Que el petróleo haya superado los 100 dólares del barril no parece preocupar a los políticos occidentales que reaccionan como si se tratara del precio de las sandías. Que el euro haya superado el cambio de 1.50 dólares, tampoco ocupa los debates en las campañas electorales de Estados Unidos y España.
Los políticos no hablan porque no saben qué puede significar este desajuste dramático que se produce en la economía occidental. Quizás es mejor que guarden silencio, que callen, para no provocar más temores.
El presidente de la Reserva Federal va rebajando los tipos de interés mientras que el presidente del Banco Central Europeo insiste en no mover pieza para no disparar la inflación.
Estados Unidos y la Unión Europea viajan en direcciones divergentes. No chocarán pero sí que pueden provocar una catástrofe en el momento en que las tensiones de los mercades se traduzcan en una mayor presión sobre el poder de compra de casi mil millones de ciudadanos.
Pretender que esta situación la puede enderezar un demócrata o un republicano en Estados Unidos, un gobierno de derechas o socialista en España, es no darse cuenta de la dimensión del problema que se podría resumir en que gastamos más de lo que producimos, no disponemos de los recursos energéticos que consumimos y que no es una crisis de oferta sino de demanda.
Los chinos y los indios han entrado en el mercado de la demanda. Los precios suben y subirán más porque dos mil millones de consumidores piden más recursos y, a cambio, ofrecen mano de obra más barata.
Se avecina una crisis de dimensiones colosales. No será como la de 1929 o la de los años setenta del siglo pasado. Puede ser una crisis global que hunda el sistema globalizado que cabalga desbocadamente sin leyes, sin fronteras, sin escrúpulos. Los políticos no llegarán a tiempo porque no se habrán previsto los instrumentos para combatir una gran cataclismo.
viernes, febrero 29, 2008
miércoles, febrero 27, 2008
Una mujer o un negro, pero que sea demócrata
Recuerdo la sensación que tenía hace años cuando, de paso por Barcelona, me preguntaban mi valoración sobre la política británica, sobre Wilson o Thatcher, o sobre los Estados Unidos de Reagan.
No podía profundizar mucho en la explicación porque inmediatamente me largaban su explicación, con teorías de cosecha propia incluídas, sobre algo que yo conocía mejor que ellos. No es que fueran preguntas trampa sino una costumbre atávica generalizada entre nosotros de opinar discrecionalmente ante quien objetivamente sabe más que nosotros.
Supongo que lo mismo pensarían John Mercurio, un periodista que dirige un diario digital en Washington y Barry Rabe, Profesor de Políticas Públicas de la Universidad de Michigan, en una amable y distendida cena después de que los dos americanos pronunciaran sendas conferencias en Barcelona. Ya en el aperitivo entramos en discusión sobre si el candidato demócrata sería Obama o Clinton.
No les dimos muchas oportunidades porque hablamos más y con más contundencia que los que siguen día a día y desde hace meses el proceso electoral norteamericano desde observatorios privilegiados. A pesar de todo, coincidimos en que hacer predicciones sobre el futuro es siempre muy arriesgado. Hay dos grandes incógnitas. La primera es quién ganará la Convención Demócrata y la segunda es quién será el vencedor en noviembre en caso de que McCain sea el candidato republicano.
Las primarias del próximo martes en Ohio y Texas pueden mantener las esperanzas de la senadora Clinton o bien confirmar la imparable y lúcida marcha hacia la Convención del senador Obama. Lo políticamente correcto en Europa es que el próximo presidente será demócrata y, además, que será Obama. Se echa en cara al senador por Illinois de practicar una retórica hueca aunque se admite que es un orador más brillante que Kennedy. Pero el entusiasmo que levanta, los deseos de cambio con la “audacia de la esperanza” o con el “sí, podemos”, superan al “más de lo mismo” que puede representar la dinastía de los Clinton. Los demócratas tienen una gran habilidad para organizar brillantemente las derrotas, dijo uno de los invitados.
Las cuestiones de género y de raza no parecen ser prioritarias en el debate y la foto de Obama cubierto con un turbán en una visita a la Kenia de sus ancestros, no ha frenado su popularidad en las encuestas. Pero la gran prueba será cuando la elección sea entre un McCain, héroe de guerra, republicano centrado, muy bien valorado por los periodistas y una mujer o un negro. Shirley Chisholm fue candidata presidencial en 1972. Dijo entonces que “hay más sexistas que racistas en América. Encontré más discriminación por ser mujer que por ser negra”.
Personalmente, aunque nadie me pedirá el voto, me gustaría que el próximo presidente fuera demócrata y me es igual que sea una mujer o un negro. Estados Unidos han de corregir las graves equivocaciones cometidas por el presidente Bush y recuperar la capacidad de persuasión en el mundo que les ha convertido en la primera potencia.
Han de utilizar la fuerza con más inteligencia, han de saber que no están solos a la hora de tomar decisiones y recurrir a su gran masa crítica de inteligencia para dejar de resolver sólo con las armas los conflictos en tierras lejanas.
No podía profundizar mucho en la explicación porque inmediatamente me largaban su explicación, con teorías de cosecha propia incluídas, sobre algo que yo conocía mejor que ellos. No es que fueran preguntas trampa sino una costumbre atávica generalizada entre nosotros de opinar discrecionalmente ante quien objetivamente sabe más que nosotros.
Supongo que lo mismo pensarían John Mercurio, un periodista que dirige un diario digital en Washington y Barry Rabe, Profesor de Políticas Públicas de la Universidad de Michigan, en una amable y distendida cena después de que los dos americanos pronunciaran sendas conferencias en Barcelona. Ya en el aperitivo entramos en discusión sobre si el candidato demócrata sería Obama o Clinton.
No les dimos muchas oportunidades porque hablamos más y con más contundencia que los que siguen día a día y desde hace meses el proceso electoral norteamericano desde observatorios privilegiados. A pesar de todo, coincidimos en que hacer predicciones sobre el futuro es siempre muy arriesgado. Hay dos grandes incógnitas. La primera es quién ganará la Convención Demócrata y la segunda es quién será el vencedor en noviembre en caso de que McCain sea el candidato republicano.
Las primarias del próximo martes en Ohio y Texas pueden mantener las esperanzas de la senadora Clinton o bien confirmar la imparable y lúcida marcha hacia la Convención del senador Obama. Lo políticamente correcto en Europa es que el próximo presidente será demócrata y, además, que será Obama. Se echa en cara al senador por Illinois de practicar una retórica hueca aunque se admite que es un orador más brillante que Kennedy. Pero el entusiasmo que levanta, los deseos de cambio con la “audacia de la esperanza” o con el “sí, podemos”, superan al “más de lo mismo” que puede representar la dinastía de los Clinton. Los demócratas tienen una gran habilidad para organizar brillantemente las derrotas, dijo uno de los invitados.
Las cuestiones de género y de raza no parecen ser prioritarias en el debate y la foto de Obama cubierto con un turbán en una visita a la Kenia de sus ancestros, no ha frenado su popularidad en las encuestas. Pero la gran prueba será cuando la elección sea entre un McCain, héroe de guerra, republicano centrado, muy bien valorado por los periodistas y una mujer o un negro. Shirley Chisholm fue candidata presidencial en 1972. Dijo entonces que “hay más sexistas que racistas en América. Encontré más discriminación por ser mujer que por ser negra”.
Personalmente, aunque nadie me pedirá el voto, me gustaría que el próximo presidente fuera demócrata y me es igual que sea una mujer o un negro. Estados Unidos han de corregir las graves equivocaciones cometidas por el presidente Bush y recuperar la capacidad de persuasión en el mundo que les ha convertido en la primera potencia.
Han de utilizar la fuerza con más inteligencia, han de saber que no están solos a la hora de tomar decisiones y recurrir a su gran masa crítica de inteligencia para dejar de resolver sólo con las armas los conflictos en tierras lejanas.
martes, febrero 26, 2008
Debates electorales en USA y en España
Sigo con interés las campañas electorales en España y en Estados Unidos. Las diferencias son enormes porque también son distintas las dimensiones del poder que está en juego y muy discontinuas las tradiciones democráticas de los dos países.
