viernes, junio 29, 2007

La "buena salud" de la política catalana

Cuanto peor mejor, el tiempo lo resuelve todo, no hay años que cien años dure. Es una manera de contemplar la realidad.Otra forma es la del príncipe de Lampedusa cuando dice que todo cambie para que todo quede igual.

La política catalana goza de buena salud democrática. Es decir, está en crisis, que es el estado más propio de las democracias. Una crisis se supera, luego viene otra, es seguida por otra y así hasta el infinito.

La cuestión está en saber si la crisis está en la sociedad o en la clase política. De momento, parece que sólo habita entre los partidos que pugnan por encontrar discurso, posicionamiento, su razón de ser.

Empecemos por Esquerra Republicana. Carod Rovira, su presidente, está en el gobierno en calidad de vicepresidente pero consciente que le salen los enanos por todas partes.
Joan Puigcercós, secretario general, también conseller del gobierno, nos salió ayer con una interesante hoja de ruta para levantar el ánimo del país.

Como era de esperar su densa conferencia ha merecido el título en prensa diciendo que invitaba a los catalanes a manifestarse pacíficamente en Madrid para pedir lo que justamente nos corresponde.

Puigcercós dijo algo más. Lo más interesante me parece que fue la invitación a la sociedad, sin lamentos, a reivindicar la autoestima y la ilusión para hacer de Catalunya un país más libre y menos puro.

Joan Carretero encabeza otra facción, la purista, más partidaria de romper moldes que construir nuevas avenidas para que todos podamos circular con más fluidez y cómodamente.

El nacionalismo de CiU atraviesa una crisis de protagonismo. El debate de los últimos meses es si entra en un futuro gobierno de España, quién entrará, cómo se tomarán las decisiones, en definitiva, quién es el líder natural de una formación que ha gobernado el país durante 23 años.
Detecto tres corrientes en CiU.

La primera es la del entorno de Artur Mas que presenta un perfil liberal, elitista y conservador.

La segunda es la encabezada por Duran Lleida quien, desde Unió Democràtica, cree en la visión camboniana de participar en la gobernabilidad de España.

Hay otra, más minoritaria, que podría estar representada por Xavier Trias y Lluís Recoder que no se fija tanto en el partido sino en la sociedad a la que pretende servir. Me parece la más realista.

Los socialistas catalanes tiene varios problemas a pesar de acaparar casi todo el poder en Cataluña.

El primero es que dependen excesivamente del PSOE y no se deciden a formar grupo parlamentario propio en el Congreso de los Diputados.

El president Montilla es un hombre de gestión. Pero no ha elaborado todavía un discurso capaz de entusiasmar a la mayoría de catalanes.

El segundo es que el partido manda demasiado. No se han dado cuenta de aquella máxima de Tony Blair cuando dijo que “en vez de cambiar al país voy a cambiar el partido”.

El tercero es una corriente de socialistas catalanistas que empiezan a hablar de un nuevo socialismo, transversal, abierto a la sociedad, amplio. Ahí estarían el conseller Castells como representante del viejo “obiolismo” que no ganaba elecciones pero tenía discurso.

El Partido Popular de Cataluña está quieto. Josep Piqué piensa más en Madrid que en Barcelona. Fue ministro y aspira a volverlo a ser. Mantiene una indestructible fidelidad de su electorado.

Iniciativa Verds, la aglomeración de las distintas formaciones de izquierda, sigue pensando que puede cambiar el país sin alterar su discurso.

El problema de fondo lo expresaba hace unos días Ferran Mascarell hablando del viejo y nuevo catalanismo. Lo que ocurre, decía más o menos, es que el catalanismo quería transformar España y, ahora, lo que comprobamos es que España ya ha cambiado y en muchos aspectos ha superado a Cataluña.

Discursos del siglo XIX, políticas del siglo XX y desorientación en el siglo XXI. Pero esta desorientación se va a superar. Precisamente porque las crisis en democracia, siempre que no se olvide la libertad y la responsabilidad, se superan siempre.

miércoles, junio 27, 2007

La liturgia democrática británica

El debate sobre el legado de Tony Blair empezó ayer con el viejo ritual de cambio de primer ministro en un país que tiene también un sentido litúrgico en el funcionamiento de las instituciones. Un comentarista de la BBC decía con cierto orgullo que esto es “British politics at work”, así funciona la política británica en tiempos de relevo del jefe de gobierno.

La rapidez del proceso es vertiginosa. El movimiento de camiones de mudanzas en el número 10 de Downing Street se producía a media mañana con una puntualidad inexorable. Todos los objetos personales de la familia Blair eran cargados en el vehículo con la inevitable filmación en directo para todo el mundo.

