La política catalana ha emprendido una fuga hacia adelante. Una frase inoportuna del president Maragall, una frase inocua cifrada en un tres por ciento, fue entendida por todo el mundo. Nunca unas palabras, tan breves y tan precisas, habían merecido tantas interpretaciones y significados. Hemos sabido que el mencionado tres por ciento no era sobre los índices de precios al consumo, las balanzas fiscales o el producto interior bruto. Se interpretó que Maragall se refería a un tres por ciento que supuestamente las empresas constructoras entregan a un partido político concreto.
Los que hemos sido excursionistas sabemos que no se puede arrojar una piedra desde lo alto de una montaña porque su destino es tan incierto como peligroso. La piedra arrojada por Maragall ha caído sobre el estanque dorado de la política catalana. Una insinuación ha sido interpretada como una acusación poniendo sobre la mesa lo que nadie se había atrevido a mencionar que es, ni más ni menos, que la financiación opaca de los partidos políticos.
La política catalana, tan correcta y tan civilizada, esconde aparentemente los mismos vicios que la española, la francesa, la alemana o la italiana. Un dato positivo de esta crisis es comprobar que somos un país normal, con los mismos defectos y las mismas virtudes que los demás, con crisis profundas como en todas las democracias.Tanto hablar de ética y doble lenguaje en la política, resulta que cuando alguien, aunque sea el mismo president en una acción irresponsable, señala un problema se le echa en cara el haber pronunciado una frase de extrema gravedad que todo el hemiciclo entendió a la perfección. No se discute lo que vino a decir Maragall. Lo que se le critica es que lo dijera él de forma tan inesperada y sin que estuviera en el guión.
Considero que, efectivamente, fue un error de Maragall el lanzar sobre el rostro de Artur Mas el tres por ciento. El error es más grave si las palabras no están acompañadas de pruebas que avalen sus insinuaciones. Un pleno convocado para hablar del Carmel derivó en la financiación oscura de los partidos políticos. No merecen las dolidas gentes del Carmel este tratamiento de su drama personal y colectivo.Maragall puede disculparse más solemnemente y convencer así a Artur Mas para que regrese a las reuniones del Estatut. Pero la piedra arrojada desde la presidencia va rodando pendiente abajo y no se ha detenido todavía.
Veo difícil cómo se pueda entrar en la normalidad política en Catalunya si no se aclara previamente la insinuación/acusación presidencial. A estas alturas de la crisis las gentes quieren saber qué hay de lo del tres por ciento. La cifra mágica no salió de la boca de un “backbencher”, uno de los diputados del montón como son conocidos en Inglaterra los parlamentarios de a pie. La pronunció la máxima autoridad de Catalunya en un pleno del Parlament y transmitida en directo a todo el país.
Es tarde ya para un pacto enterrando las insinuaciones devenidas en acusaciones. Siempre flotará en el ambiente la fatídica cifra del tres por ciento. No vamos a ir a la guerra mundial por una frase pero tampoco entraremos en un silencio cómplice de todos. Que la comisión de investigación averigue lo que pueda y que se vaya al fondo de la cuestión que no es otra que la opaca financiación de los partidos políticos. De todos. El que esté libre de culpa que arroje la primera piedra.
No es consuelo alguno el partir del axioma de que todos lo hacen, tanto aquí como en España y en Europa. Muchos queremos saber solamente de qué se está hablando. Todo pasa y lo único que perdura es la verdad, decía uno de los hermanos Karamazov.
lunes, febrero 28, 2005
Dos citas clásicas
Dos citas de viejas lecturas me sirven para referirme a la crisis política en Cataluña:
La primera es el aforismo de Oscar Wilde, dramaturgo, poeta y novelista irlandés, cuando decía que "un poco de sinceridad es algo peligroso, pero una sinceridad grande es absolutamente fatal".
La otra es de Margarite Yourcenar en sus Memorias de Adriano:
"Platón había escrito La República y glorificado la idea de lo Justo, pero sólo nosotros, instruidos por nuestros propios errores, nos esforzábamos penosamente por hacer del Estado una máquina capaz de servir a los hombres con el menor riesgo posible de triturarlos".
La primera es el aforismo de Oscar Wilde, dramaturgo, poeta y novelista irlandés, cuando decía que "un poco de sinceridad es algo peligroso, pero una sinceridad grande es absolutamente fatal".
La otra es de Margarite Yourcenar en sus Memorias de Adriano:
"Platón había escrito La República y glorificado la idea de lo Justo, pero sólo nosotros, instruidos por nuestros propios errores, nos esforzábamos penosamente por hacer del Estado una máquina capaz de servir a los hombres con el menor riesgo posible de triturarlos".
viernes, febrero 25, 2005
Tormenta en el estanque dorado
Una sola cifra, fuera de guión y sin venir a cuento, cayó sobre el estanque dorado de la política catalana. El tres por ciento pronunciado por Maragall rompía las reglas de juego hipócrita y caballerosamente establecidas en el Parlament de Catalunya. Fue muy imprudente el president al arrojar una piedra tan grande a la cara de Artur Mas sin aportar ninguna prueba.
No sirvió de nada retirar la insinuación que fue inmediatamente interpretada como una acusación. El tres por ciento. Todo el mundo lo entendió. Y se entendió más todavía cuando Maragall y Mas quisieron enterrar la cifra para el bien del Estatut y de Catalunya. Pero la cifra existe y ha sido pronunciada por el president de la Generalitat.
El fiscal Mena fue madrugador hoy al anunciar una comisión de investigación. Me dicen que el fiscal general catalán va a dar un vistazo al informe sobre la gestión de los anteriores gobiernos que fue presentado por el conseller Nadal con una introducción en la que se afirmaba que no se habían detectado responsabilidades penales. Mena piensa que el más apropiado para apreciar posibles delitos penales es la fiscalía.
Se ha abierto un incierto camino de judicialización de la política catalana. Artur Mas ha anunciado la presentación de una querella contra Maragall si no vuelve a escenificar una explícita disculpa pública sobre sus acusaciones. Esquerra Republicana dispone de cifras sobre ingresos no transparentes de CiU que ascienden a mil seiscientos millones de las antiguas pesetas al comienzo de los años noventa. Josep Piqué ha pedido oficialmente la dimisión de Maragall.
Es prematuro enterrar esta legislatura. Pero visto lo visto no parece probable que exista consenso para elaborar un proyecto de Estatut antes del verano como estaba previsto. Quizás no sea posible en toda la legislatura si se necesita el concurso imprescindible de CiU.
Si no hay Estatut, si la crisis del Carmel entra en el tortuoso camino de la comisión de investigación, si las tres patas del tripartito no actúan con una cierta unidad de propósito, si la financiación catalana no llega satisfactoriamente, la legislatura puede entrar en un estado lánguido.
El conseller Nadal hablaba en su intervención de la perversión del sistema político en Catalunya. Se refería, sin decirlo, a la financiación irregular de los partidos y muy especialmente a lo que consideraba que había sido práctica normal por parte de CiU. Pero fue Maragall y lo soltó con toda crudeza.
Podía muy bien haberle contestado Artur Mas que el único partido político catalán condenado con sentencia firme por prácticas corruptas había sido precisamente el PSC por el caso Filesa. Pero no lo dijo. Ni siquiera negó la acusación de Maragall. Ofreció un pacto de silencio para el bien de Catalunya. Y el president lo aceptó. Cubramos nuestras vergüenzas y sepultemos la financiación irregular de los partidos.
En el fondo de esta crisis se encuentra la falta de ética en la política o, dicho de otra manera, la opacidad en la financiación de los partidos políticos. En el estanque dorado catalán se han levantado un vendaval. Quienes pedían que saliera alguien para denunciar lo que sospechaban se escandalizan ahora que lo haya hecho el president Maragall. Fue imprudente e inoportuno. Pero el tres por ciento flota sobre la política catalana y muchos ciudadanos se preguntan qué hay de cierto en todo ello.
No sirvió de nada retirar la insinuación que fue inmediatamente interpretada como una acusación. El tres por ciento. Todo el mundo lo entendió. Y se entendió más todavía cuando Maragall y Mas quisieron enterrar la cifra para el bien del Estatut y de Catalunya. Pero la cifra existe y ha sido pronunciada por el president de la Generalitat.
El fiscal Mena fue madrugador hoy al anunciar una comisión de investigación. Me dicen que el fiscal general catalán va a dar un vistazo al informe sobre la gestión de los anteriores gobiernos que fue presentado por el conseller Nadal con una introducción en la que se afirmaba que no se habían detectado responsabilidades penales. Mena piensa que el más apropiado para apreciar posibles delitos penales es la fiscalía.
Se ha abierto un incierto camino de judicialización de la política catalana. Artur Mas ha anunciado la presentación de una querella contra Maragall si no vuelve a escenificar una explícita disculpa pública sobre sus acusaciones. Esquerra Republicana dispone de cifras sobre ingresos no transparentes de CiU que ascienden a mil seiscientos millones de las antiguas pesetas al comienzo de los años noventa. Josep Piqué ha pedido oficialmente la dimisión de Maragall.
Es prematuro enterrar esta legislatura. Pero visto lo visto no parece probable que exista consenso para elaborar un proyecto de Estatut antes del verano como estaba previsto. Quizás no sea posible en toda la legislatura si se necesita el concurso imprescindible de CiU.
Si no hay Estatut, si la crisis del Carmel entra en el tortuoso camino de la comisión de investigación, si las tres patas del tripartito no actúan con una cierta unidad de propósito, si la financiación catalana no llega satisfactoriamente, la legislatura puede entrar en un estado lánguido.
El conseller Nadal hablaba en su intervención de la perversión del sistema político en Catalunya. Se refería, sin decirlo, a la financiación irregular de los partidos y muy especialmente a lo que consideraba que había sido práctica normal por parte de CiU. Pero fue Maragall y lo soltó con toda crudeza.
Podía muy bien haberle contestado Artur Mas que el único partido político catalán condenado con sentencia firme por prácticas corruptas había sido precisamente el PSC por el caso Filesa. Pero no lo dijo. Ni siquiera negó la acusación de Maragall. Ofreció un pacto de silencio para el bien de Catalunya. Y el president lo aceptó. Cubramos nuestras vergüenzas y sepultemos la financiación irregular de los partidos.
En el fondo de esta crisis se encuentra la falta de ética en la política o, dicho de otra manera, la opacidad en la financiación de los partidos políticos. En el estanque dorado catalán se han levantado un vendaval. Quienes pedían que saliera alguien para denunciar lo que sospechaban se escandalizan ahora que lo haya hecho el president Maragall. Fue imprudente e inoportuno. Pero el tres por ciento flota sobre la política catalana y muchos ciudadanos se preguntan qué hay de cierto en todo ello.
jueves, febrero 24, 2005
Un tres por ciento no explicado
Lo ha dicho Maragall. CiU tiene un problema y este problema se llama tres por ciento. La insinuación fue recogida con vehemencia por Mas que le pidió que la retirara. Y Maragall la retiró por el bien del Estatut y de Catalunya. Tirar la piedra y esconder la mano no se puede hacer en el Parlament y ante las cámaras de televisión. La piedra ha empezado a rodar y baja por la pendiente. Muchos catalanes se preguntan ahora: ¿qué es eso del tres por ciento? Y lo querrán saber. Y habrá que probar quién lo recibió y quien lo entregó. Sobre silencios cómplices no se puede construir el futuro. Y si no fuera cierto, Maragall tendrá que sacar las consecuencias por haber hecho insinuaciones falsas.
miércoles, febrero 23, 2005
Señores del tripartito
La democracia parlamentaria es la fórmula generalizada de los sistemas políticos europeos de hoy. Los gobiernos obtienen su mandato de una mayoría en el Parlamento y son responsables ante la cámara. En las democracias multipartidistas, la designación de un gobierno es el fruto de un complicado proceso de pactos entre los partidos representados en el Parlamento. La vida de un gobierno puede truncarse cuando la mayoría parlamentaria quiera.
No hacía falta recurrir a estas reglas constitucionalistas porque es un concepto compartido por todos. En Catalunya, el gobierno Maragall responde a la voluntad explícita de las fuerzas que mayoritariamente le dan apoyo para gobernar. Tenemos un gobierno de coalición de tres partidos que tienen distintas sensibilidades, programas diferentes y ambiciones distintas.
La cultura de coalición es incómoda para los gobernantes pero es la que la sociedad en su conjunto ha querido. La política consiste en administrar la compleja voluntad general de los electores. Administrarla que no instrumentalizarla.
Pero una cosa es que en el gobierno tripartito haya visiones distintas sobre muchas cuestiones y otra muy diferente es que en temas importantes no exista un criterio y una estrategia comunes. Si llega este caso, el gobierno no es el centro de la fuerza de gravedad sino un estado anárquico fruto de la voluntad antojadiza de cada uno de los partidos que están en el gobierno. Esta situación desanima e inquieta a todos y muy especialmente a los que votaron por cualquiera de las tres patas del tripartito.
Todavía no me he repuesto de la sorpresa tras recibir en mi domicilio una propaganda electoral en la que varios consellers del gobierno invitaban a votar no a la Constitución europea mientras que el president de la Generalitat propugnaba el sí. Me decepcionó la intervención del conseller Saura en la noche electoral mezclando conceptos sobre la guerra de Iraq y los resultados del referéndum.
Estoy igualmente sorprendido de que en la crisis del Carmel parece que la única responsabilidad sea de la rama socialista del gobierno. Varios consellers republicanos abrieron muy tardíamente la boca y otros han mirado hacia otra parte como si no fuera con ellos.
Señores del tripartito, no están en el gobierno para obtener rédito electoral sino para gobernar y resolver los problemas de los ciudadanos. Si no les interesa, lo tienen muy fácil. Dicen “adéu” y se busca una alternativa prevista en el Estatut. No pueden ser gobierno y oposición al mismo tiempo. Es un desconcertante desorden.
No hacía falta recurrir a estas reglas constitucionalistas porque es un concepto compartido por todos. En Catalunya, el gobierno Maragall responde a la voluntad explícita de las fuerzas que mayoritariamente le dan apoyo para gobernar. Tenemos un gobierno de coalición de tres partidos que tienen distintas sensibilidades, programas diferentes y ambiciones distintas.
La cultura de coalición es incómoda para los gobernantes pero es la que la sociedad en su conjunto ha querido. La política consiste en administrar la compleja voluntad general de los electores. Administrarla que no instrumentalizarla.
Pero una cosa es que en el gobierno tripartito haya visiones distintas sobre muchas cuestiones y otra muy diferente es que en temas importantes no exista un criterio y una estrategia comunes. Si llega este caso, el gobierno no es el centro de la fuerza de gravedad sino un estado anárquico fruto de la voluntad antojadiza de cada uno de los partidos que están en el gobierno. Esta situación desanima e inquieta a todos y muy especialmente a los que votaron por cualquiera de las tres patas del tripartito.