Estados Unidos vivió el trauma de una guerra civil (1861-1865) entre unionistas y conferedados y desde la victoria de Abraham Lincoln, posteriormente asesinado, el país no ha conocido ni un solo golpe de estado ni una interrupción de sus procesos democráticos.
En España también conocemos la amargura de una guerra civil (1936-1939), precedida de revoluciones, golpes de estado, asonadas militares, destronamiento de monarquías y seguida de una larga dictadura que se prolongó hasta 1975 con la muerte de Franco. Es cierto que gozamos del sistema de libertades más largo de nuestra historia. Pero el pasado nos pesa y nos persigue, siempre atentos a aquel poema machadiano, cantado por Serrat:
Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón
Ví en directo el último debate entre Obama y Clinton en Texas y me admiró la capacidad dialéctica del senador por Illinois. Obama habla bien, utiliza el lenguaje de los oradores políticos clásicos, a lo Churchill, De Gaulle y Roosevelt, hasta el punto que una de las acusaciones sutiles de la senadora Clinton ha sido la de calificarle de candidato de la palabra, una fotocopia del pensamiento y del lenguaje prestadas de sus speechwriters.
Obama le respondió que las palabras son muy importantes. Yo también lo pienso, sobre todo cuando un discurso sintoniza con el pensar y el sentir de amplios sectores de la sociedad americana que piden un cambio tras la muy deficiente gestión de los dos últimos mandatos de Bush. Si Obama fuera un charlatán de ferias no habría ganado las primarias demócratas celebradas en los últimos doce estados.
Al margen de que Solbes ganara a Pizarro en el último debate, me pareció un choque dialéctico civilizado, respetuoso y democrático. Espero que los que libren Zapatero y Rajoy se mantengan en este nivel de respeto. Pero la campaña en su conjunto me parece cainita, tabernaria, generosa con el dinero de todos, despreciativa hacia el otro, envuelta en un lenguaje obtuso. Esa práctica que se arrastra desde 2004 me hace pensar que hay vida fuera de la política y, además, vida inteligente.
Estados Unidos vivió el trauma de una guerra civil (1861-1865) entre unionistas y conferedados y desde la victoria de Abraham Lincoln, posteriormente asesinado, el país no ha conocido ni un solo golpe de estado ni una interrupción de sus procesos democráticos.
En España también conocemos la amargura de una guerra civil (1936-1939), precedida de revoluciones, golpes de estado, asonadas militares, destronamiento de monarquías y seguida de una larga dictadura que se prolongó hasta 1975 con la muerte de Franco. Es cierto que gozamos del sistema de libertades más largo de nuestra historia. Pero el pasado nos pesa y nos persigue, siempre atentos a aquel poema machadiano, cantado por Serrat:
Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón
Ví en directo el último debate entre Obama y Clinton en Texas y me admiró la capacidad dialéctica del senador por Illinois. Obama habla bien, utiliza el lenguaje de los oradores políticos clásicos, a lo Churchill, De Gaulle y Roosevelt, hasta el punto que una de las acusaciones sutiles de la senadora Clinton ha sido la de calificarle de candidato de la palabra, una fotocopia del pensamiento y del lenguaje prestadas de sus speechwriters.
Obama le respondió que las palabras son muy importantes. Yo también lo pienso, sobre todo cuando un discurso sintoniza con el pensar y el sentir de amplios sectores de la sociedad americana que piden un cambio tras la muy deficiente gestión de los dos últimos mandatos de Bush. Si Obama fuera un charlatán de ferias no habría ganado las primarias demócratas celebradas en los últimos doce estados.
Al margen de que Solbes ganara a Pizarro en el último debate, me pareció un choque dialéctico civilizado, respetuoso y democrático. Espero que los que libren Zapatero y Rajoy se mantengan en este nivel de respeto. Pero la campaña en su conjunto me parece cainita, tabernaria, generosa con el dinero de todos, despreciativa hacia el otro, envuelta en un lenguaje obtuso. Esa práctica que se arrastra desde 2004 me hace pensar que hay vida fuera de la política y, además, vida inteligente.
domingo, febrero 24, 2008
Cuba, en espera de Gorbachev
Raúl Castro ha sido elegido nuevo líder de Cuba después de casi medio siglo de poder absoluto de su hermano Fidel que ha cedido la presidencia por la enfermedad que le inhabilita para gobernar. Fidel Castro tiene 81 años y Raúl 76. El nuevo presidente ha aceptado su mandato asumiendo que es "consciente que Fidel es Fidel".
La votación era una formalidad. La eleccion de Raúl Castro fue unánime. Lo que no estaba en la agenda prevista es que el vicepresidente fuera Machado Ventura, un viejo camarada de 78 años que militó en el núcleo revolucionario desde los primeros días.
No hay sustitución generacional. Es más de lo mismo con nombres que han participado personalmente en la cúpula del régimen desde hace medio siglo. Puede que mientras Fidel siga con vida, sea imposible dar paso a nuevas caras.
La ceremonia de hoy me ha recordado la muerte de Breznev en 1982 abriendo un periodo de ancianos al frente de la Unión Soviética, Andropov primero, Chernenko después, para dar paso a Gorbachev que hizo saltar por los aires el régimen con su "perestroika" y "glassnot".
El Partido Comunista seguirá velando por la vigencia de la revolución con un control sobre las instituciones y la sociedad cubana. Hay un nuevo dictador pero con menos autoridad que su hermano.
El régimen ha entrado en un período de decadencia que puede ser largo pero que a la larga borrará el legado de Fidel Castro. La reforma política no vendrá de la gerontocracia sino de alguien que salga del interior del régimen.
Desde el punto de vista económico, Raúl Castro seguirá contando con la ayuda de Hugo Chávez, el líder bolivariano que había dejado dicho que Fidel no se morirá nunca. Controlará el ejército y la policía. Pero lo que no podrá controlar por mucho tiempo, su edad es avanzada, es a los cubanos que van a pedir información sobre la marcha de la política, exigirán reformas económicas y estructurales, pedirán viajar al extranjero, navegar por Internet y liberación de los presos políticos. Pedirán participar en el proceso de transición que necesariamente tendrá que venir.
La reforma económica es inevitable. También la apertura al exterior y el entendimiento con los cientos de miles de cubanos que viven en Miami, a unos cien kilómetros de la isla. Fidel Castro ha sobrevivido a diez presidentes americanos que han intentado derrocarle. Para Raúl será imposible, aunque sea por razones de edad.
Raúl Castro ha insinuado una reforma económica y cambios estructurales. Puede intentar controlar la ideología del régimen dejando una mayor libertad para los cubanos. En los dos casos el castrismo ha empezado a agonizar en espera de l Gorbachev cubano.
Mientras tanto, Fidel, desde su refugio convaleciente, sigue velando por la revolución como "soldado de las ideas". La calidad de vida de los cubanos, en cualquier caso, será la que impulsará el cambio. La nueva cúpula no va a contar mucho con los cubanos. Raúl preside una dictadura con Fidel como vigilante. No puede durar mucho.
La votación era una formalidad. La eleccion de Raúl Castro fue unánime. Lo que no estaba en la agenda prevista es que el vicepresidente fuera Machado Ventura, un viejo camarada de 78 años que militó en el núcleo revolucionario desde los primeros días.
No hay sustitución generacional. Es más de lo mismo con nombres que han participado personalmente en la cúpula del régimen desde hace medio siglo. Puede que mientras Fidel siga con vida, sea imposible dar paso a nuevas caras.
La ceremonia de hoy me ha recordado la muerte de Breznev en 1982 abriendo un periodo de ancianos al frente de la Unión Soviética, Andropov primero, Chernenko después, para dar paso a Gorbachev que hizo saltar por los aires el régimen con su "perestroika" y "glassnot".
