Lo más importante, decía De Gaulle, son las instituciones que perduran y mantienen el equilibrio de los poderes en la sociedad. Las personas cambian, las ambiciones se esfuman, los protagonismos son igualmente efímeros.
El gran drama de la transitoriedad afecta también a políticos y jueces. Nos afecta a todos. Lo que me inquieta más de las trifulcas políticas, cinegéticas, electorales, judiciales y corrupciones varias que se extienden por tierras peninsulares, es cómo los personajes del drama nacional se confunden y a veces se apoderan de las instituciones.
Las instituciones son una garantía de continuidad y de justicia. Protegen a los más débiles y permiten que los intereses de las gentes sean garantizados sea quien sea el que esté al frente de la justicia, del gobierno, de las empresas públicas y el periodismo.
En política no hay que tomarse muy en serio las campañas electorales en las que los candidatdos de cualquier escudería dan lo que no tienen y prometen lo que no pueden dar.
Que un ministro, un juez y un alto cargo de la policía cacen en franca camaradería mientras se envía a la Audiencia Nacional y a la cárcel a políticos de la oposición me parece indecente. El ministro Bermejo ha sido cesado pero el juez Garzón y el policía siguen tan tranquilos.
Pero es más impresentable que los afectados por las supuestas corrupciones se aferren a las formas sin aclarar si el fondo, es decir, la corrupción que ha enriquecido a unos cuantos políticos populares es cierta o falsa.
Si hablaramos claro, si nos atreviéramos a señalar que el fondo del problema es la financiación de los partidos, nos evitaríamos muchos disgustos. No se entiende de dónde salen los fondos que gastan los partidos. Sólo los que son pillados con las manos en la masa, son objeto del escarnio y desprecio del gran público.
viernes, febrero 27, 2009
miércoles, febrero 25, 2009
El estado de la Universidad
Se puede tomar el pulso de una ciudad, una nación o un estado paseando por sus mercados, entrando en un hospital, utilizando el transporte público o visitando una escuela y una universidad. Así lo he hecho muchas veces.
En nuestro país los mercados, el transporte público y la sanidad son más que aceptables. Pero la educación no goza de buena salud ni en nuestra sociedad ni en las de nuestro entorno europeo y americano.
Me interesó mucho la conferencia-coloquio de Salvador Cardús en Tribuna Barcelona el pasado lunes, en la que no solamente hizo un exhaustivo diagnóstico de la Universidad en Catalunya sino que señaló los cinco retos necesarios para convertir la educación superior en el motor imprescindible para mirar el futuro con optimismo y superar la presente crisis y las que puedan venir.
El canciller Bismarck solía decir que un buen bachillerato, el Abitur es fundamental para el éxito personal y colectivo de un país. Muchos hemos experimentado la deuda contraída con la exigencia de los primeros maestros que nos enseñaron las cuatro cosas sobre la que hemos construido lo poco o mucho que sabemos.
Cardús pide hacer compatible el sistema público de educación superior con la excelencia en un país en el que la universidad se ha masificado y en el que de una generación de muchos padres iletrados hemos pasado a la de los hijos con titulación universitaria.
El segundo reto es promover el deber de estudiar en un ambiente en el que sólo parecen existir los derechos. Coincido con Cardús en que la victoria de Obama se debió en buena parte a un discurso en el que se ponía más énfasis en los deberes que en los derechos.
El nivel de absentismo en la Universidad es inquietante como lo es también la condescendencia hacia los estudiantes que con frecuencia desafían a la autoridad académica desde posiciones que representan a minorías. La irresponsabilidad también debería tener un precio.
La evaluación del profesorado es el tercer reto que sugiere Cardús, quizás el más complejo y el que más resistencia ofrece por parte del cuerpo docente. En la Universidad, como en las empresas y en cualquier otro orden de la vida, son necesarios los incentivos.
El cuarto reto es quién manda en la Universidad. En mis privilegiadas y asiduas conversaciones con Josep Maria Bricall, el rector por excelencia, me ha trasladado su sentido de la autoridad que no se impone sino que se desprende de la categoría académica, personal y moral de quien la ostenta.
Sostiene Cardús que la Universidad en Catalunya tiene la dimensión idónea en un mundo global. Es necesario un proyecto común para hacerla más competitiva y menos endogámica. Curiosamente, en la conferencia no ví a ninguna personalidad del govern ni tampoco a ningún rector universitario. Es una lástima que no asistieran. Se perdieron un buen diagnóstico.
En nuestro país los mercados, el transporte público y la sanidad son más que aceptables. Pero la educación no goza de buena salud ni en nuestra sociedad ni en las de nuestro entorno europeo y americano.
Me interesó mucho la conferencia-coloquio de Salvador Cardús en Tribuna Barcelona el pasado lunes, en la que no solamente hizo un exhaustivo diagnóstico de la Universidad en Catalunya sino que señaló los cinco retos necesarios para convertir la educación superior en el motor imprescindible para mirar el futuro con optimismo y superar la presente crisis y las que puedan venir.
El canciller Bismarck solía decir que un buen bachillerato, el Abitur es fundamental para el éxito personal y colectivo de un país. Muchos hemos experimentado la deuda contraída con la exigencia de los primeros maestros que nos enseñaron las cuatro cosas sobre la que hemos construido lo poco o mucho que sabemos.
Cardús pide hacer compatible el sistema público de educación superior con la excelencia en un país en el que la universidad se ha masificado y en el que de una generación de muchos padres iletrados hemos pasado a la de los hijos con titulación universitaria.
