El conocido autor militar chino, Sun Tzu, escribió hace 25 siglos que “la estrategia sin táctica es el camino más lento hacia la victoria pero la táctica sin estrategia es el ruido que precede a la derrota”.
El Arte de la Guerra de este militarista oriental es uno de los libros más antiguos y muy alejado en el tiempo y en el fondo de las teorías del prusiano Carl von Clausewitz que también escribió un tratado sobre la guerra tras sus experiencias frustradas en las guerras napoleónicas.
No me referiré a la mucha táctica y a la escasa estrategia que ha estrellado el círculo virtuoso de Laporta en tierras inglesas. Quiero comentar el exceso de tacticismo y la poca visión de futuro en beneficio del interés general de la política y de los políticos de nuestro país que viven al día pensando más en el Congreso próximo o en cómo arañar unos votos en las próximas elecciones.
El martes se registró un hecho insólito en el Congreso de los Diputados. Toda la cámara votó a favor de la traída de agua a Barcelona desde el Ebro, ya sea con el nombre de trasvase o como se le quiera llamar. Las únicas formaciones que se abstuvieron fueron los dos partidos nacionalistas catalanes. No era por distanciarse del Partido Popular o por castigar a los socialistas.
Los dos quedaron prisioneros de promesas o de discursos que nada tienen que ver con la necesidad imperiosa de facilitar agua a más de cinco millones de catalanes del área de Barcelona que pueden sufrir los efectos de la prolongada sequía.
Pero la táctica se apoderó también del Partido Popular en la anterior legislatura, empeñándose en convertir la no probada relación de ETA con los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. La táctica de un periódico y una emisora de radio se impuso sobre la estrategia que debe tener cualquier proyecto político de gran alcance. No sé cuál será el futuro político de Mariano Rajoy pero me da la impresión que está administrando la táctica y la estrategia con la prudencia necesaria para llegar a ser una carta ganadora, siempre y cuando la lideresa no le marque un gol en el último minuto.
Respecto al tripartito no sé si falta estrategia o abunda la táctica. La imagen que proyecta es que no da señales ni de lo uno ni de lo otro. Manifestarse contra decisiones del gobierno del que se forma parte es simplemente abstruso.
El presidente Zapatero actúa según convenga. un poco de estrategia por aquí, mucha táctica por allá, la España plural y la España diversa, más mujeres que hombres, no pasa nada cuando los chuzos económicos están cayendo de punta, el debate territorial indefinido y abierto, el PSC descolocado como si fuera un extraño, la financiación en estudio, tan lejos de la Casa Blanca y tan cerca de las aventuras políticas latinoamericanas. Nos salvará la madurez de la sociedad que actúa con bastante sentido común.
miércoles, abril 30, 2008
lunes, abril 28, 2008
Las bromas pesadas de George Bush
Se agradece el sentido del humor y la ironía fina que endulzan la existencia de la diaria monotonía. El humor sobre los políticos y la política tiene el éxito asegurado. El programa Polònia es un ejemplo. Y los dibujantes que reducen la realidad a una caricatura o a un gesto tienen más fuerza que un editorial o una larga crónica. Una sociedad sin humor sería irrespirable.
El problema se plantea cuando son los políticos los que hacen chistes sobre sus colegas o sobre sí mismos. Churchill llegó a ser cruel con el que fue su inesperado sucesor, Clement Attlee, después de la guerra. El señor Attlee es un hombre modesto que tiene muchas razones para serlo o el célebre chiste, también de Churchill, que hablaba de un taxi vacío que se detenía delante del número 10 de Downing Street y de él descendía Clement Attlee.
Es famosa la sentencia de Harold Macmillan al perder el gobierno y preguntarse en los Comunes sobre si “hay vida después de la muerte”. Se cuenta que lord Salisbury estaba soñando que hablaba en la Cámara de los Lores y cuando se despertó se dió cuenta que, efectivamente, estaba hablando ante los mismos lores.
George Bush ha recurrido al humor en la última cena de gala con la prensa extranjera acreditada en Washingon. Disparó irónicamente contra Hillary Clinton mencionando que no había podido entrar en la fiesta por el cruce de disparos en la puerta. Se refería al inventado episodio de la señora Clinton en una visita a Bosnia que decribió como un peligro serio para su vida por el tiroteo del fuego enemigo. También se dirigió a Barack Obama y excusó su asistencia a la cena por estar en la iglesia, escuchando, se entendía, al racista reverendo Wright.
Lo que dijo de McCain no era una broma sino una verdad. Bush vino a decir que McCain no ha venido porque le quito votos. Seguramente. Desde que el Instituto Gallup elaboró los primeros sondeos hace 70 años nunca ningún presidente había alcanzado una cota tan alta, el 69 por ciento, de desaprobación. El candidato McCain se mantiene alejado del presidente viendo cómo los demócratas se despellejan vivos.
Pero su ausencia de los focos públicos no le beneficia. Humorísticamente no está mal aquella reflexión de Reagan: he dicho muchas veces que la política es la segunda profesión más mezquina y me he dado cuenta que guarda una estrecha similitud con la primera.
El problema se plantea cuando son los políticos los que hacen chistes sobre sus colegas o sobre sí mismos. Churchill llegó a ser cruel con el que fue su inesperado sucesor, Clement Attlee, después de la guerra. El señor Attlee es un hombre modesto que tiene muchas razones para serlo o el célebre chiste, también de Churchill, que hablaba de un taxi vacío que se detenía delante del número 10 de Downing Street y de él descendía Clement Attlee.
Es famosa la sentencia de Harold Macmillan al perder el gobierno y preguntarse en los Comunes sobre si “hay vida después de la muerte”. Se cuenta que lord Salisbury estaba soñando que hablaba en la Cámara de los Lores y cuando se despertó se dió cuenta que, efectivamente, estaba hablando ante los mismos lores.
George Bush ha recurrido al humor en la última cena de gala con la prensa extranjera acreditada en Washingon. Disparó irónicamente contra Hillary Clinton mencionando que no había podido entrar en la fiesta por el cruce de disparos en la puerta. Se refería al inventado episodio de la señora Clinton en una visita a Bosnia que decribió como un peligro serio para su vida por el tiroteo del fuego enemigo. También se dirigió a Barack Obama y excusó su asistencia a la cena por estar en la iglesia, escuchando, se entendía, al racista reverendo Wright.
Lo que dijo de McCain no era una broma sino una verdad. Bush vino a decir que McCain no ha venido porque le quito votos. Seguramente. Desde que el Instituto Gallup elaboró los primeros sondeos hace 70 años nunca ningún presidente había alcanzado una cota tan alta, el 69 por ciento, de desaprobación. El candidato McCain se mantiene alejado del presidente viendo cómo los demócratas se despellejan vivos.