Al mediodía salía Tony Blair hacia los Comunes sabiendo que era la última vez que cruzaba el umbral famoso como primer ministro. Una sesión de preguntas de poco más de media hora. Los temas eran los habituales, como si fuera un día cualquiera. La situación de la sanidad, la educación, la guerra en Iraq, el paro en el distrito de Sheffield... Respuestas instantáneas. Reconocimiento de toda la Cámara al papel de las tropas en Iraq que, paradójicamente, han precipitado el calendario de la retirada de Blair.

Ironías y bromas, grandes carcajadas y también el reconocimiento del recalcitrante Ian Paisley que ha contribuido a la paz en el Ulster. No era momento de ajuste de cuentas. Simplemente, se trataba de despedir con educación y dignidad a quien ha sido diez años primer ministro.

Vuelta a Downing Street y caravana clásica hacia el palacio de Buckingham, tan bien evocado por la película The Queen. Audiencia privada con la reina a la que le comunica su dimisión. Paralelamente, otro coche oficial atraviesa las calles más nobles de Londres, justo minutos después de que la comitiva de Blair ha salido de palacio y se dirige a su casa.

Llega Gordon Brown a palacio y la reina le encarga la formación del nuevo gobierno que se conocerá en las próximas horas. Todo en cuestión de minutos. Sale de Buckingham Palace y se dirige a Downing Street. Toda esta rancia ceremonia ha durado menos de tres horas.

Blair asume nuevas responsabilidades en Oriente Medio y Brown se queda con el reto de revitalizar el cansado partido laborista que ha de decidir cómo sale del embrollo de Iraq. La era Blair ha terminado con luces y sombras. Los conservadores de Cameron están al acecho

lunes, junio 25, 2007

La modernización del ejército español

Los seis soldados soldados españoles que encontraron la muerte en el sur de Líbano merecen los honores y reconocimineto que se destina a quienes defienden con su vida los intereses de nuestro país.

Los soldados representaban a la fuerza de pacificación de las Naciones Unidas. Tres de ellos habían nacido fuera de España, En Colombia. El ministro de Defensa se ha desplazado a Líbano para organizar personalmente la repatriación de los cadáveres. Son frecuentes las bajas de tropas españoles en misiones de alto riesgo en el extranjero. El número de muertos en Afganistán, Bosnia, Iraq, Kosovo, Líbano ... alcanza la cifra de 134. Vendrán más y experimentaremos más dolor y sufrimiento por los caídos.

Quisiera resaltar dos aspectos sobre este luctuoso suceso. El primero es que las tropas españolas en el extranjero no son agresivas sino conciliadoras y siempre actúan bajo las directrices de las instituciones internacionales.

La retirada de las tropas de Iraq, a la semana de haber ganado las elecciones el presidente Zapatero, fue una decisión precipitada pero comprensible si se tiene en cuenta que estaba en su programa electoral. La invasión de Iraq, además, no tenía la aprobación unánime de la comunidad internacional y estaba construida por lo que resultó ser una mentira sobre las armas de destrucción masiva que nunca se han encontrado.

La segunda consideración es el papel del ejército en la sociedad española moderna. Es un cuerpo muy disminuido desde el punto de vista del número de tropas pero, a la vez, es una institución que se atiende sobria y profesionalmente a las facultades que le otorga la Constitución. Es un ejército que obedece las instrucciones del gobierno democrático que suele encargar a un civil la dirección política de las Fuerzas Armadas.

Me interesa resaltar la extraordinaria y necesaria reforma del Ejército que puso en marcha el gobierno de Felipe González y ejecutada serenamente por el ministro Narcís Serra. Creo que es justo reconocer la labor del ministro Serra y también la de Lluís Reverter que supo hacer comprender a los interesados, con paciencia, humanismo y una gran sutileza, la necesidad de que el Ejército fuera exclusivamente una institución para servir a la sociedad y no para dirigirla con criterios de autoridad y proclamas militares.

Esta reflexión puede parecer innecesaria en los tiempos que corren cuando a nadie se le pasa por la cabeza que un golpe de estado o de fuerza pueda cambiar la voluntad mayoritaria de los españoles. El golpe de estado frustrado del 23 de febrero de 1981 cerraba un desgraciado ciclo de siglo y medio en el que los militares “ponían orden” cuando las peleas de la clase política hacían ingobernable el país que andaba rezagado y apartado de lo que debían haber sido sus socios naturales europeos.

Josep Fontana y Ramon Villares acaban de publicar una historia excelente del siglo antepasado que va desde la entrada de las tropas napoleónicas en España hasta la restauración de Cánovas del Castillo en 1875, con la restauración borbónica y monárquica, tras la frivolidad y exilio de Isabel II y la llegada de Alfonso XII, hijo de la reina exiliada aunque no se ha llegado a precisar quién era el amante de turno que le engendó.

Un siglo que fue dominado por cuatro espadones -Espartero, Narváez, O'Donnell y Serrano- que convirtieron al país en un impresentable laboratorio de golpes de estado y de intervenciones de fuerza del ejército. La experiencia militarista prosiguió con el general Primo de Rivera en 1923 y el general Franco en 1936 y casi los cuarenta años siguientes. Qué les voy a contar.