El Partido Comunista seguirá velando por la vigencia de la revolución con un control sobre las instituciones y la sociedad cubana. Hay un nuevo dictador pero con menos autoridad que su hermano.
El régimen ha entrado en un período de decadencia que puede ser largo pero que a la larga borrará el legado de Fidel Castro. La reforma política no vendrá de la gerontocracia sino de alguien que salga del interior del régimen.
Desde el punto de vista económico, Raúl Castro seguirá contando con la ayuda de Hugo Chávez, el líder bolivariano que había dejado dicho que Fidel no se morirá nunca. Controlará el ejército y la policía. Pero lo que no podrá controlar por mucho tiempo, su edad es avanzada, es a los cubanos que van a pedir información sobre la marcha de la política, exigirán reformas económicas y estructurales, pedirán viajar al extranjero, navegar por Internet y liberación de los presos políticos. Pedirán participar en el proceso de transición que necesariamente tendrá que venir.
La reforma económica es inevitable. También la apertura al exterior y el entendimiento con los cientos de miles de cubanos que viven en Miami, a unos cien kilómetros de la isla. Fidel Castro ha sobrevivido a diez presidentes americanos que han intentado derrocarle. Para Raúl será imposible, aunque sea por razones de edad.
Raúl Castro ha insinuado una reforma económica y cambios estructurales. Puede intentar controlar la ideología del régimen dejando una mayor libertad para los cubanos. En los dos casos el castrismo ha empezado a agonizar en espera de l Gorbachev cubano.
Mientras tanto, Fidel, desde su refugio convaleciente, sigue velando por la revolución como "soldado de las ideas". La calidad de vida de los cubanos, en cualquier caso, será la que impulsará el cambio. La nueva cúpula no va a contar mucho con los cubanos. Raúl preside una dictadura con Fidel como vigilante. No puede durar mucho.
viernes, febrero 22, 2008
La palabra de Obama y el jadeo de Clinton
Las semifinales demócratas se decidirán en las primarias de Ohio y Texas el próximo día 4 de marzo. El senador Obama ha vencido en las últimas once primarias con un 66 por ciento de votos emitidos. La senadora Clinton le va a la zaga pero empieza a jadear y a dar síntomas de derrota.
Es pronto para hacer vaticinios y para anunciar victorias. He visto en diferido el debate de los dos aspirantes demócratas. Los dos están preparados, los dos comparten muchos principios, una es mujer y el otro hombre.
La cuestión del género o de la raza no aparece en campaña. Pero están ahí en forma de incógnita. Clinton insinuó que la palabra es importante y puede convencer a muchos. Pero no se puede ser un candidato de la palabra cuando los discursos los escriben los "speechwriters". No voy a competir con las palabras sino con las políticas.
Obama maneja el lenguaje, habla con precisión, aplomo, seguridad y convicción. La fuerza de la palabra, un buen discurso, es más decisivo en política que un programa bien elaborado. Es una delicia escuchar a Obama con su slogan repetitivo "yes, we can".
Kennedy superó las adversidades por la fuerza de su verbo, la entonación de sus frases, las citas oportunas que llegaban al fondo de los sentimientos americanos. Ganó por poco, pero ganó a Nixon.
Hillary ha dedicado ocho años preparándose para esta campaña. Los vientos han soplado a su favor hasta que llegó la palabra de Obama que arranca aplausos en las estadios y entusiasma a las audiencias. Clinton dice lo que hay que decir, es correcta, pero su palabra flaquea, aparece jadeando, piensa que el día 4 se puede decidir su suerte.
Estamos en semifinales. La gran final será entre el que salga en la convención demócrata de Denver y el más que probable candidato republicano, el héroe de guerra, experimentado y realista McCain.
La seducción de Obama puede ser incluso querida por los republicanos. La experiencia de McCain se opondría al entusiasmo de Obama. Ese será el día definitivo.
Es pronto para hacer vaticinios y para anunciar victorias. He visto en diferido el debate de los dos aspirantes demócratas. Los dos están preparados, los dos comparten muchos principios, una es mujer y el otro hombre.
La cuestión del género o de la raza no aparece en campaña. Pero están ahí en forma de incógnita. Clinton insinuó que la palabra es importante y puede convencer a muchos. Pero no se puede ser un candidato de la palabra cuando los discursos los escriben los "speechwriters". No voy a competir con las palabras sino con las políticas.
Obama maneja el lenguaje, habla con precisión, aplomo, seguridad y convicción. La fuerza de la palabra, un buen discurso, es más decisivo en política que un programa bien elaborado. Es una delicia escuchar a Obama con su slogan repetitivo "yes, we can".
Kennedy superó las adversidades por la fuerza de su verbo, la entonación de sus frases, las citas oportunas que llegaban al fondo de los sentimientos americanos. Ganó por poco, pero ganó a Nixon.
Hillary ha dedicado ocho años preparándose para esta campaña. Los vientos han soplado a su favor hasta que llegó la palabra de Obama que arranca aplausos en las estadios y entusiasma a las audiencias. Clinton dice lo que hay que decir, es correcta, pero su palabra flaquea, aparece jadeando, piensa que el día 4 se puede decidir su suerte.
Estamos en semifinales. La gran final será entre el que salga en la convención demócrata de Denver y el más que probable candidato republicano, el héroe de guerra, experimentado y realista McCain.
La seducción de Obama puede ser incluso querida por los republicanos. La experiencia de McCain se opondría al entusiasmo de Obama. Ese será el día definitivo.
miércoles, febrero 20, 2008
El buen dictador
Sólo ha faltado un titular que definiera a Fidel Castro como el buen dictador. Pero hay quien se ha aproximado calificándolo de dictador carismático, con carisma, esa especial capacidad de algunas personas para atraer o fascinar a los demás. A juzgar por las páginas y páginas ocupadas a modo de obituario en los diarios patrios, me preparo para el día en que El Comandante abandone el mundo de los vivos.
Fidel ha sido la reliquia viviente de uno de los últimos laboratorios experimentales de un sistema que ha sobrevivido con muchas variantes locales en algunas reservas del mundo y que hoy todavía se cultiva en Cuba. Tiene mérito. Ha resistido a diez presidentes americanos, ha enviado soldados a varias revoluciones que no han prosperado, ha construido un buen sistema de educación y sanidad, ha sido el protagonista indirecto de uno de los choques más peligrosos con armas nucleares entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética en octubre de 1962. Castro ha sido el icono de escritores, progresistas, cineastas, antinorteamericanos de todas las latitudes geográficas y espacios intelectuales.
Castro ha sido un dictador bueno, carismático, emblemático, para varias generaciones de periodistas, pensadores, filósofos y turistas que han peregrinado a la isla para experimentar los éxitos de una revolución que derrocó la mala dictadura de Batista e instauró otra más benévola y social que acabará con la desaparición virtual o real de su fundador. Es sintomático que el anuncio del abandono del poder de Fidel se haya producido de madrugada y el texto haya sido colgado en la web del diario oficial Granma, sin saber si ha sido el propio Comandante el que tecleaba su texto en el ordenador o era asistido por alguno de los intelectuales de cámara.
No hay partes médicos, nadie da cuenta del estado de la salud del presidente, existe incerteza sobre quién le sucederá y no acierto a comprender el papel que el líder se autoimpone como “soldado de las ideas”, como si las ideas tuvieran que divulgarse o velarse por las armas.
Soy muy consciente que la prolongación del castrismo durante medio siglo ha sido consecuencia en buena parte por la desigual y gigantesca lucha entre David y Goliat. También pienso que si el bloqueo norteamericano se hubiera levantado hace treinta años, los cubanos habrían vivido y vivirían hoy mejor porque Castro no se habría abandonado sin condiciones para sobrevivir en los brazos de Moscú primero y de Pekín después.
Castro ha sobrevivido también por la palabra, por sus discursos maratónicos, por plantar cara dialécticamente a diez presidentes americanos. Pero ¿viven mejor hoy los cubanos?, ¿Son más libres? ¿Pueden viajar? ¿Navegan por Internet sin ser controlados? ¿Tienen miedo al régimen? ¿Está permitida la oposición? No hay dictaduras ni dictadores buenos.