Todavía no me he repuesto de la sorpresa tras recibir en mi domicilio una propaganda electoral en la que varios consellers del gobierno invitaban a votar no a la Constitución europea mientras que el president de la Generalitat propugnaba el sí. Me decepcionó la intervención del conseller Saura en la noche electoral mezclando conceptos sobre la guerra de Iraq y los resultados del referéndum.
Estoy igualmente sorprendido de que en la crisis del Carmel parece que la única responsabilidad sea de la rama socialista del gobierno. Varios consellers republicanos abrieron muy tardíamente la boca y otros han mirado hacia otra parte como si no fuera con ellos.
Señores del tripartito, no están en el gobierno para obtener rédito electoral sino para gobernar y resolver los problemas de los ciudadanos. Si no les interesa, lo tienen muy fácil. Dicen “adéu” y se busca una alternativa prevista en el Estatut. No pueden ser gobierno y oposición al mismo tiempo. Es un desconcertante desorden.
Hola, amigo, ¿qué tal?
La química entre Bush y Zapatero es la que es. Y no tiene tendencia a mejorar después del saludo de "saloon" de un western americano, con un seco y escurridizo "hola, amigo, ¿qué tal?". Muy bien, ¿y tú?, fue la respuesta del presidente español. De este cruce de palabras no puede explicarnos Zapatero que las relaciones entre España y Estados Unidos se han normalizado. Desde el punto de vista de la personalidad de los dos líderes están bajo mínimos. Menos mal que sigue vigente aquella observación de Lord Palmerston cuando decía que "Inglaterra no tiene amigos ni enemigos sino intereses". Los intereses de Estados Unidos y de España reconducirán la situación.
martes, febrero 22, 2005
Bush se acerca a Europa
Las relaciones internacionales son siempre de largo recorrido. Ni se crean amistades súbitas ni se rompe bruscamente con un aliado. La diplomacia es lenta y sutil. Y no olvida los desencuentros inmediatos o lejanos. La visita de George Bush a Europa ha sido muy positiva porque ha roto el hielo de las tensas relaciones entre la vieja Europa y la administración Bush a raíz de la guerra de Iraq.
El presidente americano empieza su segundo mandato con la necesidad y el deseo de recomponer sus relaciones con la Unión Europea, especialmente con aquellos países que como Francia, Alemania y el gobierno Zapatero se apartaron de su política en la guerra. En la cumbre de Bruselas se ha llegado incluso a proponer una conferencia internacional sobre la recuperación de Iraq.
Es en beneficio de Estados Unidos y de la Unión Europea que la situación en Iraq se normalice lo antes posible. Las elecciones que dieron la mayoría a los chiítas no significan que los iraquíes vayan a vivir en paz. Habrá más actos de terrorismo, más acciones de la insurgencia y nuevas desavenencias étnicas entre chiítas, sunitas y kurdos.
La guerra ha ocurrido y es de esperar que los iraquíes sepan administrar sus propias discrepancias. Pero mientras haya más de ciento cincuenta mil soldados extranjeros en el territorio será muy difícil que los iraquíes se sientan libres. Y esta situación se puede prolongar por mucho tiempo. Europa puede colaborar en la reconstrucción y mediar para que Iraq deje de ser un foco del terrorismo internacional. Aunque antes de la guerra no hubiera terrorismo.
Las desavenencias entre la administración Bush y Estados Unidos por la crisis de Iraq pueden superarse porque, al fin y al cabo, son los americanos los que tienen los riesgos mayores. Ha sido su guerra y suyos son los soldados desplegados.
Los nuevos problemas vendrán en otros frentes relacionados o no con Iraq. El primero es qué va a hacer la Unión Europea si Bush decide atacar total o parcialmente Irán con el pretexto de que el régimen teocrático de Teherán está construyendo armamento nuclear. Europa ha desplegado su diplomacia para negociar el rearme iraní. Pero Estados Unidos ha empezado ya a enviar comandos en Irán para detectar posibles enclaves de tratamiento nuclear.
Bush declaró en Bruselas que un ataque a Irán es ridículo pero “todas las opciones están abiertas”, lo que cabe interpretar que no se repetiría una invasión pero sin descartar acciones puntuales para destruir los centros de investigación nuclear.
La Unión europea, especialmente Francia, pretende levantar el embargo de armas a China promulgado después de los acontecimientos de la plaza Tiananmen de 1989. Estados Unidos se opone a esta decisión y la Unión Europea la defiende.
La negativa de Estados Unidos a firmar los acuerdos de Kyoto es otro de los escollos en las relaciones bilaterales. No se entiende que uno de los países que más contaminan la atmósfera no acepte firmar un protocolo que han suscrito la mayoría de países del mundo.
A pesar de todo es positivo el acercamiento de la administración Bush a la Unión Europea. El presidente ha declarado que prefiere una Europa fuerte a una Europa dividida y débil. Esto no lo decide él sino que es precisamente uno de los objetivos de la política europea.
El hecho cierto es que un presidente americano ha visitado por primera vez las instituciones europeas. La Unión Europea no es un lugar indeterminado y confuso. Es un centro de poder, con todas las carencias que se quiera, que tiene y quiere tener un papel en el mundo.
El presidente americano empieza su segundo mandato con la necesidad y el deseo de recomponer sus relaciones con la Unión Europea, especialmente con aquellos países que como Francia, Alemania y el gobierno Zapatero se apartaron de su política en la guerra. En la cumbre de Bruselas se ha llegado incluso a proponer una conferencia internacional sobre la recuperación de Iraq.
Es en beneficio de Estados Unidos y de la Unión Europea que la situación en Iraq se normalice lo antes posible. Las elecciones que dieron la mayoría a los chiítas no significan que los iraquíes vayan a vivir en paz. Habrá más actos de terrorismo, más acciones de la insurgencia y nuevas desavenencias étnicas entre chiítas, sunitas y kurdos.
La guerra ha ocurrido y es de esperar que los iraquíes sepan administrar sus propias discrepancias. Pero mientras haya más de ciento cincuenta mil soldados extranjeros en el territorio será muy difícil que los iraquíes se sientan libres. Y esta situación se puede prolongar por mucho tiempo. Europa puede colaborar en la reconstrucción y mediar para que Iraq deje de ser un foco del terrorismo internacional. Aunque antes de la guerra no hubiera terrorismo.
Las desavenencias entre la administración Bush y Estados Unidos por la crisis de Iraq pueden superarse porque, al fin y al cabo, son los americanos los que tienen los riesgos mayores. Ha sido su guerra y suyos son los soldados desplegados.
Los nuevos problemas vendrán en otros frentes relacionados o no con Iraq. El primero es qué va a hacer la Unión Europea si Bush decide atacar total o parcialmente Irán con el pretexto de que el régimen teocrático de Teherán está construyendo armamento nuclear. Europa ha desplegado su diplomacia para negociar el rearme iraní. Pero Estados Unidos ha empezado ya a enviar comandos en Irán para detectar posibles enclaves de tratamiento nuclear.
Bush declaró en Bruselas que un ataque a Irán es ridículo pero “todas las opciones están abiertas”, lo que cabe interpretar que no se repetiría una invasión pero sin descartar acciones puntuales para destruir los centros de investigación nuclear.
La Unión europea, especialmente Francia, pretende levantar el embargo de armas a China promulgado después de los acontecimientos de la plaza Tiananmen de 1989. Estados Unidos se opone a esta decisión y la Unión Europea la defiende.
La negativa de Estados Unidos a firmar los acuerdos de Kyoto es otro de los escollos en las relaciones bilaterales. No se entiende que uno de los países que más contaminan la atmósfera no acepte firmar un protocolo que han suscrito la mayoría de países del mundo.
A pesar de todo es positivo el acercamiento de la administración Bush a la Unión Europea. El presidente ha declarado que prefiere una Europa fuerte a una Europa dividida y débil. Esto no lo decide él sino que es precisamente uno de los objetivos de la política europea.
El hecho cierto es que un presidente americano ha visitado por primera vez las instituciones europeas. La Unión Europea no es un lugar indeterminado y confuso. Es un centro de poder, con todas las carencias que se quiera, que tiene y quiere tener un papel en el mundo.
Los votos son de los votantes
Los votos son de quien los deposita. ¿Cómo saben los que capitalizan los SI o los NO en el referéndum de la Constitución europea que son suyos? ¿De quién son los que han votado en blanco? Las gentes han votado SI o NO, en blanco o se han abstenido. Señores políticos, administren lo que ha dicho la sociedad y no patrimonialicen lo que es de los votantes. Especialmente en el caso de un referéndum.
lunes, febrero 21, 2005
Bodas y bautizos blancos
La boda parisina de Ronaldo, que no fue una boda exactamente, reunió los requisitos de glamour, impacto mediático y relevancia futbolera que ha querido impulsar Florentino Pérez en su equipo galáctico. Es pronto para vaticinar una segunda temporada sin títulos blancos. Pero me atrevo a avanzar que el concepto futbolístico introducido por el Madrid, talonario en mano, fichando a figuras por el solo hecho de serlo, no va a dar resultado tampoco este año. Desde que se fue Del Bosque, aquel personaje tan hispánico, más Sancho Panza que Don Quijote, el desfile de entrenadores no ha parado. Le siguió el portugués Queiroz, con aspecto galáctico. Vino Camacho, más garbancero y de la escudería de la casa, que fue sustituido por su ayudante García Remón que tampoco supo domar a los genios. Finalmente apareció Luxemburgo, Luxe para los amigos, que tuvo un arranque espectacular con siete victorias consecutivas, hasta tropezar con los leones bilbaínos que han vuelto a situar al Madrid a siete puntos del líder. No puede haber relación entre la no boda de Ronaldo celebrada con todos los focos de los “paparazzi” en París y la derrota ante el Athletic. Lo que me extraña es que el propio as brasileño haya lamentado haber conocido por los periódicos la multa que el club le ha puesto por dos retrasos consecutivos. Más me ha extrañado todavía que fuera el club el que fijara la fecha de su boda virtual. Se lamenta el internacional brasileño que su enlace con Daniela Cicarelli ocupara más páginas que el partido contra el Bilbao. El Madrid galáctico tiene más interés para la prensa rosa que para la deportiva. Beckham ha sido padre por tercera vez. El estilo que don Florentino ha impuesto está dando frutos.
Nota a pie de página
Los datos del referéndum sobre la Constitución europea indican que el NO ha sido más elevado en el País Vasco, en Navarra, en Catalunya y en los barrios acomodados de Madrid. A los tres nacionalismos -vasco, catalán y español- no les gusta la Constitución. El caso de Navarra es más complejo. Es una nota a pie de página que se me ha ocurrido escuchando las valoraciones de esta mañana.
domingo, febrero 20, 2005
Sí a la Constitución
Los españoles que han acudido a votar lo han hecho mayoritariamente a favor del sí al Tratado que establece una nueva Constitución europea. La participación ha sido baja. Aproximadamente la misma que en las últimas elecciones europeas en Alemania, Francia, Reino Unido y España. Pero el resultado indica que la mayoría de españoles están claramente a favor de la Constitución.
Las interpretaciones son muchas. Las que hagan socialistas y populares que apostaron a favor del sí y las que presenten los partidos como Izquierda Unida y Esquerra Republicana que se movilizaron a favor del no. No hay que desestimar el siete por ciento de ciudadanos que han ido a votar y lo han hecho en blanco, una cifra sin precedentes en la historia de la democracia.
Ha sido un referéndum sin épica. Estaba en juego la europeidad de los españoles y los españoles han respondido afirmativamente. El sí lo capitalizarán el gobierno, la oposición y todos aquellos partidos nacionalistas que han hecho campaña a favor de la Constitución. Y el no se lo apuntarán los partidos que lo propugnaban y todas aquellas terminales mediáticas que pretendían castigar al gobierno en las costillas de Europa.
En cualquier caso, ni los partidarios del no pueden sumar homogéneamente los votos ni tampoco los del sí. Ha habido más comportamiento cívico, europeísta, no partidista, que actitudes en clave exclusivamente nacional. Los españoles saben que desde 1986 se ha producido un cambio sin precedentes en la sociedad y que la Unión Europea tiene buena parte de responsabilidad en el progreso general que hemos experimentado.
El presidente Zapatero puso a prueba la europeidad de los españoles convocando precipitadamente el primer referéndum de la Unión. Era un riesgo que ha superado ampliamente. Los ciudadanos no han votado al gobierno sino que han enviado una señal cierta a la Unión Europea sobre la voluntad general de los españoles que se encuentran a gusto en la Europa que propone una nueva Constitución.
Los resultados, como era de esperar, no son los mismos en todo el territorio español. En Euskadi el no ha sido el más alto de todas las comunidades, seguido de Catalunya y Madrid. Sería precipitado y erróneo pensar que en las comunidades más contrarias al no han votado por los mismos motivos. En cualquier caso, es más fácil analizar los votantes del sí que los que lo han hecho por el no. Hay más mezcla de motivaciones en el no que en el sí.
Las interpretaciones son muchas. Las que hagan socialistas y populares que apostaron a favor del sí y las que presenten los partidos como Izquierda Unida y Esquerra Republicana que se movilizaron a favor del no. No hay que desestimar el siete por ciento de ciudadanos que han ido a votar y lo han hecho en blanco, una cifra sin precedentes en la historia de la democracia.
Ha sido un referéndum sin épica. Estaba en juego la europeidad de los españoles y los españoles han respondido afirmativamente. El sí lo capitalizarán el gobierno, la oposición y todos aquellos partidos nacionalistas que han hecho campaña a favor de la Constitución. Y el no se lo apuntarán los partidos que lo propugnaban y todas aquellas terminales mediáticas que pretendían castigar al gobierno en las costillas de Europa.
En cualquier caso, ni los partidarios del no pueden sumar homogéneamente los votos ni tampoco los del sí. Ha habido más comportamiento cívico, europeísta, no partidista, que actitudes en clave exclusivamente nacional. Los españoles saben que desde 1986 se ha producido un cambio sin precedentes en la sociedad y que la Unión Europea tiene buena parte de responsabilidad en el progreso general que hemos experimentado.
El presidente Zapatero puso a prueba la europeidad de los españoles convocando precipitadamente el primer referéndum de la Unión. Era un riesgo que ha superado ampliamente. Los ciudadanos no han votado al gobierno sino que han enviado una señal cierta a la Unión Europea sobre la voluntad general de los españoles que se encuentran a gusto en la Europa que propone una nueva Constitución.
Los resultados, como era de esperar, no son los mismos en todo el territorio español. En Euskadi el no ha sido el más alto de todas las comunidades, seguido de Catalunya y Madrid. Sería precipitado y erróneo pensar que en las comunidades más contrarias al no han votado por los mismos motivos. En cualquier caso, es más fácil analizar los votantes del sí que los que lo han hecho por el no. Hay más mezcla de motivaciones en el no que en el sí.
viernes, febrero 18, 2005
Voy a votar
Iré el domingo a votar en el referéndum de la Constitución. Y votaré sí. No tanto al texto del Tratado sino a una cierta idea de Europa. Una Europa que ha conocido guerras y barbaries en casi todas las generaciones desde hace siglos. Una Europa que hoy vive en paz y que busca olvidarse de su perturbadora memoria colectiva. Una Europa que es el modelo social y político más avanzado del mundo. Una Europa que no quiere dominar sino humanizar las relaciones entre los ciudadanos, pueblos, naciones y estados. Una Europa en la que todos nos podamos sentir cómodos.
