miércoles, junio 29, 2005

La civilización europea

La civilización europea se ha proyectado en el mundo exportando los conceptos de la filosofía griega, el derecho romano y la religión de Israel. Paul Valéry sitúa estos tres pilares en la base de la cultura europea, mientras que un olvidado filósofo como Zubiri se refiere a ellos como la creación más grande del espíritu humano.

Una de las razones por las que Europa se configura como el centro del mundo a partir del siglo XVI es porque cada persona pasó a ser el sujeto de su propia historia. Un amigo mío notario me ilustra siempre diciéndome que esta realidad fue abriéndose paso cuando el hombre dejó de depender del rey y empezó a decidir él mismo, hasta el punto de que podía cambiar de dirigentes cuando lo consideraba oportuno poniendo los fundamentos de la democracia moderna.

Europa ha sido un espacio en el que las personas han sido libres desarrollando todas sus capacidades como sujetos irrepetibles y únicos de su propia historia. Hay que decir también que Europa ha exportado intereses nacionales, guerras, enfrentamientos entre terceros, formas impresentables para fomentar las luchas que nacían de la batalla por la hegemonía en el continente europeo.

Hemos aprendido mucho, aunque también hemos olvidado casi todo. El éxito lo hemos aprendido del fracaso para volver a fracasar y seguir intentándolo para que de cada crisis saliera una nueva oportunidad designada a sufrir un nuevo fracaso. La historia de Europa es la del miedo a no cometer nuevos errores.

Viendo en directo al presidente Bush intentando convencer a los norteamericanos de que la fuerza empleada en Iraq será beneficiosa para los iraquíes y para Estados Unidos, me temo que esta vía para democratizar el mundo con un ejército todopoderoso se va a estrellar en Oriente Medio. Bush ha recurrido al poder duro y se ha olvidado del poder blando, una expresión acuñada por Joseph Nye, que tantos resultados dio a Estados Unidos en el siglo pasado.

La vía europea es más comprensible y más adaptable a las circunstancias. Europa ha pasado de ser una incubadora de guerras mundiales a una correa de transmisión de la paz y la democracia. Europa ha escogido la legalidad internacional, el derecho, y se ha olvidado de los ejércitos.

En estos momentos de pesimismo ambiental conviene recordar estas ideas que convierten a la Unión Europea en el modelo más atractivo que circula por el mundo. A los muy pesimistas les recomiendo el libro de Mark Leonard "Por qué Europa liderará el siglo XXI." Editado por Taurus.

martes, junio 28, 2005

El fiasco de Iraq

Hace un año que las tropas que ocuparon Iraq traspasaron el poder a los iraquíes. Hace seis meses se celebraron elecciones con una participación espectacular. Millones de iraquíes arriesgaron sus vidas para designar un parlamento que tendria como objetivo la formación de un gobierno y la redacción de una nueva constitución.

La democratización de Iraq fue diseñada por la administración Bush que se ha propuesto implantar las libertades en Oriente Medio. Pero la democracia no ha llegado al país gobernado dictatorialmente por Saddam Hussein.

Mil seiscientos soldados americanos han perdido la vida. Más de treinta mil iraquíes han caído como consecuencia de las acciones militares o víctimas de la violencia y el terrorismo de grupos de insurgentes.

El goteo de muertes no se interrumpe. Los iraquíes no viven más tranquilos hoy que antes de la guerra. Antes había una dictadura sangrienta pero hoy hay insurgentes y terroristas que privan de libertad a los iraquíes.

El presidente Bush atraviesa el peor momento de popularidad de los dos mandatos. Hoy aparecerá rodeado de soldados para convencer a los americanos que su decisión fue la correcta y que, al final, sus objetivos serán alcanzados.

Pero la realidad es tozuda. Imponer la democracia con un ejército poderoso no suele tener éxito. Se consiguió en Alemania y Japón a partir de 1945 pero aquella era una guerra provocada por Hitler que quería dominar el mundo imponiendo su perversa ideología.