Fidel ha sido la reliquia viviente de uno de los últimos laboratorios experimentales de un sistema que ha sobrevivido con muchas variantes locales en algunas reservas del mundo y que hoy todavía se cultiva en Cuba. Tiene mérito. Ha resistido a diez presidentes americanos, ha enviado soldados a varias revoluciones que no han prosperado, ha construido un buen sistema de educación y sanidad, ha sido el protagonista indirecto de uno de los choques más peligrosos con armas nucleares entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética en octubre de 1962. Castro ha sido el icono de escritores, progresistas, cineastas, antinorteamericanos de todas las latitudes geográficas y espacios intelectuales.
Castro ha sido un dictador bueno, carismático, emblemático, para varias generaciones de periodistas, pensadores, filósofos y turistas que han peregrinado a la isla para experimentar los éxitos de una revolución que derrocó la mala dictadura de Batista e instauró otra más benévola y social que acabará con la desaparición virtual o real de su fundador. Es sintomático que el anuncio del abandono del poder de Fidel se haya producido de madrugada y el texto haya sido colgado en la web del diario oficial Granma, sin saber si ha sido el propio Comandante el que tecleaba su texto en el ordenador o era asistido por alguno de los intelectuales de cámara.
No hay partes médicos, nadie da cuenta del estado de la salud del presidente, existe incerteza sobre quién le sucederá y no acierto a comprender el papel que el líder se autoimpone como “soldado de las ideas”, como si las ideas tuvieran que divulgarse o velarse por las armas.
Soy muy consciente que la prolongación del castrismo durante medio siglo ha sido consecuencia en buena parte por la desigual y gigantesca lucha entre David y Goliat. También pienso que si el bloqueo norteamericano se hubiera levantado hace treinta años, los cubanos habrían vivido y vivirían hoy mejor porque Castro no se habría abandonado sin condiciones para sobrevivir en los brazos de Moscú primero y de Pekín después.
Castro ha sobrevivido también por la palabra, por sus discursos maratónicos, por plantar cara dialécticamente a diez presidentes americanos. Pero ¿viven mejor hoy los cubanos?, ¿Son más libres? ¿Pueden viajar? ¿Navegan por Internet sin ser controlados? ¿Tienen miedo al régimen? ¿Está permitida la oposición? No hay dictaduras ni dictadores buenos.
lunes, febrero 18, 2008
Kosovo, un problema para la UE
Es interesante constatar que la proclamada independencia unilateral de Kosovo ha dividido a la comunidad internacional. Estados Unidos, los miembros más poderosos de la Unión Europea y la mayoría de los nuevos estados proclamados desde la desaparición de la Unión Soviética, están a favor. Rusia, China, España y, naturalmente, Serbia están en contra.
Las razones para favorecer o negar el derecho del nuevo estado a existir no responden a los intereses de los dos millones de kosovares sino a la política interior y exterior de cada uno de los que se han pronunciado hasta el momento. En todo caso, el nacimiento de este nuevo estado protegido por la Unión Europea, que ha actuado en los Balcanes sin el consenso de las Naciones Unidas, es un hecho que es irreversible.
China piensa en el Tíbet, Rusia en los enclaves de la ex Unión Soviética como Osetia del Sur, Abjazia y Chechenia y España no aceptará por las buenas la ruptura de la sagrada unidad nacional. Un derecho a la autodeterminación que, por cierto, fue introducido el siglo pasado en Europa por el presidente norteamericano Woodrow Wilson en los famosos catorce puntos del Tratado de Versalles al terminar la Gran Guerra en 1919.
Kosovo ha declarado su independencia unilateralmente. Como lo hicieron Irlanda en los años veinte y prácticamente todas las repúblicas ex soviéticas que hoy son Estados independientes. En todos los casos, la proclamación de la soberanía nacional ha sido compartida por la mayoría de los habitantes del nuevo estado. De las minorías que quedaron circunscritas en esos territorios ya nadie se ocupa.
La proliferación de nuevas realidades nacionales en los Balcanes, y muy especialmente Kosovo, es consecuencia de que las nuevas naciones independientes se sintieron maltratadas por el poder central de Belgrado. Milosevic y su racismo agresivo facilitó el nacimiento de Bosnia Herzegovina, Montenegro y ahora Kosovo. El resto de la Federación de Yugoslavia ya lo habían hecho anteriormente.
El modelo Kosovo presagia muchas dificultades. Rusia no piensa abandonar a Serbia. Tampoco a los 130.000 serbios en el interior de Kosovo. Pero observando la Europa de 1989 y la de 2008 hay una corriente de fondo para establecer más minifronteras y, a la vez, ampliar los límites de la UE. Europa puede cobijar más estados pero no tiene recursos para gestionar sus conflictos internos.
Sugiero que se analice la independencia de Kosovo en términos justamente cosovares o, si se quiere, balcánicos. Pero no es prudente trasladar el modelo a otros puntos de Europa.
Las razones para favorecer o negar el derecho del nuevo estado a existir no responden a los intereses de los dos millones de kosovares sino a la política interior y exterior de cada uno de los que se han pronunciado hasta el momento. En todo caso, el nacimiento de este nuevo estado protegido por la Unión Europea, que ha actuado en los Balcanes sin el consenso de las Naciones Unidas, es un hecho que es irreversible.
China piensa en el Tíbet, Rusia en los enclaves de la ex Unión Soviética como Osetia del Sur, Abjazia y Chechenia y España no aceptará por las buenas la ruptura de la sagrada unidad nacional. Un derecho a la autodeterminación que, por cierto, fue introducido el siglo pasado en Europa por el presidente norteamericano Woodrow Wilson en los famosos catorce puntos del Tratado de Versalles al terminar la Gran Guerra en 1919.
Kosovo ha declarado su independencia unilateralmente. Como lo hicieron Irlanda en los años veinte y prácticamente todas las repúblicas ex soviéticas que hoy son Estados independientes. En todos los casos, la proclamación de la soberanía nacional ha sido compartida por la mayoría de los habitantes del nuevo estado. De las minorías que quedaron circunscritas en esos territorios ya nadie se ocupa.
La proliferación de nuevas realidades nacionales en los Balcanes, y muy especialmente Kosovo, es consecuencia de que las nuevas naciones independientes se sintieron maltratadas por el poder central de Belgrado. Milosevic y su racismo agresivo facilitó el nacimiento de Bosnia Herzegovina, Montenegro y ahora Kosovo. El resto de la Federación de Yugoslavia ya lo habían hecho anteriormente.
El modelo Kosovo presagia muchas dificultades. Rusia no piensa abandonar a Serbia. Tampoco a los 130.000 serbios en el interior de Kosovo. Pero observando la Europa de 1989 y la de 2008 hay una corriente de fondo para establecer más minifronteras y, a la vez, ampliar los límites de la UE. Europa puede cobijar más estados pero no tiene recursos para gestionar sus conflictos internos.
Sugiero que se analice la independencia de Kosovo en términos justamente cosovares o, si se quiere, balcánicos. Pero no es prudente trasladar el modelo a otros puntos de Europa.
viernes, febrero 15, 2008
Hay vida inteligente después del 9-M
¿Qué hay más allá del 9 de marzo en la política española? De momento sólo vislumbramos encuestas, discursos, retórica, mercadeo con los votos, pactos confesables o inconfesables.
Zapatero va por delante y puede ganar. Pero hay mucho pescado por vender, los sondeos hablan de un treinta por ciento de indecisos, Rajoy discursea sobre economía y se fija en el bolsillo del ciudadano, los nacionalistas de CiU hacen y deshacen gobiernos en España a cambio de volver a mandar en Cataluña.
Lo que detecto hablando con el personal se parece mucho a la reacción de Churchill sobre lo qué haría la Unión Soviética en aquellos tiempos tiesos de la guerra fría. "No puedo pronosticar cuál será la reacción de la URSS. Es una adivinanza envuelta en un misterio dentro de un enigma".