Un Estado ha de disponer de Fuerzas Armadas profesionales y bien dotadas. No para salvar a la patria sino para servirla allí donde establezca el poder civil.

La reforma en el Ejército no se dió en otros ámbitos, entre ellos, el de la Justicia. Se nota con frecuencia cómo algunos magistrados utilizan su posición, no para administrar justicia sino para hacer política.

viernes, junio 22, 2007

Unas palabras en Olot

Estuve ayer en Olot. Ciudad con mucha historia, vieja y modernista, señorial. Uno de los feudos del carlismo del siglo pasado. Viajar por el país el día del solsticio de verano es una experiencia breve pero muy rica.

Me invitaron a dar un discurso en el Instituto de la Coma del Bosc a los estudiantes que acaban su ciclo en el centro.

No les podía decir nada que no supieran. Hoy se sabe todo. Y los jóvenes saben mucho. No se trataba, por lo tanto, de largarles un sermón sobre lo que les esperaba en la vida. Les espera de todo.

Se me ocurrió hablarles de unos cuantos conceptos que me parecen interesantes. Les dije que en una sociedad informada como la nuestra, es más importante saber relacionar que saber muchas cosas sin tener la capacidad de situarlas en su contexto. El conocimiento es relación.

En una ciudad en la que vive y trabaja un 17 por ciento de inmigrantes les dije que tuvieran siempre respeto por la persona. Al margen de su etnia, de sus creencias, de su cultura. No se trata de ser tolerante sino de tener respeto al otro, sea quien sea.

Que no abandonaran el lenguaje, el poder de la palabra, el hablar con propiedad.

Que tuvieran criterio propio, después de relacionar sus conocimientos, tratar con las personas de su entorno, analizar el mundo de acuerdo con el pensamiento personal.

Seréis, les dije, lo que queráis ser. Pero con cuatro referencias que me parecen imprescindibles. Respeto a la verdad, promover la justícia, ser libres y ser solidarios.

Resumí mi planteamiento en dos cuestiones que me parecen básicas. Que fueran libres y responsables.

Al regresar a Barcelona en coche pensaba si les habían sido útiles mis palabras. No lo sé. A mí no me han ido mal a pesar de las muchas veces que no he podido actuar libremente o que no he sido responsable.

Muchas gracias a cuantos ayer tuvieron la delicadeza de felicitarme por ser el día de mi santo.

miércoles, junio 20, 2007

La facultad apocalíptica de pitar el final

Una revolución no se hace sobre el precio de las sandías. Así lo manifestó un día el ayatollah Jomeiny. Lenin, creo recordar, dijo aquello de que no puede hacerse una tortilla sin romper algunos huevos. El argumento de la violencia política o militar ha justificado muchos cambios dramáticos en toda la historia.

La Revolución Francesa pasó por la guillotina a muchas cabezas. Se cuenta que Robespierre ejecutó a una media de siete franceses diarios en los aproximadamente dos años que estuvo al frente del Comité de Salud Pública.

Han corrido ríos de sangre en todas las revoluciones que han sido precedidas o han coincidido con guerras internas y externas. Varios líderes del estado del Israel moderno fueron terroristas contra la ocupación británica de Palestina. Mao practicó la macabra afición de eliminar a los adversarios. Stalin, Hitler y Pol Pot están a la cabeza de la clasificación de criminales del siglo pasado.

En Argelia murieron más de un millón de personas en la guerra de liberación contra Francia hasta que De Gaulle concedió la independencia al país magrebí en 1962. Los terroristas del IRA o de ETA han sembrado de muertos a Gran Bretaña y España en los últimos cuarenta años.

El relato de la violencia política se remonta a la noche de los tiempos. Homero y Heródoto nos hablan de ella. César y Augusto también. Ha sido una violencia endémica en la que hemos convivido con sufrimiento por parte de muchos. Siempre se alcanzaba un punto de acuerdo y alguien pitaba el final del partido.

El árbitro salía de los Dioses del Olimpo, de los emperadores o los Papas, de los revolucionarios que mataban por una causa. O de las superpotencias.

La inquietante realidad que vivimos pone la facultad apocalíptica de pitar el final del partido al alcance del gran público, con la aparición de la bomba atómica de bolsillo que puede llevar cualquier joven en un maletín suicidándose matando a los demás.

El terrorismo globalizado siembra la muerte indiscriminada en Iraq, ha tomado la iniciativa, juega con los nervios de las poblaciones con el fin de que ellas mismas organicen su propia perdición y, convenientemente asustadas, obliguen a sus dirigentes a ceder, marcharse o plantar cara. Soy partidario de lo último. Pero no exclusivamente con la fuerza sino también con la inteligencia y el derecho, el poder blando y no sólo el poder duro.

lunes, junio 18, 2007

El efecto mariposa y la catástrofe previa

No pude acabar la visión de Babel, la película que estaba destinada a acaparar Oscars y se conformó con la mejor banda sonora en la edición de 2007. Trataba del efecto mariposa con tres historias que se desarrollaban en paralelo en México, Marruecos y Japón. Me fui antes de que terminara porque era excesivamente larga y ya presuponía el final.

