para estar alerta frente a situaciones nuevas y sin embargo análogas.
Los cambios de ciclos históricos no se detectan mientras transcurren sino que se descubren después de haber atravesado las fronteras entre lo de antes y lo de ahora. Todos los acontecimientos positivos y negativos fueron improbables antes de que se produjeran. El imperio soviético cayó inesperadamente a partir de 1989 así como se derrumbaron los imperios coloniales europeos al finalizar la Gran Guerra de 1914.
En estos momentos de incertidumbres sobre el futuro de las relaciones entre Catalunya y España tendría que ser obligatorio para los políticos y para cuantos podamos influir de alguna manera en el inconcluso y tenso debate que está en curso, realizar un curso acelerado sobre la rica historia del catalanismo desde mediados del siglo XIX. Quien desconozca los azarosos hechos que nos han conducido al periodo más largo de progreso, paz y libertad de nuestra historia podría equivocarse en el diagnóstico de futuro.
Estos días he leído tres libros recientes que aportan nuevas perspectivas sobre la historia del catalanismo. Josep Termes nos ofrece un (Nou) Resum d'història del Catalanisme, que arranca con la Renaixença y acaba con la recuperación de la autonomía. Termina su documentado relato apartándose de las sentencias históricas clásicas de “Catalunya será cristiana o no será” o la de “Catalunya será de izquierdas o no será” para quedarse con su personal definición: “Catalunya será integradora o no será”. Coincido.
El libro de Lluìs Duran Solà, Breu història del catalanisme. Del segle XIX a la Dictadura de Primo de Rivera, aporta nuevos datos y perspectivas que son imprescindibles para saber de dónde venimos y cómo despertó el sentimiento catalanista hace más de siglo y medio. Su lectura es necesaria.
Por último, Miguel Siguan, lindando los 92 años, en su El projecte català. Del passat al futur, llega a la conclusión de que el proyecto nacional catalán necesita una reformulación que esté a la altura de nuestro tiempo. Hay que conocer los errores del pasado para prevenir los del futuro. Es evidente, dice, que el pasado nos ha dado a los catalanes una identidad fuerte que nos permite considerarnos una nación. También es evidente para Siguán que el pasado nos ha integrado en el Estado español que difícilmente se romperá en un futuro previsible.
Catalunya tiene hoy abiertas todas las posibilidades de la globalización. Habrá que aprovecharlas sabiendo qué queremos ser y cómo pensamos situarnos en un mundo nuevo. No sería prudente volver a improvisar
Los cambios de ciclos históricos no se detectan mientras transcurren sino que se descubren después de haber atravesado las fronteras entre lo de antes y lo de ahora. Todos los acontecimientos positivos y negativos fueron improbables antes de que se produjeran. El imperio soviético cayó inesperadamente a partir de 1989 así como se derrumbaron los imperios coloniales europeos al finalizar la Gran Guerra de 1914.
En estos momentos de incertidumbres sobre el futuro de las relaciones entre Catalunya y España tendría que ser obligatorio para los políticos y para cuantos podamos influir de alguna manera en el inconcluso y tenso debate que está en curso, realizar un curso acelerado sobre la rica historia del catalanismo desde mediados del siglo XIX. Quien desconozca los azarosos hechos que nos han conducido al periodo más largo de progreso, paz y libertad de nuestra historia podría equivocarse en el diagnóstico de futuro.
Estos días he leído tres libros recientes que aportan nuevas perspectivas sobre la historia del catalanismo. Josep Termes nos ofrece un (Nou) Resum d'història del Catalanisme, que arranca con la Renaixença y acaba con la recuperación de la autonomía. Termina su documentado relato apartándose de las sentencias históricas clásicas de “Catalunya será cristiana o no será” o la de “Catalunya será de izquierdas o no será” para quedarse con su personal definición: “Catalunya será integradora o no será”. Coincido.
El libro de Lluìs Duran Solà, Breu història del catalanisme. Del segle XIX a la Dictadura de Primo de Rivera, aporta nuevos datos y perspectivas que son imprescindibles para saber de dónde venimos y cómo despertó el sentimiento catalanista hace más de siglo y medio. Su lectura es necesaria.