El segundo reto es promover el deber de estudiar en un ambiente en el que sólo parecen existir los derechos. Coincido con Cardús en que la victoria de Obama se debió en buena parte a un discurso en el que se ponía más énfasis en los deberes que en los derechos.
El nivel de absentismo en la Universidad es inquietante como lo es también la condescendencia hacia los estudiantes que con frecuencia desafían a la autoridad académica desde posiciones que representan a minorías. La irresponsabilidad también debería tener un precio.
La evaluación del profesorado es el tercer reto que sugiere Cardús, quizás el más complejo y el que más resistencia ofrece por parte del cuerpo docente. En la Universidad, como en las empresas y en cualquier otro orden de la vida, son necesarios los incentivos.
El cuarto reto es quién manda en la Universidad. En mis privilegiadas y asiduas conversaciones con Josep Maria Bricall, el rector por excelencia, me ha trasladado su sentido de la autoridad que no se impone sino que se desprende de la categoría académica, personal y moral de quien la ostenta.
Sostiene Cardús que la Universidad en Catalunya tiene la dimensión idónea en un mundo global. Es necesario un proyecto común para hacerla más competitiva y menos endogámica. Curiosamente, en la conferencia no ví a ninguna personalidad del govern ni tampoco a ningún rector universitario. Es una lástima que no asistieran. Se perdieron un buen diagnóstico.
lunes, febrero 23, 2009
Habrá cambios en Euskadi y Galicia
Los resultados de las elecciones vascas y gallegas darán la medida de hasta qué punto una recesión que camina hacia la depresión van a tener consecuencias políticas inmediatas. Las crisis financieras se transforman en crisis económicas que pasando por las crisis sociales desembocan en crisis políticas. En situaciones así los gobiernos democráticos sufren las consecuencias, tengan o no responsabilidad directa del malestar generalizado.
Al margen de lo que digan las últimas encuestas. que recogen intenciones de voto más que estados de ánimo, lo más normal sería que se produjera un cambio de gobierno en las dos comunidades autónomas. En el caso gallego, por las consecuencias de la crisis y en el País Vasco hay que añadir la permanencia de un mismo partido en el poder durante una generación.
En Japón, la crisis económica ha provocado un caos político, han aumentado los suicidios y el ministro de Economía tuvo que ser cesado por comparecer en una rueda de prensa en estado de manifiesta borrachera.
Islandia está en venta. La vigorosidad de Irlanda se ha traducido en una crisis social que tendrá necesariamente repercusiones políticas. Sarkozy había alcanzado sólidas cuotas de popularidad durante la presidencia de la Unión Europea pero ahora se han disparado todas las alarmas en un país en el que los incendios sociales suelen acabar con los gobiernos y, a veces, hasta con los regímenes. Gordon Brown sólo puede confiar en un milagro para no ser desplazado por los conservadores.
Estas crisis suelen presentarse una o dos veces cada siglo. Pero cuando llegan, se llevan por delante todo lo que encuentran a su paso, empezando por los gobiernos que no han sabido encontrar salidas a los conflictos en marcha.
Estos grandes cambios coinciden con importantes innovaciones tecnológicas como fueron el ferrocarril, la electricidad, los automóviles en anteriores crisis. Ahora el cambio es la socialización del conocimiento a través de la radio, la televisión , los móviles y, sobre todo, Internet que contribuye a ganar elecciones en el caso de Obama o a divulgar informaciones y opiniones sin los límites del espacio y del tiempo.
Al final del túnel siempre espera la luz. Mientras se transita por la oscuridad se registran muchos cambios. No sé si en Galicia y en el País Vasco se confirmará lo que cuentan los manuales, que los gobiernos sean invitados a descansar. Aquella teoría de Popper de que la democracia consiste en echar a gobiernos más que a formarlos, veremos si se cumple el próximo domingo.
Al margen de lo que digan las últimas encuestas. que recogen intenciones de voto más que estados de ánimo, lo más normal sería que se produjera un cambio de gobierno en las dos comunidades autónomas. En el caso gallego, por las consecuencias de la crisis y en el País Vasco hay que añadir la permanencia de un mismo partido en el poder durante una generación.
En Japón, la crisis económica ha provocado un caos político, han aumentado los suicidios y el ministro de Economía tuvo que ser cesado por comparecer en una rueda de prensa en estado de manifiesta borrachera.
Islandia está en venta. La vigorosidad de Irlanda se ha traducido en una crisis social que tendrá necesariamente repercusiones políticas. Sarkozy había alcanzado sólidas cuotas de popularidad durante la presidencia de la Unión Europea pero ahora se han disparado todas las alarmas en un país en el que los incendios sociales suelen acabar con los gobiernos y, a veces, hasta con los regímenes. Gordon Brown sólo puede confiar en un milagro para no ser desplazado por los conservadores.
Estas crisis suelen presentarse una o dos veces cada siglo. Pero cuando llegan, se llevan por delante todo lo que encuentran a su paso, empezando por los gobiernos que no han sabido encontrar salidas a los conflictos en marcha.
Estos grandes cambios coinciden con importantes innovaciones tecnológicas como fueron el ferrocarril, la electricidad, los automóviles en anteriores crisis. Ahora el cambio es la socialización del conocimiento a través de la radio, la televisión , los móviles y, sobre todo, Internet que contribuye a ganar elecciones en el caso de Obama o a divulgar informaciones y opiniones sin los límites del espacio y del tiempo.