Leo en una enciclopedia, la discutida Wikipedia, que el efecto mariposa es un concepto que hace referencia a la noción de sensibilidad a las condiciones iniciales de la teoría del caos. Su nombre proviene de un antiguo proverbio chino: “el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”.

Nada que ver con la teoría del caos hegeliana que, por mis rudimentarios conocimientos filosóficos, se refiere al mundo de las ideas que transforma las sociedades desde el caos.

El efecto mariposa se aparta de la idea de la naturaleza como una realidad mecánica y previsible. El vuelo de una mariposa inesperado puede causar grandes catástrofes naturales en el mundo.

La teoría no está probada del todo pero me sirve para aplicarla a la geopolítica del momento, especialmente a la situación de catástrofe previa que el terrorismo radical y nihilista, de procedencia islámica, está dibujando en el mundo.

El primer vuelo de mariposa sería, siguiendo la teoría, la revolución de enero de 1979 en Teherán, con la llegada del ayatollah Jomeiny de París, echando al Sha de Persia y proclamando la última gran sacudida revolucionaria del siglo pasado.

En casi treinta años, aquella llamada al universo musulmán para combatir los ideales occidentales ha tenido grandes consecuencias en el mundo. Ronald Reagan consiguió derrotar a los soviéticos en Afganistán adiestrando a jóvenes islámicos, entre ellos Osama Bin Laden, que más tarde se constituirían en un grupo violento y terrorista que acabaría perpetrando el atentado más sangriento y más devastador que han conocido Estados Unidos.

Aquel primer efecto mariposa costó la presidencia a Jimmy Carter que vió como eran abatidos en pleno desierto los helicópteros norteamericanos que iba a rescatar a los diplomáticos secuestrados en la embajada de Teherán.

Leo una entrevista de Ángeles Espinosa al rey Saud de Arabia Saudí, publicada ayer en El País, en la que el monarca dice que “tememos que los conflictos de Oriente Próximo provoquen un estallido mundial”.

El panorama es inquietante. Por muy desolador que sea el conflicto sectario en Iraq, con mezquitas destruidas, con chiítas que matan sunitas y al revés, con decenas de miles de soldados norteamericanos y británicos a la defensiva, con una guerra fratricida y, a la vez, contra la presencia de tropas extranjeras en Mesopotamia, el conflicto global planteado por Al Qaeda está amenazando la estabilidad en Oriente Próximo con sus fantasás nihilistas que se extienden sanguinariamente entre los palestinos, en Líbano, Afganistán y la propia Arabia Saudí. Otros grupos jihadistas han sido detectados y capturados en aquellos países con buenas relaciones con Occidente como son Egipto, Argelia, Marruecos y Jordania.

Tiene motivos el rey de Arabia en estar preocupado por el efecto mariposa de este fenómeno que apunta hacia Occidente pero que su prioridad está en hacer saltar por los aires los gobiernos pro occidentales de la zona para poder hacerse fuertes desde posiciones instransigentes y reaccionarias.

Disponen de su propia bomba atómica que puede resumirse en la lógica de los suicidas: si tu propia vida merece sacrificarse, la de los demás también. No lo entendemos y, lo que es peor, no sabemos cómo combatir esta particular cultura de la muerte.

viernes, junio 15, 2007

Todos somos inmigrantes

La inmigración y el cambio climático son dos vectores que van a cambiar la vida de los europeos. También del mundo. Cuando millones de personas empiezan a moverse, a abandonar sus territorios en busca de nuevos horizontes vitales, es una señal de éstosna nueva corriente de fondo va a cambiar la forma de vida y la estructura de las instituciones.

La inmigración puede plantear muchos problemas. Pero es una solución al bajo crecimiento demográfico de sociedades como la catalana, española o europea que han alcanzado un alto nivel de bienestar.

Quiero referirme a los criterios expuestos por el doctor Salvador Cardús, sociólogo, en la exposición sobre la inmigración en el Museo de la Ciencia de Terrassa. Estoy de acuerdo con sus fundamentos argumentales. Son estos:

CATALUNYA ES UN PAÍS DE INMIGRACIÓN. Forma parte de su particular modelo de crecimiento demográfico histórico.

TERRASSA NO ES UNA EXCEPCIÓN SINO UN CASO EJEMPLAR DE ESTE MODELO. Cada generación en el siglo XX ha visto como su población se doblaba.

EL CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO ESTÁ ASOCIADO A LA IDEA DE PROGRESO. No es así en todas partes. Pero la inmigración en Catalunya ha propiciado el crecimiento económico, industrial, de los servicios y de la construcción.

