Todas las maneras de sentirse uno feliz se parecen entre sí, pero los desdichados ven siempre en su infortunio un caso personalísimo. Este comienzo tan citado de la impresionante novela Ana Karenina de Leon Tolstoi me sirve para hablar de los miedos y esperanzas en un mundo en que el bienestar está cada vez más generalizado pero la pobreza también está más extendida.
Paradójicamente, el miedo, esa perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario, lo encontramos en los más afortunados de las sociedades avanzadas. Tenemos miedo a la inmigración, al cambio climático, al crecimiento de China o India, a la fuerza o debilidad del euro o del dólar, miedo a no saber qué pasa en la sociedad con más conocimientos de la historia. miedo al otro, miedo a la siniestralidad del tráfico, miedo a sentirnos observados por el Gran Hermano universal que controla todos nuestros movimientos, nuestras cuentas, miedo a nuestra fotografía fiscal en manos de la Agencia Tributaria.
Nos podemos sentir felices, pero siempre con el hilo de la desdicha de los infortunios que nos puedan sobrevenir. Miedo a este gigantesco drama de lo transitorio, miedo a no perder la salud, el trabajo, las amistades o el afecto de los más próximos. Miedo a ser sepultado en el olvido.
Este miedo global contrasta con la esperanza de los que tienen poco o nada. La esperanza de cuantos abandonan su patria, los suyos, su cultura y sus raíces, arriesgando sus vidas en busca de un horizonte vital más digno. Esperanza en poder adaptarse en la tierra de acogida con un doble objetivo: ganarse medianamente bien la vida y ayudar a los que han quedado detrás.
Un mileurista, por poner un ejemplo, tiene más esperanza que quien vive bajo el paraguas protector de tener un trabajo fijo y bien remunerado. Es más creativo, conoce el valor del esfuerzo, sabe que hay muchos miles de colegas que viven en esa misma situación. A cuantos afirman que la juventud de hoy es peor que la nuestra les diría que no es del todo cierto.
He aprendido tantas cosas de los inmigrantes que han irrumpido masivamente en nuestra sociedad, que ya quisiera que su esperanza y optimismo se transmitieran a los que estamos más o menos acomodados y satisfechos. Estamos infectados por un virus de insatisfacción que no se neutraliza teniendo más poder, más recursos, más fama o reconocimiento públicos.
Los que vienen de lejos o los que están en el universo mileurista, los desfavorecidos, los parados y los que atraviesan una grave enfermedad, los ancianos que tienen que sobrevivir con menos de 500 euros, son cada vez más numerosos, globalmente son mayoría.
Son un contrapunto inquietante. Los miedos son nuestros y la esperanza la tienen ellos porque tienen poco que perder. Es la ambivalencia de la modernidad que puede convertir en optimista a quien menos tiene y pesimista a los que lo tenemos casi todo.
Publicado en La Vanguardia el 29 de noviembre de 2007
viernes, noviembre 30, 2007
jueves, noviembre 29, 2007
Siempre hay que volver a Antígona
He leído un brevísimo libro de Claudio Magris que lleva el título de "Las Fronteras del Diálogo". Desde que leí El Danubio, la mejor descripción que conozco del paso del río desde su nacimiento en Ulm hasta su desembocadura en el Mar Negro, me he visto obligado a seguir las publicaciones de este profesor de Triestre.
Me quiero fijar en su tesis de que Europa tiene que afrontar, culturalmente, la tarea de renovar la conciencia y la defensa de los valores universales que constituyen, desde hace más de dos mil años, la esencia de nuestra civilización.
George Steiner decía que siempre hay que volver a Antígona. Magris opina lo mismo. Modestamente, yo también. Sófocles es eterno.
Son las "leyes no escritas de los dioses", como las denomina Antígona, es decir, los mandamientos morales que, a diferencia de aquellos que están históricamente y socialmente condicionados, se presentan com un absoluto que no pueden ser violados en ningún caso.
Antígona es una tragedia, el conflicto entre ella y Creonte, entre la ley moral y la ley del poder político. Es una tragedia permanentemente actual entre el bien y el mal, entre la fuerza y la razón, entre la verdad y la mentira.
Lo más interesante es que podemos escoger porque somos libres. Libres para hacer el bien y el mal, para respetar al otro o despreciarlo. Pero la ley que perdura, al margen de mayorías o minorías, es la ley moral que Antígona proclama.
Me quiero fijar en su tesis de que Europa tiene que afrontar, culturalmente, la tarea de renovar la conciencia y la defensa de los valores universales que constituyen, desde hace más de dos mil años, la esencia de nuestra civilización.
George Steiner decía que siempre hay que volver a Antígona. Magris opina lo mismo. Modestamente, yo también. Sófocles es eterno.
Son las "leyes no escritas de los dioses", como las denomina Antígona, es decir, los mandamientos morales que, a diferencia de aquellos que están históricamente y socialmente condicionados, se presentan com un absoluto que no pueden ser violados en ningún caso.
Antígona es una tragedia, el conflicto entre ella y Creonte, entre la ley moral y la ley del poder político. Es una tragedia permanentemente actual entre el bien y el mal, entre la fuerza y la razón, entre la verdad y la mentira.
Lo más interesante es que podemos escoger porque somos libres. Libres para hacer el bien y el mal, para respetar al otro o despreciarlo. Pero la ley que perdura, al margen de mayorías o minorías, es la ley moral que Antígona proclama.
lunes, noviembre 26, 2007
En Cádiz y en Roma
He visitado Cádiz y Roma en una semana. Son ciudades muy antiguas, que impresionan, ciudades en las que las piedras también hablan porque han sido testigos de momentos que han trascendido a su propia existencia.
En Cádiz fui invitado a hablar a la asociación de directivos de diarios españoles. Me interesó la visita al centro histórico de Cádiz, con sus huellas fenicias, romanas y musulmanas. Fue en esa ciudad donde se reunieron en Cortes representantes españoles tras la derrota de las tropas napoleónicas. En Cádiz se centralizó el comercio con América y en las inmediaciones de su bahía se libraron batallas navales de gran envergadura entre armadas españolas, francesas y británicas. Los nombres de Essex y Nelson todavía resuenan en sus reformadas calles, iglesias y monumentos.
Fue en la iglesia de San Felipe Neri donde la palabra libertad fue introducida en la primera Constitución, la de 1812, que muy pronto cumplirá dos siglos. No diré que los españoles hayamos hechos un mal uso de la libertad sino que la hemos utilizado con demasiada frecuencia para destruir la libertad del otro sin demasiados escrúpulos ni miramientos. Siempre habrá que volver a Cádiz cuando la libertad de unos quiere machacar la de los otros.
La otra visita ha coincidido con la celebración del Consistorio de la creación de nuevos cardenales de la Iglesia por el Papa Benedicto XVI. Gran boato y esplendor alrededor del baldaquino de San Pedro mientras el Papa hablaba a los nuevos purpurados venidos de todo el mundo. No se dirigía, lógicamente, sólo a los tres nuevos cardenales españoles, entre ellos al barcelonés Lluís Martínez Sistach, persona ponderada y querida en Tortosa, Tarragona y Barcerlona donde ha ejercido como obispo.