Al final del túnel siempre espera la luz. Mientras se transita por la oscuridad se registran muchos cambios. No sé si en Galicia y en el País Vasco se confirmará lo que cuentan los manuales, que los gobiernos sean invitados a descansar. Aquella teoría de Popper de que la democracia consiste en echar a gobiernos más que a formarlos, veremos si se cumple el próximo domingo.
miércoles, febrero 18, 2009
Una mirada optimista a la crisis
Puede parecer un sarcasmo afirmar que el país va bastante bien en unos tiempos en los que la crisis se ha adueñado de muchos bolsillos y, sobre todo, de muchas mentes que ven el futuro con tonos apocalípticos. El mal que puede almacenarse en el imaginario de cualquier persona o colectivo es siempre insoportable. En cambio, las penas por las que uno atraviesa son casi siempre llevaderas.
No voy a desafiar la ley de la gravedad ni tampoco negar la evidencia que arrojan las cifras que nos sitúan en una recesión global estabilizada con la posibilidad de caer en una depresión mundial que arrastraría muchas fortunas, devaluaría los pocos o muchos ahorros obtenidos con el esfuerzo de años y pondría el contador social a cero para remontar la situación que se producirá algún día.
De esta crisis que ha penetrado en la opinión de muchas gentes cabría aplicar el proverbio latino de corruptio optima pesima, la corrupción de los mejores es la peor. No ha fallado el sistema sino los que tenían el encargo de dirigirlo, gestionarlo y hacerlo funcionar con un mínimo de decencia. No me refiero únicamente a la clase política, siempre tan denostada en todas partes y en todos los tiempos, sino también a los que están al frente de las instituciones públicas y privadas, bancos, empresas, universidades y colegios profesionales de todo tipo.
Las crisis son consecuencia de no ver la realidad y no prever el futuro, una incapacidad para anticipar las decisiones necesarias que no se han tomado a tiempo. Pero nada es irremediable porque la sociedad se mantiene con el esfuerzo anónimo de muchos individuos y colectivos.
No me refiero únicamente a la clase política, siempre tan denostada en todas partes y en todos los tiempos, sino también a los que están al frente de las instituciones públicas y privadas, bancos, empresas, universidades y colegios profesionales de todo tipo.
Las crisis son consecuencia de no ver la realidad y no prever el futuro, una incapacidad para anticipar las decisiones necesarias que no se han tomado a tiempo. Pero nada es irremediable porque la sociedad se mantiene con el esfuerzo anónimo de muchos individuos y colectivos. El sistema educativo es precario.
Lo mismo cabe decir de la mayoría de empresarios, trabajadores y funcionarios. Los miles y miles de voluntarios en Catalunya, por ejemplo, participan con una dedicación admirable a causas nobles. Los hospitales trabajan muy bien pero son insuficientes ante la demanda masiva de pacientes. Funcionan bien la mayoría de servicios, los agricultores mantienen los campos en orden y los movimientos culturales promueven la creación literaria y la participación desinteresada en corales y grupos de teatro.
El país, repito, va bastante bien y está en mejores condiciones que hace treinta años. Llegados a este punto de miedo ambiental, quizás se podría revisar si los encargados de dirigir toda la cosa han desplegado mucha táctica pero escasa estrategia. Salvador Giner ha dejado escrito que “el buenismo retórico oficial no esconde más que una farsa permanente”. La ética ha pasado a segundo plano.
No voy a desafiar la ley de la gravedad ni tampoco negar la evidencia que arrojan las cifras que nos sitúan en una recesión global estabilizada con la posibilidad de caer en una depresión mundial que arrastraría muchas fortunas, devaluaría los pocos o muchos ahorros obtenidos con el esfuerzo de años y pondría el contador social a cero para remontar la situación que se producirá algún día.
De esta crisis que ha penetrado en la opinión de muchas gentes cabría aplicar el proverbio latino de corruptio optima pesima, la corrupción de los mejores es la peor. No ha fallado el sistema sino los que tenían el encargo de dirigirlo, gestionarlo y hacerlo funcionar con un mínimo de decencia. No me refiero únicamente a la clase política, siempre tan denostada en todas partes y en todos los tiempos, sino también a los que están al frente de las instituciones públicas y privadas, bancos, empresas, universidades y colegios profesionales de todo tipo.
Las crisis son consecuencia de no ver la realidad y no prever el futuro, una incapacidad para anticipar las decisiones necesarias que no se han tomado a tiempo. Pero nada es irremediable porque la sociedad se mantiene con el esfuerzo anónimo de muchos individuos y colectivos.
No me refiero únicamente a la clase política, siempre tan denostada en todas partes y en todos los tiempos, sino también a los que están al frente de las instituciones públicas y privadas, bancos, empresas, universidades y colegios profesionales de todo tipo.
Las crisis son consecuencia de no ver la realidad y no prever el futuro, una incapacidad para anticipar las decisiones necesarias que no se han tomado a tiempo. Pero nada es irremediable porque la sociedad se mantiene con el esfuerzo anónimo de muchos individuos y colectivos. El sistema educativo es precario.
Lo mismo cabe decir de la mayoría de empresarios, trabajadores y funcionarios. Los miles y miles de voluntarios en Catalunya, por ejemplo, participan con una dedicación admirable a causas nobles. Los hospitales trabajan muy bien pero son insuficientes ante la demanda masiva de pacientes. Funcionan bien la mayoría de servicios, los agricultores mantienen los campos en orden y los movimientos culturales promueven la creación literaria y la participación desinteresada en corales y grupos de teatro.