El misterio es que tanto socialistas como populares pueden ir por delante en el número de escaños sin saber con quién completarán la mayoría. El enigma es qué haría CiU si después de haber renegado del PP, juramentándose que nunca pactaría con Rajoy, llegaran los populares con una carroza llena de presentes y entregando cuotas de poder a los nacionalistas postpujolistas.
La adivinanza considera también que socialistas y populares, por el bien de las Españas, se entregaran a un pacto contra natura, reformaran la Constitución, arrinconaran a todos los nacionalistas y periféricos del más diverso pelaje, y decidieran que España es sólo cosa de dos.
Sería una salida a corto plazo que contribuiría más que otra cosa a que la unidad patria saltara por los aires.
El cambio sociológico en la sociedad española es muy profundo. Los casi 45 millones de habitantes lo conocen, lo perciben y no se están quietos. Podría resultar que los que no se han enterado sean los políticos con discursos, promesas, retórica y ocurrencias varias que la gente no entiende.
De ahí la incertidumbre que incluso las encuestas ponen de manifiesto. Pero no se asusten. Hay vida después del 9-M. Incluso puede haber vida más inteligente y racional. Depende de lo que decidan los que se aventuren a acudir a las urnas.
Zapatero va por delante y puede ganar. Pero hay mucho pescado por vender, los sondeos hablan de un treinta por ciento de indecisos, Rajoy discursea sobre economía y se fija en el bolsillo del ciudadano, los nacionalistas de CiU hacen y deshacen gobiernos en España a cambio de volver a mandar en Cataluña.
Lo que detecto hablando con el personal se parece mucho a la reacción de Churchill sobre lo qué haría la Unión Soviética en aquellos tiempos tiesos de la guerra fría. "No puedo pronosticar cuál será la reacción de la URSS. Es una adivinanza envuelta en un misterio dentro de un enigma".
El misterio es que tanto socialistas como populares pueden ir por delante en el número de escaños sin saber con quién completarán la mayoría. El enigma es qué haría CiU si después de haber renegado del PP, juramentándose que nunca pactaría con Rajoy, llegaran los populares con una carroza llena de presentes y entregando cuotas de poder a los nacionalistas postpujolistas.
La adivinanza considera también que socialistas y populares, por el bien de las Españas, se entregaran a un pacto contra natura, reformaran la Constitución, arrinconaran a todos los nacionalistas y periféricos del más diverso pelaje, y decidieran que España es sólo cosa de dos.
Sería una salida a corto plazo que contribuiría más que otra cosa a que la unidad patria saltara por los aires.
El cambio sociológico en la sociedad española es muy profundo. Los casi 45 millones de habitantes lo conocen, lo perciben y no se están quietos. Podría resultar que los que no se han enterado sean los políticos con discursos, promesas, retórica y ocurrencias varias que la gente no entiende.
De ahí la incertidumbre que incluso las encuestas ponen de manifiesto. Pero no se asusten. Hay vida después del 9-M. Incluso puede haber vida más inteligente y racional. Depende de lo que decidan los que se aventuren a acudir a las urnas.
miércoles, febrero 13, 2008
Europa y las murallas legales
El comisario europeo de Justicia, Seguridad y Libertades, Franco Frattini, ha propuesto fichar a los extranjeros que entren en la Unión Europea. Se propone también crear un cuerpo europeo de guardias fronterizos con un sistema de gestión de entradas en el Este y en la ribera mediterránea del Sur.
Desde los límites de Grecia con Turquía hasta las orillas del Mar Negro y las aguas bálticas pasando por las costas levantinas españolas, las del sur de Francia y las italianas.
El comisario Frattini proyecta la ejecución de esta iniciativa entre 5 y 7 años. Se desconoce el coste de esta ambiciosa iniciativa que, además, contempla la posibilidad de un registro de viajeros de bajo riesgo con un sistema electrónico de autorización de viajes a la Unión, previa entrega de los datos personales de cada solicitante.
El plan incluye también la posibilidad de crear un sistema electrónico de autorización de viajes a la UE, y la puesta en marcha de un registro de viajeros de bajo riesgo que entreguen previamente datos personales y crucen las fronteras por puertas automatizadas. Los ciudadanos de terceros países, se entiende que también los de Norteamérica, serían fichados con datos biométricos con un escáner de la cara o de las huellas dactilares para controlar cuando alguien entra y sale de la Europa de los 27.
Frattini señaló que se quiere “facilitar los viajes de las personas honradas y a la vez impedir la entrada de terroristas, inmigrantes ilegales o delincuentes”. Veo difícil cómo se puede detectar a las personas honradas o como se distinguen a los delincuentes cuando entran frescos y sin antecedentes en el espacio europeo.
Es un proyecto que recibirá la aprobación de la opinión pública europea. La llegada masiva de inmigrantes no puede ser ilimitada y el establecimiento de cuotas es una medida que, de hecho, está contemplada en las legislaciones nacionales de la Unión. Estados Unidos ha llegado a levantar muchos kilómetros de alambradas en su frontera con México y, a pesar de ello, hay ocho millones de inmigrantes ilegales en territorio norteamericano.
Las murallas legales no eliminarán el alud de sobrevenidos en un mundo en el que puede circular libremente el comercio y las finanzas pero las personas tienen muchas dificultades en cambiar de país. Me parecen oportunas estas medidas aunque no llego a visualizar su eficacia porque Europa no tiene recursos para vigilar tantos miles de kilómetros de fronteras. Lo más difícil de detectar es la intencionalidad de los que pasan todos los filtros.
En Dinamarca se han detenido a tres sospechosos de querer atentar contra la vida de un humorista que npublicó unos dibujos hace cinco años. En Inglaterra acaba de ser asesinado el multimillonario georgiano que plantó cara al presidente de su país. La policía secreta rusa envenenó a Litvinenko en Londres.
Desde los límites de Grecia con Turquía hasta las orillas del Mar Negro y las aguas bálticas pasando por las costas levantinas españolas, las del sur de Francia y las italianas.
El comisario Frattini proyecta la ejecución de esta iniciativa entre 5 y 7 años. Se desconoce el coste de esta ambiciosa iniciativa que, además, contempla la posibilidad de un registro de viajeros de bajo riesgo con un sistema electrónico de autorización de viajes a la Unión, previa entrega de los datos personales de cada solicitante.
El plan incluye también la posibilidad de crear un sistema electrónico de autorización de viajes a la UE, y la puesta en marcha de un registro de viajeros de bajo riesgo que entreguen previamente datos personales y crucen las fronteras por puertas automatizadas. Los ciudadanos de terceros países, se entiende que también los de Norteamérica, serían fichados con datos biométricos con un escáner de la cara o de las huellas dactilares para controlar cuando alguien entra y sale de la Europa de los 27.
Frattini señaló que se quiere “facilitar los viajes de las personas honradas y a la vez impedir la entrada de terroristas, inmigrantes ilegales o delincuentes”. Veo difícil cómo se puede detectar a las personas honradas o como se distinguen a los delincuentes cuando entran frescos y sin antecedentes en el espacio europeo.
Es un proyecto que recibirá la aprobación de la opinión pública europea. La llegada masiva de inmigrantes no puede ser ilimitada y el establecimiento de cuotas es una medida que, de hecho, está contemplada en las legislaciones nacionales de la Unión. Estados Unidos ha llegado a levantar muchos kilómetros de alambradas en su frontera con México y, a pesar de ello, hay ocho millones de inmigrantes ilegales en territorio norteamericano.
Las murallas legales no eliminarán el alud de sobrevenidos en un mundo en el que puede circular libremente el comercio y las finanzas pero las personas tienen muchas dificultades en cambiar de país. Me parecen oportunas estas medidas aunque no llego a visualizar su eficacia porque Europa no tiene recursos para vigilar tantos miles de kilómetros de fronteras. Lo más difícil de detectar es la intencionalidad de los que pasan todos los filtros.