Mientras seguía la ceremonia me acordé del último libro del Papa bávaro, Jesús de Nazaret, del que voy a citar un párrafo: “en el curso de los siglos, bajo distintas formas, ha existido esta tentación de asegurar la fe a través del poder, y la fe ha corrido siempre el riesgo de ser sofocada precisamente por el abrazo del poder. La lucha por la libertad de la Iglesia, la lucha para que el reino de Jesús no pueda ser identificado con ninguna estructura política, hay que librarla en todos los siglos. En efecto, la fusión entre fe y poder político siempre tiene un precio: la fe se pone al servicio del poder y debe doblegarse a sus criterios”.
Es un mensaje universal pero recomendable siempre en nuestro país.
Publicado en La Vanguardia el 27 de noviembre de 2007
En Cádiz fui invitado a hablar a la asociación de directivos de diarios españoles. Me interesó la visita al centro histórico de Cádiz, con sus huellas fenicias, romanas y musulmanas. Fue en esa ciudad donde se reunieron en Cortes representantes españoles tras la derrota de las tropas napoleónicas. En Cádiz se centralizó el comercio con América y en las inmediaciones de su bahía se libraron batallas navales de gran envergadura entre armadas españolas, francesas y británicas. Los nombres de Essex y Nelson todavía resuenan en sus reformadas calles, iglesias y monumentos.
Fue en la iglesia de San Felipe Neri donde la palabra libertad fue introducida en la primera Constitución, la de 1812, que muy pronto cumplirá dos siglos. No diré que los españoles hayamos hechos un mal uso de la libertad sino que la hemos utilizado con demasiada frecuencia para destruir la libertad del otro sin demasiados escrúpulos ni miramientos. Siempre habrá que volver a Cádiz cuando la libertad de unos quiere machacar la de los otros.
La otra visita ha coincidido con la celebración del Consistorio de la creación de nuevos cardenales de la Iglesia por el Papa Benedicto XVI. Gran boato y esplendor alrededor del baldaquino de San Pedro mientras el Papa hablaba a los nuevos purpurados venidos de todo el mundo. No se dirigía, lógicamente, sólo a los tres nuevos cardenales españoles, entre ellos al barcelonés Lluís Martínez Sistach, persona ponderada y querida en Tortosa, Tarragona y Barcerlona donde ha ejercido como obispo.
Mientras seguía la ceremonia me acordé del último libro del Papa bávaro, Jesús de Nazaret, del que voy a citar un párrafo: “en el curso de los siglos, bajo distintas formas, ha existido esta tentación de asegurar la fe a través del poder, y la fe ha corrido siempre el riesgo de ser sofocada precisamente por el abrazo del poder. La lucha por la libertad de la Iglesia, la lucha para que el reino de Jesús no pueda ser identificado con ninguna estructura política, hay que librarla en todos los siglos. En efecto, la fusión entre fe y poder político siempre tiene un precio: la fe se pone al servicio del poder y debe doblegarse a sus criterios”.
Es un mensaje universal pero recomendable siempre en nuestro país.
Publicado en La Vanguardia el 27 de noviembre de 2007
jueves, noviembre 22, 2007
La incierta propuesta de Artur Mas
La conferencia de Artur Mas para refundar el catalanismo ha sido un acto importante que refleja el movimiento de tierras que se está produciendo en la sociedad catalana y, por extensión, también en la sociedad española. Escuchado y leído el discurso de Mas se me han ocurrido unas conclusiones que pueden ser precipitadas pero que son las que se me ocurren.
El hecho que no aparecieran las siglas de CDC en el moderno escenario del Palau de Congressos, me hace pensar que el partido fundado por Jordi Pujol en 1977 se ha transformado en otra cosa. Más apenas mencionó la palabra nacionalismo y sí que se recreó desde todos los ángulos al catalanismo.
Un catalanismo que aporta un acento soberanista y se aparta sustancialmente de los planteamientos ambiguos respecto a España que barajó Jordi Pujol y del catalanismo conservador de la Lliga de Cambó. Mas se pronunció a favor del derecho a decidir, un eufemismo para afirmar el derecho a la autodeterminación que, por otra parte, está garantizado y protegido por las Naciones Unidas.
Las palabras de Mas reflejaron también que el proyecto común con España ha sufrido una avería irreparable si el Tribunal Constitucional amputa sustancialmente el Estatut de Catalunya. Y sino, también.
El derecho a decidir, inspirado en las tesis de Ibarretxe, puede saltarse las normas legales vigentes y abrir un proceso que puede llevarnos a una “Catalunya plena”, o no sabemos exactamente dónde. Artur Mas planteó la Casa Gran del Catalanisme para conseguir una mayor transversalidad y, por lo tanto, obtener una mayoría suficiente para ganar las próximas elecciones y poder gobernar sin la ayuda de socios minoritarios.
Mas introdujo también un nuevo concepto al hacer la distinción entre ciudadanos administrativamente catalanes y catalanes que se sienten, viven en Catalunya y quieren ser catalanes. Aquella definición de Pujol de que es catalán todo aquel que vive y trabaja en Catalunya ha sido sutilmente modificada.
El líder convergente dijo claramente que se ha acabado la pedagogía con España porque los gobiernos de Madrid, del signo que fueren, no van a reconocer las aspiraciones de los catalanes por mucha pedagogía que se les aplique. En estas circunstancias, vino a decir Mas, hay que seguir adelante aunque ello represente un eventual choque con las estructuras del Estado.
Me parece muy legítima la propuesta de Mas. Pero tengo algunas dudas. Primero, si este es el sentir mayoritario de la sociedad catalana. Segundo, si se trata solamente de una estrategia para alcanzar el poder. Tercero, si Mas ha elaborado un plan alternativo para romper las cuerdas que nos unen con el Estado y ser acogidos positivamente por la Unión Europea. No conozco si existe este plan de negocios en una cuestión de tanta envergadura. Y, por último, la Catalunya de la foto fija ha sido superada por la Catalunya secuencial, la que cambia sin perder su identidad.
Publicado en La Vanguardia. el 22 de noviembre de 2007
El hecho que no aparecieran las siglas de CDC en el moderno escenario del Palau de Congressos, me hace pensar que el partido fundado por Jordi Pujol en 1977 se ha transformado en otra cosa. Más apenas mencionó la palabra nacionalismo y sí que se recreó desde todos los ángulos al catalanismo.
Un catalanismo que aporta un acento soberanista y se aparta sustancialmente de los planteamientos ambiguos respecto a España que barajó Jordi Pujol y del catalanismo conservador de la Lliga de Cambó. Mas se pronunció a favor del derecho a decidir, un eufemismo para afirmar el derecho a la autodeterminación que, por otra parte, está garantizado y protegido por las Naciones Unidas.
Las palabras de Mas reflejaron también que el proyecto común con España ha sufrido una avería irreparable si el Tribunal Constitucional amputa sustancialmente el Estatut de Catalunya. Y sino, también.