El país, repito, va bastante bien y está en mejores condiciones que hace treinta años. Llegados a este punto de miedo ambiental, quizás se podría revisar si los encargados de dirigir toda la cosa han desplegado mucha táctica pero escasa estrategia. Salvador Giner ha dejado escrito que “el buenismo retórico oficial no esconde más que una farsa permanente”. La ética ha pasado a segundo plano.
lunes, febrero 16, 2009
Prefiero un realista a un mago
El presidente Obama se llevó a bordo del Air Force One a unos cuantos columnistas el viernes pasado en su primera visita a Chicago tras tomar posesión de su cargo. Charla distendida, comentarios filosóficos y consideraciones sobre el momento histórico que le ha tocado vivir. No sé si entre discurso y discurso de su venerado Lincoln, Obama ha tenido tiempo de leer algún verso de Machado.
Pero un mensaje que apareció en los primeros compases de la conversación con los columnistas es que reconoció que va aprendiendo mientras hace camino. Se refirió también a Roosevelt que en los años treinta resumió sus medidas contra la depresión con la conocida frase "haremos lo que funcione". El presidente americano reconoció que está haciendo experimentos y que acertará en algunos y fracasará en otros.
En resumen, ni el presidente americano tiene un diagnóstico aproximado sobre la crisis y es consciente de que tiene que hacer experimentos por si alguno de ellos es la terapia adecuada para salir de la confusión que se ha apoderado de todos los gobiernos que promueven medidas con toda solemnidad pero sin saber si van en la buena dirección.
Soy un eterno optimista, dijo Obama, pero no soy bobo. La información acumulada por el equipo político y económico de la Casa Blanca debe ser considerable. Y, a pesar de ello, el presidente reconoce que está dando palos de ciego. Hay que agradecérselo para que cada cual se agencie como sea un pararrayos porque la tormenta está descargando con cifras adversas día a día.
Encuentro una diferencia sustancial entre la admisión de la incertidumbre de Obama y la seguridad que ofrecen muchos gobiernos europeos y muy especial el presidente Zapatero que tampoco tiene diagnóstico pero actúa con la temeridad de quien corre con alegría hacia el precipicio. Los americanos saben ya que la recuperación, que llegará, será dura y dejará a muchos ciudadanos en la cuneta.
Zapatero nos dice que nadie se quedará en la cuneta, dedicando más energía en evitar la crisis social que en proponer las medidas para hacerla más llevadera y, si es posible, para neutralizarla. Mejor que se nos diga, campañas electorales al margen, que estamos en tiempos experimentales y que no hay diagnóstico y tampoco hay soluciones mágicas. Prefiero a un realista que a un mago
Pero un mensaje que apareció en los primeros compases de la conversación con los columnistas es que reconoció que va aprendiendo mientras hace camino. Se refirió también a Roosevelt que en los años treinta resumió sus medidas contra la depresión con la conocida frase "haremos lo que funcione". El presidente americano reconoció que está haciendo experimentos y que acertará en algunos y fracasará en otros.
En resumen, ni el presidente americano tiene un diagnóstico aproximado sobre la crisis y es consciente de que tiene que hacer experimentos por si alguno de ellos es la terapia adecuada para salir de la confusión que se ha apoderado de todos los gobiernos que promueven medidas con toda solemnidad pero sin saber si van en la buena dirección.
Soy un eterno optimista, dijo Obama, pero no soy bobo. La información acumulada por el equipo político y económico de la Casa Blanca debe ser considerable. Y, a pesar de ello, el presidente reconoce que está dando palos de ciego. Hay que agradecérselo para que cada cual se agencie como sea un pararrayos porque la tormenta está descargando con cifras adversas día a día.
Encuentro una diferencia sustancial entre la admisión de la incertidumbre de Obama y la seguridad que ofrecen muchos gobiernos europeos y muy especial el presidente Zapatero que tampoco tiene diagnóstico pero actúa con la temeridad de quien corre con alegría hacia el precipicio. Los americanos saben ya que la recuperación, que llegará, será dura y dejará a muchos ciudadanos en la cuneta.
Zapatero nos dice que nadie se quedará en la cuneta, dedicando más energía en evitar la crisis social que en proponer las medidas para hacerla más llevadera y, si es posible, para neutralizarla. Mejor que se nos diga, campañas electorales al margen, que estamos en tiempos experimentales y que no hay diagnóstico y tampoco hay soluciones mágicas. Prefiero a un realista que a un mago
miércoles, febrero 11, 2009
Corrupción y cacerías
Vayamos por partes. Distingamos entre las imputaciones masivas del juez Garzón contra cargos del Partido Popular en la Comunidad de Madrid y las aficiones cinegéticas del inefable magistrado de la Audiencia Nacional, compartidas el último fin de semana con el ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, en una finca de Jaén.
Primero, habría que tener conocimiento exhaustivo de las conductas presuntamente delictivas de altos cargos de la Comunidad de Madrid, presidida por Esperanza Aguirre. Segundo, quién ha ordenado la vasta red de espionaje en el interior del Partido Popular que, de ser cierta, vulneraría los derechos fundamentales protegidos por la Constitución que en su artículo 18 dice que "se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen".
Se han producido varias dimisiones y ceses como consecuencia de estas revelaciones. Pero el Partido Popular de Mariano Rajoy no ha expedientado a ninguno de los personajes imputados cuyas fotografías se reproducen tal y como desfilaron con toda pompa y cicunstancia en la imperial boda de Alejandro Agag y Ana Aznar en el Monasterio de el Escorial, aquel 5 de septiembre de 2002, día que muchos vivimos con estupor y sonrojo.