En Dinamarca se han detenido a tres sospechosos de querer atentar contra la vida de un humorista que npublicó unos dibujos hace cinco años. En Inglaterra acaba de ser asesinado el multimillonario georgiano que plantó cara al presidente de su país. La policía secreta rusa envenenó a Litvinenko en Londres.
lunes, febrero 11, 2008
El inmigrante es una persona
La demagogia sobre la inmigración suele derivar implícitamente en una falta de respeto hacia la persona. Aunque pueda parecer políticamente incorrecto, pienso que la masiva llegada de inmigrantes a nuestra tierra ha sido uno de los factores más dinamizadores y positivos de los últimos años.
Al fin y al cabo, todos procedemos de fugitivos de alguna parte, incluso los que podemos datar la llegada aquí de nuestros antecesores hace ocho siglos. Leo con asombro las propuestas que formulan algunos partidos sobre medidas que adoptarán si llegan al gobierno.
Los inmigrantes han de cumplir con sus obligaciones y tener los derechos sociales -sería justo que también los políticos- como cualquier ciudadano. El dato que un 60 por ciento de nuestra población reclusa es inmigrante es preocupante si este dato no se analiza. El mensaje sutil que se introduce es que aquí no hay ladrones, pillos, homicidas, tramposos y gentes de mal vivir. Los hay como en todas partes y ese diapasón que don Mariano se ha sacado de la chistera para medir las costumbres, habría que aplicarlo también a los autóctonos.
Es lógico que se establezcan cuotas de entrada y que se cumpla la ley vigente sobre extranjería. Pero si el “costumómetro” se aplica a los sobrevenidos, también pido que se nos someta a todos los que estamos o somos de aquí. El ruído de un grupo de inmigrantes divirtiéndose en la nostalgia de su soledad, no es más ruído que el que se perpetra en tantos lugares de ocio de las ciudades.
Somos un país de aluvión desde hace siglos. Cuando salimos de una oleada, ya se divisa la otra. Me parece que es la demógrafa Anna Cabré la que afirma que sin las inmigraciones del siglo pasado, Catalunya tendría unos dos millones y medio de habitantes. Y seguimos siendo catalanes.
Hace muchos años escuché al diputado conservador, Enoch Powell, hombre culto que hablaba el griego y el latín como el inglés, que decía apolípticamente en los Comunes que los inmigrantes presentaban tal amenaza que, como los romanos, veríamos mucha sangre aguas abajo del Tíber. No ha sido así. El Támesis baja más limpio que nunca.
Me quedo con el modelo americano en el que un negro puede ser presidente o un austríaco ultraconservador, gobernador de California. A un inmigrante hay que tratarlo como persona. Es lo que es.
Al fin y al cabo, todos procedemos de fugitivos de alguna parte, incluso los que podemos datar la llegada aquí de nuestros antecesores hace ocho siglos. Leo con asombro las propuestas que formulan algunos partidos sobre medidas que adoptarán si llegan al gobierno.
Los inmigrantes han de cumplir con sus obligaciones y tener los derechos sociales -sería justo que también los políticos- como cualquier ciudadano. El dato que un 60 por ciento de nuestra población reclusa es inmigrante es preocupante si este dato no se analiza. El mensaje sutil que se introduce es que aquí no hay ladrones, pillos, homicidas, tramposos y gentes de mal vivir. Los hay como en todas partes y ese diapasón que don Mariano se ha sacado de la chistera para medir las costumbres, habría que aplicarlo también a los autóctonos.
Es lógico que se establezcan cuotas de entrada y que se cumpla la ley vigente sobre extranjería. Pero si el “costumómetro” se aplica a los sobrevenidos, también pido que se nos someta a todos los que estamos o somos de aquí. El ruído de un grupo de inmigrantes divirtiéndose en la nostalgia de su soledad, no es más ruído que el que se perpetra en tantos lugares de ocio de las ciudades.
Somos un país de aluvión desde hace siglos. Cuando salimos de una oleada, ya se divisa la otra. Me parece que es la demógrafa Anna Cabré la que afirma que sin las inmigraciones del siglo pasado, Catalunya tendría unos dos millones y medio de habitantes. Y seguimos siendo catalanes.
Hace muchos años escuché al diputado conservador, Enoch Powell, hombre culto que hablaba el griego y el latín como el inglés, que decía apolípticamente en los Comunes que los inmigrantes presentaban tal amenaza que, como los romanos, veríamos mucha sangre aguas abajo del Tíber. No ha sido así. El Támesis baja más limpio que nunca.
Me quedo con el modelo americano en el que un negro puede ser presidente o un austríaco ultraconservador, gobernador de California. A un inmigrante hay que tratarlo como persona. Es lo que es.
domingo, febrero 10, 2008
Obama, YES WE CAN
Lo más notable del candidato Obama es que dice cosas sencillas muy bien dichas. Así de simple. Su victoria en Nebraska, Washington y Luisiana indica que las barreras raciales o territoriales ceden a su magnetismo para atraer votantes del norte, del centro y del sur de Estados Unidos. Blancos y negros. También, aunque en menos proporción, también hispanos.
YES, WE CAN. Sí, podemos es el grito festivo que se extiende por todos los rincones del país. Es prematuro para hacer vaticinos. En Europa no hay ningún voto. Pero sí, millones de opiniones. Los americanos van a enterrar el nefasto último mandato de Bush. Pero no saben cómo hacerlo ni a quien trasladar el testigo.
Nadie puede asegurar que la senadora Clinton no será la candidata demócrata. Tampoco que el próximo presidente no sea republicano. Lo que sí puede afirmarse es que Obama ha roto todos los moldes con su oratoria emotiva, realista y electrificante.
En su discurso de Iowa, un estado insignificante, empezó su singladura. Dijo que los votantes había elegido "la esperanza sobre el miedo, la unidad sobre la división y el futuro sobre el pasado". Todos pusieron nombres a estos adjetivos. Él se presenta como la esperanza, la unidad y el futuro.
Las primarias del Potomac del martes, en Maryland y Washington D.C., Obama va a tomar nuevos impulsos o será frenado por Hillary.
Las sorpresas de la política americana desconciertan a los europeos. Un país que fue racista y en el que el poder era patrimonio de los varones, el debate es si el presidente será un negro o una señora. O un veterano de Vietnam.
En todo caso, los americanos elegirán un presidente que romperá con el más próximo pasado.
YES, WE CAN. Sí, podemos es el grito festivo que se extiende por todos los rincones del país. Es prematuro para hacer vaticinos. En Europa no hay ningún voto. Pero sí, millones de opiniones. Los americanos van a enterrar el nefasto último mandato de Bush. Pero no saben cómo hacerlo ni a quien trasladar el testigo.
Nadie puede asegurar que la senadora Clinton no será la candidata demócrata. Tampoco que el próximo presidente no sea republicano. Lo que sí puede afirmarse es que Obama ha roto todos los moldes con su oratoria emotiva, realista y electrificante.
En su discurso de Iowa, un estado insignificante, empezó su singladura. Dijo que los votantes había elegido "la esperanza sobre el miedo, la unidad sobre la división y el futuro sobre el pasado". Todos pusieron nombres a estos adjetivos. Él se presenta como la esperanza, la unidad y el futuro.
Las primarias del Potomac del martes, en Maryland y Washington D.C., Obama va a tomar nuevos impulsos o será frenado por Hillary.
Las sorpresas de la política americana desconciertan a los europeos. Un país que fue racista y en el que el poder era patrimonio de los varones, el debate es si el presidente será un negro o una señora. O un veterano de Vietnam.
En todo caso, los americanos elegirán un presidente que romperá con el más próximo pasado.
jueves, febrero 07, 2008
El inefable juez Garzón actúa de nuevo
Una sociedad sin un marco jurídico que la ampare no puede subsistir armónicamente. La ley protege a todos, también a los débiles y a quienes el poder político, por la razón que sea, no protege.