Pero su ausencia de los focos públicos no le beneficia. Humorísticamente no está mal aquella reflexión de Reagan: he dicho muchas veces que la política es la segunda profesión más mezquina y me he dado cuenta que guarda una estrecha similitud con la primera.
domingo, abril 27, 2008
Los Juegos Olímpicos y la apertura de China
Las protestas por el paso de la antorcha olímpica por el mundo no van a cambiar el calendario de los Juegos Olímpicos de Pekín. La ceremonia inaugural será la más seguida de la historia por televisión. Sólo que la contemplen la mayoría de chinos ya se convertirá en el acontecimiento más seguido por las televisiones globales.
Las protestas han obligado a las autoridades chinas a reunirse con una delegación del Dalai Lama para hablar del futuro del Tíbet. Pero poco más. China es un país antiguo, bastante homogéneo y ahora lanzado a un crecimiento espectacular bajo un sistema de mercado controlado por el partido comunista chino.
Pero habrá un antes y un después de estos Juegos para China. El mundo verá los prodigios económicos de un régimen abierto a una cierta libertad económica por Deng Xiaoping pero también observará cómo aquel inmenso país crece pavorosamente sin tener en cuenta los derechos de los chinos.
China es una potencia emergente que puede disputar la hegemonía del capitalismo liderado por Estados Unidos y por la Unión Europea. Esta pugna no tiene por qué librarse en los estadios olímpicos. Pero pienso que es imposible separar el deporte y la política, cuando el deporte adquiere dimensiones globales y cuando la política es algo más que un juego diplómático y se convierte en una arena en la que también pueden dilucidarse intereses.
La historia no se repite. Pero no se olvida. Los Juegos de Berlín de 1936 estuvieron politizados por la ideología de la superioridad de la raza aria. La propaganda no pudo impedir que el atleta negro, Jesse Owens, ganara cuatro medallas, destruyendo la ignominiosa propaganda del régimen.
Los Juegos de México de 1968, el año de las revoluciones de Mayo, se saldó con la expulsión de los atletas negros norteamericanos que recurrieron al saludo del "black power". En los de Munich de 1974, el asesinato de once atletas israelíes por terroristas palestinos, causaron un gran estupor.
Los de Moscú de 1980 fueron boicoteados por la invasión de Afganistán ordenada por Breznev en las Navidades de 1979. La respuesta llegó del bloque soviético en los Juegos de Los Ángeles de 1984 que fueron boicoteados por la mayoría de países comunistas.
Es casi inevitable evitar la politización de los Juegos cuando el país anfitrión es una gran potencia. En Atlanta en 1996, una bomba mató a una persona e hirió a más de cien.
China no tiene las prisas de la sociedad occidental. Camina a ritmo lento pero seguro. Lo que pasa es que ni China, con todo su poderío, podrá evitar que se discuta y se proteste contra la falta de libertades y de derechos humanos en un país de 1.200 millones de habitantes.
Los derechos humanos son universales aunque las autoridades chinas piensen que ya los irán aplicando a su ritmo. Pero vivimos tiempos en que las libertades penetran también en un régimen semiabierto y próspero económicamente. Soy partidario de que se celebren los Juegos en Pekín.
Las protestas de estos días y las que vendrán pueden propiciar un auge inesperado del nacionalismo chino. También un anti occidentalismo, tan evidente en la historia de aquel inmenso país. Pero serán una ocasión para introducir nuevas libertades. El éxito económico conduce inexorablemente a la apertura política.
Las protestas han obligado a las autoridades chinas a reunirse con una delegación del Dalai Lama para hablar del futuro del Tíbet. Pero poco más. China es un país antiguo, bastante homogéneo y ahora lanzado a un crecimiento espectacular bajo un sistema de mercado controlado por el partido comunista chino.
Pero habrá un antes y un después de estos Juegos para China. El mundo verá los prodigios económicos de un régimen abierto a una cierta libertad económica por Deng Xiaoping pero también observará cómo aquel inmenso país crece pavorosamente sin tener en cuenta los derechos de los chinos.
China es una potencia emergente que puede disputar la hegemonía del capitalismo liderado por Estados Unidos y por la Unión Europea. Esta pugna no tiene por qué librarse en los estadios olímpicos. Pero pienso que es imposible separar el deporte y la política, cuando el deporte adquiere dimensiones globales y cuando la política es algo más que un juego diplómático y se convierte en una arena en la que también pueden dilucidarse intereses.
La historia no se repite. Pero no se olvida. Los Juegos de Berlín de 1936 estuvieron politizados por la ideología de la superioridad de la raza aria. La propaganda no pudo impedir que el atleta negro, Jesse Owens, ganara cuatro medallas, destruyendo la ignominiosa propaganda del régimen.
Los Juegos de México de 1968, el año de las revoluciones de Mayo, se saldó con la expulsión de los atletas negros norteamericanos que recurrieron al saludo del "black power". En los de Munich de 1974, el asesinato de once atletas israelíes por terroristas palestinos, causaron un gran estupor.
Los de Moscú de 1980 fueron boicoteados por la invasión de Afganistán ordenada por Breznev en las Navidades de 1979. La respuesta llegó del bloque soviético en los Juegos de Los Ángeles de 1984 que fueron boicoteados por la mayoría de países comunistas.
Es casi inevitable evitar la politización de los Juegos cuando el país anfitrión es una gran potencia. En Atlanta en 1996, una bomba mató a una persona e hirió a más de cien.
China no tiene las prisas de la sociedad occidental. Camina a ritmo lento pero seguro. Lo que pasa es que ni China, con todo su poderío, podrá evitar que se discuta y se proteste contra la falta de libertades y de derechos humanos en un país de 1.200 millones de habitantes.
Los derechos humanos son universales aunque las autoridades chinas piensen que ya los irán aplicando a su ritmo. Pero vivimos tiempos en que las libertades penetran también en un régimen semiabierto y próspero económicamente. Soy partidario de que se celebren los Juegos en Pekín.
Las protestas de estos días y las que vendrán pueden propiciar un auge inesperado del nacionalismo chino. También un anti occidentalismo, tan evidente en la historia de aquel inmenso país. Pero serán una ocasión para introducir nuevas libertades. El éxito económico conduce inexorablemente a la apertura política.
miércoles, abril 23, 2008
El ganador perdió y la perdedora ganó
La pugna por el poder en el Partido Popular, en Esquerra o en el resto de partidos que preparan los congresos para este verano es una pálida caricatura de la lucha por la candidatura demócrata en Estados Unidos que arrancó con los caucus de Iowa el 3 de enero y sigue viva e incierta después de las primarias de Pennsylvania y se prolongará seguramente hasta la Convención demócrata de finales de agosto en Denver.
Es la democracia en acción dentro de un mismo partido en el que dos candidatos singulares, una mujer y un negro, se lo han dicho casi todo, no difieren sustancialmente en sus propuestas y, finalmente la lucha se centra en la personalidad de cada uno de ellos. Barack Obama es el que ha conseguido más donaciones en las últimas semanas y el que va por delante en el número de delegados para la convención. Pero en el decisivo estado de Pennsylvania, uno de los grandes que votan demócrata o republicano en noviembre, según las circunstancias, la victoria se la llevó la senadora Hillary Clinton.