El derecho a decidir, inspirado en las tesis de Ibarretxe, puede saltarse las normas legales vigentes y abrir un proceso que puede llevarnos a una “Catalunya plena”, o no sabemos exactamente dónde. Artur Mas planteó la Casa Gran del Catalanisme para conseguir una mayor transversalidad y, por lo tanto, obtener una mayoría suficiente para ganar las próximas elecciones y poder gobernar sin la ayuda de socios minoritarios.
Mas introdujo también un nuevo concepto al hacer la distinción entre ciudadanos administrativamente catalanes y catalanes que se sienten, viven en Catalunya y quieren ser catalanes. Aquella definición de Pujol de que es catalán todo aquel que vive y trabaja en Catalunya ha sido sutilmente modificada.
El líder convergente dijo claramente que se ha acabado la pedagogía con España porque los gobiernos de Madrid, del signo que fueren, no van a reconocer las aspiraciones de los catalanes por mucha pedagogía que se les aplique. En estas circunstancias, vino a decir Mas, hay que seguir adelante aunque ello represente un eventual choque con las estructuras del Estado.
Me parece muy legítima la propuesta de Mas. Pero tengo algunas dudas. Primero, si este es el sentir mayoritario de la sociedad catalana. Segundo, si se trata solamente de una estrategia para alcanzar el poder. Tercero, si Mas ha elaborado un plan alternativo para romper las cuerdas que nos unen con el Estado y ser acogidos positivamente por la Unión Europea. No conozco si existe este plan de negocios en una cuestión de tanta envergadura. Y, por último, la Catalunya de la foto fija ha sido superada por la Catalunya secuencial, la que cambia sin perder su identidad.
Publicado en La Vanguardia. el 22 de noviembre de 2007
martes, noviembre 20, 2007
El espíritu de la transición
No está de moda hablar del espíritu de la transición que se quiere sepultar en el baúl de los confusos recuerdos del pasado. No cuenta que hayamos vivido los treinta años de mayor estabilidad, progreso, libertad y democracia de nuestra historia. Se pretende superar el espíritu de la transición por la vía de los hechos.
El consenso es una palabra borrada de los discursos políticos sustituyéndola por la confrontación ideológica y por el desprecio al adversario.
Por primera vez desde la muerte del dictador, el aniversario ya no se plantea en las calles entre los nostálgicos franquistas y las fuerzas de seguridad. Hemos visto estos días cómo jóvenes de los dos extremos salen a la calle para chocar violentamente. En Madrid, la reyerta se saldó con un joven muerto. La repercusión la hemos comprobado este fin de semana en Barcelona con un enfrentamiento entre radicales llamados anti fascistas y los Mossos, con el resultado de varios miembros de la seguridad autonómica heridos.
Adolfo Suárez, Felipe González y el primer mandato de Aznar son ignorados. La referencia obligada es la II República. Incluso la ministra Magdalena Álvarez recurre a Indalecio Prieto, que se sentía “socialista a fuer de liberal”, para defenderse de una gestión catastrófica a pesar de que el presidente Zapatero se pavonee de que la ministra malagueña es la que va a inaugurar más kilómetros de AVE de la historia patria.
La Ley de la Memoria Histórica es un alegato nada sutil contra el espíritu de la transición al dividir a los españoles entre buenos y malos superando el criterio de los que abrieron el proceso constitucional de 1978 que pensaron en salvar la convivencia del momento y mirar a un futuro que ha tenido mucho más de positivo que de negativo.
Las críticas socavadas a la Monarquía no hay que buscarlas en la cumbre iberoamericana de Chile, en la respuesta a la verborrea de Chávez, o en los avatares familiares que viven muchas familias reales en Europa. Hay que buscarlas en las decisiones políticas del gobierno Zapatero, en los nacionalistas republicanos, en la derecha del segundo mandato Aznar, y en los que piden la abdicación desde las ondas por considerar que la Monarquía no está con ellos.
Leí hace años que en Inglaterra no se había roto el principio de legitimidad a pesar de los años horribles de la Monarquía en los años treinta y los de ahora. Lo que se cuestiona aquí es el principio de legitimidad sin tener una alternativa viable e integradora.
Publicado en La Vanguardia el 20 de noviembre de 2007
El consenso es una palabra borrada de los discursos políticos sustituyéndola por la confrontación ideológica y por el desprecio al adversario.
Por primera vez desde la muerte del dictador, el aniversario ya no se plantea en las calles entre los nostálgicos franquistas y las fuerzas de seguridad. Hemos visto estos días cómo jóvenes de los dos extremos salen a la calle para chocar violentamente. En Madrid, la reyerta se saldó con un joven muerto. La repercusión la hemos comprobado este fin de semana en Barcelona con un enfrentamiento entre radicales llamados anti fascistas y los Mossos, con el resultado de varios miembros de la seguridad autonómica heridos.
Adolfo Suárez, Felipe González y el primer mandato de Aznar son ignorados. La referencia obligada es la II República. Incluso la ministra Magdalena Álvarez recurre a Indalecio Prieto, que se sentía “socialista a fuer de liberal”, para defenderse de una gestión catastrófica a pesar de que el presidente Zapatero se pavonee de que la ministra malagueña es la que va a inaugurar más kilómetros de AVE de la historia patria.
La Ley de la Memoria Histórica es un alegato nada sutil contra el espíritu de la transición al dividir a los españoles entre buenos y malos superando el criterio de los que abrieron el proceso constitucional de 1978 que pensaron en salvar la convivencia del momento y mirar a un futuro que ha tenido mucho más de positivo que de negativo.
Las críticas socavadas a la Monarquía no hay que buscarlas en la cumbre iberoamericana de Chile, en la respuesta a la verborrea de Chávez, o en los avatares familiares que viven muchas familias reales en Europa. Hay que buscarlas en las decisiones políticas del gobierno Zapatero, en los nacionalistas republicanos, en la derecha del segundo mandato Aznar, y en los que piden la abdicación desde las ondas por considerar que la Monarquía no está con ellos.
Leí hace años que en Inglaterra no se había roto el principio de legitimidad a pesar de los años horribles de la Monarquía en los años treinta y los de ahora. Lo que se cuestiona aquí es el principio de legitimidad sin tener una alternativa viable e integradora.
Publicado en La Vanguardia el 20 de noviembre de 2007
domingo, noviembre 18, 2007
Chávez atropella al personal con petróleo
Las crisis del petróleo de los años setenta y ochenta eran de oferta. Los países productores de la OPEC pensaban en cómo racionar el suministro para no agotar precipitadamente sus recursos.
La crisis de hoy es de demanda. No hay petróleo suficiente para abastecer a las nuevas economías asiáticas, principalmente China e India, que han colocado a casi cien dólares el barril.
El mundo industrializado se ha ampliado. El petróleo es insuficiente para responder a tanta demanda. Las crisis anteriores podían resolverse. La que vivimos hoy es más seria.