Por último, Miguel Siguan, lindando los 92 años, en su El projecte català. Del passat al futur, llega a la conclusión de que el proyecto nacional catalán necesita una reformulación que esté a la altura de nuestro tiempo. Hay que conocer los errores del pasado para prevenir los del futuro. Es evidente, dice, que el pasado nos ha dado a los catalanes una identidad fuerte que nos permite considerarnos una nación. También es evidente para Siguán que el pasado nos ha integrado en el Estado español que difícilmente se romperá en un futuro previsible.
Catalunya tiene hoy abiertas todas las posibilidades de la globalización. Habrá que aprovecharlas sabiendo qué queremos ser y cómo pensamos situarnos en un mundo nuevo. No sería prudente volver a improvisar
martes, enero 05, 2010
Laporta, salvador de la patria
He leído con interés la entrevista épica que Laporta concede a un diario madrileño que se apresura a editorializar que no comparte prácticamente nada de lo que dice el 'president' del Barça. Dos extensas páginas de declaraciones con grandes titulares en busca del millón de catalanes que buscan un Estado propio.
Ya era hora que Laporta se pusiera el sombrero de la política a hombros de un Barça que lo ha ganado todo. Desde Gamper a Laporta hay un erial de más de cien años de mediocridad. Habla de la lucha más romántica que puede librar un pueblo que todavía tiene un sueño. Sigo la entrevista hasta el punto final y no encuentro ni una sola cita de Pep Guardiola que es el auténtico revolucionario de este Barça que marca las notas de la sinfonía universal del fútbol moderno.
Todo lo ha hecho Laporta, el líder, el redentor, el mesías, el salvador de la patria desde un equipo de fútbol. Berlusconi se queda corto ante las ambiciones de este personaje histriónico que la última vez que pasó por las urnas plebiscitarias recibió un castigo del 60,6 por ciento de socios.
Laporta es libre de entrar en la arena política. Pero es de dudosa elegancia y de poco pedigrí democrático el hecho que haya usurpado los sentimientos de cientos de miles de barcelonistas para ponerlos al servicio de una causa política personal.
Veo incompatible que siga siendo presidente del Barça y se postule paralelamente como candidato a presidir la Generalitat de Catalunya. Extraño. Afirmo que el barcelonismo vive días gloriosos. El guardiolismo está en lo más alto. Pero el laportismo es la antesala del populismo. No se puede ser más pretencioso.
Articulo publicado en El Mundo Deportivo el 5 de enero
Ya era hora que Laporta se pusiera el sombrero de la política a hombros de un Barça que lo ha ganado todo. Desde Gamper a Laporta hay un erial de más de cien años de mediocridad. Habla de la lucha más romántica que puede librar un pueblo que todavía tiene un sueño. Sigo la entrevista hasta el punto final y no encuentro ni una sola cita de Pep Guardiola que es el auténtico revolucionario de este Barça que marca las notas de la sinfonía universal del fútbol moderno.
Todo lo ha hecho Laporta, el líder, el redentor, el mesías, el salvador de la patria desde un equipo de fútbol. Berlusconi se queda corto ante las ambiciones de este personaje histriónico que la última vez que pasó por las urnas plebiscitarias recibió un castigo del 60,6 por ciento de socios.
Laporta es libre de entrar en la arena política. Pero es de dudosa elegancia y de poco pedigrí democrático el hecho que haya usurpado los sentimientos de cientos de miles de barcelonistas para ponerlos al servicio de una causa política personal.
Veo incompatible que siga siendo presidente del Barça y se postule paralelamente como candidato a presidir la Generalitat de Catalunya. Extraño. Afirmo que el barcelonismo vive días gloriosos. El guardiolismo está en lo más alto. Pero el laportismo es la antesala del populismo. No se puede ser más pretencioso.
Articulo publicado en El Mundo Deportivo el 5 de enero
lunes, enero 04, 2010
Enemigo invisible recorre el mundo
Un enemigo invisible recorre el mundo sembrando el miedo a individuos y sociedades enteras. Un nigeriano estudiante en Londres se adiestró en Yemen, subió a un avión en Amsterdam con destino a Detroit con el objetivo de inmolarse y poner fin a la vida de todo el pasaje.
Estos días un hombre llamó a la puerta de un caricaturista danés que se atrevió a publicar unos dibujos ofensivos contra el Profeta hace unos años poniendo su vida en peligro desde entonces. En Holanda asesinaron al cineasta Van Gogh por haber dirigido una película sobre el Islam. El terrorismo de procedencia islámica ha sacudido Madrid, Londres, Nueva York y Washington. En Mauritania siguen secuestrados tres catalanes que transportaban ayuda humanitaria al África subsahariana.