Simplificando mucho la contienda se puede decir que la perdedora ganó y el ganador perdió. Hay pocas posibilidades de que las cuentas le salgan a Clinton para proclamarse candidata en Denver a no ser que los superdelegados que actúan independientemente de la disciplina del partido inclinen decisivamente la balanza a su favor.
Han celebrado 21 debates, han llenado docenas de estadios, han recorrido miles de kilómetros y se puede afirmar que el ganador mediático es el senador Obama. Por su discurso, su juventud, su capacidad de encajar reveses como el del reverendo Wright que propició un parlamento de referencia sobre el racismo en Estados Unidos.
Pero Obama, si es designado finalmente candidato, ha de tener muy presente que el adversario ya no sería la senadora Clinton sino el republicano John McCain. Hay razones para pensar que la masa electoral norteamericana, tan multicultural y tan fluctuante, se resista a enviar a la Casa Blanca a un candidato que propone reforzar las políticas sociales en plena recesión.
Obama es contrario a la guerra en tiempos en los que el país está en dos guerras, en Afganistán y en Iraq. La experiencia de sus antecesores demócratas en situaciones bélicas adversas, Nixon en 1972 con Vietnam y Bush en 2004 con Iraq, el país se inclinó a favor del partido de la guerra aunque la historia los juzgue luego como presidentes mediocres.
La lealtad de los militantes de un partido es básica. Pero tanta rivalidad concentrada en estos meses no ayudará a la senadora ni al senador, aunque a los dos les sobra personalidad para reconducir el estado de ánimo de los votantes. Mientras tanto, McCain asiste al espectáculo pensando en que sus adversarios se están suicidando políticamente al no despejar ya la incógnita sobre el candidato.
Es la democracia en acción dentro de un mismo partido en el que dos candidatos singulares, una mujer y un negro, se lo han dicho casi todo, no difieren sustancialmente en sus propuestas y, finalmente la lucha se centra en la personalidad de cada uno de ellos. Barack Obama es el que ha conseguido más donaciones en las últimas semanas y el que va por delante en el número de delegados para la convención. Pero en el decisivo estado de Pennsylvania, uno de los grandes que votan demócrata o republicano en noviembre, según las circunstancias, la victoria se la llevó la senadora Hillary Clinton.
Simplificando mucho la contienda se puede decir que la perdedora ganó y el ganador perdió. Hay pocas posibilidades de que las cuentas le salgan a Clinton para proclamarse candidata en Denver a no ser que los superdelegados que actúan independientemente de la disciplina del partido inclinen decisivamente la balanza a su favor.
Han celebrado 21 debates, han llenado docenas de estadios, han recorrido miles de kilómetros y se puede afirmar que el ganador mediático es el senador Obama. Por su discurso, su juventud, su capacidad de encajar reveses como el del reverendo Wright que propició un parlamento de referencia sobre el racismo en Estados Unidos.
Pero Obama, si es designado finalmente candidato, ha de tener muy presente que el adversario ya no sería la senadora Clinton sino el republicano John McCain. Hay razones para pensar que la masa electoral norteamericana, tan multicultural y tan fluctuante, se resista a enviar a la Casa Blanca a un candidato que propone reforzar las políticas sociales en plena recesión.
Obama es contrario a la guerra en tiempos en los que el país está en dos guerras, en Afganistán y en Iraq. La experiencia de sus antecesores demócratas en situaciones bélicas adversas, Nixon en 1972 con Vietnam y Bush en 2004 con Iraq, el país se inclinó a favor del partido de la guerra aunque la historia los juzgue luego como presidentes mediocres.
La lealtad de los militantes de un partido es básica. Pero tanta rivalidad concentrada en estos meses no ayudará a la senadora ni al senador, aunque a los dos les sobra personalidad para reconducir el estado de ánimo de los votantes. Mientras tanto, McCain asiste al espectáculo pensando en que sus adversarios se están suicidando políticamente al no despejar ya la incógnita sobre el candidato.
domingo, abril 20, 2008
Rajoy habló y Esperanza tembló
Los partidos políticos son espacios de aguas turbulentas, sucias, emponzoñadas. Tienen que ver con el poder y el poder es maquiavélico por naturaleza. Se pugna por alcanzarlo y por conservarlo. Margaret Thatcher no fue destituida por el Parlamento ni por el electorado después de haber ganado tres mayorías absolutas. Fue apartada por el Partido Conservador que escogió para sucederla a John Major.
En Francia, el Partido Socialista perdió las elecciones ante la astucia del conservador Sarkozy. Pero, de paso, rompió la pareja Segolène Royal y François Hollande hasta el punto que hoy no se sabe quién va a ser el próximo candidato. Qué les voy a contar de Italia donde los aliados de hoy son los enemigos de mañana.
Las primarias de Estados Unidos ofrecen el gran espectáculo entre Hillary Clinton y Barack Obama que debaten sin parar hasta descifrar quién va a ser el candidato del Partido Demócrata. Los socialistas españoles cambiaron tres veces de líder hasta elegir a Zapatero que ganó las elecciones en su segunda oportunidad.
No es extraño que el Partido Popular pase por este turbulento trance. Normalmente, las batallas a muerte no se dan mientras se tiene el poder. Es cuando se pierde cuando empiezan a correr los cuchillos y la sangre fluye tranquilamente por los pasillos de las sedes partidarias.
Es interesante seguir la guerra en el seno del Partido Popular. Y también observar cómo los medios de comunicación, El Mundo y la Cope, se empeñan en desplazar a Mariano Rajoy para situar a Esperanza Aguirre. Las críticas de esos dos medios contra Rajoy han sido despiadadas en las últimas semanas. Todo lo que hacía Rajoy era criticado con dureza.
Si hablaba porque hablaba, si callaba porque callaba. Si nombraba se equivocaba y si no hacía caso a los suyos también. Pero Mariano, por fin, habló. Y habló claro. Como ocurre en toda lucha por el poder. Esperanza tiene ahora la palabra y los ejércitos de los dos aspirantes se van a medir en el Congreso popular del mes de junio.
Que gane el mejor. Asi es el sistema. Pero Rajoy ha respondido con truenos y relámpagos. "No se puede confuncir a 25 personas de Madrid con España porque España es mucho más grande". Ha dado en el clavo. Piensan muchos magnates de prensa y financieros capitalinos que lo que no ocurre en Madrid, simplemente no pasa, no es noticia.
Rajoy se ha hecho con los barones periféricos, con Camps en Valencia, Arenas en Andalucía, Valcárcel en Murcia, Sirera en Cataluña y Feijó en Galicia. Ha pasado revista a las tropas y ve que tiene suficientes soldados para plantar batalla a Esperanza Aguirre.