Sería interesante, por lo tanto, esclarecer estos hechos. Si se han producido tienen la gravedad que puedan determinar las leyes penales. La corrupción y el espionaje son perseguibles de oficio, al margen de las tramas y conspiraciones políticas que denuncia Mariano Rajoy.
La otra vertiente del caso es si el juez Garzón puede entender de unas causas que se están instruyendo mientras pasa un fin de semana de cacería con el ministro de Justicia. Qué nos van a contar de las cacerías en las que se hacía política en tiempos de Carlos III, Alfonso XIII, Franco y todos los tiempos. Admite el ministro Fernández Bermejo que la cacería tuvo lugar pero que se "habló de las cosas que se hablan en esos sitios". ¿Cuáles son?
El ministro Bermejo ha acusado al Partido Popular de disparar contra el Estado. Nunca mejor dicho. Es en las cacerías precisamente donde se dispara a tiro limpio con el placer de abatir cuantas más piezas grandes mejor.
Si el juez Garzón ha sido una causa instrumental en este alud de imputaciones y las hubiera podido poner en conocimiento del gobierno antes de que se hicieran públicas, Mariano Rajoy está legitimado para recusar al mediático juez y pedir como primera providencia que se desentienda del caso y solicitar que se levante el secreto del sumario para que todos sepamos qué es lo que ha ocurrido y no vivamos pendientes de las entregas de titulares que un periodista recoge y administra " a lo Watergate", con talento y suspense periodístico.
¿No hay más jueces que Garzón en la Audiencia Nacional. Pienso que sí. Parece como si en España sólo hay un juez.
Primero, habría que tener conocimiento exhaustivo de las conductas presuntamente delictivas de altos cargos de la Comunidad de Madrid, presidida por Esperanza Aguirre. Segundo, quién ha ordenado la vasta red de espionaje en el interior del Partido Popular que, de ser cierta, vulneraría los derechos fundamentales protegidos por la Constitución que en su artículo 18 dice que "se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen".
Se han producido varias dimisiones y ceses como consecuencia de estas revelaciones. Pero el Partido Popular de Mariano Rajoy no ha expedientado a ninguno de los personajes imputados cuyas fotografías se reproducen tal y como desfilaron con toda pompa y cicunstancia en la imperial boda de Alejandro Agag y Ana Aznar en el Monasterio de el Escorial, aquel 5 de septiembre de 2002, día que muchos vivimos con estupor y sonrojo.
Sería interesante, por lo tanto, esclarecer estos hechos. Si se han producido tienen la gravedad que puedan determinar las leyes penales. La corrupción y el espionaje son perseguibles de oficio, al margen de las tramas y conspiraciones políticas que denuncia Mariano Rajoy.
La otra vertiente del caso es si el juez Garzón puede entender de unas causas que se están instruyendo mientras pasa un fin de semana de cacería con el ministro de Justicia. Qué nos van a contar de las cacerías en las que se hacía política en tiempos de Carlos III, Alfonso XIII, Franco y todos los tiempos. Admite el ministro Fernández Bermejo que la cacería tuvo lugar pero que se "habló de las cosas que se hablan en esos sitios". ¿Cuáles son?
El ministro Bermejo ha acusado al Partido Popular de disparar contra el Estado. Nunca mejor dicho. Es en las cacerías precisamente donde se dispara a tiro limpio con el placer de abatir cuantas más piezas grandes mejor.
Si el juez Garzón ha sido una causa instrumental en este alud de imputaciones y las hubiera podido poner en conocimiento del gobierno antes de que se hicieran públicas, Mariano Rajoy está legitimado para recusar al mediático juez y pedir como primera providencia que se desentienda del caso y solicitar que se levante el secreto del sumario para que todos sepamos qué es lo que ha ocurrido y no vivamos pendientes de las entregas de titulares que un periodista recoge y administra " a lo Watergate", con talento y suspense periodístico.
¿No hay más jueces que Garzón en la Audiencia Nacional. Pienso que sí. Parece como si en España sólo hay un juez.
lunes, febrero 09, 2009
Las cunetas están ya llenas
La crisis que es consecuencia de la globalización sin reglas y sin límites se intenta ahora resolver desde los parapetos de los gobiernos nacionales, cada banco por su cuenta, todas las empresas anunciando por separado despidos masivos que afectan a empleados lejanos, consumir productos propios y poner trabas a la libre circulación de personas, capitales y bienes.
Los abusos de la globalización no pueden corregirse con medidas locales que conducen al troceamiento del mercado y a levantar fronteras que en cualquier caso serán cruzadas al margen de los gobiernos y de las instituciones financieras. El pesimismo ambiental nos impide ver que hemos vivido el medio siglo de mayor bienestar general y sostenido de toda la historia.
La crisis es global y los apaños no pueden ser exclusivamente locales y mucho menos demagógicos. Insisto en que hace falta un diagnóstico para no dar pasos contraproducentes y en vano. El presidente Zapatero se reunió con cientos de alcaldes socialistas para decirles que el "gobierno no dejará a ninguna familia tirada en la cuneta". ¿Qué quiere decir el presidente?
A lo mejor no sabe que ya hay decenas de miles de familias tiradas en la cuneta. Oficialmente, sólo en Catalunya, hay cien mil familias en las que no entra ningún ingreso laboral. Cada día se pierden mil puestos de trabajo y sus afectados van directamente a la cuneta.
Ante la posibilidad de que acabemos el año con cuatro millones de parados, sería más provechoso que el señor Zapatero hiciera el favor de hablar con claridad de la crisis y ofrecer medidas concretas y eficaces, medidas muy pensadas, para aliviar en lo posible la situación desesperada de los que están ya en la cuneta.