TODO PROGRESO COMPORTA TENSIONES SOCIALES. LA INMIGRACIÓN TAMBIÉN. Pero no para destruir nada sino para incorporar nuevas actitudes, nuevos valores que cambian los propios pero también los enriquecen.

NO SOMOS INMIGRANTES PARA SIEMPRE. La condición de inmigrante es circunstancial y cuando se llega a un nuevo entorno se adquiere una nueva ciudadanía. Se deja de ser inmigrante.

NO NOS HEMOS DICHO A LA CARA QUE TODOS SOMOS O HEMOS SIDO INMIGRANTES. Los inmigrantes de otros tiempos nos han hecho como somos. La foto fija no existe.

SI TODOS SOMOS INMIGRANTES, NADIE LO ES. La sociedad catalana de hoy no tiene nada que ver con la de hace medio siglo. Para el bien de todos.

ACEPTAR NUESTRA CONDICIÓN ORIGINAL DE INMIGRANTES NO NOS ABOCA A UN FALSO COSMOPOLITISMO. Al contrario, es el reconocimiento de nuestra propia especifidad que nos permitirá universalizar nuestra particularidad.

Totalmente de acuerdo. La idea de que hay que pensar globalmente y actuar localmente habría que cambiarla por la de pensar localmente y actuar globalmente. Es la mejor fórmula para no perder la identidad.

miércoles, junio 13, 2007

Política, periodismo y libertad

No hay manos inocentes en la política ni en el periodismo. Ni en la judicatura ni en el mundo de las empresas. Manos limpias hay muy pocas. El martes, los medios de comunicación sufrimos severas críticas desde tres frentes.

Los ministros del Interior de la Unión Europea se quejaron del tratamiento de la prensa al fenómeno de la inmigración. La fiscal Olga Sánchez, en sus valoraciones finales en el juicio del 11-M, fue desautorizada por el juez Bermúdez cuando la jurista la emprendió contra aquellos que han alimentado la teoría de la conspiración diciendo que “quizás aprobaron la carrera de periodismo pero no tienen la altura ni la grandeza de una profesión tan importante en una democracia”.

La tercera píldora nos la suministró el saliente primer ministro Tony Blair que acusó a los medios de actuar como “bestias salvajes”. Si los medios solemos criticar a cualquier personaje o institución con proyección pública, es natural que se nos lea la cartilla por parte de quienes se sienten perjudicados por la hiperactividad de la prensa. Son las reglas de juego.

Los medios se guían por la necesidad de impactar y actúan como hordas depredadoras, se lamentó Blair en uno de sus muchos mensajes de despedida. No lo voy a negar ni tampoco pretendo que el periodismo esté por encima del escrutinio de la opinión pública de la que pretendemos ser fieles servidores.

Tony Blair admite que el “nuevo laborismo” puede tener su parte de culpa cuando hace diez años puso en marcha una sutil seducción de los medios. Rupert Murdoch, con su poderosa influencia global, se puso a su servicio en las tres elecciones que ganó. Sarkozy aprendió la lección en Francia. Así lo comprobamos a diario en todas las democracias occidentales. La connivencia entre los medios y los poderes públicos es muy nociva para las libertades individuales y para la percepción de la realidad con un mínimo de veracidad objetivable.

El periodismo vive en medio de una imperfección congénita. Pero los poderes públicos, reales o fácticos, también. Quien esté libre de culpa que arroje la primera piedra. Nadie estará en condiciones de lanzar el primer pedrusco.

El verdadero peligro está, a mi juicio, en confundir los medios con los fines. No vale todo para obtener un objetivo por noble y respetable que sea. Una mentira es una mentira y una trampa es una trampa. Vivimos tiempos globales de superficialidad, de apariencias y de impactos. De pensamiento rápido. Tiempos frágiles.

martes, junio 12, 2007

No hay soluciones definitivas

Estamos donde estábamos respecto a cómo enfrentarnos a ETA. Mucha táctica, escasa estrategia y prácticamente sin ideas nuevas. O negociar o derrotar a la organización terrorista. No hay alternativas. Como si en 40 años no hubiera ocurrido nada o como si la foto fuera la del primer asesinato de la banda terrorista.

Me he acordado de un libro importante que leí hace años. Lo escribió Isaiah Berlin y se titulaba "Cuatro ensayos sobre la libertad". No hay peligro alguno que Zapatero o Rajoy conozcan el texto. Dudo que la cúpula de los demás partidos lo hayan leído. Los etarras no deben saber de su existencia.

Dice Berlin que cada situación requiere sus propias medidas epecíficas, ya que, como dijo Kant, del fuste torcido de la humanidad nunca ha salido nada derecho.

Lo que esta época necesita no es más fe, una dirección más severa o una organización más científica, sino, por el contrario, menos ardor mesiánico, más escepticismo culto, más tolerancia con las idiosincrasias, medidas ad hoc más frecuentes para lograr los objetivos en un futuro previsible, más espacio para que los individujos y las minorías cuyos gustos y creencias encuentran poca respuesta entre la mayoría puedan alcanzar sus fines personales.