Me voy a presentar, ha dicho, porque me lo han pedido muchos compañeros de partido. A mí no me lo ha pedido ningun periódico ni ninguna radio. Le faltó los nombres, pero se refería a Pedro J. y a Federico. Este partido, remató, responde ante sus militantes ante vosotros y ante sus votantes, pero no responde ante ningún grupo de presión, sea de la categoría que sea.
Valiente Rajoy que recibirá más disparos de artillería en las próximas semanas. Pero ha plantadeo cara a quienes le quería hacer la hoja de ruta. Rajoy ha mostrado los triunfos de su derrota. Pero triunfos al fin y al cabo. Aquí caben todos, ha dicho, 700.000 personas que habían votado al PSOE nos han votado en las generales y serán dos millones en las próximas.
Rajoy, cree en España "en una nación plural, pero creo en la diversidad de España, en el Estado de las Autonomías, he sido vicepresidente de la Xunta de Galicia,y a mucha honra... no vamos a aceptar que nadie distinga entre los que somos buenos y malos dentro de este partido, entre listos y no listos"
No sé si Rajoy ganará el congreso del PP. Lo que sí me parece es que el pistoletazo de salida ha sido claro y nítido. No va a depender de los que quieren manejar los hilos del partido desde un periódico o desde una emisora de radio. O desde el núcleo ultra liberal que representa Esperanza Aguirre y sus correligionarios.
Rajoy quiere centrar el partido. Es la única fórmula para arrebatarle el poder a los socialistas cuando se convoquen nuevas elecciones.
En Francia, el Partido Socialista perdió las elecciones ante la astucia del conservador Sarkozy. Pero, de paso, rompió la pareja Segolène Royal y François Hollande hasta el punto que hoy no se sabe quién va a ser el próximo candidato. Qué les voy a contar de Italia donde los aliados de hoy son los enemigos de mañana.
Las primarias de Estados Unidos ofrecen el gran espectáculo entre Hillary Clinton y Barack Obama que debaten sin parar hasta descifrar quién va a ser el candidato del Partido Demócrata. Los socialistas españoles cambiaron tres veces de líder hasta elegir a Zapatero que ganó las elecciones en su segunda oportunidad.
No es extraño que el Partido Popular pase por este turbulento trance. Normalmente, las batallas a muerte no se dan mientras se tiene el poder. Es cuando se pierde cuando empiezan a correr los cuchillos y la sangre fluye tranquilamente por los pasillos de las sedes partidarias.
Es interesante seguir la guerra en el seno del Partido Popular. Y también observar cómo los medios de comunicación, El Mundo y la Cope, se empeñan en desplazar a Mariano Rajoy para situar a Esperanza Aguirre. Las críticas de esos dos medios contra Rajoy han sido despiadadas en las últimas semanas. Todo lo que hacía Rajoy era criticado con dureza.
Si hablaba porque hablaba, si callaba porque callaba. Si nombraba se equivocaba y si no hacía caso a los suyos también. Pero Mariano, por fin, habló. Y habló claro. Como ocurre en toda lucha por el poder. Esperanza tiene ahora la palabra y los ejércitos de los dos aspirantes se van a medir en el Congreso popular del mes de junio.
Que gane el mejor. Asi es el sistema. Pero Rajoy ha respondido con truenos y relámpagos. "No se puede confuncir a 25 personas de Madrid con España porque España es mucho más grande". Ha dado en el clavo. Piensan muchos magnates de prensa y financieros capitalinos que lo que no ocurre en Madrid, simplemente no pasa, no es noticia.
Rajoy se ha hecho con los barones periféricos, con Camps en Valencia, Arenas en Andalucía, Valcárcel en Murcia, Sirera en Cataluña y Feijó en Galicia. Ha pasado revista a las tropas y ve que tiene suficientes soldados para plantar batalla a Esperanza Aguirre.
Me voy a presentar, ha dicho, porque me lo han pedido muchos compañeros de partido. A mí no me lo ha pedido ningun periódico ni ninguna radio. Le faltó los nombres, pero se refería a Pedro J. y a Federico. Este partido, remató, responde ante sus militantes ante vosotros y ante sus votantes, pero no responde ante ningún grupo de presión, sea de la categoría que sea.
Valiente Rajoy que recibirá más disparos de artillería en las próximas semanas. Pero ha plantadeo cara a quienes le quería hacer la hoja de ruta. Rajoy ha mostrado los triunfos de su derrota. Pero triunfos al fin y al cabo. Aquí caben todos, ha dicho, 700.000 personas que habían votado al PSOE nos han votado en las generales y serán dos millones en las próximas.
Rajoy, cree en España "en una nación plural, pero creo en la diversidad de España, en el Estado de las Autonomías, he sido vicepresidente de la Xunta de Galicia,y a mucha honra... no vamos a aceptar que nadie distinga entre los que somos buenos y malos dentro de este partido, entre listos y no listos"
No sé si Rajoy ganará el congreso del PP. Lo que sí me parece es que el pistoletazo de salida ha sido claro y nítido. No va a depender de los que quieren manejar los hilos del partido desde un periódico o desde una emisora de radio. O desde el núcleo ultra liberal que representa Esperanza Aguirre y sus correligionarios.
Rajoy quiere centrar el partido. Es la única fórmula para arrebatarle el poder a los socialistas cuando se convoquen nuevas elecciones.
jueves, abril 17, 2008
La energía que consumimos y no tenemos
La energía nuclear es demasiado peligrosa. el carbón es demasiado sucio, el gas implica demasiada dependencia de Rusia y las energías renovables son insuficientes. El semanario alemán Der Spiegel conversa con el ministro de Medio Ambiente del gobierno de coalición de Ángela Merkel, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, para debatir cómo y de dónde va a obtener Alemania la energía en el futuro.
La discusión en Alemania es mucho más tensa que en nuestro país porque la cultura de los verdes y ecologistas ha tenido un gran impacto político en los últimos años. El ex canciller Gerhard Schröder, asalariado de la Gazprom rusa en estos momentos, promovió una ley que establece la supresión total de la energía nuclear para 2022.
Pero el ministro socialdemócrata Sigmar Gabriel no está tan seguro de la decisión en unos momentos en los que el gobierno está impulsando varias plantas de extracción de carbón en el Sarre, Hesse, Hamburgo, Pomerania Occidental y Berlín.
Las protestas son generales. Los alemanes están sometidos a los agresivos discursos de grupos medioambientales, verdes, muchos militantes del SPD y políticos democratacristianos que insisten en una dependencia exclusiva de la energía renovable y del gas natural. Cualquier otra alternativa, para esos grupos con gran incidencia en la opinión pública, es considerada como un “asesinato del clima”.
El ministro dice que los rusos estarán muy de acuerdo en suministrarnos todo el gas que necesitemos pero serán ellos los que pondrán el precio y, en cualquier caso, los que tendrán la facultad de cerrar el grifo si en un momento determinado es políticamente conveniente.