Recomendaría al gobierno que pidiera informes a instituciones como Cáritas y otras organizaciones de carácter benéfico para que le proporcionaran cifras sobre el aumento de personas que acuden a sus comedores varias veces al día. Me dicen que en el Raval de Barcelona, con una población superior a la de Igualada o a la de Vic, el paro asciende a un 60 por ciento de la población activa. La mayoría son inmigrantes. Es una bomba de relojería que podría estallar en cualquier momento.
Esta situación no se resuelve con titulares ni con reuniones sino con acciones de gobierno que permitan cuando menos inspirar confianza para la recuperación que llegará aunque tarde más tiempo de lo previsto.
Los abusos de la globalización no pueden corregirse con medidas locales que conducen al troceamiento del mercado y a levantar fronteras que en cualquier caso serán cruzadas al margen de los gobiernos y de las instituciones financieras. El pesimismo ambiental nos impide ver que hemos vivido el medio siglo de mayor bienestar general y sostenido de toda la historia.
La crisis es global y los apaños no pueden ser exclusivamente locales y mucho menos demagógicos. Insisto en que hace falta un diagnóstico para no dar pasos contraproducentes y en vano. El presidente Zapatero se reunió con cientos de alcaldes socialistas para decirles que el "gobierno no dejará a ninguna familia tirada en la cuneta". ¿Qué quiere decir el presidente?
A lo mejor no sabe que ya hay decenas de miles de familias tiradas en la cuneta. Oficialmente, sólo en Catalunya, hay cien mil familias en las que no entra ningún ingreso laboral. Cada día se pierden mil puestos de trabajo y sus afectados van directamente a la cuneta.
Ante la posibilidad de que acabemos el año con cuatro millones de parados, sería más provechoso que el señor Zapatero hiciera el favor de hablar con claridad de la crisis y ofrecer medidas concretas y eficaces, medidas muy pensadas, para aliviar en lo posible la situación desesperada de los que están ya en la cuneta.
Recomendaría al gobierno que pidiera informes a instituciones como Cáritas y otras organizaciones de carácter benéfico para que le proporcionaran cifras sobre el aumento de personas que acuden a sus comedores varias veces al día. Me dicen que en el Raval de Barcelona, con una población superior a la de Igualada o a la de Vic, el paro asciende a un 60 por ciento de la población activa. La mayoría son inmigrantes. Es una bomba de relojería que podría estallar en cualquier momento.
Esta situación no se resuelve con titulares ni con reuniones sino con acciones de gobierno que permitan cuando menos inspirar confianza para la recuperación que llegará aunque tarde más tiempo de lo previsto.
viernes, febrero 06, 2009
Xenofobia legal en Italia
De Italia llegan noticias perturbadoras. Siempre Italia marca la hoja de ruta en muchas de las transformaciones, no siempre positivas, que se han experimentado históricamente en Europa. Es la patria de Maquiavelo y también del fascismo, de la pugna entre la democracia cristiana y el comunismo, de la ligereza y del pensamiento sólido.
El Senado ha aprobado una Ley de Seguridad que debe ser refrendada por la Cámara. Es una ley xenófoba y represiva contra los inmigrantes. Prevé tasar el permiso de residencia con un impuesto de entre 80 y 200 euros, fichar a todos los sin techo, permitir a los médicos que denuncien a los irregulares, legalizar las llamadas "rondas padanas" que son patrullas de ciudadanos sin armas, y condenar hasta cuatro años de cárcel a los expulsados que no abandonen el país.
La entrevista a Anna Finocchiaro, líder del Partido Democrático en el Senado, publicada en El País, es inquietante. Italia, dice la senadora, ha pasado de regular la inmigración a perseguirla. El riesgo es castigar a los más débiles y dejarles indefensos.
La crisis global que empezó con las hipotecas continuó con una crisis financiera, crisis económica y ahora estamos ante la crisis social que será seguida por una crisis política. En el fondo, no es otra cosa que una crisis moral al saltarse la ley y premiar a los más espabilados y en muchos casos delincuentes.
La gente irá a curarse, a parir, a llevar a sus hijos al pediatra, con miedo a ser denunciados. La Liga Norte es la impulsora de esta ley que muestra la cara más fea de esta Europa proteccionista y xenófoba que viene.
Malos tiempos para el humanismo. La xenofobia laboral también ha aparecido súbitamente en Gran Bretaña. Y la veremos aquí. En barrio del Raval de Barcelona, por ejemplo, hay un 60 por ciento de parados. Es uno de los espacios más densamente poblados del mundo. El 43 por ciento son inmigrantes. Es una bomba de relojería que puede estallar en cualquier momento.
La Europa social, la del estado del bienestar, corre el riesgo de desmoronarse. La crisis puede ser el pretexto. Pero hay que reclamar el humanismo, el respeto a la persona, los derechos humanos, la dignidad de todos, para evitar que volvamos a ver la aparición de los viejos fantasmas que tanta crueldad han provocado en nuestro continente.
El populismo se asoma en Italia. Y puede contaminarse a toda Europa. Si así fuera, es el crepúsculo de las libertades y de la dignidad de las personas, los más pobres y los más desprotegidos, los inmigrantes primero. No me gusta. Me repele.