Primero porque la demanda seguirá subiendo de forma espectacular. La industrialización de los países más poblados de la tierra necesita más recursos para ser competitivos.
Segundo porque los principales pozos de petróleo se encuentran en países no democráticos y con dificultades para tener buenas relaciones con el mundo industrializado.
El dólar baja su cotización y el petróleo sigue subiendo. Occidente necesita los recursos y, de alguna manera, controla los principales sistemas políticos de Oriente Medio.
Pero a Hugo Chávez no lo controla. Y se encuentra con un personaje con ningùn escrúpulo político, un caudillo, que arroja petróleo al mercado a cambio de respeto político.
Este es, a mi juicio, el meollo de la crisis planteada por un demagogo como Chávez que en vez de argumentos se sirve del petróleo. La cumbre de la OPEC celebrada e Arabia Saudí ha sido tormentosa. Venezuela e Irán han intentado ahogar más al dólar.
La crisis política mundial es también una crisis energética que ha entrado en el campo del choque ideológico. Chávez puede construir una dictadura con la protección del petróleo.
La crisis de hoy es de demanda. No hay petróleo suficiente para abastecer a las nuevas economías asiáticas, principalmente China e India, que han colocado a casi cien dólares el barril.
El mundo industrializado se ha ampliado. El petróleo es insuficiente para responder a tanta demanda. Las crisis anteriores podían resolverse. La que vivimos hoy es más seria.
Primero porque la demanda seguirá subiendo de forma espectacular. La industrialización de los países más poblados de la tierra necesita más recursos para ser competitivos.
Segundo porque los principales pozos de petróleo se encuentran en países no democráticos y con dificultades para tener buenas relaciones con el mundo industrializado.
El dólar baja su cotización y el petróleo sigue subiendo. Occidente necesita los recursos y, de alguna manera, controla los principales sistemas políticos de Oriente Medio.
Pero a Hugo Chávez no lo controla. Y se encuentra con un personaje con ningùn escrúpulo político, un caudillo, que arroja petróleo al mercado a cambio de respeto político.
Este es, a mi juicio, el meollo de la crisis planteada por un demagogo como Chávez que en vez de argumentos se sirve del petróleo. La cumbre de la OPEC celebrada e Arabia Saudí ha sido tormentosa. Venezuela e Irán han intentado ahogar más al dólar.
La crisis política mundial es también una crisis energética que ha entrado en el campo del choque ideológico. Chávez puede construir una dictadura con la protección del petróleo.
viernes, noviembre 16, 2007
Un solo gobierno y tres sombreros
Un gobierno de coalición, bipartito, tripartito o pentapartito es bastante normal. Lo que no lo es tanto es que un gobierno tenga tres voces, tres sombreros, tres ideas sobre lo que el presidnete de un gobierno decide.
En el Parlament de Catalunya se ha votado una moción pidiendo la dimisión de la ministra de Fomento después del fiasco de la entrada del AVE en Barcelona.
Los socialistas no han votado a favor de la petición de dimisión de la ministra. Pero sí lo han hecho los republicanos y los de Iniciativa. Se han inventado la teoría de que una cosa es el gobierno y otra los partidos. Pero si los partidos forman parte del mismo gobierno no tiene sentido que en una cuestión mayor voten de forma distinta.
Un político que está en el gobierno no es normal que vote en contra de su presidente. Sí lo puede hacer. Pero presentando la dimisión primero. No hay dos sombreros para un conseller que está en el gobierno.
Pienso que hay motivos más que suficientes para que la ministra Magdalena Álvarez haga la maleta y vuelva a Andalucía. Pero no será porque se lo diga el parlamento de Catalunya sino porque el presidente del gobierno la cese.
Un conseller que vota en contra de su presidente piensa más en su clientela que en el gobierno para todos. No es prudente que siga de conseller.
Los argumentos de Iniciativa han sido frágiles. El conseller Saura se había comprometido votar con el presidente pero salió un portavoz de su partido diciendo que si los de Esquerra no votaban, ellos tampoco. Y punto.
Es una innovación política de gran calado. No creo que la copien las democracias occidentales.
En el Parlament de Catalunya se ha votado una moción pidiendo la dimisión de la ministra de Fomento después del fiasco de la entrada del AVE en Barcelona.
Los socialistas no han votado a favor de la petición de dimisión de la ministra. Pero sí lo han hecho los republicanos y los de Iniciativa. Se han inventado la teoría de que una cosa es el gobierno y otra los partidos. Pero si los partidos forman parte del mismo gobierno no tiene sentido que en una cuestión mayor voten de forma distinta.
Un político que está en el gobierno no es normal que vote en contra de su presidente. Sí lo puede hacer. Pero presentando la dimisión primero. No hay dos sombreros para un conseller que está en el gobierno.
Pienso que hay motivos más que suficientes para que la ministra Magdalena Álvarez haga la maleta y vuelva a Andalucía. Pero no será porque se lo diga el parlamento de Catalunya sino porque el presidente del gobierno la cese.
Un conseller que vota en contra de su presidente piensa más en su clientela que en el gobierno para todos. No es prudente que siga de conseller.
Los argumentos de Iniciativa han sido frágiles. El conseller Saura se había comprometido votar con el presidente pero salió un portavoz de su partido diciendo que si los de Esquerra no votaban, ellos tampoco. Y punto.
Es una innovación política de gran calado. No creo que la copien las democracias occidentales.
jueves, noviembre 15, 2007
Hacia dónde va Sarkozy
El presidente Sarkozy es un tipo que marca nuevas tendencias en Europa. Pienso que es muy pronto para emitir un juicio sobre hacia conduce Francia y qué tipo de Europa propone después de que fueran los franceses precisamente quienes hicieron descarrilar, junto con Holanda, el tren del Tratado sobre la Constitución Europea.
Sarkozy es liberal y a la vez proteccionista, es mediático y también realista. Ha roto la tendencia de las reticencias endémicas de Francia respecto a Estados Unidos y se ha presentado ante Bush como el general Lafayette, el militar francés que ayudó a George Washington a ganar la guerra de independencia contra Gran Bretaña.
El tópico salió a relucir en su fulgurante y glamorosa visita a la Casa Blanca resaltando que Estados Unidos y Francia nunca habían estado en guerra.
La primera gran huelga que ha desafiado la autoridad de su todavía corto mandato parece que la va superando cediendo un poco por aquí y por allá pero intentando salvar el principio de la autoridad presidencial. Sarkozy sabe los problemas que plantea a un presidente la Francia funcionarial y adomodada cuando un gobierno intenta arañar el estado del bienestar de las clases medias.
Es muy pronto para emitir un juicio sobre el fondo y las formas de la política Sarkozy. De lo que no hay duda es que ha conseguido sacudir a una sociedad que percibía que estaba cayendo a tumba abierta en la economía, en la influencia cultural en el mundo y en la autoestima. El presidente se ha puesto a correr en todas direcciones y su movimiento centrífugo podría ser digno del título de la novela de Graham Greene, “A journey without maps”, un viaje sin mapas pensando que por mucho moverse se llega a alguna parte.