El ministro dice algo novedoso al afirmar que si las protestas contra las plantas de producción de energía con carbón considguen paralizarlas, “digo abiertamente que la presión para extender el uso de la energía nuclear será tan grande que nadie podrá detenerla”.
Depender de Rusia o buscar la energía necesaria, al margen de las renovables que son insuficientes. es el debate que se plantea en Alemania con gran ruido político y mediático. Lo que le ocurre al gobierno Merkel se está planteando también en Gran Bretaña y llegará más pronto que tarde en España. La crisis de los trasvases de agua es un entremés de lo que puede ocurrir, por ejemplo, si Argelia decidiera cortar o disminuir el suministro de gas natural.
El problema se agudiza cuando se ideologizan cuestiones con planteamientos intransigentes y no con proyectos bien elaborados, pensados, debatidos y, finalmente, asumidos por los gobiernos que piensen más en las necesidades del futuro que en ganar o perder unos votos. Muchos políticos catalanes están pasando por el vergonzoso trance de aprobar decisiones que hace cuatro años despreciaban encabezando manifestaciones.
La discusión en Alemania es mucho más tensa que en nuestro país porque la cultura de los verdes y ecologistas ha tenido un gran impacto político en los últimos años. El ex canciller Gerhard Schröder, asalariado de la Gazprom rusa en estos momentos, promovió una ley que establece la supresión total de la energía nuclear para 2022.
Pero el ministro socialdemócrata Sigmar Gabriel no está tan seguro de la decisión en unos momentos en los que el gobierno está impulsando varias plantas de extracción de carbón en el Sarre, Hesse, Hamburgo, Pomerania Occidental y Berlín.
Las protestas son generales. Los alemanes están sometidos a los agresivos discursos de grupos medioambientales, verdes, muchos militantes del SPD y políticos democratacristianos que insisten en una dependencia exclusiva de la energía renovable y del gas natural. Cualquier otra alternativa, para esos grupos con gran incidencia en la opinión pública, es considerada como un “asesinato del clima”.
El ministro dice que los rusos estarán muy de acuerdo en suministrarnos todo el gas que necesitemos pero serán ellos los que pondrán el precio y, en cualquier caso, los que tendrán la facultad de cerrar el grifo si en un momento determinado es políticamente conveniente.
El ministro dice algo novedoso al afirmar que si las protestas contra las plantas de producción de energía con carbón considguen paralizarlas, “digo abiertamente que la presión para extender el uso de la energía nuclear será tan grande que nadie podrá detenerla”.
Depender de Rusia o buscar la energía necesaria, al margen de las renovables que son insuficientes. es el debate que se plantea en Alemania con gran ruido político y mediático. Lo que le ocurre al gobierno Merkel se está planteando también en Gran Bretaña y llegará más pronto que tarde en España. La crisis de los trasvases de agua es un entremés de lo que puede ocurrir, por ejemplo, si Argelia decidiera cortar o disminuir el suministro de gas natural.
El problema se agudiza cuando se ideologizan cuestiones con planteamientos intransigentes y no con proyectos bien elaborados, pensados, debatidos y, finalmente, asumidos por los gobiernos que piensen más en las necesidades del futuro que en ganar o perder unos votos. Muchos políticos catalanes están pasando por el vergonzoso trance de aprobar decisiones que hace cuatro años despreciaban encabezando manifestaciones.
martes, abril 15, 2008
El pulso será entre Zapatero y Montilla
El presidente Zapatero ha hecho su gobierno que ha superado varias plusmarcas. Más mujeres que hombres, la primera mujer al frente de Defensa, creación de nuevos ministerios como el de la Igualdad y desaparición de Agricultura en la nomenclatura gubernamental. Qué será de aquel imponente edificio madrileño en el que iban a parar todos aquellos ministros que no lo podían ser de otra cosa. Una pena.
El nombramiento de los nuevos ministros me sugiere una cierta trivialización del gobierno que verá pasar el poder a una cierta distancia. El núcleo duro decisorio alrededor de Zapatero lo ejercerán José Antonio Alonso que se encargará de dar la cara en el Parlamento. José Blanco hablará mucho desde el control del Partido socialista. Miguel Sebastián producirá ideas y José Enrique Serrano aportará su larga experiencia para ocuparse de la intendencia de La Moncloa.
El vicepresidente Pedro Solbes controlará las cuentas y la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega puede ser algo así como la ama de llaves. En todo caso, el poder político estará en el duro núcleo que rodea a Zapatero. Es así en buena parte de Europa y también en Estados Unidos. Bush, Sarkozy y Blair en sus tiempos, consultaban poco con sus ministros.
Carmen Chacón en Defensa y Bibiana Aído en Igualdad ayudan a la estética y fabricarán titulares que, si se da el caso, pueden incluso distraer al personal de problemas de más envergadura. Las decisiones no se toman en el gobierno y ni siquiera en el Parlamento. Suelen fabricarse en círculos más seguros, más protegidos y más íntimos. De ahí la importancia de Miguel Sebastián quien, además, ha colocado a dos ministras en el gobierno.
No se puede pasar por alto el nombramiento de Celestino Corbacho. Se encargará del desmadre en la inmigración que se arrastra desde los tiempos de las Leyes de Extranjería del PP hasta nuestros días. Pero será también el puente de acero, o el pontón si las cosas se enrarecen, entre el PSOE y el PSC en el caso de que el president Montilla, que tiene también su núcleo duro en José Zaragoza y Miquel Iceta, decida un día plantar cara al compañero Zapatero cuando los intereses del socialismo español y los de Catatalunya no coincidan.
No será por la continuidad de Magdalena Álvarez, la inefable Maleni, "ni partía ni doblá", sino por cuestiones de mucho más calado como son el desarrollo estatutario y la financiación. El ring auténtico, el de los pesos pesados, será cuando Zapatero y Montilla se pongan los guantes.
El nombramiento de los nuevos ministros me sugiere una cierta trivialización del gobierno que verá pasar el poder a una cierta distancia. El núcleo duro decisorio alrededor de Zapatero lo ejercerán José Antonio Alonso que se encargará de dar la cara en el Parlamento. José Blanco hablará mucho desde el control del Partido socialista. Miguel Sebastián producirá ideas y José Enrique Serrano aportará su larga experiencia para ocuparse de la intendencia de La Moncloa.
El vicepresidente Pedro Solbes controlará las cuentas y la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega puede ser algo así como la ama de llaves. En todo caso, el poder político estará en el duro núcleo que rodea a Zapatero. Es así en buena parte de Europa y también en Estados Unidos. Bush, Sarkozy y Blair en sus tiempos, consultaban poco con sus ministros.
Carmen Chacón en Defensa y Bibiana Aído en Igualdad ayudan a la estética y fabricarán titulares que, si se da el caso, pueden incluso distraer al personal de problemas de más envergadura. Las decisiones no se toman en el gobierno y ni siquiera en el Parlamento. Suelen fabricarse en círculos más seguros, más protegidos y más íntimos. De ahí la importancia de Miguel Sebastián quien, además, ha colocado a dos ministras en el gobierno.