Almuerzo con Gerry Adams
Gerry Adams ha promocionado sus memorias en una gira por España. Ha venido a hablar de su azarosa vida, de su apasionante trayectoria vital entre la violencia y la política, del presente y futuro de Irlanda y del éxito de los acuerdos del Viernes Santo de 1998 que abrieron la puerta para la pacificación en Irlanda del Norte.
Pero aquí no se le preguntó mucho sobre Irlanda. Se le insistió en que trazara paralelismos entre la paz en el Ulster la paz en Euskadi, qué piensa sobre el plan Ibarretxe, sobre el independentismo catalán y sobre la autodeterminación de los pueblos. Fue recibido por el lehendakari, por Otegi, por Carod-Rovira y por simpatizantes de distintas procedencias.
Compartimos mesa en un restaurante barcelonés. Al comienzo nos dijo que no tenía soluciones para Euskadi ni para Catalunya. Él, como el Umbral de las grandes ocasiones, venía a hablar de sus memorias resumidas en un extenso libro que dice mucho de la evolución de un miembro del IRA provisional, un terrorista, hasta llegar a ser un astuto negociador que consiguió un acuerdo de paz, todo lo frágil que se quiera, pero que ha acercado las irreconciliables posiciones históricas entre católicos y protestantes, entre irlandeses y británicos y entre irlandeses del norte y del sur.
Adams habla bajo, como si estuviera en la clandestinidad y temiendo que la conversación fuera grabada por los servicios secretos británicos. Ingresó en el IRA a los 21 años en 1969. Era el año en que los católicos del norte decidieron plantar cara a los británicos iniciando una etapa de violencia y terror que se prolongó más de treinta años.
Es imposible seguir la trayectoria de este personaje a través de las siglas, organizaciones y movimientos del nacionalismo católico irlandés. Viene de una cultura y de un país viejos. La historia pesa como una losa enorme sobre la memoria de todos los irlandeses. No han sabido sepultarla y mirar al futuro. Nada es fortuito en Irlanda. Ni siquiera el terrorismo o las iniciativas para neutralizarlo.
Me quedé con una reflexión que hizo de pasada. Allí dónde aprendió más Gerry Adams fue en Africa del Sur. La experiencia que llevó a Nelson Mandela de la cárcel a ser un presidente querido y admirado por todo el mundo influyó mucho en la trayectoria de este nacionalista irlandés. Hay que perdona pero no olvidar, es decir, construir el futuro sabiendo que el pasado puede aparecer de nuevo en cualquier esquina de la historia.
Hablar con un enemigo no es un juego de niños. Hay que hablar, hay que entenderle, hay que proponerle alternativas y salidas a situaciones que son absurdas. Hay que ceder mucho para ganar algo o ceder algo para obtener mucho. Nos decía que el diálogo no consiste en que el otro acepte todas tus propuestas sin entregarle nada. O al revés. Así se ha llegado en Irlanda del Norte a una paz muy débil y vulnerable pero paz al fin y al cabo.
La vaguedad de sus argumentos está envuelta en una línea entre posibilista y de firmeza. Adams ha sido miembro de una organización terrorista y de su rama política. No ha condenado todos los atentados de sus correligionarios. Pero a medida que avanzaba el proceso fue emitiendo críticas severas a los que mataban por causas políticas.
Le pregunté si podía compararse con otro patriota republicano, Michael Collins, que fue el comandante del ejército libre de Irlanda y que condujo a su país a la independencia en los años veinte. No, contestó, porqué murió asesinado. Todavía hoy no se sabe si le mataron en una emboscada en el condado de Cork sus más próximos colaboradores u otros republicanos que no compartían su estrategia.
Gerry Adams no quiere ser un mártir ni un revolucionario fracasado como tantos irlandeses cuyas estatuas se levantan airadas en lo alto de muchos pedestales de toda Irlanda.
Pero Adams que se ha entrevistado con presidentes americanos, con primeros ministros de Londres y con la alta clase política irlandesa, sabe que el final del camino es incierto. El diálogo, también en Irlanda, no está bien visto por todos aunque sea la única vía para alcanzar una cierta convivencia.
Pero aquí no se le preguntó mucho sobre Irlanda. Se le insistió en que trazara paralelismos entre la paz en el Ulster la paz en Euskadi, qué piensa sobre el plan Ibarretxe, sobre el independentismo catalán y sobre la autodeterminación de los pueblos. Fue recibido por el lehendakari, por Otegi, por Carod-Rovira y por simpatizantes de distintas procedencias.
Compartimos mesa en un restaurante barcelonés. Al comienzo nos dijo que no tenía soluciones para Euskadi ni para Catalunya. Él, como el Umbral de las grandes ocasiones, venía a hablar de sus memorias resumidas en un extenso libro que dice mucho de la evolución de un miembro del IRA provisional, un terrorista, hasta llegar a ser un astuto negociador que consiguió un acuerdo de paz, todo lo frágil que se quiera, pero que ha acercado las irreconciliables posiciones históricas entre católicos y protestantes, entre irlandeses y británicos y entre irlandeses del norte y del sur.
Adams habla bajo, como si estuviera en la clandestinidad y temiendo que la conversación fuera grabada por los servicios secretos británicos. Ingresó en el IRA a los 21 años en 1969. Era el año en que los católicos del norte decidieron plantar cara a los británicos iniciando una etapa de violencia y terror que se prolongó más de treinta años.
Es imposible seguir la trayectoria de este personaje a través de las siglas, organizaciones y movimientos del nacionalismo católico irlandés. Viene de una cultura y de un país viejos. La historia pesa como una losa enorme sobre la memoria de todos los irlandeses. No han sabido sepultarla y mirar al futuro. Nada es fortuito en Irlanda. Ni siquiera el terrorismo o las iniciativas para neutralizarlo.
Me quedé con una reflexión que hizo de pasada. Allí dónde aprendió más Gerry Adams fue en Africa del Sur. La experiencia que llevó a Nelson Mandela de la cárcel a ser un presidente querido y admirado por todo el mundo influyó mucho en la trayectoria de este nacionalista irlandés. Hay que perdona pero no olvidar, es decir, construir el futuro sabiendo que el pasado puede aparecer de nuevo en cualquier esquina de la historia.
Hablar con un enemigo no es un juego de niños. Hay que hablar, hay que entenderle, hay que proponerle alternativas y salidas a situaciones que son absurdas. Hay que ceder mucho para ganar algo o ceder algo para obtener mucho. Nos decía que el diálogo no consiste en que el otro acepte todas tus propuestas sin entregarle nada. O al revés. Así se ha llegado en Irlanda del Norte a una paz muy débil y vulnerable pero paz al fin y al cabo.
La vaguedad de sus argumentos está envuelta en una línea entre posibilista y de firmeza. Adams ha sido miembro de una organización terrorista y de su rama política. No ha condenado todos los atentados de sus correligionarios. Pero a medida que avanzaba el proceso fue emitiendo críticas severas a los que mataban por causas políticas.
Le pregunté si podía compararse con otro patriota republicano, Michael Collins, que fue el comandante del ejército libre de Irlanda y que condujo a su país a la independencia en los años veinte. No, contestó, porqué murió asesinado. Todavía hoy no se sabe si le mataron en una emboscada en el condado de Cork sus más próximos colaboradores u otros republicanos que no compartían su estrategia.
Gerry Adams no quiere ser un mártir ni un revolucionario fracasado como tantos irlandeses cuyas estatuas se levantan airadas en lo alto de muchos pedestales de toda Irlanda.
Pero Adams que se ha entrevistado con presidentes americanos, con primeros ministros de Londres y con la alta clase política irlandesa, sabe que el final del camino es incierto. El diálogo, también en Irlanda, no está bien visto por todos aunque sea la única vía para alcanzar una cierta convivencia.
jueves, febrero 17, 2005
Sin novedad en el Carmel
No hay novedad en el Carmel. Muchas ruedas de prensa, muchas comparecencias del gobierno, vecinos desorientados, nuevas grietas y posibles deslizamientos nuevos. Nadie es responsable. Nadie ha dimitido. Extraño.
miércoles, febrero 16, 2005
El gran juego
Líbano vuelve a conocer la convulsión tras al atentado que costó la vida al ex primer ministro Rafik Hariri. La Suiza de Oriente Medio era un espacio de tranquilidad después de la guerra civil que se prolongó desde 1975 a 1990. Beirut se ha reconstruido y la célebre Corniche acogía a miles de turistas árabes. Los hoteles se habían reconstruido y Líbano era un espejo de tolerancia a pesar de sus divisiones étnicas entre drusos, cristianos, sunitas y chiítas.
Rafik Hariri dimitió en octubre pasado después de pedir la retirada de los quince mil soldados sirios que controlan militarmente el país. Se iba a presentar a las próximas elecciones con un programa que pide la retirada de las tropas sirias. Su muerte abre numerosas incógnitas. La primera y principal es quién puede haber ordenado el asesinato del ex primer ministro.
Las sospechas van dirigidas hacia el gobierno de Damasco. Las decenas de miles de libaneses que hoy se han concentrado en Beirut para honrar la memoria del ex primer ministro asesinado gritaban “Siria fuera, Siria fuera”. El gobierno sirio ha condenado el atentado. Pero las miradas no se apartan de Damasco que nunca ha aceptado la independencia de Líbano por considerar que los dos países formaban parte de la Gran Siria, diseñada al término de la primera guerra mundial por Francia y Gran Bretaña.
Pero el asesinato de Rafik Hariri ha movido más piezas en la volátil situación en la región. Estados Unidos ha retirado a su embajadora en Damasco y ha pedido explicaciones sobre la autoría del atentado. La administración Bush ha culpado a Siria de apoyar a la resistencia iraquí y autorizar el libre paso de terroristas y resistentes por la frontera entre los dos países. Siria no forma parte de los seis países señalados por Condoleezza Rice como tiranías impresentables. Pero el régimen de Damasco es considerado como un elemento desestabilizador en Oriente Medio.
Israel no tiene ni siquiera relaciones con Siria. Desde la guerra de los Seis Días de 1967 las tropas de Moshe Dayan ocuparon los Altos del Golán y todavía hoy es un territorio estratégico controlado militarmente por Israel. Militantes de Hezbollah siguen atacando territorio israelí desde el sur de Líbano provocando esporádicas contraofensivas del ejército israelí.
Siria, en cualquier caso, es un estado incómodo para el diseño que Estados Unidos e Israel consideran más apropiado para sus intereses y también para la reconstrucción política y económica de Iraq. El discurso que sale de Washington no favorece al régimen del presidente Assad que no es precisamente una democracia parlamentaria.
El único punto de apoyo de Siria en la región es Irán que también está en el punto de mira de la política exterior de Estados Unidos. Las razones son la existencia no probada de armas nucleares por parte del régimen teocrático de Teherán. Periódicos norteamericanos han informado sobre incursiones de agentes de inteligencia para detectar los enclaves en los que se sospecha que se fabrican las armas nucleares.
Irán ha salido en apoyo de Siria diciendo que está a su lado ante las amenazas y desafíos que Estados Unidos ha planteado a los dos países. El asesinato del ex primer ministro libanés ha añadido un nuevo elemento para desestabilizar a Siria y crear un estado de inseguridad general y más amplio en la región. Otra pieza interesante es el anuncio de Rusia de suministrar misiles a Siria.
Si se derrocó a Saddam Hussein bien puede derrocarse a Assad en Damasco. El “gran juego” está en marcha. Se sabe cómo se empieza pero no tenemos la más mínima idea de cómo puede acabar. La fuerza es el único elemento que está en juego. El derecho, la diplomacia y las negociaciones no son prioritarias. Lo que me atrevo a vaticinar es que habrá más violencia en Oriente Medio.
Rafik Hariri dimitió en octubre pasado después de pedir la retirada de los quince mil soldados sirios que controlan militarmente el país. Se iba a presentar a las próximas elecciones con un programa que pide la retirada de las tropas sirias. Su muerte abre numerosas incógnitas. La primera y principal es quién puede haber ordenado el asesinato del ex primer ministro.
Las sospechas van dirigidas hacia el gobierno de Damasco. Las decenas de miles de libaneses que hoy se han concentrado en Beirut para honrar la memoria del ex primer ministro asesinado gritaban “Siria fuera, Siria fuera”. El gobierno sirio ha condenado el atentado. Pero las miradas no se apartan de Damasco que nunca ha aceptado la independencia de Líbano por considerar que los dos países formaban parte de la Gran Siria, diseñada al término de la primera guerra mundial por Francia y Gran Bretaña.
Pero el asesinato de Rafik Hariri ha movido más piezas en la volátil situación en la región. Estados Unidos ha retirado a su embajadora en Damasco y ha pedido explicaciones sobre la autoría del atentado. La administración Bush ha culpado a Siria de apoyar a la resistencia iraquí y autorizar el libre paso de terroristas y resistentes por la frontera entre los dos países. Siria no forma parte de los seis países señalados por Condoleezza Rice como tiranías impresentables. Pero el régimen de Damasco es considerado como un elemento desestabilizador en Oriente Medio.
Israel no tiene ni siquiera relaciones con Siria. Desde la guerra de los Seis Días de 1967 las tropas de Moshe Dayan ocuparon los Altos del Golán y todavía hoy es un territorio estratégico controlado militarmente por Israel. Militantes de Hezbollah siguen atacando territorio israelí desde el sur de Líbano provocando esporádicas contraofensivas del ejército israelí.
Siria, en cualquier caso, es un estado incómodo para el diseño que Estados Unidos e Israel consideran más apropiado para sus intereses y también para la reconstrucción política y económica de Iraq. El discurso que sale de Washington no favorece al régimen del presidente Assad que no es precisamente una democracia parlamentaria.
El único punto de apoyo de Siria en la región es Irán que también está en el punto de mira de la política exterior de Estados Unidos. Las razones son la existencia no probada de armas nucleares por parte del régimen teocrático de Teherán. Periódicos norteamericanos han informado sobre incursiones de agentes de inteligencia para detectar los enclaves en los que se sospecha que se fabrican las armas nucleares.
Irán ha salido en apoyo de Siria diciendo que está a su lado ante las amenazas y desafíos que Estados Unidos ha planteado a los dos países. El asesinato del ex primer ministro libanés ha añadido un nuevo elemento para desestabilizar a Siria y crear un estado de inseguridad general y más amplio en la región. Otra pieza interesante es el anuncio de Rusia de suministrar misiles a Siria.