Se olvidó la verdad y el derecho a la hora de declarar la guerra y se construyó una mentira sólida. El resultado es que Iraq no está pacificado, en Irán ha ganado el más radical de los candidatos, Pakistán es un polvorín y las monarquías del Golfo están más inseguras hoy que hace cuatro años.

En Washignton se habla de establecer contactos con la insurgencia para buscar una salida. Incluso se ha pensado en recurrir al dictador Saddam Hussein, prisionero y con un sumario abierto, para buscar una posible pacificación.

Aquel entusiasmo de Ronald Rumsfeld cuando Bagdad recibía cientos de cohetes se ha desvanecido. La intervención en Iraq, hasta ahora, ha sido un fiasco.

lunes, junio 27, 2005

El fiscal Rubira y Guantánamo

El fiscal Pedro Rubira ha sido audaz en el informe final de conclusiones sobre los 24 acusados de integrar la célula de Al Qaeda que fue desarticulada en España tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.

Ha pedido a la Audiencia Nacional una "sentencia ejemplar" porque se trata de un juicio que "no sólo afectará a España sino al mundo, que os contemplará cuando dictéis sentencia".

No soy partidario de las sentencias ejemplares. Me conformo con la aplicación de la ley. Tampoco encuentro pertinentes las valoraciones del fiscal Rubira sobre las distintas formas de luchar contra el terrorismo. Se refería a los campos de detención como la base militar norteamericana de Guantánamo. Lo que hay que hacer, dijo, es juicios de este tipo en los que el Estado de Derecho se fortalece.

Me produce una gran repulsión jurídica, política y humana lo que ocurre en la base militar de Guantánamo. El presidente Bush no ha tenido en cuenta las convenciones de Ginebra sobre el trato a prisioneros de guerra que Estados Unidos han firmado. Ha abusado de su fuerza y ha provocado una ola de indignación en la comunidad musulmana mundial. Los presos han sido tratados indignamente. Muy mal y muy deprimente.

Pero el fiscal Rubira tendría que reservarse sus juicios al terminar las conclusiones del caso que afecta a la red de terroristas conectados con Al Qaeda desde España. Que pida la aplicación de la ley, en el grado máximo si así lo considera, pero que se ahorre valoraciones internacionales.

Para esto ya están los políticos, la opinión pública y los agentes sociales. Un fiscal debe limitarse a la valoración penal de los delitos que se juzgan. Así son las reglas del Estado de Derecho.

jueves, junio 23, 2005

Blair reanima a Europa

Inglaterra no ha construido Europa. Ningún líder británico ha estado al frente de las ideas que han hecho posible la Unión Europea. Pero ante la ausencia de liderazgo en el continente, Tony Blair se levanta como un estadista que tiene ideas, que las expone y las defiende ante un Parlamento Europeo que le recibió con una sutil hostilidad.

Blair ha propuesto la modernización de la Unión. No pide mirar hacia el pasado sino construir el futuro. No es posible, dice, que la juventud europea no entienda las ventajas de pertenecer a una espacio de paz, progreso y solidaridad.

Hace falta que lo que dice conecte con la sociedad. Que el formidable discurso pronunciado hoy llegue a las instituciones y a la sociedad europea.

Blair ha marcado un nuevo ritmo y una nueva visión. Optimista y realista. Moderna.

Qué abismo se levanta entre Blair y Chirac, Schröder, Berlusconi y Zapatero.

miércoles, junio 22, 2005

Una sensación de derrota

Una sensación de derrota recorre Europa tras el descarrilamiento de la Constitución por la negativa de franceses y holandeses a aceptarla. El proyecto constitucional habrá que archivarlo y pensar qué alternativas son posibles para no tirar por la borda cuanto se ha conseguido.

Los diagnósticos son pesimistas. Son especialmente contundentes los análisis que llegan de Estados Unidos para recordarnos que Europa está enferma, que no tiene líderes y que la Constitución es el féretro simbólico de un continente en agonía. Europa, dicen, ha vuelto donde solía. A los enfrentamientos, a las pugnas nacionalistas entre estados, al egoismo de unos contra la avaricia de otros y a un sálvese quien pueda.