Estados Unidos y Gran Bretaña han cerrado sus embajadas en Yemen ante el temor de inminentes ataques de Al Qaeda o una de sus franquicias diseminadas por el mundo musulmán y camufladas también en cualquier ciudad occidental. Viajar en avión sigue siendo una necesidad que preceptivamente tiene que pasar por el suplicio de los controles de los aeropuertos que nos desnudan hasta conocer los rincones más íntimos de cada uno de los pasajeros.
Enfrente no tenemos a un ejército, a un estado o a personas que puedan identificarse. Hay una idea que recluta a cientos de voluntarios que practican el desprecio más absoluto a las vidas ajenas. Es poco conocido que el número de víctimas de este radicalismo violento es diez veces superior en las sociedades musulmanas que en las occidentales.
En todo caso, la estrategia de la fuerza de los ejércitos que desde 2001 golpearon Afganistán y derrocaron al régimen de los talibanes no ha conseguido ni ganar la guerra ni alejar el peligro que acecha en cualquier lugar del planeta. Occidente no dispone de pautas ni programas para combatir los puntos de ignición de este terror global que pueden encontrarse en Barcelona o en Bali.
No estamos ante un choque de civilizaciones sino ante la supervivencia de la civilización. Y para ganar esta nueva e inesperada batalla global utilizamos los mismos conceptos del estado que nacieron de la Paz de Westfalia de 1648. Un estado no puede combatir un peligro tan difuso y tan opaco que circula por la red sin que los gobiernos puedan detectarlo. Son las consecuencias de la inseguridad jurídica global en que vivimos.
Estos días un hombre llamó a la puerta de un caricaturista danés que se atrevió a publicar unos dibujos ofensivos contra el Profeta hace unos años poniendo su vida en peligro desde entonces. En Holanda asesinaron al cineasta Van Gogh por haber dirigido una película sobre el Islam. El terrorismo de procedencia islámica ha sacudido Madrid, Londres, Nueva York y Washington. En Mauritania siguen secuestrados tres catalanes que transportaban ayuda humanitaria al África subsahariana.
Estados Unidos y Gran Bretaña han cerrado sus embajadas en Yemen ante el temor de inminentes ataques de Al Qaeda o una de sus franquicias diseminadas por el mundo musulmán y camufladas también en cualquier ciudad occidental. Viajar en avión sigue siendo una necesidad que preceptivamente tiene que pasar por el suplicio de los controles de los aeropuertos que nos desnudan hasta conocer los rincones más íntimos de cada uno de los pasajeros.
Enfrente no tenemos a un ejército, a un estado o a personas que puedan identificarse. Hay una idea que recluta a cientos de voluntarios que practican el desprecio más absoluto a las vidas ajenas. Es poco conocido que el número de víctimas de este radicalismo violento es diez veces superior en las sociedades musulmanas que en las occidentales.
En todo caso, la estrategia de la fuerza de los ejércitos que desde 2001 golpearon Afganistán y derrocaron al régimen de los talibanes no ha conseguido ni ganar la guerra ni alejar el peligro que acecha en cualquier lugar del planeta. Occidente no dispone de pautas ni programas para combatir los puntos de ignición de este terror global que pueden encontrarse en Barcelona o en Bali.
No estamos ante un choque de civilizaciones sino ante la supervivencia de la civilización. Y para ganar esta nueva e inesperada batalla global utilizamos los mismos conceptos del estado que nacieron de la Paz de Westfalia de 1648. Un estado no puede combatir un peligro tan difuso y tan opaco que circula por la red sin que los gobiernos puedan detectarlo. Son las consecuencias de la inseguridad jurídica global en que vivimos.
sábado, enero 02, 2010
Las frágiles costuras chinas
En la cumbre de Copenhague se dibujó una tendencia del desplazamiento del poder en el mundo desde el Atlántico hasta el Pacífico. Los ideales de los impulsores del cambio climático, principalmente los gobiernos europeos, fueron arrebatados por Estados Unidos y China. Son los países más contaminantes del planeta y prefirieron ponerse delante del movimiento ecologista para trazar las líneas que mejor se adecuen a sus respectivos intereses nacionales.