El inefable juez Garzón se emplea a fondo en los casos que caen en sus manos. Procesó a Pinochet pero el dictador chileno murió en su casa. También abrió sumario a los dictadores argetinos. Todo muy inesperado y muy mediático.
En las elecciones generales de 1993 aceptó ir de número dos por los socialistas en Madrid, segundo de Felipe González, como un Pizarro cualquiera. Pero al no recibir el cargo que esperaba regresó a la Audiencia Nacional y la emprendió con el gobierno socialista con los delitos del GAL hasta que Aznar ganó las elecciones en 1996.
Es un juez estrella, mediático, temible. No quisiera caer en uno de sus sumarios. Son ya 19 los miembros de la Mesa Nacional que se encuentran en prisión después del ingreso en el día de hoy de Barrena y Urrutia.
Las argumentaciones son jurídicamente aceptables con la Ley de Partidos en la mano. Una ley que, según mi opinión, es uno de los errores mayúsculos de la democracia española. Pero la aplica con todos los razonamientos jurídicos y con las pruebas pertinentes. Nada que objetar.
Lo que me extraña es que esta persecución contra la Mesa Nacional, brazo político de ETA, empezara después del fracaso de las negociaciones del gobierno Zapatero con ETA. Todo lo que se sabe ahora se conocía entonces. ¿Por qué no actuó Garzón cuando el gobierno, Rubalcaba incluido, se reunía con la misma ETA y su entorno?
La deducción lógica de cualquier ciudadano es que ahora se persigue y encarcela a la Mesa Nacional porque estamos en campaña electoral. Y hay que dar la impresión de dureza policial y judicial contra ETa y su entorno para no perder votos.
Tendríamos que tener un seguro de vida contra las actitudes de los gobiernos frívolos. Pero hay que ir al notario con urgencia, con testamento redactado, cuando la justicia actúa según soplen los vientos políticos.
El inefable juez Garzón se emplea a fondo en los casos que caen en sus manos. Procesó a Pinochet pero el dictador chileno murió en su casa. También abrió sumario a los dictadores argetinos. Todo muy inesperado y muy mediático.
En las elecciones generales de 1993 aceptó ir de número dos por los socialistas en Madrid, segundo de Felipe González, como un Pizarro cualquiera. Pero al no recibir el cargo que esperaba regresó a la Audiencia Nacional y la emprendió con el gobierno socialista con los delitos del GAL hasta que Aznar ganó las elecciones en 1996.
Es un juez estrella, mediático, temible. No quisiera caer en uno de sus sumarios. Son ya 19 los miembros de la Mesa Nacional que se encuentran en prisión después del ingreso en el día de hoy de Barrena y Urrutia.
Las argumentaciones son jurídicamente aceptables con la Ley de Partidos en la mano. Una ley que, según mi opinión, es uno de los errores mayúsculos de la democracia española. Pero la aplica con todos los razonamientos jurídicos y con las pruebas pertinentes. Nada que objetar.
Lo que me extraña es que esta persecución contra la Mesa Nacional, brazo político de ETA, empezara después del fracaso de las negociaciones del gobierno Zapatero con ETA. Todo lo que se sabe ahora se conocía entonces. ¿Por qué no actuó Garzón cuando el gobierno, Rubalcaba incluido, se reunía con la misma ETA y su entorno?
La deducción lógica de cualquier ciudadano es que ahora se persigue y encarcela a la Mesa Nacional porque estamos en campaña electoral. Y hay que dar la impresión de dureza policial y judicial contra ETa y su entorno para no perder votos.
Tendríamos que tener un seguro de vida contra las actitudes de los gobiernos frívolos. Pero hay que ir al notario con urgencia, con testamento redactado, cuando la justicia actúa según soplen los vientos políticos.
miércoles, febrero 06, 2008
USA: en busca de un navegante más apto
Cuando se conocía de cerca a Ronald Reagan, más de uno se preguntaba a quién se le pudo haber ocurrido proponerlo para presidente de Estados Unidos o para gobernador de California. El hecho es que un personaje con un bagaje intelectual tan escaso ocupó la Casa Blanca ocho años y otros tantos gobernó California. Y no lo hizo mal.
Para los europeos de los años ochenta era difícil aceptar por qué un actor de cine mediocre pudiera alcanzar la presidencia y, además, ser reelegido. Reagan no era un intelectual ni pretendía serlo. Se retiraba a las cinco de la tarde, pedía informes resumidos en un folio y se avanzó a su tiempo con slogans simples que marcaban la dirección de su presidencia. En Berlín se limitó a lanzar un grito por encima del muro: señor gorbachev, derribe esta pared. Y el muro cayó en tres años. Los historiadores empiezan a explicar el fenómeno.
Al caer la Unión Soviética, Estados Unidos se encontró por primera vez en la historia que no podía retirarse del mundo pero tampoco podía dominarlo. Esta ambigua posición la siguió desarrollando Bill Clinton pero se interrumpió con la llegada de Bush, hijo, al reaccionar ante los atentados del 11-S recurriendo más a la fuerza que a su capacidad de seducción cultural y de forma de vida.
Los tres candidatos con más posibilidades hoy de llegar a la Casa Blanca pueden parecer inadecuados. El afroamericano Obama tiene que superar los prejuicios étnicos latentes en los grandes estados industriales, su relativa juventud y su idealismo transparente. Pero cuenta con la fuerza de la palabra, la construcción inteligente de sus discursos, la convicción con que expresa sus ideas y, finalmente, la promesa de cambio en tiempos que se avecinan difíciles y convulsos.
La senadora Clinton tampoco tiene el perfil adecuado. Su victoria sería la consolidación de una dinastía que, en caso de que fuera presidenta dos mandatos, la Casa Blanca habría estado por un Clinto 16 años. Con los Bush la dinastía se ha prolongado 12 años. En los dos casos, el debate de fondo no es si una es mujer y el otro es negro sino cómo mejor pueden dirigir el país y atemperar el anti americanismo en buena parte del mundo que no es por razones culturales sino políticas.
La batalla de los demócratas no se ganó el martes. Quedan muchas másprimarias hasta la Convención que se centrarán básicamente en cómo Clinton y Obama presentan sus estrategias de un cambio de rumbo que la sociedad americana necesita.
El senador John McCain, 71 años, veterano de Vietnam, con largas cabezadas en los aviones, no es en apariencia la mejor opción. Pero no hay que descartarlo porque recogerá el voto conservador al centrar al Partido Republicano. No importa tanto quién será presidente cuanto la habilidad de Estados Unidos para manejar la brújula del mundo a partir de enero.
Para los europeos de los años ochenta era difícil aceptar por qué un actor de cine mediocre pudiera alcanzar la presidencia y, además, ser reelegido. Reagan no era un intelectual ni pretendía serlo. Se retiraba a las cinco de la tarde, pedía informes resumidos en un folio y se avanzó a su tiempo con slogans simples que marcaban la dirección de su presidencia. En Berlín se limitó a lanzar un grito por encima del muro: señor gorbachev, derribe esta pared. Y el muro cayó en tres años. Los historiadores empiezan a explicar el fenómeno.
Al caer la Unión Soviética, Estados Unidos se encontró por primera vez en la historia que no podía retirarse del mundo pero tampoco podía dominarlo. Esta ambigua posición la siguió desarrollando Bill Clinton pero se interrumpió con la llegada de Bush, hijo, al reaccionar ante los atentados del 11-S recurriendo más a la fuerza que a su capacidad de seducción cultural y de forma de vida.
Los tres candidatos con más posibilidades hoy de llegar a la Casa Blanca pueden parecer inadecuados. El afroamericano Obama tiene que superar los prejuicios étnicos latentes en los grandes estados industriales, su relativa juventud y su idealismo transparente. Pero cuenta con la fuerza de la palabra, la construcción inteligente de sus discursos, la convicción con que expresa sus ideas y, finalmente, la promesa de cambio en tiempos que se avecinan difíciles y convulsos.