Pero no es así por mucho que se empeñen quienes quisieran fragmentar política y económicamente una realidad que no se ha impuesto por nadie sino que ha sido voluntariamente aceptada por todos los que forman parte de la Unión. La historia de Europa se ha construido sobre las cenizas de la guerra, de las pugnas entre protestantes y católicos, entre los reyes y súbditos, entre ricos y pobres y sobre las hegemonías que han gravitado cíclicamente sobre el norte y el sur.

La Europa de hoy descansa sobre acuerdos pactados y respetando la voluntad y los intereses de los grandes y pequeños. Las fronteras han caído sin que intervinieran ejércitos y el euro se mantiene fuerte a pesar de las convulsiones de estas semanas. Puede que los líderes no estén a la altura pero esta Europa es más un juego de complicidades para administrar los intereses comunes que un ejercicio de autoridad por dirigentes con criterios de dominio.

Europa no tiene ejércitos poderosos. Pero no está escrito en ninguna parte que la fuerza sea más efectiva que la diplomacia, el derecho y la solidaridad. Europa es multipolar como intentan serlo Rusia, China, Japón y la India.

Sería precipitado afirmar que el modelo europeo ha fracasado. Aunque atraviese ahora por una crisis muy seria, no es el modelo el que no ha funcionado sino la gestión de ese modelo. Ninguno de los diez nuevos socios se ha espantado. Ni Italia, Gran Bretaña o Francia dan señales de retirarse. Bulgaria y Rumania insisten en que se cumpla el calendario para su ingreso. Turquía sigue esperando y varias repúblicas de Asia Central tienen como aspiración lejana el pertenecer a la Unión.

Es evidente que han surgido problemas inesperados. Como otras tantas veces en el pasado. Pero lo que permanece, con todas las dificultades, es una voluntad de hacer más Europa y no menos Europa.

lunes, junio 20, 2005

Trenes en dirección opuesta

El que esté afectado por una visión historicista sobre la realidad política y social española no puede dormir tranquilo al contemplar cómo asoman las dos Españas cabalgando alegremente hacia una confrontación. La política en estos días se ha trasladado a la calle. Tres manifestaciones en tres fines de semana consecutivos han reunido a cientos de miles de ciudadanos en Madrid y Salamanca.

La lucha contra el terrorismo, los papeles de la guerra civil y los matrimonios entre personas del mismo sexo han enfrentado a multitudes contra la política del gobierno en cuestiones que no guardan relación entre sí. El nexo entre todas estas protestas es un rechazo a la política del gobierno que no se expresa en las instituciones democráticas sino a golpe de manifestaciones que son legítimas pero que de alguna manera pasan del discurso y de la acción política del gobierno.

El presidente Zapatero no puede estar satisfecho con multitudes enarbolando pancartas en su contra cada fin de semana. Tiene una mayoría suficiente en el Congreso y sus decisiones son del todo legítimas y democráticas. Pero debe reflexionar por qué tanta gente se lanza a la calle por causas tan diversas y procediendo de puntos tan dispares del territorio.

Quizás porque ha tocado puntos que muchos ciudadanos no quieren aceptar y que manifiestan su rechazo sabiendo que su voz no puede ser canalizada a través de las instituciones y que no quieren esperar a la próxima cita en las urnas para expresar su malestar.

La democracia no es otra cosa que arbitrar los intereses contrapuestos de los ciudadanos sin recurrir a imposiciones que puedan ser rechazadas por amplios sectores de la sociedad aunque disponga de una mayoría suficiente para exigirlas. Cuando menos tiene que encontrar tiempo para escuchar y dedicarle tanta atención como la que dispensó a Carlinhos Brown mientras cientos de miles de personas pisaban el asfalto madrileño en una calurosa tarde de junio.

Pero quienes de repente se han dedicado a ocupar las calles afirmando que las manifestaciones no son patrimonio de la izquierda han de saber que estas actitudes no contribuyen a la convivencia y abren una espiral de incertidumbre sobre la forma de resolver los conflictos entre el gobierno y las gentes. Si el objetivo es neutralizar medidas que se puedan considerar inaceptables el camino no es el de las manifestaciones, la inoportuna presencia de obispos en la calle y un Partido Popular que se suma al griterío ambiental pensando que consigue réditos políticos.