Esto es lo que se puede llamar respeto. Respeto al otro, a sus ideas, a sus circunstancias, siempre y cuando el respeto sea mutuo. Sin el respeto a la alteridad, dice Habermas, no se puede avanzar en la convivencia.

Encuentro en el debate que nos ocupa un exceso de pasión, de partidismo, de inmovilismo.

Hacde falta en estos tiempos una aplicación menos fanática y mecánica de principios generales, por muy racionales y correctos que sean, una aplicación más cauta y menos orgullosamente segura de sí misma, de soluciones generales probadas científicamente en los casos individuales que no se hayan examinado.

No hay matices ni claro oscuros. Nos movemos en el blanco y negro. Y nada más.

Sabemos que Talleyrand era un inmoral. Lo mismo se podría decir de Maquiavelo. Uno de los principios del superviviente de la Revolución Francesa era "surtout pas trop de zèle", sobre todo no demasiado celo". Es una inmoralidad pero puede ser más humano que la exigencia de uniformidad del "virtuoso" Robespierre que mientras estuvo en el poder cortó la cabeza a una media de siete franceses cada día.

Dice Berlin que "debemos obedecer a la autoridad no porque sea infalible, sino únicamente por razones estricta y abiertamente utilitarias, como un medio necesario. Como no se puede garantizar que ninguna solución esté libre de error, ninguna disposición es definitiva".

Recomiendo esta reflexión a Mariano Rajoy. Pero también al presidente Zapatero.

domingo, junio 10, 2007

La puntualidad de la siega

Como un cuadro de Millet o un lienzo de Van Gogh. Es el festival del amarillo en sus diversas extravagancias. Nada hay más pleno que la siega en los campos de secano. Ha llegado el tiempo. Sólo hace quince días que los sembrados se dejaban mecer por el viento de oriente y de poniente, del norte y del sur.

Formaban extensas sábanas que ondulaban acariciadas por el siempre cambiante tiempo de la primavera tardía. Lluvias esporádicas, tormentas que descargaban granizos caprichosamente, tardes tostadas por el sol que todo lo tranquiliza.

Las espigas llevan semanas con el cuelo torcido. El grano está formado. Se hincha en algunos momentos. Si el sol calienta de forma rabiosa trunca toda la cosecha. Una espiga que mira hacia el cielo, ergida, solitaria y blanca es señal de esterilidad.

Las grandes bancaladas esperan la cosechadora que todo lo arrasa. La cizaña y el buen trigo. La mies se convierte en rastrojo por el simple paso de la máquina que deja el campo con una homogeneidad sorprendente. Las familias de perdices escapan a las navajas que marca el remo de la cosechadora. Huyen a una velocidad pasmosa. La pareja es seguida por una docena de infantiles perdices que es imposible atrapar.

El sol cae con rabia. El aroma de paja recién cortada marca la inminente llegada del verano. El trigo marcha hacia los graneros. Los grillos insisten en su canturreo eterno. Parece que no llegará nunca la breve noche del estío. El día es interminable.

Todo rezuma fertilidad. Los albaricoques se vuelven rosados. Los viñedos trabajan noche y día. Los racimos apuntan la uva del mes de septiembre. Los olivos se desprenden de la flor y se quedan con las aceitunas que descansadas y desperdigadas por las ramas producirán el aceite del mes noviembre.

La hierba, la mala y la buena, es toda igual. Está seca y no volverá a brotar. El amarillo va ganando la partida definitiva a los verdes primaverales.

Es el tiempo de la siega, el más largo del año, el más ufano, el más productivo. Las cigarras cantan desde no se sabe dónde. No paran. Son las vigías inevitables de los veranos del secano.

Y así cada año, cada generación, cada siglo, cada era, todas las civilizaciones. Es lo permanente, la perfección de la naturaleza, la rendición de cuentas consigo misma. No lo alteran ni las guerras, ni las revoluciones, ni los tripartitos, ni ETA, ni el terrorismo internacional.

Quien no sabe de estos ritmos, de estas puntualidades eternas, de este comportamiento perfecto, no puede entender la complejidad de la vida. Quien no sabe lo que hay detrás de un roble centenario se pierde lo más importante, decía Goethe desde Weimar.

jueves, junio 07, 2007

No hay vacío en Europa Central, está la UE

Una Europa central fuerte es un requisito previo para la estabilidad europea. Así lo manifestó el príncipe de Metternich hace casi dos siglos al reorganizarse Europa después de las guerras napoleónicas. Una Europa central débil fue la tentación próxima en el siglo pasado de Alemania y Rusia para llenar el vacío de naciones que recuperaron su identidad después de la Gran Guerra pero que no tenían fuerza propia para defenderse.