En términos geopolíticos, Europa ha quedado desplazada dejando paso a una nueva hegemonía global que tendrá su eje allí dónde hay más riqueza, más población y, en definitiva, un mayor potencial militar. No es una casualidad que Obama sea el primer presidente que pase sus vacaciones navideñas en Hawai. De hecho, es el primer presidente del Pacífico al haber nacido en Hawai y haber recibido educación en su infancia en Indonesia.
China muestra su musculatura de gran potencia con la evidencia de los hechos. Los Juegos Olímpicos de Pekín enseñaron al mundo cómo la tecnología ha sido incorporada a la realidad. Su crecimiento es sostenible, apenas arañado por la crisis global de los últimos dos años. Shanghai es el centro financiero del Pacífico superando posiblemente la hegemonía de Nueva York. En el censo previsto para 2010 se estima que su población será casi cuatro veces superior a la de Estados Unidos y tres veces la de Europa.
A pesar de estas evidencias, China corre el riesgo de atravesar las convulsiones sociales que conoció Europa en la Revolución Industrial. Por dos razones importantes. La primera es la imposibilidad de gobernar un país tan grande con la mano de hierro del Partido Comunista que puede verse superado por una sociedad que cada vez más vive como si fuera una potencia capitalista, pero sin el lubricante de las libertades.
Los tumultos y manifestaciones no se limitarán al Tibet o a la provincia con Uigur con una población musulmana considerable.Los conflictos se producirán en los espacios urbanos más avanzados a los que cada día llegan miles de campesinos en busca de un horizonte de mayor bienestar.
La segunda razón es su demografía. China será la primera gran potencia mundial que envejecerá antes de alcanzar la distribución de la riqueza que produce. El 2010 será el año de China, también por la Exposición Universal de Shanghai que será un gran acontecimiento. La historia nos relata que los grandes saltos hacia el progreso de un país no se producen sin fuertes convulsiones internas. El hecho que este prodigioso cambio se produzca bajo el control de un partido que no podrá dominar un sector privado más importante que el sector público anuncia convulsiones inesperadas.
Puede ocurrir que las costuras encorsetadas del régimen se rompan. El progreso y la libertad viajan juntos.
En términos geopolíticos, Europa ha quedado desplazada dejando paso a una nueva hegemonía global que tendrá su eje allí dónde hay más riqueza, más población y, en definitiva, un mayor potencial militar. No es una casualidad que Obama sea el primer presidente que pase sus vacaciones navideñas en Hawai. De hecho, es el primer presidente del Pacífico al haber nacido en Hawai y haber recibido educación en su infancia en Indonesia.
China muestra su musculatura de gran potencia con la evidencia de los hechos. Los Juegos Olímpicos de Pekín enseñaron al mundo cómo la tecnología ha sido incorporada a la realidad. Su crecimiento es sostenible, apenas arañado por la crisis global de los últimos dos años. Shanghai es el centro financiero del Pacífico superando posiblemente la hegemonía de Nueva York. En el censo previsto para 2010 se estima que su población será casi cuatro veces superior a la de Estados Unidos y tres veces la de Europa.
A pesar de estas evidencias, China corre el riesgo de atravesar las convulsiones sociales que conoció Europa en la Revolución Industrial. Por dos razones importantes. La primera es la imposibilidad de gobernar un país tan grande con la mano de hierro del Partido Comunista que puede verse superado por una sociedad que cada vez más vive como si fuera una potencia capitalista, pero sin el lubricante de las libertades.
Los tumultos y manifestaciones no se limitarán al Tibet o a la provincia con Uigur con una población musulmana considerable.Los conflictos se producirán en los espacios urbanos más avanzados a los que cada día llegan miles de campesinos en busca de un horizonte de mayor bienestar.
La segunda razón es su demografía. China será la primera gran potencia mundial que envejecerá antes de alcanzar la distribución de la riqueza que produce. El 2010 será el año de China, también por la Exposición Universal de Shanghai que será un gran acontecimiento. La historia nos relata que los grandes saltos hacia el progreso de un país no se producen sin fuertes convulsiones internas. El hecho que este prodigioso cambio se produzca bajo el control de un partido que no podrá dominar un sector privado más importante que el sector público anuncia convulsiones inesperadas.
Puede ocurrir que las costuras encorsetadas del régimen se rompan. El progreso y la libertad viajan juntos.
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