La senadora Clinton tampoco tiene el perfil adecuado. Su victoria sería la consolidación de una dinastía que, en caso de que fuera presidenta dos mandatos, la Casa Blanca habría estado por un Clinto 16 años. Con los Bush la dinastía se ha prolongado 12 años. En los dos casos, el debate de fondo no es si una es mujer y el otro es negro sino cómo mejor pueden dirigir el país y atemperar el anti americanismo en buena parte del mundo que no es por razones culturales sino políticas.
La batalla de los demócratas no se ganó el martes. Quedan muchas másprimarias hasta la Convención que se centrarán básicamente en cómo Clinton y Obama presentan sus estrategias de un cambio de rumbo que la sociedad americana necesita.
El senador John McCain, 71 años, veterano de Vietnam, con largas cabezadas en los aviones, no es en apariencia la mejor opción. Pero no hay que descartarlo porque recogerá el voto conservador al centrar al Partido Republicano. No importa tanto quién será presidente cuanto la habilidad de Estados Unidos para manejar la brújula del mundo a partir de enero.
lunes, febrero 04, 2008
Obsesiones nacionales
La obsesión de muchos partidos y gobiernos de cambiar la sociedad cuyos intereses contrapuestsos administran como saben y como pueden, suele ser inútil. Ahora y siempre. Tan inútil que, tarde o temprano, es la sociedad la que cambia a los partidos o gobiernos que pretenden imponer desde arriba soluciones únicas a problemas complejos.
La democracia, en frase bien conocida de Popper, no consiste en hacer gobiernos sino en echarlos. Churchill reaccionó con una dolida ironía al perder el poder en 1945 después de haber ganado la guerra. Dijo sin ruborizarse que la virtud de los grandes pueblos es la ingratitud. Casi siempre hacia quienes han hecho cosas muy positivas desde el poder colgándose todas las medallas como si el éxito fuera un mérito exclusivamente suyo.
Los partidos, su mismo nombre lo indica, son necesariamente partidistas y las soluciones parciales que proponen han de ser aceptadas o compartidas por segmentos sociales que no les han votado. Un gobierno democrático, del signo que sea, no puede tener larga vida si detrás no cuenta con una mayoría social suficiente. Me gusta muy poco que los titulares de los últimos días hayan dado la impresión que lo que está en juego es si ganan los socialistas o la Conferencia Episcopal. No estamos ni en la Italia de Cavour, Mazzini y Garibaldi ni en la España de Azaña o Largo Caballero. Afortunadamente.
Se olvida con frecuencia que la sociedad en su conjunto es madura, responsable, distingue el grano de la paja y actúa al margen de la propaganda y de las consignas de los partidos que están en el gobierno o los que pretenden desde la oposición promover un cambio de rumbo.
Si se organizan manifestaciones contra el gobierno encabezadas por obispos, los socialistas resucitan un anticlericalismo rancio y todos nos retrotraemos a los debates de hace un siglo en un país que ha vivido demasiadas desgracias con la religión como pretexto.
Es un mal servicio a la libertad de los ciudadanos, tanto de los creyentes como de los agnósticos, que lo único que pretendemos es poder vivir en un marco de convivencia cívica en una sociedad plural. También es un mal servicio al respeto que merecen las ideas y los posicionamientos de los demás. Me cuesta admitir que la Conferencia Episcopal o los socialistas sean la causa de todos los males. El Partido Popular no ha dicho nada.
La democracia, en frase bien conocida de Popper, no consiste en hacer gobiernos sino en echarlos. Churchill reaccionó con una dolida ironía al perder el poder en 1945 después de haber ganado la guerra. Dijo sin ruborizarse que la virtud de los grandes pueblos es la ingratitud. Casi siempre hacia quienes han hecho cosas muy positivas desde el poder colgándose todas las medallas como si el éxito fuera un mérito exclusivamente suyo.
Los partidos, su mismo nombre lo indica, son necesariamente partidistas y las soluciones parciales que proponen han de ser aceptadas o compartidas por segmentos sociales que no les han votado. Un gobierno democrático, del signo que sea, no puede tener larga vida si detrás no cuenta con una mayoría social suficiente. Me gusta muy poco que los titulares de los últimos días hayan dado la impresión que lo que está en juego es si ganan los socialistas o la Conferencia Episcopal. No estamos ni en la Italia de Cavour, Mazzini y Garibaldi ni en la España de Azaña o Largo Caballero. Afortunadamente.
Se olvida con frecuencia que la sociedad en su conjunto es madura, responsable, distingue el grano de la paja y actúa al margen de la propaganda y de las consignas de los partidos que están en el gobierno o los que pretenden desde la oposición promover un cambio de rumbo.
Si se organizan manifestaciones contra el gobierno encabezadas por obispos, los socialistas resucitan un anticlericalismo rancio y todos nos retrotraemos a los debates de hace un siglo en un país que ha vivido demasiadas desgracias con la religión como pretexto.
Es un mal servicio a la libertad de los ciudadanos, tanto de los creyentes como de los agnósticos, que lo único que pretendemos es poder vivir en un marco de convivencia cívica en una sociedad plural. También es un mal servicio al respeto que merecen las ideas y los posicionamientos de los demás. Me cuesta admitir que la Conferencia Episcopal o los socialistas sean la causa de todos los males. El Partido Popular no ha dicho nada.
domingo, febrero 03, 2008
El gran error de no reconocer un error
Decía la historiadora Barbara Tuchman en su libro The March of Folly. From Troy to Vietnam que todos los gobiernos de todos los tiempos, desde Grecia hasta hoy, sabían perfectamente lo que no debían hacer y, sin embargo, lo hacían y se estrellaban.
Los imperios cayeron todos por no disponer de la fuerza suficiente para controlar las guerras que se planteaban en sus lejanas fronteras. Felipe II no podía ganar cinco guerras paralelas que estaba librando en Europa. Napoleón sucumbió en Rusia y fracasó en España y en Europa Central, a pesar de haber llamado a filas a la población civil.
Los británicos, pueblo guerrero por excelencia, tuvieron que abandonar las colonias porque era imposible mantener la "pax britannica" en el ancho mundo desde una pequeña isla en un rincón de Europa. India en 1947, Ghana en 1960 y todas sus colonias fueron emancipándose.
La misma Unión Soviética quiso exportar la revolución a todo el planeta con un extraordinario servicio de propaganda, de espionaje y de tropas que controlaban media Europa y que se aventuraron en la operación de Afganistán que acabó convirténdose en la tumba del imperio.
Estados Unidos tenía un millón de soldados en Europa al caer el muro de Berlín. Hoy dispone de una fuerza testimonial en el continente porque está desplegando sus ejércitos en Oriente Medio.
En Iraq está prácticamente en solitario después de la retirada escalonada de tropas de varios países. Los británicos están abandonando el sur de Iraq. No puede tener una salida pactada. Habrá más atentados, más muertes, más terrorismo en y desde Iraq.
Pero el problema más serio a corto plazo es Afganistán. En los alrededores de Kabul hay unos treinta mil soldados procedentes de una docena de países de la Alianza. Seis años después de derrocar el régimen de los talibanes, las tropas de la OTAN están aisladas, inseguras, sujetas a muertes casi diarias por parte de la guerrilla, de la jihad o de los señores de la guerra.
Todos los informes oficiales o independientes indican que la guerra no se va a ganar y que la lucha va para muy largo. A pesar de ello, se piden más fuerzas, se incorporan nuevas unidades, se envían a soldados profesionales con el objetivo de retardar un fracaso.
Zapatero retiró las tropas de Iraq y a los pocos meses las enviaba a Afganistán. Todas volverán a casa sin haber conocido la victoria. Los británicos perdieron tres guerras en Afganistán en el siglo antepasado. Los soviéticos no pudieron salir vivos de Kabul. Tampoco las tropas de la OTAN impondrán la democracia.
A pesar de ello, no entra dentro del discurso político de los países que envían a sus soldados a Afganistán. Saben, sabemos, que allí se va a perder, pero, a pesar de ello, se persiste en una estrategia que es errónea.
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