Si se derrocó a Saddam Hussein bien puede derrocarse a Assad en Damasco. El “gran juego” está en marcha. Se sabe cómo se empieza pero no tenemos la más mínima idea de cómo puede acabar. La fuerza es el único elemento que está en juego. El derecho, la diplomacia y las negociaciones no son prioritarias. Lo que me atrevo a vaticinar es que habrá más violencia en Oriente Medio.
El éxito de una idea
Crucé por primera vez la frontera con Francia en julio de 1961. Viajábamos en auto-stop, teníamos todo el tiempo libre y ganas de correr una aventura por Europa con tres mil pesetas en el bolsillo. Los grandes personajes que gobernaban Europa eran el general De Gaulle en Francia, Konrad Adenauer en Alemania, Amintore Fanfani en Italia y Harold Macmillan en Gran Bretaña. El presidente John Kennedy velaba las armas de la guerra fría con un Nikita Kruschev que pegaba golpes de zapato en la ONU, dos asientos más arriba de Manuel Aznar Eguiagaray. abuelo del ex presidente Aznar, a la sazón embajador de Franco en Naciones Unidas. El Papa Juan XXIII presidía los destinos de la Iglesia con un Concilio en marcha.
Cuánta agua iba a correr bajo los puentes desde que llegamos a Berlín en aquel agosto histórico. A los dos días de hospedarnos en un albergue de las cercanías de la puerta de Brandeburgo un ruido de tropas y tanques anunciaba el levantamiento del muro de Berlín. La división de Europa era ideológica, militar y política pero también física con aquella pared vergonzosa que no se derrumbaría hasta veintisiete años después. La casualidad hizo que en el invierno de 1989 presenciara en directo la caída del muro que iniciaba la reconciliación de aquella Europa desgarrada por la guerra y que ha desembocado en la Unión Europea de la que forman parte veinticinco estados.
Circular por Europa con pasaporte español, de tapas verdes después de haber obtenido el consiguiente certificado llamado de penales extendido por el ministerio de Camilo Alonso Vega, no era una tarjeta de visita amable. Pensaban los europeos, a pesar de nuestra evidente juventud, que todos éramos franquistas o asimilados. Àfrica empezaba en los Pirineos como una frontera salvaje tal como definía la cordillera un antiguo alcalde de Toulouse.
Era una Europa cuarteada por todo tipo de fronteras, también las económicas. No sospechábamos mi acompañante y yo que más de cuarenta años después habrían caído las aduanas, la peseta, el franco y el marco ya no existirían, o que Polonia, Hungría y Lituania formarían parte de una Unión de veinticinco estados que se dotarían de una Constitución para promover la convivencia, el progreso y la política exterior común de más de cuatrocientos cincuenta millones de europeos.
La evidencia histórica nos dice que esta Europa siempre frágil y titubeante es el éxito de una idea que supera los ejércitos, la burocracia, los miedos, los errores y los horrores de tantos siglos de convulsiones colectivas.
Cuánta agua iba a correr bajo los puentes desde que llegamos a Berlín en aquel agosto histórico. A los dos días de hospedarnos en un albergue de las cercanías de la puerta de Brandeburgo un ruido de tropas y tanques anunciaba el levantamiento del muro de Berlín. La división de Europa era ideológica, militar y política pero también física con aquella pared vergonzosa que no se derrumbaría hasta veintisiete años después. La casualidad hizo que en el invierno de 1989 presenciara en directo la caída del muro que iniciaba la reconciliación de aquella Europa desgarrada por la guerra y que ha desembocado en la Unión Europea de la que forman parte veinticinco estados.
Circular por Europa con pasaporte español, de tapas verdes después de haber obtenido el consiguiente certificado llamado de penales extendido por el ministerio de Camilo Alonso Vega, no era una tarjeta de visita amable. Pensaban los europeos, a pesar de nuestra evidente juventud, que todos éramos franquistas o asimilados. Àfrica empezaba en los Pirineos como una frontera salvaje tal como definía la cordillera un antiguo alcalde de Toulouse.
Era una Europa cuarteada por todo tipo de fronteras, también las económicas. No sospechábamos mi acompañante y yo que más de cuarenta años después habrían caído las aduanas, la peseta, el franco y el marco ya no existirían, o que Polonia, Hungría y Lituania formarían parte de una Unión de veinticinco estados que se dotarían de una Constitución para promover la convivencia, el progreso y la política exterior común de más de cuatrocientos cincuenta millones de europeos.
La evidencia histórica nos dice que esta Europa siempre frágil y titubeante es el éxito de una idea que supera los ejércitos, la burocracia, los miedos, los errores y los horrores de tantos siglos de convulsiones colectivas.
lunes, febrero 14, 2005
Axiomas europeos
La diversidad de ciudadanos, pueblos, naciones y estados de la Unión Europea es bien patente en el debate y en la forma en que cada uno de los veinticinco miembros se prepara para ratificar el tratado de la Constitución europea.
Hungría, Lituania y Eslovenia ya lo han aprobado con una votación en sus respectivos parlamentos. Así lo harán Alemania, Italia y la mayoría de los estados miembros. El referéndum no es preceptivo, pero España, Francia, Holanda y Gran Bretaña van someter el texto a una consulta popular. No me parece ni bien ni mal que se plantee en referéndum una cuestión que va más allá de la política ordinaria.
La pluralidad europea no es un capricho de los dirigentes de distinto signo y procedencia que toman decisiones en nombre de sus gobiernos. La diversidad es real. Descansa en la cultura, en la historia, en las lenguas y en los hábitos de vida que casi quinientos millones de europeos hemos ido acumulando desde la caída del imperio romano.
Esta diversidad multisecular no la pondrá en peligro una votación sobre la Constitución ni la hipótesis imposible de una homogeneidad cultural europea. Pienso que la identidad de un pueblo y una cultura está mejor protegida en el ámbito general de unas instituciones supranacionales que en el espacio concreto y cerrado que ofrece un estado que suele tener un celo excesivo para defender todo lo que ocurre dentro de sus fronteras.
No quiero abusar de las citas, pero tengo la convicción de que una distribución masiva del librito de George Steiner, "La idea d'Europa" sería un instrumento de reflexión desde una mirada elevada, desprovista de concepciones nacionalistas, también de los nacionalismos de Estado, que son los que ejercen como tales sin ningún complejo, y poder separar el grano de la paja del debate en el que estamos plenamente inmersos hasta el próximo domingo.
Cita Steiner cinco axiomas para definir Europa. Me ha interesado especialmente el primero, al referirse a los cafés como punto de encuentro y diálogo, cafés como el que frecuentaba Pessoa en Lisboa o ante los que pasaba Kirkegaard en Copenhague. Mientras haya cafés como espacio de encuentro y diálogo, la idea de Europa tendrá contenido.
El segundo axioma de Steiner es el paisaje a escala humana que podemos recorrer a pie y que nos lleva a comprobar que hay algo radicalmente distinto entre lo que es sustancial en la Vall del Corb o lo que es propio de la cuenca del Cardoner. El tercer axioma es que las calles y las plazas europeas llevan nombres de estadistas, hombres de ciencia, artistas, escritores del pasado, que hacen del vasto territorio europeo un paisaje humanizado en contraposición a los nomenclátores, por ejemplo, de las ciudades norteamericanas.
El cuarto axioma es nuestra doble procedencia de Atenas y de Jerusalén, que son las dos raíces principales de nuestra cultura y de nuestra historia. La filosofía griega y la religión de Israel, junto al derecho romano, explican la realidad europea de hoy.
Está, por fin, el quinto axioma de Steiner, que lo expresa con temor al decir que Europa es también aquel crepúsculo hegeliano que oscureció la idea y la sustancia de Europa incluso en la plena luz del día. Europa también es el nazismo, como acabamos de recordar en el sesenta aniversario de Auschwitz. Y los bombardeos aliados sobre Dresde cuando ya no eran necesarios. Y las barbaridades balcánicas tan recientes.
Me gustaría que el debate de estos días fuera por elevación y no se convirtiera en una repetición de las viejas pugnas dentro de los estados. Los argumentos sobre la Constitución son excesivamente nacionales y nacionalistas.
Hungría, Lituania y Eslovenia ya lo han aprobado con una votación en sus respectivos parlamentos. Así lo harán Alemania, Italia y la mayoría de los estados miembros. El referéndum no es preceptivo, pero España, Francia, Holanda y Gran Bretaña van someter el texto a una consulta popular. No me parece ni bien ni mal que se plantee en referéndum una cuestión que va más allá de la política ordinaria.
La pluralidad europea no es un capricho de los dirigentes de distinto signo y procedencia que toman decisiones en nombre de sus gobiernos. La diversidad es real. Descansa en la cultura, en la historia, en las lenguas y en los hábitos de vida que casi quinientos millones de europeos hemos ido acumulando desde la caída del imperio romano.
Esta diversidad multisecular no la pondrá en peligro una votación sobre la Constitución ni la hipótesis imposible de una homogeneidad cultural europea. Pienso que la identidad de un pueblo y una cultura está mejor protegida en el ámbito general de unas instituciones supranacionales que en el espacio concreto y cerrado que ofrece un estado que suele tener un celo excesivo para defender todo lo que ocurre dentro de sus fronteras.
No quiero abusar de las citas, pero tengo la convicción de que una distribución masiva del librito de George Steiner, "La idea d'Europa" sería un instrumento de reflexión desde una mirada elevada, desprovista de concepciones nacionalistas, también de los nacionalismos de Estado, que son los que ejercen como tales sin ningún complejo, y poder separar el grano de la paja del debate en el que estamos plenamente inmersos hasta el próximo domingo.
Cita Steiner cinco axiomas para definir Europa. Me ha interesado especialmente el primero, al referirse a los cafés como punto de encuentro y diálogo, cafés como el que frecuentaba Pessoa en Lisboa o ante los que pasaba Kirkegaard en Copenhague. Mientras haya cafés como espacio de encuentro y diálogo, la idea de Europa tendrá contenido.
El segundo axioma de Steiner es el paisaje a escala humana que podemos recorrer a pie y que nos lleva a comprobar que hay algo radicalmente distinto entre lo que es sustancial en la Vall del Corb o lo que es propio de la cuenca del Cardoner. El tercer axioma es que las calles y las plazas europeas llevan nombres de estadistas, hombres de ciencia, artistas, escritores del pasado, que hacen del vasto territorio europeo un paisaje humanizado en contraposición a los nomenclátores, por ejemplo, de las ciudades norteamericanas.
El cuarto axioma es nuestra doble procedencia de Atenas y de Jerusalén, que son las dos raíces principales de nuestra cultura y de nuestra historia. La filosofía griega y la religión de Israel, junto al derecho romano, explican la realidad europea de hoy.
Está, por fin, el quinto axioma de Steiner, que lo expresa con temor al decir que Europa es también aquel crepúsculo hegeliano que oscureció la idea y la sustancia de Europa incluso en la plena luz del día. Europa también es el nazismo, como acabamos de recordar en el sesenta aniversario de Auschwitz. Y los bombardeos aliados sobre Dresde cuando ya no eran necesarios. Y las barbaridades balcánicas tan recientes.
Me gustaría que el debate de estos días fuera por elevación y no se convirtiera en una repetición de las viejas pugnas dentro de los estados. Los argumentos sobre la Constitución son excesivamente nacionales y nacionalistas.
Buenas y malas noticias de Oriente
Tres noticias de Oriente Medio ofrecen motivos de reflexión. La primera es que Israel y los palestinos han entrado en un complicado proceso de negociaciones que puede abrigar la esperanza de una cierta convivencia inmediata y una solución definitiva al endémico contencioso.
La otra noticia viene de Beirut con un atentado con coche bomba que ha costado la vida al ex primer ministro libanés y a otros diez ciudadanos más. Es el atentado más lesivo desde que Líbano terminó con su larga guerra civil en 1990. La acción la ha reivindicado un grupo islamista desconocido. Unos treinta muertos en una mezquita iraní no parece que sea consecuencia de un atentado sino de un incendio fortuito.
El caso es que la violencia no cesa en toda la región mientras no se establezcan complicidades para hablar y para desarticular a los extremistas radicales que recurren al terrorismo. Con la excepción de la tregua entre Israel y los palestinos, lo que nos llega de la zona está marcado por la violencia absurda y muchas veces nihilista.
En Iraq se han celebrado elecciones con una victoria clara pero insuficiente de los chiítas liderados por Al Sistani. Los chiítas no cometieron el error de 1924 cuando boicotearon las elecciones propiciadas por los británicos sobre las cenizas del imperio otomano. No participaron en los comicios y han quedado fuera del poder en Bagdad desde entonces.
Los resultados electorales han puesto de relieve que las tres quintas partes de los 27 millones de iraquíes son de la etnia chiíta. Los kurdos lo hicieron también masivamente pero los sunitas sólo participaron testimonialmente. A pesar de que el presidente es un sunita su representación en el nuevo parlamento sólo contará con cinco de los doscientos setenta y cinco diputados de la Cámara.
El primer ministro Allawi, un candidato favorecido por los ejércitos ocupantes, consiguió un 14 por ciento de los votos situándose en un discreto tercer lugar. Empieza ahora un proceso de largas negociaciones para que en el nuevo gobierno estén representadas todas las etnias. La elaboración de la nueva Constitución no podrá hacerse sin los sunitas.
La gran pregunta es si la Constitución estará inspirada en los principios coránicos como es el caso de Irán o bien mantendrá un carácter laico como había sido en los tiempos de Saddam y del baasismo como su partido que le daba apoyo. Sería una broma que después de todo lo que ha ocurrido saliera una Constitución más parecida a la de Teherán que a las de las democracias occidentales.
Pero el problema más serio no está en las negociaciones para formar gobierno ni los trabajos para elaborar una nueva Constitución. El problema es que la insurgencia y el terrorismo siguen actuando bárbaramente en todo el país matando a cuantos se ponen por delante de sus coches suicidas. El hecho cierto es que hasta ahora la inseguridad en Iraq y en toda la región es mayor que hace tres años.
La guerra no ha hecho más estable y más democrático el país a pesar del éxito de las elecciones. Ojalá me equivoque y los iraquíes puedan vivir en paz y convivencia por los siglos de los siglos. Mientras decenas de miles de soldados extranjeros permanezcan en territorio iraquí veo muy difícil el florecimiento de la democracia en Iraq.
La otra noticia viene de Beirut con un atentado con coche bomba que ha costado la vida al ex primer ministro libanés y a otros diez ciudadanos más. Es el atentado más lesivo desde que Líbano terminó con su larga guerra civil en 1990. La acción la ha reivindicado un grupo islamista desconocido. Unos treinta muertos en una mezquita iraní no parece que sea consecuencia de un atentado sino de un incendio fortuito.
El caso es que la violencia no cesa en toda la región mientras no se establezcan complicidades para hablar y para desarticular a los extremistas radicales que recurren al terrorismo. Con la excepción de la tregua entre Israel y los palestinos, lo que nos llega de la zona está marcado por la violencia absurda y muchas veces nihilista.