La alternancia no está en la calle sino en la inteligencia y en el sentido común. Está en el centro de gravedad de la sociedad que no entrega sus votos a los extremos. El PP llegó al poder en 1996 porque prometía una visión centrada de la vida española. Revalidó una mayoría absoluta cuatro años después porque existía la percepción de que iban por el centro de la calzada. Se la quitó hace poco más de un año porque un segmento cuantitativamente importante de votantes pensó que Aznar les había conducido a un extremo.

Cada cual puede tener motivos de preocupación. Pero sería irresponsable echar por la borda cuanto se ha conseguido en España por la intransigencia de unos y de otros. Estamos en la Unión Europea y la economía española está conducida por un ministro experto y responsable. Los datos objetivos que maneja Pedro Solbes son mucho más optimistas que los de Francia, Alemania e Italia. Que dure porque es la mejor vacuna para neutralizar el posible choque de trenes entre dos Españas que circulan en sentido opuesto por la misma vía. Hay que evitar el choque.

Esta posición comporta no pocas incomprensiones. Unos me tratan de tibio y otros de pre moderno.

miércoles, junio 15, 2005

Positivar la crisis de la UE

La crisis política planteada por la negativa de franceses y holandeses a ratificar la Constitución ha sembrado el desconcierto en Europa. El debate ya no es el futuro del texto del Tratado que se encuentra en fase agónica sino cuestiones más profundas como la financiación, los fondos de compensación, la ampliación, las reformas estructurales y, en definitiva, el proyecto de la unión política europea.

Repuesto del susto propiciado por el puntapié dado a la Constitución pienso que hay motivos para positivar la crisis y corregir las disfunciones y errores que han encallado el marco jurídico por el que tienen necesariamente que regirse las relaciones entre los 25 miembros de la Unión.

No ha habido un voto contra Europa en Francia y en Holanda. Han sido un conjunto de insatisfacciones sobre los gobiernos nacionales y sus políticas los que han caído como una losa sobre una Europa que viajaba a velocidad de crucero sin tener en cuenta las dificultades y contradicciones que percibían los ciudadanos.

La ampliación se ha detenido y es muy difícil que la promesa hecha a Turquía para que ingrese en el año 2014 se pueda cumplir. En este sentido la Unión se ha fortalecido porque, por razones imprevistas, va a trazar sus límites territoriales y no va a proyectarse como una enorme área económica que derribe todas las fronteras con Asia y Oriente Medio. Se podría decir que Tony Blair y George Bush ganaron en los referéndum francés y holandés. Creo que no es así. Europa, la que surja de esta crisis, será más Europa.

La crisis política ha abierto la rendija de la crisis financiera. Las peleas que Tony Blair está librando con sus colegas continentales tiene que resolver las reivindicaciones nacionales sobre quién da cuánto y quién recibe qué. Alemania tiene una contribución neta de 7.7 mil millones de euros; Gran Bretaña, 2.8; Holanda, 2 y Francia 1.9. España es el máximo receptor con 8.7 mil millones, Grecia con 3.5 y Portugal con 3.3 mil millones.

Este fondo de solidaridad ha sido provindencial para el equilibrio entre norte y sur, entre ricos y pobres. Pero esta situación no puede prolongarse indefinidamente porque los contribuyentes netos no estarán dispuestos a seguir pagando tanto.

Las ayudas agrícolas hay que revisarlas por mucho que puedan perjudicar a nuestra agricultura. Por un doble motivo: porque van a facilitar la entrada sin excesivas tarifas de productos de países que necesitan exportar para salir de su miseria y porque un sector tan crucial deje de estar subvencionado. Es una crisis que puede hacer más fuerte y más competitiva a Europa.

lunes, junio 13, 2005

Costumbres hispánicas

Pretextos para llenar las calles de manifestantes los hay siempre. La manifestación es una costumbre muy hispánica. Recuerdo todavía la concentración de cientos de miles de madrileños que vitoreaban a Franco en la plaza de Oriente tras las protestas internacionales por las ejecuciones de septiembre de 1975.