La energía y la voluntariedad de Sarkozy tienen algo en común con Margaret Thatcher y con Tony Blair. Respecto a la dama de hierro parece querer emular su política de poner en cintura a los poderosos sindicatos. La comparación con Tony Blair es la de convertirse en el interlocutor más importante de Europa con Estados Unidos.
Soy muy partidario de establecer excelentes relaciones de la UE con Washington, sepultando y superando aquellas oblicuas definiciones acuñadas por el tandem Aznar-Rumsfeld en 2003, al iniciarse los bombardeos sobre Bagdad.
Pero si Blair fracasó al abrazarse en solitario a la decisiones de la administración Bush en la guerra de Iraq, algo parecido le podría ocurrir a Sarkozy si pretende ser el nuevo y principal socio de Washington en Europa pensando que los demás debemos seguir sus sendas aunque no estén del todo señaladas.
Un hombre que es consciente de la inevitable globalización de la economía no es prudente que lance avisos al Banco Central Europeo sobre cómo debe comportarse. Denuncia el capitalismo especulador, muy de acuerdo, y por otra parte, advierte que el proteccionismo no debería ser tabú en Europa. Su mensaje es un tanto contradictorio.
Publicado en La Vanguardia el 15 de noviembre de 2007
Sarkozy es liberal y a la vez proteccionista, es mediático y también realista. Ha roto la tendencia de las reticencias endémicas de Francia respecto a Estados Unidos y se ha presentado ante Bush como el general Lafayette, el militar francés que ayudó a George Washington a ganar la guerra de independencia contra Gran Bretaña.
El tópico salió a relucir en su fulgurante y glamorosa visita a la Casa Blanca resaltando que Estados Unidos y Francia nunca habían estado en guerra.
La primera gran huelga que ha desafiado la autoridad de su todavía corto mandato parece que la va superando cediendo un poco por aquí y por allá pero intentando salvar el principio de la autoridad presidencial. Sarkozy sabe los problemas que plantea a un presidente la Francia funcionarial y adomodada cuando un gobierno intenta arañar el estado del bienestar de las clases medias.
Es muy pronto para emitir un juicio sobre el fondo y las formas de la política Sarkozy. De lo que no hay duda es que ha conseguido sacudir a una sociedad que percibía que estaba cayendo a tumba abierta en la economía, en la influencia cultural en el mundo y en la autoestima. El presidente se ha puesto a correr en todas direcciones y su movimiento centrífugo podría ser digno del título de la novela de Graham Greene, “A journey without maps”, un viaje sin mapas pensando que por mucho moverse se llega a alguna parte.
La energía y la voluntariedad de Sarkozy tienen algo en común con Margaret Thatcher y con Tony Blair. Respecto a la dama de hierro parece querer emular su política de poner en cintura a los poderosos sindicatos. La comparación con Tony Blair es la de convertirse en el interlocutor más importante de Europa con Estados Unidos.
Soy muy partidario de establecer excelentes relaciones de la UE con Washington, sepultando y superando aquellas oblicuas definiciones acuñadas por el tandem Aznar-Rumsfeld en 2003, al iniciarse los bombardeos sobre Bagdad.
Pero si Blair fracasó al abrazarse en solitario a la decisiones de la administración Bush en la guerra de Iraq, algo parecido le podría ocurrir a Sarkozy si pretende ser el nuevo y principal socio de Washington en Europa pensando que los demás debemos seguir sus sendas aunque no estén del todo señaladas.
Un hombre que es consciente de la inevitable globalización de la economía no es prudente que lance avisos al Banco Central Europeo sobre cómo debe comportarse. Denuncia el capitalismo especulador, muy de acuerdo, y por otra parte, advierte que el proteccionismo no debería ser tabú en Europa. Su mensaje es un tanto contradictorio.
Publicado en La Vanguardia el 15 de noviembre de 2007
lunes, noviembre 12, 2007
Reir las gracias a un caudillo
Cuando las palabras de la Cumbre Iberoamericana de Chile queden sepultadas en las videotecas y después de que los humoristas se cansen de repetírnoslas por activa y por pasiva, quedará muy poco de esta decimoséptima reunión de los países de habla hispana y portuguesa, una iniciativa auspiciada por Felipe González y varios de sus homólogos de Latinoamérica que celebraron la primera cumbre en México en 1991.
Los objetivos de estas reuniones que se han venido celebrando anualmente desde entonces eran el de “permitir a los países de Iberoamérica y a sus interlocutores naturales en Europa dialogar sobre sus procesos respectivos de integración regional, sus desafíos en los noventa, y sobre la mayor manera de conjugar esfuerzos para alentar una cooperación más amplia y acrecentar intercambios que mantengan vivo y desarrollen, aún más, su acervo cultural común”.
En los años noventa América Latina salía de varias dictaduras militares y recuperaba el espíritu democrático que había dominado el continente una generación anterior. Siempre había existido la anomalía cubana pero Fidel Castro aprovechaba las cumbres para disparar contra Estados Unidos intentando cautivar la fraternidad latina. Eran tiempos en los que la guerra fría marcaba las agendas de la política internacional.
La novedad hoy es que el moribundo régimen de Castro no es una anomalía sino que se ha reproducido de forma inesperada y grotesca en Venezuela. Hugo Chávez ha inventado la revolución bolivariana agriando las relaciones entre ex colonizadores y ex colonizados echando cuanta más leña al fuego posible.
La diferencia entre entonces y ahora es que mientras España y Portugal han consolidado sus democracias con los parámetros europeos, Chávez intenta organizar una confederación de países que tienen en común su desafecto a las libertades de los individuos. Dice el presidente venezolano que ganó tres elecciones con el 63 por ciento de los votos. Las próximas pueden alcanzar más del 95 por ciento. No habrá oposición.
El poder absoluto le emborracha, ha perido el sentido de lo que es posible y quien amenace su autoritarismo haya que silenciarlo. En Venezuela, cabalgando sobre petrodólares, se vulneran los derechos humanos, se arrincona a la oposición y va camino de una larga dictadura. No entiendo por qué Aznar y Zapatero le han reído las gracias a este caballero. Los intereses no pueden auspiciar un régimen autoritario.
Los objetivos de estas reuniones que se han venido celebrando anualmente desde entonces eran el de “permitir a los países de Iberoamérica y a sus interlocutores naturales en Europa dialogar sobre sus procesos respectivos de integración regional, sus desafíos en los noventa, y sobre la mayor manera de conjugar esfuerzos para alentar una cooperación más amplia y acrecentar intercambios que mantengan vivo y desarrollen, aún más, su acervo cultural común”.
En los años noventa América Latina salía de varias dictaduras militares y recuperaba el espíritu democrático que había dominado el continente una generación anterior. Siempre había existido la anomalía cubana pero Fidel Castro aprovechaba las cumbres para disparar contra Estados Unidos intentando cautivar la fraternidad latina. Eran tiempos en los que la guerra fría marcaba las agendas de la política internacional.