No se puede pasar por alto el nombramiento de Celestino Corbacho. Se encargará del desmadre en la inmigración que se arrastra desde los tiempos de las Leyes de Extranjería del PP hasta nuestros días. Pero será también el puente de acero, o el pontón si las cosas se enrarecen, entre el PSOE y el PSC en el caso de que el president Montilla, que tiene también su núcleo duro en José Zaragoza y Miquel Iceta, decida un día plantar cara al compañero Zapatero cuando los intereses del socialismo español y los de Catatalunya no coincidan.
No será por la continuidad de Magdalena Álvarez, la inefable Maleni, "ni partía ni doblá", sino por cuestiones de mucho más calado como son el desarrollo estatutario y la financiación. El ring auténtico, el de los pesos pesados, será cuando Zapatero y Montilla se pongan los guantes.
domingo, abril 13, 2008
La ministra de la Igualdad
Por fin tendremos un Ministerio de la Igualdad. Había demanda social porque las desigualdades no acaban de extinguirse en este mundo inhumano. Quedan los ministerios de la Libertad y de la Fraternidad para ser del todo fieles a la herencia de la Revoloución Francesa. Pero todo llegará. Mientras a alguien no se le ocurra crear el Ministerio de la Verdad, podemos estar tranquilos porque los vaticinios del Orwell de 1984 están todavía en un horizonte lejano.
La Igualdad estárá en manos de la ministra Bibiana Aido, gaditana de 31 años, nacida en Alcalá de los Gazules, hija del alcalde de su pueblo que ha sido uno de los semilleros más importantes del socialismo andaluz. Su experiencia es corta por razones de edad, Pero ha sido delegada provincial de la Consejería de Cultura de la Junta andaluza en Cádiz y desde hace dos años dirigía la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco.
Iba para consejera de la Junta y ha aterrizado en el Consejo de Ministros. Papá, seré ministra, dicen que le dijo a su padre que hoy trabaja en la Diputación de Cádiz.
No tengo ninguna duda que la señora Aido será una gran ministra de Igualdad. Lo que no sé es a qué se refiere Zapatero al crear este ministerio de nueva planta. Si se trata de la igualdad de género, ya existe una ley que tenía que acabar con los crímenes machistas que nos revuelven el estómago cada semana con casos escabrosos.
Se trataría más bien que se aplicara la ley con el Código Penal en la mano. A lo mejor ha sido para descargar de trabajo al ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, que hasta el último momento no supimos si seguía o no en el gobierno.
No se sabe con qué medios contará el nuevo ministerio. Seguramente nos lo comunicará la joven ministra en los próximos días. La policía y los jueces ya actúan por sus cauces reglamentarios. Se puede dedicar a hacer informes y pasarlos a sus colegas de gabinete.
La violencia de género debe preocupar a Zapatero y a cualquier persona normal al ver cómo se perpetran crímenes impresentables, inhumanos, por venganza, celos y por el endémico dominio del hombre sobre la mujer que es la principal víctima de estos abusos y delitos horrendos que suelen terminar en la muerte.
Si se trata de fomentar la presencia de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad, no sé si la creación de un Ministerio de Igualdad es la mejor solución. A lo mejor la señora Aído desplegará brigadas de vigilancia y control para que nadie se escape de la discriminación positiva que se quiere implantar.
No creo que la ministra se meta en temas de mayor enjundia como la desigualdad entre ricos y pobres, entre altos y bajos, entre urbanitas y rurales, entre sanos y enfermos, entre guapos y feos, o dicho más correctamente, entre guapos y guapas y entre feos y feas.
Me parece que se trata más bien de un ministerio innecesario. El tiempo nos lo dirá.
La Igualdad estárá en manos de la ministra Bibiana Aido, gaditana de 31 años, nacida en Alcalá de los Gazules, hija del alcalde de su pueblo que ha sido uno de los semilleros más importantes del socialismo andaluz. Su experiencia es corta por razones de edad, Pero ha sido delegada provincial de la Consejería de Cultura de la Junta andaluza en Cádiz y desde hace dos años dirigía la Agencia Andaluza para el Desarrollo del Flamenco.
Iba para consejera de la Junta y ha aterrizado en el Consejo de Ministros. Papá, seré ministra, dicen que le dijo a su padre que hoy trabaja en la Diputación de Cádiz.
No tengo ninguna duda que la señora Aido será una gran ministra de Igualdad. Lo que no sé es a qué se refiere Zapatero al crear este ministerio de nueva planta. Si se trata de la igualdad de género, ya existe una ley que tenía que acabar con los crímenes machistas que nos revuelven el estómago cada semana con casos escabrosos.
Se trataría más bien que se aplicara la ley con el Código Penal en la mano. A lo mejor ha sido para descargar de trabajo al ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, que hasta el último momento no supimos si seguía o no en el gobierno.
No se sabe con qué medios contará el nuevo ministerio. Seguramente nos lo comunicará la joven ministra en los próximos días. La policía y los jueces ya actúan por sus cauces reglamentarios. Se puede dedicar a hacer informes y pasarlos a sus colegas de gabinete.
La violencia de género debe preocupar a Zapatero y a cualquier persona normal al ver cómo se perpetran crímenes impresentables, inhumanos, por venganza, celos y por el endémico dominio del hombre sobre la mujer que es la principal víctima de estos abusos y delitos horrendos que suelen terminar en la muerte.
Si se trata de fomentar la presencia de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad, no sé si la creación de un Ministerio de Igualdad es la mejor solución. A lo mejor la señora Aído desplegará brigadas de vigilancia y control para que nadie se escape de la discriminación positiva que se quiere implantar.
No creo que la ministra se meta en temas de mayor enjundia como la desigualdad entre ricos y pobres, entre altos y bajos, entre urbanitas y rurales, entre sanos y enfermos, entre guapos y feos, o dicho más correctamente, entre guapos y guapas y entre feos y feas.
Me parece que se trata más bien de un ministerio innecesario. El tiempo nos lo dirá.
viernes, abril 11, 2008
Las lágrimas de Bush
El general David Petraeus compareció en el Senado para dar cuenta de la situación en Iraq donde ejerce el cargo de comandante en jefe de las tropas norteamericanas. Se ha reducido la violencia y la seguridad ha mejorado en el país invadido en marzo de 2003. El general Petraeus es el militar que mejor ha gestionado un conflicto al que no se le ve salida militar ni política inmediata.
Todos sus antecesores han fracasado, han muerto cientos de de miles de iraquíes y los soldados norteamericanos fallecidos superan los cuatro mil. En la ceremonia celebrada para rendir honores a uno de ellos, la cara del presidente Bush se inundó de lágrimas abundantes.