Una de las decisiones más generosas y más inteligentes de la Unión Europea ha sido la de acoger en su seno a las naciones que durante medio siglo habían estado bajo el control político y militar de la Unión Soviética. En épocas anteriores habían estado bajo el imperio de los Habsburgos y parcialmente del Otomano. Lituania, Hungría, Chequia y Eslovaquia, entre otros, forman parte de la Europa histórica y cultural.

Aunque su incorporación en la UE se haya producido con déficits económicos y democráticos, ha valido la pena llenar un espacio que la Rusia de Putin puede tener tentaciones de influir excesivamente sobre países que ha controlado en un tiempo muy reciente. Alemania, europeizada sin matices, no es afortunadamente ningún peligro.

En este sentido es sorprendente que Estados Unidos, con la aprobación de la OTAN, haya decidido instalar escudos antimisiles en Polonia y Chequia para defenderse de posibles ataques nucleares de Irán y Corea del Norte. ¿No había otros parajes para este despliegue defensivo?

No es preciso insistir en la deficiente democracia de la Rusia de Vladimir Putin. Pero tampoco hay que olvidar que la política europea y la del mundo pasa necesariamente por Moscú cuya importancia planetaria ha sido patente desde los tiempos en los que Metternich intentaba reordenar Europa.

Putin ha interpretado este paso en la política de defensa occidental como una amenaza a su propio territorio. Su reacción ha sido simple pero categórica. Ha amenazado con dirigir sus misiles, que los tiene aunque sean anticuados, hacia ciudades europeas. Bush le ha apaciguado invitándole a que participe, con sus generales y sus científicos, en esta operación defensiva. La guerra fría se ha superado, ha dicho.

Pero sería un error volver a situar a Europa central en el epicentro de futuras crisis mundiales. Es de esperar que este y otros temas sean superados en la cumbre del G-8 que se celebra en Alemania.

lunes, junio 04, 2007

Elecciones que cambian el panorama

No es prudente menospreciar el valor de unas elecciones. Ya sean municipales, autonómicas o generales. Las urnas siempre envían señales a medio y largo plazo aunque aparentemente todo siga igual. La gran abstención que se registró en las municipales y autonómicas del pasado 27 de mayo en España contrastó con la alta participación en las presidenciales francesas tres semanas antes.

Las derechas ganaron las elecciones municipales del 12 de abril de 1931. Pero las grandes ciudades votaron a favor de partidos republicanos. Dos días después aquellos comicios municipales aconsejaron a Alfonso XIII a abandonar España por el puerto de Cartagena al tiempo que se proclamaba la II República. Nada de eso ocurrió hace quince días.

Pero los resultados han tenido consecuencias imprevistas. La primera y más importante es la sacudida que las urnas provocaron en la Federación Socialista madrileña, donde históricamente se han fraguado muchas de las batallas políticas que más tarde han tenido una gran repercusión política en toda la península.

El candidato a la alcaldía de Madrid, Miguel Sebastián presentó la dimisión y ayer lo hizo el secretario general de la Federación, Rafael Simancas, después de despachar urgentemente con el presidente Zapatero.

Las municipales han provocado una crisis en el que parecía inamovible tripartito del ayuntamiento de Barcelona, han deteriorado la solidez del gobierno catalán y han hecho aflorar las diferencias en el seno de la federación de CiU, al comprobarse que un candidato considerado con poco carisma, Xavier Trias, fuera el único que aumentara su representatividad en el consistorio barcelonés. El partido debe de haber tomado nota.

Lo que ha ocurrido en Esquerra Republicana es bien conocido. El sector crítico encabezado por Carretero pide un congreso extraordinario para desbancar la cúpula del partido y en muchas ciudades en las que la reedición del tripartito de izquierdas parecía lógica, se están revisando los planteamientos.

El candidato Mas acudió al notario días antes de las últimas autonómicas solemnizando que no establecería pactos con el Partido Popular. La voluntad que cuenta ante notario no es la penúltima sino la última.

Mariano Rajoy, que ha visto cómo se le revoloteaba el gallinero popular madrileño, anunbcia moderación y ha tendido la mano a CiU en caso de que les necersitara para formar gobierno después de las próximas generales y tanto Mas como Duran no han despreciado tal posibilidad.

La victoria de Sarkozy en Francia puede tener más consecuencias que las previstas. Si su partido gana las legislativas de este mes de junio, que es lo más probable, las decisiones de Sarkozy tendrán gran repercusión en el desatasco institucional de la Unión Europea y también en las relaciones entre Europa y Estados Unidos.

Tanto Chirac como Schröder plantearon a Europa como un contrapeso a la hegemonía de Estados Unidos. Lo que se perfila desde el Elíseo de Sarkozy y la cancillería de Merkel es el fortalecimiento de la alianza atlántica con el argumento de que el adversario no es Estados Unidos sino la Rusia de Putin que no ha abandonado la idea de volver a tener influencia en tantos estados que hasta hace bien poco formaban parte de la Unión Soviética.