La novedad hoy es que el moribundo régimen de Castro no es una anomalía sino que se ha reproducido de forma inesperada y grotesca en Venezuela. Hugo Chávez ha inventado la revolución bolivariana agriando las relaciones entre ex colonizadores y ex colonizados echando cuanta más leña al fuego posible.
La diferencia entre entonces y ahora es que mientras España y Portugal han consolidado sus democracias con los parámetros europeos, Chávez intenta organizar una confederación de países que tienen en común su desafecto a las libertades de los individuos. Dice el presidente venezolano que ganó tres elecciones con el 63 por ciento de los votos. Las próximas pueden alcanzar más del 95 por ciento. No habrá oposición.
El poder absoluto le emborracha, ha perido el sentido de lo que es posible y quien amenace su autoritarismo haya que silenciarlo. En Venezuela, cabalgando sobre petrodólares, se vulneran los derechos humanos, se arrincona a la oposición y va camino de una larga dictadura. No entiendo por qué Aznar y Zapatero le han reído las gracias a este caballero. Los intereses no pueden auspiciar un régimen autoritario.
sábado, noviembre 10, 2007
Los venezolanos no se merecen un tipo así
El factor humano en la política es como la gasolina para los automóviles. Si falta el nivel humano de las personas que se dedican a la función pública el sistema no funciona y los ciudadanos resultan muy perjudicados.
La cumbre iberoamericana de Chile ha puesto de relieve la precariedad humana de varios de los asistentes. Hugo Chávez no merece más comentarios que el de ser un energúmeno de la política. Un demagogo, un caudillo, un personaje que representa un serio peligro para los venezolanos a los que ha dejado sin libertad y para toda la región.
No voya defender , lo he atacado muchas veces, al presidente Aznar por su gestión al frente del gobierno de España en el segundo de sus mandatos. Su gestión fue muy negativa en política exterior y en la petulancia con que trató el terrorismo y los que no pensaban como él. Pero que Hugo Chávez se haya permitido llamarle fascista, me parece impresentable. Demuestra una gran ignorancia de las reglas de juego entre dos países.
Pero tampoco estuvieron a la altura el presidente Lula de Brasil y el todavía presidente argentino, Néstor Kirchner, sonriendo ante las groserías de Hugo Chávez.
Si la política liberal es detestada por muchos gobiernos latinoamericanos, es una opinión tan respetable como cualquier otra.
Pero llamar fascista a Aznar no es saber qué fue el fascismo. Quizás lo sabe Hugo Chávez demasiado porque él sí que lo practica en su país con la demagogia, con las modificaciones constitucionales para seguir en el poder hasta el fin de sus días, con fomentar en el continente unas políticas que perjudican seriamente la libertad de los ciudadanos.
Chávez acusa a la derecha española de golpista cuando, según dice, apoyaron un golpe contra Chávez. Pero Chávez ya había dado otro golpe.
Los venezolanos no se merecen a un tipo así.
La cumbre iberoamericana de Chile ha puesto de relieve la precariedad humana de varios de los asistentes. Hugo Chávez no merece más comentarios que el de ser un energúmeno de la política. Un demagogo, un caudillo, un personaje que representa un serio peligro para los venezolanos a los que ha dejado sin libertad y para toda la región.
No voya defender , lo he atacado muchas veces, al presidente Aznar por su gestión al frente del gobierno de España en el segundo de sus mandatos. Su gestión fue muy negativa en política exterior y en la petulancia con que trató el terrorismo y los que no pensaban como él. Pero que Hugo Chávez se haya permitido llamarle fascista, me parece impresentable. Demuestra una gran ignorancia de las reglas de juego entre dos países.
Pero tampoco estuvieron a la altura el presidente Lula de Brasil y el todavía presidente argentino, Néstor Kirchner, sonriendo ante las groserías de Hugo Chávez.
Si la política liberal es detestada por muchos gobiernos latinoamericanos, es una opinión tan respetable como cualquier otra.
Pero llamar fascista a Aznar no es saber qué fue el fascismo. Quizás lo sabe Hugo Chávez demasiado porque él sí que lo practica en su país con la demagogia, con las modificaciones constitucionales para seguir en el poder hasta el fin de sus días, con fomentar en el continente unas políticas que perjudican seriamente la libertad de los ciudadanos.
Chávez acusa a la derecha española de golpista cuando, según dice, apoyaron un golpe contra Chávez. Pero Chávez ya había dado otro golpe.
Los venezolanos no se merecen a un tipo así.
jueves, noviembre 08, 2007
Decir en voz alta lo que muchos piensan
Se acaba cumplir el centenario del nacimiento del periodista Josep Maria Planes, un catalanista liberal y cosmopolita de Manresa que tuvo la valentía de decir lo que pensaba en los momentos dramáticos que le tocó vivir. En mayo de 1936 escribió que “soy un periodista que, quizás, cometo la imprudencia de decir en voz alta lo que el 90 por ciento de los catalanes dicen en voz baja. Muchos amigos me han dicho que esta franqueza puede costarme cara”.
Fueron unas palabras tristemente proféticas ya que cuatro meses después, al comenzar la Guerra Civil, moría asesinado a los 29 años en la carretera de la Arrabassada por pistoleros de la Federación Anarquista Ibérica.
Aquello que Planes se atrevía a decir en voz alta era que la FAI era responsable del asesinato de los hermanos Badía, leridanos de Torregrossa, los dos militantes independentistas, uno de ellos, Miguel, jefe superior de los servicios de orden público de la Generalitat republicana que había actuado contra el pistolerismo anarquista de la época.
Planes había publicado en 1934 en La Publicitat ocho reportajes de denuncia del gangsterismo en Barcelona. Era un periodista valiente, independiente y libre que, junto con Avel·li Artís Gener, el recordado “Tisner”, habían investigado la actividad del anarquismo.
El centenario de su nacimiento ha sido recordado casi de pasada estos días. Aquellos trágicos tiempos quedan ahora muy lejanos a pesar de que se acaba de aprobar la ley del Memorial Democrático. Sería injusto que la memoria de aquel periodista comprometido con la veracidad de los hechos no fuera objeto de un recuerdo muy especial.
Afortunadamente, no vivimos tiempos tan convulsos como los de hace setenta años. El país prospera, trabaja y vive con una cierta ilusión la complicada cotidianeidad. La convivencia en la sociedad, sin embargo, no se corresponde con la tensión de la clase política, judicial y periodística.
La tesis de que una amplia clase media es el mejor antídoto para que no se repitan las tragedias del pasado, puede venirse abajo si desde los medios de comunicación y desde los partidos políticos sigue alimentándose el sectarismo que hace dos días señalaba en la Contra de este diario la corresponsal del Financial Times, Leslie Crawford.
El president Montilla hablaba ayer en Madrid del peligro de un alejamiento irreversible entre Catalunya y España. La desafección, el desapego que decía Felipe González, está creando un sentimiento de desamor mutuo y progresivo entre España y Catalunya.