El Senado ha aprobado una Ley de Seguridad que debe ser refrendada por la Cámara. Es una ley xenófoba y represiva contra los inmigrantes. Prevé tasar el permiso de residencia con un impuesto de entre 80 y 200 euros, fichar a todos los sin techo, permitir a los médicos que denuncien a los irregulares, legalizar las llamadas "rondas padanas" que son patrullas de ciudadanos sin armas, y condenar hasta cuatro años de cárcel a los expulsados que no abandonen el país.
La entrevista a Anna Finocchiaro, líder del Partido Democrático en el Senado, publicada en El País, es inquietante. Italia, dice la senadora, ha pasado de regular la inmigración a perseguirla. El riesgo es castigar a los más débiles y dejarles indefensos.
La crisis global que empezó con las hipotecas continuó con una crisis financiera, crisis económica y ahora estamos ante la crisis social que será seguida por una crisis política. En el fondo, no es otra cosa que una crisis moral al saltarse la ley y premiar a los más espabilados y en muchos casos delincuentes.
La gente irá a curarse, a parir, a llevar a sus hijos al pediatra, con miedo a ser denunciados. La Liga Norte es la impulsora de esta ley que muestra la cara más fea de esta Europa proteccionista y xenófoba que viene.
Malos tiempos para el humanismo. La xenofobia laboral también ha aparecido súbitamente en Gran Bretaña. Y la veremos aquí. En barrio del Raval de Barcelona, por ejemplo, hay un 60 por ciento de parados. Es uno de los espacios más densamente poblados del mundo. El 43 por ciento son inmigrantes. Es una bomba de relojería que puede estallar en cualquier momento.
La Europa social, la del estado del bienestar, corre el riesgo de desmoronarse. La crisis puede ser el pretexto. Pero hay que reclamar el humanismo, el respeto a la persona, los derechos humanos, la dignidad de todos, para evitar que volvamos a ver la aparición de los viejos fantasmas que tanta crueldad han provocado en nuestro continente.
El populismo se asoma en Italia. Y puede contaminarse a toda Europa. Si así fuera, es el crepúsculo de las libertades y de la dignidad de las personas, los más pobres y los más desprotegidos, los inmigrantes primero. No me gusta. Me repele.
jueves, febrero 05, 2009
La era de la responsabilidad
No sé cómo va a recordarse el discurso inaugural de Barack Obama. Me interesa un aspecto que aparece en los últimos minutos de su parlamento. Dice así: "lo que se nos exige ahora es una nueva era de responsabilidad, un reconocimiento, por parte de cada americano, de que tenemos obligaciones con nosotros mismos, nuestro país y el mundo; unas obligaciones que no aceptamos a regañadientes sino que asumimos de buen grado, con la firme convicción de que no existe nada tan satisfactorio para el espíritu, que defina tan bien nuestro carácter, como la entrega total a una tarea difícil".
Vivimos tiempos difíciles y frágiles. Las respuestas apresuradas que proponen los gobernantes no generan la confianza esperada. A pesar de ello, existe una salida desconocida e inesperada al final del túnel. Soy de los que piensan que toda crisis crea una nueva oportunidad para corregir errores, para hacer un diagnóstico, para encontrar soluciones inteligentes y de sentido común que nos permitan huir del pesimismo ambiental.
Un pesimismo que afecta a quienes no tienen por qué preocuparse del futuro inmediato. Podemos lamentar, en palabras de Montaigne, no vivir en tiempos mejores, pero no podemos huir del presente por muy adverso que sea.
Y el presente es crudo aunque no más precario que el que muchos hemos conocido en el último medio siglo. Aunque las cifras de paro afecten directamente a decenas de miles de familias en las que no se ingresa ninguna nómina, aunque quien sufre las consecuencias directas de esta situación haya perdido la esperanza, tiene que haber una salida, como ha ocurrido tantas veces en los viejos países como el nuestro.
Es la hora de la responsabilidad por parte de todos si queremos conservar lo que se ha conseguido en estos últimos treinta años en tantas partes del mundo. Responsabilidad por parte de los gobernantes que deben trasladar a la sociedad la dimensión de la crisis y, con toda calma pero con toda urgencia, ofrecer soluciones inteligentes y viables.
Preferimos hablar de valores que de verdad para no entrar en conflicto con la idea de tolerancia y de relativismo democrático.Apunta José Antonio Marina en sus Crónicas de la ultramodernidad que el relativismo, antes o después, es reaccionario. Cuando todo es igualmente verdadero, acaba por imponerse la fuerza como argumento más poderoso.
La posibilidad de que un populismo de nuevo cuño, antidemocrático, vaya abriéndose paso en sociedades en crisis no hay que desestimarlo. La historia está llena de estos experimentos.
¿No será que este desasosiego se deba a que nos hemos visto atrapados en un egoismo colectivo que ha olvidado conceptos tan elementales como la responsabilidad, la justicia, la libertad y la verdad? Probablemente.
Vivimos tiempos difíciles y frágiles. Las respuestas apresuradas que proponen los gobernantes no generan la confianza esperada. A pesar de ello, existe una salida desconocida e inesperada al final del túnel. Soy de los que piensan que toda crisis crea una nueva oportunidad para corregir errores, para hacer un diagnóstico, para encontrar soluciones inteligentes y de sentido común que nos permitan huir del pesimismo ambiental.
Un pesimismo que afecta a quienes no tienen por qué preocuparse del futuro inmediato. Podemos lamentar, en palabras de Montaigne, no vivir en tiempos mejores, pero no podemos huir del presente por muy adverso que sea.