En Iraq se han celebrado elecciones con una victoria clara pero insuficiente de los chiítas liderados por Al Sistani. Los chiítas no cometieron el error de 1924 cuando boicotearon las elecciones propiciadas por los británicos sobre las cenizas del imperio otomano. No participaron en los comicios y han quedado fuera del poder en Bagdad desde entonces.
Los resultados electorales han puesto de relieve que las tres quintas partes de los 27 millones de iraquíes son de la etnia chiíta. Los kurdos lo hicieron también masivamente pero los sunitas sólo participaron testimonialmente. A pesar de que el presidente es un sunita su representación en el nuevo parlamento sólo contará con cinco de los doscientos setenta y cinco diputados de la Cámara.
El primer ministro Allawi, un candidato favorecido por los ejércitos ocupantes, consiguió un 14 por ciento de los votos situándose en un discreto tercer lugar. Empieza ahora un proceso de largas negociaciones para que en el nuevo gobierno estén representadas todas las etnias. La elaboración de la nueva Constitución no podrá hacerse sin los sunitas.
La gran pregunta es si la Constitución estará inspirada en los principios coránicos como es el caso de Irán o bien mantendrá un carácter laico como había sido en los tiempos de Saddam y del baasismo como su partido que le daba apoyo. Sería una broma que después de todo lo que ha ocurrido saliera una Constitución más parecida a la de Teherán que a las de las democracias occidentales.
Pero el problema más serio no está en las negociaciones para formar gobierno ni los trabajos para elaborar una nueva Constitución. El problema es que la insurgencia y el terrorismo siguen actuando bárbaramente en todo el país matando a cuantos se ponen por delante de sus coches suicidas. El hecho cierto es que hasta ahora la inseguridad en Iraq y en toda la región es mayor que hace tres años.
La guerra no ha hecho más estable y más democrático el país a pesar del éxito de las elecciones. Ojalá me equivoque y los iraquíes puedan vivir en paz y convivencia por los siglos de los siglos. Mientras decenas de miles de soldados extranjeros permanezcan en territorio iraquí veo muy difícil el florecimiento de la democracia en Iraq.
jueves, febrero 10, 2005
Boda civil en Windsor
El príncipe Carlos va a casarse el 8 de abril con Camilla Parker Bowles en una ceremonia civil en el Castillo de Windsor. A continuación se celebrará un servicio de oración presidido por el arzobispo de Canterbury que ha aceptado el anuncio como un paso importante en la vida de los contrayentes. La desdichada vida sentimental del heredero a la corona al trono británico entra en una nueva dimensión no exenta de riesgos para la Familia Real.
La boda no tendrá el esplendor y la pompa que llevaron al altar de la catedral de Saint Paul al príncipe Carlos y a la princesa Diana en julio de 1981. No transcurrieron muchos años hasta que el amor por Camilla se convirtiera en la pesadilla del príncipe, de la Reina y de la institución monárquica. Se estableció un triángulo de amor y odio entre los tres personajes que fue alimentado por los rumores, los escándalos y las pasiones secretas.
Se precipitó el divorcio de los príncipes de Gales y Camilla Parker Bowles, que lleva el nombre de su primer marido divorciado, pasó a ser el centro de las despiadadas críticas de la prensa popular y de la opinión pública británica. Pero el tiempo todo lo olvida y Camilla, después de la muerte en accidente de la princesa Diana, fue adquiriendo carta de naturaleza hasta que hoy se ha a anunciado la boda real entre dos divorciados.
Después de la ceremonia, la señora Parker Bowles pasará a lucir el título de Duquesa de Cornualles y si un día el príncipe llega a ser coronado como rey sólo podrá ser princesa consorte. El romance entre el príncipe Carlos y su futura esposa evoca muchos paralelos en la historia de la realeza británica en el siglo pasado. Eduardo VIII abdicó en 1936 para casarse con la divorciada americana Wallis Simpson abandonando las relaciones con la realeza y residiendo hasta su muerte fuera de Inglaterra.
Aquella crisis es difícilmente repetible. La sociedad ha evolucionado y la monarquía tiene un papel institucional que no interfiere en la vida de los británicos. Al no existir una Constitución escrita que pueda aprobar o negar la legitimidad del matrimonio en vistas a la sucesión monárquica, se sabrá encontrar una fórmula que acepte un enlace sin precedentes.
Los ingleses supieron hacer siempre revoluciones y cambios que no atacaran el principio de legitimidad. Son un pueblo práctico que adaptará la situación del heredero a la corona a las instituciones. Lo que será más problemático es que este enlace sea aceptado por la opinión pública y la prensa amarilla que ha encontrado en la Familia Real una preferencia recurrente.
El anuncio de la boda volverá a fascinar a los británicos y encenderá el debate sobre si la monarquía es necesaria en Gran Bretaña, especialmente cuando sus más distinguidos miembros se asocian con los escándalos. Hace unas semanas el hijo menor del Príncipe Carlos, Harry, levantó las críticas mundiales al aparecer disfrazado con una esvástica en su brazo. El propio príncipe Carles ha sido criticado en los últimos días por beneficiarse de ventajas fiscales en sus amplias y lucrativas propiedades en Cornualles.
A pesar de las críticas y de los escándalos no es probable que una institución tan arraigada en la vida y en las costumbres británicas desaparezca como representante de la jefatura del estado. El rey Faruk de Egipto, que era un gran vividor y gastaba un humor sarcástico, decía que sólo cinco reyes tenían el trono asegurado: los cuatro de la baraja y el rey de Inglaterra. No me imagino una república británica.
La boda no tendrá el esplendor y la pompa que llevaron al altar de la catedral de Saint Paul al príncipe Carlos y a la princesa Diana en julio de 1981. No transcurrieron muchos años hasta que el amor por Camilla se convirtiera en la pesadilla del príncipe, de la Reina y de la institución monárquica. Se estableció un triángulo de amor y odio entre los tres personajes que fue alimentado por los rumores, los escándalos y las pasiones secretas.
Se precipitó el divorcio de los príncipes de Gales y Camilla Parker Bowles, que lleva el nombre de su primer marido divorciado, pasó a ser el centro de las despiadadas críticas de la prensa popular y de la opinión pública británica. Pero el tiempo todo lo olvida y Camilla, después de la muerte en accidente de la princesa Diana, fue adquiriendo carta de naturaleza hasta que hoy se ha a anunciado la boda real entre dos divorciados.
Después de la ceremonia, la señora Parker Bowles pasará a lucir el título de Duquesa de Cornualles y si un día el príncipe llega a ser coronado como rey sólo podrá ser princesa consorte. El romance entre el príncipe Carlos y su futura esposa evoca muchos paralelos en la historia de la realeza británica en el siglo pasado. Eduardo VIII abdicó en 1936 para casarse con la divorciada americana Wallis Simpson abandonando las relaciones con la realeza y residiendo hasta su muerte fuera de Inglaterra.
Aquella crisis es difícilmente repetible. La sociedad ha evolucionado y la monarquía tiene un papel institucional que no interfiere en la vida de los británicos. Al no existir una Constitución escrita que pueda aprobar o negar la legitimidad del matrimonio en vistas a la sucesión monárquica, se sabrá encontrar una fórmula que acepte un enlace sin precedentes.
Los ingleses supieron hacer siempre revoluciones y cambios que no atacaran el principio de legitimidad. Son un pueblo práctico que adaptará la situación del heredero a la corona a las instituciones. Lo que será más problemático es que este enlace sea aceptado por la opinión pública y la prensa amarilla que ha encontrado en la Familia Real una preferencia recurrente.
El anuncio de la boda volverá a fascinar a los británicos y encenderá el debate sobre si la monarquía es necesaria en Gran Bretaña, especialmente cuando sus más distinguidos miembros se asocian con los escándalos. Hace unas semanas el hijo menor del Príncipe Carlos, Harry, levantó las críticas mundiales al aparecer disfrazado con una esvástica en su brazo. El propio príncipe Carles ha sido criticado en los últimos días por beneficiarse de ventajas fiscales en sus amplias y lucrativas propiedades en Cornualles.
A pesar de las críticas y de los escándalos no es probable que una institución tan arraigada en la vida y en las costumbres británicas desaparezca como representante de la jefatura del estado. El rey Faruk de Egipto, que era un gran vividor y gastaba un humor sarcástico, decía que sólo cinco reyes tenían el trono asegurado: los cuatro de la baraja y el rey de Inglaterra. No me imagino una república británica.
miércoles, febrero 09, 2005
Zapatero al encuentro de Bush
La política exterior española busca normalizar las relaciones con Estados Unidos. El gobierno Zapatero se desmarcó espectacularmente de la guerra de Iraq al anunciar la retirada de las tropas españolas a los pocos días de la victoria electoral del 14 de marzo. El presidente no se limitó a abandonar Iraq sino que invitó a todos los países con tropas en aquel país a que siguieran su ejemplo.
Esta posición precipitada y reincidente respecto a la guerra causó la ira del presidente Bush que se encontraba en los últimos meses de la campaña electoral. El gobierno Zapatero esperaba que Bush no fuera reelegido y restablecer las relaciones con la Casa Blanca si ganaba John Kerry. Tampoco era previsible la alta participación en las elecciones iraquíes el pasado 30 de enero dando una victoria táctica a Washington que había impulsado la guerra y la ocupación de Iraq.
Zapatero llamó por teléfono a Bush para felicitarle pero a estas horas la llamada no ha sido devuelta. No se ha designado nuevo embajador en Madrid y las relaciones entre los dos países se encuentran en una situación singular por no decir rara. El ministro Moratinos intenta suavizar las tensiones y acaba de anunciar que España entrenará en territorio español a la policía civil iraquí y contribuirá al fondo de la OTAN para financiar la misión de adiestramiento de las fuerzas de seguridad iraquíes. En la primavera Moratinos acudirá a Washington para reunirse con la doctora Rice y avanzar en la agenda bilateral que interesa a ambos países.
Para este viaje no hacían falta alforjas. La decisión de Zapatero de retirarse precipitadamente de Iraq sólo hay que atribuirla al desconocimiento de quien entra en el mundo de las relaciones internacionales como si fuera un novato. Transcurrirá bastante tiempo hasta que Bush y Zapatero intercambien puntos de vista personalmente. España se equivocó en las formas aunque en el fondo pudiera tener razones objetivas para adoptar la política de distanciamiento con la administración americana respecto a Iraq.
Hay que olvidar el pasado y mirar hacia el futuro, dijo Moratinos. Es la única alternativa a una política exterior precipitada respecto a la potencia hegemónica mundial. España debe tener presente aquel criterio de Helmut Schmidt cuando decía que Estados Unidos son el aliado más importante pero Francia es la aliada más cercana. Hay que recomponer las relaciones con Washington sin perder de vista que España forma parte de la Unión Europea.
Son dos conceptos que en el entusiasmo de la victoria electoral de Zapatero no se tuvieron en cuenta. No sé cómo se articularán las relaciones trasatlánticas en estos próximos cuatro años. Los mensajes que ha lanzado la doctora Rice en Europa indican que en Washington no se quiere ruptura y que una Europa fuerte es también necesaria para Estados Unidos. Ni hay que ponerse a los pies de Bush como hizo Aznar ni tampoco poner los pies en polvorosa ante un aliado de muchos años. Entre otras razones porque España no es Francia, ni Alemania, ni Gran Bretaña. El eje de la política internacional no pasa por Madrid.
Si teníamos que acabar adiestrando a policías iraquíes en España no hacía falta hacer tanto ruido.
Esta posición precipitada y reincidente respecto a la guerra causó la ira del presidente Bush que se encontraba en los últimos meses de la campaña electoral. El gobierno Zapatero esperaba que Bush no fuera reelegido y restablecer las relaciones con la Casa Blanca si ganaba John Kerry. Tampoco era previsible la alta participación en las elecciones iraquíes el pasado 30 de enero dando una victoria táctica a Washington que había impulsado la guerra y la ocupación de Iraq.
Zapatero llamó por teléfono a Bush para felicitarle pero a estas horas la llamada no ha sido devuelta. No se ha designado nuevo embajador en Madrid y las relaciones entre los dos países se encuentran en una situación singular por no decir rara. El ministro Moratinos intenta suavizar las tensiones y acaba de anunciar que España entrenará en territorio español a la policía civil iraquí y contribuirá al fondo de la OTAN para financiar la misión de adiestramiento de las fuerzas de seguridad iraquíes. En la primavera Moratinos acudirá a Washington para reunirse con la doctora Rice y avanzar en la agenda bilateral que interesa a ambos países.
Para este viaje no hacían falta alforjas. La decisión de Zapatero de retirarse precipitadamente de Iraq sólo hay que atribuirla al desconocimiento de quien entra en el mundo de las relaciones internacionales como si fuera un novato. Transcurrirá bastante tiempo hasta que Bush y Zapatero intercambien puntos de vista personalmente. España se equivocó en las formas aunque en el fondo pudiera tener razones objetivas para adoptar la política de distanciamiento con la administración americana respecto a Iraq.
Hay que olvidar el pasado y mirar hacia el futuro, dijo Moratinos. Es la única alternativa a una política exterior precipitada respecto a la potencia hegemónica mundial. España debe tener presente aquel criterio de Helmut Schmidt cuando decía que Estados Unidos son el aliado más importante pero Francia es la aliada más cercana. Hay que recomponer las relaciones con Washington sin perder de vista que España forma parte de la Unión Europea.
Son dos conceptos que en el entusiasmo de la victoria electoral de Zapatero no se tuvieron en cuenta. No sé cómo se articularán las relaciones trasatlánticas en estos próximos cuatro años. Los mensajes que ha lanzado la doctora Rice en Europa indican que en Washington no se quiere ruptura y que una Europa fuerte es también necesaria para Estados Unidos. Ni hay que ponerse a los pies de Bush como hizo Aznar ni tampoco poner los pies en polvorosa ante un aliado de muchos años. Entre otras razones porque España no es Francia, ni Alemania, ni Gran Bretaña. El eje de la política internacional no pasa por Madrid.
Si teníamos que acabar adiestrando a policías iraquíes en España no hacía falta hacer tanto ruido.
La Frauenkirche de Dresde
Poco después de la unificación alemana me acerqué un día a Dresde en ferrocarril desde Berlín. La capital de Sajonia guardaba el encanto barroco centroeuropeo representado por el teatro de la Ópera, el Zwinger y una Frauenchirche cuya cúpula se levantaba sobre los escombros de piedras numeradas que un día recompondrían aquella imponente iglesia. El río Elba atraviesa tranquilamente los arcos románicos de un puente de piedra multisecular trazando amplios meandros que convirtien a la capital sajona en una Venecia centroeuropea.
El próximo domingo la Frauenkirche será definitivamente restaurada, sesenta años después de que la aviación aliada arrasara la ciudad. Las piedras numeradas han sido colocadas en las paredes y columnas del templo borrando la destrucción arquitectónica causada por los bombardeos de última hora. Dresde no tenía valor militar para la Alemania de Hitler. Los bombardeos sobre la población civil fueron diseñados para persuadir a lo que quedaba del régimen nazi a que capitulara unas semanas despues, el 8 de mayo de 1945.