Los separadores están ganando la partida. La racionalidad y el intento de que no se rompan los puentes han dado paso a una descalificación radical del adversario que no puede conducir a nada bueno. A los que no queremos el choque no nos va a ocurrir lo que le pasó a Josep María Planes. Pero recibiremos tortas de todas partes. Seremos considerados tibios porque no estamos en ninguno de los extremos.
Publicado en La Vanguardia el 8 de noviembre de 2007
Fueron unas palabras tristemente proféticas ya que cuatro meses después, al comenzar la Guerra Civil, moría asesinado a los 29 años en la carretera de la Arrabassada por pistoleros de la Federación Anarquista Ibérica.
Aquello que Planes se atrevía a decir en voz alta era que la FAI era responsable del asesinato de los hermanos Badía, leridanos de Torregrossa, los dos militantes independentistas, uno de ellos, Miguel, jefe superior de los servicios de orden público de la Generalitat republicana que había actuado contra el pistolerismo anarquista de la época.
Planes había publicado en 1934 en La Publicitat ocho reportajes de denuncia del gangsterismo en Barcelona. Era un periodista valiente, independiente y libre que, junto con Avel·li Artís Gener, el recordado “Tisner”, habían investigado la actividad del anarquismo.
El centenario de su nacimiento ha sido recordado casi de pasada estos días. Aquellos trágicos tiempos quedan ahora muy lejanos a pesar de que se acaba de aprobar la ley del Memorial Democrático. Sería injusto que la memoria de aquel periodista comprometido con la veracidad de los hechos no fuera objeto de un recuerdo muy especial.
Afortunadamente, no vivimos tiempos tan convulsos como los de hace setenta años. El país prospera, trabaja y vive con una cierta ilusión la complicada cotidianeidad. La convivencia en la sociedad, sin embargo, no se corresponde con la tensión de la clase política, judicial y periodística.
La tesis de que una amplia clase media es el mejor antídoto para que no se repitan las tragedias del pasado, puede venirse abajo si desde los medios de comunicación y desde los partidos políticos sigue alimentándose el sectarismo que hace dos días señalaba en la Contra de este diario la corresponsal del Financial Times, Leslie Crawford.
El president Montilla hablaba ayer en Madrid del peligro de un alejamiento irreversible entre Catalunya y España. La desafección, el desapego que decía Felipe González, está creando un sentimiento de desamor mutuo y progresivo entre España y Catalunya.
Los separadores están ganando la partida. La racionalidad y el intento de que no se rompan los puentes han dado paso a una descalificación radical del adversario que no puede conducir a nada bueno. A los que no queremos el choque no nos va a ocurrir lo que le pasó a Josep María Planes. Pero recibiremos tortas de todas partes. Seremos considerados tibios porque no estamos en ninguno de los extremos.
Publicado en La Vanguardia el 8 de noviembre de 2007
martes, noviembre 06, 2007
La democracia mediática y el espectáculo
Me permito insistir sobre el tema. Es muy positivo que el presidente Sarkozy haya rescatado a unos periodistas franceses y a unas azafatas españolas que estaban retenidos en Chad por un presunto delito de trasiego ilegal de niños. Si ha sido Sarkozy el que se haya detenido en Barajas para entregar a las azafatas españolas con el presidente Zapatero esperando al pie de la escalerilla, es irrelevante.
Lo que me interesa resaltar es que todo este espectacular rescate forma parte de un estilo de hacer política en el que la imagen cuenta mucho más que el fondo, es la metáfora más exacta de la democracia de opinión y de la política espectáculo.
Cuando el caso saltó por primera vez a los medios de comunicación, fue el propio Sarkozy quien se apresuró a condenar las adopciones ilegales de niños africanos. Luego aparecieronlos periodistas franceses , ¿no sabían los queridos colegas adónde iban? y las azafatas que se limitaron a cubrir un trayecto como tantos otros.
Se montó la operación rescate de personas que supuestamente no tenían nada que ver con lo que las autoridades chadianas consideran delito. Las de Chad y las de cualquier país. No se puede disponer de niños sin la autorización expresa de sus padres y vulnerando las leyes que deben velar por la dignidad y el respeto que merecen los menores.
Pero con África se atreve todo el mundo y muy especialmente las metrópolois europeas que en los dos últimos siglos arrebataron de sus colonias los recursos minerales, los bosques, lla explotación de sus habitantes y ahora se permiten transportar a más de cien niños de forma irregular.
Lo que cuenta es el viaje relámpago, intrépido, de Sarkozy que, de pasada, aprovechó para improvisar una breve rueda de prensa en la que su colega, el presidente Zapatero, no salía precisamente muy airoso al ponerse de relieve que la diplomacia española no consiguió ni siquiera entrevistarse con las máximas autoridades de Chad.
La operación mediática la protagonizó hace unos meses la entonces señora Sarkozy, Cécile, que en un viaje también relámpago consiguió liberar a unas enfermeras búlgaras retenidas en Libia por el régimen de Gaddafi. Un gran espectáculo para consumo de la opinión pública francesa y mundial.
La política es una profesión demasiado importante y noble, para dejarla en manos de actores que desempeñan un buen papel ante las cámaras sabiendo que los votantes reaccionan por lo que ven en televisión. Lo que cuenta es aparentar que se resuelven los problemas con una buena imagen. Fatal.
Publicado en La Vanguardia el 6 de noviembre de 2007
Lo que me interesa resaltar es que todo este espectacular rescate forma parte de un estilo de hacer política en el que la imagen cuenta mucho más que el fondo, es la metáfora más exacta de la democracia de opinión y de la política espectáculo.
Cuando el caso saltó por primera vez a los medios de comunicación, fue el propio Sarkozy quien se apresuró a condenar las adopciones ilegales de niños africanos. Luego aparecieronlos periodistas franceses , ¿no sabían los queridos colegas adónde iban? y las azafatas que se limitaron a cubrir un trayecto como tantos otros.
Se montó la operación rescate de personas que supuestamente no tenían nada que ver con lo que las autoridades chadianas consideran delito. Las de Chad y las de cualquier país. No se puede disponer de niños sin la autorización expresa de sus padres y vulnerando las leyes que deben velar por la dignidad y el respeto que merecen los menores.
Pero con África se atreve todo el mundo y muy especialmente las metrópolois europeas que en los dos últimos siglos arrebataron de sus colonias los recursos minerales, los bosques, lla explotación de sus habitantes y ahora se permiten transportar a más de cien niños de forma irregular.
Lo que cuenta es el viaje relámpago, intrépido, de Sarkozy que, de pasada, aprovechó para improvisar una breve rueda de prensa en la que su colega, el presidente Zapatero, no salía precisamente muy airoso al ponerse de relieve que la diplomacia española no consiguió ni siquiera entrevistarse con las máximas autoridades de Chad.
La operación mediática la protagonizó hace unos meses la entonces señora Sarkozy, Cécile, que en un viaje también relámpago consiguió liberar a unas enfermeras búlgaras retenidas en Libia por el régimen de Gaddafi. Un gran espectáculo para consumo de la opinión pública francesa y mundial.