Y el presente es crudo aunque no más precario que el que muchos hemos conocido en el último medio siglo. Aunque las cifras de paro afecten directamente a decenas de miles de familias en las que no se ingresa ninguna nómina, aunque quien sufre las consecuencias directas de esta situación haya perdido la esperanza, tiene que haber una salida, como ha ocurrido tantas veces en los viejos países como el nuestro.
Es la hora de la responsabilidad por parte de todos si queremos conservar lo que se ha conseguido en estos últimos treinta años en tantas partes del mundo. Responsabilidad por parte de los gobernantes que deben trasladar a la sociedad la dimensión de la crisis y, con toda calma pero con toda urgencia, ofrecer soluciones inteligentes y viables.
Preferimos hablar de valores que de verdad para no entrar en conflicto con la idea de tolerancia y de relativismo democrático.Apunta José Antonio Marina en sus Crónicas de la ultramodernidad que el relativismo, antes o después, es reaccionario. Cuando todo es igualmente verdadero, acaba por imponerse la fuerza como argumento más poderoso.
La posibilidad de que un populismo de nuevo cuño, antidemocrático, vaya abriéndose paso en sociedades en crisis no hay que desestimarlo. La historia está llena de estos experimentos.
¿No será que este desasosiego se deba a que nos hemos visto atrapados en un egoismo colectivo que ha olvidado conceptos tan elementales como la responsabilidad, la justicia, la libertad y la verdad? Probablemente.
lunes, febrero 02, 2009
No hemos visto nada todavía
Todas las medidas son urgentes, imprescindibles y radicales para hacer frente a la crisis que planea por todo el planeta. Resulta que donde la crisis golpea con más dureza es en Asia, como presagia The Economist en su portada del viernes. Las medidas precipitadas y urgentes se adoptan cuando se sabe lo que se pretende pero no se tiene clara la hoja de ruta.
La confusión y el miedo se adueñan de las gentes que ven cómo los datos adversos de la recesión caen en catarata anunciando más paro, menos consumo y menos liquidez.
La crisis financiera ha contagiado la economía y los sabios reunidos en Davos dan por hecho que la crisis social será una realidad muy pronto en toda Europa. No lo dicen los expertos, pero me atrevo a vaticinar una crisis política en los dos próximos años que se llevará por delante muchos gobiernos.
El precedente de 1929 indica que en 1933 habían cambiado casi todos los gobiernos del mundo. En España coincidió con la llegada de la República.Todas las medidas apresuradas se están tomando sin antes haber hecho un diagnóstico de las causas que han provocado la crisis.
Un sistema se desmorona como consecuencia de una guerra perdida o porque se hunde desde dentro. La Alemania nazi fue destruida militarmente y la Unión Soviética se desmoronó desde dentro. El sistema capitalista ha quedado herido sin que nadie disparara un solo tiro.
Pero no ha sido el sistema el que se ha hundido, al fin y al cabo es el menos malo de todos, sino la conducta de los que lo han gestionado con tanta codicia. Obama está adoptando medidas que son contradictorias en algunos casos con la trayectoria americana. Rescatar a los bancos es imprescindible pero si el que los tiene que gestionar o vigilar es el Estado, dejarán de ser operativos o, cuando menos, no serán un instrumento para generar negocios, prosperidad y riqueza.
Gordon Brown no sabe cómo encontrar una salida a la crisis. Sarkozy, que estaba en el nivel más alto de popularidad hace dos meses, tiene a los trabajadores en la calle. Zapatero anda tan perdido como Berlusconi sin llegar todavía al colapso que se ha producido en Islandia.
Nadie apunta que esta crisis es principalmente de conductas, una crisis moral, de justicia y de libertad para los que menos tienen. A pesar de todo, se puede y se debe salir del agujero. Con más seriedad y menos frivolidad.
La confusión y el miedo se adueñan de las gentes que ven cómo los datos adversos de la recesión caen en catarata anunciando más paro, menos consumo y menos liquidez.
La crisis financiera ha contagiado la economía y los sabios reunidos en Davos dan por hecho que la crisis social será una realidad muy pronto en toda Europa. No lo dicen los expertos, pero me atrevo a vaticinar una crisis política en los dos próximos años que se llevará por delante muchos gobiernos.
El precedente de 1929 indica que en 1933 habían cambiado casi todos los gobiernos del mundo. En España coincidió con la llegada de la República.Todas las medidas apresuradas se están tomando sin antes haber hecho un diagnóstico de las causas que han provocado la crisis.
Un sistema se desmorona como consecuencia de una guerra perdida o porque se hunde desde dentro. La Alemania nazi fue destruida militarmente y la Unión Soviética se desmoronó desde dentro. El sistema capitalista ha quedado herido sin que nadie disparara un solo tiro.
Pero no ha sido el sistema el que se ha hundido, al fin y al cabo es el menos malo de todos, sino la conducta de los que lo han gestionado con tanta codicia. Obama está adoptando medidas que son contradictorias en algunos casos con la trayectoria americana. Rescatar a los bancos es imprescindible pero si el que los tiene que gestionar o vigilar es el Estado, dejarán de ser operativos o, cuando menos, no serán un instrumento para generar negocios, prosperidad y riqueza.
Gordon Brown no sabe cómo encontrar una salida a la crisis. Sarkozy, que estaba en el nivel más alto de popularidad hace dos meses, tiene a los trabajadores en la calle. Zapatero anda tan perdido como Berlusconi sin llegar todavía al colapso que se ha producido en Islandia.
Nadie apunta que esta crisis es principalmente de conductas, una crisis moral, de justicia y de libertad para los que menos tienen. A pesar de todo, se puede y se debe salir del agujero. Con más seriedad y menos frivolidad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