La energía, Kosovo y el futuro de los países de Europa central que forman parte de la Unión Europea aconsejan a mirar con cierta desconfianza hacia el Kremlin y volver a construir la sintonía con Washington cuando los republicanos de Bush no estén en la Casa Blanca y no tienen mayoría en el Congreso

domingo, junio 03, 2007

Saber de dónde venimos

Acabo de leer la historia de España del siglo XIX, dirigida por Josep Fontana y Ramón Villares. Irónicamente es la época del liberalismo, la que va desde la entrada de las tropas de Napoleón en 1808 hasta el último de los golpes de estado de 1874 que trajo la Restauración borbónica con Alfonso XII, dispuesto a lavar toda la ropa sucia que dejó su madre Isabel II en sus mangoneos palaciegos.

Me ha apenado saber de dónde venimos pero, a la vez, me ha alegrado saber dónde estamos. Crisis, lo que se dice crisis, eran aquellas que se saldaban con los ejércitos, con golpes de estado, con exilios políticos masivos, espadones como Espartero, Narváez, O'Donnell y Serrano.

En 1855 había en España más de seis mil pueblos sin escuela, en 1858 existían 53 institutos de enseñanza media, con diez mil estudiantes. Diez universidades con poco más de 6.000 alumnos. En Oviedo y Salamanca no sobrepasaban los cien universitarios en sus cuatro facultades.

Se preguntan los autores en el balance final del libro "¿qué se podía esperar de bibliotecas provinciales como la de Bilbao, con un total de 854 volúmenes, la de Santander, con 610, la de Segovia con 194 o la de Huelva con tan sólo 60 volúmenes impresos?".

El siglo, desde Bonaparte hasta Alfonso XII, arroja un balance de unos quince años de intentos democratizadores contra 66 de contrarevolución.

Se observa con tristeza que en el XIX la libertad no pudo abrirse paso. Por la miseria general y por la ignorancia rampante en todos los ámbitos.

El gran avance que ha conocido el país en estos últimos treinta años, el período más prolongado de libertades en la historia de España, es el crecimiento de las clases medias y, por encima de todo, la extensión de la educación.

El ejército desarrolla tareas muy importantes en el mundo y es impensable que decida la política de hoy. Estamos en la Unión Europea y es imposible que las libertades retrocedan.

Pero no hay que perder de vista las barbaridades que todos cometieron, cometimos, en los dos siglos anteriores. Sólo para no volver a repetirlas.

viernes, junio 01, 2007

Condoleezza Rice en Madrid

Condoleezza Rice ha llegado a Madrid. La secretaria de Estado de la administración Bush es el más alto cargo que visita España desde que Rodríguez Zapatero llegó a La Moncloa.

Las relaciones políticas entre Washington y Madrid han sido tensas desde que el gobierno español decidió la retirada de las tropas que el presidente Aznar envió a Iraq sin escuchar a la opinión pública. Tampoco a todos los grupos parlamentarios.

Zapatero cumplía una promesa electoral aunque la rapidez en que anunció su decisión desconceretó a la administración americana. Podía haber esperado tres meses, hasta cumplirse el compromiso por el gobierno anterior.

Pero la presencia de tropas españolas en Iraq no tenía sentido. La guerra tampoco porque estaba construida sobre una mentira.

Bush no se lo perdonó. Especialmente en los primeros años de la guerra cuando no se había hecho evidente la magnitud de la catástrofe propiciada por el trío de Las Azores.

Las relaciones entre España y Estados Unidos siguieron ralentizadas. Zapatero y su ministro Moratinos han intentado normalizarlas y promover una visita del presidente español a Washington. No ha sido posible.

Ahora llega Condoleezza Rice para intentar reconducir la situación. Aquella indiscutible alianza de Aznar era exagerada y contraproducente. Pero mantener relaciones normales con Estados Unidos, al margen de quien sea su presidente, debe ser una prioridad de cualquier gobernante europeo.

Chirac, por ejemplo, lideró la oposición a la guerra desde Europa. Pero Francia ha seguido teniendo su peso en el mundo. Zapatero se alejó de Bush pero no buscó el contrapeso necesario para mantener la influencia en Europa.

Con todos los matices que se quiera, la política exterior del gobierno Zapatero es una asignatura suspendida. Con Sarkozy, Merkel y Blair ha mantenido el trato imprescindible. Su política en América Latina ha llevado a vender armas a Venezuela, a dialogar con Castro sin tener presente a la oposición que está en la cárcel y a renunciar a ser una referencia en el continente latinoamericano.

Zapatero ha viajado poco y no ha priorizado la política internacional, tan necesaria en estos tiempos globalizados. No hay que reverenciar a Bush como hizo ridículamente el ministro Piqué en el aeropuerto de Madrid. Pero tampoco se puede actuar como si Estados Unidos no tuvieran un papel principal en el mundo.