Los supervivientes iniciaron el largo periodo de la postguerra con una ciudad en escombros y un centro histórico total o parcialmente arrasado. Este aniversario, con restauración de la Frauenchirche incluida, plantea un debate histórico sobre si es justificado causar el mal a inocentes con el pretexto de que se evita un mal mayor que en ese caso era la rendición incondicional de la perversión encarnada en Hitler y su régimen.
Las guerras no son juegos de naipes. La fuerza es el instrumento principal para vencer al enemigo. Y los conceptos del bien y del mal se manejan sin demasiados escrúpulos. La última guerra mundial fue el epílogo de la violencia utilizada por el nazismo, el totalitarismo soviético y también las democracias liberales.
Las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki mataron a menos personas que el hambre en Ucrania o que los exterminios nazis en los campos de trabajo en Polonia. Lo que estos episodios funestos tienen en común es que todos fueron percibidos por sus protagonistas como un medio para alcanzar el bien. Había que matar y destruir para promover una causa, extender una ideología, ensalzar a un pueblo o también para que las libertades acabaran imponiéndose.
El dilema moral para los que ordenaron bombardear una ciudad como Dresde para precipitar la caída del nazismo tuvo que ser grande. No era necesario. También los que buscan el bien pueden verse confundidos por el misterio del mal.
El próximo domingo la Frauenkirche será definitivamente restaurada, sesenta años después de que la aviación aliada arrasara la ciudad. Las piedras numeradas han sido colocadas en las paredes y columnas del templo borrando la destrucción arquitectónica causada por los bombardeos de última hora. Dresde no tenía valor militar para la Alemania de Hitler. Los bombardeos sobre la población civil fueron diseñados para persuadir a lo que quedaba del régimen nazi a que capitulara unas semanas despues, el 8 de mayo de 1945.
Los supervivientes iniciaron el largo periodo de la postguerra con una ciudad en escombros y un centro histórico total o parcialmente arrasado. Este aniversario, con restauración de la Frauenchirche incluida, plantea un debate histórico sobre si es justificado causar el mal a inocentes con el pretexto de que se evita un mal mayor que en ese caso era la rendición incondicional de la perversión encarnada en Hitler y su régimen.
Las guerras no son juegos de naipes. La fuerza es el instrumento principal para vencer al enemigo. Y los conceptos del bien y del mal se manejan sin demasiados escrúpulos. La última guerra mundial fue el epílogo de la violencia utilizada por el nazismo, el totalitarismo soviético y también las democracias liberales.
Las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki mataron a menos personas que el hambre en Ucrania o que los exterminios nazis en los campos de trabajo en Polonia. Lo que estos episodios funestos tienen en común es que todos fueron percibidos por sus protagonistas como un medio para alcanzar el bien. Había que matar y destruir para promover una causa, extender una ideología, ensalzar a un pueblo o también para que las libertades acabaran imponiéndose.
El dilema moral para los que ordenaron bombardear una ciudad como Dresde para precipitar la caída del nazismo tuvo que ser grande. No era necesario. También los que buscan el bien pueden verse confundidos por el misterio del mal.
martes, febrero 08, 2005
La doctora Rice en París
Condoleezza Rice ha expuesto en París las líneas generales de la nueva administración Bush respecto a Europa. La secretaria de Estado ha invitado a cerrar las heridas trasatlánticas, enterrar las diferencias que llevaron a un enfrentamiento a propósito de la guerra y andar juntos para construir un nuevo Iraq contribuyendo a un periodo de paz en Oriente Medio.
Las ideas de la doctora Rice pueden interpretarse como el prólogo del discurso que el presidente norteamericano pronunciará en las instituciones de la Unión Europea en las próximas semanas. El fracaso en la guerra de Iraq, a pesar de la alta participación en las elecciones del 30 de enero, es muy difícil que lo recomponga Estados Unidos en solitario. Necesita la colaboración internacional tanto en Iraq como en todo Oriente Medio.
La causa de la libertad y la lucha contra las tiranías son conceptos compartidos por todos los países democráticos. El problema es que estas abstracciones idealistas en política internacional chocan con los viejas tendencias europeas que a pesar de la Unión Europea se mueven por los intereses y los posicionamientos de los estados.
Quedan lejanas aquellas estrategias de dividir a Europa en países “nuevos” y “viejos”, entre los que estaban a favor de la política internacional de Bush desde el 11 de septiembre de 2001 y los que no aceptaban la doctrina de la guerra preventiva. También la división planetaria parece quedar obsoleta, la división entre Marte como signo de la fuerza y Venus como signo de paz perpetua, una expresión puesta en circulación por el analista Robert Kagan.
Lo más interesante del discurso de la doctora Rice, elegantemente vestida, delicada en el trato y brillante en su exposición, es que su mensaje no va en la dirección de dividir a Europa. Hay un debate entre el equipo de pensadores que alimenta la política de Bush sobre si es mejor para los intereses norteamericanos una Europa fuerte y cohesionada o una Europa dividida.
A juzgar por el discurso de la doctora Rice, Estados Unidos se pronuncia a favor de una Europa fuerte y no de una Europa débil. Las relaciones trasatlánticas fueron muy beneficiosas para Europa durante la guerra fría pero también fueron muy positivas para Estados Unidos. Había un adversario común, la Unión Soviética, que las sucesivas administraciones americanas se encargaron de ir debilitando.
Hoy, el comunismo como sistema político no existe ni siquiera en Rusia. Pero hay otras amenazas que se ciernen sobre los sistemas democráticos. Uno de ellos es el radicalismo islámico que se enfrenta abiertamente con los valores occidentales. Son, en palabras de Rice, “una revuelta contra el futuro”. El otro no es una amenaza sino una realidad que está cambiando la vida y las relaciones de miles de millones de personas. Se trata de la globalización como un nuevo marco dinámico que acerca en el espacio y en el tiempo a todos los humanos.
Hay reticencias en Europa. Es lógico. Pero estoy de acuerdo en que hay que abrir un nuevo capítulo en las relaciones trasatlánticas. No se puede disfrutar en solitario de la hegemonía económica, militar y política en un mundo que es más inseguro que hace cuatro años. Bienvenido el discurso de la doctora Rice. Ahora hay que ver cómo se articula y cómo se difuminan las diferencias que han existido en los últimos años.
Las ideas de la doctora Rice pueden interpretarse como el prólogo del discurso que el presidente norteamericano pronunciará en las instituciones de la Unión Europea en las próximas semanas. El fracaso en la guerra de Iraq, a pesar de la alta participación en las elecciones del 30 de enero, es muy difícil que lo recomponga Estados Unidos en solitario. Necesita la colaboración internacional tanto en Iraq como en todo Oriente Medio.
La causa de la libertad y la lucha contra las tiranías son conceptos compartidos por todos los países democráticos. El problema es que estas abstracciones idealistas en política internacional chocan con los viejas tendencias europeas que a pesar de la Unión Europea se mueven por los intereses y los posicionamientos de los estados.
Quedan lejanas aquellas estrategias de dividir a Europa en países “nuevos” y “viejos”, entre los que estaban a favor de la política internacional de Bush desde el 11 de septiembre de 2001 y los que no aceptaban la doctrina de la guerra preventiva. También la división planetaria parece quedar obsoleta, la división entre Marte como signo de la fuerza y Venus como signo de paz perpetua, una expresión puesta en circulación por el analista Robert Kagan.
Lo más interesante del discurso de la doctora Rice, elegantemente vestida, delicada en el trato y brillante en su exposición, es que su mensaje no va en la dirección de dividir a Europa. Hay un debate entre el equipo de pensadores que alimenta la política de Bush sobre si es mejor para los intereses norteamericanos una Europa fuerte y cohesionada o una Europa dividida.
A juzgar por el discurso de la doctora Rice, Estados Unidos se pronuncia a favor de una Europa fuerte y no de una Europa débil. Las relaciones trasatlánticas fueron muy beneficiosas para Europa durante la guerra fría pero también fueron muy positivas para Estados Unidos. Había un adversario común, la Unión Soviética, que las sucesivas administraciones americanas se encargaron de ir debilitando.
Hoy, el comunismo como sistema político no existe ni siquiera en Rusia. Pero hay otras amenazas que se ciernen sobre los sistemas democráticos. Uno de ellos es el radicalismo islámico que se enfrenta abiertamente con los valores occidentales. Son, en palabras de Rice, “una revuelta contra el futuro”. El otro no es una amenaza sino una realidad que está cambiando la vida y las relaciones de miles de millones de personas. Se trata de la globalización como un nuevo marco dinámico que acerca en el espacio y en el tiempo a todos los humanos.
Hay reticencias en Europa. Es lógico. Pero estoy de acuerdo en que hay que abrir un nuevo capítulo en las relaciones trasatlánticas. No se puede disfrutar en solitario de la hegemonía económica, militar y política en un mundo que es más inseguro que hace cuatro años. Bienvenido el discurso de la doctora Rice. Ahora hay que ver cómo se articula y cómo se difuminan las diferencias que han existido en los últimos años.
lunes, febrero 07, 2005
Otra tregua, otra esperanza
La declaración de alto el fuego entre Israel y la Autoridad Palestina es una nueva grieta de esperanza en el endémico conflicto entre israelíes y palestinos. Varios factores han influido en el anuncio que se hará en la cumbre del Mar Rojo con la participación del presidente de Egipto, el rey de Jordania, el primer ministro israelí y el presidente de los palestinos.
El primero y el que me parece más significativo es que Yasser Arafat ya no está y se pueden reconducir las negociaciones. Arafat era una incógnita y un enigma. Estuvo varias veces en el trance de sellar la paz con Israel y rompió la baraja sin motivos suficientes. Disponía de instituciones políticas y no supo o no quiso detener la corrupción que practicaron muchos de sus colaboradores inmediatos. Están apareciendo estos días informaciones sobre su inmensa fortuna desperdigada por bancos suizos y otros enclaves financieros.
Pero lo más importante es que no tuvo la autoridad para controlar a los grupos violentos y terroristas que hacían muy difícil llegar a un acuerdo con Ariel Sharon que respondía a todos los ataques de forma desproporcionada y vulnerando las convenciones de los derechos humanos.
Arafat ya no está y su lugar lo ocupa Mahmoud Abbas, un personaje menos carismático, más práctico y más empeñado en llegar definitivamente a algún tipo de acuerdo con Israel. Hace tres semanas que no se ha registrado violencia entre las dos partes. En buena parte se debe a que la policía palestina ha detenido los ataques de los radicales a objetivos de Israel.
Este silencio de las armas ha llevado al gobierno de Sharon a aceptar una tregua que será anunciada en la cumbre del Mar Rojo, un encuentro más en el ámbito árabe israelí que suele ser acompañado de grandes optimismos pero que siempre ha terminado con frustraciones y con una violencia renovada que se ha desatado al cabo de un tiempo.
Otro factor que ha sido importante es la gira de Condoleezza Rice por la región exponiendo las buenas intenciones de la segunda administración Bush para contribuir a terminar un conflicto que alimenta ideológica y pasionalmente a millones de árabes. Con su frágil sonrisa y su esbelta figura la nueva responsable de la política exterior norteamericana es la que más puede contribuir a un espacio de paz y convivencia entre israelíes y palestinos.
El punto más delicado de las negociaciones son los más de siete mil palestinos detenidos y encarcelados por Israel. En diciembre se concedió la libertad a más de ciento cincuenta prisioneros y ahora se ha acordado liberar a unos novecientos más. Los grupos militantes palestinos piden la liberación de muchos más para convertir la tregua actual en un alto el fuego permanente.
Ariel Sharon no lo tiene fácil en su propio gobierno si pone en libertad a palestinos acusados de participar directamente en acciones violentas. El presidente israelí, Moshe Katsav, tiene la facultad de liberar a los palestinos detenidos y ha manifestado que no piensa poner en libertad a quienes tengan “las manos manchadas de sangre”. El gobierno Sharon y Mahmoud Abbas acordarán designar un comité que negocie qué detenidos pueden beneficiarse de la libertad.
Sharon gobierna ahora en coalición con los laboristas. Pero en su propio partido del Likud y en los estamentos de la seguridad israelí no se contempla suavizar la política respecto a los detenidos palestinos. Entre los críticos a la política del primer ministro se encuentra el ministro de Finanzas, Benjamín Netanyahu, y el ministro de Exteriores, Silvan Shalom.
El conflicto entra, en cualquier caso, en la vía de la negociación que es la que tiene que llegar siempre para resolver un conflicto tan endémico. La espiral de violencia sólo genera más violencia. El que los máximos responsables de las dos partes hayan decidido hablar es una buena señal.
El primero y el que me parece más significativo es que Yasser Arafat ya no está y se pueden reconducir las negociaciones. Arafat era una incógnita y un enigma. Estuvo varias veces en el trance de sellar la paz con Israel y rompió la baraja sin motivos suficientes. Disponía de instituciones políticas y no supo o no quiso detener la corrupción que practicaron muchos de sus colaboradores inmediatos. Están apareciendo estos días informaciones sobre su inmensa fortuna desperdigada por bancos suizos y otros enclaves financieros.
Pero lo más importante es que no tuvo la autoridad para controlar a los grupos violentos y terroristas que hacían muy difícil llegar a un acuerdo con Ariel Sharon que respondía a todos los ataques de forma desproporcionada y vulnerando las convenciones de los derechos humanos.
Arafat ya no está y su lugar lo ocupa Mahmoud Abbas, un personaje menos carismático, más práctico y más empeñado en llegar definitivamente a algún tipo de acuerdo con Israel. Hace tres semanas que no se ha registrado violencia entre las dos partes. En buena parte se debe a que la policía palestina ha detenido los ataques de los radicales a objetivos de Israel.
Este silencio de las armas ha llevado al gobierno de Sharon a aceptar una tregua que será anunciada en la cumbre del Mar Rojo, un encuentro más en el ámbito árabe israelí que suele ser acompañado de grandes optimismos pero que siempre ha terminado con frustraciones y con una violencia renovada que se ha desatado al cabo de un tiempo.
Otro factor que ha sido importante es la gira de Condoleezza Rice por la región exponiendo las buenas intenciones de la segunda administración Bush para contribuir a terminar un conflicto que alimenta ideológica y pasionalmente a millones de árabes. Con su frágil sonrisa y su esbelta figura la nueva responsable de la política exterior norteamericana es la que más puede contribuir a un espacio de paz y convivencia entre israelíes y palestinos.
El punto más delicado de las negociaciones son los más de siete mil palestinos detenidos y encarcelados por Israel. En diciembre se concedió la libertad a más de ciento cincuenta prisioneros y ahora se ha acordado liberar a unos novecientos más. Los grupos militantes palestinos piden la liberación de muchos más para convertir la tregua actual en un alto el fuego permanente.