Carlos Arias Navarrro llenó la Plaza de Oriente para vitorear al Caudillo. Cuentan que Franco que salió al balcón del Palacio Real con uniforme militar, gafas de sol, síntomas avanzados de Párkinson y una voz débil, lloró mientras decía “españoles, gracias por vuestra viril adhesión y por esta serena y digna manifestación pública que me ofrecéis en desagravio a las acciones de que han sido objeto nuestras representaciones en Europa... Todo obedece a una conspiración masónica e izquierdista en la clase política, en conturbernio con la subversión comunista en lo social, que si a nosotros nos honra, a ellos les envilece”.

Era el primero de octubre y Franco celebraba su 39 aniversario al frente de la jefatura del Estado. TVE calculó en un millón de personas los concentrados.Las masas vitorearon a Carlos Arias Navarro por los mismos que habían pedido su dimisión por aquel engañoso aperturismo del espíritu del 12 de febrero.

Muchos de los manifestantes debían ser los mismos que once años después se congregaron por cientos de miles en Madrid para llorar la muerte de su alcalde, el profesor Tierno Galván, que fue honrado por los madrileños.

Ha habido manifestaciones en contra de la permanencia de España en la OTAN, en contra del terrorismo, a favor del regreso de Taradellas al grito de “llibertat, amnistía i estatut d'autonomia”.Las manifestaciones en contra de Aznar por la guerra de Iraq y por la gestión del gobierno por el Pretige fueron sonadas. Y las que tocan esta temporada son las que impulsa el Partido Popular en contra del gobierno Zapatero ya sea por los Papeles de Salamanca, por el insinuado diálogo con ETA o por la política social en lo que se refiere a los matrimonios entre personas del mismo sexo.

El Plan Hidrológico Nacional va a llenar las calles valencianas en las próximas semanas.

Me inquieta que la política se traslade a la calle en contra de decisiones adoptadas por el gobierno y refrendadas en el Parlamento. Me preocupa también que el hilo conductor de estas masivas concentraciones sea el de la unidad de España que llega a estar amenazada incluso por unos papeles que no son otra cosa que un botín de guerra para ser utilizado como prueba en los sumarios políticos en contra de los perdedores de la guerra civil.

Otra motivación de fondo es discutir la legitimidad del gobierno que ganó las elecciones del 14 de marzo, después de los brutales atentados del día 11 en Madrid.Decía Vicens Vives que la Restauración fue un acto de fe en la convivencia hispánica. Pero duró poco.

El peligro de la unidad nacional ha estado presente desde que Antonio Maura, conservador mallorquín, fracasara en su acercamiento al hecho pluricultural de España. Sus relaciones con Catalunya fueron difíciles a pesar de sus buenas relaciones con Cambó.

Maura aprobó la ley de Jurisdicciones, rechazó el movimiento de la Solidaritat Catalana, fue reticente al proyecto de la Mancomunitat y se opuso frontalmente a la Autonomía catalana que defendía un “centralista” como Canalejas. Años más tarde, en septiembre de 1923, el general Primo de Rivera dió el golpe de Estado desde Capitanía de Barcelona. Empezaba la primera dictadura del siglo.

Un hilo conductor de las tragedias que ha vivido España es el fracaso para estructurar un Estado moderno que comprenda la complejidad de las sociedades peninsulares.

jueves, junio 09, 2005

Democracia y populismo

Han ocurrido hechos muy graves en Berga. Un joven murió como consecuencia de las peleas entre una banda organizada de delincuentes y sectores jóvenes locales. Los Mossos no llegaron a tiempo para impedirlo.

La población se indignó y se lanzó a la calle. Para protestar contra los Mossos, contra el gobierno y contra la banda organizada. Unos dos mil ciudadanos de Berga se concentraron en sonora cacelorada ante la comisaría donde la jueza estaba tomando declaración a los sospechosos porque no lo podía hacer en el juzgado por motivos de seguridad.