La política es una profesión demasiado importante y noble, para dejarla en manos de actores que desempeñan un buen papel ante las cámaras sabiendo que los votantes reaccionan por lo que ven en televisión. Lo que cuenta es aparentar que se resuelven los problemas con una buena imagen. Fatal.
Publicado en La Vanguardia el 6 de noviembre de 2007
lunes, noviembre 05, 2007
Sarkozy y Zapatero, una comedia
Lo ha conseguido Sarkozy. Ha viajado en persona a la capital del Chad y ha rescatado a unos cuantos detenidos franceses y españoles por un oscuro y seguramente delictivo secuestro de menores, supuestamente refugiados de la guerra de Darfur.
Dicen que Sarkozy tiene admirado al mundo. A mí me preocupa este estilo tan mediático de hacer política. Me inquieta que el presidente de Francia actue como si no tuviera servicio diplomático. Que haya dedicado un domingo de su vida a rescatar a tres periodistas y a cuatro azafatas españolas.
Lo de menos, es lo que ha ocurrido con más de cien niños que han sido tratados como si fueran la mercancía de un negocio. Lo importante es aparecer en las televisiones de todo el mundo con una misión cumplida.
Una pregunta, ¿qué hacían los periodistas en la misión a Chad si se trataba de una operación clandestina? ¿No sabían las azafatas que el viaje a Chad era para trasladar menores de forma ilegal?
Da lo mismo. Sarkozy actua como un actor de Hollywood. Y la opinión pública mundial le aplaude. Vivimos tiempos frágiles, mediáticos, banales.
Tan banales que el presidente Zapatero le esperaba en la escalerilla del avión agradeciéndole el rescate de cuatro azafatas españolas. Zapatero también quería la foto. Pero, en su caso, no había hecho nada. Ni siquiera enviar a su ministro Moratinos a darse una vuelta por la zona.
Cuánta cobertura mediática por una cuestión menor. Cuánto ridículo para quien contemple la realidad con la cabeza fría. Sarkozy es un actor brillante. Zapatero ha hecho un triste papel.
Dicen que Sarkozy tiene admirado al mundo. A mí me preocupa este estilo tan mediático de hacer política. Me inquieta que el presidente de Francia actue como si no tuviera servicio diplomático. Que haya dedicado un domingo de su vida a rescatar a tres periodistas y a cuatro azafatas españolas.
Lo de menos, es lo que ha ocurrido con más de cien niños que han sido tratados como si fueran la mercancía de un negocio. Lo importante es aparecer en las televisiones de todo el mundo con una misión cumplida.
Una pregunta, ¿qué hacían los periodistas en la misión a Chad si se trataba de una operación clandestina? ¿No sabían las azafatas que el viaje a Chad era para trasladar menores de forma ilegal?
Da lo mismo. Sarkozy actua como un actor de Hollywood. Y la opinión pública mundial le aplaude. Vivimos tiempos frágiles, mediáticos, banales.
Tan banales que el presidente Zapatero le esperaba en la escalerilla del avión agradeciéndole el rescate de cuatro azafatas españolas. Zapatero también quería la foto. Pero, en su caso, no había hecho nada. Ni siquiera enviar a su ministro Moratinos a darse una vuelta por la zona.
Cuánta cobertura mediática por una cuestión menor. Cuánto ridículo para quien contemple la realidad con la cabeza fría. Sarkozy es un actor brillante. Zapatero ha hecho un triste papel.
jueves, noviembre 01, 2007
Políticos irresponsables, cafres
Los dos grandes políticos españoles no tienen suficiente en mangonear a la justicia, influir en sus nombramientos, presionar en sus decisiones, politizar a los jueces... Esto no les basta.
Una vez conocida la sentencia del 11-M se la han arrojado a la cara mutuamente, bruscamente, demostrando una vez más que las complicidades o, mejor dicho, la instrumentalización de la justicia es un peligro para la salud democrática de todos.
La sentencia dice lo que dice. El atentado no tuvo relación con ETA ni tampoco con la entrada de España en la guerra de Iraq. Mientras unos buscan al autor intelectual de la matanza, los otros arremeten con que el autor intelectual era el presidente Aznar.
Qué cafres. Dejen a la justicia en paz y no se sirvan de ella. Si el fallo del juez Gómez Bermúdez no es el punto final judicial, que se investigue de nuevo, que se pongan recursos, que se aporten nuevas pruebas.
Nadie tiene el más mínimo respeto por la verdad o por el fallo de una sentencia. El otro es el culpable, haga lo que haga y sea quien sea. Están jugando con fuego, con la buena fe de la mayoría de la gente, con el estado de derecho.
El ministro Pérez Rubalcaba no tiene porque hacer repetir nada a nadie. Y el portavoz de los socialistas estaría mucho mejor callado para evitar hacer el ridículo. Lo que ha dicho hoy me parece impresentable.
Pero los Acebes, Rajoyes, Zaplanas y compañía sólo tendrían que hacer una cosa. Revisar las hemerotecas y fonotecas para comprobar lo que han dicho en estos últimos años.Les caería la cara de vergüenza y si fueran decentes no volverían a hablar más sobre el tema.
¿No se dan cuenta que lo que nos preocupa a todos es que no se repita aquella matanza? No, no parece preocuparles. Quieren ganar las elecciones a golpe de sentencia en la frente del adversario. ¿Serán primarios?
Una vez conocida la sentencia del 11-M se la han arrojado a la cara mutuamente, bruscamente, demostrando una vez más que las complicidades o, mejor dicho, la instrumentalización de la justicia es un peligro para la salud democrática de todos.
La sentencia dice lo que dice. El atentado no tuvo relación con ETA ni tampoco con la entrada de España en la guerra de Iraq. Mientras unos buscan al autor intelectual de la matanza, los otros arremeten con que el autor intelectual era el presidente Aznar.
Qué cafres. Dejen a la justicia en paz y no se sirvan de ella. Si el fallo del juez Gómez Bermúdez no es el punto final judicial, que se investigue de nuevo, que se pongan recursos, que se aporten nuevas pruebas.
Nadie tiene el más mínimo respeto por la verdad o por el fallo de una sentencia. El otro es el culpable, haga lo que haga y sea quien sea. Están jugando con fuego, con la buena fe de la mayoría de la gente, con el estado de derecho.
El ministro Pérez Rubalcaba no tiene porque hacer repetir nada a nadie. Y el portavoz de los socialistas estaría mucho mejor callado para evitar hacer el ridículo. Lo que ha dicho hoy me parece impresentable.
Pero los Acebes, Rajoyes, Zaplanas y compañía sólo tendrían que hacer una cosa. Revisar las hemerotecas y fonotecas para comprobar lo que han dicho en estos últimos años.Les caería la cara de vergüenza y si fueran decentes no volverían a hablar más sobre el tema.
¿No se dan cuenta que lo que nos preocupa a todos es que no se repita aquella matanza? No, no parece preocuparles. Quieren ganar las elecciones a golpe de sentencia en la frente del adversario. ¿Serán primarios?
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