Petraeus pidió que el Pentágono retrase la retirada de las tropas complementarias al menos 45 días, coincidiendo con la recta final de las elecciones presidenciales. La guerra de Iraq ha sido un fracaso político porque el gobierno elegido democráticamente es incapaz de controlar una situación explosiva que se produce en la capital o en cualquier otro rincón del país. Petraeus no entiende por qué el gobierno Maliki fracasó en su intento de reducir la tensión y la violencia en la ciudad de Basora donde han muerto cientos de personas en los últimos días y desde donde se controla la mayor parte del petróleo que sale de Iraq.
La nueva legalidad tras el derrocamiento de Saddam Hussein es incapaz de que el país funcione bajo mínimos. Decía Zbigniew Brzezinski, consejero de seguridad nacional con Jimmy Carter, que “la guerra de Iraq es una calamidad estratégica y moral de dimensiones históricas, comenzada a partir de hipótesis falsas. Está perjudicando la legitimidad de Estados Unidos en el mundo. Los daños civiles colaterales y ciertos abusos están ensuciando nuestro prestigio moral. Tuvo su origen en impulsos maniqueos y la soberbia imperial y está intensificando la inestabilidad regional”.
Las lágrimas del presidente Bush reflejan seguramente sentimientos sincieros. Pero indican también la evidencia de un fracaso al confundir la verdad con la voluntad política. No necesitó la verdad para dar un golpe de fuerza. Es más, quiso demostrar que no la necesitaba para imponer su ley sino lo que le interesaba.
El caso de Iraq pone de relieve que la guerra para resolver los conflictos internacionales ha quedado algo obsoleta. La idea de “clausewitziana” de que la acción militar termina conduciendo a la solución política, no sirve en la mayoría de escenarios que están planteados hoy en el mundo.
Bush metió a Estados Unidos en un conflicto con la idea de que la fortaleza de sus ejércitos, al margen de la ley,podría democratizar Oriente Medio. No ha sido así. Aunque Iraq entra tangencialmente en la campaña electoral, el próximo presidente o presidenta lo tendrá difícil para salir de una guerra tan innecesaria.
Todos sus antecesores han fracasado, han muerto cientos de de miles de iraquíes y los soldados norteamericanos fallecidos superan los cuatro mil. En la ceremonia celebrada para rendir honores a uno de ellos, la cara del presidente Bush se inundó de lágrimas abundantes.
Petraeus pidió que el Pentágono retrase la retirada de las tropas complementarias al menos 45 días, coincidiendo con la recta final de las elecciones presidenciales. La guerra de Iraq ha sido un fracaso político porque el gobierno elegido democráticamente es incapaz de controlar una situación explosiva que se produce en la capital o en cualquier otro rincón del país. Petraeus no entiende por qué el gobierno Maliki fracasó en su intento de reducir la tensión y la violencia en la ciudad de Basora donde han muerto cientos de personas en los últimos días y desde donde se controla la mayor parte del petróleo que sale de Iraq.
La nueva legalidad tras el derrocamiento de Saddam Hussein es incapaz de que el país funcione bajo mínimos. Decía Zbigniew Brzezinski, consejero de seguridad nacional con Jimmy Carter, que “la guerra de Iraq es una calamidad estratégica y moral de dimensiones históricas, comenzada a partir de hipótesis falsas. Está perjudicando la legitimidad de Estados Unidos en el mundo. Los daños civiles colaterales y ciertos abusos están ensuciando nuestro prestigio moral. Tuvo su origen en impulsos maniqueos y la soberbia imperial y está intensificando la inestabilidad regional”.
Las lágrimas del presidente Bush reflejan seguramente sentimientos sincieros. Pero indican también la evidencia de un fracaso al confundir la verdad con la voluntad política. No necesitó la verdad para dar un golpe de fuerza. Es más, quiso demostrar que no la necesitaba para imponer su ley sino lo que le interesaba.
El caso de Iraq pone de relieve que la guerra para resolver los conflictos internacionales ha quedado algo obsoleta. La idea de “clausewitziana” de que la acción militar termina conduciendo a la solución política, no sirve en la mayoría de escenarios que están planteados hoy en el mundo.
Bush metió a Estados Unidos en un conflicto con la idea de que la fortaleza de sus ejércitos, al margen de la ley,podría democratizar Oriente Medio. No ha sido así. Aunque Iraq entra tangencialmente en la campaña electoral, el próximo presidente o presidenta lo tendrá difícil para salir de una guerra tan innecesaria.
lunes, abril 07, 2008
Obsesionados por la política
La gente ve siempre la política con mucha más claridad que nosotros, por la sencilla razón de que no están todo el día obsesionados por ella. Es una afirmación que Tony Blair hizo en un célebre discurso en el Parlamento Europeo en junio de 2005, cuando Gran Bretaña presidía la UE.
A veces me pregunto si las crisis que nacen de las disensiones políticas, pasan a los medios de comunicación, regresan al debate político y se trasladan al gran público, ofrecen mucha claridad sobre la dimensión de los problemas.
La obsesión, esa perturbación anímica producida por una idea fija, según define el diccionario de la Academia, no es aconsejable ni en política ni en ningún otro aspecto de la vida. La política, los partidos, el debate interesado y abierto, las trifulcas parlamentarias, todo lo que envuelve la actividad de la política democrática es imprescindible para el mejor funcionamiento de una sociedad.
A los que afirman que la política sirve de muy poco cuando los profesionales de la cosa pública no están a la altura que se espera de ellos, les contestaría que no es así, que la política, incluso gestionada por dirigentes mediocres, es absolutamente necesaria para el bienestar general.
La política no puede desvincularse de la libertad. Libertad para gobernar y libertad para criticar a los que gobiernan, aunque la libertad es simplemente uno de los valores que hay que reconciliar con los demás porque no es siempre una carta ganadora cuando se ejercita sin responsabilidad.
Decía la siempre citada Hannah Arendt que “desde un punto de vista histórico el conflicto europeo entre el Estado y el individuo a menudo se ha resuelto a costa de la libertad individual”.
Un gobierno, ya sea muy sólido o ya se mantenga frágilmente, no puede actuar al margen de la ley o sin contar con los perjuicios que puede causar a un ciudadano al que también le ampara la ley.
La futura crisis de la sequía, siempre que no llueva de aquí al verano, se ha gestionado con medias verdades, con insinuaciones, con decisiones que debían tener un soporte científico antes de convertirse en un discurso político, escondiendo a la opinión pública lo que se estaba preparando para garantizar el agua para todos.
Los discursos y debates políticos no pueden ser retóricos y deben descansar sobre hechos ciertos. De lo contrario, la política se desprestigia por sí sola.
A veces me pregunto si las crisis que nacen de las disensiones políticas, pasan a los medios de comunicación, regresan al debate político y se trasladan al gran público, ofrecen mucha claridad sobre la dimensión de los problemas.