La voz del pueblo se levantó en contra de los Mossos a los que insultaron y, en palabras de la consellera Tura, les vejaron. Puede que los Mossos no fueran diligentes. Incluso que por acción u omisión no cumplieran con su deber. Hay mecanismos legales para pedirles cuentas.

Pero el tema no es este. Una sociedad no puede revelarse contra quienes están encargados de garantizar el orden que, en definitiva, es el que garantiza la libertad de todos, como decía Charles Péguy.

Un aire populista se esconde en la crisis de Berga. Y cuando las sandalias del populismo pisan los senderos del poder el fantasma del autoritarismo y del fascismo se acerca.

Las instituciones políticas, judiciales y legislativas son el cauce adecuado para organizar la convivencia en las sociedades democráticas. Políticos, jueces y parlamentarios también son responsables ante la ley cuando se excedan en sus competencias. Pero son las instituciones y no el pueblo los que tienen facultades para garantizar el estado de derecho.

Los ciudadanos acudimos a las urnas para confirmar a gobiernos o para echarlos. Luego son las instituciones las que tienen que cumplir con sus obligaciones. Evidentemente, se puede protestar por todo cuándo y dónde se quiera. Es un derecho. Pero el pueblo no puede sustituir a las instituciones.

miércoles, junio 08, 2005

Puntapiés al euro

En pocos días hemos pasado de tener un euro fuerte que era un refugio seguro para la rentabilidad de los capitales globales a una situación en la que la moneda única de la Unión ha pasado ser una divisa con un futuro incierto.La prensa anglosajona ya escenifica la debilidad del proyecto más emblemático y más ambicioso que la Europa de los noventa puso en marcha en el Tratado de Maastricht.

Los titulares marcan la tendencia que va desde considerar al euro como un enfermo incurable hasta vaticinar que la moneda única sea enterrada antes de cumplir su sexto aniversario. El no de Francia y Holanda a la Constitución ha sido un pretexto puesto en bandeja para sembrar dudas sobre la viabilidad del euro. Las intervenciones de dos ministros del gobierno Berlusconi insinuando la reimplantación de la lira en Italia favorecen esta sensación de pánico provocado por la crisis del no a la Constitución.

Tony Blair, el gran triunfador de los descalabros continentales de los últimos días, se va a ahorrar el engorro que suponía un referéndum británico sobre la Constitución y, como Inglaterra está fuera de la zona euro, tampoco tendrá que batallar para su ingreso.

El euro es una realidad aceptada por millones de ciudadanos que nos encontramos en su área. Los estados han cedido competencias importantes y los bancos centrales han entregado la política financiera al Banco Central Europeo con sede en Frankfurt.

La hipotética debilidad de la divisa europea no se encuentra en las andanadas que pueda recibir desde el dólar o desde las monedas europeas que no están dentro del sistema. La debilidad, en todo caso, está dentro y son los ciudadanos los que tienen que aceptarla al margen de que puedan pasearse por Europa sin acudir a una oficina de cambio.

El problema está en que buena parte de los que votaron no en Francia y Holanda lo hicieron también por una evidente pérdida de poder adquisitivo de las gentes desde que pagan y cobran en euros.

Dos amenazas se ciernen sobre la divisa. La primera es que los grandes países no se han atrevido o no han podido llevar a cabo las reformas estructurales necesarias para ser más competitivos. La segunda es que el euro difícilmente podrá sobrevivir si no está impulsado por un proyecto político compartido.

No deja de ser paradójico que para preservar la Europa social muchos holandeses y franceses votaron no sin darse cuenta de que un frenazo a la Constitución era también un golpe a los logros sociales conseguidos hasta ahora.

martes, junio 07, 2005

Un país que dice no a todo

Está apareciendo una nueva faceta de la cultura de los catalanes. Es la cultura del no a casi todo. No a la línea de alto voltaje que transporte energía de Francia a la península ibérica y también a Catalunya. No a las prisiones en la Segarra. No a la viabilidad de la tercera pista en el Prat porque el ruido molesta a los vecinos.