Ariel Sharon no lo tiene fácil en su propio gobierno si pone en libertad a palestinos acusados de participar directamente en acciones violentas. El presidente israelí, Moshe Katsav, tiene la facultad de liberar a los palestinos detenidos y ha manifestado que no piensa poner en libertad a quienes tengan “las manos manchadas de sangre”. El gobierno Sharon y Mahmoud Abbas acordarán designar un comité que negocie qué detenidos pueden beneficiarse de la libertad.
Sharon gobierna ahora en coalición con los laboristas. Pero en su propio partido del Likud y en los estamentos de la seguridad israelí no se contempla suavizar la política respecto a los detenidos palestinos. Entre los críticos a la política del primer ministro se encuentra el ministro de Finanzas, Benjamín Netanyahu, y el ministro de Exteriores, Silvan Shalom.
El conflicto entra, en cualquier caso, en la vía de la negociación que es la que tiene que llegar siempre para resolver un conflicto tan endémico. La espiral de violencia sólo genera más violencia. El que los máximos responsables de las dos partes hayan decidido hablar es una buena señal.
Inmigración y demagogia
Tenemos un problema con la inmigración que se encuentra en situación ilegal en España. En Catalunya, según cifras oficiosas de finales de año, se estima que hay trescientos mil extranjeros sin documentación. Las cifras en Madrid alcanzan el cuarto de millón. Son bolsas de gentes que trabajan, viven y se espabilan como pueden para integrarse en la sociedad que les ha acogido.
Tenemos un problema porque un cinco por ciento de la población que vive en Catalunya se encuentra sin la documentación imprescindible para poder ser sujeto de derechos y obligaciones. Esta población indocumentada alimenta la economía sumergida y es objeto de posibles abusos por cuantos aprovechan la oferta abaratando los costes sin facilitarles las reglamentarias prestaciones sociales.
Me parece que sería injusto responsabilizar a los empresarios grandes o pequeños el fenómeno del descontrol de la inmigración. Es lógico que el gobierno quiera implicar a todos los agentes sociales para resolver el problema y que las delegaciones del gobierno no sean las únicas responsables para normalizar una situación que es una bomba de relojería social a corto y a medio plazo.
Se han aprobado tres leyes de Extranjería en los últimos años. La más reciente que presentó el Partido Popular es la que está vigente con el reglamento consensuado que ha aprobado el gobierno Zapatero y que a partir de ayer ha empezado a aplicarse para regularizar de forma extraordinaria a esas bolsas de personas que trabajan en sectores laborales que los españoles no queremos o no podemos realizar.
El Partido Popular denuncia que unas mil quinientas personas atraviesan los Pirineos diariamente con la idea de establecerse entre nosotros por considerar que aquí la ley es más laxa. El delegado del gobierno, Joan Rangel, responde que el año pasado fueron rechazadas y devueltas a Francia noventa mil personas más que en el mismo periodo del año anterior en el que gobernaba el Partido Popular. Pero no se trata de culpar a este o al anterior gobierno. Hay un problema serio que es preciso resolver aplicando la ley pero sabiendo que estamos tratando de personas que han arriesgado sus vidas y tienen el derecho a que se les trate digna y humanamente. No quiero pensar lo que ocurriría si de repente los inmigrantes ilegales y legales dejaran de prestar sus servicios en la atención de nuestros mayores, en la construcción, en el cuidado de niños, en la restauración, en los trabajos agrícolas y en mil ocupaciones más. Siempre he mantenido que la inmigración es más una solución que un problema. Pero si no se gestiona bien puede convertirse en un foco de inseguridad, de delincuencia, de racismo y xenofobia. Es positivo que los agentes sociales contribuyan a la regularización o, cuando menos, faciliten la identificación de todos aquellos que están sin papeles.
Pero el gobierno, el central y los autonómicos, tienen que actuar con la mayor transparencia posible. Es responsabilidad administrativa el disponer de datos fiables y trasladarlos a la opinión pública para que no se construyan debates desenfocados. La demagogia, de cualquier signo, es el cultivo para deteriorar la convivencia con el agravante de fomentar el radicalismo político y social.
Tenemos derecho a saber, por ejemplo, las cuotas de inmigrantes autorizadas si las hay, las cifras aproximadas de ilegales, cuántos ciudadanos no cumplen los requisitos para residir entre nosotros y han sido invitados a regresar a sus puntos de origen, cuántos trabajan y en qué, cuántos han adquirido la nacionalidad española en los últimos años. No se puede debatir sobre datos confusos. La transparencia informativa es imprescindible para combatir la demagogia.
Tenemos un problema porque un cinco por ciento de la población que vive en Catalunya se encuentra sin la documentación imprescindible para poder ser sujeto de derechos y obligaciones. Esta población indocumentada alimenta la economía sumergida y es objeto de posibles abusos por cuantos aprovechan la oferta abaratando los costes sin facilitarles las reglamentarias prestaciones sociales.
Me parece que sería injusto responsabilizar a los empresarios grandes o pequeños el fenómeno del descontrol de la inmigración. Es lógico que el gobierno quiera implicar a todos los agentes sociales para resolver el problema y que las delegaciones del gobierno no sean las únicas responsables para normalizar una situación que es una bomba de relojería social a corto y a medio plazo.
Se han aprobado tres leyes de Extranjería en los últimos años. La más reciente que presentó el Partido Popular es la que está vigente con el reglamento consensuado que ha aprobado el gobierno Zapatero y que a partir de ayer ha empezado a aplicarse para regularizar de forma extraordinaria a esas bolsas de personas que trabajan en sectores laborales que los españoles no queremos o no podemos realizar.
El Partido Popular denuncia que unas mil quinientas personas atraviesan los Pirineos diariamente con la idea de establecerse entre nosotros por considerar que aquí la ley es más laxa. El delegado del gobierno, Joan Rangel, responde que el año pasado fueron rechazadas y devueltas a Francia noventa mil personas más que en el mismo periodo del año anterior en el que gobernaba el Partido Popular. Pero no se trata de culpar a este o al anterior gobierno. Hay un problema serio que es preciso resolver aplicando la ley pero sabiendo que estamos tratando de personas que han arriesgado sus vidas y tienen el derecho a que se les trate digna y humanamente. No quiero pensar lo que ocurriría si de repente los inmigrantes ilegales y legales dejaran de prestar sus servicios en la atención de nuestros mayores, en la construcción, en el cuidado de niños, en la restauración, en los trabajos agrícolas y en mil ocupaciones más. Siempre he mantenido que la inmigración es más una solución que un problema. Pero si no se gestiona bien puede convertirse en un foco de inseguridad, de delincuencia, de racismo y xenofobia. Es positivo que los agentes sociales contribuyan a la regularización o, cuando menos, faciliten la identificación de todos aquellos que están sin papeles.
Pero el gobierno, el central y los autonómicos, tienen que actuar con la mayor transparencia posible. Es responsabilidad administrativa el disponer de datos fiables y trasladarlos a la opinión pública para que no se construyan debates desenfocados. La demagogia, de cualquier signo, es el cultivo para deteriorar la convivencia con el agravante de fomentar el radicalismo político y social.
Tenemos derecho a saber, por ejemplo, las cuotas de inmigrantes autorizadas si las hay, las cifras aproximadas de ilegales, cuántos ciudadanos no cumplen los requisitos para residir entre nosotros y han sido invitados a regresar a sus puntos de origen, cuántos trabajan y en qué, cuántos han adquirido la nacionalidad española en los últimos años. No se puede debatir sobre datos confusos. La transparencia informativa es imprescindible para combatir la demagogia.
viernes, febrero 04, 2005
Un país de cartón
El silencio reina en el barrio del Carmel. Grupos de barceloneses entran y salen de sus domicilios con bolsas a cuestas. Llevan lo puesto, lo imprescindible, para llevárselo a casa de un pariente o a un hotel habilitado por el Ayuntamiento. Son actores pasivos de una catástrofe que no ha causado víctimas pero sí que ha sacudido la seguridad más elemental de las gentes de todo un barrio. Un millar de ciudadanos se han encontrado sin domicilio. Se les ha dicho que podían regresar al domicilio para exigirles horas después que lo abandonaran por falta de seguridad.
Edificios enteros están en peligro de desplomarse. No ha sido una consecuencia de la acción de la naturaleza, un sunami que se lo lleva todo por delante, sino la perforación de un túnel que ha puesto de relieve la fragilidad del subsuelo que no debía ser agujereado sin haber tomado las debidas precauciones. Lo que parecía una catástrofe localizada se ha extendido por varios edificios del barrio.
Los políticos se personaron en el lugar del siniestro. Empezaron a ofrecer ruedas de prensa interminables, intentaron calmar a la población, no hablaban de responsabilidades y no culparon a nadie. Resolver las necesidades más elementales ha sido la prioridad de los primeros días. Pero no han sabido dar una respuesta clara del alcance de un accidente que pudo ser una tragedia en vidas humanas.
La decisión de perforar el túnel no es de este gobierno. Un túnel que no estaba previsto en los planes iniciales y que empezó a perforarse sin los preceptivos informes geológicos. Lo que en Madrid estaba prohibido en Barcelona se autorizó. Y sobrevino el hundimiento de un edificio y el resquebrajamiento de las estructuras de construcciones adyacentes. A estas alturas de la crisis no se sabe cuándo podrán regresar los vecinos a sus viviendas, cuál es el alcance de los peligros que se avecinan, qué va a ser de tantos recuerdos personales, íntimos, que todos tenemos escondidos en la intimidad de nuestros domicilios.
No es momento de demagogias aunque me vienen a la memoria las diatribas de Cicerón contra Catilina. El orador romano atacaba a un político que alcanzó una efímera popularidad con la bandera de defender a los pobres pero que era una falacia demagógica para esconder la fragilidad y carencias en que vivían. Al poder constituido hay que pedirle algo más que discursos. Hay que exigirle claridad y transparencia. Las gentes quieren saber por qué ocurrió el desastre, quién o quiénes son los responsables y qué salidas se pueden ofrecer a unos ciudadanos que han perdido sus pertenencias más íntimas y personales. No se puede admitir que cientos de personas hayan perdido sus viviendas y no sepan dónde van a vivir en los próximos meses.
La incertidumbre de los gobernantes empieza a traducirse en críticas abiertas de los afectados. El pleno del Ayuntamiento se ha comprometido a investigar las causas del accidente y a pedir responsabilidades de todo tipo, también políticas. No es para menos. Es en estos momentos donde la proximidad entre los gobernantes y la ciudadanía tiene que ser inmediata y constante. El siniestro ha sido causado por una perforación decidida y aprobada por la administración.
En la Barcelona del éxito, del Fórum de las culturas, de millones de turistas que nos visitan, hay también esta Barcelona de cartón en la que se pueden hundir edificios enteros porque no se han tomado las debidas precauciones. Es en cierto modo una Barcelona de cartón.
Los desalojos de vecinos en Tarragona y Lleida por accidentes sobrevenidos ponen de relieve que la seguridad no está garantizada. El debate político se centra en los estatutos, en la reforma de la Constitución, en el encaje de las instituciones autonómicas con las del Estado, en la identidad y en si hay que votar sí o no al Tratado de la constitución europea. Todo esto está muy bien. Pero si no hay seguridad en los barrios, si se perforan túneles sin las debidas condiciones, si no se atienden los derechos más elementales de los ciudadanos, la distancia entre la clase dirigente y las gentes será cada vez más grande.
El general Potemkin era favorito y amante de la zarina Catalina II. En su paso por varios pueblos de Crimea en una visita oficial, el general Potemkim hizo construir varias casas de cartón para que la zarina se admirara del progreso que había en aquella península del Mar Negro. Era un engaño.
Edificios enteros están en peligro de desplomarse. No ha sido una consecuencia de la acción de la naturaleza, un sunami que se lo lleva todo por delante, sino la perforación de un túnel que ha puesto de relieve la fragilidad del subsuelo que no debía ser agujereado sin haber tomado las debidas precauciones. Lo que parecía una catástrofe localizada se ha extendido por varios edificios del barrio.
Los políticos se personaron en el lugar del siniestro. Empezaron a ofrecer ruedas de prensa interminables, intentaron calmar a la población, no hablaban de responsabilidades y no culparon a nadie. Resolver las necesidades más elementales ha sido la prioridad de los primeros días. Pero no han sabido dar una respuesta clara del alcance de un accidente que pudo ser una tragedia en vidas humanas.
La decisión de perforar el túnel no es de este gobierno. Un túnel que no estaba previsto en los planes iniciales y que empezó a perforarse sin los preceptivos informes geológicos. Lo que en Madrid estaba prohibido en Barcelona se autorizó. Y sobrevino el hundimiento de un edificio y el resquebrajamiento de las estructuras de construcciones adyacentes. A estas alturas de la crisis no se sabe cuándo podrán regresar los vecinos a sus viviendas, cuál es el alcance de los peligros que se avecinan, qué va a ser de tantos recuerdos personales, íntimos, que todos tenemos escondidos en la intimidad de nuestros domicilios.
No es momento de demagogias aunque me vienen a la memoria las diatribas de Cicerón contra Catilina. El orador romano atacaba a un político que alcanzó una efímera popularidad con la bandera de defender a los pobres pero que era una falacia demagógica para esconder la fragilidad y carencias en que vivían. Al poder constituido hay que pedirle algo más que discursos. Hay que exigirle claridad y transparencia. Las gentes quieren saber por qué ocurrió el desastre, quién o quiénes son los responsables y qué salidas se pueden ofrecer a unos ciudadanos que han perdido sus pertenencias más íntimas y personales. No se puede admitir que cientos de personas hayan perdido sus viviendas y no sepan dónde van a vivir en los próximos meses.
La incertidumbre de los gobernantes empieza a traducirse en críticas abiertas de los afectados. El pleno del Ayuntamiento se ha comprometido a investigar las causas del accidente y a pedir responsabilidades de todo tipo, también políticas. No es para menos. Es en estos momentos donde la proximidad entre los gobernantes y la ciudadanía tiene que ser inmediata y constante. El siniestro ha sido causado por una perforación decidida y aprobada por la administración.
En la Barcelona del éxito, del Fórum de las culturas, de millones de turistas que nos visitan, hay también esta Barcelona de cartón en la que se pueden hundir edificios enteros porque no se han tomado las debidas precauciones. Es en cierto modo una Barcelona de cartón.
Los desalojos de vecinos en Tarragona y Lleida por accidentes sobrevenidos ponen de relieve que la seguridad no está garantizada. El debate político se centra en los estatutos, en la reforma de la Constitución, en el encaje de las instituciones autonómicas con las del Estado, en la identidad y en si hay que votar sí o no al Tratado de la constitución europea. Todo esto está muy bien. Pero si no hay seguridad en los barrios, si se perforan túneles sin las debidas condiciones, si no se atienden los derechos más elementales de los ciudadanos, la distancia entre la clase dirigente y las gentes será cada vez más grande.