La obsesión, esa perturbación anímica producida por una idea fija, según define el diccionario de la Academia, no es aconsejable ni en política ni en ningún otro aspecto de la vida. La política, los partidos, el debate interesado y abierto, las trifulcas parlamentarias, todo lo que envuelve la actividad de la política democrática es imprescindible para el mejor funcionamiento de una sociedad.
A los que afirman que la política sirve de muy poco cuando los profesionales de la cosa pública no están a la altura que se espera de ellos, les contestaría que no es así, que la política, incluso gestionada por dirigentes mediocres, es absolutamente necesaria para el bienestar general.
La política no puede desvincularse de la libertad. Libertad para gobernar y libertad para criticar a los que gobiernan, aunque la libertad es simplemente uno de los valores que hay que reconciliar con los demás porque no es siempre una carta ganadora cuando se ejercita sin responsabilidad.
Decía la siempre citada Hannah Arendt que “desde un punto de vista histórico el conflicto europeo entre el Estado y el individuo a menudo se ha resuelto a costa de la libertad individual”.
Un gobierno, ya sea muy sólido o ya se mantenga frágilmente, no puede actuar al margen de la ley o sin contar con los perjuicios que puede causar a un ciudadano al que también le ampara la ley.
La futura crisis de la sequía, siempre que no llueva de aquí al verano, se ha gestionado con medias verdades, con insinuaciones, con decisiones que debían tener un soporte científico antes de convertirse en un discurso político, escondiendo a la opinión pública lo que se estaba preparando para garantizar el agua para todos.
Los discursos y debates políticos no pueden ser retóricos y deben descansar sobre hechos ciertos. De lo contrario, la política se desprestigia por sí sola.
miércoles, abril 02, 2008
Europa empieza donde Rusia termina
Ya es sorprendente que una cumbre la OTAN se celebre en Bucarest y que el presidente Bush y su colega rumano ofrezcan la primera rueda de prensa con las aguas del mar Negro como telón de fondo. Impensable hace sólo 15 años. La Alianza Atlántica se fundó en 1949 para contener las amenazas soviéticas después de la implantación de sistemas comunistas controlados por Moscú en países como Checoslovaquia, Polonia y Hungría.
La Europa de las libertades se terminaba allí donde empezaba el control del Kremlin. Empezaba la guerra fría que acabó en 1989 con la caída del Muro de Berlín, la humillación silenciosa de Rusia con la pérdida de varios territorios que habían formado parte del imperio zarista desde el siglo XVIII.
Rusia perdió. Pero Rusia existe, es muy grande y no va a aceptar que países como Ucrania y Georgia abran negociaciones para formar parte de la Alianza Atlántica. Ucrania es independiente pero durante siglos se ha considerado a su capital, Kiev, como la madre de las ciudades rusas. En el paquete de nuevos ingresos que se van a decidir en Bucarest se encuentran ya a punto de aprobarse, Croacia, Albania y Macedonia, en las tripas de los Balcanes rodeando a la Serbia pro rusa.
El argumento de Estados Unidos y de los países controlados por Rusia en tiempos recientes es que su seguridad está mejor garantizada bajo el paraguas de la Alianza que quedar indefensos ante posibles nuevas aventuras del Kremlin. La partidarios de la ampliación de la OTAN hasta la misma frontera rusa afirman también que los tres países bálticos que ya están en el seno de la Alianza se sienten más seguros y, paradójicamente, han mejorado sus relaciones con Moscú.
Bush intenta acabar su desastroso paso por la Casa Blanca estableciendo un arco de seguridad sobre Oriente Medio manteniendo a Rusia a distancia. Puede ser en interés de la política norteamericana pero dudo mucho que convenga a Europa. Alemania, Francia, España, Italia y Bélgica son contrarios a incluir Ucrania y Georgia en la Alianza.
Europa sabe, todos sabemos, cómo Rusia ha sido un factor determinante en las relaciones internacionales en los últimos doscientos años. Llevar la cobertura aliada a un país que es considerado la cuna de Rusia como Ucrania, o a Georgia, la patria de Stalin, puede añadir una nueva humillación a un país humillado por haber perdido la guerra fría sin que nadie disparara un solo tiro.
La OTAN fue creada para frenar el expansionismo soviético. Aquel peligro ya no existe y puede ser contraproducente provocar nuevos zarpazos del oso ruso, que se producirán, no les quepa ninguna duda, con riesgos elevados para Europa. Estamos ante la difícil cuestión histórica de hasta dónde llega Europa. He llegado a la conclusión que Europa termina allí donde empieza Rusia y su área de influencia. El Kremlin tiene algo que decir.
La Europa de las libertades se terminaba allí donde empezaba el control del Kremlin. Empezaba la guerra fría que acabó en 1989 con la caída del Muro de Berlín, la humillación silenciosa de Rusia con la pérdida de varios territorios que habían formado parte del imperio zarista desde el siglo XVIII.
Rusia perdió. Pero Rusia existe, es muy grande y no va a aceptar que países como Ucrania y Georgia abran negociaciones para formar parte de la Alianza Atlántica. Ucrania es independiente pero durante siglos se ha considerado a su capital, Kiev, como la madre de las ciudades rusas. En el paquete de nuevos ingresos que se van a decidir en Bucarest se encuentran ya a punto de aprobarse, Croacia, Albania y Macedonia, en las tripas de los Balcanes rodeando a la Serbia pro rusa.
El argumento de Estados Unidos y de los países controlados por Rusia en tiempos recientes es que su seguridad está mejor garantizada bajo el paraguas de la Alianza que quedar indefensos ante posibles nuevas aventuras del Kremlin. La partidarios de la ampliación de la OTAN hasta la misma frontera rusa afirman también que los tres países bálticos que ya están en el seno de la Alianza se sienten más seguros y, paradójicamente, han mejorado sus relaciones con Moscú.
Bush intenta acabar su desastroso paso por la Casa Blanca estableciendo un arco de seguridad sobre Oriente Medio manteniendo a Rusia a distancia. Puede ser en interés de la política norteamericana pero dudo mucho que convenga a Europa. Alemania, Francia, España, Italia y Bélgica son contrarios a incluir Ucrania y Georgia en la Alianza.
Europa sabe, todos sabemos, cómo Rusia ha sido un factor determinante en las relaciones internacionales en los últimos doscientos años. Llevar la cobertura aliada a un país que es considerado la cuna de Rusia como Ucrania, o a Georgia, la patria de Stalin, puede añadir una nueva humillación a un país humillado por haber perdido la guerra fría sin que nadie disparara un solo tiro.
La OTAN fue creada para frenar el expansionismo soviético. Aquel peligro ya no existe y puede ser contraproducente provocar nuevos zarpazos del oso ruso, que se producirán, no les quepa ninguna duda, con riesgos elevados para Europa. Estamos ante la difícil cuestión histórica de hasta dónde llega Europa. He llegado a la conclusión que Europa termina allí donde empieza Rusia y su área de influencia. El Kremlin tiene algo que decir.
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