No al trazado del Tren de Alta Velocidad por el centro de Barcelona. No al cuarto cinturón que alivie el cansancio y aburrimiento de decenas de miles de catalanes que circulan por el área metrop0litana barcelonesa. de Barcelona. No a cualquier proyecto que contamine visualmente. No al progreso sino es aceptado por todos y cada uno de los que se sientan afectados por las reformas. No a participar en la solidaridad de las tierras ibéricas.

Me gustaría que apareciera algún sí por alguna parte. No lo encuentro. Las causas son múltiples y variadas. Cada pata del tripartito exige su programa. Así no llegaremos muy lejos. Es más, nos alejaremos del progreso que se va consolidando en nuestro entorno.

Los partidos son los representantes de los electores y no los dueños del territorio.

lunes, junio 06, 2005

Europa es el futuro

En medio del pesimismo ambiental es hora de reinvindicar el futuro de Europa como un espacio de innovación, de progreso y de convivencia. No es fácil al ver cómo los nacionalismos de estado se imponen sobre la idea de crear una realidad que ha sido un éxito sin precedentes en la historia del continente.

Les invito a leer el libro de Mark Leonard, "Por qué Europa liderará el siglo XXI" (Taurus). Es documento de un optimismo contagioso que no se basa en la burocracia de Bruselas sino en el espíritu revolucionario que ha orientado la historia del mundo.

Europa tiene que proyectarse desde la inteligencia, el derecho, el respeto a los demás. No puede imponer sus criterios por la fuerza porque no la tiene ni pretende tenerla.

Para que esto sea posible habrá que incorporar nuevas ideas, nuevas estrategias y criterios nuevos que estén más en sintonía con el pensar de las gentes.

He leído el libro este fin de semana y me siento ciertamente optimista. Quizás el NO de Francia y Holanda contribuyan a un despegue nuevo.

miércoles, junio 01, 2005

Una idea se desvanece

El no de Francia y Holanda a la Constitución es el trastorno más inquietante que ha conocido el largo proceso de construcción europea en el último medio siglo. Las crisis del pasado se superaban porque el miedo estaba concentrado en un peligro real que se encontraba en la otra Europa privada de libertad y soberanía por la ocupación política, económica y militar de la gran potencia soviética.

Aquel miedo propició la necesidad de cerrar filas para construir un modelo alternativo basado en la libertad, el progreso y una cierta generosidad para equilibrar los desajustes entre países avanzados y atrasados. Se aplicaron criterios de mercado y políticas sociales que han hecho de la UE uno de los espacios más estables, más democráticos y más prósperos del mundo.

Desapareció aquel miedo que aglutinaba las políticas de centroderecha y centroizquierda que coincidían en un proyecto común que ha sido un éxito sin precedentes. Pero han aparecido nuevos miedos, más difuminados, más sutiles y más generalizados que no están fuera sino dentro. El presidente de la Comisión, el portugués José Manuel Barroso, los ha resumido diciendo que estamos ante una “federación del miedo”.

Miedo a la inmigración, a la inseguridad, al deterioro del nivel de vida y al futuro de un gigante económico que tiene los pies de barro políticos. Miedo, sobre todo, a la pérdida de identidad de muchos pueblos, naciones y culturas que no quieren verse diluídos en una incierta supranacionalidad que puede aparecer como ficticia.

La identidad, tanto individual como colectiva, es indispensable para toda existencia social que recurre a la memoria histórica y cultural para construir y consolidar su personalidad. Pero esta exigencia legítima de cualquier pueblo deja de serlo cuando la fidelidad a la identidad colectiva prevalece sobre los valores democráticos por excelencia que son el individuo y los “demás” que conforman la universalidad.

Se nos ha advertido por activa y por pasiva del peligro de los nacionalismos débiles que han pretendido minar la unidad de los nacionalismos fuertes. Pero recorriendo la historia de los últimos siglos se comprueba que los verdaderos estropicios, las guerras y las confrontaciones mundiales han venido del despertar de los nacionalismos fuertes cuando han chocado entre sí.

Cabe interpretar el freno de Francia y Holanda a la Constitución como un incipiente resurgir de las naciones fuertes de Europa que vuelven por sus fueros y miran más hacia dentro que hacia fuera. Se desvanece la idea de solidaridad entre los pueblos europeos.