El general Potemkin era favorito y amante de la zarina Catalina II. En su paso por varios pueblos de Crimea en una visita oficial, el general Potemkim hizo construir varias casas de cartón para que la zarina se admirara del progreso que había en aquella península del Mar Negro. Era un engaño.
jueves, febrero 03, 2005
Los mensajes de Bush
El segundo mandato del presidente Bush ha empezado con el discurso del Estado de la Unión en el que cada presidente esboza anualmente los rasgos fundamentales de su política a corto y a medio plazo. El presidente insistió en la idea de combatir las tiranías en el planeta y extender la causa de la libertad como terapia imprescindible para garantizar la seguridad de todos.
El discurso de Bush tuvo dos mensajes muy claros: mantener la política en Iraq y cambiar el concepto de seguridad social en Estados Unidos. Respecto a Iraq el presidente se siente cómodo por dos razones. Primero porque los americanos revalidaron su estrategia en las elecciones presidenciales del mes de noviembre. Segundo porque la alta participación en las urnas el domingo pasado en Iraq es interpretada como un paso en la buena dirección para que la democracia vaya tomando cuerpo en el país ocupado.
El hecho de la alta participación es un indicio de que una mayoría de iraquíes desafiaron el miedo y acudieron a votar. Pero unas elecciones no resuelven ningún problema si no responden a un estado social de convivencia, respeto y aceptación de las reglas de juego.
Una mayoría de iraquíes votaron en clave étnica, los kurdos, y en clave religiosa, los chiítas, mientras que una minoría que ha pretendido dinamitar el proceso con bombas suicidas y con actos terroristas en contra de la población iraquí se ha mantenido al margen. El mismo día de las elecciones se perpetraron más de doscientos actos violentos con el resultado macabro de cuarenta y cinco muertos. Si la violencia de los terroristas o de los resistentes sigue con la misma intensidad los problemas de convivencia seguirán siendo de primer orden.
A juzgar por la identidad de las víctimas nos encontramos más en un proceso de guerra civil entre las distintas facciones iraquíes que en un camino hacia la democracia. Hay que decir que esta violencia nihilista practicada en Iraq, con suicidas inmolándose y con la siembra de la muerte indiscriminada entre los propios iraquíes, no conduce a ninguna parte. Los que la impulsan y la promueven no son de nuestra civilización.
Bush no puso fecha a la retirada de las tropas americanas. No puede poner límite porque transcurrirá mucho tiempo hasta que el país pueda organizarse por su cuenta después de tanta muerte, tanta violencia y tantas posiciones extremas por parte de los violentos. Se ha votado, sí, y muy mayoritariamente. Esto es positivo y hace que la democracia sea posible. Pero no se sabe cuándo ni cómo. Iraq seguirá durante muchos años en la escena política de Washington, tanto en este segundo mandato de Bush como en el de los próximos presidentes.
Otro aspecto importante del discurso de Bush fue la reforma de la seguridad social en lo que se refiere a la cantidad que cada ciudadano percibe del estado en el momento de la jubilación. El presidente dijo que el sistema no puede soportar la seguridad social que ha funcionado desde los tiempos de Roosevelt. Si no se reforma, la bancarrota es inevitable, advirtió el presidente.
La alternativa propuesta es la privatización de la seguridad social a medio plazo. Es un proyecto difícil de digerir por la mayoría de ciudadanos porque no entienden cómo pueden organizarse su propia seguridad social si no cuentan con la asistencia del Estado.
Más recursos para la defensa y la seguridad nacional y menos presupuesto para la seguridad social. Este es el mensaje que cabe deducir de la primera intervención del segundo mandato de Bush. Los dos conceptos forman parte del núcleo central de la política de Estados Unidos. El presidente tiene muchos quebraderos de cabeza por delante.
miércoles, febrero 02, 2005
España inacabada
La sesión para debatir el plan Ibarretxe en el Congreso de los Diputados plantea de nuevo la vieja cuestión de cómo organizar la convivencia hispánica. España es un estado antiguo, uno de los más viejos de Europa, que no acaba de encontrar el punto de estabilidad institucional que le permita mirar al futuro sin fijarse en los zurcidos con que la historia ha ido poniendo pedazos para tapar sus insuficiencias.
En este sentido España es una realidad inacabada. Y así ha funcionado durante más de cinco siglos. Ha habido intentos de acabarla del todo en un sentido o en otro. Desde la visión centralizada y centralista o desde la participación de las periferias en un proyecto común.
No deja de ser paradójico que el debate se vuelva a plantear después del periodo más largo de estabilidad, prosperidad y convivencia que ha conocido nuestra historia moderna. La transición ha sido un éxito sin precedentes. Y se ha producido con la cesión de competencias desde las instituciones del Estado a las instituciones autonómicas. Cada vez que se ha vivido un cambio de régimen o de estructura jurídica del Estado en nuestra historia se ha hecho después del fracaso o la inviabilidad de la situación anterior. Ocurrió con la Restauración en 1875, con el advenimiento de la República en 1931, con la guerra civil en 1936 y la dictadura que se impuso y con la transición después de la desparición del franquismo.
Lo novedoso en esta ocasión es que el cambio institucional que parece inevitable se hace desde un experimento que ha supuesto un éxito incuestionable. La descentralización es considerada insuficiente por el catalanismo político y por el nacionalismo vasco que plantea la legitimidad política del parlamento de Vitoria al mismo nivel que la legitimidad del parlamento de Madrid. El choque de legitimidades flotaba a lo largo de la sesión en el Congreso de los Diputados.
Estamos ante una inevitable segunda transición con planteamientos muy claros por parte de los nacionalismos catalán y vasco pero con un desarrollo lleno de incertidumbres. Las dos fuerzas políticas implantadas en todo el territorio hispano tienen planteamientos muy distintos sobre cómo organizar la complejidad de las sociedades peninsulares. Mariano Rajoy pareció demostrar más cintura política y más comprensión de la realidad que su antecesor Aznar. Pero la nueva transición sólo podrá llegar a buen puerto si cuenta con la complicidad de la sociedad española en su conjunto. El éxito sólo puede llegar con un gran pacto en el que nadie se sienta excluído.
En este sentido España es una realidad inacabada. Y así ha funcionado durante más de cinco siglos. Ha habido intentos de acabarla del todo en un sentido o en otro. Desde la visión centralizada y centralista o desde la participación de las periferias en un proyecto común.
No deja de ser paradójico que el debate se vuelva a plantear después del periodo más largo de estabilidad, prosperidad y convivencia que ha conocido nuestra historia moderna. La transición ha sido un éxito sin precedentes. Y se ha producido con la cesión de competencias desde las instituciones del Estado a las instituciones autonómicas. Cada vez que se ha vivido un cambio de régimen o de estructura jurídica del Estado en nuestra historia se ha hecho después del fracaso o la inviabilidad de la situación anterior. Ocurrió con la Restauración en 1875, con el advenimiento de la República en 1931, con la guerra civil en 1936 y la dictadura que se impuso y con la transición después de la desparición del franquismo.
Lo novedoso en esta ocasión es que el cambio institucional que parece inevitable se hace desde un experimento que ha supuesto un éxito incuestionable. La descentralización es considerada insuficiente por el catalanismo político y por el nacionalismo vasco que plantea la legitimidad política del parlamento de Vitoria al mismo nivel que la legitimidad del parlamento de Madrid. El choque de legitimidades flotaba a lo largo de la sesión en el Congreso de los Diputados.
Estamos ante una inevitable segunda transición con planteamientos muy claros por parte de los nacionalismos catalán y vasco pero con un desarrollo lleno de incertidumbres. Las dos fuerzas políticas implantadas en todo el territorio hispano tienen planteamientos muy distintos sobre cómo organizar la complejidad de las sociedades peninsulares. Mariano Rajoy pareció demostrar más cintura política y más comprensión de la realidad que su antecesor Aznar. Pero la nueva transición sólo podrá llegar a buen puerto si cuenta con la complicidad de la sociedad española en su conjunto. El éxito sólo puede llegar con un gran pacto en el que nadie se sienta excluído.
martes, febrero 01, 2005
España a debate
No tiene precedentes un debate como el que se celebró en el Congreso de los Diputados. El “lehendakari” vasco sometió su plan a debate sabiendo de antemano que no sería aprobado. Se produjo la escenificación de un conflicto de fondo entre el nacionalismo vasco y las dos fuerzas mayoritarias, la izquierda y la derecha, en el parlamento español. Es inédito que un presidente de una comunidad autónoma defienda un proyecto con el propósito de situar en el mismo nivel la autoridad del parlamento español y la de la cámara vasca.
Ibarretxe trató a España de tú a tú. Invocó su derecho a decidir y planteó la obligación de pactar. Si no es así, si las negociaciones no son posibles, si unos y otros cierran la puerta al diálogo, los vascos no van a seguir lo que digan el presidente Zapatero o el dirigente popular Mariano Rajoy y en algún momento el plan será sometido a referéndum a los vascos. El camino, dijo, no tiene vuelta atrás. O se toma lo que pretende Ibarretxe o se deja.
El momento es muy delicado. De cómo se resuelva esta crisis planteada unilateralmente por el parlamento vasco dependerá la estabilidad política de los próximos años, los estatutos que están redactándose, la posible reforma de la Constitución y la convivencia entre los españoles. Ibarretxe insistió en que su propuesta es solidaria, legal y legítima. No es una jugada de ajedrez sino de póquer. Es un órdago que el lehendakari y el parlamento vasco han echado a las instituciones del estado.
La sesión ha estado presidida por una tensa tranquilidad salpicada por aplausos varios según las mayorías de cada ponente. He seguido con atención todo el debate hasta las ocho de la tarde. La verdad es que me quedaría con amplios pasajes de todos los parlamentos pronunciados. De todos. También de los que ha esbozado Ibarretxe.
Pero en un debate de esta envergadura no se puede tomar la parte por el todo. Si se trata de enfrentar lo vasco con lo español, si Ibarretxe pretende establecer unas relaciones bilaterales, de parlamento vasco a parlamento español, de igual a igual, no creo que se pueda llegar muy lejos.
El presidente Zapatero estuvo rotundo pero cauto y abierto. El gobierno no acepta el plan Ibarretxe pero introdujo una voluntad de diálogo para abrir un nuevo periodo en las relaciones del estado con las autonomías. Si vivimos juntos, juntos debemos decidir, dijo el presidente Zapatero. Mariano Rajoy estuvo mucho más contundente, defendió la legalidad vigente y manifestó su firme decisión de no poner en peligro la unidad de España. Tanto el presidente como el líder de la oposición representaron los puntos de vista de sus respectivos electorados que en muchos puntos coinciden.
Fue muy oportuna la cita del poeta Espriu que hizo el representante de CiU, Duran Lleida. La verdad, decía el poema, es como un espejo roto. Y cada uno de nosotros tiene un trozo de esta realidad. Todos los parlamentarios tenían parte de la realidad. Pero si no hay un propósito de juntar los pedazos de esta verdad, difícilmente se alcanzará un pacto.
El debate fue muy rico en contenido y en matices. Ha sido un acierto el que se celebrara aunque fuera para decirle al lehendakari que su propuesta no es viable. Pienso que no es aceptable porque no representa la voluntad de la gran mayoría de vascos, porque no se atiende a las reglas de la Constitución y porque contiene un tono amenazante.
Este debate, en cualquier caso, abre un nuevo periodo en la realidad política española que comportará reformas de fondo en las instituciones del estado y en las autonómicas. El trayecto será largo porque, digan lo que digan los defensores de la unidad nacional, España es una realidad inacabada y no por ello menos sólida. Se trata de ir hacia delante sin que nadie pretenda acabar con España, ya sea desde el centro o desde la periferia. Queramos o no, nos guste o no, España es una realidad plural y diversa.
Ibarretxe trató a España de tú a tú. Invocó su derecho a decidir y planteó la obligación de pactar. Si no es así, si las negociaciones no son posibles, si unos y otros cierran la puerta al diálogo, los vascos no van a seguir lo que digan el presidente Zapatero o el dirigente popular Mariano Rajoy y en algún momento el plan será sometido a referéndum a los vascos. El camino, dijo, no tiene vuelta atrás. O se toma lo que pretende Ibarretxe o se deja.
El momento es muy delicado. De cómo se resuelva esta crisis planteada unilateralmente por el parlamento vasco dependerá la estabilidad política de los próximos años, los estatutos que están redactándose, la posible reforma de la Constitución y la convivencia entre los españoles. Ibarretxe insistió en que su propuesta es solidaria, legal y legítima. No es una jugada de ajedrez sino de póquer. Es un órdago que el lehendakari y el parlamento vasco han echado a las instituciones del estado.
La sesión ha estado presidida por una tensa tranquilidad salpicada por aplausos varios según las mayorías de cada ponente. He seguido con atención todo el debate hasta las ocho de la tarde. La verdad es que me quedaría con amplios pasajes de todos los parlamentos pronunciados. De todos. También de los que ha esbozado Ibarretxe.
Pero en un debate de esta envergadura no se puede tomar la parte por el todo. Si se trata de enfrentar lo vasco con lo español, si Ibarretxe pretende establecer unas relaciones bilaterales, de parlamento vasco a parlamento español, de igual a igual, no creo que se pueda llegar muy lejos.
El presidente Zapatero estuvo rotundo pero cauto y abierto. El gobierno no acepta el plan Ibarretxe pero introdujo una voluntad de diálogo para abrir un nuevo periodo en las relaciones del estado con las autonomías. Si vivimos juntos, juntos debemos decidir, dijo el presidente Zapatero. Mariano Rajoy estuvo mucho más contundente, defendió la legalidad vigente y manifestó su firme decisión de no poner en peligro la unidad de España. Tanto el presidente como el líder de la oposición representaron los puntos de vista de sus respectivos electorados que en muchos puntos coinciden.
Fue muy oportuna la cita del poeta Espriu que hizo el representante de CiU, Duran Lleida. La verdad, decía el poema, es como un espejo roto. Y cada uno de nosotros tiene un trozo de esta realidad. Todos los parlamentarios tenían parte de la realidad. Pero si no hay un propósito de juntar los pedazos de esta verdad, difícilmente se alcanzará un pacto.
El debate fue muy rico en contenido y en matices. Ha sido un acierto el que se celebrara aunque fuera para decirle al lehendakari que su propuesta no es viable. Pienso que no es aceptable porque no representa la voluntad de la gran mayoría de vascos, porque no se atiende a las reglas de la Constitución y porque contiene un tono amenazante.
Este debate, en cualquier caso, abre un nuevo periodo en la realidad política española que comportará reformas de fondo en las instituciones del estado y en las autonómicas. El trayecto será largo porque, digan lo que digan los defensores de la unidad nacional, España es una realidad inacabada y no por ello menos sólida. Se trata de ir hacia delante sin que nadie pretenda acabar con España, ya sea desde el centro o desde la periferia. Queramos o no, nos guste o no, España es una realidad plural y diversa.
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